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Un humilde labrador se enfrenta al abuso de poder de un capitán que ha ultrajado a su hija, reclamando una justicia que iguala a plebeyos y nobles. La obra es un monumento a la dignidad personal y al honor que reside en el alma, independientemente del linaje o la riqueza. Un conflicto vibrante entre la jerarquía militar y el sentido común que culmina en una resolución histórica inolvidable.
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Veröffentlichungsjahr: 2026
DRAMA EN TRES JORNADAS.
Campo cercano á Zalamea.
REBOLLEDO, CHISPA, soldados.
Reboll.
¡Cuerpo de Cristo con quien
Desta suerte hace marchar
De un lugar á otro lugar
Sin dar un refresco!
Todos.
Amén.
Reboll.
¿Somos gitanos aquí,
Para andar desta manera?
Una arrollada bandera
¿Nos ha de llevar tras sí,
Con una caja...
Sold. 1.º
¿Ya empiezas?
Reboll.
Que este rato que calló,
Nos hizo merced de no
Rompernos estas cabezas?
Sold. 2.º
No muestres deso pesar,
Si ha de olvidarse, imagino,
El cansancio del camino
A la entrada del lugar.
Reboll.
¿A qué entrada, si voy muerto?
Y aunque llegue vivo allá,
Sabe mi Dios si será
Para alojar; pues es cierto
Llegar luégo al comisario
Los alcaldes á decir
Que si es que se pueden ir,
Que darán lo necesario.
Responderles, lo primero,
Que es imposible, que viene
La gente muerta; y si tiene
El concejo algun dinero,
Decir: «Señores soldados,
Orden hay que no paremos:
Luégo al instante marchemos.»
Y nosotros, muy menguados,
A obedecer al instante
Orden, que es en caso tal,
Para él órden monacal,
Y para mí mendicante.
Pues ¡voto á Dios! que si llego
Esta tarde á Zalamea,
Y pasar de allí desea
Por diligencia ó por ruego,
Que ha de ser sin mí la ida;
Pues no, con desembarazo,
Será el primer tornillazo
Que habré yo dado en mi vida.
Sold. 1.º
Tampoco será el primero
Que haya la vida costado
A un miserable soldado;
Y más hoy, si considero
Que es el cabo desta gente
Don Lope de Figueroa,
Que si tiene fama y loa
De animoso y de valiente,
La tiene tambien de ser
El hombre más desalmado,
Jurador y renegado
Del mundo, y que sabe hacer
Justicia del más amigo,
Sin fulminar el proceso.
Reboll.
¿Ven ustedes todo eso?
Pues yo haré lo que yo digo.
Sold. 2.º
¿Deso un soldado blasona?
Reboll.
Por mí muy poco me inquieta;
Pero por esa pobreta,
que viene tras la persona...
Chispa.
Seor Rebolledo, por mí
Voacé no se aflija, no;
Que, como ya sabe, yo,
Barbada el alma, nací:
Y ese temor me deshonra;
Pues no vengo yo á servir
Ménos que para sufrir
Trabajos con mucha honra;
Que para estarme, en rigor,
Regalada, no dejara
En mi vida, cosa es clara,
La casa del regidor,
Donde todo sobra, pues
Al mes mil regalos vienen;
Que hay regidores que tienen
Mesa franca con el mes.
Y pues al venir aquí,
A marchar y padecer
Con Rebolledo, sin ser
Postema, me resolví,
Por mí ¿en qué duda ó repara?
Reboll.
¡Viven los cielos, que eres
Corona de las mujeres!
Sold. 2.º
Aquesa es verdad bien clara.
¡Viva la Chispa!
Reboll.
¡Reviva!
Y más si por divertir
Esta fatiga de ir
Cuesta abajo y cuesta arriba,
Con su voz al aire inquieta
Una jácara ó cancion.
Chispa.
Responda á esa peticion
Citada la castañeta.
Reboll.
Y yo ayudaré tambien.
Sentencien los camaradas,
Todas las partes citadas.
Sold. 1.º
¡Vive Dios, que ha dicho bien!
(Cantan Rebolledo y la Chispa.)
Chispa.
Yo soy titiri, titiri, tina,
Flor de la jacarandina.
Reboll.
Yo soy titiri, titiri, taina,
Flor de la jacarandaina.
Chispa.
Vaya á la guerra el alférez,
Y embárquese el capitan.
Reboll.
Mate moros quien quisiere,
Que á mí no me han hecho mal.
Chispa.
Vaya y venga la tabla al horno,
Y á mí no me falte pan.
Reboll.
Huéspeda, máteme una gallina;
Que el carnero me hace mal.
Sold. 1.º
Aguarda; que ya me pesa
(Que íbamos entretenidos
En nuestros mismos oidos)
De haber llegado á ver esa
Torre, pues es necesario
Que donde paremos sea.
Reboll.
¿Es aquella Zalamea?
Chispa.
Dígalo su campanario.
No sienta tanto voacé,
Que cese el cántico ya:
Mil ocasiones habrá
En que lograrle, porque
Esto me divierte tanto,
Que como de otras no ignoran
Que á cada cosita lloran,
Yo á cada cosita canto,
Y oirá uced jácaras ciento.
Reboll.
Hagamos alto aquí, pues
Justo, hasta que venga, es,
Con la órden el Sargento,
Por si hemos de entrar marchando
Y en tropas.
Sold. 1.º
Él solo es quien
Llega ahora; mas tambien
El Capitan esperando
Está.
EL CAPITAN, EL SARGENTO.—Dichos.
Capitan.
Señores soldados,
Albricias puedo pedir:
De aquí no hemos de salir,
Y hemos de estar alojados
Hasta que Don Lope venga
Con la gente que quedó
En Llerena; que hoy llegó
Orden de que se prevenga
Toda, y no salga de aquí
A Guadalupe, hasta que
Junto todo el tercio esté,
Y él vendrá luego; y así,
Del cansancio bien podrán
Descansar algunos dias.
Reboll.
Albricias pedir podias.
Todos.
¡Víctor nuestro Capitan!
Capitan.
Ya está hecho el alojamiento:
El comisario irá dando
Boletas, como llegando
Fueren.
Chispa.
Hoy saber intento
Por qué dijo, voto á tal,
Aquella jacarandina:
«Huéspeda, máteme una gallina;
Que el carnero me hace mal.» (Vanse.)
Calle.
EL CAPITAN, EL SARGENTO.
Capitan.
Señor Sargento, ¿ha guardado
Las boletas para mí,
Que me tocan?
Sarg.
Señor, sí.
Capitan.
¿Y dónde estoy alojado?
Sarg.
En la casa de un villano,
Que el hombre más rico es
Del lugar, de quien despues
He oido que es el más vano
Hombre del mundo, y que tiene
Más pompa y más presuncion
Que un infante de Leon.
Capitan.
Bien á un villano conviene
Rico aquesa vanidad.
Sarg.
Dicen que esta es la mejor
Casa del lugar, señor:
Y si va á decir verdad,
Yo la escogí para tí,
No tanto porque lo sea,
Como porque en Zalamea
No hay tan bella mujer...
Capitan.
Dí.
Sarg.
Como una hija suya.
Capitan.
Pues
Por muy hermosa y muy vana,
¿Será más que una villana
Con malas manos y piés?
Sarg.
¿Que haya en el mundo quien diga
Eso?
Capitan.
¿Pues no, mentecato?
Sarg.
¿Hay más bien gastado rato
(A quien amor no le obliga,
Sino ociosidad no más)
Que el de una villana, y ver
Que no acierta á responder
A propósito jamás?
Capitan.
Cosa es que en toda mi vida,
Ni áun de paso, me agradó;
Porque en no mirando yo
Aseada y bien prendida
Una mujer, me parece
Que no es mujer para mí.
Sarg.
Pues para mí, señor, sí,
Cualquiera que se me ofrece.
Vamos allá; que por Dios,
Que me pienso entretener
Con ella.
Capitan.
¿Quieres saber
Cuál dice bien de los dos?
El que una belleza adora,
Dijo, viendo á la que amó:
«Aquella es mi dama,» y no:
«Aquella es mi labradora.»
Luego si dama se llama
La que se ama, claro es ya
Que en una villana está
Vendido el nombre de dama.
Mas ¿qué ruido es ese?
Sarg.
Un hombre,
Que de un flaco rocinante
A la vuelta desa esquina
Se apeó, y en rostro y talle
Parece á aquel Don Quijote,
De quien Miguel de Cervántes
Escribió las aventuras.
Capitan.
¡Qué figura tan notable!
Sarg.
Vamos, señor; que ya es hora.
Capitan.
Lléveme el Sargento ántes
A la posada la ropa,
Y vuelva luégo á avisarme. (Vanse.)
DON MENDO, NUÑO.
D. Mend.
¿Cómo va el rucio?
Nuño.
Rodado,
Pues no puede menearse.
D. Mend.
¿Dijiste al lacayo, dí,
Que un rato le pasease?
Nuño.
¡Qué lindo pienso!
D. Mend.
No hay cosa
Que tanto á un bruto descanse.
Nuño.
Aténgome á la cebada.
D. Mend.
¿Y que á los galgos no aten,
Dijiste?
Nuño.
Ellos se holgarán;
Mas no el carnicero.
D. Mend.
Baste;
Y pues han dado las tres,
Cálzome palillo y guantes.
Nuño.
¿Si te prenden el palillo
Por palillo falso?
D. Mend.
Si álguien,
Que no he comido un faisan,
Dentro de sí imaginare,
Que allá dentro de sí miente,
Aquí y en cualquiera parte
Le sustentaré.
Nuño.
¿Mejor
No seria sustentarme
A mí, que al otro? que en fin
Te sirvo.
D. Mend.
¡Qué necedades!
—En efecto, ¿que han entrado
Soldados aquesta tarde
En el pueblo?
Nuño.
Sí, señor.
D. Mend.
Lástima da el villanaje
Con los huéspedes que espera.
Nuño.
Más lástima da y más grande
Con los que no espera...
D. Mend.
¿Quién?
Nuño.
La hidalguez; y no te espante;
Que si no alojan, señor,
En cas de hidalgos á nadie,
¿Por qué piensas que es?
D. Mend.
¿Por qué?
Nuño.
Porque no se mueran de hambre.
D. Mend.
En buen descanso esté el alma
De mi buen señor y padre,
Pues en fin me dejó una
Ejecutoria tan grande.
Pintada de oro y azul,
Exencion de mi linaje.
Nuño.
Tomáramos que dejara
Un poco del oro aparte.
D. Mend.
Aunque si reparo en ello,
Y si va á decir verdades,
No tengo que agradecerle
De que hidalgo me engendrase,
Porque yo no me dejara
Engendrar, aunque él porfiase,
Si no fuera de un hidalgo,
En el vientre de mi madre.
Nuño.
Fuera de saber difícil.
D. Mend.
No fuera, sino muy fácil.
Nuño.
¿Cómo, señor?
D. Mend.
Tú, en efecto,
Filosofía no sabes,
Y así ignoras los principios.
Nuño.
Sí, mi señor, y áun los ántes
Y postres, desde que como
Contigo; y es, que al instante,
Mesa divina es tu mesa,
Sin medios, postres ni ántes.
D. Mend.
Yo no digo esos principios.
Has de saber que el que nace,
Sustancia es del alimento
Que ántes comieron sus padres.
Nuño.
¿Luego tus padres comieron?
Esa maña no heredaste.
D Mend.
Esto despues se convierte
En su propia carne y sangre:
Luego si hubiera comido
El mio cebolla, al instante
Me hubiera dado el olor,
Y hubiera dicho yo: «Tate,
Que no me está bien hacerme
De excremento semejante.»
Nuño.
Ahora digo que es verdad...
