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El Libro de Isaías es un libro de profecías impresionantes que expresan en un idioma hermoso y literario la esencia del corazón de Dios para Su pueblo. En su comentario acerca de este libro excepcional, el Dr. Brian J. Bailey nos presenta con una perspectiva y revelación que nos indica los caminos de Dios de una manera más perfecta, explicando el significando de los mensajes proféticos de Isaías para el Israel natural y para la Iglesia. Por esto, el estudio detallado de este libro es esencial para todos aquellos que desean entender las señales de los tiempos.
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Veröffentlichungsjahr: 2020
ISAÍAS
Dr. Brian J. Bailey
Título original:
“Isaiah”
© 1994 Brian J. Bailey
Versión 1.0 en inglés
Titulo en español: “Isaías”
© 2004 Brian J. Bailey
Versión 2.3 en español revisada en agosto 2025
Diseño de portada:
Copyright ©2004 Brian J. Bailey y sus licenciadores
Todos los derechos reservados.
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico o mecánico, sin permiso por escrito del editor, excepto en el caso de citas breves en artículos o reseñas.
A menos que se indique lo contrario, las citas son tomadas de la Santa Biblia,versión Reina-Valera © 1960, propiedad de las Sociedades Bíblicas Unidas.
Traducción al español: Gabriela Belcore, Argentina.
Edición: Raimundo J. Ericson, Carla B., Elsie de C., 2009
Publicado en formato e-book en 2025
En los Estados Unidos de América.
Para obtener más información comuníquese a:
Zion Christian Publishers
Un ministerio de Zion Fellowship, Inc
P.O. Box 70
Waverly, NY 14892
Tel: (607) 565-2801
Fax: (607) 565-3329
www.zcpublishers.com
www.zionfellowship.org
ISBN versión electrónica (E-book) 1-59665-641-7
Al Señor Jesucristo, Aquela quien Isaías vio como la Luz del mundo. Y a mi querida esposa, Audrey, con quien he tenido el privilegio de predicar la luz del Evangelio en muchas naciones.
Queremos expresar nuestra gratitud a las siguientes personas:
A Gabriela Belcore - que realizó la traducción de este libro.
A Raimundo J. Ericson, Jorge C., Carla B. y Elsie de C. - por la revisión y edición de la versión en español.
Al equipo editorial de Zion Christian Publishers:
Carla B., David K., Ana K. P., Hannah S. y Suzanne Y.
Deseamos extender nuestra gratitud a todos ustedes ya que sin todas sus horas de arduo trabajo la publicación de este libro no hubiera sido posible. Estamos verdaderamente agradecidos por su diligencia, creatividad y excelente labor en la compilación de este libro para la gloria del Señor.
Al presentar este libro, nuestra oración y esperanza son que él mismo pueda revelar algunos de los maravillosos tesoros entregados por el Espíritu Santo a través del profeta Isaías. El libro está organizado de la siguiente manera:
En primer lugar hay un bosquejo exhaustivo de los temas que aparecen a través de las páginas de la profecía de Isaías. Cada punto está acompañado de una referencia bíblica, para que el lector pueda encontrar la exposición de cualquier tema en particular que desee dirigiéndose al capítulo y versículo señalados. Sigue al bosquejo una exégesis del texto del libro, capítulo por capítulo y versículo por versículo. Creemos que a través de este método el lector no sólo adquirirá una comprensión y apreciación generales de este maravilloso y tan amado libro profético, sino que además recibirá una iluminación detallada de las verdades que contiene cada versículo. Oramos para que las bendiciones de este libro se conviertan en una realidad en nuestra vida, así como también en un medio por el cual podamos compartirlas con otras personas a través de la predicación o la enseñanza en grupos de estudio bíblico. ¡Dios le bendiga!
Brian J. Bailey
Isaías significa “Jehová es salvación”. El profeta Isaías estaba casado con una profetisa; y tenían dos hijos, Is. 7:3; 8:3, 4. Isaías ministró al reino del sur de Judá durante los reinados de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías. Su ministerio se desarrolló durante el apogeo del Imperio Asirio antes de su destrucción en manos de los babilonios un siglo después. Según la tradición, Isaías sufrió el martirio durante el reinado de Manasés, hijo de Ezequías.
El apéndice contiene una breve tabla cronológica de los reyes, que permite a los lectores estudiar con facilidad la época en la cual se escribió Isaías, y también comprender los acontecimientos futuros de los cuales profetizó. Uno de los aspectos más importantes de su oficio profético fue su profunda revelación y comprensión de la vida y ministerio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Esto se analiza detalladamente, no sólo en el bosquejo sino también en el contenido de este libro. Sin duda Isaías tuvo una revelación sin precedentes, ya que nos habla de acontecimientos que abarcan desde antes de la creación hasta el cielo nuevo y la tierra nueva. Sólo la revelación de Juan tuvo una cobertura mayor que la de Isaías.
Isaías es, junto con Génesis, Deuteronomio y Salmos, el libro que más a menudo citó nuestro Señor durante Su ministerio terrenal. Se dice que el libro de Isaías es como una Biblia en miniatura. Uno de los aspectos notables de este precioso libro es que está dividido en sesenta y seis capítulos, siendo este el número de los libros de la Biblia. La Biblia está dividida en dos partes: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento contiene treinta y nueve libros y el Nuevo Testamento veintisiete libros. Isaías también está dividido en dos secciones principales. Los primeros treinta y nueve capítulos de Isaías componen lo que llamamos el Antiguo Testamento de Isaías, caps. 1-39, y se refieren principalmente al período del Antiguo Testamento. Los veintisiete capítulos restantes componen el Nuevo Testamento de Isaías, caps. 40-66, y comienzan con el ministerio de Juan el Bautista en el capítulo 40. Por lo tanto, los libros apócrifos (que se agregaron a nuestros 66 libros aceptados) obviamente no tienen lugar en el canon de la Biblia.
En los capítulos 1 y 2 de Isaías, el Señor nos muestra de qué manera trata no sólo con Israel sino también con sus hijos rebeldes en la iglesia. En la relación de Dios con Israel, ejemplificada en estos dos primeros capítulos, vemos Su plan a través de todos los tiempos. El siguiente es un breve bosquejo de los mismos:
1. Dios se queja de que Israel se ha vuelto atrás, alejándose de Él, 1:4.
a. La ciudad fiel se ha convertido en ramera, 1:21.
b. Dios dice: “Estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos”, 1:18.
2. Dios dice que volverá Su mano contra ellos y limpiará hasta purificar sus escorias, 1:25.
a. “Restauraré tus jueces como al principio... entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel”, 1:26.
b. Sion será rescatada con juicio, 1:27.
3. En los últimos días después de su restauración, Israel será quién enseñe a las naciones. “De Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová”, 2:3.
4. Dios trata con las personas de la misma manera que lo hace con las naciones.
Ejemplo: El rey David. Después de su restauración se convirtió en el pastor de Israel.
a. Purifícame, Sal. 51:7.
b. Restáurame, Sal. 51:12.
c. “Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti”, Sal. 51:13.
1:2 - “Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí”. Con este versículo he consolado a muchos padres piadosos que sufrían porque alguno de sus hijos se ha alejado del Señor. Nunca hubo un padre tan perfecto como nuestro Padre Celestial, sin embargo, Él se lamentó.
Con respecto a la crianza de los hijos, a menudo se cita Proverbios 22:6: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Sin embargo esta verdad también depende del hijo, quien debe responder a la instrucción de sus padres. Además, este versículo sugiere que no necesariamente en los años de formación, sino en la vejez, es que no se apartará de los caminos de Dios y regresará a Él. Cuando sea mayor, la persona que ha sido bien instruida regresará a los caminos que le enseñaron en su juventud; como en la historia del hijo pródigo. Así sucederá con Israel.
Aunque, como nación, Israel se apartó muy seria y lamentablemente de los caminos del Señor, en los últimos días volverá a seguirlo y caminará en Su senda. Este capítulo ilustra la historia de Israel de manera condensada y presenta, no sólo su rebelión, sino su regreso a Dios en los postreros días. Qué maravilloso es saber que las promesas de Dios son “sí y amén” para todos los que creen para la gloria de Él.
1:3 -“El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento”. En otras palabras, la nación de Israel no sabe a quién pertenece espiritualmente. Lamentablemente, hoy en día mucha gente se encuentra en la misma condición. Van de ídolo en ídolo, de religión en religión y de una filosofía a otra; siempre están aprendiendo, y sin embargo, nunca logran llegar al conocimiento de la verdad. ¿Por qué? Porque son como dice en Isaías 1:4:
1:4 - “¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás”. Es bueno que reconozcamos los efectos del pecado, especialmente de algunos pecados. Dice Oseas 4:11: “Fornicación, y vino, y mosto quitan el corazón”, (RV1909). La inmoralidad y la borrachera evitan que el corazón del hombre anhele al Señor. Bien haremos en prestar atención a la advertencia del apóstol Pablo en Efesios 4:17-19, donde nos dice que a causa del pecado una persona puede volverse insensible y entregarse a toda clase de impureza.
La reacción natural de un padre hacia un hijo desobediente es castigarlo para que se arrepienta de su maldad. Esto mismo hace el Señor con sus hijos rebeldes. El castigo es a la vez punitivo y redentor. Sin embargo, puede haber ocasiones en que los padres naturales ya no tengan la convicción de que su hijo cambiará al ellos corregirlo. Por lo tanto, renuncian a él y dejan que siga su propio camino. Así ocurre con el Señor, quien se pregunta en el versículo cinco: “¿Por qué querréis ser castigados aún? (el resultado sólo será) que todavía os rebeléis más y más” (N.T.){1}
1:5-6 -“¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite”. El Señor compara la condición de la nación de Israel con una persona enferma cuyo cuerpo está completamente cubierto de llagas. No hay en ellos buena salud ni plenitud.
1:7-9 -“Vuestra tierra está destruida, vuestras ciudades puestas a fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida por extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños. Y queda la hija de Sion como enramada en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada. Si Jehová de los ejércitos no nos hubiese dejado un resto pequeño, como Sodoma fuéramos, y semejantes a Gomorra”. Aunque estos versículos son proféticos, también se cumplieron en vida de Isaías, en la época de la invasión asiria al mando de Senaquerib (durante el reinado de Ezequías).
Algunos capítulos más adelante, este será el tema de gran parte de la profecía de Isaías. Los asirios invadieron la tierra de Israel durante este período, no sólo el territorio de las diez tribus del norte, sino también el reino de Judá al sur. Todo lo que quedó de este reino fue la ciudad capital de Jerusalén, que fue sitiada y rodeada por unos 185,000 soldados asirios. El capitán de Senaquerib ofreció a Ezequías 2,000 caballos y lo desafió preguntándole si tenía suficientes jinetes para montarlos, Is. 36:8.
1:10 -“Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra”. Por segunda vez, el Señor se dirige a los gobernantes de Jerusalén como lo hizo con los gobernantes de Sodoma. Debemos entender claramente que una de las razones más importantes por las que caía el juicio de Dios sobre Israel era el hecho de que en la tierra se practicaba la sodomía, aun entre los gobernantes de la nación. ¡La homosexualidad es abominación para Dios! Los juicios de Dios vienen sobre cualquier nación que permita la práctica de la sodomía. Las naciones occidentales que hoy en día legalizan la sodomía recibirán un especial juicio de Dios, porque tienen mucha más luz y conocimiento de la verdad que algunas de estas otras naciones paganas. Con respecto a este tema, también debemos considerar las palabras de Judas, el hermano del Señor, quien dice en Judas 7: “Como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno”. Aún así, aquellos que practicaban la homosexualidad ofrecían al Señor los sacrificios que exigía la ley levítica.
1:11-15 -“¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos”. Aunque cometían pecados terribles, aun así seguían ofreciendo sacrificios a Dios. Muchas personas que se alejan de Dios y se involucran en toda clase de inmoralidad y pecado continúan desempeñando sus prácticas religiosas. Sin embargo, Dios les dice: “¿Para qué me sirve? ¿Cómo puedo deleitarme en vuestros sacrificios?”
En el versículo trece, les dijo que no le trajeran más sus ofrendas. Hay muchas personas que se han descarriado y viven en pecado, y siguen asistiendo a la iglesia y alaban al Señor con sus manos en alto. Durante un culto al que asistimos mi esposa y yo, ella tuvo una visión. Vio a la congregación levantando sus manos en alabanza a Dios, pero sólo como nueve personas en toda la congregación tenían puestos “guantes blancos”. Sólo estas nueve personas en toda la congregación eran puras. Dios entonces le enfatizó a mi esposa: “No acepto la alabanza de todos. Sólo acepto la alabanza de aquellas personas que son puras a mis ojos”. La última parte del versículo 15 también deja claro que eran culpables de derramar sangre inocente. Vemos la solución que el Señor da en Isaías 1:16:
1:16 -“Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo”. Sólo hay una manera de lavarnos espiritualmente: a través de la obediencia a la Palabra de Dios y por la sangre del Cordero. En 1 Pedro 1:22, el apóstol declara: “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu”. El Señor también nos dice que dejemos de hacer lo malo. Sin embargo, simplemente dejar de hacer lo malo no es suficiente. Siempre debemos hacer aquellas cosas que son justas a los ojos de Dios y le agradan, como dice el versículo siguiente.
1:17 -“Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda”. Los profetas a menudo repiten estas sencillas obras de justicia. El profeta Jeremías dice del rey Josías: “Él juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y entonces estuvo bien. ¿No es esto conocerme a mí? dice Jehová”, Jer.22:16. El Señor argumentaba con los gobernantes de Jerusalén de esa época que se volvieran de sus malos caminos. Que Dios permita que muchos de los que leen estos versículos hagan lo mismo.
1:18 -“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. En este conocido versículo, familiar para tantos evangélicos, el Señor primero hace una invitación llena de gracia al animarnos a venir a Su presencia y “poner las cosas en claro” (NVI). ¡Qué Dios tan humilde! Invita a pobres pecadores a estar en igualdad de condiciones y a conversar íntimamente con Él con respecto a nuestra lamentable situación; y así, nos ofrece la maravillosa esperanza de que si nuestros pecados son de color escarlata, Él los hará blancos como la nieve (ver NVI).
La maravilla del Dios Altísimo es que puede perdonar y olvidar. Miqueas 7:19 lo expresa de esta manera: “Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”.
1:19 -“Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra”. Luego, el Señor hace lo que podríamos llamar una promesa permanente. Vemos en esta promesa que el Señor no está satisfecho con solo salvarnos y limpiarnos de nuestros pecados, también desea que heredemos la tierra. Ahora bien, recuerde que se dirigía a Su pueblo elegido, Israel, en ese período de la historia. Por lo tanto, les dijo que heredarían la tierra prometida, o la tierra de Israel como la llamamos hoy en día. Sin embargo, aunque bien podría ser, el Señor no nos promete necesariamente un lugar geográfico. Podría tratarse de nuestro país de adopción, de la nación a la que hemos sido llamados como misioneros, o simplemente de la iglesia a la que asistimos.
En Juan 8:34, 35 Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre”. Los que no obedecen al Señor no quedarán en la casa de Dios para siempre. Además, no podrán salir de las tinieblas espirituales, como lo declara Salomón en Proverbios 21:16: “El hombre que se aparta del camino de la sabiduría vendrá a parar en la compañía de los muertos”.
Por lo tanto, si tenemos en cuenta estos y otros pasajes de la Biblia, vemos que nuestra respuesta a lo que el Señor nos dice que hagamos determina si continuamos o no en los propósitos de Dios para nuestra vida y si hemos de poseer o no la herencia que Él nos ha preparado. No sólo es importante nuestra obediencia, también lo es nuestra buena disposición. Debemos decir como David en Salmos 40:8: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado”.
1:20 - “Si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho”. Lamentablemente, Israel no prestó atención a esta advertencia. Se rebelaron contra el Señor y sus mandamientos, y endurecieron su corazón. Como consecuencia, siglos después se hallaron cautivos, primero de los asirios y luego de los babilonios. Algunos capítulos más adelante, Isaías trata este tema en detalle.
1:21 -“¿Cómo te has convertido en ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de justicia, en ella habitó la equidad; pero ahora, los homicidas”. El Señor clama aquí por la condición espiritual de la ciudad de Jerusalén. Declara que la misma está llena de adúlteros. Esto es característico de nuestro tiempo, al que ciertamente podríamos denominar una generación adúltera. La ciudad, que alguna vez estuvo llena de justicia y juicio, ahora está llena de homicidas.
Esta realidad de Israel debería ser motivo de preocupación, ya que en muchas ciudades los índices de homicidios diarios son alarmantes. Con respecto a los días anteriores y cercanos a Su venida, el Señor declaró que serían como los días de Noé antes del diluvio, Lc. 17:26. En los días de Noé la Tierra estaba llena de violencia (ver Gn. 6:12). Toda carne había corrompido su camino sobre la Tierra. También había gran inmoralidad. Lo que vemos en Isaías, aunque se aplica expresamente a su época, también describe claramente los últimos tiempos cercanos a la Segunda Venida del Señor.
1:22 -“Tu plata se ha convertido en escorias, tu vino está mezclado [o diluido] con agua”. Los comerciantes mezclaban inescrupulosamente la plata con metales inferiores y diluían el vino con agua, lo cual indicaba el grado de deterioro de su condición espiritual.
1:23 -“Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones; todos aman el soborno, y van tras las recompensas; no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda”. Los príncipes (NVI: “gobernantes”) de Israel eran rebeldes y en la ciudad no existía la justicia. Las personas pervertían la justicia a cambio de regalos y sobornos. Desgraciadamente, vemos que hoy en día esto mismo ocurre en muchos lugares. Sin embargo, el Señor no permitirá que el mal gobierne para siempre.
1:24 -“Por tanto, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, me vengaré de mis adversarios”. Aunque el Señor es paciente, en cierto momento se levanta para juzgar.
1:25 - “Y volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré toda tu impureza”. El Señor viene a purificarnos al igual que el refinador purifica la escoria, como lo describe con elocuencia Malaquías 3:3: “Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia”.
1:26 -“Restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como eran antes; entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel”. Después de la purificación viene la restauración. Esta es una de las maneras en que Dios obra, y necesitamos comprenderla. Él es el Dios de la restauración; pero para ser restaurados, primero debemos someternos a los fuegos purificadores. Este proceso de purificación puede tener muchas formas.
Las palabras del rey David en Salmos 6:1-4 son un ejemplo excelente de esto: “Jehová, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada; y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu misericordia”. Luego, en Salmos 23:3 afirma: “Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre”. ¡Gracias a Dios por Su misericordia y Su restauración!
Aquí vemos un resumen del plan de Dios para todos los tiempos. Israel fue fiel, pero luego se alejó de Dios. Por lo tanto, el Señor los juzgó con severidad, lo cual sirvió para purificarlos de sus pecados. Después de su purificación, a Jerusalén se la vuelve a llamar “Ciudad de justicia”. Es el anhelo de Dios que todos aquellos que se han apartado sean restaurados a la pureza y a la justicia.
1:27 -“Sion será rescatada con juicio, y los convertidos de ella con justicia”. El glorioso mensaje de restauración continúa ahora en este versículo. Lo que redime y restaura es el juicio. Debemos comprender que este es el mensaje que fluye a través de la Palabra de Dios, para el pecador arrepentido o el creyente que se ha desviado o ha caído en un pozo terrible. La misma liberación maravillosa que experimentó David como describe el Salmo 40:1-3, está a disposición de todos
“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová”.
1:28-31 -“Pero los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan a Jehová serán consumidos. Entonces os avergonzarán las encinas que amasteis, y os afrentarán los huertos que escogisteis. Porque seréis como encina a la que se le cae la hoja, y como huerto al que le faltan las aguas. Y el fuerte será como estopa, y lo que hizo como centella; y ambos serán encendidos juntamente, y no habrá quien apague”. Sí, en el Señor hay restauración y liberación. Sin embargo, el temible juicio que se menciona en Isaías 1:28-31 viene sobre aquellos que no se arrepienten y continúan en sus malos caminos, y sobre aquellos que conocen al Señor pero luego lo abandonan.
El Señor Jesucristo habló tres veces de este juicio en Marcos 9:44, 46 y 48: “Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga”. Es interesante notar que la profecía de Isaías concluye con un relato similar sobre la condenación eterna de los malvados. Muy gráficamente, Isaías 66:23, 24 nos dice que: “Y de mes en mes, y de día de reposo en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová. Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará, y serán abominables a todo hombre”.
2:1 - “Lo que vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén”. ¿De qué manera profetizaba Isaías? Encontramos en este libro que repetidamente el profeta vio lo que sucedía y luego profetizó (ver Is. 1:1; 2:1; 6:1; comp. 13:1). Isaías tuvo una visión de las cosas que iban a suceder. Por esa razón pudo describirlas en forma tan vívida; en realidad, vio cómo ocurrían delante de sus ojos. Este es el ministerio de un profeta. Ve las cosas que sucederán en el futuro. Cuando se hace mención de los postreros días esta profecía está dirigida a Judá y Jerusalén, sin embargo, también hay un cumplimiento de la misma en la Iglesia de los últimos días.
2:2 -“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones”. El monte que se menciona aquí en su cumplimiento final es el que vio Ezequiel en el Reino Milenario de Cristo sobre la Tierra (Ez. 40:2). Sin embargo, también se aplica al monte de Sion en la Era de la Iglesia.
Produce gran esperanza y expectativa en estos últimos tiempos el hecho de que el Señor exaltará a Su Iglesia y la llevará hasta el monte de Sion espiritual, donde la usará para enseñar a las naciones los caminos de Dios. La Iglesia está llamada a acercarse al monte de Sion espiritual (He. 12:22, 23). En Daniel 11:33 leemos: “Y los sabios del pueblo instruirán a muchos”. En los postreros días, la Iglesia será exaltada para instruir a las naciones.
Al estudiar la profecía, no solo debemos tener en cuenta el cumplimiento natural para la nación de Israel, sino que debemos tener presente también un cumplimiento para la Iglesia, el “Israel de Dios” (Gá. 6:16). Por lo tanto, muchas de las promesas milenarias para Israel que mencionan Isaías y los otros profetas tienen un cumplimiento en la Iglesia de los últimos tiempos. De esta manera, podemos esperar que la Iglesia sea exaltada en los postreros días, y que las naciones se vuelvan a ella para aprender los caminos de Dios.
2:3 -“Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová”. Una de las promesas que el Señor da a la Iglesia de los últimos tiempos se cumplirá durante un período de intensa oscuridad. Durante esta época oscura, la gloria de Dios se revelará en forma visible a través de Su Iglesia (ver Is. 60:1, 2). Allí está la maravillosa promesa: las personas desearán aprender los caminos de Dios.
Con frecuencia ocurre lo contrario. Muchos cristianos se conforman con reuniones de testimonios y una dieta liviana basada en principios elementales de la Palabra de Dios. En una iglesia que yo pastoreaba, los ancianos expresaron que no deseaban oír predicaciones sobre el Antiguo Testamento, en realidad tampoco deseaban oír mucho del Nuevo. Sólo querían escuchar historias de los evangelios. Por maravillosas que sean, no se puede pretender crecer solamente con la leche de la Palabra. Estamos llamados a crecer hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo y a no continuar siendo bebés espirituales toda nuestra vida, (Ef. 4:12, 13). De esta manera, vemos la verdad revelada en Isaías: que la ley saldrá de Sion. El cumplimiento del nuevo pacto consiste en tener las leyes de Dios escritas en las tablas de carne de nuestro corazón; y en los últimos días, la Palabra de Dios fluirá de la Iglesia a las naciones.
2:4 -“Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra”. Obviamente, este versículo se refiere a la Segunda Venida del Señor, cuando Él juzgará a las naciones; porque las guerras cesarán durante el Milenio. Será un tiempo de bendita paz.
Como ya hemos señalado, es sumamente importante comprender en qué época tiene lugar una profecía. Es un gran error tratar de sacar de su tiempo a una profecía. El profeta Isaías dijo que volverían sus espadas en rejas de arado para cultivar la tierra. Sin embargo, el profeta Joel profetizó exactamente lo contrario de lo que profetizó Isaías. En Joel 3.10 dijo: “Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces”. ¿No sería confuso leer la profecía de Isaías y luego la de Joel? Podríamos pensar que hay una contradicción, pero no es así, porque se refieren a dos épocas diferentes de la historia.
Isaías se refiere al Reino Milenario de Cristo, que será una época de paz. Joel se refiere al tiempo de la Gran Tribulación, cuando todas las naciones paganas serán reunidas en el valle de Josafat para sitiar Jerusalén. Habla de una época de guerra. Aún no estamos viviendo en el Período Milenario. Algunas personas dicen que ya lo estamos viviendo, pero si este es el Milenio, yo no tendría una muy buena opinión del mismo. El Reino Milenario se caracteriza por la paz. Antes del Milenio habrá guerra y tribulación. Esto explica por qué los dos profetas parecen contradecirse.
2:5 -“Venid, oh casa de Jacob, y caminaremos a la luz de Jehová”. Esta sección concluye con la exhortación a la nación del propio pueblo de Dios. También es una advertencia muy apropiada para la Iglesia de nuestros días. Debemos caminar a la luz de la totalidad de la Palabra de Dios. Esto nos permitirá ser esforzados para el Señor; como Caleb, que se apropió de todas las promesas y propósitos de Dios para su generación.
2:6-9 -“Ciertamente tú has dejado tu pueblo, la casa de Jacob, porque están llenos de costumbres traídas del oriente, y de agoreros, como los filisteos; y pactan con hijos de extranjeros. Su tierra está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen fin. También está su tierra llena de caballos, y sus carros son innumerables. Además su tierra está llena de ídolos, y se han arrodillado ante la obra de sus manos y ante lo que fabricaron sus dedos. Y se ha inclinado el hombre, y el varón se ha humillado; por tanto, no los perdones”. Los versículos 6-9 presentan la acusación contra la casa de Jacob. En estos pocos versículos encontramos la siguiente lista de los pecados del pueblo de Dios en la época de Isaías. (También son los pecados de su pueblo en el tiempo inmediato anterior a la Segunda Venida de Cristo.)
1. Adivinación (“agoreros”): la predicción del futuro con la mediación de espíritus malignos, como por ejemplo los horóscopos.
2. Se habían unido con otras naciones y habían aprendido sus caminos.
3. El amor al dinero había hecho que se volvieran excesivamente codiciosos, a tal punto que almacenaban tesoros (tales como plata, oro, caballos y carros).
4. Su tierra se había llenado de ídolos. Ya fueran pobres o ricos, todos se inclinaban ante ellos. Llegó un momento en que había un ídolo en la esquina de cada calle de Jerusalén.
2:10 -“Métete en la peña, escóndete en el polvo, de la presencia temible de Jehová, y del resplandor de su majestad”. Solo en esta sección se repite tres veces esta advertencia de esconderse en la peña y luego dos veces más en la Biblia con respecto al día del Señor. En Apocalipsis 6:15 se cita específicamente en relación con la Segunda Venida. El día del Señor es un tiempo de juicio. Como lo declaró el profeta Amós: “¡Ay de los que desean el día de Jehová! ¿Para qué queréis este día de Jehová? Será de tinieblas, y no de luz” (Am. 5:18).
De esta manera, el Señor juzgará a los hacedores de maldad y abatirá a los altivos. Yo tuve una visión de la Segunda Venida. En ella vi el rostro del Señor aparecer en el cielo. En Su Segunda Venida, todos los hombres verán Su rostro y sus ojos, los que estarán llenos de ira y furia. Muchos correrán y tratarán de esconderse de Su presencia, y aun clamarán a las piedras para que caigan sobre ellos y los escondan de su rostro, pero no lograrán escapar de Él.
2:11-12 -“La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová solo será exaltado en aquel día. Porque día de Jehová de los ejércitos vendrá sobre todo soberbio y altivo, sobre todo enaltecido, y será abatido”. Todos los altivos serán juzgados. También vemos esto en Job 40:11, 12: “Derrama el ardor de tu ira; mira a todo altivo, y abátelo. Mira a todo soberbio, y humíllalo, y quebranta a los impíos en su sitio”.
2:13-14 - “Sobre todos los cedros del Líbano altos y erguidos, y sobre todas las encinas de Basán; sobre todos los montes altos, y sobre todos los collados elevados”. Cuando el pueblo de Dios peca, viene juicio sobre sus tierras y cosechas (ver Joel 1:12).
2:15-16 -“Sobre toda torre alta, y sobre todo muro fuerte; sobre todas las naves de Tarsis, y sobre todas las pinturas preciadas”. Isaías predice que sus ciudades cercadas serán destruidas, primero por Asiria y luego por Babilonia. Las naves de Tarsis, un puerto marítimo de España donde los fenicios realizaban gran parte de sus actividades comerciales, se refiere en general a todo el comercio que realzaba la belleza de la nación. Las pinturas preciadas podría referirse a toda clase de adornos lujosos. Representan las vanidades de este mundo, y con frecuencia se relacionan con los espíritus inmundos.
2:17-18 -“La altivez del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y solo Jehová será exaltado en aquel día. Y quitará totalmente los ídolos”. De esta manera, vemos nuevamente la promesa de que el Señor quitará todo orgullo e idolatría cuando se levante para juzgar. Cuando juzgue al mundo, destruirá todos los ídolos. Esta imponente advertencia de juicio sobre los orgullosos debería hacernos caminar con humildad delante de nuestro Señor todos los días de nuestra vida, como lo señaló el profeta Miqueas en Miqueas 6:8.
2:19 -“Y se meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, por la presencia temible de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando él se levante para castigar la tierra”. Este versículo nos recuerda la descripción de los postreros días en Apocalipsis 6:16, 17, cuando los hombres dirán a los montes y las peñas: “...Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de Su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” Las personas se esconderán del Señor en las peñas cuando Él regrese. Este es el terrible destino de aquellos cuyas vidas no han estado totalmente consagradas al Señor.
2:20-21 -“Aquel día arrojará el hombre a los topos y murciélagos sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron para que adorase, y se meterá en las hendiduras de las rocas y en las cavernas de las peñas, por la presencia formidable de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando se levante para castigar la tierra”. De nuevo repite que muchos de los malvados se esconderán del Señor entre las rocas cuando Él venga en juicio. Qué necedad pensar que podemos escondernos del Señor de los ejércitos.
2:22 -“Dejaos del hombre, cuyo aliento está en su nariz; porque ¿de qué es él estimado?” El significado de este versículo es que no debemos poner nuestra confianza en el hombre.
En los versículos 1-15 se denuncia a los gobernantes del pueblo. Ellos determinan lo que sucede a una tierra. Una nación recibe un gobernante conforme a los corazones de las personas en ese país. Un líder malvado que no teme a Dios sólo puede ser electo como presidente de una nación si el pueblo es malvado y se ha descarriado.
3:1 -“Porque he aquí que el Señor Jehová de los ejércitos quita de Jerusalén y de Judá al sustentador y al fuerte, todo sustento de pan y todo socorro de agua”. Como se mencionó en 2:13,14, cuando el pueblo peca, sufre la tierra. Ezequiel 14:13 dice: “Hijo de hombre, si un país peca contra mí y persiste en su infidelidad, yo levantaré mi mano contra él; le quitaré las provisiones, lo sumiré en el hambre, y arrasaré a sus habitantes y a sus animales”, (NVI). El Señor quita todo sustento básico de una tierra como un acto de juicio. Dios no sólo quitará el sustento básico de pan y agua, sino también a todos los gobernantes capaces.
3:2-3 -“El valiente y el hombre de guerra, el juez y el profeta, el adivino y el anciano; el capitán de cincuenta y el hombre de respeto, el consejero, el artífice excelente y el hábil orador”. Aquí se refiere a todos los gobernantes y comerciantes que hacían prosperar la economía de la tierra. Esto se cumplió durante los años de cautividad en Babilonia. En 2 Reyes 24:14 leemos: “Y [Nabucodonosor] llevó en cautiverio a toda Jerusalén, a todos los príncipes, y a todos los hombres valientes, hasta diez mil cautivos, y a todos los artesanos y herreros; no quedó nadie, excepto los pobres del pueblo de la tierra”. El Señor les quitó también a sus artesanos. Sólo quedaron en la tierra los pobres e ignorantes.
3:4 -“Y les pondré jóvenes por príncipes, y muchachos serán sus señores”. Luego, para aumentar el desconcierto de la nación, el Señor levantó reyes niños (Josías, Joacaz, Joacim, Joaquín, y Sedequías) para que gobernaran el país. Josías fue el único que obró con rectitud. Necesitamos clamar al Señor para que nos conceda tener gobernantes piadosos en nuestros países y ciudades.
3:5 -“Y el pueblo se hará violencia unos a otros, cada cual contra su vecino; el joven se levantará contra el anciano, y el villano contra el noble”. El versículo 5 dice claramente que se violarían todos los mandamientos de Dios sobre el respeto hacia los ancianos, y que sus hijos los oprimirían. Sin duda, esto ocurre en muchas ciudades hoy en día.
3:6-8 -“Cuando alguno tomare de la mano a su hermano, de la familia de su padre, y le dijere: Tú tienes vestido, tú serás nuestro príncipe, y toma en tus manos esta ruina; él jurará aquel día, diciendo: No tomaré ese cuidado; porque en mi casa ni hay pan, ni qué vestir; no me hagáis príncipe del pueblo. Pues arruinada está Jerusalén, y Judá ha caído; porque la lengua de ellos y sus obras han sido contra Jehová para irritar los ojos de su majestad”. La situación en Israel llegó a ser tan terrible que nadie podía gobernar y preservar el país. Presionaron a los que tenían apariencia de prosperidad para que se hiciesen cargo del gobierno, pero ellos se negaron porque dijeron que no contaban con los medios para cubrir las necesidades de la gente. Jerusalén estaba en la ruina total. Lo mismo volvió a suceder cuando Babilonia invadió la ciudad al mando de Nabucodonosor durante el reinado de Sedequías. Debemos tomar esto como una advertencia para nuestros días también. Cuando el juicio de Dios viene sobre un país la sociedad se derrumba.
3:9-11 - Ahora, en los versículos 9-11, se describe la diferencia entre el justo y el impío en el juicio: “La apariencia de sus rostros testifica contra ellos; porque como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan. ¡Ay del alma de ellos! Porque amontonaron mal para sí. Decid al justo que le irá bien, porque comerá de los frutos de sus manos. ¡Ay del impío! Mal le irá, porque según las obras de sus manos le será pagado”. Pecaban descaradamente y no se avergonzaban de toda su maldad. Y lamentablemente, eran el pueblo de Dios.
El Señor asegura al justo que será protegido en el tiempo del juicio. Sin embargo, se dice al impío que recibirá la recompensa por sus obras. Esto nos recuerda las palabras del apóstol Pablo en Gálatas 6:7: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. La Palabra de Dios nos advierte constantemente que, aun hasta el momento del juicio final en Apocalipsis 20:13, cada persona será juzgada según sus obras.
3:12 -“Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorearon de él. Pueblo mío, los que te guían te engañan, y tuercen el curso de tus caminos”. Es un hecho histórico que los reyes niños, con excepción de Josías, oprimieron al pueblo. Las mujeres que los controlaron a ellos fueron las reinas madres, famosas por su crueldad y maldad. En el capítulo diecinueve de Ezequiel se compara en especial a Hamutal con una leona cuyos dos cachorros (Joacaz y Sedequías) llegaron a ser reyes. Ninguna nación en la historia ha tenido éxito con líderes políticos mujeres. Resulta obvio que nunca fue el propósito de Dios que la mujer cumpliera esa función.
Los reyes niños llevaron a sus súbditos por los caminos del mal, y la embriaguez gobernaba en sus cortes. Jeremías 13:13 nos brinda más pruebas sobre esto: “Entonces les dirás: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo lleno de embriaguez a todos los moradores de esta tierra, y a los reyes de la estirpe de David que se sientan sobre su trono, a los sacerdotes y profetas, y a todos los moradores de Jerusalén”. Además, la idolatría reemplazó la verdadera adoración al Señor, como vemos en Jeremías 11:13: “Porque según el número de tus ciudades fueron tus dioses, oh Judá; y según el número de tus calles, oh Jerusalén, pusiste los altares de ignominia, altares para ofrecer incienso a Baal”. Durante la época de estos reyes jóvenes reinaron la embriaguez, la idolatría, el robo y toda clase de injusticias. Sin duda, si un gobernante hace caso a mentiras, todos sus siervos serán malvados.
3:13-15 -“Jehová está en pie para litigar, y está para juzgar a los pueblos. Jehová vendrá a juicio contra los ancianos de su pueblo y contra sus príncipes; porque vosotros habéis devorado la viña y el despojo del pobre está en vuestras casas. ¿Qué pensáis vosotros que majáis mi pueblo y moléis las caras de los pobres? dice el Señor, Jehová de los ejércitos”. En consecuencia, el Señor está en pie para abogar en favor de los pobres de Su pueblo a quienes los gobernantes malvados han oprimido y pisoteado. Llega el momento en que el Señor dice basta, y quita a los impíos como lo hizo con cada uno de estos gobernantes malvados. Todos fueron removidos a una edad temprana; el mayor teniendo unos treinta años, mientras que los otros siendo aun adolescentes.
3:16-23 –“Además, dijo el Señor: Puesto que las hijas de Sion son orgullosas, andan con el cuello erguido y los ojos seductores, y caminan con paso menudo haciendo tintinear las ajorcas en sus pies (adornos en los tobillos), el Señor herirá con tiña el cráneo de las hijas de Sion, y el Señor desnudará su frente. Aquel día el Señor les quitará el adorno de las ajorcas, los tocados y las lunetas (collares de medialuna), los pendientes, los brazaletes y los velos, las redecillas, las cadenillas de los pies, las cintas, las cajitas de perfume y los amuletos, los anillos y aretes de nariz, las ropas de gala, las túnicas, los mantos y las bolsas, los espejos, la ropa interior, los turbantes y los velos” (LBLA).
Durante los reinados de estos reyes malvados encontramos una descripción de la vanidad de las hijas de Sion, en medio de este mar de iniquidad. Lo único que ellas pensaban era en su belleza carnal. Les habría hecho bien oír la advertencia y el consejo del apóstol Pedro en 1 Pedro 3:3, 4: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”. Que este pasaje bíblico nos sirva como advertencia también a nosotros, para que no seamos seducidos por la misma necedad de la vida vana de las hijas de Sion en la época de Isaías. Es el hombre interior el que debe embellecerse con un espíritu apacible y manso, mientras que el exterior debe cubrirse de humildad y modestia.
3:24 - “Y en lugar de los perfumes aromáticos vendrá hediondez; y cuerda en lugar de cinturón, y cabeza rapada en lugar de la compostura del cabello; en lugar de ropa de gala ceñimiento de cilicio, y quemadura en vez de hermosura”. Los juicios de Dios siempre están diseñados para ajustarse a la ofensa. El Señor las juzgó precisamente en el área en que eran culpables de vanidad. Esta fue su condición durante el sitio babilónico de Jerusalén.
3:25 -“Tus varones caerán a espada, y tu fuerza en la guerra”. Debido a que ellas intentaban seducir a los hombres con una demostración externa de belleza, El Señor declara que sus varones morirán por la espada cuando los babilonios sitien Jerusalén.
3:26 -“Sus puertas se entristecerán y enlutarán, y ella, desamparada, se sentará en tierra”. En realidad, este fue el contexto (o la base) para el libro de Lamentaciones, escrito por el profeta Jeremías después de la caída de Jerusalén, unos doscientos años después. Lamentarían, llorarían y estarían desoladas.
4:1 -“Echarán mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas; solamente permítenos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio”. Este versículo es una continuación del capítulo anterior y describe la difícil situación de las hijas de Sion. El número de hombres se ha reducido a tal punto que la proporción de mujeres para cada hombre es de siete a uno. Como consecuencia, lo único que deseaban las hijas de Sion era casarse y ser llamadas por el nombre de ellos para librarse de la vergüenza y el reproche que experimentaban por no estar casadas. Sin embargo, no estaban dispuestas a rendir cuentas a sus esposos y sujetarse a ellos. En lugar de eso, preferían “comer de su propio pan y vestirse de sus ropas”.
Este versículo tiene también un significado espiritual, porque en la Palabra de Dios las mujeres representan iglesias. Muchas iglesias desean colocarse bajo la cobertura de una comunidad o una denominación. Sin embargo, quieren comer de su propio pan: sus propias doctrinas. Además, desean vestirse de sus propias ropas: sus propias coberturas espirituales. Desean relacionarse con alguien, pero en realidad no desean compartir la misma visión. Hemos visto esto muchas veces, en todo el mundo. Es un engaño muy sutil. Si alguna vez usted es responsable de una obra, tenga cuidado con esto.
4:2 -“En aquel tiempo el renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel”. Tenemos aquí el plan de Dios para la nación de Israel después de la Segunda Venida de Cristo en el Milenio. El Renuevo es uno de los títulos del Señor, como también lo es de la nación de Israel (comparar Salmos 80:15; Isaías 60:21). En Zacarías 6:12 leemos: “Y le hablarás, diciendo: Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová”. Sin duda se refiere al Señor, como también en Jeremías 33:15: “En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra”.
Por lo tanto, aquellos que escapen de los juicios de los últimos días de Jerusalén y su sitio final, serán llamados santos. Zacarías 12:2 lo señala claramente: “He aquí yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor contra Judá, en el sitio contra Jerusalén”. Luego, Isaías 4:3 describe la condición espiritual de los que queden:
4:3 - “Y acontecerá que el que quedare en Sion, y el que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén estén registrados entre los vivientes”. Zacarías 14:20 presenta de manera simbólica la idea de aquellos santos que queden en la Segunda Venida: “En aquel día estará grabado sobre las campanillas de los caballos: SANTIDAD A JEHOVÁ; y las ollas de la casa de Jehová serán como los tazones del altar”. Dios quiere santidad. ¿Por qué? Porque Él es santo. En 1 Pedro 1:16, Dios dice: “Sed santos, porque yo soy santo”.
4:4 -“Cuando el Señor lave las inmundicias de las hijas de Sion, y limpie la sangre de Jerusalén de en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de devastación”. Como vemos en Isaías 4:4, antes de que este proceso de santidad ocurra, los habitantes de Sion y Jerusalén serán purificados. Los que queden serán santificados por el espíritu de juicio que vendrá a traer convicción de pecado, seguido del fuego purificador del Espíritu Santo. Serán purificados de la contaminación del mundo, la carne y el diablo.
Esto es lo que ocurre en tiempos de avivamiento. En el avivamiento, Dios viene en espíritu de juicio como vemos en el caso de Ananías y Safira (Hch. 5:1-11). Su engaño les costó la vida. Con el avivamiento viene también el espíritu de fuego. Juan el Bautista dijo que Cristo bautizaría en Espíritu Santo y fuego (Mt. 3:11). Hoy en día vemos el bautismo del Espíritu Santo, pero no vemos el fuego. Sin embargo, usted puede tener la seguridad de que el avivamiento vendrá con fuego; ¡y este fuego espiritual purifica del pecado! Es el espíritude devastación (NVI: “espíritu abrasador”) del que habla Isaías 4:4.
4:5 -“Y creará Jehová sobre toda la morada del monte de Sion, y sobre los lugares de sus convocaciones, nube y oscuridad de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas; porque sobre toda gloria habrá un dosel”. El Señor promete que toda morada espiritual en el monte de Sion se cubrirá de la gloria de Dios y fuego de noche.
Esto nos recuerda cuando en Éxodo 13:21, 22 el pueblo de Israel fue conducido por una columna de fuego en su peregrinaje por el desierto: “Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego”. Este versículo tiene un cumplimiento en el Milenio. Sin embargo, creo que la Iglesia postrera también verá un cumplimiento importante de esta promesa, a tal punto que se verá la gloria de Dios en las iglesias y congregaciones que habitan Sion espiritual.
4:6 -“Y habrá un abrigo para sombra contra el calor del día, para refugio y escondedero contra el turbión y contra el aguacero”. Durante los últimos días la gente encontrará seguridad espiritual en la Iglesia, a pesar de que habrá violencia por todas partes. La Iglesia de los últimos días será un lugar de refugio, consuelo, y provisión en épocas de juicio.
5:1 -“Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil”. ¿Quién es la viña de Jehová? Debido a que la Escritura se interpreta a sí misma, hallamos la respuesta en el versículo 7: “Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel”. En toda la Biblia, se identifica a Israel con la viña del Señor. Lo vemos con claridad en Salmos 80:8, 9: “Hiciste venir una vid de Egipto; echaste las naciones, y la plantaste. Limpiaste sitio delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra”.
5:2 - La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Esta es una descripción de lo que Dios hizo con Israel, la viña del Señor. Esto se hizo muy real para mí en una de las primeras visiones que Dios me dio.
En esa visión pude ver con mucha claridad de qué manera el Señor trata con la vida de un cristiano. Vi un terreno muy escabroso lleno de maleza y rocas, nada agradable para la vista humana. Entonces el Señor mismo caminó por esa tierra. Comenzó por construir un muro alrededor del terreno para que nadie pudiera entrar. Sabemos por Isaías 60:18 que son los “muros de salvación”. Job 1:10 lo confirma, cuando Satanás declara que Dios ha hecho un cerco alrededor de Job y de todo lo que tiene. De la misma manera, cuando nos convertimos, el Señor coloca un muro (o cerco) alrededor de nosotros para protegernos del enemigo. Sin embargo, hay puertas en los muros, que son las entradas a nuestra alma por las cuales el enemigo todavía puede atacarnos. Estas puertas son nuestros ojos: aquello que miramos; nuestros oídos: aquello que escuchamos; nuestra nariz: aquello que olemos; y nuestra mente: que es la parte más poderosa de nuestro ser. Por ese motivo, es necesario vigilar nuestra mente con mucha diligencia; porque cual es el pensamiento de un hombre en su corazón, tal es él (Pr. 23:7). También debemos cuidar nuestra boca, porque de la abundancia del corazón habla la boca.
Luego, en mi visión, de la misma manera que declara Isaías en este versículo, vi que el Señor comenzó a quitar la maleza. Entendí que se trataba de las obras de la carne señaladas en Gálatas 5:19-21. También comenzó a quitar las piedras, que representan áreas de rebelión en nuestra vida. Más tarde plantó el terreno, convirtiéndose entonces en un jardín muy agradable con hermosos árboles y plantas que son los frutos del Espíritu. Isaías 5:2 menciona “vides escogidas”. Él planta en la ladera fértil una viña que representa a la nación de Israel. La torre en Isaías 5:2 nos recuerda la necesidad de velar a causa del enemigo de nuestras almas, y el lagar (la prensa) nos hace entender que el Señor desea vino, no tan solo uvas.
Este es un aspecto muy importante, ya que, entre la producción de uvas en la vid y el vino, existe un proceso. De la misma forma, el cristiano maduro debe pasar por la prensa para perder su identidad y quedar reducido a nada, de manera que el gozo del Señor pueda fluir de su corazón y su vida. Sin embargo, trágicamente, esta vid escogida que Dios plantó en la tierra de la promesa produjo uvas silvestres. Por desgracia, lo mismo ocurre con muchos creyentes hoy en día. Conozco el caso de varios pastores que se describen a sí mismos como carneros rebeldes o sementales salvajes. Han estado en el ministerio durante más de veinte años y aún siguen siendo “indomables”. ¿Cuál es la reacción del Señor?
5:3-4 - “Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podría hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?” En primer lugar se dirige a los habitantes de Jerusalén y les pregunta si podría haber hecho algo más por Su viña.
Me temo que lo mismo ocurrirá cuando el Señor se encuentre con sus hijos rebeldes que producen uvas silvestres en lugar del fruto maduro precioso que Él desea de su vida. Qué vergüenza sentirán en aquel día en que todos compareceremos delante del Señor de la gloria, para rendir cuenta de nuestra vida. Debemos preguntarnos: ¿Qué clase de uvas (fruto) estamos dando? He conocido personas que han sido creyentes durante treinta años, y en lugar de producir uvas dulces han producido uvas silvestres y amargas.
5:5-6 -“Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella”. En Salmos 80:12, 13 se repite esta alegoría del juicio: “¿Por qué aportillaste sus vallados, y la vendimian todos los que pasan por el camino? La destroza el puerco montés, y la bestia del campo la devora”. El puerco montés, que representa la inmundicia espiritual, entra en la vida de una persona cuando Dios derriba los cercos. El Señor derribará nuestros cercos si no caminamos en obediencia a Su Palabra, y especialmente habrá dos cosas que se introducirán en nuestra vida: la embriaguez y la inmoralidad.
Miqueas 3:12 repite esta profecía del juicio: “Por tanto, a causa de vosotros Sion será arada como campo, y Jerusalén vendrá a ser montones de ruinas, y el monte de la casa como cumbres de bosque”. Como ya hemos dicho, todo esto ocurrió en toda su plenitud cuando los babilonios sitiaron Jerusalén y saquearon la ciudad.
5:7 -“Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor”. Para que no cometamos un error al interpretar esta alegoría, en el versículo 7 el Señor deja bien en claro que habla de Israel.
5:8-10 -“¡Ay de los que juntan casa a casa, y añaden heredad a heredad hasta ocuparlo todo! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra? Ha llegado a mis oídos de parte de Jehová de los ejércitos, que las muchas casas han de quedar asoladas, sin morador las grandes y hermosas. Y diez yugadas de viña producirán un bato, y un homer de semilla producirá un efa”. Aquí Dios pronuncia sus juicios sobre aquellos que continuamente añaden más posesiones materiales a las que ya poseen. Esto nos recuerda al rico insensato de Lucas 12:16-21, quien a causa de sus muchos bienes pensaba derribar sus viejos graneros para construir otros mayores.
En Lucas 12:15 la advertencia del Señor era: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”. En Lucas 12:20, 21 Jesús continuó su advertencia sobre la codicia: “Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”.
5:11-12 -
