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Probablemente De la genealogía de la moral sea uno de los libros más leídos de Nietzsche. Desde una perspectiva académica es una opción cómoda; se toma, en cualquier caso, como un breviario del pensamiento de Nietzsche. La cosa, sin embargo, no es tan simple: Nietzsche entiende que la moral no es algo dado, sino el fruto de un largo desarrollo histórico, el resultado de fuerzas y contrafuerzas en buena medida ciegas. De ahí el que, al plantearse la crítica de la moral del momento, considere imprescindible tantear de dónde viene, hija de quiénes es. Ese tanteo siempre tentativo da lugar a muchas cuestiones. De la genealogía de la moral trata de iluminar tres de ellas: el origen de la distinción bien/mal; el de la mala conciencia característica de nuestra moral cristiana; y el del ascetismo que subyace a nuestra cultura. Quedan otras..., entre ellas la más esencial, acerca del instinto gregario.
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Seitenzahl: 364
Veröffentlichungsjahr: 2024
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LOS ESENCIALES DE LA FILOSOFÍA
Colección fundada por Manuel Garrido
Director:Luis Valdés
Fotografía de Friedrich Nietzsche hacia 1885. Durante el último lustro de la década iniciada en 1880, el autor de Humano, demasiado humano abordará nuevos planteamientos filosóficos en lo que los estudiosos de su vida y obra definen como etapa de madurez. © Clu/Istockphotos/Getty Images.
FRIEDRICH NIETZSCHE
De la genealogía de la moral
Un escrito polémico
EDICIÓN, TRADUCCIÓN Y NOTAS DEJAIME ASPIUNZA
PREFACIO, por Jaime Aspiunza
I. Equívoca importancia: título y otras relaciones
II. Qué significa «genealogía»
III. Subtítulo
IV. Esta traducción
DE LA GENEALOGÍA DE LA MORALUn escrito polémicodeFriedrich Nietzsche
Prólogo
Primer tratado: «bueno y malo [malvado]», «bueno y malo [vulgar]»
Segundo tratado: «culpa», «mala conciencia» y similares
Tercer tratado: ¿qué significan los ideales ascéticos?
Créditos
A
Aurora
AC
El Anticristo
BN
Biblioteca de Nietzsche
CI
Crepúsculo de los ídolos
CO
Correspondencia, ed. dirigida por L. E. de Santiago Guervós, Madrid: Trotta, 2005-2012
CS
El caminante y su sombra
CW
El caso Wagner
EH
Ecce Homo
FP
Fragmentos póstumos, ed. dirigida por D. Sánchez Meca, 4 vols., Madrid: Tecnos, 2006-2010
FTG
La filosofía en la época trágica de los griegos
GC
La gaya ciencia
GM
De la genealogía de la moral
HH
Humano, demasiado humano
KSA
Kritische Studienausgabe, ed. G. Colli y M. Montinari, Berlin: Gruyter, 1999
MBM
Más allá del bien y del mal
NT
El nacimiento de la tragedia
NW
Nietzsche contra Wagner
OC
Obras completas, ed. dirigida por D. Sánchez Meca, 4 vols., Madrid: Tecnos, 2011-2016
OSD
Opiniones y sentencias diversas
WB
Richard Wagner en Bayreuth
Za
Así habló Zaratustra
Hay muchas maneras de leer a un clásico. Lo peor es leerlo principalmente por obligación. Siendo yo niño, los alumnos de primera enseñanza teníamos que leer y escuchar en voz alta a los compañeros de clase las páginas del Quijote. Por mi parte tardé en superar la aversión a la obra suprema de nuestras letras que, por su modo, me produjo aquella obIigada lectura.
Otra manera de leer a un clásico, probablemente la mejor, es cuando el contacto personal y privado con uno de sus libros alimenta o despierta nuestra vocación y nos avisa, como diría Ortega, de nuestro destino. «Yo pertenezco» escribió el joven Nietzsche en una de sus Consideraciones intempestivas «a esos lectores de Schopenhauer que desde que han leído la primera pagina, saben con certeza que leerán la obra entera y que escucharán cada una de sus palabras.» Análoga reacción parece que tuvo el filósofo francés Malebranche el día en que un librero le puso ocasionalmente entre las manos el Tratado del hombre de Descartes: «no bien hubo abierto Malebranche el libro —cuenta en su vieja historia de la filosofía Damiron—, se sintió totalmente conmocionado y agitado. Lo compró, se lo llevó y lo leyó enseguida con tanta ansiedad que los latidos de su corazón, al acelerarse, le obligaban a veces a interrumpir su lectura.» Vivencias semejantes encontramos en más de uno de los grandes pensadores actuales. Martin Heidegger, el hombre que no ha dejado de preguntarse y preguntarnos obstinadamente a lo largo del pasado siglo por el sentido del ser, nos ha hecho la confidencia de que esa obsesión suya se remonta al juvenil contacto en sus días de seminarista con un conocido libro de Brentano sobre los significados del ser en Aristóteles. Y para W. O. Quine, figura señera de la filosofía y la lógica matemática en los últimos cincuenta años, el libro que más influyó en su vida fue el ejemplar de los Principia mathematica de Whitehead y Russell en tres volúmenes que, siendo él adolescente, le regaló su hermano. Esta sarta de ejemplos atestigua, por paradójico que parezca, que también los clásicos de la filosofía pueden ser, como las Metamorfosis de Ovidio, leyendas de pasión.
Entre los dos modos de aproximación a los clásicos que acabo de describir caben numerosos intermedios, y a todos ellos quisiera servir de vehículo la presente colección de Tecnos, cuyo objetivo es poner directamente al alcance del lector medio lo más esencial de las más esenciales obras del pensamiento de todos los géneros y todas las épocas, desde Confucio o Platón hasta Rawls o Zubiri, pasando por Averroes, Descartes o Rousseau. Especialistas responsables de la edición de cada texto cuidarán mediante oportunas introducciones, notas y comentarios de que esa edición sea a la vez crítica y popular, fiel al pensamiento del clásico pero también actualizada y referida a la situación en que vivimos, incorporando a su bibliografía los títulos más tradicionales y las últimas referencias de Internet, y procurando que sus palabras cumplan en todo momento la función de señal que transmite y no de ruido que distorsiona el mensaje comunicado por cada gran pensador.
Pero me he puesto a hablar de la lectura de los clásicos sin haber empezado por justificarla. ¿Es realmente necesario leer a los clásicos? Hace cuarenta años solía decirse que esa lectura carecía de sentido. Unos veían en ella una simple marca elitista para separar al hijo del burgués del hijo del obrero y otros la juzgaban científica y tecnológicamente inútil por ser inactual. Hoy se tiende a pensar lo contrario. Los excesos de la ciencia y la tecnología en su aplicación sin restricciones a la naturaleza y a la vida, la destrucción del medio ambiente y de la moral social, las desigualdades entre países ricos y pobres, las guerras de exterminio parecen demandar el retorno a una conciencia humanista que los clásicos saben, mejor que otros, propiciar.
Para mí la principal ventaja que reporta la lectura de los clásicos no está en la invitación a imitarlos, sino en el estímulo y el desafío que el recorrido mental de sus páginas implica para el desarrollo de la propia originalidad. Sus obras no están solo para ser imitadas. Marx denunció con toda razón la absoluta falta de originalidad artística del espiritualmente miserable neoclasicismo de la Francia de Napoleón. Quizá, por volver a la filosofía, sea un caso paradigmático de estímulo y de reto a la propia originalidad el ya mencionado impacto de Schopenhauer en Nietzsche. Pues el autor que en años de juventud tan apasionadamente exaltó al pensamiento del maestro en su tercera «Consideracion intempestiva» fue el mismo que luego lo pondría literalmente del revés al permutar por el más enérgico «sí» el profundo «no» de Schopenhauer a la vida.
Las obras de los grandes clásicos son las estrellas que más lucen en el firmamento cultural. Es natural suponer que Ulises, el astuto y prudente héroe homérico, determinaría guiándose por las estrellas del cielo el rumbo de la nave que, tras interminable cadena de fantásticas aventuras, había de conducirlo a su hogar. Pero también cabe imaginar que más de una noche, recostado después de la faena en la cubierta del barco o tendido en la playa de alguna de las prodigiosas islas que visitó, volvería, antes de que el sueño lo venciera, a contemplar el cielo estrellado tratando de descifrar entonces en el intermitente parpadeo de los astros un anticipo del destino temporal que le aguardaba. Al ofrecer el pensamiento vivo de los grandes clásicos de la filosofía y de la ciencia, esta coleccion quisiera, modestamente, ser una cartografía y cada uno de sus libros una brújula que ayude al lector medio, sea joven o viejo, universitario o no universitario, a orientarse y acaso adivinar su vocación o destino, mejor pronto que tarde, en el vasto enjambre de constelaciones que alumbran el zodíaco de nuestra cultura.
MANUEL GARRIDO
De la genealogía de la moral la escribió Nietzsche en veinte días, entre el 10 y el 30 de julio de 18871; a excepción de algunas hojas sueltas, notas fragmentarias y el manuscrito definitivo para impresión, no se han conservado los textos preparatorios de este «escrito polémico». La impresión, que corrió a cuenta del propio Nietzsche, se realizó entre agosto y octubre del mismo año; la corrección de las galeradas la hicieron entre Nietzsche y Köselitz. El 12 de noviembre recibió Nietzsche los primeros ejemplares: Zur Genealogie der Moral. Eine Streitschrift, Leipzig, 1887, Verlag von C. G. Naumann2.
Probablemente De la genealogía de la moral sea uno de los libros más leídos de Nietzsche. Es un libro relativamente breve (no llega a las 170 páginas en la KSA), tiene un tema único, aunque esté compuesto de tres ensayos (mas los tres están emparentados), y se ocupa de la moral, que parece ser lo que más preocupaba o interesaba a Nietzsche. Desde una perspectiva académica es una opción cómoda. Se llega incluso a creer que constituye su «teoría de la moral», cuando no la de su inmoralidad; se toma, en cualquier caso, como un breviario del pensamiento de Nietzsche.
Portada de la primera edición de De la genealogía de la moral en 1887. © Wikimedia Commons.
La cosa, sin embargo, no es tan simple: De la genealogía de la moral no es una obra tan unitaria como parece, no es autónoma ni mucho menos definitiva, y en cualquier caso no es un resumen del pensamiento de Nietzsche, como se está presuponiendo al elegirla en cuanto representación exclusiva del filósofo3. En primer lugar, su verdadero título es De la genealogía (o Sobre la genealogía) de la moral y no La genealogía de la moral, como se la conoce en el mundo de habla hispana; eso es lo que significa Zur Genealogie der Moral, que es como se llama la obra en alemán. Si el título habitual de La genealogía… nos hace pensar en una obra definitiva, acabada y completa sobre dicho asunto, la corrección que opera el De la… o el Sobre la… (que corresponden al perì griego o al de latino) hace que cambie por completo el sentido: los tres ensayos no constituyen la genealogía, son aportaciones a ella, a la genealogía. Genealogía que (en un sentido amplio) había ya comenzado antes de Nietzsche: así se entienden las referencias del prólogo4. Podría llamarse también, y la cosa quedaría aún más clara, Para una genealogía de la moral, «tres ensayos o tratados para una…». De hecho, la edición francesa de É. Blondel et alia5 se titula así, Pour une généalogie de la morale; y la última versión francesa, de P. Wotling, va incluso más lejos: Éléments pour la généalogie de la morale6. Todas las versiones inglesas que conozco llevan por título On the Genealogy of…7.
Nietzsche pretendía, por lo tanto, hacer algunas aportaciones a la genealogía de la moral puesta ya en marcha, bien que con principios y resultados para él erróneos e inverosímiles; o, en sentido más estricto, a su propia genealogía, de la que, explica en una postal a su amigo F. Overbeck, «falta un cuarto, un quinto e incluso el más esencial» de los ensayos8. Cualquiera que lea con cuidado De la genealogía de la moral se dará cuenta de que los tres ensayos o tratados publicados son sólo una parte de un proyecto mucho más amplio, ¡y ni siquiera la parte esencial!
Así pues, en segundo lugar, De la genealogía de la moral es cualquier cosa menos completa y acabada. La componen tres ensayos importantes, sí, pero parciales; el asunto es demasiado complejo como para abordarlo de una vez por todas: a Nietzsche le ha parecido más adecuado distinguir una serie de asuntos relacionados con el fenómeno moral (del cristianismo) y tratarlos, aun cuando sea artificial, de manera aislada. Es más que consciente de la dificultad de la temática, antes que nada por la novedad y crudeza de las cuestiones y el tratamiento que les da9. Pero también de la amplitud de la tarea: además de los ensayos cuarto, quinto y el más esencial, acerca del instinto gregario10, falta la suma o la síntesis de los diversos aspectos artificialmente aislados y, por último, el «ajuste de cuentas con la moral». En algún modo De la genealogía de la moral viene a aclarar Más allá del bien y del mal, que no se ha entendido. Por eso, en el reverso de la página del título escribió: «a modo de complemento y aclaración del recientemente publicado Más allá del bien y del mal»11. Más allá del bien y del mal, por su parte, venía a aclarar Así habló Zaratustra. Entre aclaración y aclaración, no obstante, Nietzsche va afinando y aquilatando su pensamiento.
Portada de la primera parte en su primera edición de Así habló Zaratustra. © Wikimedia Commons.
En su introducción apunta P. Wotling cómo en De la genealogía… se vale Nietzsche de un doble lenguaje, el de la tradición y el suyo propio, entre los que procura tender puentes, establecer vínculos; cómo en ello se vería el intento de hacer más accesibles sus ideas, empleando un lenguaje más exotérico para limitar los efectos de la dificultad del asunto12. Tenemos, pues, que De la genealogía de la moral no es la genealogía de la moral; son sólo algunos de sus elementos. No constituyen, por lo tanto, unidad alguna ni mucho menos una totalidad. Sí se refieren, no obstante, a un fenómeno unitario, el de la moral cristiana, del cual Nietzsche vendría a analizar algunos aspectos. Podría decirse, como hace M. Clark, sirviéndose de la imagen que Wittgenstein empleaba para explicar la noción de parecido de familia, que los tres ensayos son algunos de los hilos que compondrían históricamente el cabo más grueso del cristianismo13.
En tercer lugar, De la genealogía de la moral tampoco es una obra tan autónoma como para bastarse a sí misma. Si, por un lado, viene a complementar y aclarar su obra inmediata anterior14, por otro lado, para entenderla, nos lo dice Nietzsche en el último apartado del prólogo, hay que haber leído «sus escritos anteriores y no haber escatimado esfuerzos», hay que «practicar la lectura en cuanto arte»15. Más en concreto, y teniendo en cuenta que lo que Nietzsche pretende en este escrito es poner a prueba la hipótesis de la voluntad de poder (presentada como tal en el parágrafo 36 de Más allá del bien y del mal pero desarrollada ya desde el primero de dicha obra), hay que adoptar los presupuestos de dicha hipótesis, aceptar la visión que Nietzsche tiene del mundo en cuanto juego de pulsiones que da lugar a interpretaciones, por decirlo con una sola frase. Ése es el trasfondo de la lectura que Nietzsche hace de la historia de la moral, o mejor, de esos tres hilos concretos de dicha historia.
El propio Nietzsche, en el apartado 4 del prólogo, nos señala algunas de las ideas germinales del texto; parágrafos, en concreto, de Humano, demasiado humano y Aurora; el contexto16, sin embargo, más cercano a De la genealogía de la moral lo constituyen los prólogos que escribió en los últimos meses de 1886 para las segundas ediciones de esas dos obras y de El nacimiento de la tragedia y La gaya ciencia, así como el libro quinto de La gaya ciencia, de abril de 1887, y un largo fragmento titulado «El nihilismo europeo», de junio de 1887, justo antes de ponerse a redactar De la genealogía… Siguiendo estos textos, vemos aparecer: 1) la tarea de la genealogía, «la superación, por sí misma, de la moral»17; 2) la hipótesis de trabajo, «sólo el gran dolor es el liberador último del espíritu»18; 3) el punto de partida, en los cinco primeros parágrafos del libro quinto de La gaya ciencia19; 4) el marco conceptual amplio en que se inscribe De la genealogía…, en las notas sobre el nihilismo de Lenzer Heide20. Por otro lado, De la genealogía… se prolonga en multitud de fragmentos de la época21 y en el Crepúsculo de los ídolos y El anticristo. Ya sólo por eso no puede ser una obra definitiva y autónoma que resuma el pensamiento de Nietzsche, todavía inconcluso.
Hay, además, otro matiz muy importante que suele pasarse por alto en esa lectura apresurada y usuaria22 de nuestro texto. «En sus escritos de madurez, nos dice M. Barrios Casares23, vuelve a veces a pesar bastante el prejuicio nostálgico a favor de viejos modelos de aristocratismo» cuando en los textos de su etapa intermedia, en los que se define «lo que será el estilo y el carácter fundamental de su crítica genealógica, la perspectiva “inmoralista” que comprende los valores sobre la base de su historicidad», aquella querencia aristocrática parecía haber quedado arrumbada por el convencimiento de que el debilitamiento que acompaña a la muerte de Dios constituye el aprendizaje de la finitud, de nuestra naturaleza esencialmente perecedera, de nuestra transitoriedad24. Y el «sentido histórico», esa sensibilidad para saborear todas las cosas, escribe Nietzsche explícitamente en Más allá del bien y del mal, «es un sentido no aristocrático»25. Curiosamente, es justo ese aristocratismo el que más suele llamar la atención cuando se lee literalmente De la genealogía de la moral. De ahí el que haya que insistir en que De la genealogía… no es una obra completa y acabada ni mucho menos la quintaesencia del pensamiento de Nietzsche; tiene «carácter de ensayo, de tentativa o de búsqueda preliminar o parcial»26 en su intento de superar el nihilismo. Pues la crítica que Nietzsche ejerce y ejemplifica en este texto, la crítica genealógica, es una crítica hecha desde dentro que trata de llevar la moral cristiana a superarse a sí misma.
Así, en los tres tratados se tratan tres cuestiones de la moral (el significado de «bueno» y «malo»; el nacimiento de la conciencia moral, del deber; la función del ideal ascético), consideradas cada una de ellas en dos fases distintas de la historia, fases que podríamos denominar «premoral» y «moral», con la intención de, por medio del conocimiento de la historia y el revulsivo práctico-cultural que éste provoque, contribuir a superar la fase moral dando el paso a la que Nietzsche llama «extramoral»27, y que podríamos también denominar ultramoral, el más allá de, el allende la moral. En todo caso, es fundamental no tomar De la genealogía de la moral como la última palabra de Nietzsche, sino como una tentativa de leer la realidad poniendo en práctica la veracidad y la honestidad, esas dos virtudes tan cristianas que son capaces de acabar con la propia moral cristiana: «la catástrofe de una crianza de dos mil años para la verdad que al final se prohíbe a sí misma la mentira de creer en Dios»28.
La genealogía es el «conjunto de los antepasados de una persona», nos dice el María Moliner, el «escrito en que se detalla la genealogía [valga la redundancia] de alguien»; y el DRAE, con otras palabras, aunque equivalentes, viene a confirmar ambas acepciones, a las que añade «la disciplina que estudia la genealogía de las personas». El desarrollo de un órgano o de una institución social es todo menos lineal, se parece mucho más a la genealogía de una persona; de ahí que se le ocurra a Nietzsche29 aplicar dicho esquema a la investigación histórica: los antepasados son imprescindibles para entender el presente, la actualidad de tales órganos o instituciones. Dicho desarrollo consiste más bien en «la serie de procesos de enseñoramiento más o menos profundos, más o menos independientes los unos de los otros, que tienen lugar en la cosa, el uso o el órgano, a lo que hay que añadir las resistencias invertidas en cada caso, las transformaciones intentadas a fin de defenderse y de responder, así como los resultados de las acciones a la contra logradas. La forma es fluida, pero el “sentido” lo es aún más…»30.
Así el objeto de investigación del genealogista es «una cadena continua de signos hecha de interpretaciones y ajustes siempre nuevos», cadena de signos en que consiste «la historia entera de una “cosa”, de un órgano, de un uso»31. Como Nietzsche explica respecto de la noción de castigo: «el concepto de “castigo” no presenta ya de hecho un sentido único, sino toda una síntesis de “sentidos”: la historia anterior del castigo, la historia de su aprovechamiento para distintos fines, acaba cristalizando en una especie de unidad que es difícil de disolver, difícil de analizar y que, conviene subrayarlo, resulta por completo indefinible. […] En un estadio anterior, en cambio, aquella síntesis de “sentidos” parece ser más soluble»32. La genealogía permite desenredar y separar en parte los hilos que hoy se hallan fundidos en un cabo único por completo heterogéneo.
La novedad fundamental del tratamiento nietzscheano es la consideración de la historia del fenómeno moral; frente a racionalistas, transcendentales, utilitaristas y evolucionistas entre otros, es decir, frente al intelectualismo dominante, Nietzsche viene a recordar «que la causa de la aparición de una cosa y la utilidad final de ésta, su verdadero empleo y su lugar efectivo en un sistema de fines son cosas toto caelo distintas» y que ese principio de investigación histórica «que con tanto esfuerzo se ha conquistado» es algo que no se puede ni debe olvidar33. Y es que el sentido es lo más fluido: «cuán inseguro, sobreañadido, accidental es el “sentido” […], y cómo se puede emplear, interpretar y ajustar el mismo procedimiento para objetivos radicalmente distintos»34; cualquier cosa existente puede venir a ser interpretada de otra manera, hasta de la manera contraria. Ese principio de investigación histórica que con tanto esfuerzo se ha conquistado es la superación del prejuicio (propio de la ciencia aristotélica) de que origen y finalidad coinciden; pensemos en la idea, tan de nuestro sentido común, de que en la semilla está ya el árbol. A dicho prejuicio, que obvia la temporalidad, va a oponer Nietzsche la genealogía, un tipo de investigación histórica que, basándose en la idea de estudiar los antecesores de una persona para mejor conocer a ésta, pretende llegar a descubrir lo que efectivamente sea la moral, entendida en cuanto institución histórica, y los valores que la constituyen investigando «las condiciones y las circunstancias de que surgieron y en que se han desarrollado y desplazado»35. Frente a la genealogía «a la inglesa», demasiado abstracta y especulativa, que confunde (una vez más) la función actual con la causa primera, y se conforma así con el aparente truismo de que el ojo se hizo para ver y la mano, para agarrar, creyendo haber explicado algo, Nietzsche recurrirá a «lo documentado, lo realmente comprobable, lo efectivamente habido, en una palabra, toda la escritura jeroglífica, extensa y difícil de descifrar, del pasado de la moral humana»36.
La genealogía inaugura, por tanto, el estudio científico de la aparición y desarrollo de la moral cristiana; de hecho, Nietzsche se vale de los hallazgos de muchas ciencias del momento: historia, etnología, lingüística, derecho, medicina y psiquiatría37. W. Stegmaier38 resume en cuatro los rasgos que caracterizan a tal tipo de investigación:
1. Al ir hacia atrás, no se llega a un fundador, un primer padre o una primera madre, sino a muchos: la procedencia es múltiple. Por ello Nietzsche opondrá al origen único y esencial, Ursprung, la búsqueda de la Herkunft (o las Herkünfte), procedencia (o procedencias).
2. La mirada indagadora arrastra su propia moral, que, por otro lado, tiene una relación de familia con esa procedencia que indaga; consecuencia de ese estar envuelto en la propia investigación son ciertos puntos ciegos, ciertos ángulos muertos.
3. Cuanto más se retrocede, tanto más oscura resulta la historia, lo que hace que sean cada vez más hipotéticas las conclusiones.
4. No sólo más hipotéticas, sino también más inconmensurables con nuestra posición actual.
La genealogía no es, por lo tanto, ni historia en el sentido tradicional de la expresión ni siquiera «historia natural», tal como la practicaba el propio Nietzsche en Más allá del bien y el mal; es historia de su nacimiento o aparición, Entstehungsgeschichte, «historia efectiva de la moral», wirkliche Historie der Moral39.
Con todo, De la genealogía de la moral es, sí, una de las obras más importantes de Nietzsche, una obra de madurez en que se puede gozar de la altura cimera de su pensamiento y de la maestría expositiva de su escritura. Él era consciente de ello cuando en una nota del epílogo del Caso Wagner dice al respecto: «quizá no haya un giro más decisivo en la historia del conocimiento religioso y moral»40; o en Ecce Homo la considera «lo más inquietante que se ha escrito hasta la fecha»41. Como explica en el prólogo, la cosa había comenzado ya en Humano, demasiado humano; en sentido más estricto, yo diría que en Aurora, sólo que entonces los pensamientos que ya pujaban no habían encontrado aún un lenguaje propio42. «Entretanto se [han] ido reforzando los unos a los otros, creciendo juntos y haciendo piña» hasta hallar expresión «con la necesidad con que un árbol produce sus frutos», hijos «de una voluntad fundamental de conocer que rige en el fondo y que habla siempre de manera determinada y exige siempre algo más determinado»43. Y esa voluntad fundamental parece que desde niño le ha ido llevando hasta acabar preguntándose por el valor de los valores (cristianos): ¿han contribuido al desarrollo del potencial humano o, por el contrario, lo han impedido? — ¿Y si la moral fuera el peligro de los peligros?, acabará insinuando Nietzsche44—.
Fotografía de Nietzsche de Gustav Adolf Schultze, 1882. A partir de Humano, demasiado humano en 1878, Nietzsche publicaría un libro (o su mayor parte) por año hasta 1888. © Wikimedia Commons.
El subtítulo del texto es Eine Streitschrift, «un escrito polémico», «una diatriba». P. Wotling prefiere traducirlo por écrit de combat, entendiendo que conviene destacar el carácter práctico de la escritura, que de lo que se trata es de «poner por obra una lucha efectiva contra los valores nihilistas»45. W. Stegmaier señala por su parte que no es que Nietzsche tenga ganas de luchar, él personalmente era un hombre de lo más tranquilo y delicado, sino que a la posición de la moral sólo se le puede oponer otra posición que también lo es, moral, la de un inmoralista en nuestro caso. A la pretensión del punto de vista absoluto de la moral cristiana Nietzsche contrapone otra perspectiva, polemista y luchadora, que es la de una nueva objetividad46, derivada del ejercicio de la honestidad y la veracidad a que ha acabado por llevar la moral cristiana, y que va a ser la causa de su propia ruina. En Ecce Homo, tras explicar en qué consiste su praxis de la guerra, dice: «Si le hago la guerra al cristianismo, tengo derecho a ello, porque nunca he experimentado ni adversidades ni obstáculos por esa parte, — los cristianos más serios siempre han sido amables conmigo. Yo mismo, un oponente del cristianismo de rigueur, estoy lejos de guardar rencor al individuo por algo que es una fatalidad de milenios»47.
Es importante recordar y destacar que la crítica genealógica es una crítica hecha desde dentro que trata de llevar la moral cristiana a superarse a sí misma. Frente al tópico más extendido de que Nietzsche sea el pensador que más radicalmente ha roto con la tradición, conviene aquilatar en qué pueda consistir dicha ruptura: y esa ruptura es sencillamente la que permite el sentido histórico. Por decirlo con un ejemplo: naturalmente que somos muy distintos de nuestros abuelos, pero de ellos venimos, sin ellos no seríamos, ni seríamos lo que somos, por más que no seamos ellos. Sólo hay ruptura desde dentro de la tradición, lo demás son quimeras. Por ello la posible superación del nihilismo sólo podrá venir desde dentro del nihilismo48, y la genealogía de la moral es un posible paso en dicha dirección: ¿hacia la nada? o ¿más allá de la nada? Realmente, contra lo que a primera vista puede parecer, la posición de Nietzsche es la de la moderación; al fin y al cabo, frente a los dogmas de la moral cristiana él opone hipótesis, simple verosimilitud, entendida en cuanto aproximación a una verdad que no está dada49, perspectivismo, en cuanto pluralidad de miradas y de afectos50, en definitiva, humanidad.
Lo decía ya en otro lugar: no es fácil traducir a Nietzsche. Debe tenerse presente su concepción retórica del lenguaje; y no me refiero al empleo de figuras, sino a la más radical idea de que «el lenguaje es figuración»51. Lo que Nietzsche quiere transmitir no son sólo contenidos, sino también «un tempo, una tonalidad, una música»52; y es que en su escritura la fuerza connotativa es muchas veces más importante que la meramente denotativa. Por medio de ella lo que Nietzsche pretende es conectar el pensamiento con el movimiento pulsional del que surge, con el fundamento afectivo-instintivo que sostiene en el fondo sus ideas. «Existe una íntima y secreta conexión entre la lógica y la estética que se pone de manifiesto a través del ritmo y la melodía de las palabras», resume Sánchez Meca53.
De la genealogía de la moral es uno de los textos más ricos y complejos de Nietzsche. Traducirlo es producir en castellano algo equivalente. Hacen falta ojos y oídos54; dando por supuestos los ojos, se necesita sobre todo oído. Las frases de Nietzsche son en su mayoría (o, a su modo, más bien todas) perfectas: suenan como tienen que sonar; una traducción que se olvide del ritmo y la sonoridad, de la música del alemán de Nietzsche es ya un chasco, y hasta un fraude. Lograr reproducirlo es imposible; no intentarlo, ¡o no saberlo!, es no haber entendido a Nietzsche, simplemente.
Con esto quiero, en primer lugar, justificar algunas de las libertades que me he tomado, que sin ser excesivas pueden, sin embargo, contrastar con otras traducciones que ya hay en castellano. Así, siguiendo el modelo de W. Kaufmann en su traducción al inglés55, he prescindido en muchos casos, no siempre, de varias partículas expletivas, habituales en alemán, pero demasiado llamativas y onerosas en castellano. Me refiero fundamentalmente a eben, un suspiro en el original que da lugar a polisílabos disonantes del estilo de «justamente», «precisamente» o «cabalmente» (como gusta de traducirlo Andrés Sánchez Pascual); a überhaupt, uno de los tormentos de cualquier traductor, que suele verterse por «en general», pero del que a veces es mucho mejor prescindir; y en ocasiones también a selbst, «mismo/a», que no siempre es necesario recalcar en castellano.
En segundo lugar, cuando no ha sido posible reproducirlas, he procurado dar cuenta en nota de las continuas consonancias, aliteraciones, referencias paródicas, burlas, creaciones verbales y efectos sonoros que el original va desplegando; de seguro se me habrán pasado muchas, pero, puesto que otros traductores anteriores no parecen haberlo tenido en cuenta, esto es algo que en castellano hace falta señalar y recordar.
En tercer lugar, y con independencia de que con mi versión haya logrado transmitirlo o no, además del Nietzsche argumentativo y polemista, los dos rasgos más evidentes de este texto, está el Nietzsche bufón56, que se pasea por el lenguaje con una soltura y un descaro sin precedentes. En el propio prólogo nos anuncia el ideal de llegar a vivir la vida como una comedia57; al final del libro nos recuerda lo mucho que hay digno de risa en el espíritu moderno58; al principio del tercer ensayo fantasea con que Wagner hubiera compuesto una comedia con las bodas de Lutero59; en fin, el macabro pasaje de Tertuliano que aparece citado por extenso, diría que con sorna, aunque sólo sea por hallarse a resguardo de dicho personaje perverso, le produce un regodeo, un regocijo, un deleite auténticos de bufón60.
Por lo demás, las decisiones concretas y aun las indecisiones las voy explicando y comentando en las notas. Para resolver dudas de interpretación, aclarar matices y aun inspirarme en algunos términos, he consultado las siguientes versiones existentes:
— La genealogía de la moral, trad. de A. Sánchez Pascual, Alianza, 2.ª ed., 1975 (ASP)61.
— La genealogía de la moral, trad. de J. Mardomingo Sierra, Edaf, 2000 (JMS).
— On the Genealogy of Morals, trad. W. Kaufmann y R. J. Hollingdale, Random House, 1967 (K.).
— On the Genealogy of Morality, trad. de M. Clark y A. J. Swensen, Hackett Pub. Co., 1998 (Cl.).
— On the Genealogy of Morality, junto con Beyond Good and Evil, trad. de A. Del Caro, Stanford UP, 2014 (DC).
— Éléments pour la généalogie de la morale, trad. de P. Wotling, LGF, 2000 (W.).
A la hora de elaborar las notas de contextualización me he apoyado generosamente en esta última edición, la más comprometida y explícita de todas ellas, muy recomendable para quien quiera dar un paso más en la lectura de este texto. Deseo agradecer aquí el amable permiso del autor para citarle sin restricción; he procurado indicarlo cuando lo hago, siquiera sea con una «W.», de Wotling.
JAIME ASPIUNZA
1 Así se lo contó Nietzsche a G. Brandes en carta del 10 de abril de 1888, así se ha transmitido. No obstante, parece que las fechas no son precisas; si no me equivoco, al menos la parte final del tercer tratado, así como el prólogo, se los remitió al editor Naumann el 28 de agosto de 1887 (cfr. CO V 351 s.).
2 Cfr. KSA 14 377.
3 En el mundo anglosajón se ha convertido en los últimos decenios en el más importante de sus escritos para cualquiera que quiera estudiar a Nietzsche, ética o historia del pensamiento moderno, his master-piece, nos dice Ch. Janaway, Beyond Selflessnes. Reading Nietzsche’s Genealogy, Oxford UP, 2007, p. 1.
En Francia también se considera, probablemente debido a la influencia de Deleuze, «comme une sorte de résumé de la pensée de Nietzsche», «comme un petit “système Nietzsche” pour lecteurs pressés», me comunica P. Wotling.
4 En el apartado 4 hace referencia al librito de su amigo P. Rée, El origen de los sentimientos morales, en el que por primera vez se encontró con «una hipótesis genealógica»; en el 7 concretará la crítica que le merecen «los [genealogistas] ingleses», más aficionados a «las hipótesis caídas del cielo» que a la reflexión de verdad histórica.
5 Trad. de É. Blondel, O. Hansen-Løve, Th. Leydenbach y P. Pénisson, Flammarion, 1996.
6 Ed. de P. Wotling, LGF, 2000 [= W.].
7 Desde la clásica de W. Kaufmann y R. J. Hollingdale (On the Genealogy of Morals, Random House, 1967 [= K.]) hasta la de A. Del Caro (Stanford UP, 2014 [= DC]), pasando por las de M. Clark y A. J. Swensen (Hackett Pub. Co., 1998 [= Cl.]) y la de C. Diethe (Cambridge UP, 2006 [= D.]), todas ellas tituladas igual, On the Genealogy of Morality.
8 Carta del 4 de enero de 1888, mes y medio después de haberle enviado De la genealogía…: «[…] Una palabra tan sólo en relación con el libro: fue de obligado cumplimiento en aras de la claridad aislar artificialmente los diferentes focos de surgimiento de ese complejo producto que se llama moral. Cada uno de esos tres tratados da expresión a un único primum mobile [primer móvil]; falta un cuarto, un quinto e incluso el más esencial (“el instinto de rebaño”) — este mismo, por demasiado extenso, de momento ha tenido que quedar al margen, así como la suma final de todos los diferentes elementos y, con ello, una especie de ajuste de cuentas con la moral. Para ello todavía nos encontramos justamente en el “preludio” de mi filosofía. [Para la génesis del cristianismo cada tratado aporta una contribución (I 15; II 20; III 27); nada está más lejos de mí que el deseo de clarificar el cristianismo mismo recurriendo a una única categoría psicológica.] Pero, ¿para qué escribo esto? Estas cosas, en realidad, se comprenden por sí mismas entre tú y yo.» CO VI 93 s.
9 «Todos los grandes platos que pongo sobre la mesa contienen tantas cosas duras y difíciles de digerir, que invitar además a que las saboreen […] es más bien un abuso de las relaciones de amistad y de hospitalidad», se disculpa al enviarle el libro a su viejo maestro y amigo J. Burckhardt: Carta del 14 de noviembre de 1887, CO VI 72.
10 Cfr. al respecto GC 352: «El europeo se disfraza con la moral porque se ha convertido en un animal enfermo, enfermizo, mutilado, que tiene buenas razones para estar “domesticado” […] No es lo temible del animal de presa lo que tiene necesidad del disfraz moral, sino el animal de rebaño con su profunda mediocridad, el miedo y el aburrimiento de sí mismo. La moral — ¡reconozcámoslo! — adorna al europeo, convirtiéndolo en algo más distinguido, más importante, más respetable, en algo “divino”», OC III 867; asimismo, MBM 44 y 199.
11 KSA 14 377.
12 Cfr. W., op. cit., pp. 12 s.
13 Cl., op. cit., p. xxv.
14 «Con ello creo que he terminado con los esfuerzos por volver “comprensible” mi literatura anterior», carta a F. Overbeck del 30 de agosto de 1887, CO V 355.
15 GM prólogo 8.
16 Sigo aquí a W. Stegmaier, Nietzsches «Genealogie der Moral», WBG, 1994, pp. 44-53.
17 A prólogo 4, OC III 488.
18 GC prólogo 3, OC III 720.
19 GC 343.344.345.346.347, OC III 858-64.
20 FP IV, 5 [71].
21 Como quien dice, todo el volumen IV de los FP, ¡casi 800 páginas!
22 Pienso, sin atenerme estrictamente a ella, en la distinción que hace C. S. Lewis en La experiencia de leer, Alba, 2000, entre «usar» y «leer» un texto.
23 Cfr. su «Genealogía y crítica de la cultura en la filosofía del espíritu libre», Guía Comares de Nietzsche, Comares, 2014, pp. 67-69.
24 Cfr. A 49, OC III 515.
25 MBM 224.
26 W., op. cit., p. 313.
27 Cfr. MBM 32.
28 GM III 27.
29 Si bien Nietzsche llama «genealogistas» a algunos que le anteceden, lo cierto es que es él mismo quien en sentido estricto introduce en la filosofía este método de indagación; cfr. Historisches Wörterbuch der Philosophie, Bd. III, «Genealogie», por O. Marquard.
30 GM II 12.
31 GM II 12.
32 GM II 13.
33 GM II 12.
34 GM II 13.
35 GM prólogo 6.
36 GM prólogo 7.
37 Cfr. al respecto Stegmaier, op. cit., pp. 238-241, que cita más de cincuenta fuentes empleadas de manera directa por Nietzsche. En H. Ottmann (Hrsg.), Nietzsche-Handbuch. Leben–Werk – Wirkung, Metzler, 2000 se encuentra una serie de informes relativos a las fuentes de Nietzsche clasificados por disciplinas científicas; así, por ejemplo, «utilitarismo inglés», «moralistas franceses», «psicología», «lingüística», etc. También unas páginas de M. Brusotti dedicadas a De la genealogía…, «Zur Genealogie der Moral. Eine Streitschrift (1887)», pp. 124-126.
38 Cfr. W. Stegmaier, op. cit., pp. 63 s.
39 GM prólogo 7. Historie es el relato científico de la Geschichte, que es lo que se cuenta que ocurrió.
40 KSA 6 52.
41 EH, Genealogía de la moral, OC IV 845.
42 Cfr. GM prólogo 4.
43 GM prólogo 2.
44 GM prólogo 6.
45Op. cit., p. 313.
46 Cfr. GM III 12.
47 EH, Por qué soy tan sabio 7, OC IV 793.
48 Ésta es la tesis central del texto citado de M. Barrios Casares.
49 Cfr. GM prólogo 4 y 5, II 16 y 17. En la página que le dedica en Ecce Homo expone Nietzsche las tres verdades nuevas que propone De la genealogía de la moral: «La verdad del primer tratado es la psicología del cristianismo: el nacimiento del cristianismo a partir del espíritu de resentimiento, no, como se cree habitualmente, a partir del “espíritu” […] El segundo tratado ofrece la psicología de la conciencia: ésta no es, como se cree habitualmente, “la voz de Dios en el ser humano”, — es el instinto de crueldad, que revierte hacia atrás cuando ya no puede seguir desahogándose hacia el exterior. […] El tercer tratado da respuesta a la pregunta por la procedencia del enorme poder del ideal ascético, del ideal sacerdotal, a pesar de ser el ideal nocivo par excellence, una voluntad de final, un ideal de décadence. Respuesta: no porque Dios esté actuando detrás de los sacerdotes, como se cree habitualmente, sino faute de mieux [a falta de algo mejor], — porque hasta ahora ha sido el único ideal, porque no ha tenido ningún competidor. […] Tres decisivos trabajos preliminares de un psicólogo para una transvaloración de todos los valores. — Este libro contiene la primera psicología del sacerdote». EH, Genealogía de la moral, OC IV 845.
50 Cfr. GM III 12: «No hay más ver que el perspectivista, ni más “conocer” que el perspectivista; y cuanto mayor sea el número de afectos a los que dejemos hablar acerca de una cosa, cuanto mayor sea el número de ojos, de ojos distintos, con que sepamos mirar a una sola cosa, tanto más completo será el “concepto” que nos hagamos de esa cosa, nuestra “objetividad”».
51 Cfr. «prefacio» a Aurora, OC III 480.
52 D. Sánchez Meca, Nietzsche. La experiencia dionisíaca del mundo, Tecnos, 2.ª ed., 2006, p. 11. Recomiendo muy vivamente la lectura del prólogo, magnífico, donde probablemente estén mucho más claras algunas de las ideas que aquí trato de recoger.
53Op. cit., pp. 13-16.
54 Cfr. GC 381, OC III 892: «[…] al mismo tiempo que abren los oídos de quienes tienen oídos afines a los nuestros».
55Op. cit.
56 M. Barrios Casares, aunque sea con una pregunta retórica, creo que nos invita a tomar en serio la bufonería de Nietzsche…, y yo, ¡cómo no!, le sigo; cfr. op. cit., p. 51.
En Más allá del bien y el mal son varios los lugares; por ejemplo, en el último parágrafo de «El ser religioso»: «Suponiendo que alguien pudiera otear con el ojo irónico e independiente de un dios epicúreo la comedia […] del cristianismo europeo, creo que nunca pararía de asombrarse y de reír», MBM 62; en la sección dedicada a «nuestras virtudes»: «[…] el reino de nuestra invención, donde aún podemos ser nosotros también originales, como parodistas, por ejemplo, de la historia universal», MBM 223. En Ecce Homo insistirá: «No quiero ser ningún santo, preferiría ser un bufón… Quizá yo sea un bufón…», EH, Por qué soy un destino 1, OC IV 853.
57 GM prólogo 7: «el día en que podamos decir de todo corazón: “¡Adelante! ¡También nuestra vieja moral forma parte de la comedia!”, habremos descubierto un enredo nuevo, una posibilidad nueva para el drama dionisíaco del “destino del alma”».
58 Cfr. GM III 27.
59 Cfr. GM III 2.
60 En carta a F. Overbeck del 17 de julio de 1887 le solicita «un pasaje de Tertuliano en el que esta alma bella describe anticipadamente los placeres que gozará en el “más allá” al ver el martirio de sus enemigos y anticristianos: los martirios, con mucha ironía y malicia, están especializados en relación con los antiguos oficios de esos enemigos» (CO V 332).
61 En el año largo que ha durado esta traducción me han preguntado muchas veces si es que acaso la de ASP, que tantos hemos leído y en que hemos abrevado nuestra ignorancia en los cuarenta años que lleva en la calle, no estaba bien. Sin duda, respondo aquí a todos, la de ASP es una buena traducción, una traducción notable y pionera: traslada, dentro de lo que cabe, el contenido del texto nietzscheano pero —y esto también es ahora bastante importante— no es que ande muy fina de oído.
