La generación de las hojas - Marta Blanco - E-Book

La generación de las hojas E-Book

Marta Blanco

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Beschreibung

Pilar es alguien completamente fuera de toda clasificación. Una rara avis en un mundo chileno que tose cuando ella habla, y tras las servilletas, la condena. Un mundo de parientes, tíos, patriarcas, frases hechas, efemérides, familias llenas de niños, parientes y cosas inmutables, que no deben ser derrocadas jamás. Pilar es lo contrario de lo que se espera de ella. Una francotiradora a la que le duele su mundo sin paisaje, el mundo de los inadaptados. Una mujer que piensa demasiado y siente en su interior pasar las estaciones, el tiempo… y a ella misma. Sobre su piel se suceden el cansancio de las primaveras excesivas, el descubrimiento de los otoños, el silencio de los inviernos. Con una diferencia gloriosa: Pilar vive con intensidad este proceso. Hasta ahora ella ha ido por el riel marcado por el comme il faut. Se ha casado con un hombre "que tiene una profesión agradable: es arquitecto"; tiene "una casa en el barrio alto, un automóvil blanco" y un marido "alto, delgado como una caña de pescar", que presenta el síndrome del "distanciamiento progresivo". Pero un día, se encuentra con alguien que cambiará las aburridas coordenadas de su espacio. Y Pilar es capaz de frenar en seco su vida programada hasta la muerte y de caminar fuera de los márgenes: se enamora de un hombre imposible y está casada con un hombre cotidiano. Y en este terrible galopar sobre dos caballos, Pilar intenta algo épico: tener conciencia de su propia muerte y dejar algo tras sí. La generación de las hojas no es una historia de amor. Es una historia del célebre y ominoso proceso del amor visto desde alguien que no se cuenta cuentos y que tiene conciencia del ácido e insobornable transcurso hacia la muerte. Ana María del Río

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Seitenzahl: 170

Veröffentlichungsjahr: 2024

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EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Vicerrectoría de Comunicaciones y Extensión Cultural

Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, Santiago, Chile

[email protected]

www.ediciones.uc.cl

LA GENERACIÓN DE LAS HOJAS

Marta Blanco

© Derechos reservados

Marzo 2024

ISBN 978-956-14-3255-0

ISBN digital 978-956-14-3256-7

Diseño y diagramación:

Salvador Verdejo Vicencio [versión productora gráfica SpA]

Diagramación digital: ebooks Patagonia

www.ebookspatagonia.com

[email protected]

CIP – Pontificia Universidad Católica de Chile

Blanco, Marta, 1938-, autor.

La generación de las hojas / Marta Blanco. –

1. Novelas chilenas.

I. t.

2024 Ch863 + DDC23 RDA

La reproducción total o parcial de esta obra está prohibida por ley. Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y respetar el derecho de autor.

ÍNDICE

Colección Arbolee-UC. Primeros frutos, primeras hojas

Marta Blanco, escritora de la palabra

Nota de la editora

La generación de las hojas

COLECCIÓN ARBOLEE-UC

PRIMEROS FRUTOS, PRIMERAS HOJAS

Con La generación de las hojas, novela que en 1965 marcó el estreno de Marta Blanco en la literatura chilena, iniciamos la “Colección Arbolee-UC”, primer fruto del convenio de colaboración suscrito por la Pontificia Universidad Católica de Chile y Fundación Arbolee, el 6 de septiembre de 2023.

La publicación de libros es una de las líneas de acción que nos hemos propuesto desarrollar en conjunto para materializar nuestro compromiso con el rescate, la difusión y la puesta en valor del patrimonio literario chileno. De esta manera, reconocemos el aporte clave de sus autores y autoras en la construcción de la memoria cultural de país. Una memoria ineludible a la hora de evaluar nuestro presente y proyectarnos al futuro.

Porque, así como la Historia nos ilustra respecto de acontecimientos, procesos, datos y fechas verificables, la ficción ofrece, junto con la calidad literaria que hace placentera la lectura, un cierto espíritu de época, el conocimiento de nuestra sociedad a través de vidas privadas, la profundidad del ser humano enfrentado a sus particulares circunstancias, dadas por su género, su carácter o el contexto social y cultural en el que habita.

La generación de las hojas se sitúa en los inicios de los años sesenta y revela la intimidad de las relaciones tal como se concebían entre la “gente bien” de entonces; los códigos, las costumbres, los temores, las insatisfacciones. Nacida el 20 de enero de 1938, la destacada periodista y escritora chilena Marta Blanco publicó esta primera novela a los 27 años, casi la misma edad de Pilar, la protagonista de La generación de las hojas. Sorprende, considerando su juventud, la claridad y madurez de su escritura, así como la aguda penetración de los conflictos que afectan a una joven mujer burguesa, casada; una mujer que espera del amor algo muy distinto de lo que encuentra en el matrimonio; una joven algo melancólica, reflexiva, insatisfecha, que cuestiona la realidad tal como se le presenta y se niega a aceptarla como lo hace su entorno. Temas similares fueron abordados entonces por autoras mayores, como Mercedes Valdivieso y Elisa Serrana, ante las cuales la novela de Marta Blanco no desmerece en lo más mínimo. Al contrario, sale muy fortalecida.

Es por todas estas razones que, con mucha alegría, hoy ponemos a disposición de los lectores esta obra temprana y breve, pero no por ello menos sólida, de una escritora que –a casi cuatro años de su muerte– merece ser redescubierta y leída con atención y gozo.

Agradecemos a sus hijas, Isabel y Elena Cruz Blanco, su confianza y colaboración, lo que nos ha permitido llevar adelante esta iniciativa con la que hoy reconocemos y difundimos el legado literario de Marta Blanco.

MARÍA TERESA CÁRDENAS MATURANAPresidenta Fundación Arbolee

IGNACIO SÁNCHEZ DÍAZRector Pontificia Universidad Católica de Chile

MARTA BLANCO, ESCRITORA DE LA PALABRA

“En el teatro, escuchando a la Callas, he comprendido que, cuando escribimos, lo más difícil es sostener en el tiempo el registro agudo”.

GIORGIO AGAMBEN

Reeditar la obra de Marta Blanco (Viña del Mar, 1938 - Santiago, 2020), publicar sus textos conocidos y los que están a la espera de una edición póstuma, es cumplir con una deuda literaria, es rescatar –para ajustar el canon de la historia de nuestra literatura– la obra de una de las voces más potentes, diversas y originales de la segunda mitad del siglo XX y el primer quinto del XXI.

Periodista de oficio, novelista, escritora de cuentos precisos y profundos, cronista social y política con mirada aguda, de humor irónico e implacable, mujer pionera y con opinión firme, figura de la televisión, conversadora erudita, profesora universitaria, lectora incansable, Marta Blanco se ha instalado en la literatura chilena con una obra de calidad indiscutible, reconocida y premiada por la crítica. No siempre ha tenido, sin embargo, ediciones que le hagan justicia y una adecuada presencia en librerías.

Y es que no ha sido fácil para las mujeres ocupar un espacio en la literatura de nuestro país, menos cuando han sido de carácter firme, de opinión segura y libre.

Volver a leer la primera novela de Marta Blanco, La generación de las hojas, publicada por editorial Zig-Zag en 1965, y prologar esta nueva edición a más de tres años de su fallecimiento, ocurrido el 21 de abril de 2020, es un significativo honor. Es inevitable, por lo mismo, compartir la certeza de que, finalmente, toda obra que lo merece tiene su momento de reconocimiento e instalación definitiva. Sería deseable, en ese sentido, que este se convirtiera en el primer paso, el que antecede a futuras reediciones de sus novelas Maradentro (1997), La emperrada (2002), Memoria de ballenas (2009), El peso del corazón (2015); de sus cuentos, publicados en las colecciones Todo es mentira (1974), Para la mano izquierda (1995) y en distintas antologías a lo largo de los años; de recopilaciones de sus crónicas y artículos de opinión publicados en diversos medios periodísticos (El Mercurio, Revista Paula, Revista Caras, El Periodista, entre otros), y de textos inéditos que están en proceso de revisión.

Habiendo leído con atención crítica el conjunto de la obra publicada de Marta Blanco, esta relectura de su primera novela sólo viene a confirmar lo que he sostenido en distintas oportunidades y formas sobre el valor literario de su escritura, su originalidad, su capacidad de llevar a la palabra ese espacio íntimo de lo femenino –cuando decide abrirse paso en un mundo dominado por lo masculino– y la mirada de su entorno desde una perspectiva propia que enriquece su comprensión. Para entender el aporte de esta escritora al espacio literario, no hay que perder de vista el tiempo, la condición social y económica, el ámbito cultural e intelectual en que nació, condiciones que dejaban a la mujer un espacio reducido. Si bien hubo otras antes que ella, Marta Blanco forma parte de las pioneras que dejaron el campo abierto al saludable y vasto escenario de la narrativa de mujeres que, desde los años 90 hasta ahora, han mostrado una diversa fertilidad, capaz de retratar con nuevas perspectivas temas de siempre y aquellos que habían permanecido silenciados o que se trataban de manera indirecta, críptica, alegórica, para sortear dificultades.

Marta Blanco decidió escribir, hablar, decir, abriendo puertas, instalando nuevos significados con una voz propia, un estilo que con el pasar de los años se fue enriqueciendo y profundizando, mostrando una libertad en el uso del lenguaje narrativo que suele ser escaso entre nuestros prosistas. Así, desde La generación de las hojas hasta su última novela, El peso del corazón –incluyendo sus excelentes cuentos y crónicas–, lo que revelan sus textos es una escritora que desarrolla todo un arco temático y de estilo, al servicio de sus temas recurrentes, sus obsesiones intelectuales. Esas insistencias fueron el motor inevitable que la impulsó, como artista, a decir lo que no podía callar. Según queda reflejado en el epígrafe de este prólogo, tomado de Giorgio Agamben, su escribir lo que no podía callar fue como sostener en el tiempo el más difícil de los registros vocales, el agudo, ese que rompe el silencio del aire, rasgándolo para dejar que aparezca, en el intersticio de la nada que se anula, el más sutil de los sonidos.

La mujer; el amor y la falta de amor; la vida y su contracara, la muerte; el poder y lo femenino conviviendo con sus estructuras y combatiéndolas; las tradiciones y su ruptura para crear nuevos ritos y significados; el mundo de la burguesía, con sus mitos y verdades; el presente de cada día y la pasión por la historia son los temas de una escritura que estuvo en el hoy hasta el último minuto, con lucidez y comprensión de los cambios. Estos van apareciendo en sus textos con el objeto de atrapar e hipnotizar al lector mediante una escritura con sentido y poder revelador. Si hubiese dos maneras de leer (hay muchas más, por supuesto): la del mero entretenimiento y la del descubrir, la propuesta de Marta Blanco es la de una escritura que conduce al lector al descubrimiento de espacios secretos, lo que siempre conlleva una aventura necesaria y el juego de la palabra con sus articulaciones creativas, imágenes impensadas y cadencia estimulante.

Escritora de la palabra. Poseída y poseedora del lenguaje, ya en La generación de las hojas Marta Blanco debuta como escritora y novelista con la asertividad de una inteligencia privilegiada y decidida. A los veintisiete años, y contando la historia de su protagonista, una mujer de edad similar, explora esa sensación pasajera de las hojas que recoge en un epígrafe tomado de Homero, “… semejante a la generación de las hojas es la generación de los hombres…”. Ese efímero pasar, tiene algo que de alguna manera es insulso, fatuo, arbitrario y es así como describe la situación de su joven protagonista, atrapada en un matrimonio que busca cumplir con el deber ser social pero que, desde el primer día, se visualiza como una odisea destinada al fracaso, porque cuando las inhibiciones inculcadas se desafían, y lo que podría haber sido bueno, natural o necesario se convierte en algo imposible, aburrido, nada es posible. “Inhibiciones. Es una palabra bonita. Bonita. Es una palabra insulsa. Insulsa. Es una palabra que proviene de nuestras inhibiciones. Algo es insulso, por lo tanto no tiene gusto a nada, por lo tanto debe haber algo con lo que lo podamos comparar, para llegar a la conclusión de que lo insulso es lo corriente y aquellas experiencias que se salen de lo corriente no son insulsas. Pero, entonces, cualquier cosa a la larga es insulsa”, reflexiona la protagonista, en esa juvenil toma de conciencia en la que el aburrimiento de lo insulso no está hecho para ella. Hay en todo este relato un aire que recuerda a Françoise Sagan, la inolvidable autora de Bonjour Tristesse, novela publicada en 1954.

Aunque siempre existe la tentación de querer ver en una primera novela más de algún vestigio autobiográfico, me atrevo a decir que Marta Blanco logra extrapolar cualquier elemento proveniente de la memoria de su propia existencia, convirtiéndolo en algo mucho más universal, generacional, una experiencia frecuente en las mujeres de su tiempo y que aún sobrevive bajo ropajes de una liberación que no termina por concretarse de manera definitiva. Hay en esta novela, incluso, algo que es simplemente existencial, sin referencia a géneros, cuando ese mero estar ahí de alguien no logra anclarse en el espacio de un significado auténtico y propio. Pilar, la protagonista de La generación de las hojas, decide desde un primer momento que su reciente matrimonio no será la cárcel que la instale en el centro de lo insulso, del aburrimiento, del relacionarse con pares entre los que se ha inventado un lenguaje lleno de ritos vacíos.

Como bien dijo alguna vez Sánchez Ferlosio, “toda memoria es ficción y toda ficción proviene de la memoria” y así, esta gran escritora que fue, que es, Marta Blanco (la escritura supone un sacrificio que debiera volver a sus autores de algún modo inmortales), volverá a aparecer con su voz aguda, sostenidamente, a través de su obra. Y los ejemplos están a la mano. En esa maravillosa novela-memoria titulada Maradentro, en la que una madre rompe el duelo por la muerte de un hijo a través de la palabra que habla de la pena, de la memoria que no ceja, tejiendo una trenza de recuerdos en los que madre e hijo vuelven a ser uno: “Desde el palco del tiempo ve a la niña en la playa de Ocho Norte y a ese niño de la caleta nadando, riendo, jugando. Alguien detesta los enigmas. Dos niños juntos en la oruga de la memoria”. O en La emperrada, texto en el que con verdadera maestría le da voz a la silenciada Constanza Nordenflycht, mujer nunca oficial de Diego Portales, y hace hablar a un coro de personajes históricos, revelando en perspectiva femenina los orígenes de la “república portaliana”, del primer Chile en serio; novela que debe leerse bajo la advertencia del epígrafe que toma de Carlos Cerda: “Usted no ha observado el coro –me dijo. Usted comete el error de la gran mayoría. Sólo tiene ojos para los protagonistas. Por eso no puede entender el mensaje. Observe las figuras del segundo plano”. Y ahí, con su Constanza silenciada, secundaria y el coro de la historia, Marta Blanco pone patas arriba la mirada tradicional de un personaje clave de nuestra historia. O, por último, en la voz que presta a la Faraón Hatsheptsut, desde el imaginado Egipto del Siglo XIV a. de C., en su última novela, El peso del corazón, a través de las cartas que la mujer travestida en monarca para poder ejercer el poder faraónico, le escribe a Senenmut, el visir encargado de entrenarla para tan difícil tarea, a quien secretamente ama: “Si algún día lees estas cartas será porque estoy muerta. Es la condición para escribirte con sentido, dejando a un lado el orgullo que según dices me posee a veces (y te agradezco el ‘a veces’), pero te advierto que el estruendo de mi corazón guiará la pluma sobre el papiro”. En estos y otros textos, la escritura de Marta Blanco fue rompiendo el silencio para conjurar la nada y el olvido.

Durante cinco décadas, Marta Blanco escribió desafiando lo obvio, el hastío de lo convencional, las limitaciones de lo correcto, las exigencias de los hombres, los intereses del mercado, en una obra diversa, menos breve de lo que se cree e intensa como el estruendo de la nota más sostenida y perfectamente original de esa maravillosa e inigualable soprano que fue María Callas. Así, ha dejado una obra sincera, honesta, precisa, que debe ser reeditada para la lectura y la memoria, para desafiar el olvido injusto, para entregarle el lugar que le pertenece en las letras chilenas, el de una de nuestras grandes escritoras, cuya obra adquirirá mayor valor y reconocimiento con el tiempo. Marta Blanco vivió siempre en el presente, con la memoria infinita y la palabra poderosa, para asegurarse un lugar en el futuro. Hoy tenemos en las manos su primera novela. Imagino que ya vendrán las siguientes, sus cuentos, sus entrevistas y crónicas, quizás algún día una selección de sus cartas y otros textos inéditos.

Su lectura despertará también el interés de biógrafos e investigadores. Porque Marta Blanco escribió con la perseverancia de las mareas, desafiando el destino, como su querida Mocha, la ballena blanca de nuestras leyendas que después Melville hiciera propia en Moby Dick y que ella recupera en su Memoria de Ballenas, donde quizá, como en un oráculo de Pitonisa, anticipaba sobre sí misma: “Caminaba despacio por la senda trazada entre las rocas. Un pie, luego el otro. Llegaré, pensaba. Voy a llegar al final del camino aunque se haga de noche”. Y ya intuimos lo que algo así puede significar para una artista de verdad.

JAVIER EDWARDS RENARDSantiago, octubre de 2023

NOTA DE LA EDITORA

El texto de La generación de las hojas que presentamos en este volumen fue escaneado de la edición de 1965, lo que significó comparar con el original cada página, línea a línea, ante los errores que suelen producirse en este proceso de copia. Luego vino la edición propiamente tal, en la que respetamos en todo momento la disposición de los capítulos, la separación de los párrafos, algunos con doble espacio, y la puntuación. Los únicos cambios introducidos tienen que ver con palabras que han cambiado su escritura, como oscuro por obscuro, y aquellas a las cuales se les ha eliminado la tilde, como los pronombres demostrativos (este, esta, ese…) y el pasado de verbos como ver (vio), dar (dio) o reír (rio), por ser ortográficamentemonosílabos. También la corrección de una errata. Respecto de decisiones más subjetivas, como eliminar algunos puntos suspensivos cuando no aportaban al sentido de la frase, acudí a un método no verificable pero cierto: le pregunté a su autora. Conocí a Marta Blanco a fines de los años noventa, la entrevisté en varias oportunidades, me honró con su amistad, su humor y su cariño hasta el final de sus días. Y quizás por eso, sin esperarlo ni proponérmelo, la edición de este libro se transformó en una nueva conversación con ella. Nos reímos, discutimos, reflexionamos, dejamos temas pendientes de un día para otro y su voz se impuso en cada decisión tomada. Coincidimos plenamente, debo decirlo, en conservar la tilde en el adverbio sólo (solamente) en todos los casos y no sólo cuando la frase resultara ambigua, como lo ha indicado la Real Academia Española.

MARÍA TERESA CÁRDENAS MATURANA

“… semejante a la generaciónde las hojas es la generación de loshombres…”

HOMERO

Este libro está dedicado a la memoria de Teresa Vidal, porque conoció el valor de la libertad.

Estoy casada con Juan Luis desde hace ya seis años. Tenemos una casa en el barrio alto, un automóvil blanco, y él una profesión agradable: es arquitecto.

Mi juventud fue un simple compás de espera hasta que llegara el marido apropiado y me sacara de una pobreza lúgubre y agobiadora; más lúgubre y más agobiadora que el común de las pobrezas, porque era la pobreza prejuiciada y humillante de quienes han tenido tiempos mejores y no se consuelan fácilmente con su destino gris.

Por eso, cuando llegó, fue para todos el marido ideal. Para mí también: era joven, alto y delgado como una caña de pescar, y su risa alegraba el espíritu hablando de éxitos tempranos. Era un hombre seguro de sí…; es, diremos… ¿Será esta la razón de su distanciamiento progresivo? Al principio fue una sensación muy agradable, mezcla de protección, desdén y dádiva, que me obligó a cuidarlo mucho, temerosa de verlo escapar.

Nos casamos una mañana de junio. Me llevó en un viaje pintoresco por el Caribe. Aún recuerdo el exceso de humedad, el ambiente viscoso, los insectos y los mosquiteros. No es mucho para recordar de una luna de miel, pero el amor es algo demasiado exigente para darlo en lugares como Montego Bay y Nassau.

La primera noche que llegamos, perseguí un mosquito; la segunda, dejé que me picaran; la tercera, me unté en una materia gélida, pringosa e ineficaz. Al final, me sentía un ser extraño, mezcla de mariposa prisionera y de muchacha acomplejada, cuando dormíamos abrazados bajo la red y la luna dibujaba bizcochos distorsionados sobre las piernas y los hombros de Juan Luis.

Esa fue nuestra primera discusión. En verdad, yo tuve la culpa. Juan Luis me abrazaba, me pedía, estábamos recién casados… Me reí… Me bajó una tentación de risa espantosa… ¡Era Juan Luis un pierrot tan mal logrado! Tendido, desnudo, el cuerpo salpicado de grotescos bizcochos: era irresistible. Y me reí. Hoy creo que nunca me lo perdonó. Traté de explicarle, pero no comprendió por qué yo me fijaba en la luz, en los dibujos, en el exterior, en ese momento. Y es que para Juan Luis el amor es algo que viene de adentro, que surge y que se entrega. Para mí, sin embargo, es una mezcla equilibrada de situaciones y deseo. En todo caso, llegamos a Chile felices y tostados.

Poco a poco, los días adquirieron la rutina habitual; lentamente dejamos de tener sorpresas el uno en el otro. Su amor era, como el amor de los campesinos, una mezcla de fuerza y de costumbre, que me dejaba a veces adormecida y otras veces con los ojos abiertos y sombríos, mirando los aromos florecer de amarillo, o apagarse las luces de la calle, o caminar la luna por el cielo. Me dejaba cansada o me dejaba triste, y casi siempre me sentía sola.