El evangelio de Mateo - Dr. Brian J. Bailey - E-Book

El evangelio de Mateo E-Book

Dr. Brian J. Bailey

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Beschreibung

Más que cualquiera de los Evangelios, el Evangelio de Mateo contiene la más grande colección de las enseñanzas de nuestro Señor Jesús. A partir de numerosas referencias del Antiguo Testamento, es también el Evangelio que busca establecer al Señor Jesús como el Rey de los Judíos, el tan esperado Mesías de la nación Judía. El Dr. Bailey expone acerca del Evangelio de Mateo verso por verso, develando las verdades más complejas al dividirlas en verdades más sencillas, y hábilmente entretejiéndolas en experiencias de vida que hacen de este un libro vivo, aplicable y que vale la pena leer.

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Veröffentlichungsjahr: 2021

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El evangelio de Mateo

 

Dr. Brian J. Bailey

Título original: “The Gospel of Mathew”

© 1999 Brian J. Bailey

Versión 2.3 en inglés, revisada en junio 2021

Título en español: El evangelio de Mateo

Versión 2.3 en español revisada en junio 2021.

Libro de texto de Zion Christian University

usado con permiso.

Diseño de portada © 2008 Brian J. Bailey y sus licenciadores.

Publicado por Zion Christian Publishers.

Todos los derechos reservados.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en

manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico o mecánico, sin permiso por escrito del editor, excepto en el caso de citas breves en artículos o reseñas.

A menos que se indique lo contrario, las citas son tomadas de la Santa Biblia,

versión Reina-Valera © 1960, propiedad de las Sociedades Bíblicas Unidas.

Traducción al español: Ariel E. Ericson

Editor de la edición en español: Raimundo J. Ericson. Octubre de 2004.

Publicado en formato e-book en junio 2021

En los Estados Unidos de América.

ISBN versión electrónica (E-book) 1-59665-876-2

Para obtener más información comuníquese a:

Zion Christian Publishers

Un ministerio de Zion Fellowship, Inc

P.O. Box 70

Waverly, NY 14892

Tel: (607) 565-2801

Llamada sin costo: 1-877-768-7466

Fax: (607) 565-3329

www.zcpublishers.com

www.zionfellowship.org

Agradecimientos

Equipo editorial ZCP: Carla Borges, Mary Humphreys, David Kropf, Ana Karen Poza, Hannah Schrock y Suzanne Ying.

Queremos extender nuestro agradecimiento a estos amados pues, sin sus muchas horas de invaluable ayuda, este libro no habría sido posible. Estamos realmente agradecidos para la gloria de Dios por su diligencia, creatividad y excelencia en la compilación de este libro.

Introducción

La Biblia consta de dos testamentos, el Antiguo y el Nuevo Testamento. Se les llama “testamentos” porque su raíz y fundamento se encuentran en la muerte. Un testamento (o última voluntad) no tiene vigor sin la muerte del testador, como Pablo establece claramente en Hebreos 9:16-18. El Antiguo Testamento estaba basado en el derramamiento de sangre de animales, mientras que el Nuevo Testamento fue establecido sobre la base del derramamiento de la sangre del Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, constituyen la introducción del canon del Nuevo Testamento, que consta de un total de veintisiete libros. Estos cuatro Evangelios presentan la vida y ministerio de nuestro Señor Jesús de manera diferente y desde distintos ángulos. Ninguno de los Evangelios por separado puede ofrecernos un relato completo. Por lo tanto, tenemos que conocer los cuatro para obtener el cuadro completo. Por esa razón hemos preparado volúmenes complementarios titulados Los Evangelios sinópticos y La vida de Cristo.

Los diferentes ángulos desde los cuales se escribieron estos cuatro Evangelios se pueden observar en la visión de Ezequiel de los cuatro seres vivientes alrededor del trono de Dios. Leemos en Ezequiel 1:10: “Y el aspecto de sus caras era cara de hombre, y cara de león al lado derecho de los cuatro, y cara de buey a la izquierda en los cuatro; asimismo había en los cuatro cara de águila”.

Los cuatro seres vivientes hablan de los cuatro aspectos del carácter de Dios que se encuentran reflejados en los cuatro Evangelios de la siguiente manera:

Mateo presenta a Jesús como el león, el rey de las bestias, y lo revela como el Rey de los Judíos. Marcos presenta a Jesús como el becerro. El becerro constituía uno de los principales sacrificios del Antiguo Testamento. De manera que Jesús es visto como el Siervo y Salvador sufriente que cumple con aquellos sacrificios. Lucas presenta la humanidad de Jesús como el Hijo del Hombre en toda Su pasión y pureza. Juan el amado, presenta a Jesús como el águila que vuela en los lugares celestiales, mostrándolo como el Hijo de Dios. De esta forma, vemos la manera en que las cuatro caras de los seres vivientes revelan los cuatro aspectos del carácter de Dios.

Breve reseña y temas de Mateo

Llamado el Evangelio didáctico o de enseñanza, el Evangelio de Mateo está compuesto por tres secciones organizadas por Mateo, el contador. Por consiguiente, éstas no necesariamente fluyen en orden cronológico, sino en enseñanzas agrupadas apropiadamente en secciones que nos permiten apreciar las verdades que el Maestro de maestros, Nuestro Señor, está tratando de impartir en el corazón y la mente de Sus oyentes. En pocas palabras, el Evangelio de Mateo se puede resumir de la siguiente manera:

El Evangelio de Mateo es abundante en las enseñanzas de Jesús. De estas, hemos seleccionado tres de las más conocidas e importantes de los tiempos maravillosos en los que estuvieron sentados a Sus pies, aprendiendo acerca de los caminos del Reino. Estas enseñanzas son acerca del Sermón del monte, Las siete parábolas del Reino, y las enseñanzas del Reino venidero incluidas en el Monte de los Olivos.

El Sermón del Monte

El Sermón del Monte comienza con las nueve Bienaventuranzas que son bendiciones pronunciadas sobre los pobres en espíritu, los que lloran, los mansos, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los pacificadores, y los que son perseguidos por la justicia y acusados falsamente por el amor de Cristo. Luego, sigue una serie de enseñanzas sobre la vida del Reino rociado con solemnes advertencias para aquellos que dejan los caminos de la justicia y andan en pecado, aunque todavía ministrando la Palabra de Dios. Su fin será con los hipócritas. Pero las enseñanzas del Señor terminan en la exhortación a escuchar y obedecer Sus palabras y entonces uno será como el hombre que construyó su casa sobre la roca que resistió todas las tormentas de la vida.

Las siete parábolas del Reino

Las siete parábolas del Reino son enseñanzas que muestran la progresión en la vida del cristiano y también la progresión de la Iglesia desde su concepción en el día de Pentecostés hasta su madurez en la última cosecha cuando el Señor regrese.

Estas siete parábolas comienzan con la parábola del sembrador. El Señor Jesús Cristo siembra la Palabra que cae en diferentes tipos de corazones. Sólo los corazones buenos y preparados dan fruto.

Después, seguimos con la parábola del trigo y la cizaña. La cizaña se refiere a los malvados y son sembrados por Satanás para arruinar los buenos corazones de los fieles.

Esto es seguido por la parábola del grano de mostaza. La semilla de mostaza es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece es grande y muy fuerte. Asimismo, en su tiempo, la Palabra de Dios manifestará su poder en nuestras vidas.

La cuarta parábola es la parábola de la levadura. Aquí, la mujer escondió levadura en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado. Esto habla de la Palabra que impregna nuestro espíritu, alma y cuerpo.

La quinta parábola es la parábola del tesoro escondido que cuando es encontrado, hará que un hombre dé todo a cambio este tesoro. Esto habla de los tesoros escondidos en la Palabra de Dios que cuando son hallados, hacen que dejemos todo lo nuestro para poder obtenerlos.

La parábola de la perla de gran precio habla del sufrimiento de Cristo de quien Pablo dice: “para ganar a Cristo...” Pero el costo para ganarlo a Él es conocer la participación de Sus padecimientos y ser semejantes a Él en Su muerte.

La séptima y última parábola en esta serie de las parábolas del Reino es la parábola de la red, que cuando fue echada en el mar, recogió de toda clase de peces, y cuando estaba llena, fue llevada a la tierra donde fueron separados los buenos y los malos. Entonces el Señor dijo en Mateo 13:49-50: “Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos,y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes”.

Enseñanzas sobre Su reino venidero en el Monte de los Olivos

Las enseñanzas de nuestro Señor son muy solemnes y deben provocarnos a una vida santa, y esto es aún más cierto cuando consideramos Sus enseñanzas mientras Él estaba sentado en el Montede los Olivos.

El Monte de los Olivos es el escenario de Su segunda Venida. Se nos dice que en ese día, Sus pies se afirmarán sobre el monte de los Olivos, el cual se partirá por en medio, una mitad se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur (Zac. 14: 4).

En esa noche memorable, cuando el Señor estaba sentado en privado rodeado de algunos de Sus discípulos, ellos le preguntaron: “¿Cuáles son las señales de Tu venida y del fin del mundo?”.

Sus primeras palabras fueron una advertencia de ser engañados, tema que continuó a lo largo de Su discurso. Aludió a la caída de Jerusalén y la destrucción del Templo. Luego, siguió dando una secuencia cronológica de eventos que comienzan con la persecución, un avivamiento en todo el mundo, seguido por la Abominación Desoladora de la que habló el profeta Daniel que estará de pie en el Lugar Santo de un templo reconstruido. Luego sigue La Gran Tribulación, y después el sol y la luna oscurecerán y entonces se verá la señal del Hijo del Hombre que viene de las nubes. En ese momento, todas las naciones y los pueblos serán reunidos delante de Él mientras Él se sienta en Su trono de gloria con todos Sus ángeles santos. Él entonces los dividirá, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Las naciones oveja (los obedientes), serán puestas a su diestra. Ellos serán bendecidos y entrarán en Su reino, mientras que las cabras (los desobedientes), serán arrojados al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

Mateo el autor

Poco sabemos acerca de Mateo excepto que era cobrador de impuestos. En aquellos tiempos los cobradores de impuestos eran contratados por la fuerza de ocupación romana. Lamentablemente, estos cobradores de impuestos obtenían ganancias descomunales aprovechándose de sus conciudadanos, de modo que la suya era una profesión despreciada. Fue mientras estaba sentado en la oficina de los tributos cerca de Capernaum, sobre la gran Ruta del Oeste que iba de Damasco hasta el Mediterráneo, que Jesús lo llamó. Marcos lo llamó “Leví, hijo de Alfeo” (Mr. 2:13-17) y Lucas “un publicano llamado Leví” (Lc. 5:27-32), pero en su propio Evangelio él usa un nuevo nombre cristiano: Mateo, que significa “don de Dios”.

Debido a su profesión, Mateo aportó al círculo apostólico capacidades que los otros no poseían. Muchos de los discípulos de Jesús eran pescadores, mientras que este hombre era contador. Es digno de mencionar que existen más alusiones al dinero en los escritos de Mateo que en los demás Evangelios. Él menciona “monedas” muy a menudo, incluyendo las poco comunes.

Marcos muestra las tres monedas de menor valor—la blanca, el cuarto de penique, y el penique. Lucas habla de la blanca, el cuarto de penique, y la libra, mientras que Mateo (habituado al manejo del dinero) utiliza palabras como “las dos dracmas” en Mateo 17:24, “estatero” en Mateo 17:27, y “talento” en Mateo 18:24; 25:15. El talento valía seis veces la “libra” mencionada por Lucas.

Mateo también habla de oro, plata, y bronce. Utiliza términos que podrían resultar familiares a un contador, como rendir cuentas, deuda, y cambistas. Como experto en finanzas, estaba capacitado para recolectar material y ordenarlo. Por ello, se podría llamar a su Evangelio el Evangelio de la enseñanza, ya que Mateo reunió más enseñanzas de Jesús que cualquiera de los otros, y las puso bajo encabezamientos.

El Evangelio de Mateo contiene muchísimas citas del Antiguo Testamento (130 citas, no alusiones) porque se propuso probar que Jesús era el Mesías, el Rey de los Judíos. Para ello, comienza con la genealogía de Jesús haciendo notar que Él es el Hijo de David, mientras que el doctor Lucas cita Su genealogía en forma ascendente, volviendo atrás hasta Adán, para enfatizar la humanidad de Jesús.

BOSQUEJO DE MATEO

 

 

La genealogía de Jesucristo

1:1-17

1:1 – “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”. Debido a que escribió para lectores judíos, Mateo procuró demostrar que Jesús era el Mesías prometido. Lo primero que cada judío quería saber era: ¿Se podía trazar la genealogía de Jesús hasta llegar a David? Por lo tanto, Mateo lo presenta como “hijo de David, hijo de Abraham”.

1:2 – “Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos”. Aquí Mateo nombra los primeros tres patriarcas de la nación: Abraham, Isaac, y Jacob. Mateo divide cuidadosamente la línea genealógica para no mencionar a Ismael, el primogénito de Abraham con Agar. En Romanos 9:7, el apóstol Pablo excluyó expresamente a Ismael, diciendo: “En Isaac te será llamada descendencia” (Gn. 21:12).

Luego, Mateo menciona a Jacob pero no a Esaú, el primogénito de Isaac que perdió su derecho de primogenitura. Después de Jacob está Judá. Mateo no incluyó a los otros once hijos de Jacob, porque Jesús descendía de Judá. Era Judá, el cuarto hijo de Jacob, quien tenía la promesa del cetro o el derecho al trono (Gn. 49:10).

1:3 – “Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram”. Por lo tanto, podemos ver que hay una separación en la línea genealógica:

• Abraham fue el padre de la nación

• Isaac fue el elegido (no Ismael)

• Jacob fue el elegido (no Esaú)

• Judá fue el elegido (no sus once hermanos)

• Fares fue el elegido (no Zara, su hermano gemelo)

Judá tuvo gemelos de Tamar: Fares y Zara (Gn. 38:27-30; Rt. 4:12). Fares prevaleció sobre Zara. A continuación Mateo nos da la línea sucesoria desde Fares hasta Cristo.

1:4 – “Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón”. Desde un punto de vista espiritual, estas personas no son importantes. A excepción de sus nombres, no se hace ninguna otra mención de ellos en la Biblia.

1:5 – “Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí”. Aquí se nos presentan los ancestros más cercanos del rey David entre quienes se menciona a Rahab. En el libro de Josué se nos dice que Rahab escondió a los espías cuando los israelitas invadieron la tierra de Canaán (Jos. 2:1-21). En

Hebreos 11:31 se menciona a Rahab la ramera entre los héroes de la fe (ver también Stg. 2:25). Esta joven mujer tuvo un mal comienzo, pero un muy buen final. Era prostituta de profesión, pero tenía el deseo de cambiar. Rahab tenía un corazón sensible a Dios, y cuando recibió el conocimiento de la verdad de Dios, respondió inmediatamente con fe. Más tarde se casó con un buen hombre llamado Salmón y entró en la genealogía del Mesías. Juntos tuvieron un hijo llamado Booz.

La historia de Booz y Rut se halla bellamente relatada en el libro de Rut, y se desarrolló durante el período de los jueces. Booz y Rut tuvieron un hijo llamado Obed, quien fue el abuelo del rey David. Vemos en Mateo 1:5 que en la línea mesiánica aparecen dos mujeres gentiles en forma consecutiva: Rahab y Rut.

1:6 – “Isaí engendró al rey David, y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías”. La importancia de mencionar a David en la genealogía de Cristo es que confirma que Jesús era verdaderamente el Hijo de David y que tenía derecho hereditario legítimo para reclamar el trono de Israel. Jesús puede en verdad ser llamado “El Rey de los Judíos”, como escribió Poncio Pilato en la causa que había sobre Su cabeza cuando lo crucificaron (Mt. 27:37).

Otra nota de interés en el versículo 6 es el tema de Betsabé, la madre de Salomón. De todos los hijos del rey David, Dios eligió a Salomón, quien fue hijo de David y Betsabé, para que fuera rey. Betsabé fue primeramente esposa de Urías el hitita. David cometió adulterio con Betsabé y luego dispuso que su esposo Urías fuera muerto en batalla para ocultar su pecado y casarse con ella. A pesar de las circunstancias que rodearon el nacimiento de Salomón, Dios lo eligió para suceder a David como rey. De esta manera, vemos la gracia manifestada por Dios a Salomón, como relata Mateo: “y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías”.

1:7 – “Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa”. El reino de Israel se dividió después del reinado de Salomón. Veinte reyes sucedieron a Salomón, siendo Roboam el primer rey en sentarse en el trono de David luego de la división del reino. Sin embargo, Mateo no nombra a los veinte reyes que van desde Roboam hasta Sedequías. Omite a varios de ellos. La historia de los reyes de Judá está en los libros de Reyes y Crónicas.

1:8 – “Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías”. No se mencionan varias generaciones entre Joram y Uzías, a saber, los reyes Ocozías, Joás, y Amasías. Algunos de estos reyes fueron buenos como Josafat, quien experimentó en sus días un avivamiento nacional. Fue un hombre de piedad y justicia. Otros, sin embargo, fueron hombres tremendamente malvados.

1:9 – “Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías”. Acaz fue extremadamente malvado, mientras que su hijo Ezequías fue un hombre justo que el Señor usó para llevar a cabo un avivamiento nacional. El Señor hizo milagros durante el reinado de Ezequías. En una ocasión, el Señor hizo que el sol retrocediera diez grados como señal de que Él lo sanaría. En otra ocasión, Ezequías experimentó la liberación del Señor cuando el ángel del Señor destruyó a las fuerzas asirias que acampaban alrededor de Jerusalén (2 Rey. 18 a 20).

1:10 – “Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías”. Aunque Ezequías fue un hombre muy piadoso, su hijo Manasés fue uno de los hombres más malvados en la historia de Judá. No obstante, Dios perdonó a Manasés y lo restauró a su trono trayéndolo de la cautividad babilónica después de que se humilló profundamente (2 Cr. 33:9-13).

Por lo tanto, mis amigos, hay esperanza para los descarriados. Por otra parte, Amón, el hijo de Manasés, no se arrepintió y fue juzgado rápidamente por Dios. Josías, el hijo de Amón, fue un hombre piadoso. Josías fue usado para liderar el avivamiento más grande de la historia de Israel junto con los profetas Jeremías y Sofonías.

Amón fue un hombre muy malo, aunque su hijo Josías fue muy piadoso y cambió a toda una nación. Este relato de la Biblia da gran esperanza a hijos e hijas que tienen padres malvados. A pesar de su herencia, pueden llegar a conocer a Dios de una manera poderosa y ser usados por Él, porque Dios no hace acepción de personas. Nuestro trasfondo no nos descalifica. Lo que nos descalifica es nuestra vida personal. Dios no alberga prejuicios en Su corazón. Este es un tema muy claro en esta genealogía.

1:11 – “Josías engendró a Jeconías [o Joaquín, nieto de Josías] y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia”. Sorprendentemente, todos los hijos de Josías fueron malvados. Ellos fueron los responsables de traer la ira de Dios sobre Jerusalén, la cual se manifestó por medio de los ejércitos babilonios a las órdenes del rey Nabucodonosor. Josías fue en realidad el padre de Joacim y el abuelo de Joaquín. Tres hijos de Josías (que más tarde fueron reyes) no se mencionan en la genealogía de Mateo; ellos son: Joacaz, Joacim, y Sedequías. Joaquín, el nieto de Josías, fue llevado a la cautividad durante el curso de la vida del profeta Daniel. Es desde Joaquín que la legítima dinastía davídica continúa hasta Cristo.

1:12 – “Después de la deportación a Babilonia, Jeconías [o Joaquín] engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel”. Joaquín fue el último rey mencionado en esta genealogía. Los otros reyes (hijos de Josías) habían sido nombrados por gobernantes paganos. La experiencia de Babilonia determina una de las grandes divisiones en la historia de los hijos de Israel. Allí estuvieron por setenta años. Salatiel es en realidad el abuelo de Zorobabel; a Pedaías (padre de Zorobabel) no se le incluye en la genealogía.

1:13 – “Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor”. Zorobabel fue el gobernador y restaurador del Templo junto con el sumo sacerdote Josué, como registra Esdras capítulos 1—6. Estos fueron ayudados poderosamente por los profetas Hageo y Zacarías.

La piedad de Zorobabel se observa en el elogio que el Señor le hace en Hageo 2:23: “En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel hijo de Salatiel, siervo mío, dice Jehová, y te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos”.

1:14, 15 – “Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud. Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob”. Aquí tenemos una serie de personas de las que nada se sabe, excepto que tienen la bendición de pertenecer al linaje del Mesías.

1:16 – “Y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo”. Notemos que Mateo no llama a José el padre de Jesús sino “marido de María”. La razón es que Dios es el Padre de Jesús. José sólo fue Su padre adoptivo terrenal. No obstante esto, Mateo establece la legitimidad del derecho de Jesús al trono de David.

1:17 – “De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce”. Como un típico experto en finanzas, Mateo divide las generaciones desde Abraham hasta Cristo en tres grupos de catorce, haciendo un total de cuarenta y dos.

• 14 generaciones desde Abraham hasta David

• 14 generaciones desde David hasta el exilio babilónico

• 14 generaciones desde el exilio babilónico hasta Cristo

Hubo cuarenta y dos generaciones desde Abraham hasta Cristo. Estas tres divisiones de catorce generaciones reflejan la comprensión de Mateo de la importancia de los números en la revelación de verdades espirituales. El número catorce se obtiene al multiplicar 2 por 7. En la Biblia, el número “dos” significa testimonio y el “siete” significa perfección espiritual. El número “tres” habla de divinidad, debido a la Trinidad. De manera que estas tres divisiones de catorce, multiplicadas por tres (3 veces 14), significan “el testimonio de la perfección espiritual divina”.

Hubo otras veinte generaciones desde Abraham retrocediendo hasta Adán. Desde Adán hasta Noé hubo 10 generaciones, y desde Noé hasta Abraham otras diez. Si sumamos las veinte generaciones desde Adán hasta Abraham, obtenemos un total de sesenta y dos generaciones desde Adán hasta Cristo.

La importancia de esta última suma es que el número místico sesenta y dos aparece en Daniel 9:25, donde dice: “Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos”. En hebreo, una semana significa “un siete” o siete años.

Hubo exactamente sesenta y dos semanas o sesenta y dos grupos de siete años (483 años) desde la orden dada a Artajerjes, rey de Persia (Esd. 7:7), de reconstruir los muros (Esd. 9:9) y calles de Jerusalén (Esdras 10:9), hasta la venida de Cristo. Hubo 483 años desde el decreto de Artajerjes, promulgado en 457 a.C., hasta el comienzo del ministerio de Cristo en el Río Jordán en 26 d.C.

Además, Darío el medo tenía sesenta y dos años de edad cuando cayó Babilonia y trajo un nuevo orden (Dn. 5:31). Esto representa el final de Era de la Iglesia y el comienzo del reinado milenario de Cristo. Como registra Apocalipsis 18, después que caiga la reconstruida ciudad de Babilonia, que será la capital del Anticristo en los últimos tiempos, dará comienzo el reino milenario de Cristo. De esta manera tenemos nuevamente el número 62 asociado a la venida de Cristo. Resumen del número 62:

62 generaciones desde Adán hasta Cristo

62 semanas desde el decreto para reconstruir Jerusalén hasta la primera venida de Cristo

62 era la edad de Darío al caer Babilonia e iniciarse un nuevo orden (un tipo de la Segunda Venida de Cristo)

* Para más información sobre genealogías, vea el Apéndice A, al final del libro.

El nacimiento de Jesucristo (1:18-25)

1:18 – “El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo”. A diferencia de Lucas, Mateo va directamente al hecho de que María llevaba en su vientre al Hijo de Dios como resultado de haber sido cubierta por el Espíritu Santo. El médico amado es el único que nos brinda un relato de la visita del arcángel Gabriel a María (Lc. 1:26-38). Debido a que José no sabía nada de la visita angelical, Dios lo probó para conocer su integridad.

1:19 – “José su marido, como era justo, y no quería infamarla [denunciarla públicamente], quiso dejarla secretamente”. Esta resulta una declaración interesante. José y María sólo estaban comprometidos, pero la Biblia llama a José “su marido”. Más aún, José “quiso dejarla” cuando se enteró que esperaba un bebé.

¿Cómo la dejaría (divorciarse de ella) cuando sólo estaban comprometidos? La respuesta es en realidad muy simple. En la cultura judía, el compromiso duraba por lo general un año, tiempo durante el cual se consideraba y llamaba a la pareja esposo y esposa. Además, los judíos consideraban el compromiso casi tan importante como el matrimonio. Debido a que José sospechaba que María había fornicado (no adulterado), estaba decidido a romper su compromiso con ella y dejarla.

Cuando comprendemos esta costumbre, entendemos lo que Cristo realmente quiso decir cuando enseñó a los judíos sobre el divorcio por causa de “fornicación” (Mt. 5:31, 32; 19:9). El versículo 20 afirma que eran llamados marido y mujer aun cuando sólo estaban comprometidos. El ángel del Señor dijo a José en el versículo 20: “No temas recibir a María tu mujer”.

En este relato podemos ver el retrato de un hombre justo que manifiesta la justicia y misericordia de Dios. Una persona llena de justicia propia generalmente es severa y condenadora, mientras que aquel que está lleno de la justicia de Dios es consciente de sus propias debilidades y fallas, y es compasivo con los demás. Esto nos recuerda Proverbios 10:12: “El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas”. José pudo haberse llenado de odio hacia María, pero a causa del verdadero amor que sentía por ella pensó en protegerla. Un hombre verdaderamente justo es recto, bondadoso y compasivo.

1:20 – “Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es”.

Antes que Dios nos revele la verdad o abra nuestros ojos a una determinada situación, a menudo nos probará para ver lo que hay en nuestros corazones. Aunque José pasó la prueba, ¡otros no lo hicieron! Uno de los hombres más prominentes que fracasó en su prueba personal fue Ezequías, de quien leemos en 2 Crónicas 32:31: “Mas en lo referente a los mensajeros de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había acontecido en el país, Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón”.

Ezequías fracasó por volverse orgulloso. Insensatamente mostró todas sus riquezas y secretos a los embajadores de Babilonia. Que podamos siempre clamar humildemente a Dios por misericordia en situaciones similares, de modo que seamos capaces de triunfar como José y evidenciar verdadera justicia, cimentada en la bondad.

1:21 – “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Hablándole todavía en el sueño, el ángel revela a José el nombre de este milagroso bebé. “Jesús” significa “Salvador”. Esta fue la meta y el propósito de Su vida: salvar de sus pecados a todo el que creyera en Él. Amigo, ¿ha invocado usted a Jesús y experimentado el gozo del perdón de sus pecados?

El hecho que Jesús recibiera Su nombre estando aún en el vientre de Su madre cumple la profecía de Isaías 49:1: “Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria”. Otros que también recibieron su nombre antes de su nacimiento fueron el piadoso rey Josías (1 R. 13:2), y el rey persa Ciro (Is. 44:28). Sin embargo, el milagroso nacimiento de Cristo fue el cumplimiento de otra profecía que se encuentra en Isaías 7:14, como vemos en los versículos 22, 23:

1:22, 23 – “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”. Mateo deja en claro que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios. Él es “Dios con nosotros”: Dios hecho carne.

1:24 – “Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer”. Aquí vemos nuevamente la belleza del carácter de José: obedeció instantáneamente a la Palabra de Dios. De modo que no es sorprendente que fuera considerado apto para ser el padre terrenal adoptivo del Hijo del Altísimo.

1:25 – “Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS”. Observamos aquí la pureza de María mientras llevaba en su vientre al Señor Jesucristo. Nada menos que esto se hubiera esperado que sucediera antes del nacimiento del Unigénito del Padre.

La visita de los magos

2:1-12

2:1 – “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos”. El Herodes mencionado aquí es el malvado gobernante llamado Herodes el Grande, cuya familia gobernó la nación de Israel después de él. Murió en 4 a.C., un año después del nacimiento de Jesús. Todos los aspectos de la vida de Cristo son importantes, o por el cumplimiento de las profecías o por ser algún símbolo o tipo del Antiguo Testamento. En este caso, Su nacimiento en Belén fue tanto el cumplimiento de profecía como de simbología.

Ante todo, el nacimiento de Cristo en Belén cumplió la profecía de Miqueas 5:2: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”. Belén era el lugar de la tumba de Raquel, la amada esposa de Jacob. Allí vivió Rut cuando se casó con Booz. Pero por sobre todas las cosas, Belén fue llamada la ciudad de David, y Mateo buscaba señalar a Jesús como el Gran Hijo de David.

En segundo lugar, Belén significa “Casa de pan”. Al nacer en Belén, Jesús es “el Pan de Vida”, un tipo del maná que Moisés dio al pueblo, como leemos en Juan 6:31-33: “Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo”. Jesús diría luego en Juan 6:35: “Yo soy el pan de vida”. Este es uno de los siete “Yo Soy” del Evangelio de Juan.

2:2 – “Diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle”. Los magos vinieron de Persia, según sabemos por el historiador griego Heródoto. Los magos eran célebres por su sabiduría, como así también por sus conocimientos de medicina y ciencias naturales. Además eran muy versados en astronomía. Evidentemente hubo una estrella inusual en el firmamento, aunque, fuera de la Biblia, no existe registro de ello.

2:3 – “Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él”. La razón por la que las opiniones de los magos se tomaron con tanta seriedad era la creencia prevaleciente en el mundo de aquel tiempo en cuanto a que de Judea saldrían hombres que gobernarían el mundo. Así lo expresa el historiador romano Suetonio en su Life of Vespasian, 4:5 (Vida de Vespasiano 4:5).

Otro historiador, Tácito, dijo que en ese tiempo había una creencia universal en que el Oriente crecería poderosamente, y gobernantes provenientes de Judea asumirían el gobierno del mundo. Aun Josefo reconoce que los judíos alimentaban la creencia que de en medio de ellos se levantaría uno que gobernaría al mundo. De manera que, en este contexto, no resulta difícil entender por qué cuando personas tan respetadas como los magos trajeron tales noticias, hubiera tanta preocupación por parte de Herodes y toda la ciudad.

2:4 – “Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo”. Herodes, quien vivía entre los judíos (aunque él no lo era), naturalmente relacionó estas noticias con la expectativa del pueblo acerca del nacimiento de Cristo. La razón era la profecía de Daniel 9:25, 26, que señalaba que Su nacimiento se produciría concretamente en este período.

2:5, 6 – “Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel”. Los judíos tenían bien en claro que el lugar del nacimiento de Mesías sería Belén, sobre la base de la profecía de Miqueas 5:2. Más tarde en Su vida y ministerio, los judíos rechazaron a Jesús. Asumieron que había nacido en Nazaret, sin tener en cuenta que Belén había sido Su verdadero lugar de nacimiento.

2:7, 8 – “Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore”. Herodes, quien había llegado al trono por medio de intrigas, no tenía intenciones de perderlo por un niño. En realidad, esta investigación constituía la más grande muestra de hipocresía, ya que bajo ninguna circunstancia Herodes iba a reconocer que el bebé era el Mesías esperado.

2:9 – “Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño”. Es claro en el relato que la estrella era verdaderamente la aparición milagrosa de un cuerpo celeste que no puede identificarse con ninguna otra constelación.

2:10 – “Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo”. La estrella que los había guiado desde tan lejos fue una fuente de gran gozo para estos hombres santos. ¿Acaso no sucede lo mismo con nosotros cuando percibimos que estamos siendo guiados soberanamente por Dios y tenemos el gozo del cielo en nuestro corazón? Recordemos que los hijos maduros de Dios son aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios (Ro. 8:14).

2:11 – “Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”.

Los presentes que los magos trajeron a Jesús fueron un tipo de Su vida y ministerio:

El “oro” es un símbolo de deidad.

El “incienso” es el símbolo del sufrimiento.

La “mirra” simboliza la muerte, ya que era la sustancia antigua para embalsamar.

Por lo tanto, con esos presentes los magos estaban diciendo concretamente: “Aquí está Dios, quien ha nacido para sufrir y morir”. Los magos se postraron ante Él, quien es la Sabiduría (1 Co. 1:24), ya que Jesús es la sabiduría personificada, como vemos en Proverbios 8.

La escena describe también la “sabiduría oculta” de Dios de la que Pablo habla en 1 Corintios 2:6, 7: “Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria”. Él es nuestra “sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30).

2:12 – “Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino”. Todas estas manifestaciones en el nacimiento de Jesús fueron orquestadas por Dios el Padre, quien hizo regresar a los magos por otro camino pues conocía los malvados planes de Herodes.

La huida a Egipto (2:13-15)

2:13 – “Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo”.

La visita sobrenatural a José trajo protección al niño Jesús. Sin esta protección, habría sido destruido al nacer. Es notable cuántos esfuerzos realiza Satanás para destruir a los mensajeros de Dios a una edad temprana, como así también las obras que Dios busca levantar por medio de Sus escogidos. En la Biblia se registran tres grandes genocidios:

1. En el tiempo del nacimiento de Moisés, cuando Faraón mandó matar a todos los niños varones de Israel (Ex. 1:7-22) .

2. En el tiempo de Jesús, cuando todos los niños varones de Belén menores de dos años fueron asesinados (Mt. 2:16-18).

3. En el tiempo del nacimiento del “Hijo Varón”, que se detalla en Apocalipsis 12, Satanás intentará otra masacre (Ap. 12:1-6).

Debemos tener presente también que ahora mismo, en nuestro propio tiempo, el aborto mata a millones de bebés antes de nacer.

2:14 – “Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto”. Egipto fue la nación elegida para sustentar a los hijos de Israel en tiempos de José. De la misma manera, la familia santa encontró refugio allí, en un lugar al norte de la moderna ciudad de El Cairo.

2:15 – “Y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo”. Los hijos de Israel descendieron a Egipto y luego salieron por mano de Moisés, por medio de la sangre del cordero de la Pascua aplicada sobre los postes y dinteles de las puertas de sus casas.

Del mismo modo, Jesús, la Cabeza de la Iglesia, descendió a Egipto (un tipo de este mundo) para luego salir; y nosotros también, nacemos en el mundo para luego ser rescatados por la sangre de Jesucristo, nuestro Cordero de la Pascua. Este fue el cumplimiento de la profecía de Oseas 11:1: “Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo”.

La matanza de los niños por orden de Herodes (2:16-18)

2:16 – “Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos”. Herodes, quien había usurpado el trono de Israel, no tuvo paz en toda su vida. Vivió en constante temor de que otro le quitara su trono. Aun al final de su vida, Herodes procuró la muerte de bebés por temor a que un niño le arrebatara su trono.

Siglos más tarde, otro rey que había usurpado el trono de la misma manera dijo: “Inquieta descansa la cabeza que lleva la corona”. Esto es algo que todos debiéramos tomar en serio. Lo que se toma ilegítimamente jamás dará paz o felicidad al ladrón.

2:17, 18 – “Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Voz fue oída en Ramá, grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron”. Aun en esta masacre había cumplimiento de profecía. ¿Por qué? Porque Dios ve el futuro y puede declarar las cosas antes que sucedan. Por eso hizo que esto fuera registrado seis siglos antes de su cumplimiento, en Jeremías 31:15.

Raquel está sepultada en Belén, sobre la ruta a Jerusalén. Se dice en forma poética, que el llanto de los descendientes de Raquel es tan grande que se oye hasta Ramá, situada a casi diez kilómetros (unas seis millas) al noroeste de Jerusalén, sobre una colina desde donde puede verse el Mar Mediterráneo. Ramá está situada a unos 25 kilómetros del Mar Mediterráneo.

El regreso de Egipto a Nazaret (2:19-23)

2:19, 20 – “Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño”.

El tirano Herodes murió en 4 a.C., asediado por las sospechas hasta el fin de su vida. Alguien dijo de él: “Fue un viejo sanguinario”. A lo largo de su vida mató a todo aquel que pudiera ser un rival para su poder. Tan mala era su reputación que el emperador romano Augusto dijo que era más seguro ser un cerdo de Herodes que su propio hijo.

Sin embargo, se le permitió a Herodes seguir reinando porque mantenía a raya a los judíos. Aun al aproximarse su muerte, ordenó apresar a tres mil personas importantes y que fueran asesinadas en el momento mismo de su muerte, de modo que al menos hubiera lágrimas, aunque sabía que nadie lloraría por él. En este momento de la narración de Mateo, el ángel ordenó a José que abandonara su refugio seguro en Egipto y regresara a su tierra natal para seguir adelante con el propósito de Dios para Su Hijo. El ángel le dio plena seguridad de que el que buscaba la vida del niño Jesús ya no vivía.

2:21 –“Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y vino a tierra de Israel”. Con su acostumbrada obediencia, José partió de Egipto hacia Israel. Hay un tiempo para huir y un tiempo para regresar. Que entendamos los tiempos de Dios en nuestras vidas. Le recomiendo estudiar Eclesiastés 3:1-11, que contiene las instrucciones del rey Salomón sobre los tiempos de Dios. ¡Dios hace todo hermoso en su tiempo!

2:22 – “Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea”. Herodes Arquelao, quien gobernó Judea, Idumea y Samaria, fue tan cruel como su padre. Fue depuesto por César en 6 d.C., habiendo reinado desde 4 a.C.; él se fue a vivir a la región gobernada por su hermano menor, Herodes Antipas. Fue ante Herodes Antipas que Jesús fue juzgado.

2:23 – “Y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno”. Jesús no fue “nazareno” de nacimiento. La mayoría de los comentaristas dicen que una mejor traducción de “nazareno” es nétser, una referencia al vástago de Isaías 11:1, donde dice: “Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces”. En Jeremías 33:15 (ver también 23:5), Jesús es llamado el “Renuevo de justicia”, y en Zacarías 6:12, “Renuevo”.

La persona de Juan el Bautista y su mensaje

3:1-12

3:1-6 – “En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre. Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados”.

En Mateo 3:1-6 se nos presenta a Juan el Bautista, el hijo de Elisabet y Zacarías. Juan fue el precursor de Jesús. Irrumpió en la escena nacional predicando el mensaje de arrepentimiento, para preparar los corazones de las personas para Jesús. En el versículo 3 leemos que Isaías profetizó acerca de Juan en Isaías 40:3, donde dice: “Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios”. Juan el Bautista vino con el espíritu de Elías, como declaró Jesús en Mateo 11:14. Sabemos que Elías regresará en los últimos días con Moisés, antes de la Segunda Venida de Cristo, y Juan vino con el espíritu de Elías antes de la primera venida de Cristo. En el versículo 4 se describe a Juan de manera similar a la descripción de Elías en 2 Reyes 1:8.

3:7-10 – “Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego”.

El mensaje de Juan era un mensaje de arrepentimiento. Decía a las multitudes congregadas que mostraran frutos dignos de arrepentimiento. No es suficiente que las personas digan que están arrepentidas; deben manifestar frutos de arrepentimiento. Deben poder verse evidencias del cambio producido en sus vidas. Arrepentirse quiere decir “cambiar la mente”; y significa dar un giro hacia la dirección contraria. Mientras que antes caminábamos en pecado, cuando nos arrepentimos cambiamos de dirección para caminar en la senda de justicia. Juan describe aquí la seriedad de la purificación tanto de un creyente como de la Iglesia. Como veremos luego, Jesús enseñó que las exigencias del Nuevo Testamento son mucho más altas que las del Antiguo Testamento. De modo que el tema de la santidad y la pureza fluye a través de Sus enseñanzas, como así también de las enseñanzas de los apóstoles.

3:11, 12 – “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará”. Al bautizar, Juan dejó claro que él lo hacía en agua, pero que cuando viniera el Mesías, este bautizaría con el Espíritu Santo y fuego.

El bautismo de Jesús (3:13-17)

3:13 – “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él”. La vida de Jesús había transcurrido dentro de los límites del pueblo de Nazaret, el cual no era una aldea aislada ya que estaba ubicada sobre una colina que dominaba las rutas que atravesaban la nación.

De modo que esta región era llamada “Galilea de los gentiles” (Is. 9:1), porque por allí pasaba la gran ruta de caravanas que unía Damasco con Egipto y también la de Acra, hacia el oriente. Además, la población de la ciudad no era exclusivamente judía. Por lo tanto, el Señor tuvo acceso a personas de otras nacionalidades. Al salir de Galilea, Jesús salía del lugar que Dios le había preparado, y ahora estaba listo para comenzar Su ministerio en el Río Jordán.

3:14 – “Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?”. Cierta vez tuve una visión del encuentro de estos dos primos. Debido a que tuvieron una preparación similar, se apreciaban mutuamente. Sin embargo, Juan estaba en un estado de adoración cuando contempló a Jesús, quien lo superaba formidablemente en su crecimiento espiritual. De esta manera, se sintió incompetente para efectuar el santo acto del bautismo, al darse cuenta no sólo que Jesús lo excedía en estatura espiritual sino también al reconocer que Jesús era Dios, el epítome de la perfección.

3:15 – “Pero Jesús le respondió: Deja ahora [o permítelo], porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó”. Aquí, las palabras de Jesús nos confrontan con el hecho de que ser bautizados en agua no es sólo un acto de obediencia, sino también de justicia. Al ser bautizados en agua, estamos realizando un acto de justicia.

3:16 – “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él”. En ese mismo instante, Jesús fue ungido con los siete Espíritus del Señor, los que se describen en Isaías 11:2: “Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová”.

3:17 – “Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Aquí vemos a la Santa Trinidad ministrando unida. El Padre habló desde los cielos y el Espíritu Santo vino en forma de paloma sobre Jesús. Jesús agradó al Padre sobre la Tierra del mismo modo que lo había hecho en el cielo. Leemos en Proverbios 8:30: “Con él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo”. Busquemos intensamente agradar a nuestro Padre celestial de la misma manera, haciendo sólo Su voluntad.

Las tres tentaciones de Jesús

4:1-11

4:1 – “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo”. La vida de Jesús fue una vida guiada por el Espíritu Santo, y fue a través del Espíritu Eterno que Jesús se ofreció a Sí mismo sin mancha a Dios (He. 9:14). De modo que, de aquí en adelante, el Espíritu Santo revistió a Jesús y lo guió en el camino de Dios. Para enfatizar el control del Espíritu Santo en la vida de Jesús, Marcos 1:12 dice: “Y luego el Espíritu le impulsó al desierto”. Esto es lo mismo que el bendito Espíritu Santo desea hacer en nuestras vidas, como también dice Ezequiel 36:27: “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”. Dios hará que andemos en Sus caminos. Esta es la vida guiada por el Espíritu.

4:2 – “Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre”. Después de un cierto número de días de ayuno prolongado el hambre se va, pero regresa con furia hacia el final. A continuación, la persona que ayuna se debilita y experimenta un hambre atroz. Fue en este momento de debilidad que Satanás vino a Jesús.