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El primer amor llega justo cuando más lo necesitas. April carga con un dolor que no sabe cómo dejar atrás. Pero el destino le tiene preparada una sorpresa en la escuela: Ethan Blair, un chico nuevo con sus propias cicatrices. Un castigo compartido los obliga a pasar tiempo juntos. April intenta mantener su muro en pie, pero Ethan comienza a derribarlo, valiéndose del lenguaje secreto de los tulipanes. Lo que empezó como una amistad, pronto florece en un amor que los lleva a soñar juntos. Esta es la historia de dos corazones que se encuentran en medio de la oscuridad. Una novela sobre la pérdida, el valor y la esperanza cuando todo parece perdido. Dos tulipanes florecen en la más profunda oscuridad.
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Seitenzahl: 171
Veröffentlichungsjahr: 2025
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© Indeleble
Sello: Nenúfares
Primera edición digital: Octubre 2025
© Constanza Allendes
Director editorial: Aldo Berríos
Ilustración de portada: José Canales
Corrección de textos: Gonzalo León
Diagramación digital: Marcela Bruna
Diseño de portada: Marcela Bruna
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© Áurea Ediciones
Providencia 2594, local 417, Providencia, Chile
www.aureaediciones.cl
ISBN impreso: 978-956-6420-32-3
ISBN digital: 978-956-6420-79-8
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Este libro no podrá ser reproducido, ni total
ni parcialmente, sin permiso escrito del editor.
Todos los derechos reservados.
Oscuridad, eso es todo lo que veo a mi alrededor, escucho gritos a la lejanía, pero no puedo divisar de quién son. Parpadeo para enfocar mi vista. Estoy dentro de un auto, pero está volcado, así que desabrocho el cinturón de seguridad para salir. Sin embargo, al hacerlo arrastro mi cuerpo. Intento incorporarme, sujetándome de lo que queda del vehículo, pero siento un dolor en la parte de mi abdomen, aunque eso es lo de menos. Al levantar la vista, contemplo la escena del accidente. Los recuerdos se agolpan en mi mente: escapándome de casa para ir a una fiesta de mi mejor amiga, mi madre enojada arrastrándome al coche, la discusión que tuvimos, el auto saltándose un semáforo y el impacto desde el lado del conductor. Todo fue tan rápido.
La respiración se me entrecorta y el pánico me invade. Necesito encontrar a mi madre, necesito saber que se encuentra bien. Miro a mi alrededor y solo observo destrucción. La vista se me nubla y el nudo en mi garganta crece al reconocer un par de zapatos que me resultan dolorosamente familiares. Me acerco a ellos, rogando que sea una coincidencia, como muchas en la vida, pero no es así: el cuerpo inerte y sin vida de mi madre yace en el suelo. Me desplomo y las lágrimas caen. Me sorprende lo frágil que puede ser la vida: hace unas horas estaba riendo, bailando en una fiesta y ahora estoy frente al cuerpo inmóvil de mi madre, y el último recuerdo que tendré de ella es discutiendo por haberme escapado de casa. Me arrepiento tanto de haberlo hecho, quisiera retroceder el tiempo y quedarme en casa con mis padres.
—Perdón, mamá. Por favor, perdóname, yo no quería que esto sucediera —susurro entre sollozos, aferrándome a su cuerpo, entonces una mano se posa con suavidad sobre mi hombro. Cuando alzo la vista, me doy cuenta de que se trata de un bombero que me observa con calma, como si intentara transmitirme seguridad, aunque sé que nada volverá a estar bien.
—No deberías estar aquí. ¿Por qué no te vas con los doctores para que te revisen y nos dejas encargarnos de tu madre? —dice, pero no quiero separarme de ella. Al ver que no tengo intención de separarme de su cuerpo, le hace una señal al cuerpo médico, que me separan a la fuerza. Entonces lloro, grito y pataleo, pero no logro librarme. Veo cómo uno de ellos se me acerca con una aguja y me la inyecta en el brazo, la vista se me nubla y, con ello, la pesadez de los párpados aumenta, y lo último que veo es cómo cierran la bolsa con el cuerpo de mi madre.
Los pitidos de las máquinas se escuchan cada vez más fuerte, provocando que despierte, parpadeo varias veces para enfocar, y las personas a mi alrededor se mueven por toda la habitación, pero no entiendo nada. Observo a mi derecha a mi padre, que toma mi mano llorando, pero no comprendo nada de lo que me está diciendo. ¿Dónde estoy? ¿Qué está pasando? ¿Dónde está mi madre? Los recuerdos entonces llegan a mí de golpe: la discusión, el accidente, la sangre, el cuerpo, la muerte.
Todo fue mi culpa, yo provoqué ese accidente. Yo debí haber muerto, no ella.
***
Pasaron once meses desde aquella horrible noche.
Me terminé de arreglar para ir a la escuela.
—Al fin te levantas —comentó mi padre, al verme bajar la escalera—. Creí que ibas a llegar tarde en tu primer día.
—Cómo se te ocurre. Estoy súper emocionada por volver a clases —respondí con sarcasmo.
—No seas así, cariño —dijo mi padre, acariciándome la cabeza—. Ya verás que la pasarás bien. Además, ve el lado bueno: este es tu último año.
—Lo sé. Bueno, adiós. Suerte en tu trabajo.
—¿No desayunarás?
—Comeré algo en la cafetería.
—Está bien. Cuídate mucho —dijo besando mi frente.
Salí para ponerme en marcha a la secundaria con mis fieles audífonos. No me gustaba ver a mi padre así. Sabía que, en el fondo, aún no superaba la muerte de mi madre y faltaba poco para ese fatídico aniversario. Saqué la cabeza de esos pensamientos. No quería cargar con ellos, menos hoy.
Al llegar, me dirigí a mi salón. Tocaron la campana y me fui a sentar en mi pupitre, al fondo. Al hacerlo, miré a la ventana cuando sentí que alguien se sentaba a mi lado.
—Creí que ya no llegabas. —Era Brooke, mi mejor amiga.
—Me quedé dormida —dije con una sonrisita inocente.
—Eso ya no es una novedad, cariño.
—Silencio, chicos. La clase dio comienzo —anunció el señor Denson, nuestro profesor de historia—. Este año tendrán un nuevo compañero. Pasa —agregó, y al abrirse la puerta, entró un chico alto, de cabellera oscura y unos profundos ojos verdes—. Preséntate.
—Hola, me llamo Ethan Blair. Tengo dieciocho años, me gusta el fútbol y espero hacer muchos amigos —dijo con una sonrisa cálida, que despertó las hormonas alborotadas de más de una chica.
—¿Qué te parece el chico nuevo? Es lindo, ¿no? —preguntó Brooke con una mirada divertida.
—Eso a mí no me interesa —dije secamente—. Debe ser otro idiota más.
—Tan fría como siempre.
Yo solo rodé los ojos y miré al tal Ethan, que al parecer se hizo amigo de Gabe Parker y Derek Hamilton, quienes se conocieron cuando recién entramos a estudiar y desde entonces eran inseparables.
Cuando la clase terminó, recogí mis cosas con rapidez y me fui con Brooke hacia la salida.
—Voy a dejar las cosas a mi casillero. ¿Nos juntamos donde siempre, cierto? —dijo Brooke.
—Sí, donde siempre.
—De paso voy a la cafetería. ¿Quieres que te lleve algo?
—Por favor. Muero de hambre.
—Eso te pasa por no desayunar, te traigo lo de siempre: galletas con chispas de chocolate y una caja de leche chocolatada —dijo.
—Eres la mejor, lo sabes.
—Lo sé, querida, lo sé.
Luego de separarnos, pasé a dejar mis cuadernos y sacar un libro del casillero, para después irme al patio del colegio y sentarme bajo un gran manzano. Desde niñas con Brooke nos habíamos pasado los recesos bajo ese árbol; en él habíamos compartido buenos y malos momentos, nos contábamos los más profundos y oscuros secretos. Ese árbol era muy importante para mí, ya que era el único lugar además de mi habitación en el que me sentía segura, allí nadie me juzgaba ni me hacía daño.
La gente era cruel y prejuiciosa, ya que sin conocerte te juzgaba sin piedad, como si tuvieran el permiso para hacerlo, como si fuera un pasatiempo más que disfrutaran. Pero lo que no sabían era que lastimaban sin razón, porque sus palabras herían; aunque no lo quisieras y solo tuvieras que fingir que todo estaba bien, e incluso reír de los comentarios para encajar en esta maldita sociedad. Sentada, inspiré hondo, llenando al máximo mis pulmones para luego exhalar. Cuando ya estuve más relajada, saqué el libro que había llevado de mi casillero para leer, pero un par de voces chillonas, que lamentablemente conocía muy bien, arruinaron mi tranquilidad.
—Miren a quién tenemos aquí, si es April —dijo con su voz chillona Ráchele.
—¿Ráchele? ¿No tienes algo mejor que hacer que venir a molestarme? ¿O tu vida es tan patéticamente aburrida? —respondí con ironía.
—Cállate, ¿quieres? —esta vez fue Erika, la fiel amiga de Ráchele, quien habló.
—Pero miren… si vienes acompañada de tu fiel sirvienta, Ráchele.
—Por lo menos ella no es una perra hipócrita como tú —respondió secamente.
—Entiéndelo de una vez: él fue el que me dio el beso, no yo —contesté molesta por las acusaciones absurdas.
—Deja de mentir y admite de una vez que querías robarte el novio a Ráchele —insistió Erika.
—Cuándo entenderán que no traté de robarle el novio a Ráchele.
—¿Jamás dejarás de mentir, cierto? Quién lo diría: aparentas ser una chica buena, pero en el fondo eres una perra hipócrita —insistió Ráchele.
—Apuesto a que tu madre era igual de hipócrita que tú —lanzó Erika con una sonrisa cruel.
Ahí se acabó todo. Me levanté de golpe.
—¡Ahora sí te pasaste de la raya! —grité y me abalancé sobre ella para golpearla.
—¡No te quedes ahí parada, Erika! ¡Ayúdame! —exclamó Ráchele desesperada.
Erika trataba de separarme de Ráchele, pero fui más rápida y la empujé, provocando que se cayera al suelo, pero en ese descuido Ráchele se tiró sobre mí, golpeándome. Por más que traté de defenderme, no pude, así que puse mis manos en su pecho y, con todas mis fuerzas, la saqué de encima mío y me volví a lanzar sobre ella para golpearla, hasta que sentí unas manos en mi cintura, que me levantaron por el aire. Por más que luchaba no me soltaba, así que me volteé para ver quién era y me sorprendí al ver a Ethan.
—¡Suéltame enseguida! —espeté.
—Cálmate. Te meterás en problemas, pequeña tigresa —dijo de forma divertida mientras me bajaba.
—Vuelve a llamarme así y el próximo que estará con la nariz rota no será Ráchele —amenacé, apuntándolo con mi dedo.
—¡¿Qué está pasando aquí?! —gritó la directora, abriéndose paso.
—Todo es culpa de April: ella comenzó, nosotras solo tratábamos de defendernos —se excusó Ráchele.
—Eso no es cierto, no le crea, directora. Ellas comenzaron —respondí furiosa.
—Está mintiendo. Yo no sería capaz de dañar a una compañera.
—¡Basta! Se me van los cuatro a mi oficina inmediatamente.
—Pero nosotras no hicimos nada —protestó Ráchele.
—Dije que los cuatro a mi oficina.
No me quedó otra que hacerle caso a la directora, para evitar más problemas de los que ya tendría, aunque por dentro quería arrancarle las cabezas a Ráchele y Erika. Los cuatro seguimos a la directora a su oficina, aunque en todo el camino el dúo plástico no paraba de lanzarme miradas de muerte, que yo se las devolvía. En cuanto a Ethan, él ignoraba completamente la situación.
Al llegar a la oficina, la directora llamó primero a Ráchele y a Erika, mientras Ethan y yo esperábamos afuera.
—No tuviste que haberte metido en la pelea —dije.
—¿Por qué lo dices? —preguntó.
—Porque no era asunto tuyo.
—Sí era asunto mío, era una pelea de dos contra una. Era injusto.
—¿Y eso a ti qué? —contesté.
—Deberías estar agradecida que interviniera.
Pensé entonces: “Y este qué se cree”. Antes de que me dijera algo más, se abrió la puerta de la oficina de la directora y salieron Ráchele y Erika, dedicándome una sonrisa maliciosa. Al oír que la directora nos llamaba, ingresamos a su oficina y nos sentamos.
—Señorita Wood, ¿qué me puede decir en su defensa?
—Ellas me molestaron y yo simplemente me defendí —me defendí enojada.
—Siempre es lo mismo, usted no cambia.
—No, no tengo por qué hacerlo.
—Y usted, señor Blair, es su primer día y ya está metido en problemas.
—Yo simplemente iba caminando por el patio y vi a las chicas peleándose, solo trataba de separarlas.
—De igual forma están los dos castigados: limpiarán el salón de ciencias después de clases hoy y mañana.
—Cómo que nosotros, y qué pasa con el castigo de esas idiotas —reclamé enojada.
—¡No le digas así a tus compañeras! —gritó la directora—. Además, tú fuiste la que comenzó la pelea, a la que luego se involucró el señor Blair.
—Esto es injusto. ¿Y tú no vas a decir nada? —pregunté mirando a Ethan.
—¿Y qué quieres que diga? No hay nada que se pueda hacer, es la directora.
—Si no hay nada más que decir, ¿ya me puedo ir? —dije.
—Sí, se pueden retirar.
Cuando nos retiramos de la oficina de la directora, miré el reloj que colgaba de la pared. Eran las 10:00, las clases habían comenzado y el profesor de matemáticas no me iba a dejar ingresar al aula, así que no me quedó otra que ir a la biblioteca, hasta que la clase finalizara.
—Esa es la forma de agradecer a la persona que te ayudó —dijo mientras se apoyaba en una pared.
—Yo nunca pedí tu ayuda —espeté mientras cruzaba mis brazos.
—Pero admite que la necesitabas.
—Jamás admitiré eso, porque yo me la podía apañar sola —contesté al mismo tiempo que me daba la vuelta, rumbo a la biblioteca.
—¿A dónde vas? ¿No tenemos que ir a la clase de matemáticas?
—Las clases ya comenzaron y el profesor no nos dejará entrar.
—¿Entonces qué haremos?
—¿Haremos? Yo iré a la biblioteca y no me interesa a dónde te dirijas tú —dije y me di vuelta.
—¿Por qué eres así conmigo? ¿Qué te hice? —dijo tomándome del brazo.
— ¡Suéltame!
—Contéstame la pregunta: qué te hice, y te soltaré. —Me acorraló contra una pared, mientras me miraba fijamente, esperando mi respuesta.
—No te contestaré nada.
—Bien, como quieras. —Entonces me soltó y siguió su camino.
Emprendí camino a la biblioteca. Necesitaba despejar mi mente de todo lo que había pasado, entonces abrí mi mochila para sacar mi libro y seguir mi lectura, pero al abrirlo la foto que guardaba en él como marcapáginas no estaba. Preocupada, salí con la esperanza de que se hubiera caído, pero esa esperanza se esfumó al ver que la fotografía no se encontraba por ninguna parte. Podía sentir cómo el pánico me invadía, era un sentimiento que ya era familiar en mí; el nudo en mi garganta crecía cada vez más y mi vista se nublaba a causa de las lágrimas, la respiración se me entrecortaba y, sin saber qué hacer, corrí al baño.
Cuando llegué, me encerré en un cubículo y lloré en silencio: lágrimas caían por mis mejillas, los pensamientos se desataban en mi mente y ganaban terreno, provocando que cayera en un abismo oscuro. Por más que luchara, no lograba salir de él. Escuché entonces una voz a la lejanía. Era Brooke. Abrí la puerta y me lancé a sus brazos para llorar como una niña pequeña. Estuvimos así largo rato, hasta que me calmé.
—April, ¿qué ha pasado?
—Perdí la foto, Brooke —dije con un hilo de voz.
—¿Cómo que perdiste la foto?
—No lo sé, la tenía en el libro, pero se tuvo que haber caído. Brooke, esa es una de las pocas fotos que tengo de ella.
—Ya tranquila, buscaremos por todas partes, no es como si se hubiera esfumado, pero primero necesito que te tranquilices y respires —dijo.
—Tienes razón, no ayudará de nada que me altere y me ponga a llorar.
Cuando ya me había calmado, salimos del baño y nos dirigimos a los casilleros para dejar nuestras cosas y buscar la fotografía. Brooke me convenció para salir al patio y tomar un poco de aire, pero sonó la campana. Era hora de ir a clases: tocaba literatura, una de mis clases favoritas, ya que desde pequeña me había gustado leer, los libros siempre habían sido mi refugio.
Al entrar al aula fui a mi puesto y Brooke se sentó a mi lado. Al entrar, la señorita Petherson nos pidió que hiciéramos un trabajo en parejas, pero para decepción de todas las parejas, estas se iban a formar al azar, por lo que nos pidió que escribiéramos nuestros nombres, y la maestra fue sacando los papeles formando las parejas. Yo solo pedía a todos los dioses que no me tocara con Ráchele, Erika o Ethan.
—Ojalá nos toque juntas —dijo Brooke.
—Brooke Miller con Gabe Parker —anunció la maestra.
—Rayos, me va a dejar sola en el trabajo —advirtió Brooke
—Me apiado de ti, amiga, aunque pudo ser peor.
—Tienes razón, pudo haber sido mucho peor —dijo, cuando la maestra anunció que Ráchele tenía que hacer el trabajo con Katherine.
—Pobre de ella —exclamé.
—April Wood con Ethan Blair.
—Demonios —exclamé y me incliné hacia atrás.
—Tal vez puedas convencer a la profesora para cambiarte de pareja o hacer el proyecto sola —dijo Brooke.
—Tienes razón.
Luego de que la maestra explicara de lo que se iba a tratar el proyecto, me acerqué a ella al tiempo que rezaba para poder convencerla.
—Señorita Wood, ¿sucede algo? —preguntó con aquella voz dulce que la caracterizaba.
—No, solo quería pedirle si está la pequeña posibilidad de cambiarme de pareja o hacer el proyecto sola.
— ¿Por qué? ¿Tiene algún problema con el señor Blair?
—Nada grave, solo que no nos llevamos precisamente bien.
—Pues lo siento, no cambiaré las parejas, y el proyecto es muy largo y complejo como para permitir que lo hagan solos —dijo.
—No se preocupe, lo entiendo —respondí con una sonrisa forzada.
— ¿Y cómo te fue? —preguntó Brooke al volver a mi puesto.
—Fatal.
—Bueno, si ocurre un problema o te hace algo, tú solo me avisas y yo lo golpeo.
—No te preocupes, dudo que pueda pasar algo.
Luego la señorita Petherson nos hizo sentarnos con nuestra pareja para ponernos al tanto con el tema de nuestro proyecto, que se trataba de un informe detallado sobre un servicio que ayudara a la comunidad y nuestra participación en él.
—Recuerden que tienen que anotarse con el tema antes de salir del salón —dijo la maestra.
Pensé que de aquí a que me pusiera de acuerdo con Ethan con el tema sería una anciana arrugada como una pasa. Aún no entendía su enojo, o sea estaba bien que se molestara porque sea borde con él, eso lo comprendía, pero reaccionar de esa forma, acorralándome contra una pared me pareció excesivo. Además, no lo conocía casi nada, pero no me daba vibras de ser una persona que explotara con facilidad.
—¿Y bueno? —lo escuché decir.
—¿Y bueno qué?
—De qué se va a tratar nuestro proyecto.
—No se me ocurre ninguna idea —contesté mientras miraba a la ventana.
—¿Quieres por lo menos fingir un poco de interés?
Me volteé y alcé una ceja:
—Bueno Señor Desespero, ¿cuál es tu brillante idea, porque por el momento no te he oído decir nada?
—¿Sabes qué? Mejor elijo solo el tema —respondió, mientras se levantaba para dirigirse a la hoja donde teníamos que anotar el tema.
—No puedes hacer eso.
—¿Y por qué no podría, según tú?
—Porque lamentablemente somos pareja, por lo tanto, la decisión la tenemos que tomar juntos.
Rodó los ojos y volvió a tomar asiento a mi lado.
—Entonces da ideas para poder elegir de una vez por todas y poder largarme cuanto antes —dijo.
—Qué humor —contesté—. ¿Qué te parece si elegimos un refugio de animales?
—Me parece una buena idea, iré a anotarnos antes de que alguien más la tome.
Mientras tanto miré a través de la ventana a una familia de pájaros en un nido sobre una rama, en la cima de un árbol; podía observar cómo la mamá alimentaba a sus crías y emprendía vuelo a quién sabía dónde. Al ver esto pensé qué sería de aquellas crías si a su madre le ocurriera algo, cómo sobrevivirían al frío, al hambre o a los depredadores. Eran muy jóvenes para enfrentarse a las duras pruebas que les ponía la vida, incluso siendo unas aves. Sentí entonces una mano posarse sobre mi hombro.
—Ya está. Nos inscribí con el tema. ¿Estás bien?
—Sí, ¿por qué no lo estaría?
—Porque estás llorando —dijo, mientras acercaba su mano a mi rostro y me secaba una lágrima que corría por mi mejilla. Me había concentrado tanto en mis pensamientos que no me había dado cuenta de que estaba llorando.
—Sí, no te preocupes. No es nada.
—¿Estás segura?
—Sí, ya te dije que no me pasa nada —respondí y tomé mis cosas para irme del salón.
Ya había sonado la campana, y todos iban a la cafetería para almorzar algo, pero yo solo quería ir al patio. Necesitaba tomar aire fresco; sentía que iba a explotar si no salía de aquella sala. Y en cuanto lo hice, fui al manzano para cobijarme.
—Oye, ¿estás bien? —Levanté la mirada y vi a Brooke, mirándome con preocupación.
Quería decirle que sí, que me encontraba bien, que no me ocurría nada. Pero no era verdad, no me encontraba bien, la extrañaba mucho cada día que pasaba, no podía ni mirarme en un espejo sin recordarla, ni dormir bien a causa de las pesadillas constantes. Además, ya no soportaba los murmullos y las miradas lastimeras de la gente. Esa bendita noche yo debía haber muerto, no ella. Si yo muriera, no le importaría a nadie, el mundo estaría mejor sin mí. Pensaba que solo estorbaba, que no era nadie, quería gritar, desaparecer, que la tierra me absorbiera y no me soltara más. Sin darme cuenta, había vuelto a llorar, y Brooke me abrazaba, susurrando que todo estaría bien, que todo mejoraría.
—Ya pequeña, todo estará bien. Solo hay que esperar a que el tiempo arregle todo —dijo mientras acariciaba la cabeza.
Estuvimos todo el horario de almuerzo en el patio. El resto de las clases transcurrió con normalidad hasta el término de jornada, lo que significó para muchos un respiro, pero para mí que tenía que ir a mi trabajo no tanto. Me despedí de Brooke y me puse en marcha a mi casa.
