El ladrón de sombras - Verónica Cantero Burroni - E-Book

El ladrón de sombras E-Book

Verónica Cantero Burroni

0,0

Beschreibung

"Notó algo, como un trapo oscuro que colgaba de su mochila. Parecía una mano con dedos. Estaba mitad dentro y mitad fuera del bolsillo. No podía ser un guante, pensó. Con el calor nadie usa guantes. El trapo o la mancha, o lo que fuera, se movía como si la sacudiera un leve soplo de viento. Pero todavía estaban dentro de la escuela y no había viento..." Verónica Cantero Burroni, la autora, demuestra en esta historia una gran facilidad para llegar al corazón de sus pares, los adolescentes, a través del humor, el suspenso y el uso de formas actuales de comunicación como Skype, Facebook y WhatsApp permitiendo una lectura ágil y entretenida.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 50

Veröffentlichungsjahr: 2020

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Índice de contenido
El ladrón de sombras
Portada
Prólogo
1. Un leve soplo de viento agitó la mancha oscura
2. Un partido sin historia
3. Vendedor de sombras
4. Plan de acción
5. Encuentro inesperado
6. El misterio de Nutella
7. ¡Quién lo hubiera imaginado!
8. Bendito mensajito
9. El partido de las sombras
Biografías
Legales
Sobre el trabajo editorial

El ladrón de sombras

Verónica Cantero Burroni

Ilustraciones:

Juan Chavetta

PRÓLOGO

por Alver Metalli

Si estás por leer esta pequeña gran novela, no quedarás desilusionado. Quien la escribió te regala lo mejor de ella misma. Ese abrirse con curiosidad a la vida, ese gusto por las cosas que ocurren, ese amor por los demás, ese interés por la manera como actúan, ese deseo de ayudarlos. En El ladrón de sombras está todo eso.

Es un relato repleto de imaginación, que va de sorpresa en sorpresa hasta el capítulo final: el partido entre las sombras para rescatar al joven ladrón de sus fechorías. En el libro verás que las sombras cobran vida, se vuelven independientes, construyen un mundo paralelo. “Constituyen una desrealización de lo cotidiano, una transfiguración del mismo”, dijo el profesor de filosofía Massimo Borghesi en el prólogo de la edición italiana, que ganó el prestigioso premio literario Elsa Morante 2016. “Por eso todo el breve relato está marcado por la ‘sorpresa’. No solo del lector sino también de la autora del libro, que escribe ‘mirando’ lo que ocurre delante de sus ojos y lleva adelante una narración que va describiendo las reacciones de frente a lo insólito que cobra forma.”

En las manos de Verónica, las sombras no solo cobran vida, sino que la crean. Crean una vida transfigurada.

Verónica comprendió precozmente que el pedazo de mundo que impresiona la retina flota sobre un océano de nexos, de antecedentes, de referencias… de significado, para usar una sola palabra. Por eso, para tocar la realidad es necesario transfigurarla, es decir, conectarla con todos los hilos que la hacen ser lo que es. Es una capacidad refinada, propia de un escritor, y consiste en saber leer, conectar, completar con la imaginación los miles de recovecos de la vida real. Verónica ha comprendido el secreto de escribir: para ser fiel a la realidad hay que transfigurarla. Hay que verla con “el ojo de vidrio” que puede captar su vibración más íntima, que se llama esperanza. Se los dijo el Papa argentino a los jóvenes cubanos, citando a un escritor latinoamericano: “él decía que los hombres tenemos dos ojos, uno de carne y otro de vidrio. Con el ojo de carne vemos lo que miramos. Con el ojo de vidrio vemos lo que soñamos”.

Indudablemente Verónica tiene talento literario, que se ha ido puliendo en el breve tiempo de su vida de escritora, asimilando con rapidez muchas sutilezas del oficio, a lo que se suma una imaginación radiante, siempre dispuesta a penetrar en el aura positiva de las cosas. Ella escribe desde los siete años. El libro que estás por leer es el quinto de su bibliografía.

Un célebre escritor libanés, Amin Maalouf, dice que para conocer el mundo es necesario, sobre todo, escucharlo; señalando de esa manera cuál es la actitud fundamental que define una forma seria de aproximarse a la realidad.

Verónica escucha al mundo con curiosidad y amor.

Si le preguntas a Verónica cómo nacen sus historias, sus libros, ella te responde que observa atentamente la realidad, o la escucha, que es otra manera de observar; porque la realidad tiene muchos secretos, y si la miras bien, con afecto, con simpatía, salen a la luz y pueden ser capturados y después contados. También lee mucho, porque quiere aprender de las historias de otros y de su modo de contarlas.

Dos reglas de un verdadero escritor.

1. Un leve soplo de viento agitó la mancha oscura…

El primero que se dio cuenta fue Máximo Ávalos, una mañana de primavera un poco desorganizada.

El profesor de Educación Física había decidido trabajar en el patio de la escuela. No tenía muchas alternativas, se había roto un caño del baño de varones y en pocas horas el agua inundó el gimnasio y algunas aulas. Nosotros esperábamos que nos dieran permiso para volver a casa, porque en el gimnasio no podíamos estar y pensamos que nos dirían, como otras veces, que recogiéramos nuestras cosas y volviéramos al día siguiente. Pero el profesor no quería que dejáramos de hacer ejercicio; Sebastián Ugarte, un muchacho alto y fuerte que daba clases por primera vez, estaba convencido de que era responsable de nuestro estado físico y que tenía que aprovechar al máximo todas las oportunidades para mejorarlo.

—¡Todos afuera, todos al patio! –dijo golpeando las manos para darle más fuerza a sus palabras.

El patio de la escuela no era demasiado grande pero sí lo suficiente para reemplazar al gimnasio, aunque no estuviera techado y todo el lugar quedara a la intemperie. Era uno de los días más hermosos de la semana, el cielo estaba un poco cubierto y el sol aparecía entre una nube y otra. Sebastián sabía que nos gustaba trabajar afuera, aunque esa vez hubiéramos preferido volver a casa o ir a otra parte.

—¡Transpiren, transpiren mucho, que les hace bien! –repetía Sebastián cada tanto con voz ronca.

Fumaba mucho, lo sabíamos todos porque entre una hora y otra salía al patio para prenderse un cigarrillo. Después lo apagaba en una maceta, tratando de enterrarlo.