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A Andi nunca le gusta nada, por eso siempre tiene cara de col avinagrada. Lo que tiene no lo quiere, y lo que quiere no lo tiene. Cuando va a la escuela no saluda a nadie ni alza la vista. Un día encuentra a una anciana que, apenada porque él siempre está triste y le concede tres deseos. Andi no le presta atención. Pero se le cumplen los tres deseos, entonces contemplará todo con nuevos ojos.
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Seitenzahl: 12
Veröffentlichungsjahr: 2016
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Primera edición en alemán, 1993Primera edición en español, 1997Primera edición electrónica, 2016
Editor: Daniel GoldinDiseño: Joaquín Serra Escalante, sobre una maquetaoriginal de Juan ArroyoDiseño de portada: Joaquín SierraDirección artística: Mauricio Gómez Morin
© 1993, Arena Verlag GmbHISBN 3-401-07136-XTítulo original: Die Schule fliegt ins Pfefferland
D. R. © 1997, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 México, D. F. Empresa certificada ISO 9001:2008
Comentarios:[email protected] Tel. (55) 5227-4672
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ISBN 978-607-16-3448-1 (ePub)
Hecho en México - Made in Mexico
ilustraciones deJUAN GEDOVIUS
traducción deANA GARRALÓN
♦ A leguas se veía que Andi nunca estaba contento.
—Este Andi es una cosa seria —decía a menudo su madre—. Cuando horneo un pastel de manzanas, él quiere un pastel de ciruelas. Cuando lo hago de ciruelas, se le antoja un bizcocho de chocolate. Lo que tiene no lo quiere, y lo que quiere no lo tiene.
En la escuela, Nina, su compañera de asiento, a veces intentaba animarlo a jugar durante el recreo.
—Andi, ¿jugamos a la pelota? ¿O a saltar la cuerda? —le preguntaba.
Pero Andi sólo negaba con la cabeza.
—¡Déjalo! —decía la amiga de Nina. Y burlona le cantaba:
¡Como a Andi no le gusta nada,
mira todo con cara de col avinagrada!
Cuando se dirigía a la escuela Andi nunca se distraía. Siempre caminaba mirando fijamente delante de él. Jamás alzaba la vista ni saludaba a nadie.
Una mañana, en la parada del autobús, se topó con una anciana. Andi, claro está, nunca la había visto. Ella lo miró con sus ojillos entrecerrados y le dijo:
—Andi, es una lástima que siempre tengas esa cara de col avinagrada, no me gusta como luces, me acongojas. Me haría tan feliz que pudieras alegrarte como los demás niños, aunque fuera sólo una vez. Así que voy a hacer que hoy se te cumplan tres deseos. ¡Tan pronto como los pienses o los digas se realizarán! ¿Te agrada mi regalo?
Andi ni siquiera tuvo tiempo para sorprenderse. En ese momento sonaron ocho campanadas. Y se echó a correr para no llegar aún más tarde a la escuela.
Cuando entró al salón, la señora Schneider ya había repartido los cuadernos.
—Esta mañana tendremos dictado —dijo.
