La tumba de litio - Ángel Soria Rodríguez - E-Book

La tumba de litio E-Book

Angel Soria Rodríguez

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Beschreibung

El comisario Pizarro es enviado a Tras os Montes, en la frontera española con Portugal, para investigar la aparición de cuatro cadáveres en una sima. Pronto descubrirá que, tras esos cadáveres se oculta una trama para derribar a los gobiernos luso y español. Una trama política y económica que oculta una sorpresa que cambiará el curso de su vida.

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Seitenzahl: 206

Veröffentlichungsjahr: 2025

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Indice

CAPÍTULO 1.- Vacaciones frustradas

CAPÍTULO 2.- Repuesto en el cargo

CAPÍTULO 3.- El reencuentro

CAPÍTULO 4.- Viaje a Oporto

CAPÍTULO 5.- Lisboa y Covas do Barroso

CAPÍTULO 6.- Antecedentes

CAPÍTULO 7.- El experto en huesos

CAPÍTULO 8. La investigación

CAPÍTULO 9. La alcaldesa de Covas do Barroso

CAPÍTULO 10. Dentro del laberinto

CAPÍTULO 11. Viriato

CAPÍTULO 12. El presidente Costa ha dimitido

CAPÍTULO 13. La gran sorpresa

CAPÍTULO 14. Pizarro se queda en Madrid

CAPÍTULO 15. Asesinato en Colón

CAPÍTULO 16. Donde dije Digo…

CAPÍTULO 17. Vuelta a Lisboa

CAPÍTULO 18. Una familia entera asesinada

CAPÍTULO 19. El asesino no descansa

CAPÍTULO 20. Una nueva llamada telefónica

CAPÍTULO 21. El objetivo se mueve

CAPÍTULO 22. Navidades bajo control

CAPÍTULO 23. Todo se precipita

CAPÍTULO 24. Unos años después

AGRADECIMIENTOS

CAPÍTULO 1.- Vacaciones frustradas

El automóvil avanza en dirección a Valencia y Alicante desgarrando una oscuridad que a cada momento se hacía menos densa. Al bajar el alto que llaman Cuesta de la Muela las aeroturbinas rasgan el cielo como catanas controladas por un gigante imaginario: zap-zap-zap rompiendo el silencio de la amanecida. Por fin comienza a clarear a la izquierda del coche, por el Levante. Un viento cálido entra por la ventanilla. Es el viento del amanecer al que acompaña un color anaranjado que enseguida se torna rosado y caluroso. De una encina, y al paso del automóvil, salen en desbandada un numeroso grupo de palomas en dirección a la torre de la vieja almazara. El acre aroma del aceite pegado a las paredes y techos de la almazara recuerda que aquellas tierras producen el oro verde, goloso y picante del aceite de oliva.

Al comenzar el descenso, se pierden de vista los aerogeneradores y aparece La Manchuela. Una llanura plana como una mano. Es Sisante, un pueblo otrora aceitero que tuvo, en su mejor momento, hasta seis prensas olivareras pero que, ahora, las ha abandonado en beneficio del almendro, la vid, los cereales y la leguminosa. No hay más que ver sus campos para darse cuenta. Desde el alto se divisa, perfectamente, la Casa-Palacio de los López Honduvilla y la de los Castillo, señores ambos de la localidad.

Piensa Pizarro que Sisante debe su topónimo, seguramente, al impuesto de la sisa que entró en vigor hace ya casi cuatro siglos y que se cargaba, como el que no quiere la cosa, sobre los granos y consumos menguando así las medidas en beneficio del recaudador. Sonrió al recordar esta anécdota tan característica del fisco nacional. En España pensó, cuando no había ingenieros sí que había ingeniosos.

Con la llegada de los primeros rayos de sol la conducción se hace más difícil. Se detiene en La Roda y, como no podía ser menos, compra una caja de Miguelitos. Esos pastelitos hechos a base de hojaldre y rellenos de crema pastelera y espolvoreados de azúcar que inventó, en su día Manuel Blanco López, y que llamó Miguelito en honor de su más goloso consumidor. A Catalina le gusta un horror. Aprovecha la parada para tomar café y visitar la casa de Alcañabate donde, según se cuenta, durmió Santa Teresa de Jesús. También visita su iglesia y otros palacios que engalanan la villa. Hace un alto en la puerta de uno de los figones del pueblo que muestra goloso, sus especialidades: gazpachos hechos con torta cenceña, caldo moreno, judías con perdiz, atascaburras, migas ruleras, gachas de almortas, ajomataero y migas de niño. Tampoco falta el moje de pimientos, el asadillo y otras bagatelas por el estilo. Esta carta, se dice, sería el sueño de cualquier Gargantúa. Se acerca el mediodía y, tras la profunda revisión que ha hecho a la carta del figón nota que el hambre se abre paso. Nada mejor, piensa, que acercarme a La Gineta aunque tenga que desviarme un poco.

La Gineta, ya en La Mancha Alta albaceteña es la patria de la lenteja y, en cuanto a ventas o paradores, cuenta con uno en el que Pizarro siempre que tiene ocasión para y espanta el hambre. Se llama Los Chopos. El local tiene, según se entra, a su derecha, una barra con barbacoa, un pequeño restaurante y un amplio salón con buffet donde abundan los platos típicos manchegos. Pizarro es muy partidario de las ventas de carretera. Siempre las prefiere a los restaurantes tradicionales por muchas estrellas que les pongan. Aun es pronto, apenas el mediodía cuando llega a Los Chopos, pero allí se come bien, rápido y económico. Además todo está limpio y aseado. ¿Qué más se podría pedir? Observa que está el cocinero dando el toque final a una paella que tiene un aspecto estupendo. Se acerca al buffet y elige una carne de entraña a la brasa como segundo plato. Come la carne y, terminando ya, observa que la paella ya está lista para salir al buffet. El orden de factores no altera el menú, se dice tras comer el segundo antes que el primero. Termina con una porción de tarta y un café. Apenas son las 13,00 horas y ya no tiene que parar hasta Javea, donde le espera Catalina Pastrana.

La carretera hasta Javea, desde la entrada a Valencia, es un horror. Algún día, sin que tarde mucho, los valencianos se darán cuenta de la necesidad de hacer una carretera en condiciones y dejarán de hacer estupideces grandilocuentes como esas Ciudades de las Artes y de las Ciencias y, velando por la ciudadanía y su calidad de vida, que a fin de cuenta son quienes les pagan, optarán por su seguridad vial. Claro es que esto no deja tanto margen a los profesionales de la comisión y el dinero sucio.

A lo lejos divisa el Montgó, un peñasco tan significativo de la localidad como pueda ser el Peñón de Ifach en la cercana Calpe. El Montgó sirve de parapeto de las borrascas que vienen del norte y, según se dice en la localidad, cuando el Montgó esta cubierto por la niebla, lluvia segura. Hoy el Montgó esta muy despejado y la playa del Arenal se muestra repleta de nadadores y aspirantes a tostados contempladores del sol.

Catalina Pastrana tiene una casa, heredada de sus padres, en una de las laderas del monte que rodea Javea. Es un chalet antiguo, con una parcela maravillosa poblada por una miríada de flores y plantas de todo tipo. En medio de este vergel una pequeña piscina, casi un pilón, sirve de refresco si, como es el caso, a la dueña de la propiedad le produce rechazo la playa y sus usuarios.

Pizarro llega hasta la puerta del chalet y toca el claxon para que Catalina le abra la puerta. La fiscal acude presta y, tras esperar a que aparque se lanza a su cuello y le besa como si volviera de una batalla.

Vaya, exclama Pizarro, merece la pena el camino de Valencia a Javea aunque solo sea por este recibimiento.

Tenía muchas ganas de verte, José.

Pues me vas a ver hasta que te canses. Diez días nada menos de vacaciones.

Bueno, dice ella, volviendo el rostro, hacia la piscina.

¿Qué ocurre?

No. Nada. Veremos si nos lo permiten.

¿Permitir? No me digas que te han dado algún caso y tenemos que volver antes de estos diez días.

¿Y por qué tendría que ser a mí a quien se lo han dado?

Pues porque a mi, desde luego, si que no me lo van a dar. Yo soy libre. Ahora no dependo de nadie. Soy una especie de autónomo emprendedor que se ha pasado a la buena vida.

Ja, dice burlona. Pasa, anda. Que te voy a contar.

Pizarro carga su pequeña maleta y pasan al fresco interior del porche. El sol, aunque ya está declinando, se hace notar. Estos días de comienzo de verano, en la costa, con una humedad relativa alta, se hacen incómodos e insufribles pero junto a la palmera y las enormes hojas de una catalpa tiñen de oscuridad la mesa donde Catalina ha servido una cerveza y unas aceitunas como refresco.

Voy a ducharme mientras tomas tu refrigerio y me preparo para salir. ¿Habrás reservado algo, verdad?

Sí. En La Cantina. Es la antigua lonja de Javea. El pescado y las gambas rojas son de escándalo. Me imagino que no te apetecerá algún arroz por la noche.

No. No te preocupes. He parado en La Gineta y he comido uno ya.

Cuando Catalina vuelve envuelta en un gran y esponjoso albornoz blanco encuentra a Pizarro examinando un legajo bastante grueso con una portadilla en la que se lee la palabra “Reservado” en caracteres rojos.

¿Y esto?, dice Pizarro.

Trabajo, señor comisario.

¿Lo podemos dejar para mañana?

Sí, pero hablaremos de ello durante la cena. Creo que si lo hacemos antes se te puede agriar la cena y con ello arruinar la noche.

Vaya. Tiene que ver con el final de las vacaciones que me has dicho antes, ¿no es así?

Así es. Pero déjalo para el postre. Al menos que las gambas de la bahía nos sepan a gloria.

Han pasado una velada extraordinaria. El vino blanco helado potencia el sabor salino de pescados y mariscos. Pizarro, siempre tan atento a la hora de elegir un vino, ha pedido un Pansa blanca, la uva típica de Alella. Un vino de sabor afrutado, con tonos de manzana y pera y algo de almendras verdes. Pizarro, cuando cata el vino se acuerda siempre de José María Romero, su mano derecha en la comisaría y un gran crítico con esto de los recuerdos del vino. El vino, suele decir, sabe a vino. Y esta bueno o está malo. Punto. A los postres, y mientras toman una copa de cava, surge la pregunta que Pastrana le reserva desde hacer horas.

¿Qué sabes del litio?

¿El litio?, pues poco; esa es la verdad. Que su símbolo el Li y que, en la tabla periódica, se encuentra entre los elementos alcalinos. Vamos culturilla de crucigramas y algún recuerdo de las clases de física y química del antiguo bachillerato.

¿Algo más?

Que es empleado en aleaciones conductoras del calor y en baterías eléctricas. Que se emplea en las baterías de teléfonos y patinetes, que explotan, por cierto y también, aunque esto me parece que no tiene nada que ver con tu negociado, que sus sales suelen emplearse en el tratamiento del trastorno bipolar.

Nunca dejarás de sorprenderme, cariño, dijo besándole en los labios.

¿Y tú, señora fiscal, qué sabes tú del litio?

Pues hasta que me han remitido el informe que estabas leyendo nada. Naturalmente. Ahora sé, por ejemplo, que tres salares, los de Uyuni, en Bolivia; el de Atacama, en Chile y el del Hombre Muerto, en la Argentina, concentran aproximadamente entre el 50 y el 85% de este mineral en el mundo. Que el litio es el nuevo oro blanco y que en Portugal han descubierto una masa impresionante de él. Que por ello han concedido la explotación a una empresa norteamericana de capital canadiense y que está extrayéndolo de lo que han convertido en la mayor mina al aire libre de Europa. Una mina que podría producir el suficiente litio como para fabricar medio millón de baterías de vehículos eléctricos anuales. Y eso, concluye, tan solo a lo largo de los próximos catorce años.

¿Pero si ya existe en los salares de Iberoamérica tanto litio por qué, entonces, no lo importan desde estos salares en lugar de sacarlo en Portugal con el consabido daño al paisaje y al medio? Porque por si no lo sabías, señora fiscal, la minería es una bomba para el medio donde se practica.

Pues me imagino que será por el elevado precio de los fletes, evidentemente. He llamado a tu amigo Aldea, el viejo marino mercante soriano y experto en transporte marítimo por todo el mundo. Me ha explicado todo acerca de los precios y del transporte por mar. Hoy, el litio se ha convertido en el nuevo oro, como bien decías, y su precio ha subido desde los 450 dólares de 2003 hasta los 65.000 del año pasado.

Fiu, silbó Pizarro. Entonces estamos hablando de un pelotazo para quien se coloque primero en la parrilla de salida.

Qué bien que me resumes, comisario.

Ex. Ex comisario.

Veremos, dice Pastrana. No adelantemos acontecimientos.

¿Y España?, pregunta Pizarro que se ha quedado con la copla del precio al que ha alcanzado el litio. ¿Por qué en España no se extrae litio? ¿O es que no tenemos?

En España ya se minó hasta el año 2011 pero, como ocurre siempre en nuestro país, nadie fue capaz de mirar más allá de sus propias narices y, la llegada del vehículo eléctrico era esperada por nuestras autoridades tan solo para montar carrocerías en Barcelona, o en Almusafes, pero no para explotar nuestros recursos pues adelantarse al futuro es la última de las preocupaciones de nuestros insignes gobernantes.

¿Y se extrajo todo el que había?

No. España, según catas que se han realizado en la antigua raya de Portugal, es bien rica en litio. Tan solo en Cáceres se llegaron a producir 15.000 toneladas anuales, lo que da idea de su probable repunte. Ahora, junto a la región de Tras Os Montes, en Zamora y Salamanca se prevé una cantidad enorme de mineral.

Pero esto es bueno para la economía…

Pero, a la vez, es malo para el medio ambiente, como has adelantado antes.

Acabáramos…

Los ecologistas están en contra de este tipo de explotación. El de la minería, quiero decir. Según ellos una paradoja de la transición energética es sustituir el uso de combustibles fósiles por recursos minerales cuya extracción y refinamiento pueden impactar negativamente en ecosistemas, especies y comunidades. Ten en cuenta que la extracción del litio es una amenaza más que segura para los salares en Sudamérica —que son, en realidad, humedales andinos—. La extracción compromete la disponibilidad local de agua y pone en riesgo la supervivencia de las comunidades y especies que habitan en torno a esos frágiles ecosistemas. Imagínate, en zonas de vaciado regional como es Tras Os Montes, o Castilla y León, perdiendo, además del agua, tan necesaria para otras actividades económicas, como la ganadería y la agricultura, a sus habitantes. La transición energética es urgente e imparable, pero debe ser justa y no hacerse a costa de la extracción de otros recursos naturales que ponen en riesgo a las personas y al medio. Esto es el Evangelio para los ecologistas quienes, además, tienen toda la razón.

Ya salió la Greta Thunberg de la Fiscalía.

Hombre, Pizarro, yo de ser modelo de alguien preferiría a Petra Kelly antes que a Greta.

Pero es que Petra está más tiesa que la mojama y, sin embargo Greta, pese a su Asperger, su cara de enfado y su mutismo colectivo, aún colea.

Eso sí. Ahí tienes toda la razón.

Bueno, querida fiscal. ¿Me puedes decir, por favor, por qué tratas de fastidiarme mis vacaciones? ¿Qué ocultas o, al menos, tratas de retrasar para que no me amargue la noche?

Me han llamado Balo y Jato.

¡Vaya!, ahora solo te falta que te llame el ministro.

También lo ha hecho.

¿Y que quieren?

Quieren que vuelvas

Sí, hombre. Típica reacción de político en ejercicio. Primero me abre la puerta y al menor contratiempo vuelven a pedirme el reingreso.

Hay algo más, José, que debes saber. Abre su bolso y extrae de él una fotografía tomada con una cámara de visión nocturna infrarroja especialmente diseñada para tomar fotos o grabar videos en entornos oscuros.

Observa esto de aquí. ¿Qué te parece?

Pues no sé bien qué decir. Parece un enterramiento antropomorfo. Algo como lo que se encontró en San Baudelio de Berlanga, en Soria, pero al contrario que éstas que aparecieron al aire libre estas otras parecen estar enterradas en alguna cueva.

Así es. Es una tumba en una veta de litio.

¿Y el fiambre?

Aquí viene lo gordo. El fiambre, como tú dices, podría ser los restos del mismísimo Viriato, si hacemos caso a la alcaldesa del pueblo donde se ha encontrado.

El pastor lusitano de la EGB.

Hoy estás en plan Cesta y Puntos.

Pero, de ser los huesos de Viriato estarían convertidos en papilla. Ten en cuenta que murió un siglo antes de Cristo.

Las fuerzas vivas, los ecologistas y los patriotas lusitanos lo han judicializado fuertemente. Su aparición ha provocado un movimiento popular que impide el desarrollo del plan dinamizador de la zona que prometía la excavación de la mina.

Y con razón, Catalina. Imagina que, en España, se topase uno con los posibles restos de Myo Cid. ¿Te imaginas lo que significaría para la comarca y sus gentes? Además, que esto del movimiento dinamizador me suena a empresas extranjeras apropiándose de terrenos y viviendas por la gracia de Dios.

Esa es otra, dice Catalina. Esa música también suena en la zona.

¿Y que tengo que ver yo, un ex comisario de Homicidios en un pleito por la tumba de Viriato?

El caso es que la alcaldesa, una vez visto el desastre medioambiental que produjo la mina mandó pararla y le puso todas las trabas del mundo. El juez mandó reabrir la explotación y, pese a las manifestaciones, los cortes de carretera, los documentos firmados por cientos y cientos de academias, historiadores y conservacionistas, vieron cómo el juzgado, con toda la fuerza pública del mundo, hizo reabrir la explotación. A mayor velocidad si cabe pues están trabajando en tres turnos. La empresa explotadora, como puedes imaginar, perdió una cantidad ingente de pasta con el parón y se quieren asegurar de que no volverá a producirse otro paro antes de extraer todo el metal.

El litio, mi querida fiscal, es un metal, no un mineral. Bueno, el caso es que los americanos se pusieron como Topuria en el pesaje y no pararon hasta asegurarse la explotación a lo bestia de la región.

Me suena que la aparición de los huesos es una maniobra para hacer parar la extracción, dice Pizarro.

La alcaldesa no permite su manipulación, su estudio o su traslado, hasta asegurarse de que los restos no corresponden a Viriato. El enterramiento, cuando fue fotografiado y, hasta el examen forense de los mismos, se suponía que eran de Viriato pero, al momento de hacer el examen, se encontraron otros tres cadáveres que llevaban allí otros tantos años pero eso sí; estos tres nuevos cadáveres están perfectamente fosilizados.

Habrá alguna historia, alguna leyenda, por la zona que dé idea de algo.

Eso es lo primero que intentamos comprobar. No hay nada de nada. Nadie sabe nada, ni nadie ha escuchado nunca algo similar a ese enterramiento histórico. Un misterio a resolver. Y ahí, mi querido comisario, es donde entra usted.

¿Yo…? dice Pizarro abriendo los ojos como platos.

¿Y yo qué? ¿Yo que tengo qué ver con los portugueses y con los mineros y las alcaldesas lusas?, le contesta Pastrana, pero mira, aquí me encuentro con el informe y la petición del ministro y tus jefes para convencerte de tu retorno a tu puesto de trabajo.

Lo mejor será pasar de todo y tomarnos esos días de vacaciones, Catalina. No sabes las ganas que tenía de estar contigo.

No acaban aquí las malas noticias, José. Mañana vienen Jato y Balo a pasar el día con nosotros. Al parecer, el propio ministro, les ha dado orden de que te recuperen para el Cuerpo de Policía y te van a encargar a ti la investigación de estos presuntos asesinatos.

Pero yo estoy fuera del Cuerpo. Además, yo que carajo sé de entierros históricos. Lo mío, te lo recuerdo, son los homicidios.

Y esto, sea Viriato o no, podrían ser homicidios. Pero te recuerdo que sigues en excedencia. Legalmente sigues ligado al Cuerpo y, en cuanto a lo de los portugueses, al parecer van a utilizar a su favor la colaboración con Francia en el asunto de lo que llamaron Asesinato en re mayor.

Ah, no. De eso nada. A mi me enseñaron la puerta trasera y, desde luego, ahora no voy a volver. Ni por asomo.

Piensa un poco, José. Antes de negarte en redondo. No es sólo por la Justicia, por la Ley y por el Orden, aquello que juráis defender en el Cuerpo. Es también, por tu país.

¿Por mi país? ¿Y que tiene que ver España con esto?

¿No has escuchado los rumores que están lanzando desde distintas páginas webs y por parte de influencers y vendedores de opinión de todo pelaje? El gobierno portugués ha caído por el escándalo del litio y, a nuestro gobierno, según estos manipuladores, le quedan diez minutos para verse envuelto en otro escándalo como el portugués que, pese a resultar que no era cierto, podría dar con todos ellos en la calle. Pues que cada palo aguante su vela. Además, sería una justicia poética ver al ministro del Interior en la calle.

¿Y que triunfe el bulo, la falsedad, la maledicencia; no?

Pero Catalina. ¿Tú te estás escuchando? Tú sabes mejor que nadie que no quiero saber nada de política ni de políticos. Entiendo que a ti, que te nombra el Fiscal General y al ministro, que le nombra el Gobierno, estéis en deuda con ellos, pero yo…

Hombre, comisario. Muy bonito. ¿Tú crees que yo debo mi puesto a un nombramiento a dedo del Fiscal General? ¿Tan baja estima me tienes?

Perdona, Catalina. Tienes razón. Me he rebotado y no pienso lo que digo. Pero es que lo del ministro del Interior me tiene encendido. Mira que pedirme ahora, tras separarme del servicio y de mi equipo que regrese. Es como para mandarlo a freír espárragos.

Pues hazlo. Estás en tu derecho. Pero no por ello condenes o dejes con el culo al aire a Jato y a Balo. Son tus amigos, José. Y te necesitan. ¿Vas a abandonarlos ahora porque un impresentable se haya dado cuenta de que no sabe dónde tiene la mano derecha? Sé un poco más despierto. Ahora es el momento de contestarle, de darle con el informe final una vez resuelto el caso, en los hocicos.

Tú eres un gran policía. Seguramente de los mejores que tiene este país, y te están pidiendo que des un paso al frente y ayudes a tu equipo; a tus amigos con los que has compartido toda una vida de servicio a España, descubriendo qué es lo que ocurre en Portugal y, de ser posible, descubrir e impedir que se repita en nuestro país.

Pero Catalina, dice Pizarro, lo mío son los homicidios, no la corrupción o los negocios sucios y menos estas historias de aparecidos y enterramientos extraños.

Hombre, José, tu caso más sonado fue el de Hashana, que era, en principio, un asunto de tráfico de seres humanos y que, al final, desembocó en un asunto puramente financiero. Y allí, en Portugal, tienes tres presuntos homicidios que resolver. Y, seguramente, evitar otros por el estilo.

****

Catalina y Pizarro han llegado a casa. Ella ha pedido a Alexa que ponga algo de música. Suena el suave canto de la Garota de Ipanema con Stan Getz al saxo y João Gilberto desparramando esa voz de arena, sensual y única, icono del bossanova.

Olha que coisa mais linda, mais cheia de graça é ela a menina que veme que passa num doce balanço caminho do mar.

Pizarro está leyendo el informe que le ha facilitado Catalina. El gin tonic a medias y unas onzas de chocolate Lindt, con un toque de guindilla y sal, en un platillo. Catalina, mientras lee Pizarro, escribe al comisario jefe, Chus Balo, un mensaje en WhatsApp. Pizarro, acepta. Dice acompañando a la frase con un emoticono con el pulgar hacia arriba.

Balo contesta, inmediatamente, dando un ok e informando que, al día siguiente, para mediodía, estarían en el viejo chalet de Javea, Jato y él mismo. Cree que el ministro no acudirá aunque sí que lo hará, con total seguridad, el Subsecretario de Interior.

CAPÍTULO 2.- Repuesto en el cargo

Pizarro saluda, con un abrazo y fuertes palmadas en la espalda a los dos comisarios: al comisario jefe y al comisario general de la Policía. También saluda, con un fuerte apretón de manos al Subsecretario de Interior. Les señala un par de sofás donde sentarse. Entre medias de ambos hay una mesa baja de centro. En ella, y sobre una bandeja cubierta con un mantel blanco de hilo, un juego de café azul y blanco de La Cartuja de Sevilla. Un termo alberga café caliente y una tetera guarda el agua hirviendo por si alguien prefiere una infusión. No es el caso y todos eligen el aromático café.