Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
En El legado de los dioses: Secretos ocultos, el autor extiende el fascinante mundo de fantasía desarrollado en El legado de los dioses: Batallas de la nueva era, su primera parte. En esta entrega, la Alianza del Amanecer se revitalizará y emprenderá nuevos desafíos, acompañada de seres con sorprendentes habilidades sobrenaturales. La novela profundiza los conflictos de poder sostenidos entre los personajes, quienes deberán enfrentar batallas heroicas y criaturas espectaculares. De esta manera, la historia nos sorprende con giros interesantes y revelaciones que mantienen el suspenso de una narrativa ingeniosa hasta el final.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 264
Veröffentlichungsjahr: 2025
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
ELLEGADODE LOSDIOSES
secretos ocultos
D. PEÑA. CV
ellegadode losdioses
Secretos ocultos
PRIMERA EDICIÓNAbril 2025
Editado por Aguja LiterariaNoruega 6655, dpto. 132Las Condes - Santiago de ChileFono fijo: 56 - 227896753E-Mail: [email protected]: Aguja LiterariaInstagram @agujaliteraria
ISBN9789564091525
Nº INSCRIPCIÓN: 2025-A-2277
DERECHOS RESERVADOSEl legado de los dioses. Secretos ocultos D. Peña. CVQueda rigurosamente prohibida sin la autorización escrita del autor, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático
Los contenidos de los textos editados por Aguja Literaria son de la exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente representan el pensamiento de la Agencia
TAPAS:Imagen de Portada: Sandro Tsitskhvaia Diseño: Jimena Cortés
ÍNDICE
Capítulo 1La espera de Elizabeth
Capítulo 2La reunión de la Alianza
Capítulo 3Las misteriosas criaturas
Capítulo 4La posesión de Ludiana
Capítulo 5La misteriosa mujer empoderada
Capítulo 6Los secretos de Regina
Capítulo 7El viaje de Ludiana
Capítulo 8El retorno de Ludiana a su ser
Capítulo 9La bestia Dencario
Capítulo 10El niño en peligro
Capítulo 11El regalo de Regina
Capítulo 12La Gran Corte
Capítulo 13La tragedia de Eleonor
Capítulo 14La derrota de Geriol y la fundación de la Corte de Ludiana
Capítulo 15La renuncia de Bianca
Capítulo 16El poder oculto del rubí
Capítulo 17El crimen de Verandé
Capítulo 18Iniciación en la oscuridad de Bianca
Capítulo 19La llegada de Ludiana
Capítulo 20La audiencia
Capítulo 21Debate de Victoria
Capítulo 22La convocación del guardián
Capítulo 23Un secreto del pasado
Capítulo 24El secreto de la espada y las rocas gambaria
Capítulo 25La fiera marina
Capítulo 26Un nuevo Caballero
Capítulo 27La ira de Bianca
Capítulo 28Los juicios de Keral
Capítulo 29El complot de Dania
Capítulo 30El despertar
Capítulo 1
La espera de Elizabeth
Han pasado casi quince lunas llenas desde que la Alianza del Amanecer se dispersó para cumplir con la misión que le había sido encomendada. Mientras tanto, en tierras lejanas Bianca había logrado reunir a todos los pueblos y aldeas para crear el nuevo reino que le había sugerido Alejandro. Gracias al poder del rubí, asumió el trono sin dificultad y nombró al reino Zafir.
Para entonces, Wender y Elizabeth habían regresado a Derran. Wender ignoraba la existencia de la Alianza del Amanecer. Se le hizo muy extraño no encontrar a su amigo Anselmo en el reino, mucho menos en el castillo, pero lo que más le sorprendió fue no hallar a Ruso, su perro. Sin embargo, su emoción era fuerte, ya que Elizabeth estaba embarazada de su primogénito; el primer nieto de Alejandro.
Anselmo se encontraba viajando en busca de algunas reliquias de los dioses o cualquier indicio sobre estas, y conoció a un joven llamado Andony, quien se convirtió en su discípulo. Lo encontró en una cabaña abandonada estando muy enfermo, casi al borde de la muerte. Como Anselmo había logrado controlar sus poderes, lo sanó. Desde entonces, Andony lo ha seguido a todos lados.
Victoria, junto con sus hijos, lograron encontrar la espada roja que había pertenecido a Robert Twin y después a Ludiana. Con ayuda de los guerreros de la Alianza que formaban parte de la sección de acero, lograron robarla en secreto de un templo. Según la leyenda de los seguidores de aquel templo, se decía que la espada había caído desde los cielos durante una batalla entre los dioses y que, al momento de tocar el suelo, destruyó una roca daugaria. Estas eran indestructibles incluso para los últimos dioses, puesto que antes de que dominaran y gobernaran el mundo habían sido utilizadas para crear el antiguo orden. Cada generación de dioses aportó con una creación nueva, y con el tiempo las rocas daugaria se hicieron innecesarias, hasta el punto de casi desaparecer. A Victoria solo le importaba la espada, ignorando por completo la existencia de estas rocas debajo del templo.
Jhosep, el servidor de uno de los patriarcas, se había ofrecido para ser miembro de la Alianza del Amanecer y encontró también una daga. Viajaba solo por decisión propia, y el guerrero de acero, que debía acompañarlo como a cualquier otro miembro, lo respetó. Jhosep robó la daga de otro ladrón que estaba borracho; siempre contaba la misma historia. Decía haberlo encontrado en un desierto tirado y sin daño. Jhosep esperó a que el ladrón se emborrachara para seguirlo y arrebatarle la daga, y, cuando lo hizo, la probó en rocas y gruesas cadenas que se cortaron con facilidad. El corte simplemente resbalaba, como si cortara grasa de cerdo, podía talar gigantescos árboles sin mayor esfuerzo. Esto despertó su ambición por conocer más sobre los poderosos objetos que habían pertenecido a los dioses.
Alejandro estaba preocupado porque los miembros de plata no recibían noticias sobre los demás integrantes de la Alianza, así que ordenó reunirlos a todos. Para los miembros de plata esto era un desafío, ya que muchos estaban lejos del reino, además de la dificultad que suponía identificar a cada uno. Sin embargo, se dieron a la tarea con ayuda de muchos miembros de acero, quienes eran guerreros y expertos rastreadores. Bianca intuía que Alejandro la necesitaba, y cuando cayó la noche tomó la forma de un ave para emprender el vuelo hacia Derran.
Por la mañana, Alejandro desayunaba junto con toda su familia. Hablaban sobre el leal perro de Wender, Ruso, al que este quería salir a buscar. Alejandro notó que llevaba desaparecido varios días, pero no se preocupó demasiado, porque sabía que no era un perro común. Wender estaba angustiado, pero tampoco quería dejar sola a Elizabeth, así que Alejandro ordenó a varios guardias para que salieran a buscarlo. De pronto, terminando el desayuno, entró un ave que aterrizó en medio del comedor. Entonces, volvió a su forma real; era Bianca. Alejandro y Wender se levantaron con rapidez hacia ella y le dieron la bienvenida emocionados, ya que no se veían hacía casi quince lunas llenas.
—¡Qué bueno volverte a ver! —dijo Alejandro mientras le extendía la mano.
—¡Lo mismo digo!
—¿Cómo está tu aldea? —intervino Wender.
—Muy bien, logré reunir muchas aldeas hasta volverlas un reino más.
—Supongo que está de más preguntar quién es el rey o reina, ¿verdad? —dijo Alejandro con una mirada acusadora.
—Soy yo —respondió Bianca sonriendo.
Wender estaba alegre por Bianca, de pronto, Elizabeth preguntó algo celosa:
—¿Cómo se llama tu nuevo reino?
—Zafir —respondió Bianca de inmediato
—Qué maravillosa suerte tienes, estoy segura de que sin ese rubí seguirías siendo una insignificante campesina —dijo Dania con toda arrogancia.
—¡Ya basta, Dania! —levantó la voz Alejandro.
Bianca interrumpió de inmediato.
—Tiene razón mi señora, seguiría siendo una campesina, pero no insignificante, puesto que soy cordial con mis invitados.
—No estoy enterada de que te hayan invitado aquí, querida —dijo Dania, intentando humillarla.
—Es porque no eres más que la esposa de un rey —respondió Bianca, recordando que ahora era una reina legítima. Todos estaban en silencio. Dania no tenía respuesta, solo observó a Bianca de manera fija y desafiante. Para cambiar de tema, Wender preguntó a Bianca si podría ayudarlo a ubicar a Ruso. Respondió que lo haría en cuanto pudiese, porque Alejandro se adelantó a conversar con ella. Le pidió que lo acompañara a caminar por los pasillos del castillo.
—Usaste el poder del rubí para crear tu reino, ¿verdad?
—Así es, lo lamento mucho si estuvo mal.
—¿Cómo lo lograste?
—Solo deseé que quisieran que fuese su reina y el rubí hizo el resto —respondió algo preocupada por cómo reaccionaría Alejandro. A este no le agradaba la idea de manipular a otros seres humanos, pero tampoco podía reprochárselo, menos por el favor que estaba a punto de pedirle. Lo único que le pidió, a modo de consejo, fue que no abusara de ese poder.
—Seré más cuidadosa.
—Ahora necesito un favor de tu parte, y se contradice con el consejo que te acabo de dar.
—Dígame, ayudaré en lo que necesite —respondió decidida.
—Necesito que vuelvan todos los miembros de la Alianza, ¿puedes hacerlo?
—Claro que sí.
—Te agradecería que lo hagas pronto —dijo Alejandro un poco aliviado—, no tenemos avances y necesito saber si hemos obtenido algo.
—Lo haré esta noche.
Alejandro fue a reunirse con los miembros de plata de la Alianza en el nuevo monasterio mientras Bianca continuaba paseando sola por los jardines a las afuera del castillo. De pronto, apareció Sara, una de las sirvientas del castillo. Comenzó a conversarle, pero Bianca no tenía interés, ya que siempre que hablaban Sara preguntaba demasiado por en el rubí. Quería saber dónde lo había encontrado, cómo se usaba su poder y, sobre todo, si era posible transferirlo hacia otros objetos. Para alejarse, Bianca solo dijo que estaba muy ocupada y se retiró. Al caer la noche, Bianca se puso a trabajar con el rubí en su habitación, tratando de conectar con todos los miembros de la Alianza del Amanecer, incluidos los miembros de acero que habían salido recién en busca de los otros. Al mismo tiempo, buscaba a Ruso. Estuvo recostada en su cama en trance toda la noche.
Al amanecer, fue donde Alejandro para informarle que el trabajo estaba hecho y que solo debía esperar a que todos llegasen. Al cabo de un rato, llegaron montando sus grandes aves Neorian y dos de sus hombres de la isla. Alejandro salió del castillo a esperar que descendieran para darles la bienvenida con alegría. Neorian le señaló que los dos hombres que traía eran nuevos miembros de la Alianza.
Bianca fue entonces donde Wender para decirle que había tenido un problema buscando a Ruso.
—¿Cuál? —preguntó preocupado.
Bianca explicó que no podía verlo en ningún lugar, como si no existiera.
—¡Eso es absurdo!
—Solo te digo lo que vi.
—¿Dónde estará ese perro? —preguntó angustiado.
Bianca le explico que había intentado ver si estaba muerto, pero que tampoco lo había logrado. En ese instante, uno de los guardias que custodiaban las habitaciones se acercó para avisar que Elizabeth tenía una emergencia. Wender corrió confundido, y en cuanto llegó se sorprendió al ver que el vientre de Elizabeth había creció muy rápido. Aunque el dolor que sentía era tolerable, estaba muy asustada, porque su habitación estaba en llamas cuando había despertado y los sirvientes y guardias la ayudaban apagando el fuego. Mientras Wender la abrazaba para tranquilizarla, llegaron Alejandro junto con Neorian, preocupados por la noticia. Alejandro, muy preocupado, llegó a pensar que habían atentado contra su hija.
—No, no atentaron contra ella —señaló Neorian, quien se acercó a Elizabeth y observó en sus ojos un pequeño destello. Explicó que ella era un nuevo prodigio de los dioses, no convertida por Wender antes de su embarazo, sino por su propio hijo, a quien aún llevaba en su vientre. Todos quedaron sorprendidos.
—Pero ¿cómo es posible? —pregunto Wender extrañado.
—Tal vez el proceso de conversión despierta al momento de sentir alguna empatía —respondió Neorian.
—¿Será peligroso para ella? —preguntó Alejandro, mientras Wender y Elizabeth escuchaban con preocupación abrazados.
—No para ella —respondió Neorian—, pero sí para quienes la rodean, si es que no lo sabe controlar.
—¡No quiero este poder! —exclamó Elizabeth—, no quiero lastimar a nadie.
—Yo estaré aquí contigo —dijo Wender consolándola.
—El poder debe haber provenido de parte de tu hijo, no tuya —dijo Neorian—, debió estar haciendo algún berrinche.
—¿Mi hijo también es un prodigio? —preguntó Wender.
—Si su padre lo es, lo más lógico es que el hijo también —respondió Neorian.
Alejandro dijo que tomarían todas las medidas necesarias para evitar más accidentes. Bianca solo observaba, y al poco rato, cuando todo se calmó, logró ver que el hijo de Wender sería un varón, y que tenía un poder mucho mayor que el de su padre. Con Elizabeth estaba confundida, ya que el poder que veía en ella podría deberse a su hijo. Alejandro calmó a su hija diciéndole que enfrentarían esta situación juntos como familia. Elizabeth tenía miedo de herir a alguien, pero se calmó sabiendo que Wender la acompañaría, y que su padre, siendo un hombre muy inteligente, encontraría una solución.
Bianca se acercó.
—La mayoría de tus poderes están ligados a tus emociones, trabaja en ello y lograrás controlarlos, incluso los de tu hijo.
Alejandro ordenó asegurar la habitación de Elizabeth, y retirar todo lo que fuese inflamable y fácil de destruir, a excepción de la cama donde ella reposaba. También instruyó a que las parteras estuvieran listas para el nacimiento de su nieto, teniendo todas las precauciones necesarias.
Capítulo 2
La reunión de la Alianza
Pasaron los días y los miembros de la Alianza comenzaron a llegar al castillo. Alejandro tenía las habitaciones listas y fue donde Bianca para preguntarle si estaba segura de que todos estarían. Cuando respondió que sí, Alejandro le confesó que estaba considerando deshacer la Alianza.
—¿Por qué?
—Ha pasado casi un año y nada se ha encontrado, no tiene caso que sigan con una causa perdida.
—¿Causa perdida? —preguntó Bianca algo seria—, ¿crees que Wender, Neorian y yo somos causas perdidas?
—No es lo que quise decir.
—Escucha, solo necesitan algo más de tiempo, encontrarán más artefactos como aquel escudo.
—Quise decir que es injusto haberlos alejado de sus familias para una misión que aún no estamos seguros de que suceda.
—Ellos fueron por voluntad propia, y, además, esa batalla que esperamos sí sucederá —dijo mirándolo con expresión triste y preocupante a la vez.
—¿Lo ves en tus visiones?
—Sí, y Ludiana regresará, y créeme cuando digo que todos los reinos estarán bajo su poder.
—¿Ella es el peligro que se avecina? —preguntó sorprendido Alejandro. Bianca respondió de inmediato.
—No, pero será quien nos salve de ese peligro.
—Pero ¿cómo?
—Ya no preguntes más, no lo pude ver todo.
De repente, apareció corriendo uno de los guardias para avisarle al rey que su nieto estaba naciendo. Ambos fueron de prisa y, al llegar, estaba Dania, la madre de Elizabeth. Ningunas de las parteras podían acercarse, puesto que Elizabeth mientras daba a luz desprendía sus poderes a su alrededor. Liberaba fuego y rayos destruyendo todo, el único que podía acercarse era Wender, pero hasta él era herido con los poderes de Elizabeth y su hijo. Bianca usó el poder del rubí y, desde las sombras que reflejaban las paredes, salió un manto oscuro sin forma física que envolvió el cuerpo de Elizabeth impidiendo que sus poderes salieran de su cuerpo. Alejandro miró a Bianca sorprendido y las parteras entraron de inmediato. Entonces, Wender pudo recibir a su hijo, y las parteras metieron al bebé en una tina de agua tibia y lo envolvieron con toallas limpias. Cuando Elizabeth dejó de desprender sus poderes, Bianca la liberó. Alejandro y Dania entraron de inmediato a ver a su hija, la preocupación había pasado y era un momento de alegría para la familia real, uno que todo el reino celebraría. Alejandro preguntó qué nombre le pondrían a su nieto. Elizabeth miró a Wender dubitativa, ya que nunca lo habían pensado; el embarazo de Elizabeth había sido el más corto de la historia de los humanos. Después de pensarlo un buen rato y conversarlo entre ambos, decidieron que se llamaría Dyrio.
—¡Qué buen nombre! —respondió Alejandro.
—¿Y tu nombre familiar? —preguntó Dania.
—No tengo nombre familiar —señaló Wender.
—Wender y yo decidimos que, ya que no tiene un nombre de familia, adoptará el nuestro —dijo Elizabeth.
—¡Fantástico! —exclamó Alejandro—, Dyrio Bazán —dijo mientras miraba a su nieto levantándolo con sus brazos.
Dania compartió algo de alegría con ellos, olvidando por un instante su frivolidad. Todos celebraron el nacimiento de Dyrio durante días hasta que uno de los patriarcas llegó ante Alejandro para informarle que todos los miembros de la Alianza del Amanecer estaban presentes. Alejandro convocó una reunión en el monasterio esa misma noche, y fue con Neorian para pedirle que lo ayudara a reconocer algunos objetos que traerían los miembros de las Alianza. Tenía una edad avanzada y había servido a los dioses, por lo que podía reconocer con facilidad cualquier artefacto que les hubiese pertenecido.
—¿Cómo lograste que todos llegaran? —preguntó Neorian.
—Bianca me ayudó, tiene un poder increíble.
—Ten mucho cuidado con ella.
—¿Por qué lo dices? —preguntó intrigado Alejandro.
—El rubí que porta tiene un poder oscuro lleno de maldad.
Alejandro quedó con una sensación de duda y desconfianza después de escuchar las palabras de Neorian. Entonces, entró Victoria al monasterio. Les dijo que había encontrado dentro de un templo religioso una espada que podía haber pertenecido a los dioses, pero que la tenía en su habitación para no andar con ella por todo el castillo. Alejandro le pidió que la llevara al salón de audiencias mientras él se aseguraba de despejar el lugar para que estuviesen los tres a solas. Alejandro ordeno a sus guardias que custodiasen el salón y que nadie entrara, excepto victoria. Neorian pudo reconocer la espada afirmando que había pertenecido a los dioses. Alejandro estuvo muy agradecido con Victoria por haberle conseguido una prueba más de que los antiguos instrumentos de los dioses aún se encontraban esparcidos por la Tierra, entregándole un motivo adicional para que la Alianza del Amanecer no fuera disuelta y continuara con su labor. Neorian había quedado impresionado, pues conocía la existencia de esa espada en un pasado muy remoto. Sabía que no se trataba de cualquier artefacto, había escuchado, por las palabras de sus antiguos amos y creadores, que ocultaba un poder desconocido que nadie en la historia había logrado utilizar por completo; nadie tenía la fuerza suficiente para resistir su poder. Ni siquiera los antiguos dioses podían usar todo su potencial, sin embargo, decidió callar ese conocimiento para evitar cualquier peligro.
Era de noche y todos habían llegado al monasterio a la gran reunión. El último fue Anselmo con su aprendiz Andony, porque su viaje había sido muy largo. Alejandro lo saludó con la mirada y comenzó a dar la bienvenida a todos, incluidos los miembros nuevos. Agradeció por el servicio prestado a la Alianza.
—Como recompensa, podrán pasar algunos días con sus familias y retomar el viaje después. Para quienes no quieran viajar, podrán quedarse y la hermandad les buscará un puesto y una labor para que estén cerca de sus familias. Si encontraron algún artefacto o indicio de aquello, cualquier cosa que consideren importante, infórmenla ante todos, o pueden esperar para contarle a un miembro de plata o miembro fundador en privado.
La gran mayoría de los miembros se levantaron para entregar pergaminos, mapas dibujados, y nombres de tribus, aldeas, y pueblos. Las tribus poco civilizadas tenían rumores sobre dioses y criaturas que jamás pudieron comprobar, pero aun así decidieron registrarlas. Algunos traían dibujos de extrañas criaturas que no representaba peligro, ya que habían sido comprobadas por ellos mismos y registradas en sus pergaminos de inmediato. Muchos de quienes dibujaron las aldeas y tribus que habían descubierto, también dibujaron un mapa para llegar a esos lugares. Incluso, se especificaba cuánto tiempo se tardaba en llegar a cada uno de ellos. Además, estaban dibujados pozos de agua para saber dónde encontrarlos y no perecer. Por último, Alejandro invito a Victoria a que mostrara la espada frente a todos. Neorian confirmó que había pertenecido los dioses. Alejandro agradeció a todos por su presencia y colaboración, y recordó el motivo por el que la Alianza se había fundado: tenían que enfrentar una amenaza, ellos o las futuras generaciones, y debían asegurarse de conseguir ayuda; todas las armas que fuera posible. Los demás miembros lo escuchaban muy atentos, y compartían las mismas ideas, ya que deseaban forjar un mundo libre de peligro para sus hijos y los hijos de sus hijos. No querían que sufrieran las catástrofes que sus abuelos habían vivido durante las guerras de los dioses. Los dioses parecían haber desaparecido, pero nadie podía asegurar que no quedaran deidades con ambiciones de destruir el mundo. Finalmente, Alejandro empezó a decir el código y los demás miembros lo siguieron hasta completarlo. Despidiéndose, dijo que podían dejar todo lo recaudado con los miembros de la administración, los miembros de plata, y luego retirarse. Estos se encargarían de archivar todos los documentos y registros de sus investigaciones para la Alianza. Antes de irse, Alejando informó a todos que Wender era un miembro fundador, un miembro de oro, que no había podido estar presente. Todos lo aceptaron, puesto que lo consideraban un ser creado por los dioses para proteger su reino.
La reunión se dio por terminada y pasaron a disfrutar de una fiesta; al fin y al cabo, el monasterio les pertenecía a todos. Llegaron muchos otros miembros de la Alianza, incluso principiantes que ofrecían comida y bebidas. Mientras tanto, los miembros de plata ayudados por sus aprendices llevaron consigo los pergaminos y artefactos, incluida la espada entregada por Victoria, a los aposentos subterráneos. Ahí había bóvedas de piedra que podían cerrarse con una llave de acero tan grande como una escoba, y que eran custodiadas por miembros de acero. Sin embargo, faltaba la daga de Jhosep; aunque estaba presente en la reunión, nunca la entregó.
Capítulo 3
Las misteriosas criaturas
Después de la reunión de la Alianza en el monasterio, Alejandro regresaba a su castillo junto con sus guardias. Dentro del carruaje venía acompañado por Anselmo y Andony.
—¿Le dirá a Wender sobre la Alianza? —preguntó Anselmo.
—Tiene que saberlo —respondió Alejandro.
—Ahora que su hija y nieto son prodigios, deben ser protegidos.
—Lo sé, me encargaré de que sea prioridad de la Alianza.
—¡Si la guerra es real, necesitaremos de su ayuda también! —exclamó Anselmo mientras Andony estaba acostado en silencio escuchando.
—Con mayor razón, la Alianza ya deberá tener todas las armas posibles —dijo Alejandro con preocupación.
—¿Cómo lo logrará?
Alejandro recordó que Bianca había encontrado el escudo. Se lo mencionó a Anselmo y este lo confirmó. Al rey se le ocurrió que Bianca buscara las armas y enviara a sus hombres por ellas. Anselmo mencionó que ella tal vez aún no dominaba el poder del rubí, pero Alejandro tenía esperanza de que lo lograra. Poco antes de llegar al castillo, Anselmo mencionó que tenían que hablar con Wender acerca de la Alianza.
—Disculpen —interrumpió Andony—, ¿Wender es el prodigio que liberó este reino y que todos creían que era un dios?
—Así es —respondió Anselmo.
—Hablaré con Wender acerca de la Alianza —dijo Alejandro a Anselmo.
Al llegar al castillo, todos fueron a descansar. Al medio día, Alejandro se levantó con la idea de hablar con Wender y Anselmo. Envió a unos de sus guardias el aviso para que Wender se reuniera con ellos en el comedor, quien fue de inmediato después de despedirse de Elizabeth y su hijo. Llegó al salón justo después de que habían traído la comida, carnes guisadas. Alejandro comenzó explicándole que había creado una hermandad, una Alianza para reunir artefactos que les hubiesen pertenecido a los dioses, y también encontrar prodigios como él para hacer frente a una posible amenaza. Wender dijo que era muy buena idea anticiparse, porque les daría ventaja y más oportunidades.
—¿En qué puedo ayudar?
—Queremos que formes parte de la Alianza —dijo Anselmo.
—¿Y qué haría ahí? —preguntó sorprendido.
—Tú eres nuestro más poderoso aliado y, por lo tanto, un miembro más de la Alianza —respondió Alejandro.
Wender reflexionó un instante, ya que sabía que era una gran responsabilidad.
—Nos tendrás para apoyarte —dijo Anselmo.
—Hay seis miembros fundadores a los cuales podrás pedir ayuda y consejo —dijo Alejandro.
Cuando Wender accedió, Alejandro sacó con alegría de su bolsillo el último amuleto de oro de la Alianza del Amanecer. Se despidió y los dejo solos para que Anselmo le enseñara a Wender el código y el juramento de la hermandad.
Alejandro fue en busca de Bianca para preguntarle si podía encontrar más armas y artefactos de los dioses con el poder del rubí. Ella respondió que lo intentaría, ya que el escudo lo había encontrado por casualidad cuando intentaba guiar a Anselmo. Lo había percibido entre sus visiones de la batalla entre Wender y Ludiana.
Antes del atardecer, todos se reunieron para una comida y una fiesta organizadas por Alejandro en el jardín de la parte trasera del castillo, con excelentes acróbatas y espectáculo para una buena velada. Bianca entraba cada vez más en confianza con Sara, comenzaba a olvidar por qué no le agradaba. En medio de la fiesta, Wender se acercó a Bianca para hablarle.
—¿Lograste encontrar a Ruso?
—Solo vi un destello.
—¿Cómo un destello?, ¿qué sucede con él? —pregunto algo angustiado
—Está vivo, pero hay una fuerza que impide que lo vea.
—Tal vez lo secuestraron —dijo Wender con preocupación.
—No lo sé, no logro verlo con claridad.
Wender le agradeció el esfuerzo y se despidió. Estaba dispuesto a salir en busca de su perro, cuando de pronto se escucharon gritos. Salía humo del castillo, algo se estaba quemando en la habitación de Dyrio. Todos corrieron para ayudarlo, incluida Elizabeth, quien mientras corría desesperada no fue capaz de controlar su poder. Empezó a liberar destellos de rayos a su alrededor, pero Anselmo, que corría justo detrás, la alcanzo y la abrazo para consolarla. Así, recordando el poder de Ludiana, evitó que la tragedia fuese mayor.
Cuando Wender llegó a la habitación, se llevó una gran sorpresa. EL pequeño Dyrio no se quemaba, sino que estaba jugando con fuego en sus manos. Había provocado el incendio mientras las mujeres que lo cuidaban corrían y gritaban. Con apenas unos días de nacido, había desarrollado un poder similar al de Wender. Este tomo en brazos a su hijo y salió de la habitación anunciando que todo estaba bajo control. Elizabeth llegó con Anselmo y pudo calmarse al ver que su hijo se encontraba bien, pero Alejandro y todos los demás quedaron muy sorprendidos. Wender supo de inmediato que no podría salir en busca de Ruso, porque tenía una gran responsabilidad con su hijo Dyrio y su compañera Elizabeth, ayudándolos a controlar sus nuevos poderes. Wender estaba angustiado por Ruso, pero dadas las circunstancias no tenía más opción que esperar a que Bianca lo encontrara. Solo entonces iría por él.
Wender fue a pedir autorización para ordenar una búsqueda inmediata de Ruso, pero Alejandro le respondió que no era necesario pedir permiso, ya que, al ser un miembro líder de la Alianza, tenía la facultad de ordenarla él mismo. Entonces, Alejandro pidió a sus guardias un carruaje para acompañar a Wender al monasterio de la Alianza.
Bianca paseaba por los jardines del castillo junto con Sara, conversando. Cuando pasaba por ahí Dania, inmediatamente puso una mirada de repudio y se acercó con amargura.
—¿No tienes que trabajar? —dijo dirigiéndose a Sara.
—Estoy en mi tiempo de reposo —respondió sumisa.
—No te pagaremos por el tiempo que no trabajes.
Bianca recordó a su tirano padre, no estaba dispuesta a permitir que alguien humillara así a otra persona en su presencia.
—Esta chica trabaja mucho y se merece un tiempo de reposo —dijo Bianca mirando con frialdad a los ojos de Dania.
—La necesito adentro —respondió Dania en el mismo tono.
Cuando Sara intentó decir algo, Bianca se adelantó.
—Hay cien sirvientes más a tu disposición.
—La quiero a ella —dijo casi gritando entre dientes, con desesperación y rabia.
—Tendrás que esperarla entonces.
Dania se acercó un paso hacia Bianca.
—Yo soy la reina aquí y tú solo una invitada más —dijo presumiendo mientras sonreía.
—Puedo cambiar eso con mucha facilidad —respondió con una sonrisa sarcástica mientras se acercaba hasta quedar frente a ella—, ¿quieres que te muestre?
Dania solo la miró con enojo para luego irse pasando por su lado.
—Tengo que volver al trabajo —dijo Sara muy preocupada.
—Mucha suerte.
Sara se retiró para volver a sus labores, mientras que Bianca se quedó en el jardín contemplando las diversas flores.
Anselmo también paseaba por el jardín con su discípulo Andony, explicándole y enseñándole todo acerca de la Alianza del Amanecer. Al ver a Bianca de espaldas, se acercó y la saludó con gentileza. Ella respondió el saludo con una mirada picara. Andony percibió de inmediato la química y decidió dejarlos solos.
Alejandro y Wender se encontraban en el monasterio reuniendo a los miembros de acero y bronce de la Alianza con la finalidad de buscar a Ruso. Por su parte, Elizabeth estaba con su hijo Dyrio y apenas podía controlarlo, pues, al ser niño prodigio de un dios, sus poderes eran demasiado fuertes. Parecía incluso más poderoso que Wender, pero no podían culparlo del daño que infringiera, ya que era un lactante sin conciencia moral.
De pronto, se escucharon unos gritos fuertes y desesperados que provenían de las afueras del castillo. Los soldados y guardias del reino salieron raudos a ver de qué se trataba. Anselmo envió a Andony a buscar refugio junto con Bianca para que la protegiera, olvidando por completo el poder que ella poseía. Bianca obedeció sin resistencia ni opinión, pues, a pesar de ser poderosa, aún podía sentir temor. Neorian envió a su hijo Velcory y a Derid en sus inmensas aves para ver qué sucedía. Wender y Alejandro ignoraban lo que sucedía, pues se encontraban en el monasterio de la Alianza, que estaba muy distanciado del castillo.
Veinte humanoides sin rostro y con cuerpo negro como el carbón atacaban la aldea. No traían vestimenta alguna y corrían a cuatro patas. Cuando se ponían de pie eran más altos que los dorbacnianos, y no tenían nariz, pero sí una boca tan grande que cabía la cabeza de una persona. Sus dientes eran puntiagudos y muy afilados, tenían ojos rojos, tan rojos como la sangre, y en lugar de dedos tenían garras que podían perforar todo lo que tocaban. Destruían y mataban todo a su paso. Los aldeanos huían y se refugiaban en sus casas, sin embargo, las criaturas las derribaban con facilidad y mucha gente moría destrozada con sus poderosas garras. Velcory vio que corrían en dirección al castillo y, junto con Derid, descendieron para atacarlas con sus lanzas. Las criaturas saltaron tan alto que alcanzaron las águilas de Dorbac con sus garras y mordieron sus cuellos con sus filosos dientes como si un lobo destrozara su presa; Velcory y Derid saltaron justo a tiempo para no morir. Anselmo desenvainó su espada junto con los guardias y soldados que temblaban de miedo. Haciendo un gran esfuerzo por vencer sus temores, corrieron a las puertas del castillo para impedir que ingresaran. El escenario fue una total masacre, los soldados se enfrentaban a las criaturas mientras Velcory y Derid corrían detrás de estas para ayudarlos. Los soldados eran despedazados vivos por la increíble fuerza de las bestias. Elizabeth se ocultaba en su habitación muy asustada cargando a su hijo que también lloraba. Dyrio, en su llanto, creaba un fuego que quemaba todo a su alrededor, y Elizabeth, asustada por lo que sucedía y por no poder calmar a su hijo, desprendía rayos a través de todo su cuerpo. Dania se ocultaba asustada junto con muchos sirvientes en unas de las torres del castillo. Neorian observaba a través del ventanal del gran salón, tenía una mirada triste y resignada, pues sabía qué clase de criaturas eran y que se enfrentaban a una extinción inminente. Más y más soldados salían en defensa del castillo, pero nadie tenía la suficiente fuerza. Velcory y Derid regresaron a la batalla, pero sin éxito; gracias a su habilidad y fuerza como dorbacnianos, podían resistir los fuertes golpes de las criaturas y escapar de sus garras y dientes, pero era lo único que podían hacer. Cuando las criaturas habían llegado hasta las puertas del castillo y los pocos soldados que resistían fueron derribados, un fuego apareció de la nada en el portón. La luz se dividió y cada llama salió disparada impactando contra las veinte criaturas; era Bianca, su miedo persistía, pero tenía mucha fe en el rubí. Detrás de ella venía Andony, convencido por ella para salir y pelear; aunque él era inexperto en combate, hizo lo que pudo por ayudar a los heridos mientras Bianca intentaba quemar a las criaturas y empujarlas con telequinesis. Sin embargo, el poder del rubí no infringía el daño que esperaba. Apenas podía empujar algunas para impedir su paso, pero no todas a la vez, mucho menos si estaban dispersas. Una de las bestias logró
