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"Un sentimiento de insoportable tristeza invadió mi alma." Ninguna obra define mejor el genio de Edgar Allan Poe que La caída de la Casa Usher. En este relato, la arquitectura se vuelve viva y la melancolía se transforma en una fuerza física capaz de derribar muros. La historia sigue la visita de un narrador anónimo a la mansión de su amigo de la infancia, Roderick Usher, solo para verse atrapado en una red de hipersensibilidad, enfermedad familiar y un secreto que late bajo las grietas de la mansión. El Abismo de la Mente Humana: En esta pieza central del Romanticismo Oscuro, Poe perfecciona la "unidad de efecto", donde cada palabra y cada sombra contribuyen a una sensación creciente de pavor. El autor explora temas de aislamiento extremo, el miedo a ser enterrado vivo y la extraña conexión entre gemelos. La caída de la Casa Usher es un estudio sobre cómo el pasado y el entorno pueden consumir el presente, convirtiéndose en la referencia absoluta del terror atmosférico y la narrativa de suspenso. Un Hito de la Literatura Universal: Desde su publicación en 1839, esta obra ha influido en incontables autores, desde H.P. Lovecraft hasta Stephen King, y ha sido adaptada magistralmente al cine y la televisión. Es una pieza imprescindible para cualquier biblioteca de clásicos del terror, estudios góticos y ficción psicológica. Entre en la mansión antes de que se derrumbe. Compre "La caída de la Casa Usher" hoy mismo y experimente el horror puro.
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Seitenzahl: 30
Veröffentlichungsjahr: 2025
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Contemplé el escenario que tenía ante mí la casa, el simple paisaje del dominio, los muros descarnados, las ventanas como ojos vacíos, unas junqueras fétidas y los pocos troncos de árboles agostados con una fuerte depresión de ánimo, que sólo puedo comparar, como sensación terrena, al despertar del fumador de opio, a la amarga caída en el deambular cotidiano, al horrible descorrerse del velo. Era una frialdad, un decaimiento, un malestar del corazón, una irremediable tristeza mental que ningún acicate de la imaginación podía desviar hacia ninguna forma de lo sublime. ¿Qué era me detuve a pensar, qué era lo que me desalentaba tanto al contemplar la Casa Usher?
Misterio insoluble; y yo no podía luchar con los sombríos pensamientos que se agolpaban en mi mente mientras reflexionaba. Me vi obligado a recurrir a la conclusión insatisfactoria de que mientras hay, fuera de toda duda, combinaciones de simples objetos naturales que tienen el poder de afectarnos de esta forma, el análisis de semejante poder se encuentra entre las consideraciones que están más allá de nuestro alcance. Era posible, pensé, que una simple disposición distinta de los elementos de la escena, de los pormenores del cuadro, fuera suficiente para modificar o quizá anular su poder de impresión dolorosa; y, procediendo en consonancia con esta idea, dirigí mi caballo a la escarpada orilla de un negro y pavoroso lago, que extendía su brillo tranquilo junto a la mansión; vi en sus profundidades con un estremecimiento aun más sobrecogedor las imágenes reflejadas e invertidas de las grises junqueras, los troncos espectrales y las ventanas como ojos vacíos.
En esa mansión de melancolía, sin embargo, me proponía pasar unas semanas. Su propietario, Roderick Usher, había sido uno de mis mejores compañeros de juventud, pero habían transcurrido muchos años desde nuestro último encuentro. Sin embargo, acababa de recibir una carta en otra región remota del país, una carta suya, cuya misiva, por su tono desesperadamente insistente, no admitía otra respuesta que la presencia personal. La escritura denotaba señales de la agitación nerviosa. Hablaba de una enfermedad física grave, de un trastorno mental que le oprimía y de un intenso deseo de verme por ser su mejor y, en realidad, su único amigo íntimo, con el propósito de conseguir, por la animación de mi compañía, algún alivio a su mal. La forma de expresar esto, y sobre todo la aparente sinceridad que acompañaba su petición, no me permitieron vacilar, y, en consecuencia, obedecí inmediatamente a lo que, por otra parte, consideraba un requerimiento muy singular.
