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Carne Fresca De Texas
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Veröffentlichungsjahr: 2016
Carne fresca de Texas
Rod Mandelli
––––––––
Traducido por José Atchen Hernández Morales
“Carne fresca de Texas”
Escrito por Rod Mandelli
Copyright © 2014 Rod Mandelli
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Distribuido por Babelcube, Inc.
www.babelcube.com
Traducido por José Atchen Hernández Morales
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Carne fresca de Texas
Comencé a trabajar en una oficina al terminar la universidad. No era el trabajo de ejecutivo de mis sueños, pero era una forma de entrar en ese campo. Me paré ante las enormes puertas de Fiorello & Cimini y respiré hondo. Supuse que con esos nombres la cosa debía irles genial. Bueno, por lo menos podría alegrarme la vista en los pasillos con algún semental italiano.
Iba a ser duro trabajar con un grupo de tíos jóvenes y guapos porque yo aún era una hormona andante. Pensaba en sexo unas cien veces por hora. Por ejemplo, puedo ir conduciendo y ver a un chico haciendo footing; sobre la macha, una erección intenta agujerear mis pantalones pensando en apuñalar al tío con mi polla. Yo no tengo más de 15 centímetros, la verdad, pero sabía cómo usarlos —no sé si me explico—. Lo que más me gustaba de la universidad era ir al servicio de caballeros de la facultad y acariciarme hasta que apareciera algún profesor. Entonces me insinuaba mientras él estaba de pie frente al urinario con su pene flácido en la mano. Si me mantenía la mirada, me acercaba. La mitad de las veces algún tío me seguía y yo me sacaba mi polla sin circuncidar para darnos el lote. Unas veces simplemente tenía buen sexo y otras, acababa con un sobresaliente fácil si por casualidad coincidía en clase con alguno de esos profesores.
En fin, fue decepcionante descubrir que tanto Fiorello como Cimini habían cumplido ya los sesenta y hacía siglos que tenían canas. Eran bajitos y gorditos además. Para nada era eso lo que me imaginaba mientras me masturbaba en casa aquella mañana para prepararme para los tiarrones que tendría como compañeros de trabajo y como jefes. Mientras me instalaba en mi escritorio, Gloria, la señora majísima de la mesa de al lado, me contó que nuestro jefe llegaría en cualquier momento. No creí que fuera a ser peor que los otros dos.
Me mantuve ocupando organizando mis cosas una y otra vez ya que no tenía nada que hacer. De pronto un ruido captó mi atención. Entonces fue cuando vi a entrar al hombre más hermoso que había visto desde mi primer novio en primero de carrera. Estaba tremendo y medía poco más de dos metros. Tenía una sonrisa tan grande como el estado de Texas y los dientes más blancos que había visto en mi vida. Lleva puestas una botas de cowboy y una chaqueta vaquera que le quedaba de miedo. La única manera de que esa chaqueta se viera mejor, sería tirada en el suelo junto a su cuerpo desnudo.
No parecía un pez gordo, así que supuse que sería un cliente. Se quitó el sombrero de vaquero y dijo:
–Siento llegar tarde. Mañana sí... mañana prometo que llegaré a tiempo.
Gloria se me acercó y me susurró:
–No creas ni una sola palabra. Dice eso todos los días.
Así es... él también trabajaba aquí. Esperé, recé e imploré a los cielos que fuera un trabajador de mi misma planta. Así podría echarle un vistazo a él y a su masculina y pronunciada mandíbula todos los días. Justo entonces, Gloria se levantó, lo agarró por el brazo y lo trajo hasta mi mesa. Miró a mi chapa identificativa y dijo:
–Shawn, me gustaría que conocieras a Dirk Cranston, nuestro jefe. Dirk, este es Shwan, nuestro nuevo empleado.
