Bazan Frías - Agustín Haro - E-Book

Bazan Frías E-Book

Agustín Haro

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Beschreibung

¿Un bandido que roba a los ricos para darle a los pobres? ¿Un Robin Hood tucumano? Bazan Frías: imaginarios, realidades y mito, es una producción académica que parte de la necesidad de entender, cómo las percepciones sobre el mundo del delito pueden ser muy distintas a lo que a veces podemos conocer. En este libro, podrán ir desandando un camino investigativo que les permitirá descubrir una realidad muy potente. Distintos actores se van interrelacionando para crear una sociedad compleja, pero a la vez muy rica en matices. La realidad tucumana de comienzos del siglo XX, movida al ritmo del proceso de modernización que se buscaba instaurar desde el mundo político, resulta interesante para dar cuenta del contexto social. Y es en este contexto donde los principales interrogantes se empiezan a desanudar. Los imaginarios sociales y la manera de ver el mundo que rodea esa realidad, va moldeando la investigación; con ellos se dan las posibilidades de ahondar en una Historia que mezcla modernización, progreso, política, crimen y reconstrucción de imágenes. En síntesis, en el presente libro, sea por curiosidad o interés, podrán encontrarse con una historia distinta. Es un análisis sobre cómo la modernización se acerca a una gran ciudad y cómo eso modifica los hábitos de todos los ciudadanos... inclusive en el mundo del crimen. Sean bienvenidos a desandar la historia de Andrés Bazan Frías.

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Seitenzahl: 221

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Haro, Agustín

Bazán Frías : imaginarios, realidades y mito / Agustín Haro. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2021.

720 p. ; 21 x 14 cm.

ISBN 978-987-708-849-6

1. Narrativa Histórica Argentina. 2. Crímenes. 3. Historia Regional. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2021. Haro, Agustín

© 2021. Tinta Libre Ediciones

“...Weapons clear the land”

Eyes like the sky,King Gizzard and the Lizzard Wizard

BAZAN FRÍAS:IMAGINARIOS, REALIDADES Y MITO

AGUSTÍN HARO

Presentación

El presente libro se desprende de lo que fue mi tesis de licenciatura, defendida en 2015. Desde aquel entonces, la figura de Andrés Bazán Frías fue desempolvada desde distintos ámbitos culturales que volvieron sobre su persona. Así nos encontramos con novelas, una película documental y proyectos de historietas. En este sentido, encontrarán en este libro un análisis distinto a los mencionados, sobre todo porque pretende entender los porqués de la importancia de Bazán Frías a través de la respuesta a distintos interrogantes que se irán planteando en cada capítulo.

Más allá de esta aclaración, quiero usar este espacio como medio para agradecer a mi directora de tesis, la Dra. María Florencia Gutiérrez, quien me orientó y guio en todo el proceso. Al personal del Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán, al igual que al del Archivo del diario La Gaceta, por la atención y el acompañamiento en el proceso de recolección de fuentes. A los colegas y compañeros que hicieron de oído y comentaron las distintas lecturas.

Finalmente, quiero agradecer a toda mi familia por el constante apoyo que me dieron a lo largo de este, valga la redundancia, largo proceso, y por permitirme llegar a esta producción que ustedes están a punto de leer. A mi papá, por enseñarme esa primera historia de Bazán como el “Robin Hood tucumano”; a mi mamá, por servir de oído y apoyo constante en mis monólogos de análisis histórico. A mi Nonna, porque sé del orgullo que sentirá con este libro; y a mi Bobe, que sé lo encantada que estaría con esta producción. Por último, mi recuerdo con cariño a Elvira, que un poco me introdujo en la realidad histórica aguilarense, y a Gaby, por la comprensión, el cariño y la ayuda.

Introducción

Seguramente todos aquellos que escucharon nombrar a Andrés Bazán Frías lo relacionan con un personaje de leyenda inglesa del Medioevo, Robin Hood, estereotipo que fue reutilizado por Eric Hobsbawm para graficar, a la manera de Max Webber, un tipo ideal de bandido social. Era el sujeto que gozaba de cierto prestigio otorgado por el pueblo en el cual vivía y con quien tenía una relación de reciprocidad, era el que “robaba a los ricos para darle a los pobres”, por lo que fue tildado de “justiciero”. Sea como fuere, la leyenda actual sitúa a Bazán Frías como el “Robin Hood tucumano”. Esta impronta signó mis primeros acercamientos a su figura durante mi infancia, y la curiosidad me llevó a adentrarme en la historia de un actor social que, más allá de lo conocido, se presentaba como totalmente extraño.

En un trabajo de recolección de fuentes que duró alrededor de tres años, busqué responder un primer interrogante: ¿quién fue Andrés Bazán Frías? Para los diarios fue un delincuente “valiente”, “audaz” y “peligroso”. Pero las referencias al “Robin Hood tucumano” eran inexistentes. Muchas dificultades se me presentaron al momento de la investigación, vinculadas con la desaparición de los expedientes judiciales y con un artículo sobre su muerte, publicado en el diario La Gaceta el 14 de enero de 1923, destruido casi por completo. Por conocimientos previos, entendí que su asesinato por parte de la policía en enero de 1923 podía haber sido la clave para su canonización popular, pero desconocía los pormenores de cómo se había suscitado dicha situación. Estas inquietudes y cuestionamientos guiaron mis primeras pesquisas, hoy plasmadas en mi tesis de licenciatura.

Objetivos e hipótesis

El objetivo general de la tesis será analizar los imaginarios sociales construidos alrededor de la figura de Andrés Bazán Frías, personaje asociado a la delincuencia tucumana entre 1919 y 1923, año en que fue muerto por la policía. Se estudiará la construcción y resignificación de los imaginarios en torno a Bazán; primero, su representación como un delincuente valiente y peligroso, imagen construida por el diario El Orden y utilizada para criticar a los gobiernos radicales de turno, especialmente al de Octaviano Vera (1922-1923). Posteriormente, se explorarán los giros de sentido que transformaron este imaginario hasta convertir a Bazán en un santo popular, modulación devenida de la prensa, el cine, la literatura y, en mayor medida, la tradición oral.

El recorte temporal analizado en esta investigación se extiende desde 1893, fecha de nacimiento de Bazán, hasta la actualidad, cuando asistimos a un declive de su imagen como “santo popular” evidenciado en la merma de sus devocionarios. Esta periodización permite examinar tres puntos de inflexión en su vida. En primer lugar, el de su infancia, sus primeros pasos en la delincuencia y la forma en que la prensa se hizo eco de ellos con diversos propósitos sociopolíticos, hasta llegar al asesinato cometido contra un policía en octubre de 1921, hecho que condujo a Bazán a la cárcel. Un segundo momento es el que se vincula con ese acto de transgresión que promovió su fuga carcelaria en septiembre de 1922 y sirvió como disparador para construir un perfil de criminal de alta peligrosidad. Este momento concluirá con su muerte a manos de la policía en enero de 1923, que dará inicio a su tránsito hacia la sacralización popular. La tercera coyuntura se abrirá con la configuración de su “santidad justiciera”, la forma en que desde la década de 1920 la oralidad, la prensa, el cine y la literatura recuperaron y resignificaron las representaciones en torno a Bazán, proceso que concluirá en el actual declive de las prácticas devocionales asociadas a su figura.

Para cumplir con este objetivo general, la tesis se estructurará en tres capítulos. El primero de ellos, titulado “El Tucumán de principios del siglo XX: claves para comprender la figura de Bazán Frías”, analizará el contexto sociopolítico de la provincia de Tucumán durante los dos primeros gobiernos radicales, el de Juan Bautista Bascary (1917-1920) y el de Octaviano Vera (1922-1923). En primer lugar, estudiaré los principales conflictos políticos ocurridos durante sus mandatos, los problemas partidarios y socioeconómicos, a fin de comprender el clima de época en la provincia durante los años señalados. En lo que hace específicamente al contexto de las actividades delictivas de Bazán, analizaré el mundo del crimen, la cárcel y la policía. Examinaré la situación carcelaria, las condiciones en que purgaban sus condenas los presos, así como también las denuncias de corrupción, violencia y abuso policial que la prensa recuperaba diariamente en sus páginas. Exploraré las formas de criminalidad y la aparición de “nuevos criminales” en los suburbios de San Miguel de Tucumán, es decir, de aquellos personajes y actividades delictivas multiplicados al compás del proceso de urbanización que modeló espacialmente los límites de la legalidad. Particular atención merecerá la forma en que el periodismo aprehendió estas cuestiones expresadas en la nota roja de los diarios, en tanto nos ayudará a comprender la importancia de la prensa en la configuración de imaginarios sociales, particularmente de los vinculados a la delincuencia. Por último, en este capítulo analizaré el rol de la policía durante los gobiernos radicales para enfatizar la relación entre delincuencia y política, nudo problemático que permitirá conocer con mayor detalle el universo en el que Bazán Frías desarrolló sus primeras incursiones delictivas.

La fuente principal para abordar estos problemas fue el diario El Orden, que se posicionó como un actor político con decidida intención de criticar las gestiones radicales, principalmente la de Vera. El periódico hizo hincapié en la lamentable situación de la fuerza policial, el estado deplorable de la cárcel y la corrupción de los servidores públicos y políticos que se asociaban con la delincuencia, vínculo cuya expresión más contundente fueron los garitos, centros de sociabilidad profunda asociados al juego ilegal. La hipótesis que sostiene este capítulo es que la prensa, particularmente El Orden, se posicionó como un actor político que se valió de las denuncias sobre la situación de inseguridad, el avance del crimen y, sobre todo, la connivencia de la policía con la delincuencia y los políticos para criticar y horadar el poder de los gobiernos radicales.

El segundo capítulo se titula “Bazán Frías: imaginarios y realidades (1893 – 1922)”. Este apartado inicia con la infancia de Bazán, para concluir con el asesinato cometido contra el policía del Cuerpo de Bomberos Domingo Saldaño y la posterior fuga de Bazán de la cárcel en septiembre de 1922. Analizaré su infancia, su adolescencia y su trabajo de mozo de confitería como momentos teñidos de imágenes y construcciones de escasa comprobación. Exploraré las primeras incursiones de Bazán en el mundo del delito hasta llegar a 1919, año en que su apellido aparecerá en la crónica policial de El Orden creando un imaginario de delincuente “valiente” que servirá políticamente para criticar al gobierno radical. Por otra parte, examinaré algunas referencias para reflexionar sobre la relación entre política y delincuencia; particularmente, el juicio de 1919 contra Bazán y la figura de su defensor, Alberto Aybar Augier, presidente de la Cámara de Diputados de la provincia.

Haciendo foco en la construcción de imaginarios, analizaré cómo en octubre de 1921 la figura de Bazán fue recuperada por la prensa luego del asesinato del agente Segundo Figueroa hasta promover un giro en su representación, que transitó desde la figura de delincuente “valiente” hasta la de criminal cada vez más peligroso. Sentenciado a prisión, Bazán logró fugarse de la cárcel en septiembre de 1922, con lo que se acentuó su imagen de peligrosidad hasta el día de su muerte, el 13 de enero de 1923.

La fuente principal de este capítulo es El Orden, así como también artículos del diario La Gaceta que sirven como contrapunto a la situación planteada por el primero, al menos en lo referido al funcionamiento policial. Siguiendo la pista de Bazán se consultaron sus actas de bautismo y casamiento, el censo nacional de 1895 y expedientes judiciales que sirvieron para dar mayor carnadura social a su figura. En tanto, los artículos de Carlos Páez de la Torre (h) y Arturo Álvarez Sosa, escritos para La Gaceta en 1969, nos permitieron analizar la resignificación de los imaginarios con el correr de las décadas.

La hipótesis que sostengo en este capítulo es que la prensa escrita construyó la figura de un delincuente alejado del papel de “Robin Hood” recuperado por la tradición oral. Considero que su figura fue utilizada de distintas maneras para criticar a los gobiernos radicales y al accionar policial. Así, entre 1919 y 1922 la prensa modeló un imaginario sobre Bazán que lo convirtió en un hombre cada vez más peligroso, cuyas vinculaciones con el poder político no hacían más que proyectar la descomposición del radicalismo provincial. Las figuras del “héroe popular”, el “justiciero” y el “anarquista expropiador” fueron, en cambio, imágenes articuladas y sustentadas por las formas de las oralidad, y su trascendencia en el espacio público se construyó a partir de su muerte.

El capítulo tercero, titulado “Del Bazán Frías delincuente al “santo”: la resignificación de los imaginarios (1923 a la actualidad)”, comenzará con la consolidación del imaginario que ubica a Bazán como un delincuente peligroso, luego de su fuga de la cárcel, y concluirá con la evaluación de su culto al día de hoy. Examinaré cómo el hecho criminal cometido por Bazán y su fuga de la cárcel, su posterior circulación por el norte argentino en compañía de otros delincuentes y, finalmente, su aparición en San Miguel de Tucumán a comienzos de 1923 coadyuvaron a representarlo como bandido peligroso. Analizaré los artículos periodísticos que abordaron su asesinato en enero de 1923 e hicieron hincapié en su bravía para enfrentar a la policía, exaltaron su solidaridad con sus pares y mencionaron las “raras coincidencias” entre su muerte y la de Saldaño, cuestiones que gestaron el proceso de sacralización popular.

Observaré cómo a Bazan comenzó a asociárselo, a partir de su asesinato, con la figura de “santo”, de “Robin Hood” y de “justiciero”, imágenes construidas por los devotos que asistían a su tumba el Día de los Fieles Difuntos así como también por el cine y cierta literatura histórica que alimentó esta construcción, además de por el papel desempeñado por los diarios al cubrir el proceso devocionario. Finalmente, en términos de culto popular, estudiaré cómo decayó la simbología de Bazán en los lugares de devoción.

Las fuentes para este capítulo son El Orden, La Gaceta y los artículos de Carlos Páez de la Torre y Álvarez Sosa, que permiten analizar la resignificación de los imaginarios en torno a su figura de “santo”. También recuperaré el estudio criminológico del médico tucumano Emilio Catalán de 1926, ya que no solo permitirá conocer la planilla prontuarial de Bazán sino que también aborda la personalidad del delincuente sobre la base de una entrevista que se le realizó. Asimismo, recurriré a fuentes literarias y al cine como expresiones creativas que me posibilitarán examinar la variación de las imágenes construidas sobre la figura de Bazán. Esta recopilación se complementará con entrevistas y visitas al Cementerio del Oeste.

A manera de hipótesis, este capítulo permitirá comprobar cómo la construcción de la figura de Bazán como un “Robin Hood tucumano”, lejos de encarnarse en expresiones de su vida delictual, se construyó a partir de la oralidad y se fortaleció desde el campo literario. A mediados de la década del 20, las representaciones comenzaron a ceñirse cada vez más a un pensamiento mágico que colocó al “santo popular” como un intermediario entre el bien y el mal, como una especie de “héroe” que había enfrentado a una policía violenta y a quien se podía acudir ante problemas personales o búsqueda de milagros. Los devotos consideran a Bazán como un “santo contemporáneo” cercano a ellos, como un “héroe” que en vida fue víctima de las injusticias de una policía violenta y ahora es capaz de interceder por favores para ellos.

Estado de la cuestión

En razón de las preocupaciones que guían esta tesis, un vértice es el campo de los imaginarios sociales. En tal sentido, para este trabajo fueron claves los aportes del historiador y filósofo polaco Bronislaw Baczko1 y del historiador español Tomás Pérez Vejo2. Del primero destaco su conceptualización de los imaginarios como representaciones colectivas de la realidad social que tienen una importante gravitación sobre las mentalidades y los comportamientos colectivos. Para este autor, las funciones múltiples de los imaginarios sociales interpelan a quienes estudian los mecanismos y las estructuras de la vida social, las representaciones y los símbolos de las prácticas colectivas. En tanto, Tomás Pérez Vejo, inscrito en la línea interpretativa de Baczko, entiende a los imaginarios sociales como una visión del mundo que le permite a una colectividad designarse una identidad creando representaciones y asignando papeles con base en creencias comunes. Estos estudios, al poner el acento en la fuerza del imaginario social como constructor de realidad, me permitieron reflexionar sobre las múltiples configuraciones e imágenes de Bazán, así como sobre sus proyecciones en la actualidad.

Siguiendo con esta preocupación por los imaginarios, el periodista bonaerense Hugo Nario3 afirma que muchas veces los sectores populares insertan a los bandidos, una vez muertos, en un rol que podría definirse como el de “héroe de ficción”, depositando sobre ellos sus anhelos de felicidad y justicia frente a un contexto social y político convulso. En tal sentido, su propuesta me brinda la posibilidad de entender las resignificaciones del imaginario sobre Bazán una vez que fue asesinado por la policía, la creación de su imagen de “justiciero” y su consumación como “santo popular”.

Otro punto fundamental de esta tesis es el estudio sobre la criminalidad. Este campo de estudio contempla disímiles y complementarias temáticas que fueron abordadas a lo largo de la tesis y que detallaré a continuación. En primer lugar, quisiera precisar los aportes de los investigadores argentinos Lila Caimari4, Gabriel Rafart5, Sylvia Saítta6 y Diego Mauro7 y de los mexicanos Diego Pulido Esteva8 y Elisa Speckman Guerra9; sus trabajos fueron claves para comprender las formas y expresiones que asumió la delincuencia a principios del siglo XX, la importancia de recuperar y analizar la crónica policial, y la significación de ciertos ámbitos de sociabilidad configurados en el cruce entre la política y la delincuencia.

En referencia a la criminalidad, Lila Caimari se erige como una de las principales investigadoras del país a partir de su estudio centrado en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores entre fines del siglo XIX y mediados del siglo XX. La autora argumenta que a comienzos del siglo XX las representaciones sobre los bandidos se modificaron: la prensa abordó la existencia de “nuevos crímenes” que abundaron “en los efectos perpetrados [por] la modernidad”, como ser las mutaciones en el orden moral, sexual y familiar y las dislocaciones de identidad ante la urbanización y la expansión del consumo, tópicos que activaron el temor de la opinión pública con una serie de imágenes que acecharon a la sociedad10. Estos hechos delictivos eran perpetrados por “nuevos criminales”, actores surgidos de la modernización que interpelaron a periodistas y criminólogos en su búsqueda por comprenderlos. Los textos de Caimari nos ayudaron a entender cómo en el Tucumán de los veinte se gestó una situación particular que, motorizada por el creciente proceso de urbanización y la crisis sociopolítica, llevó a la aparición de nuevos actores, entre ellos, Bazán. En tanto, otro aporte de esta autora nos permitió reflexionar sobre los imaginarios sociales creados en torno a la policía desde el punto de vista delictivo. En sus textos se analiza cómo el odio a la fuerza de seguridad fue un elemento decisivo en la construcción de imaginarios, que se reactivó sobre todo en contextos de picos represivos, como ser las huelgas, o en determinados ámbitos, como la cárcel. Así, se entiende la figura del “policía-enemigo” como el Otro más absoluto, dedicado a los abusos de autoridad y al maltrato de los presos en el espacio carcelario, situaciones que generaron un fuerte odio hacia la policía y convirtieron determinadas imágenes en percepciones sociales.

Por otra parte, Gabriel Rafart explica que el crimen y la delincuencia posibilitan cruzar la historia social con la historia política. Afirma que su estudio nos ayudará a analizar la dinámica que asumió la vida social y política de la Argentina a comienzos del siglo XX, especialmente en sus espacios periféricos como la Patagonia. Para él, si bien el bandolerismo es considerado como parte de un paisaje exclusivamente criminal, “no puede desatenderse el impacto de sus acciones sobre el proceso de construcción de un orden social y la manera en que se ejerce la dominación política”, lo cual permite entender a la criminalidad como un fenómeno clave en la comprensión de la dimensión política de la sociedad11. Su investigación me permitió repensar el bandolerismo para buscar el sustento histórico y empírico de Bazán Frías y abandonar su matriz “romántica” (la de Robin Hood), con lo cual pude realizar un análisis más profundo de los imaginarios sociales. En síntesis, un estudio capaz de crear una “historia social de la política”.

En lo que se refiere a la crónica policial, Lila Caimari es la investigadora de referencia para comprender la relación entre la prensa y la policía. Esta interlocución es presentada como una historia de vaivenes, donde el cronista se convierte en una especie de héroe que debe cultivar su red de informantes para contraponer sus datos a la información brindada por la policía. Sus observaciones me sirvieron para estudiar el papel cumplido por El Orden al momento de abordar sucesos delictivos, su correlato con el accionar policial y su relación con la política. Además, el tratamiento que realiza esta autora sobre “casos célebres” de la nota roja me posibilitó observar cómo la figura delictiva de Bazán Frías, a medida que crecía, era utilizada por los diarios para criticar a los gobiernos radicales. Por su parte, la relación entre la prensa y la cárcel que estudia Caimari me permitió entender ciertos momentos en que estos espacios plantean un dilema moral al retratar la figura del reo, en tanto se produce un conflicto entre la reprobación de los actos criminales cometidos y la fraternidad que despierta el sufrimiento en un establecimiento carcelario que se convierte en expresión de monstruosidad.

En esta línea de preocupaciones, y desde su formación como literata, Sylvia Saítta realizó interesantes aportes al estudiar el cambio en las reglas del periodismo y cómo este giro condujo a un cambio equivalente en la representación masiva de los delincuentes en la prensa porteña de comienzos del siglo XX. La autora analiza cómo el cronista se convierte en un experto en transmitir experiencias ajenas, cómo se lanza a la calle ubicándose como un detective y cómo sus notas gestan una crónica policial donde los datos brindados por la policía y la propia investigación periodística se fusionan con los procedimientos de la literatura policial clásica. Así, el periodista asume un rol detectivesco, dejando en evidencia la inoperancia de las fuerzas del orden. Estos aportes sirvieron para analizar el papel realizado por los cronistas tucumanos al momento de abordar a Bazán Frías, sus conflictos con la policía y su forma de escritura y de representar al delincuente.

La modernización de la nota roja conllevó una reconfiguración del modo de retratar a los delincuentes gracias a la incorporación de la fotografía a comienzos del siglo XX, elemento que la investigadora Elisa Speckman Guerra señala que sirvió para dar cuenta de cómo las imágenes mentales que los lectores tenían sobre los delincuentes se convertían en “realidad”. En Tucumán, la fotografía policial aparece de manera sostenida en la prensa de principios de la década de 1920. Su presencia me sirvió para entender las implicancias del primer retrato de Bazán publicado en El Orden en 1921 y cómo incidió el otorgarle “un rostro” a una figura que crecía en peligrosidad y que, hasta ese momento, solo había sido motivo de descripciones escritas.

Otra arista del mundo criminal recuperada en esta tesis son los ámbitos de sociabilidad, como el suburbio —que apareció como una delimitación espacial representada como el límite de la legalidad— y los garitos —reducto donde la política, la delincuencia y la policía confluían—. Es Lila Caimari quien realizó interesantes aportes al estudiar el “suburbio” como un lugar contrario a lo urbano, espacio creado a partir de imágenes periodísticas que reproducían diversas formas de ilegalidad. Esta idea fue complementada con el planteo del historiador mexicano Diego Pulido Esteva, quien alude a las “reglas del desorden”, es decir, a la práctica de “un acuerdo tácito” entre las autoridades y diferentes actores sociales, incluidos los transgresores. Este concepto resulta de utilidad para comprender cómo los policías toleraban (y participaban de) infracciones y delitos. Por ejemplo, cómo cooptaban bandidos para “batir” a pares a cambio de otorgarles ciertas libertades para delinquir en determinados radios de acción. Estos aportes sirvieron para comprender prácticas y dinámicas delincuenciales, la forma en que estas generaron imágenes de peligrosidad en los suburbios tucumanos durante los primeros gobiernos radicales y cómo fueron recuperadas por la prensa para gestar un sinnúmero de imaginarios en torno a estos espacios.

Otro ámbito de ilegalidad más profundo analizado en esta tesis es el garito, espacio estudiado por Lila Caimari y Diego Mauro. La primera autora estudió las casas de juego ilícitas, ámbitos donde la política y la policía se inmiscuían en el mundo criminal generando un cuadro de complicidad y connivencia. Estos espacios también fueron explorados por Diego Mauro, quien observó las vinculaciones entre la política y los garitos, especialmente cómo las actividades lúdicas allí desarrolladas servían para apuntalar económicamente la vida partidaria en la provincia de Santa Fe a principios del siglo XX. Estas contribuciones me permitieron reflexionar sobre las formas de corrupción policial y política en Tucumán durante los gobiernos radicales de Bascary y Vera, situación que generó constantes críticas por parte de la prensa hacia las fuerzas de seguridad y el Poder Ejecutivo y sirvió para denunciar las relaciones de ilegalidad en un escenario violento y corrupto.

Otro de los vértices de esta investigación es el vinculado con las formas de la religiosidad popular, particularmente con las connotaciones sociales de la muerte y la figura del “santo popular”. Al respecto es interesante recuperar los estudios del investigador folklórico argentino Félix Coluccio12, quien redefine el concepto de “canonizar” a partir del análisis de las devociones del pueblo (ruegos, exvotos, visitas a panteones y tumbas) hacia los “santos” que no son reconocidos por la Iglesia católica. En referencia a los denominados “bandoleros santificados”, este autor comenta cómo ciertos delincuentes, muertos de forma cruenta, son santificados por un pueblo que se identifica con ellos e inicia un proceso devocionario intensificado por el cumplimiento de las promesas y súplicas de los fieles. El investigador argentino Hugo Chumbita13 recuperó este problema y lo relacionó con la proliferación de cultos y símbolos autóctonos que pervivieron en el imaginario y moldearon la figura del bandido como santo intercesor entre el bien y el mal. Para este autor, los bandidos son una categoría definida en términos de sacralización, sujetos que merecieron la admiración por ser “justos” y murieron de forma trágica en manos de la autoridad. Esta consagración se vincula con el lugar y las circunstancias crueles o injustas en que fueron asesinados los bandidos, se expresa en el sitio de fallecimiento o en la tumba y se consolida al atribuirle al santo la capacidad de hacer milagros o satisfacer anhelos de los promesantes. Estos aportes contribuyeron a que pudiera entender la resignificación de los imaginarios sociales en torno a la figura de Bazán Frías, sobre todo a partir de su asesinato a manos de la policía en enero de 1923.

En esta línea, el historiador tucumano Eduardo Rosenzvaig14 inserta sus preocupaciones sobre Bazán desde la perspectiva de la religiosidad. Afirma que su asesinato sobre el paredón del Cementerio del Oeste, conocido coloquialmente como “el de los ricos”, la condición de policía de su padre y su muerte cruenta implicaron una resignificación del imaginario referido a él que generó la conmiseración e indignación popular, propiciando así su sacralización. Esta simbología fue retomada por la filósofa Griselda Barale15, quien relaciona la faceta de delincuente y santo de Bazán Frías ponderando la violencia que la policía generó contra este personaje a lo largo de su vida y al momento de su muerte, en episodios que marcaron su canonización popular.

Por último, en lo que se refiere a la situación sociopolítica de Tucumán entre 1917 y 1923, los trabajos de los investigadores María Celia Bravo16 y Carlos Páez de la Torre (h)17 me sirvieron para contextualizar el momento político que se cernía sobre la provincia en aquellos años. En tanto, la investigación de Luis González Alvo18 fue importante para comprender de manera clara las discusiones entre los juristas de fines de siglo XIX, particularmente sobre qué tipo de legislación penal aplicar en Tucumán, así como las vicisitudes por las que atravesó el proyecto carcelario; estos acontecimientos asociados al creciente índice de delincuencia son explicados por el autor en razón del auge azucarero. Estos aportes sirvieron para contextualizar la situación del mundo legal y carcelario en la provincia a fines del siglo XIX y comienzos del XX, y me permitieron abordar, a partir de la prensa, el estado de este mundo al iniciarse los gobiernos radicales.

Fuentes