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En un rincón de la galaxia hay un planeta parecido a la Tierra, pero con una diferencia muy peculiar: todos sus habitantes son superhéroes. Bueno, no todos... Piedra Sencilla es el único que no tiene poderes especiales, por eso sus padres le llamaron así. Y, a pesar de ello, es el único capaz de enfrentarse al peligroso gigante que amenaza su planeta.
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Seitenzahl: 56
Veröffentlichungsjahr: 2017
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Querido Lector
1. ¿Quién ha visto llorar a un hombre invisible?
2. Rayita de luna
3. Olas que a la orilla llegan rotas
4. Ranas saltarinas
5. Veneno y bañador
6. Babilla verdosa de moco
7. Dos pequeños charcos en la arena
8. Jua jua jua
9. Las palabras viajeras de piedra sencilla
10. Escuela de superhéroes
Créditos
Si ahora te pregunto por el primer nombre de superhéroe que se te pase por la cabeza, seguramente dirás el de Superman, Batman, Spiderman, Hulk, Lobezno...
No hay duda de que todos ellos son dignos de admiración. Con sus espectaculares poderes y sus rimbombantes nombres se han enfrentado a enemigos sin escrúpulos y han salido airosos, cuando no por los aires, de las aventuras más peligrosas y arriesgadas. Con los coloridos trajes, las botas altas, los antifaces carantones y los sofisticados artilugios, sus historias nos han dejado a todos, en más de una ocasión, con la boca abierta y la imaginación por las nubes. Muchos de ellos, incluso, se han tenido que enfrentar a sus miedos y complejos para poder seguir con sus heroicas misiones. En definitiva, con mayor o menor dificultad, todos han usado sus superpoderes para el bien, conscientes de aquella máxima que dijo tío Ben a Peter Parker antes de convertirse definitivamente en el hombre araña:
«Todo poder conlleva una gran responsabilidad».
Pero, ¿qué ocurre cuando uno no tiene ningún poder especial?
Así es Piedra Sencilla. Un niño normal nacido en un lugar muy especial: un planeta de superhéroes. Con su normalidad a cuestas, Piedra Sencilla tendrá que descubrir por sí mismo que hay poderes menos espectaculares que el de ver a través de las paredes o el de volar a la velocidad de la luz. Sí, menos espectaculares, pero curiosamente mucho más difíciles de encontrar, tanto en este como en otros mundos. Porque, ¿quién duda de que romper los prejuicios es más difícil que romper la barrera del sonido?
Página a página, Piedra Sencilla entrará en una historia que cambiará su vida... y la de todo su mundo. Y espero que tú, página a página descubras a un superhéroe distinto a cuantos hayas conocido hasta el momento. Tan distinto que es muy parecido a ti.
También espero que disfrutes de la lectura y que, cuando alguien te pregunte por el primer nombre de superhéroe que te pase por la cabeza, digas Piedra Sencilla.
A mis padres, que me enseñaron cómo se comportan los superhéroes de verdad.
EN un rincón de la galaxia hay un planeta tan parecido a la Tierra que tiene mares, montañas, flores, animales… y, por supuesto, habitantes. Son tan parecidos a los humanos que tienen cabeza, ojos, cabellos, piernas, manos… pero, sin embargo, hay algo que les hace muy, pero que muy distintos: todos tienen algún poder fantástico y espectacular.
Sí, estoy hablando de superhéroes que pueden correr a la velocidad de la luz, volar por los territorios reservados a las nubes o leer los pensamientos como quien lee un periódico.
Desde el mismo momento del parto, el superhéroe-bebé tiene un poder especial que le identifica, lo que hace de las salas de parto un verdadero espectáculo: niños revoloteando como moscas, lanzando fuego como un dragón descontrolado o congelando cualquier cosa que se ponga a tiro, por poner algún ejemplo. Por suerte, los médicos están acostumbrados y saben hacer muy bien su trabajo.
Los padres, en cambio, nunca acaban por acostumbrarse; se ponen nerviosos, se muerden las uñas y se pasean en círculos como panteras. Sí, los padres están superimpacientes por averiguar el poder de su hijo. ¿Será un hombre araña, un saltimbanqui volador, una mujer avispa o una nena de fuego? No hay manera de saberlo. Poco importa que un niño tenga un padre atómico y una madre torbellino; puede salir un niño pez sin que en la familia exista ningún pariente del mar. No sé cuál es la razón, nadie lo sabe.
Sí se sabe, en cambio, que en una de esas salas de parto nació un niño que ni armó ningún escándalo, ni trepó por las paredes, ni escupió una baba magnética a la comadrona ni se convirtió en arenilla.
Ese niño, simplemente, salió, lloró y calló.
Sus padres, un hombre invisible y una mujer incógnita, se preocuparon, pero los médicos dijeron que en algunos casos era necesario esperar. Como no había más remedio, esperaron, y mientras el hombre invisible prefirió desaparecer para desesperarse tranquilamente, la mujer incógnita se hizo un montón de preguntas que nadie supo responder.
La inesperada espera duró hasta que un médico, después de realizar un montón de pruebas al bebé, anunció algo terrible:
—Este niño es sencillo como una piedra, pero no como una piedra preciosa y brillante, no. Este niño es sencillo como una piedra que no es ni preciosa ni brillante.
Cuando el médico acabó de decir estas palabras, la madre se puso a llorar desconsoladamente. Nadie vio llorar al padre, pero ¿quién ha visto llorar a un hombre invisible?
Los médicos intentaron buscar alguna explicación, dar alguna esperanza, pero estaban tan perdidos…
La noticia corrió por todo el planeta. La gente hablaba acerca de un niño extraño que había nacido sin poder y, al acto, alguien inventaba una teoría de cómo había podido suceder algo así. Pero la realidad fue que ni los superperiodistas con sus reportajes, ni los médicos con sus pruebas, ni los sabios con sus reflexiones, lograron descubrir nada de nada.
Al final, como todas las noticias, pasó de moda y la opinión pública se centró en otros temas. Nadie quería prestar atención a «una cosa» tan poco interesante como un niño sin poder.
El hombre invisible y la mujer incógnita se alegraron mucho cuando el mundo los dejó en paz. En esos momentos pudieron pensar tranquilamente y acostumbrarse a que su hijo sería igual de sencillo que una piedra. Tanto se acostumbraron que quisieron darle el nombre de Piedra. Para ellos, lejos de ser una broma de mal gusto, era un reconocimiento a las palabras del médico que tan bien les atendió en el hospital. Además, si el nombre de un superhéroe viene dado por su poder, en este caso vendría del no-poder. Una cosa es no tener poder, y otra es la crueldad de no tener ni nombre.
De todas formas, las crueldades existen, y ellos sufrieron una cuando fueron a inscribir a su pequeño en el Registro de Nombres Poderosos y el Comité de Aceptación dijo:
—Este niño no puede llamarse Piedra. No tiene nada que se parezca al poder de una piedra, ni al de una roca, ni a nada por el estilo.
Los padres discutieron con el Comité y explicaron el origen del nombre.
