Hay que salvar a Carmelo - Agustín Sánchez Aguilar - E-Book

Hay que salvar a Carmelo E-Book

Agustín Sánchez Aguilar

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Beschreibung

XII Premio de Narrativa Infantil Ciudad de Málaga White Ravens 2022 Los Reyes Magos han cometido un «pequeño» error, y es que le han traído a Valentín un cerdo, como él pidió, pero en lugar de ser un muñeco de peluche, es un gorrino auténtico de más de cien kilos y con olor a garbanzos. El muchacho enviará cartas a sus majestades de Oriente pidiendo un cambio, porque tener un cerdo en un piso les trae muchos problemas a él y a su madre, pero los Reyes Magos deben de estar muy ocupados y no responden a sus peticiones, que cada vez son más apremiantes.

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Seitenzahl: 73

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Esta obra ha sido galardonada con el XII Premio de Literatura Infantil «Ciudad de Málaga» 2021, convocado por el Ayuntamiento de Málaga en colaboración con Anaya y coordinado por Antonio A. Gómez Yebra, quien formó parte del jurado junto a Ana Alcolea, Érica Esmoris, Jackeline de Barros y Pablo Cruz.

Para Julia, que late tras estacerdosa aventura.

Queridos Reyes Magos:

Lo sé, la culpa es mía. Yo pedí un cerdo y vosotros me habéis traído un cerdo. Así que me diréis: «¿De qué se queja este chico?».

Lo que pasa es que me salté un detallito en la carta: me olvidé de deciros que lo que yo quería era un cerdo de peluche, no un cerdo de verdad. Mamá dice que esto conviene arreglarlo, porque en casa no hay sitio para dos personas y un cerdo. Así que uno de los tres tiene que largarse. Y, como el cerdo ha llegado el último, le toca irse a él. Tiene su lógica.

Que quede claro que no tengo nada en contra de los cerdos de verdad. Al contrario: me caen bien. Mucha gente dice que apestan, pero el que me habéis traído huele a garbanzos. A garbanzos de bote. De verdad que, si pudiese, me lo quedaba. Pero es que no tenemos sitio…

Además, estoy viendo que los cerdos de verdad no son de mi talla. Yo quería un cerdito de peluche para meterlo en la cama por la noche y abrazarlo bien fuerte. Pero a un cerdo de cien kilos no hay quien lo abrace. Ayer lo intenté y casi se me desencaja un brazo. Desde que al tío Ulises se le resbaló el taladro sobre mi pie no había sentido un dolor tan grande.

Aceptáis devoluciones, ¿verdad? Mamá dice que sí. ¿Podríais pasaros por casa esta noche y llevaros al cerdo? Prometo estar dormido cuando lleguéis.

Perdonadme mil veces por la confusión.

Un abrazo,

Valentín

Queridos Reyes Magos:

Soy Valentín, el niño del cerdo. Se me olvidaba deciros que, cuando vengáis a llevaros al cerdo de verdad, me dejéis en casa al cerdo de peluche en el que yo estaba pensando.

Para que no haya confusiones, os he hecho un dibujo del cerdito que quiero. Así veis exactamente cómo es. Os copio además todos los datos. Vienen en un catálogo que cogí en El Chirimbolo, la tienda de juguetes que está al lado del kebab.

Osvaldo, el cerdito del que todos se enamoran.

Mide 40 centímetros de alto por 57 de barriga.

Viene relleno de algodón.

Lo fabrica la marca Guliguli.

Está hecho en China.

Tiene el pelo de color rosa pálido, la cola rizada y las orejas en forma de nacho.

Sus mofletes son tan gordos que le achinan los ojos.

Lleva una camiseta de rayas y un pantalón de tirantes.

A la oreja derecha le falta un trocito, como si se la hubiera mordido el Lobo Feroz.

De la oreja izquierda le salen tres pelos.

Es fácil de lavar y se seca con rapidez.

No admite planchado.

Os espero esta noche.

Valentín

Queridos Reyes Magos:

No sé si os acordáis de mí. Me llamo Valentín, tengo nueve años y estudio cuarto de primaria en el colegio Miel y Hojuelas. Si queréis verme, encontraréis una foto mía en la carta que os mandé hace dos Navidades. Estoy casi igual, pero he crecido más de un palmo y ahora tengo todos los dientes.

Os escribí el lunes porque me habíais dejado un cerdo en casa. No me gusta ponerme pesado, pero ¿recordáis que el cerdo sigue aquí? El problema es que mamá está muy nerviosa. El viernes viene una amiga suya a pasar unos días en casa, y mamá dice que hay que deshacerse del cerdo antes de que llegue María Elvira. Porque María Elvira les tiene mucha manía a los cerdos. Es ver uno y le entran picores.

Si no es mucho pedir, ¿os podríais acercar esta noche a recoger al animalito?

Mil gracias por vuestra ayuda.

Valentín

P. D.: No estoy seguro de que la amiga de mamá se llame María Elvira. Mamá tiene muchas amigas que se llaman María Nosequé y María Nosecuantos, y nunca me acuerdo del nombre exacto de cada una. Pero que se llama María sí que es seguro, y que viene el viernes también.

Queridos Reyes Magos:

Vuelvo a ser yo.

De pronto he pensado que a lo mejor no habéis venido porque no encontráis el cerdito de la marca Guliguli. Sé que fue el juguete más pedido de la Navidad, y lo mismo se ha agotado. No os preocupéis: Osvaldo me gusta mucho, pero puedo pedirlo el año que viene. En vez del peluche, traedme la alfombra voladora de Aladín, la del tapizado a cuadros. Lo que importa es que el cerdo se vaya para que mamá vuelva a respirar.

Os espero esta noche, bien dormidito.

Valentín

Queridos Reyes Magos:

Soy Valentín. Anoche os dejé unos mazapanes en la mesa del comedor, tres copitas llenas de champán y una palangana con agua para los camellos. Y esta mañana, al despertarme, me lo he encontrado todo sin tocar. Los mazapanes se han quedado duros como el caparazón de una tortuga.

Me imagino que os ha surgido algún problemilla y por eso no habéis podido venir. Espero que los camellos estén bien.

Mañana llega María Elena, la amiga de mi madre. Viene de Buenos Aires, porque es de allí, como mamá. María Elena y mi madre son muy amigas. Fueron juntas al cole y se quieren mucho. Mamá se ha empeñado en que todo esté perfecto para cuando llegue María Elena, así que toca disimular, porque en casa nada es perfecto, qué se le va a hacer.

Mamá está tan nerviosa que esta mañana le ha echado pimienta en vez de azúcar a su café con leche y no para de cambiar las cosas de lugar y de limpiar los cristales que ya están más que limpios. Va tan disparada que a veces la veo en dos sitios al mismo tiempo. Hasta ha comprado cuadros nuevos. Hoy ha colgado en el comedor uno de un mono que va disfrazado de la sirenita. No es muy bonito, pero a mamá se lo parece. Cada vez que lo mira, me dice:

—Quedó repiola, ¿cierto?

Por la tarde, cuando he vuelto del cole, mamá me ha llevado al cuarto de baño y se ha puesto a cortarme el pelo. Dice que María Elena me tiene que ver guapo y aseado cuando llegue. Mientras las tijeras hacían chacachá junto a mi oreja, mamá me ha preguntado cómo es que el cerdo seguía en casa, y yo le he contado qué tal están las cosas.

—Ya les he escrito a los Reyes —he dicho—, pero se ve que tienen mucho trabajo…

El corte de pelo ha quedado regular, pero no he protestado: cuando mamá está de los nervios, es mejor no recordarle que la peluquería no es lo suyo.

Al salir del cuarto de baño, mamá se ha cruzado con el cerdo y le ha dedicado una de esas miradas que hielan la sangre. «Uno de los dos sobra, forastero», decían sus ojos. Por un momento, he temido que mamá tirase al cerdo por la ventana. Porque, muchas veces, cuando dejo los juguetes desperdigados por el pasillo, mamá me dice que, si no los recojo enseguida, me los tirará por la ventana. Por suerte, mamá tiene poco músculo: no creo que pueda levantar a un animal de cien kilos. Pero, por si acaso, es mejor que vengáis a buscar al cerdo lo antes posible. No quiero que mamá lo tire por la ventana y aplaste a un taxista y que luego nos llamen «asesinos» por la calle.

A la hora de la comida, le he preguntado a mamá por qué el cerdo tenía que salir de casa antes de que llegara María Elena. Entonces el cerdo se ha acercado a darle un lametón a mi plato de acelgas, y mamá ha dicho:

—Por cosas como esta, por ejemplo. ¿Tenés más preguntas?

—Pero podríamos atar al cerdo al radiador para que no meta la lengua en los platos…

—Te digo que, si María Elena ve al chancho, se nos muere. Los cerdos le dan terror.

—Pero ¡si es cirujana…! Los cirujanos le sacan las tripas a la gente. ¿Cómo le va a tener miedo a un cerdo?

—Es por un trauma que sufrió de chica.

—¿Y qué es un trauma?

—Una cosa que te pasa una vez, pero que te deja mal cuerpo para toda la vida.

—¿Como cuando te subes a la montaña rusa y te tragas un pájaro sin querer?

—Algo así.

—¿Y qué es lo que le sucedió a María Elena?

Mamá se ha puesto a hacer memoria.

—Fue el día que cumplía siete años —ha dicho—. María Elena estaba celebrando su cumpleaños en el campo. Sus papás le regalaron un hámster, y María Elena se volvió loca de alegría. Miró al hamstercito y le dijo: «Te vas a llamar Sherlock».