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Felipe y Filomena están buscando la pelota en el cobertizo, cuando, después de varios estornudos y tras tirar todas las canicas al suelo...¡descubren un ojo de cristal! ¿De quién será? Tras una larga investigación, terminarán en un viaje en busca del dueño. Gracia Iglesias y Sara Sánchez reaparecen para que nuestros lectores, que van creciendo, crezcan acompañados de esta pandilla tan divertida.
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Seitenzahl: 20
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Título
Escrito por
Gracia Iglesias
Ilustrado por
Sara Sánchez
Índice
Título
Inicio
Capítulo 1: Cascada de Canicas
Capítulo 2: ¿De Quién Será?
Capítulo 3: El Loro Cacatúa
Capítulo 4: Un Crucero Accidentado
Capítulo 5: Sorpresas en Cayo Coco
Créditos
Inicio
Capítulo 1: Cascada de Canicas
—¡AAAAAAAAATCHÚS!
Los árboles se agitaron asustados por el tremendo estornudo.
—¡Felipe! ¿Ya te has vuelto a constipar?
—gritó la abuela Josefina desde la ventana.
Meciéndose en el columpio del jardín, el elefantito respondió:
—¡Que noooo, abuela! ¡Que no he sido yo!
—Entonces, ¿quién ha sido?
—¡AAAAATCHÚS!—volvió a escucharse.
Esta vez, Felipe vio temblar las paredes del cobertizo de las herramientas. El cristal de la ventanAestaba roto.
Parecía que alguien había pillado un buen resfriadoy quizá se escondía para no tomarse el jarabe que le habían recetado.
Felipe sabía mucho de eso.
Saltó del columpioy fue hacia la caseta de madera, dispuesto a descubrir quién estaba armando tanto jaleo.
Le diría que se tomara la medicina.No sabía tan mal y era mejor que otros remedios.
Al entrar, lo recibieron una nube de polvo y un chaparrón de estornudos.
—¿Holaaaaa?
—¡Hola, Felipe! ¡AAAAATCHÚS!
Por debajo de una mesa llena de trastos asomó la cara de Filomena, toda manchada. Tenía la nariz muy roja.
—¿Qué te pasa, Filo? ¿Tienes gripe?
—No tengo gripe —rio ella—. Busco mi pelota.
—¿Tu pelota? ¿Aquí?
—Sí, estaba jugando en el jardín y se me escapó.
Rompió la ventana y se coló aquí. Fue sin querer. He entrado a por ella, pero entre tantas cosas no la encuentro, y el polvo me hace estornudar.
La verdad es que el cobertizo era un desastre.
—Buscaré la pelota contigo —dijo Felipe, y le tendió la mano para ayudarla a ponerse de pie.
Filomena se sacudió el polvo de la ropa, que fue a parar a la trompa de su amigo.
una pata y que, ¡PATAPLÁM!, se desplomó sobre una balda. El bote de cristal que había en ella resbaló, golpeó contra otro estante y se rompió.
Estaba repleto
