¿Hay Extraterrestres? - Juan Moisés   De La Serna - E-Book

¿Hay Extraterrestres? E-Book

Juan Moisés de la Serna

0,0
3,99 €

-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

Aun el sol no había salido, pero ya empezaba a clarear, pronto amanecería, había sido una noche estrellada, de esas en las que desde hacía mucho tiempo me dedicaba a contemplar el firmamento, estuve mirando esos puntitos luminosos en el cielo, la idea de que tanto como hay por allí, no puede estar vacío, me viene rondando desde hace muchísimo tiempo, ¡Eso seguro que no es posible!, pero ¿Cómo se podría llegar a saber, si es así, o no?
Aun el sol no había salido, pero ya empezaba a clarear, pronto amanecería, había sido una noche estrellada, de esas en las que desde hacía mucho tiempo me dedicaba a contemplar el firmamento, estuve mirando esos puntitos luminosos en el cielo, la idea de que tanto como hay por allí, no puede estar vacío, me viene rondando desde hace muchísimo tiempo, ¡Eso seguro que no es posible!, pero ¿Cómo se podría llegar a saber, si es así, o no?
Me fui a acostar, tenía que dormir, aunque solamente fuera un poco, para no estar cansino después toda la jornada. Cuando estaba cerrando el balcón, eché mi última mirada a ese cielo maravilloso, y pensé, “¡Seguro que sí!, que hay muchos habitantes en otros lugares, aunque quizás no sean como nosotros”
Me desperté sobresaltado, de un salto me bajé de la cama inmediatamente, y poniendo los pies en el suelo, al contacto con el frío de las baldosas, me espabilé, ¿Qué había pasado?

PUBLISHER: TEKTIME

Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:

EPUB

Seitenzahl: 348

Veröffentlichungsjahr: 2018

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



¿Hay

Extraterrestres?

Juan Moisés de la Serna

Editorial Tektime

2018

“¿Hay Extraterrestres?”

Escrito por Juan Moisés de la Serna

1ª edición: diciembre 2018

© Juan Moisés de la Serna, 2018

© Ediciones Tektime, 2018

Todos los derechos reservados

Distribuido por TekTime

https://www.traduzionelibri.it

ISBN: 8893981262, 9788893981262

No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea éste electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros medios, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).

Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Puede contactar con CEDRO a través de la web www.conlicencia.com o por el teléfono en el 91 702 19 70 / 93 272 04 47.

Prólogo

Aun el sol no había salido, pero ya empezaba a clarear, pronto amanecería, había sido una noche estrellada, de esas en las que desde hacía mucho tiempo me dedicaba a contemplar el firmamento, estuve mirando esos puntitos luminosos en el cielo, la idea de que tanto como hay por allí, no puede estar vacío, me viene rondando desde hace muchísimo tiempo, ¡eso seguro que no es posible!, pero ¿cómo se podría llegar a saber, si es así, o no?

Me fui a acostar, tenía que dormir, aunque solamente fuera un poco, para no estar cansino después toda la jornada. Cuando estaba cerrando el balcón, eché mi última mirada a ese cielo maravilloso, y pensé, “¡Seguro que sí!, que hay muchos habitantes en otros lugares, aunque quizás no sean como nosotros”

Me desperté sobresaltado, de un salto me bajé de la cama inmediatamente, y poniendo los pies en el suelo, al contacto con el frío de las baldosas, me espabilé, ¿qué había pasado?

Dedicado a mis padres

Es un proyecto distinto

el que acabo de abordar

pero siguiendo mi instinto

lo trataré de aclarar.

La vida que aquí tenemos

única no puede ser

vecinos no conocemos

pero los tiene que haber.

¡Quizás estén escondidos!

lejos en cualquier rincón

y que siempre hayan vivido

en el espacio exterior.

No debemos de suponer

que todo conocemos

y solo a nuestra luna

cuando miramos la vemos.

¿Por qué el hombre supone

que todo ya es conocido?

acaso, sin ir más lejos

sólo a la Luna ha ido.

En ella, ¿qué ha encontrado?

¡Aun no lo ha compartido!

los demás desconocemos

los motivos a qué ha ido.

¿Es que hay extraterrestres?

muchos se han preguntado

pero aun la respuesta

creo que no se ha encontrado.

Estas líneas van de eso

que trataré de aclarar

de ideas que yo tengo

y se las voy a contar.

Eres un desconocido

que un día leerás

lo que aquí hay escrito

y quizás te gustará.

Pensando en ti lo escribo

pon un poco de atención

un día estará en tus manos

piensa con el corazón.

¿Por qué no han de existir?

¿Por qué no los conocemos?

quizás sean diferentes

a todo lo que creemos.

Si al firmamento miramos

esa grandeza que vemos

que no exista más vida

muchos así lo dudamos.

Un día como los otros

una idea me rondó

poner esto por escrito

y aquí te lo expongo yo.

AMOR

CAPÍTULO I

Aun el sol no había salido, pero ya empezaba a clarear, pronto amanecería, había sido una noche estrellada, de esas en las que desde hacía mucho tiempo me dedicaba a contemplar el firmamento, estuve mirando esos puntitos luminosos en el cielo, la idea de que tanto como hay por allí, no puede estar vacío, me viene rondando desde hace muchísimo tiempo, ¡eso seguro que no es posible!, pero ¿cómo se podría llegar a saber, si es así, o no?

Me fui a acostar, tenía que dormir, aunque solamente fuera un poco, para no estar cansino después toda la jornada. Cuando estaba cerrando el balcón, eché mi última mirada a ese cielo maravilloso, y pensé, “¡Seguro que sí!, que hay muchos habitantes en otros lugares, aunque quizás no sean como nosotros”

Me desperté sobresaltado, de un salto me bajé de la cama inmediatamente, y poniendo los pies en el suelo, al contacto con el frío de las baldosas, me espabilé, ¿qué había pasado?, no lo sabría decir a ciencia cierta, ¡quizás un sueño, un extraño y raro sueño!, pero fue tan real, que en estos momentos me parecía que todo había sido una vivencia, asombrosa sí, ¡desde luego! Un tropel de imágenes, acudían a la mente, ese viaje tan insólito, ¿cómo habría sido?

Miré a mi alrededor, noté que algo me estaba pasando, me fijé bien y me di cuenta de que lo que estaba viendo, era como poco a poco las casas de la ciudad se alejaban. No sabía que era yo el que me estaba marchando, la sensación que tenía era de que flotaba, pero ¡eso no podía ser!

De pronto en un momento, al volver a mirar, vi el mar, la inmensidad del agua me hizo darme cuenta de que algo raro sucedía, cada vez todo lo veía más lejos, era como si la visión que iba teniendo se fuera difuminando, ya no podía apreciar bien nada, solo una enorme bola que supuse que sería la Tierra, ¿cómo era posible que yo la estuviera viendo desde aquí?, ¡eso me parecía imposible!, era igualita que esas imágenes que nos mandan los astronautas de La Nasa, captadas desde una de las ventanas de la Estación Espacial. Allí a lo lejos La Tierra, ¡nuestra querida Tierra!, tan azul, tan sola en la inmensidad del espacio.

Pero yo, ¿qué hacía aquí?, ¿dónde me encontraba?, ¿cómo podía estar contemplando esa visión?, sin embargo, antes de obtener ninguna respuesta, comprobé que seguía alejándome, ahora esa Tierra, que hace solo un instante veía con gran nitidez, se había convertido en un puntito lejano, casi, casi inapreciable, ¿qué me estaba pasando?, ¿a dónde iba?

Seguí mirando asombrado a mi alrededor, mi viaje hacia donde fuera, continuaba. En un momento, pude comprobar cómo a mi lado pasaban lo que me parecieron grandes pedruscos, enormes rocas ¿serían esos los asteroides, de los que tanto se hablaba últimamente?, ¡eran muchísimos!, ¿de dónde habrían salido?, los había por todas partes, temí por unos instantes, que alguno me diera un golpe, desde luego, si lo hacía, no habría forma de librarme, eran tantos los que había por allí flotando, de todos los tamaños, algunos eran como grandes montañas solitarias a la deriva, ¿qué sería este lugar?, si solo hacía unos instantes, todo estaba desierto, por más que mirara, hacia un lado o hacia el otro, no se veía nada, solo vacío, un inmenso vacío y ahora por todos los sitios veía esos extraños cuerpos flotando, ¿cómo habrían llegado?, ¿a dónde irían?, no sé, me surgieron preguntas y más preguntas, esto no me podía estar sucediendo, debía de ser una pesadilla, pero parecía tan real.

Pero ¿qué había pasado?, no sé si había cerrado los ojos, lo que sí que sé, es que al instante siguiente ya no estaban, era como si al ir en direcciones distintas me hubieran pasado y ellos siguieron su camino, y yo el mío, ¡menos mal, me había salvado por los pelos!, desde luego en esos momentos recordé, el miedo que tienen algunos científicos en que una de esas rocas impacte en la Tierra, ¡lo entiendo!, con la velocidad que van y lo grandes que son, el impacto, cuanto menos sería terrible, pero ahora yo me había salvado y eso era lo que importaba.

Continuaba avanzando, no sé por dónde estaba, todo permanecía oscuro, en absoluto silencio, de vez en cuando pasaba algo cerca, o mejor sería supongo yo, que era yo el que pasaba cerca de algún cuerpo, quizás serian planetas, ¡no lo sabría decir!, las cosas por aquí no son fáciles de describir, lo que sí que me he dado cuenta, es que hay algunos de los que he pasado redondos, ¿cómo se puede un cuerpo en el espacio poner redondo?, las piedras de antes, cada una era diferente, aunque bien pudieran ser trozos de algo, un planeta, un cometa, ¡yo que sé!, pero sí, trozos con distintas formas, pero esos enormes cuerpos redondos que he podido observar, ¡no sé, todo era tan raro!, creo que cerré los ojos, como queriendo pensar que todo era un sueño, que nada de eso era real, que estaba tumbado en mi cama y cuando los abriera, lo único que vería sería el techo de mi habitación.

¡Pero no!, al abrirlos de nuevo, me volví a ver en el mismo sitio. Bueno, ¡no es cierto del todo!, comprobé que seguía mi raro viaje, ¿dónde estaba?, ¡no lo sé!, ¿a dónde iba?, ¡ni idea!, ¿cómo había llegado hasta aquí?, ¡eso tampoco lo sé!

Nada de esto tiene una explicación, pero aquí estaba yo, ¡de eso sí que estaba seguro!, y no parecía que fuera un sueño, o si lo era, desde luego era un raro sueño.

Expectante seguía comprobando como mi ascenso seguía y seguía, parece ser que no había fin, que estaba en un espacio infinito y que por mucho que volara, sí eso era lo que estaba haciendo, por mucho que ascendiera, siempre había más y más, ¡esto no se acababa!

De pronto, la verdad es que no sé cómo pasó, me vi parando y poniendo mis pies en el suelo, en un lugar completamente inesperado, era como si estuviera encima de una nube, pero abrí más los ojos, para quizás comprobar el lugar donde me encontraba, y vi que el suelo que pisaba era acuoso, de un color grisáceo, de una textura blanda. Intenté dar un paso, para comprobar si podía andar y vi que era imposible. Mi pie parecía que se había pegado al suelo, era como si fuera muy pesado, y mis movimientos no respondían a lo que mi cabeza le pedía, lo volví a intentar, y nada, seguía allí como clavado a aquel extraño sitio.

Estaba allí parado, sin saber qué hacer, cuando algo me sorprendió aún más, por un momento creí haber escuchado algo dentro de mi cabeza, puse atención y el instante siguiente de nuevo lo volví a escuchar:

―¡Piensa, solo piensa!

―¡Pensar!, ¿en qué? ―pregunté inmediatamente, pues sí, estaba seguro de que lo había oído, aunque de nuevo me había parecido que había sido dentro de mi cabeza.

―¡Piensa! ―volví a escuchar.

―¿Quién está ahí? ―pregunté asustado.

Hasta ahora todo había sido muy… ¿cómo diría?, ¡alucinante!, pero al fin y al cabo era yo solo el que experimentaba el viaje, y como en el fondo podía ser un sueño, no me preocupé demasiado, pero esto de ahora era mucho más raro, ¿cómo iba a escuchar algo?, seguro que era mi imaginación, pues además en todo ese largo recorrido que había hecho, una cosa que me había llamado la atención, había sido el gran silencio, sí, nada se escuchaba, ni cuando pasaron aquellas piedras o asteroides, ¡como quiera que se llamen!, noté el menor ruido, y ahora así, sin más, esto.

Miré asustado a mi alrededor, ¡no era posible que hubiera alguien!, y claro, no vi nada, estaba yo solo, por lo que descarté inmediatamente lo que había escuchado, intenté probar de nuevo a dar un paso, a soltarme de lo que fuera aquello, ¡imposible, no lo conseguí!, a pesar de haber hecho un verdadero esfuerzo para ello, seguía allí pegado al suelo, en el mismo sitio sin haber avanzado ni siquiera un solo centímetro.

Me miraba una y otra vez los pies, para poder comprobar qué era lo que sucedía, qué me aprisionaba de esa manera, si es que había algo que hiciera que no me pudiera mover, pero solo veía ese suelo acuoso, aunque era un agua algo rara, ¿cómo diría yo? algo así como si estuviera metido en mercurio, ¡sí, ese parecido tenía!, una pasta grisácea, suavecita pero un poco más trasparente, porque a través de ella podía ver bien mis pies, aunque aquello me llegaba un poco más arriba de los tobillos. Al volver a intentar moverme de allí, volví a escuchar:

―¡Piensa, solo piensa!

De nuevo esa especie de voz, que me resonaba dentro de la cabeza la volví a oír, “¿Por qué no?”, esta vez me dije, y pensé “¡Quiero moverme”!

No había terminado de hacerlo, cuando noté cómo mi cuerpo se liberaba de aquel sitio donde había estado sujeto y cómo se elevaba lentamente, hasta una altura aproximadamente de un metro, ¡aunque no lo podría asegurar!, ¡todo era tan inesperado, tan raro!, pero sí, me había elevado de aquella sustancia de la superficie, y como en esos momentos temí caerme, y quedar atrapado por aquella masa, pensé, “¡Quiero trasladarme!”, y noté cómo poco a poco, a esa misma altura, inicié un movimiento. Me asusté, pero seguí, ¡no sabía que pasaba, ni lo que aquello era!, pero vi que por lo menos no estaba prisionero de aquella masa o lo que fuera, de lo que estaba formado aquel suelo, seguí con aquel traslado un poco más, y de nuevo pensé “¡Quieto!”, y al instante me paré, ¿qué era aquello?, ¿qué me estaba pasando?, noté como me iba poniendo cada vez más nervioso, tenía que tranquilizarme, lo que me sucedía no tenía ninguna explicación lógica, seguro que era producto de un mal sueño, pero en ese mismo instante volví a escuchar:

―Sigue pensando.

―Pensando, ¿en qué? ―pregunté enseguida con una confusión que me recorría todo el cuerpo, ¿cómo iba a seguir con una cosa que no sabía lo que era, ni a donde me llevaría?, pero de nuevo sorprendido volví a sentir esa, diría que voz interior, que me susurraba:

―¡Piensa, no tengas miedo!

Pero ¿quién sería el que me decía eso?, miraba por todos lados, pero nada había, vacío, un vacío interminable, y ni rastro de nadie más, además ¿y qué pretendía que pensara?, pensar ¿en qué?, ¿cómo?

―¡Solo piensa!

Volví a escuchar, y me pareció que cada vez que lo oía, era como si lo hiciera mejor, como si quien me estuviera hablando, se encontrara más cerca, explicar lo que sentía, me es muy difícil, pero estar experimentándolo, era como poco, alucinante. En esos momentos me dije, “si lo único que me piden, es que piense, pues voy a hacerlo a ver qué sucede”

“¡Me daría una vuelta!”, pensé y al instante siguiente me encontré dando una vuelta a todo mi cuerpo, ¡la verdad es que me sorprendió mucho!, pero como había sido yo el que lo había de alguna forma pedido, pues la sorpresa fue agradable, si se puede decir de esa forma, pues yo no había hecho nada para conseguirlo, y a pesar de ello había dado una vuelta entera a mi cuerpo, sin esforzarme nada.

“¡Quiero subir más alto!”, fue lo siguiente que pensé, enseguida vi, cómo, aquel podríamos llamarle “suelo”, se quedaba más distante, yo había ascendido como unos diez metros, desde allí miré a mi alrededor, trataba de encontrar, no sé, a alguien que fuera el que me estuviera hablando y por eso le escuchaba, aunque estoy bien seguro de que no era por las orejas, la sensación era que lo oía por dentro de la frente, ¡raro, sí!, pero eso era lo que en aquellos momentos sentía.

Allí arriba, sintiéndome más seguro, que cerca de esa masa húmeda del suelo, estuve un rato, tenía que aclarar, si es que podía, todo eso que me estaba sucediendo, pero poco me duró la tranquilidad, pues enseguida volví a oír:

―¡Piensa!

―¿Pensar?, pero ¿qué quieres que piense? ―pregunté enfadado, al volver a escuchar aquello de nuevo, reconozco que con un tono de voz un tanto alto, producido seguramente por los nervios que en esos momentos tenía, esperaba que aquel que me estuviera hablando, me aclarara algo, y así poder saber de quién o qué se trataba.

El silencio que siguió, me dejó un poco confuso, cuando no le he hablado, le escuchaba, y cuando yo le he preguntado, se ha quedado callado, ¿qué es todo esto?, ¿quizás un juego?, cada vez mi impaciencia iba aumentando.

―¿Puedo ir dónde estás? ―No sé por qué formulé esa pregunta, pero noté con extrañeza, que al momento me puse en movimiento, lentamente primero, bajé hasta dar casi con mis pies en aquel, podríamos llamarle “suelo”, pero no lo llegué ni a rozar, por encima de él, me empecé a desplazar de forma horizontal, ya más deprisa hasta que llegué, no sé, pero estaba al lado de una enorme montaña.

¿Cómo había llegado hasta allí?, si cuando miré desde arriba, lo que había visto era una gran llanura, amplísima, parecía que no tener final, ¡creo que voy a dejar de hacerme preguntas, ya que ninguna tiene respuesta!

Era una montaña que parecía de la misma naturaleza que aquel suelo, una masa viscosa como plateada, ¡no sé cómo explicarlo, y menos cómo había llegado¡, pero allí estaba parado frente a eso, ¿y ahora qué?, ¡tengo que tener cuidado con lo que pienso!, porque no estoy seguro de lo que me está sucediendo, ¿cómo solamente con pensar en moverme lo voy a conseguir?, ¡esto es muy raro!

Cuando estaba cavilando todo eso, sentí ese otro, ¡cómo diría!, pensamiento, dentro de mi frente, ¡no, estaba casi seguro que no era yo, porque era como si alguien me hablara, pero sin palabras!

¡Qué lio!, si por aquí no se ve a nadie ¿cómo me van a hablar?, ¡qué sueño tan raro!, ¿qué habré cenado?, porque esto me está empezando a parecer que es el producto de una mala digestión.

―¡Piensa! ―Volví a sentir y esta vez, sí que fue clarito y alto.

No había duda, no era mío, alguien me lo estaba diciendo, no sabía ni de quien se trataba, ni dónde se podía encontrar, pero ya no dudaba de que no era mi imaginación.

―Quien quiera que seas, dime de una vez, ¿en qué quieres que piense? ―dije sin pronunciar palabras, aunque me encontraba un poco enfadado, traté de pensar, no sabía si lo lograría, pero por probar no podía perder nada.

―¡Eso está mejor! ―escuché esta vez que me decían, sí, quien fuera el que se estaba comunicando conmigo, me había contestado.

―¿Mejor el qué?, pero ¿quieres aclararme qué me está pasando? ―volví a pensar sin hablar, aunque no me resultaba nada fácil, pues tenía unas enormes ganas de chillar.

―¡Ves, así sí nos podemos entender! ―fue la respuesta que sentí en ese momento, allí en mi frente, como si el que me la estuviera haciendo se encontrara dentro de mi cabeza.

―¡Entender!, ¿cómo? ―pregunté al instante, pero como estaba nervioso, esta vez usé palabras para decirlo.

Me quedé callado, pero nada escuchaba, entonces me di cuenta que antes había hecho eso, mis preguntas habían sido solo emisiones con el pensamiento, pero que no había usado la palabra, quizás era eso lo que me trataban de decir, que no hablara, que solo lo pensara y que así nos podríamos comunicar, entonces conscientemente por primera vez pregunté con un pensamiento.

―¿Quién eres?, ¿dónde estoy?

―Ves, ¡cómo no es tan difícil!, soy alguien que te quiere enseñar ―sentí la respuesta dentro de mi cabeza de nuevo, creo que en la parte de la frente más bien.

―¿Enseñarme qué? ―le interrumpí―. Pero ¿dónde estás? ―volví a preguntar pensando.

―¡Todo a su tiempo!, tienes que asimilar tanto ―estaba escuchando, y aunque mis nervios no me dejaban, supuse que lo que debía hacer era tranquilizarme si quería entender algo, y volví a preguntar, pues estaba tan confundido y ansioso, por saber a qué se debía todo esto que me estaba pasando

―¿Qué dices?, ¿de qué me estás hablando?

―¿Acaso no querías saber, si hay vida en otros lugares diferentes, del que tu procedes?

Mi asombro fue enorme, ¿cómo alguien…?, bueno, lo que quiere que fuera, el que me estaba diciendo eso, ¿cómo sabría él, el interés que yo tenía por ese tema?, y de ser así, ¿cómo me lo iba él a aclarar?

Todo estaba tan confuso, que no sabía qué hacer, miré a mi alrededor y comprobé que se había oscurecido, ni cuenta me había dado de ello, pero sí recordaba, que hace unos instantes, cuando había llegado a este lugar, estaba como iluminado, se podía ver a lo lejos el entorno, esa montaña o como se pudiera llamar, pero ahora todo estaba oscuro, ¡no veía nada!, de pronto acordándome del consejo, o lo que fuera que hubiera sentido, pensé,

―¡Quisiera que hubiera más luz!

De pronto, posiblemente como contestación a mi petición, comprobé cómo había claridad, como todo en mi entorno podía verse, pero ¿qué pasaba?, este paisaje no era el que hacía unos momentos había visto, ¡esto era diferente!

Me fijé, vi lo que podrían ser árboles, muchos, unos grandes otros más pequeños, unos parecía que tenían hasta fruta, pero todo era de un color como grisáceo, ¡esto no podía estar bien!, quizás mis ojos por alguna razón habían dejado de distinguir los colores.

Me los froté, pero cuando volví a abrirlos de nuevo, estaba contemplando lo mismo, unos campos inmensos, pero yo diría que no era tierra, no, esto era como lo que antes había observado, cuando lo pisé y me quedé pegado en ello, el suelo era esa mezcla pegajosa o al menos me lo parecía, ¡desde luego no iba a comprobarlo!, ya recordaba cómo me había sentido, cuando estuve atrapado antes, y la angustia que sentí de no poder despegarme, pero de ese tipo de suelo salían esos, no sé, yo diría que hermosos árboles, todos cargados de frutas, que, a pesar de ser todo el conjunto del mismo color, grisáceo, sí se podía ver la diferencia, entre lo que podrían ser, el tronco, las hojas y los frutos, es como si a un dibujante le hubieran dado solo una lámina en blanco y un lapicero y él hubiera pintado un paisaje, y apretando más o menos ese lapicero, hubiera conseguido diferentes tonalidades del gris de la mina del lapicero.

El dibujo en conjunto se queda hermoso, porque él es un artista, y el que lo está observando, no tiene duda, de que es una manzana en la rama de un árbol, o la sombra que proyecta ese árbol en el suelo, así de esa forma se podría explicar cómo veía yo todo lo que tenía en mi entorno, pero ¿dónde estaría el que me hablaba?, ¿que sería?, ¿cómo podría distinguirle?, y de pronto pensé:

―¿Dónde estás?

―¡Aquí!

Lo escuché tan cerca, que me hizo mirar a mi lado y del movimiento brusco que hice, me fui para atrás, lo que acababa de ver era algo inesperado, era como una especie de gran gusano, allí justo casi, casi rozándome, con unos grandes ojos grises que me miraban.

―¿Eres tú? ―pensé cuando me repuse un poco, aun asustado por aquella inesperada visión.

―Sí, soy el que te he traído a ver mi mundo, ¡quería que nos conocieras!

―¿Hay más? ―volví a preguntarle, aun sin poder dejar de mirarle.

―¡Somos millones!, bueno, en términos que puedas entender.

―¿Y dónde están?, ¡no veo a nadie!

―Aun no estás preparado, ¡ten paciencia!, poco a poco iras descubriendo todo.

¿Descubrir qué? ―le pregunté.

Bueno, claro pensándolo, cada vez notaba que me era más fácil, comunicarme con aquel ser, pensando lo que quería saber. Sí, ese debía de ser el camino, y también notaba, cómo cada vez sus respuestas las escuchaba más nítidas, como si el impedimento que hubiera tenido antes, se fuera quitando, ya no me extrañaba tanto, el que ese, no sé cómo decirlo, gusano, me estuviera hablando.

―¡Pues a nosotros, nuestra forma de vida!

―¡Pero ¿no sois personas? ―le dije no sé por qué.

Él me miró y en esa mirada noté algo distinto y después le escuché preguntarme.

―¿Qué es ser persona?

―¡Yo, yo soy una persona! ―le contesté muy convencido, en ese momento me consideraba superior.

―¿Y qué te diferencia a ti de mí? ―escuché que me volvía a preguntar.

Me quedé mirándole un momento, ¿cómo podía ser que no lo notara?, ¡si era evidente!

―¿Cómo que qué me diferencia?, ¡tú eres un animal y yo una persona! ―le dije con esa seguridad que da el querer ser convincente.

―¿Animal?, ¿persona?, ¿qué es todo eso?

Me quedé un poco pensativo, ¿cómo le podía yo explicar a este bicho, que de ser iguales nada de nada?, pero me dije, “mejor que él me de las explicaciones de las cosas, que complicarme yo la vida con contarle nada, ¡seguro que no lo entendería!”, como ya llevaba un poco, no sé si allí el tiempo se mide lo mismo, pero me debió de ver muy callado y me preguntó:

―¿Acaso no ves nuestra similitud?

―¿Qué?, pero ¿de qué me estás hablando? ―Esta vez sin darme cuenta, se lo había dicho con palabras.

―¡Piensa!

―¿Cómo vamos a ser iguales? ―le pregunté con un pensamiento que me costó emitir y no volver a decírselo con la boca.

―¡Iguales, no idénticos! ―fue la sorprendente respuesta, que escuché en esos momentos.

Pero ¿qué decía este bicho?, ¡no me lo podía creer!, ¿estaba escuchando bien, o lo habría interpretado mal?, traté de tranquilizarme, porque noté que me había alterado un poco esa afirmación que acababa de oír. Le miré, él sin inmutarse me devolvió la mirada entonces pensé, ya más calmado.

―¿Has dicho que somos idénticos?, ¿cómo va a ser así?, ¿me lo puedes explicar?, porque no he acabado de comprenderlo.

―Mira, todos estamos formados de energía, y la energía es la misma para unos que para otros, lo que sucede es que luego, según vivamos en un medio o en otro, nos tenemos que proteger, y en esa protección es donde reside nuestra diferencia.

Todo lo estaba escuchando en la frente, como si alguien estuviera hablando dentro de mi cabeza, y sí que lo oía muy bien, pero necesitaba pedirle que se callara, que me dejara asimilar todo lo que hasta ese momento me había dicho. Claro, como eso lo pensé, enseguida escuché su respuesta.

―¡Está bien!, ¡tómate tú tiempo, es natural!, y si tienes alguna duda no te la quedes, pregúntamela, ¡es mejor que todo te quede bien clarito!

Yo no salía de mi asombro, ¿cómo podía enterarse de mis pensamientos?, ¡esto era demasiado!, me moví como queriendo despertar de ese sueño, pero de nuevo él lo sintió.

―No es un sueño que estas teniendo, date tiempo para asimilarlo, y lo verás con claridad, comprenderás que todo es una realidad vivida, no una ficción.

―¿Qué me estaba pasando?, ¡no quería seguir allí!, ¡me sentía mal!, ¿cómo un gusano me iba a decir lo que tenía o no tenía que hacer?, además si era mi sueño, ¿quién le mandaba a él impedirme cortarlo?

¡Esto se me estaba escapando de las manos!, y de pronto recordé la de veces que había escuchado a esas personas, que me habían contado que habían sido abducidas, cómo les estudiaban, les manipulaban, les hacían operaciones y ellos no podían hacer nada para evitarlo, eran como espectadores de unos hechos que sucedían a su alrededor, pero que no podían evitar, aunque se lo propusieran.

¿Acaso yo había sido abducido y no me había enterado?, ¿acaso este animal tenía razón y no era un sueño que estaba teniendo producto de una mala digestión?, todo en estos momentos me era muy confuso, necesitaba poder despertarme, dar un paseo por la habitación para despejarme y ver que todo a mi alrededor estaba bien.

Debía de haber cerrado los ojos, para pensar todo eso, porque cuando los abrí me encontré rodeado de aquellos bichos, gusanos de ojos grandes, había yo que sé, muchos, ¡no sabría decir cuántos!, los había por todas partes, estaba como en una gran cueva, no se veía paisaje, ni árboles, pero todo seguía siendo gris, era como si el techo fuera medio trasparente, y por él entrara la luz.

―¿Qué pasa?, ¿dónde estoy? ―dije sorprendido al ver todo aquello, pero debía de haberlo dicho hablando, porque enseguida escuché dentro de mí.

―¡No, solo piensa!

Volví a hacer la misma pregunta, pero esta vez pensando solamente, como se me había pedido y escuché algo, pero me di cuenta, que parecía otro tono de voz, ¡si se pudiera decir así!

―¡Queríamos que nos conocieras!

Esta vez la voz era de alguien más joven, ¡no sé cómo lo podría explicar!, era como si la que había escuchado hasta ahora, fuera la voz de un anciano, y ahora escuchara la de un joven. Miré a mí alrededor y de pronto vi como uno de aquellos bichos, gusanos, no sé, seres, se movía a mi lado y pensé,

―¿Has sido tú? ―había hecho la pregunta instintivamente, creí que ese movimiento podía ser que así quería que yo le identificara, como el que me había hablado.

―¡Si! ―fue su respuesta inmediata, la que escuché allí dentro de mi cabeza, mientras yo le miraba como seguía moviéndose.

―¿Qué queréis de mí? ―le pregunté, me estaba entrando miedo y se me debió de notar porque me respondió.

―¡Lo primero de todo, tranquilízate!, me han pedido que te enseñe todo.

―¿Qué?, ¿quién te lo ha pedido?, y ¿con qué permiso sin contar conmigo?, y ¿qué es ese todo que me vas a enseñar?

―Si me haces las preguntas más despacio, te podré ir respondiendo.

―¡Despacio!, ¿qué despacio?, con lo difícil que me es hacerlas sin palabras, ¿cómo ahora me pides que te las haga despacio?

―¡No, no es más bajo, si no más lento! ―le escuché que me respondía.

Me quedé un poco en silencio, tenía que pensar, pero no quería hacerlo, sabía que dé esa forma se enteraban, así que decidí seguir preguntando, así me enteraría de algo de lo que estaba pasando.

―¿Quién te ha pedido que me hables?

―¡Ha sido una decisión del grupo, me han designado para hacerlo!

―¿Por qué? ―volví a interrogarle, quería saber más de aquello que estaba pasándome y que por más que trataba de entender me era imposible.

―¡Eso no me lo he cuestionado!, luego, ¡no lo sé!

―Entonces, ¡obedeces!, ¿así sin más?

―¡No, no es obediencia!

―¡Pues no te entiendo!, ¿cómo lo hacen?, ¿te lo piden y ya está?

―¡Claro!, se supone que eso es lo mejor para todos, ¿es que en la Tierra no lo hacéis así?

Me entraron unas enormes ganas de reír cuando lo escuché, pero creí que no era el momento de hacerlo, además en esos instantes le oí que me preguntaba,

―¿Por qué querrías reír?

―¿No hay forma de que yo piense y tú no te enteres? ―le pregunté un poco molesto, y traté de quedarme en silencio, de contenerme, para que no me leyera el pensamiento, pero me fue imposible.

―¡No, esto funciona así!, las emisiones del pensamiento son como voces que das y todo el que está a tú alrededor te escucha.

―Entonces, ¿no es posible que haya privacidad?

―¿Qué es privacidad?

―Pues que yo piense lo que quiera, por ejemplo, que sois muchos.

―¡No, no hay privacidad!, no se la necesita para nada, todos sabemos todo de todos, y así, ¡la vida es más fácil!

―¿Qué dices?, ¿a qué te refieres? ―le pregunté sorprendido, la verdad es que cada vez que me contestaba a algo, mi sorpresa iba en aumento.

―¡No hay que esperar a que nadie te diga nada, ya lo sabes!, ¿no te parece bueno?

―¡Bueno!, pero ¿qué dices?, entonces, ¿todos sabéis, en todo momento, lo que uno de vosotros quiere hacer?

―¡De esa forma es la vida mejor!

―¿No hay ninguno, que pueda hacer nada, que moleste a los demás?

―Todos trabajamos por el bien del conjunto, esa es la finalidad, que todos se puedan beneficiar.

Me quedé un rato allí mirándole, y parece ser que esta vez sí que logré no pensar en nada, porque sentí que me decía

―¿Estas bien?, ¿por qué no sigues pensando?, ¿es que no estás de acuerdo con lo que te he comunicado?

―¡No! ―le contesté―. Simplemente necesitaba tiempo para pensar y asimilar lo que me estas contando.

―¿Para pensar?, entonces, ¿por qué no lo he escuchado?

―Bueno, ¡mejor diría para reflexionar!, es que eso también lo llamamos pensar.

―¿Y qué tienes que reflexionar?, que no pueda yo saber

―¿Qué crees, que te voy a decir todo?

―¿Qué es decir todo?

―Pues confiarte mis más íntimos pensamientos.

―¿Y por qué no?, yo estoy dispuesto a compartir contigo todos mis conocimientos.

―¿Todos?, ¡eso no puede ser!

―¿Por qué?, ¿acaso no los quieres conocer?

―¿De qué me servirían a mí, saber tus conocimientos?

―Yo creía que tú habías venido hasta nosotros, para saber cosas nuestras.

―¡Sí, eso sí!, pero todo, ¡no creo que pueda ser!, ¿acaso me vas a confiar, de qué está hecho vuestro hábitat?

―¿Qué es hábitat?, ¡no conozco esa palabra!

―¡Este lugar, el sitio donde vivís!

―¿Y qué quieres saber de él?

―Pues eso, ¿de qué está hecho?, porque cuando lo he pisado, me he quedado pegado y no me podía mover, ¡me era imposible soltarme de allí!

―Bueno, eso es porque tú tienes esa parte tuya tan chica que no ha hecho suficiente contacto.

―¿De qué me hablas?, ¿qué parte chica?

―Nosotros vamos por encima y nunca nos pasa nada, la superficie es suave, ¿se dice así?

―Sí, suave, sí que es lo reconozco, pero yo no me puedo posar en ella.

―¿Quieres hacer una prueba?

―¡Prueba!, ¿de qué? ―le miré, no comprendía lo que me quería decir, ¿qué se le había ocurrido a este… que yo probara?

―¿Confías en mí?

―¡No! ―le respondí rápidamente, ni siquiera me tomé un solo instante para pensarlo, ¿cómo que confiar es eso?, ¡no, rotundamente no!

―¡Ya lo sé!, pero si te digo que no te va a pasar nada, ¡créetelo, que nada te va a ocurrir!

―¿Y qué quieres que haga?

―¡Tumbarte!

―¿Tumbarme?, pero ¿qué dices?, ¿acaso crees que estoy mal de la cabeza, para hacer una cosa así?

―¡Confía, es para que compruebes por ti mismo una cosa!

―¡Quiero tumbarme! ―no muy convencido, pero curioso lo pensé y vi como en ese mismo instante mi cuerpo se ponía horizontal. Todo eso me parecía muy raro, pero decidí seguir sus instrucciones, de todas formas, si en algún momento no quería seguir, con pensarlo sabía que eso se cortaba.

―¡Y ahora!, ¿qué quieres que haga?, ¡ya estoy tumbado! ―pensé mirándole.

―¡Ahora, baja hasta posarte en la superficie!

―No, ¡de eso nada!, que me voy a quedar pegado, como antes, ¿qué crees, que soy tonto?

―¡Confía!, ¿acaso si te fuera a pasar algo te lo pediría?

―¡Quiero llegar hasta allí, pero no pegarme! ―pensé, pero con mucho miedo, y despacito noté cómo mi cuerpo poco a poco se fue acercando a esa superficie y al llegar, vi cómo me deslizaba sobre ella, era suave, y era fácil, pero fui a hacer algo, y enseguida escuché

―¡No!

―¿No, por qué? ―pregunté rápidamente

―¡Si lo tocas te quedaras pegado como antes!

Entonces me di cuenta, que había pensado tocarlo con un dedo, y que ese rotundo no que había escuchado, hizo que no llegara a terminar el movimiento, que subiera deprisa el dedo que tenía ya casi tocando ese suelo, que ahora parecía tan suave.

―¿Por qué me has dicho que no? ―le pregunté extrañado, la superficie que tenía tan cerca me parecía tan inofensiva, que por un momento había olvidado el incidente de antes.

―Si te hubieras pegado, habrías perdido la confianza, que estas empezando a tenerme y no quería eso.

―¿Para qué necesitas tú, que yo confié en ti? ―pensé en ese momento.

―¡Si no confías, no podrás asimilar todo lo que te voy a comunicar!

―¡Ya me has dicho en otra ocasión que me vas a comunicar!, pero ¿comunicar qué?

―No es casualidad que hayas venido hasta aquí, ¿cuánto tiempo lleváis los hombres haciéndose la pregunta, de que si estáis solos?, ¿cómo habríais de estarlo con lo grande que es el Universo?, ¡eso sería imposible!, solo sois un pequeño punto insignificante, era como decís vosotros, “lógico”, que hubiera vida en otros sitios. Sí tú vas a transmitir esa respuesta, tienes que llevar las suficientes aclaraciones, porque no podrás venir en otra ocasión a preguntar.

―Entonces, todo lo que se me antoje, ¿te lo puedo preguntar para que me lo aclares?

―Sí, pero además yo te contaré cosas que a ti ni se te ocurrirán.

―¿Y eso cómo va a ser?

―Pues muy sencillo, porque cuando uno no conoce una cosa, poco puede preguntar sobre ella.

―¡Tienes razón, sería imposible! ―le contesté después de meditar un momento lo que me acababa de decir.

Deslizándonos los dos por aquella suave superficie, como si de dos viejos amigos se tratara, fuimos un rato, avanzando entre aquellos “gusanos”, no sabría decir cuántos había, cuando íbamos llegando a donde estaban parados, se retiraban para dejarnos paso, y fueron muchos, muchísimos, los que atravesamos, era como si todos se hubieran ido acercando para verme. Sí, debía de ser curioso, que a su hábitat hubiera llegado algo tan raro como yo, ¿qué les parecería a esos seres, alguien tan distinto a ellos?, y que ahora veían pasar por allí, tan cerca.

―¿Dónde vamos? ―pregunté con el pensamiento en ese momento, ya estaba un poco cansado de sentirme observado por aquella multitud.

―¡Paciencia, ya lo verás! ―sentí que ese ser, que iba conmigo, me respondía.

―¿Alguna vez habéis estado en la Tierra? ―No sé, fue una pregunta que se me ocurrió de pronto.

―¡Sí!

Me paré en seco, su respuesta me extrañó tanto, ¿cómo podía haber confirmado una cosa así?, pero no lo acababa de creer y le volví a hacer de nuevo la pregunta, pensando que quizás no la habría entendido bien:

―¿Habéis salido de aquí, de vuestro hábitat…?

―¿Cómo podríamos haber llegado hasta la Tierra, si no hubiera sido así? ―fue la respuesta que me dio, sin terminar de dejarme hacerle la que yo quería.

―¿A la Tierra?, ¿eso has dicho?, ¡no es posible! ―Me quedé muy confundido, lo que estaba escuchando no podía ser verdad, pero él quizás sintiendo toda esa confusión interna me dijo, y esta vez le noté como si me hablara de una forma más amigable, como escuchas a un amigo cuando te ha sucedido algo y él trata te consolarte.

―Sois el resultado de nuestros trabajos, pero parece que lo hicimos bien, ¡ahí estáis!

¡No, no podía ser que eso que ahora me decía, fuera verdad!, me negaba a asumir que este bicho, hubiera podido salir de aquí y visitar nuestro planeta, pero claro, como me era imposible pensar cosas, sin que él se enterara, pues escuché su respuesta.

―En un tiempo pasado, para nosotros era fácil movernos por el Universo.

―¿Pasado?, pero ¿de qué tiempo estamos hablando?

―De mucho, mucho tiempo del vuestro, ya que nosotros no lo medimos del mismo modo.

―Pero si me dices que estuvisteis en la Tierra, me puedes decir, ¿para qué fuisteis?

―Necesitábamos algo que allí tenéis.

―¿Algo nuestro?, ¡eso es imposible!, ¿qué podríais necesitar de nosotros?, ¿no dices que estáis tan adelantados, que podéis ir donde queráis?

―Sí, adelantados con respecto a vosotros, pero también tenemos nuestras necesidades.

―¿Y cuáles son esas necesidades?, si se puede saber ―le pregunté sin poder ocultar mi enfado, por lo absurdo que me parecía todo lo que estaba escuchándole.

―Los recursos se nos estaban acabando y tuvimos que ingeniárnoslas para traerlos de otros lugares, nos pasamos mucho tiempo buscando por todo el Sistema Solar, y por fin lo encontramos en aquella piedra lejana, la que llamáis Tierra, claro que no era como ahora la conocéis, primero tuvimos que adecuarla a nuestras necesidades.

―Pero ¿qué me estas contando?, ¿crees que soy tonto y me voy a tragar todas esas patrañas?

―¿Qué es patraña? ―sentí que me preguntaba.

―¡Déjalo, cosas mías! ―le respondí aireado, no quería seguir con aquello, cada vez que le escuchaba me daba la impresión que se metía más en mi mente, y no estaba dispuesto a que siguiera sucediendo.

―Pero ¿por qué te alteras?, ¿acaso no quieres conocer vuestros orígenes, sobre cómo empezasteis?

―Empezamos, ¿a qué?, es que solo estoy escuchando un montón de disparates, ¿cómo vosotros, unos bichos, me vas a decir que habéis viajado por las estrellas? –la paciencia se me estaba agotando, porque cada vez me parecía más absurdo todo eso.

―¡Pero si es fácil!, ¿por qué no lo habríamos de hacer?”

―¿Fácil?, ¡ves cómo solo dices tonterías! –le contesté.

―¿Qué es tonterías? ―sentí de nuevo que me preguntaba.

―¡Déjalo, no lo entenderías!

―Bueno, si tratas de explicármelo, quizás te sorprendas de que sí lo puedo entender.

―Mejor lo dejamos, ¡anda, sigue con lo que me decías!, a ver cómo acaba todo eso.

―¿Acaba?, si aún no ha acabado.

―Ya lo sé, por eso quiero que sigas contándolo. ―le dije, pensándolo despacio para que me entendiera bien.

―No, si me refiero, a que aún seguimos trayendo de la Tierra, algo que necesitamos.

―¿Queeé?, pero ¿qué estás diciendo?, y ¿qué es eso que vosotros necesitáis y nosotros os damos? –le pregunté todo sorprendido mirándole para ver su expresión de frente.

―Bueno, darnos, no exactamente ―le escuché que me decía, como dudando.

Quizás pensó en ese momento que no me lo debía decir, posiblemente se dio cuenta de que yo me estaba convirtiendo en un preguntón, pero recordaba que me había dicho antes, que me iba a responder a todo lo que le preguntara. Ahora no se podía echar para atrás, claro que a saber qué significado tenía para aquel tipo, la palabra todo.

―¿Qué dices?, ¿pues no me has dicho antes que aún lo traéis? –le volví a preguntar esta vez pensándolo más tranquilo. Sabía que él no estaba de acuerdo, con que yo me alterase, y si volvía a ponerme nerviosos, seguramente acabaría por cortar esa, digamos, la comunicación.

―Sí, pero no porque nos lo deis voluntariamente, no sabéis que lo hacéis.

―¿O sea que, nos lo robáis descaradamente? –le dije sorprendido ante su respuesta.

―Si te pregunto que, qué significa lo que me acabas de decir, seguro que no me responderás, así que no lo haré, pero no te he entendido.

―¡Pues eso!, que nos lo quitáis sin que lo sepamos, si es fácil de entender.

―¡Sí, eso sí!

Llevado por un impulso incontrolable, de ira, di un brinco y me puse de pie, pero claro pasó lo que tenía que pasar, que como no tuve cuidado, me llevé una sorpresa inesperada, enseguida sentí que me había quedado prisionero, atrapados los pies, en esa masa gelatinosa que era el suelo.

―¡Ves! ―escuché en ese momento―. ¡No puede uno actuar sin pensar!

Me daba cuenta de que era ese gusano, el que me lo estaba diciendo, pero yo no estaba para sermoncitos y menos de algo tan…, por decirlo de alguna manera, tan raro.

―¡Déjate de tonterías, de pensar, pensar!, ¿qué voy a sacar con ello?, ¿qué clase de lo que seáis, sois?, que viajáis por el espacio millones de kilómetros, solo con la finalidad de robarnos, y después de escucharte eso, y suponiendo que sea verdad, porque si no, no sé por qué me lo tendrías que haber dicho, bueno, después de saberlo, ¿crees que me voy a fiar de ti?, ¡a saber, que querrás quitarme!

―¡Pero tranquilízate, no te puedo entender si piensas tan deprisa!