El gato de la bruja - Helena Cosano - E-Book

El gato de la bruja E-Book

Helena Cosano

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Beschreibung

¿Puede un gato elegir a su bruja? ¿Y hablar con ella? ¿Y compartir aventuras? Pues claro que sí. Helena Cosano nos lo cuenta en esta historia que no deja de sorprendernos en cada una de sus páginas. Venga, anímate y entra de su mano a compartir un día en la vida de Casandra y Trasto. Verás como no te deja indiferente. ¡Es tan divertido!

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Seitenzahl: 59

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Contenido

El gato de la bruja, y la bruja del gato

La historia de Trasto

Cómo Trasto encontró a su bruja, y cómo Ca

Primer día del gato en casa de su bruja

El gato y su bruja se van de paseo

La Reina de las mariposas

El jardín mágico, y los gatos de la otra b

¿Dónde está Trasto?

Sobre brujas y árboles

Trasto, Martinko y Marita

El gato de la bruja

Cubierta y diseño editorial: Éride, Diseño Gráfico

Dirección editorial: Ángel JiménezInag

Imagen de cubierta: Díaz Banda

Primera edición: abril, 2018

El gato de la bruja

© Helena Cosano

© Ilustraciones: Díaz-Banda

© éride ediciones, 2018

Collado Bajo, 13

28053 Madrid

éride ediciones

ISBN libro impreso: 978-84-16947-80-5

ISBN libro digital: 978-84-16947-89-8

Diseño y preimpresión: Éride, Diseño Gráfico

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta o bra.

Helena Cosano

Nació en la India y ha vivido en varios países. Es autora de libros como Cándida Diplomática, Almas Brujas (premio Rubén Darío, 2014) o Teresa. La mujer. Desde pequeña se ha sentido atraída por la espiritualidad y el pensamiento mágico, que la llevaron a una filosofía vegana de respeto hacia todos los seres vivos. Actualmente es activista por los derechos de los animales.

Díaz-Banda

Es una bruja moderna. Nació en Don Benito (Extremadura), donde desde pequeña mostró interés e ilusión por la pintura y el amor a los animales. Su obra, de la que ha realizado numerosas exposiciones, se caracteriza por la alegre intensidad de los colores y la delicadeza. Cuando fue madre descubrió el maravilloso mundo de los niños y la magia que los envuelve, dando voz y color al contarles cuentos. Actualmente vive en la Sierra de Guadarrama con sus hijos y su perrita Mirra, donde la naturaleza la inspira constantemente.

Helena Cosano

El gato de la bruja

Ilustraciones: Díaz-Banda

éride ediciones

El gato de la bruja, y la bruja del gato

Érase una vez, un gato que tenía a su bruja. Todo gato sueña con una, pero muy pocos la tienen, porque no hay muchas brujas en estos tiempos que corren. Sin embargo, todas las chicas que aman a los gatos tienen alma de brujita, y podrían, con tiempo, dedicación y con una maestra, convertirse en brujas de verdad. Este gato vivía con una bruja de verdad y era, pues, un gato feliz.

El gato no era negro como en los cuentos, sino pelirrojo. Se llamaba Trasto, porque era un poco trasto: se echaba justo en medio del pasillo a propósito para que los humanos se tropezaran, abría grifos y se le olvidaba cerrarlos, se subía a las cómodas y a los muebles de la cocina, y a veces trepaba a los árboles tan alto que luego le daba miedo bajar y había que pedir ayuda.

La bruja se llamaba Casandra, y también ella era pelirroja, con pecas. Los dos tenían los ojos verdes y una mirada felina y pícara. Los dos eran alegres y solitarios. A los dos les gustaba viajar y explorar el mundo, quedarse pensativos mirando por la ventana, dormir mucho para ver cosas maravillosas en sueños, y contemplar las llamas de la chimenea. Sobre todo, a los dos les encantaba jugar juntos, y cuando estaban agotados de tanto jugar, Trasto se hacía un ovillo sobre las rodillas de Casandra y se ponía a ronronear hasta que se quedaba dormido.A veces se hablaban con palabras humanas, a veces con maullidos, y a veces simplemente con el pensamiento.La bruja siempre sabía lo que sentía su gato, y el gato siempre sabía lo que sentía su bruja. Eran los mejores amigos del mundo, y se querían mucho.

Casandra era una bruja moderna. No tenía una cabaña de madera en un bosque perdido, ni una casa toda hecha de golosinas. Sino que vivía en el último piso de un edificio más alto que la más alta torre, en una gran ciudad. Tan alto, tan alto era, que se encontraba entre las nubes. Y abajo se veía, pequeñita, la inmensa ciudad de los humanos.

Allí tenía que ir Casandra cada mañana, a la Universidad, donde estudiaba una carrera aburrida y no le podía revelar a nadie que era bruja. Volvía por la tarde. Trasto se ponía siempre muy contento y le daba la bienvenida ronroneando y frotándose contra sus piernas, y Casandra le saludaba, le preguntaba qué tal su día (pero Trasto no tenía mucho que contar, porque se lo había pasado enterito durmiendo), y le servía su comida preferida. Luego se hacía una infusión de hierbas mágicas, encendía la chimenea, y los dos se tumbaban juntitos en el sofá a mirar las llamas.

Vivían en el último piso de un edificio muy alto. Mirando por la ventana, era como vivir en el cielo, todo rodeado de nubes. A lo lejos se veían montañas azuladas cuya cima casi siempre estaba nevada, y cuando las noches eran muy frías todo parecía llenarse de estrellas. También había bosques de abetos y un lago inmenso, tan grande como el mar. El mundo era muy hermoso más allá de la gran ciudad.

La ciudad a Trasto le parecía peligrosa. Eran felices en su pisito de madera con muchas ventanas, alfombras de colores, plantas y flores que Casandra cuidaba con todo cariño, un sofá grande y cómodo, cojines traídos de países lejanos, estanterías llenas de libros y una chimenea. ¿Acaso se puede desear algo más?

La historia de Trasto

Trasto casi no recordaba a su mamá gata. Era muy pequeñito cuando encontró a su bruja. Pero Casandra conocía su historia y, a veces, se la contaba:

Su madre gata vivía en una casa muy bonita y grande, con jardín, a las afueras de la ciudad, al borde del bosque. Un día, un gato alto, fuerte, de pelaje cobrizo, inmensos ojos verdes, bigotes negros rizados y expresión irónica, se metió en el jardín de la casa, y la vio.

La futura madre de Trasto estaba sola ese día, tumbada al sol sobre el césped. Su familia humana no estaba, se habían ido todos al parque de atracciones para celebrar el cumpleaños de la hija menor, y la futura madre de Trasto sabía que no regresarían hasta el anochecer. Y el futuro padre de Trasto también parecía saberlo, porque él normalmente temía a los hombres.

Era un gato solitario, aventurero. Llevaba una vida casi salvaje en el bosque. Siempre había vivido solo, hasta el punto que había olvidado cómo ser educado, cómo resultar agradable o gracioso, cómo hablar con una dama. Y la futura madre de Trasto intimidaba: era una gatita coqueta, caprichosa, muy lista y, según cuenta el futuro padre de Trasto, un tanto orgullosa. Él la vio, le pareció la gata más bella que jamás hubiera visto, y le dio tanta vergüenza que se subió al árbol más próximo, desde dónde podría contemplarla en secreto. Se escondió entre las ramas, y se puso a mirarla desde allí.