El Alcalde De Zalamea - Pedro Calderón De La Barca - E-Book

El Alcalde De Zalamea E-Book

Pedro Calderón de la Barca

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Beschreibung

Un humilde labrador se enfrenta al abuso de poder de un capitán que ha ultrajado a su hija, reclamando una justicia que iguala a plebeyos y nobles. La obra es un monumento a la dignidad personal y al honor que reside en el alma, independientemente del linaje o la riqueza. Un conflicto vibrante entre la jerarquía militar y el sentido común que culmina en una resolución histórica inolvidable.

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Veröffentlichungsjahr: 2026

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EL ALCALDE DE ZALAMEA.

DRAMA EN TRES JORNADAS.

JORNADA PRIMERA.

Campo cercano á Zalamea.

ESCENA PRIMERA.

REBOLLEDO, CHISPA, soldados.

Reboll.

¡Cuerpo de Cristo con quien

Desta suerte hace marchar

De un lugar á otro lugar

Sin dar un refresco!

Todos.

Amén.

Reboll.

¿Somos gitanos aquí,

Para andar desta manera?

Una arrollada bandera

¿Nos ha de llevar tras sí,

Con una caja...

Sold. 1.º

¿Ya empiezas?

Reboll.

Que este rato que calló,

Nos hizo merced de no

Rompernos estas cabezas?

Sold. 2.º

No muestres deso pesar,

Si ha de olvidarse, imagino,

El cansancio del camino

A la entrada del lugar.

Reboll.

¿A qué entrada, si voy muerto?

Y aunque llegue vivo allá,

Sabe mi Dios si será

Para alojar; pues es cierto

Llegar luégo al comisario

Los alcaldes á decir

Que si es que se pueden ir,

Que darán lo necesario.

Responderles, lo primero,

Que es imposible, que viene

La gente muerta; y si tiene

El concejo algun dinero,

Decir: «Señores soldados,

Orden hay que no paremos:

Luégo al instante marchemos.»

Y nosotros, muy menguados,

A obedecer al instante

Orden, que es en caso tal,

Para él órden monacal,

Y para mí mendicante.

Pues ¡voto á Dios! que si llego

Esta tarde á Zalamea,

Y pasar de allí desea

Por diligencia ó por ruego,

Que ha de ser sin mí la ida;

Pues no, con desembarazo,

Será el primer tornillazo

Que habré yo dado en mi vida.

Sold. 1.º

Tampoco será el primero

Que haya la vida costado

A un miserable soldado;

Y más hoy, si considero

Que es el cabo desta gente

Don Lope de Figueroa,

Que si tiene fama y loa

De animoso y de valiente,

La tiene tambien de ser

El hombre más desalmado,

Jurador y renegado

Del mundo, y que sabe hacer

Justicia del más amigo,

Sin fulminar el proceso.

Reboll.

¿Ven ustedes todo eso?

Pues yo haré lo que yo digo.

Sold. 2.º

¿Deso un soldado blasona?

Reboll.

Por mí muy poco me inquieta;

Pero por esa pobreta,

que viene tras la persona...

Chispa.

Seor Rebolledo, por mí

Voacé no se aflija, no;

Que, como ya sabe, yo,

Barbada el alma, nací:

Y ese temor me deshonra;

Pues no vengo yo á servir

Ménos que para sufrir

Trabajos con mucha honra;

Que para estarme, en rigor,

Regalada, no dejara

En mi vida, cosa es clara,

La casa del regidor,

Donde todo sobra, pues

Al mes mil regalos vienen;

Que hay regidores que tienen

Mesa franca con el mes.

Y pues al venir aquí,

A marchar y padecer

Con Rebolledo, sin ser

Postema, me resolví,

Por mí ¿en qué duda ó repara?

Reboll.

¡Viven los cielos, que eres

Corona de las mujeres!

Sold. 2.º

Aquesa es verdad bien clara.

¡Viva la Chispa!

Reboll.

¡Reviva!

Y más si por divertir

Esta fatiga de ir

Cuesta abajo y cuesta arriba,

Con su voz al aire inquieta

Una jácara ó cancion.

Chispa.

Responda á esa peticion

Citada la castañeta.

Reboll.

Y yo ayudaré tambien.

Sentencien los camaradas,

Todas las partes citadas.

Sold. 1.º

¡Vive Dios, que ha dicho bien!

(Cantan Rebolledo y la Chispa.)

Chispa.

Yo soy titiri, titiri, tina,

Flor de la jacarandina.

Reboll.

Yo soy titiri, titiri, taina,

Flor de la jacarandaina.

Chispa.

Vaya á la guerra el alférez,

Y embárquese el capitan.

Reboll.

Mate moros quien quisiere,

Que á mí no me han hecho mal.

Chispa.

Vaya y venga la tabla al horno,

Y á mí no me falte pan.

Reboll.

Huéspeda, máteme una gallina;

Que el carnero me hace mal.

Sold. 1.º

Aguarda; que ya me pesa

(Que íbamos entretenidos

En nuestros mismos oidos)

De haber llegado á ver esa

Torre, pues es necesario

Que donde paremos sea.

Reboll.

¿Es aquella Zalamea?

Chispa.

Dígalo su campanario.

No sienta tanto voacé,

Que cese el cántico ya:

Mil ocasiones habrá

En que lograrle, porque

Esto me divierte tanto,

Que como de otras no ignoran

Que á cada cosita lloran,

Yo á cada cosita canto,

Y oirá uced jácaras ciento.

Reboll.

Hagamos alto aquí, pues

Justo, hasta que venga, es,

Con la órden el Sargento,

Por si hemos de entrar marchando

Y en tropas.

Sold. 1.º

Él solo es quien

Llega ahora; mas tambien

El Capitan esperando

Está.

ESCENA II.

EL CAPITAN, EL SARGENTO.—Dichos.

Capitan.

Señores soldados,

Albricias puedo pedir:

De aquí no hemos de salir,

Y hemos de estar alojados

Hasta que Don Lope venga

Con la gente que quedó

En Llerena; que hoy llegó

Orden de que se prevenga

Toda, y no salga de aquí

A Guadalupe, hasta que

Junto todo el tercio esté,

Y él vendrá luego; y así,

Del cansancio bien podrán

Descansar algunos dias.

Reboll.

Albricias pedir podias.

Todos.

¡Víctor nuestro Capitan!

Capitan.

Ya está hecho el alojamiento:

El comisario irá dando

Boletas, como llegando

Fueren.

Chispa.

Hoy saber intento

Por qué dijo, voto á tal,

Aquella jacarandina:

«Huéspeda, máteme una gallina;

Que el carnero me hace mal.» (Vanse.)

Calle.

ESCENA III.

EL CAPITAN, EL SARGENTO.

Capitan.

Señor Sargento, ¿ha guardado

Las boletas para mí,

Que me tocan?

Sarg.

Señor, sí.

Capitan.

¿Y dónde estoy alojado?

Sarg.

En la casa de un villano,

Que el hombre más rico es

Del lugar, de quien despues

He oido que es el más vano

Hombre del mundo, y que tiene

Más pompa y más presuncion

Que un infante de Leon.

Capitan.

Bien á un villano conviene

Rico aquesa vanidad.

Sarg.

Dicen que esta es la mejor

Casa del lugar, señor:

Y si va á decir verdad,

Yo la escogí para tí,

No tanto porque lo sea,

Como porque en Zalamea

No hay tan bella mujer...

Capitan.

Dí.

Sarg.

Como una hija suya.

Capitan.

Pues

Por muy hermosa y muy vana,

¿Será más que una villana

Con malas manos y piés?

Sarg.

¿Que haya en el mundo quien diga

Eso?

Capitan.

¿Pues no, mentecato?

Sarg.

¿Hay más bien gastado rato

(A quien amor no le obliga,

Sino ociosidad no más)

Que el de una villana, y ver

Que no acierta á responder

A propósito jamás?

Capitan.

Cosa es que en toda mi vida,

Ni áun de paso, me agradó;

Porque en no mirando yo

Aseada y bien prendida

Una mujer, me parece

Que no es mujer para mí.

Sarg.

Pues para mí, señor, sí,

Cualquiera que se me ofrece.

Vamos allá; que por Dios,

Que me pienso entretener

Con ella.

Capitan.

¿Quieres saber

Cuál dice bien de los dos?

El que una belleza adora,

Dijo, viendo á la que amó:

«Aquella es mi dama,» y no:

«Aquella es mi labradora.»

Luego si dama se llama

La que se ama, claro es ya

Que en una villana está

Vendido el nombre de dama.

Mas ¿qué ruido es ese?

Sarg.

Un hombre,

Que de un flaco rocinante

A la vuelta desa esquina

Se apeó, y en rostro y talle

Parece á aquel Don Quijote,

De quien Miguel de Cervántes

Escribió las aventuras.

Capitan.

¡Qué figura tan notable!

Sarg.

Vamos, señor; que ya es hora.

Capitan.

Lléveme el Sargento ántes

A la posada la ropa,

Y vuelva luégo á avisarme. (Vanse.)

ESCENA IV.

DON MENDO, NUÑO.

D. Mend.

¿Cómo va el rucio?

Nuño.

Rodado,

Pues no puede menearse.

D. Mend.

¿Dijiste al lacayo, dí,

Que un rato le pasease?

Nuño.

¡Qué lindo pienso!

D. Mend.

No hay cosa

Que tanto á un bruto descanse.

Nuño.

Aténgome á la cebada.

D. Mend.

¿Y que á los galgos no aten,

Dijiste?

Nuño.

Ellos se holgarán;

Mas no el carnicero.

D. Mend.

Baste;

Y pues han dado las tres,

Cálzome palillo y guantes.

Nuño.

¿Si te prenden el palillo

Por palillo falso?

D. Mend.

Si álguien,

Que no he comido un faisan,

Dentro de sí imaginare,

Que allá dentro de sí miente,

Aquí y en cualquiera parte

Le sustentaré.

Nuño.

¿Mejor

No seria sustentarme

A mí, que al otro? que en fin

Te sirvo.

D. Mend.

¡Qué necedades!

—En efecto, ¿que han entrado

Soldados aquesta tarde

En el pueblo?

Nuño.

Sí, señor.

D. Mend.

Lástima da el villanaje

Con los huéspedes que espera.

Nuño.

Más lástima da y más grande

Con los que no espera...

D. Mend.

¿Quién?

Nuño.

La hidalguez; y no te espante;

Que si no alojan, señor,

En cas de hidalgos á nadie,

¿Por qué piensas que es?

D. Mend.

¿Por qué?

Nuño.

Porque no se mueran de hambre.

D. Mend.

En buen descanso esté el alma

De mi buen señor y padre,

Pues en fin me dejó una

Ejecutoria tan grande.

Pintada de oro y azul,

Exencion de mi linaje.

Nuño.

Tomáramos que dejara

Un poco del oro aparte.

D. Mend.

Aunque si reparo en ello,

Y si va á decir verdades,

No tengo que agradecerle

De que hidalgo me engendrase,

Porque yo no me dejara

Engendrar, aunque él porfiase,

Si no fuera de un hidalgo,

En el vientre de mi madre.

Nuño.

Fuera de saber difícil.

D. Mend.

No fuera, sino muy fácil.

Nuño.

¿Cómo, señor?

D. Mend.

Tú, en efecto,

Filosofía no sabes,

Y así ignoras los principios.

Nuño.

Sí, mi señor, y áun los ántes

Y postres, desde que como

Contigo; y es, que al instante,

Mesa divina es tu mesa,

Sin medios, postres ni ántes.

D. Mend.

Yo no digo esos principios.

Has de saber que el que nace,

Sustancia es del alimento

Que ántes comieron sus padres.

Nuño.

¿Luego tus padres comieron?

Esa maña no heredaste.

D Mend.

Esto despues se convierte

En su propia carne y sangre:

Luego si hubiera comido

El mio cebolla, al instante

Me hubiera dado el olor,

Y hubiera dicho yo: «Tate,

Que no me está bien hacerme

De excremento semejante.»

Nuño.

Ahora digo que es verdad...