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El zorro Pindo es un solitario, pero se sabe los cotilleos de todos los animales y las personas. Y tiene un poder muy especial: puede hipnotizar a cualquiera con sus "ojos de linterna". Consiguió ese poder viendo cómo el sol, al atardecer, reflejaba sus últimos rayos al fundirse con el mar. Pero la maestra Rosa, harta de que Pindo le robe sus gallinas y se burle de su perro guardián, va a demostrar al zorro que ella también tiene una magia muy poderosa.
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Seitenzahl: 16
Veröffentlichungsjahr: 2014
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Manuel Rivas
El zorro y la maestra
Ilustraciones de Jacobo Fernández Serrano
El zorro y la maestra
Traducción de las canciones
Escribieron y dibujaron...
Créditos
El zorro Pindo dormía todo el día en un lecho de plumas.
Allí, en su cueva al lado del mar, soñaba que era un zorro volador.
Para viajar por el cielo, hacía girar su cola roja como una potente hélice, y se protegía la cabeza con un viejo casco de aviador que había encontrado en la playa.
En su sueño, perseguía a las bandadas de gansos salvajes y al cisne solitario.
Él también era un solitario. Los otros zorros lo consideraban un bicho raro. Murmuraban que era hijo de zorra y lobo. Del lobo Petiso y de la zorra Meiga. Quizás por eso sabía los idiomas de todos los animales y las personas.
Cuando otro zorro se cruzaba con él, Pindo le metía un susto. Saltaba desde lo oscuro y gritaba de repente imitando un tambor:
—¡Tantarantán! ¿Qué pasa contigo, viejo?
Cuando Pindo dormía del lado derecho, era verano y volaba hacia el norte hasta ver que lo aplaudían las primeras focas del Ártico.
Y cuando dormía del lado izquierdo, hacía frío de invierno y tomaba rumbo sur hasta oír emocionado el aplauso de los pingüinos de la Antártida.
Cuando estaba cansado, aterrizaba en el lomo jorobado de una ballena cantora. ¡Qué bien se estaba allí, escuchando aquel canto!
La de la ballena jorobada le parecía la más fascinante de las canciones de cuna. Era una voz melodiosa que atravesaba mares y océanos para arrullar al más revoltoso astro del universo, el planeta Tierra.
Incluso se acercaban a escuchar aquella sinfonía la pandilla de los Delfines Chiflados y el tipo más temible del mar, el tiburón Makarra. ¡Cada uno de sus dientes es un puñal! Pues allí estaba él, enamorado de la ballena jorobada.
