¡Fuera, bichos! - Gracia Iglesias - E-Book

¡Fuera, bichos! E-Book

Gracia Iglesias

0,0

Beschreibung

La pasión por los ajos de Timoteo ha provocado una invasión de bichos en todo el pueblo que solo sus amigos, y un detective muy astuto y camaleónico, pueden resolver. ¡Una aventura disparatada y divertida que te hará reír a carcajadas! ¡Acompaña a Felipe y sys amigos en esta aventura llena de sabor, risas y un toque detectivesco, donde tendrán que colaborar para descubrir cómo solucionar este embrollo y, sobre todo, quién está en el ajo!

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 22

Veröffentlichungsjahr: 2025

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Índice

Título

1. Un apestoso manjar

2. La placa

3. ¡Ni por mil zanahorias!

4. Un millón porrocientosmil

5. Solución a la carta

Créditos

Escrito por

Gracia Iglesias

Ilustrado por

Sara Sánchez

Dedicado a la memoria de todos los bichos que durante siglos han sido aplastados, fumigados y comidos, puaj, puaj, descansen en paz.

Sara Sánchez

A mi amiga Cris G., intrépida compañera de aventuras.

Gracia Iglesias

Título

—¡Deliciozoz! —gritó Timoteo con la boca llena.

Se acercaba a la tienda de Viriato a grandes zan-cadas. Iba dando mordiscos a algo que llevaba en la mano, y sus resoplidos de cansancio por el esfuerzo de andar y comer al mismo tiempo se mezclaban con suspiros de gozo por el manjar que estaba saboreando.

—¡Ezquizitoz!¡Lo mejod de lo mejod! —excla-mó, lanzando perdigonazos de comida y saliva con cada palabra.

1. Un apestoso manjar

—Esto —dijo—. Está riquísimo.

¡Era un ajo!

Llevaba varios en los bolsillos y se los iba zampando a bocados, ¡con cascarilla y todo!

—Son del huerto de Viriato —explicó—, los compro a menudo pero esta vez… ¡ummm!, le han salido más sabrosos, no sé… como más carnosos, ¡oinc oinc!

Se metió en la boca otro ajo entero y lo mas-ticó con fruición.

—Ñam grumf, ñam grumf, ñam, ñam, ñam, grumf grumf.

Acababa de llegar al puesto de verduras del conejo, donde Basilia, Celestino y Marcelina ha-cían cola detrás de Dalilo para ser atendidos.

Como de costumbre, un tufilloespecial acompañaba a Timoteo, aunque en esta ocasión traía, además, una peste nueva que salía de su hocico cada vez que lo abría para decir algo.

Todos se taparon la nariz y Basilia sacó un pe-queño paraguas para cubrirse de los salivazos. Pero Timoteo no se dio ni cuenta, o no le impor-tó, parecía muy contento.

—¿Qué estás comiendo? —le preguntó Marcelina.

Sin cambiar su expresión de alegría, él le en-seño lo que llevaba en la mano:

Viriato puso cara de espanto. Lo úni-co que diferenciaba esos ajos de los que solía tener en su puesto de verduraera… ¡que esta-ban pochos!

Hacía semanas que Timoteo ha-bía acabado con todos los ajos del huerto. Cuando volvió a por más, Viriato le dijo que no le quedaban. Pero el jabalí vio unos sacos lle-nos de bulbos estropeados que