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El autor de Proverbios y Eclesiastés, el Rey Salomón, fue conocido como el hombre más sabio del mundo. Lamentablemente, el no caminó según sus propias enseñanzas. ¿Qué fue lo que impidió que alguien que estaba lleno de la sabiduría de Dios, cosechara sus beneficios? El Dr. Bailey responde a esta pregunta a través de su comentario sobre los libros de Proverbios y Eclesiastés, a partir de muchos años de experiencia en el ministerio. El mostrará las lecciones que se pueden aprender de la vida de Salomón, así como también las bendiciones que vienen sobre aquellos que viven de acuerdo a la sabiduría de Dios.
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Veröffentlichungsjahr: 2020
LITERATURA DE LA SABIDURÍA
Reglas para obtener una vida abundante
Título original: “Wisdom Literature”
Registrado © 2006 Brian J. Bailey
Versión 1.1 en ingles
Título en español: “Literatura de la Sabiduría”
Registrado © 2013 Brian J. Bailey
Versión 1.0 en español
Diseño de la Portada
© Zion Fellowship Inc. 2006
Publicado por Zion Christian Publishers.
Libro de texto de Zion Christian University.
Usado con permiso.
Todos los derechos reservados.
Traducción al español: Sylvia Womack, EE.UU.
Revisión y edición: Ana Karen Poza, Carla Borges.
Febrero 2013.
Primera edición en español: Febrero 2013.
Primera impresión en español: febrero 2013
Segunda impresión: abril 2018.
A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas fueron tomadas de la versión Reina-Valera 1960, © 1960 Sociedades Bíblicas Unidas.
Publicado en formato e-book en Diciembre 2020
En los Estados Unidos de América.
ISBN versión electrónica (E-book) 1-59665-491-0
Para obtener más información comuníquese a:
Zion Christian Publishers
Un ministerio de Zion Fellowship, Inc
P.O. Box 70
Waverly, NY 14892
Tel: (607) 565-2801
Llamada sin costo: 1-877-768-7466
Fax: (607) 565-3329
A Sylvia Womack por su trabajo y dedicación a la traducción de este libro al español.
Al equipo Editorial de Zion Christian Publishers: Carla Borges, Suzette Erb, Mary Humphreys, David Kropf, Ana Karen Poza, Hannah Schrock y Suzanne Ying.
Deseamos extender nuestro agradecimiento a todas esas personas queridas, pues sin sus muchas horas de inestimable ayuda este libro no hubiera sido posible. Estamos verdaderamente agradecidos por su diligencia, creatividad y excelencia en la compilación de este libro para la gloria de Dios.
En un sentido escritural, la Literatura de la Sabiduría se refiere a dos libros que el rey Salomón escribió: el libro de Proverbios y el libro de Eclesiastés.
El título “Libro de los Proverbios” (“Pro” significa “para” y “Verba” significa “palabras”), se traduce en escrituras rabínicas como Sepher Hokhmah, que significa el libro de la sabiduría. Éste es el tema principal del libro de Proverbios.
Los Proverbios esencialmente se componen de dos líneas. La verdad hablada en la primera línea se puede confirmar por un pensamiento similar en la segunda línea. Por ejemplo, Proverbios 11:25 dice: “El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado”. A esto se le llama “enseñanza sinónima”.
En otras ocasiones, el tema principal de un Proverbio se explica en la segunda parte mediante una enseñanza contraria. A esto se le llama “enseñanza de antítesis”. Veamos un ejemplo en Proverbios 10:1: “…El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza de su madre”.
El libro de Proverbios está saturado de instrucciones detalladas para la vida práctica, refiriéndose a cómo relacionarse con Dios, los padres, los hijos, los vecinos, las personas en autoridad e incluso con respecto a nuestros enemigos. La necesidad de estudiar el libro de Proverbios es enfatizada por el profeta Isaías cuando menciona: “Y reinarán en tus tiempos la sabiduría y la ciencia, y abundancia de salvación; el temor de Jehová será su tesoro” (Is. 33: 6). Especialmente en estos tiempos tumultuosos de los últimos días, necesitamos estos pilares de fuerza para ser establecidos. ¡Construyamos nuestras vidas sobre estos pilares para que nos sostengan firmes en los tiempos de las tormentas futuras!
1. Una colección de proverbios de las enseñanzas del rey David - 1:1- 9:18.
2. Los proverbios del rey Salomón - 10:1- 24:34.
3. El rey Ezequías designó escribas para recolectar más proverbios - 25:1- 29:27
4. Diversos proverbios atribuidos a Agur y al rey Lemuel 30:1- 31:31
En 1 Reyes 4:32 se menciona lo siguiente: “Y compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco”. Sabemos que el rey Salomón escribió 3,000 proverbios (de los cuales únicamente 800 se registraron en el Libro de Proverbios). También escribió 1,005 canciones (de las cuales solamente las últimas cinco se conservaron y se incluyeron en el libro titulado Cantar de los Cantares escrito por Salomón). Los tres libros atribuidos a Salomón se dice tradicionalmente que han sido escritos en el siguiente período de tiempo:
• Cantar de los Cantares – En la flor de su juventud
• Proverbios – A la edad madura, o la sabiduría de la etapa de madurez
• Eclesiastés – En sus decepcionantes últimos años de vida
1 Reyes 4:33 continúa: “También disertó [Salomón] sobre los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disertó sobre los animales, sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces”. Vemos un ejemplo en el libro de Proverbios 30:24-28, en el cual leemos: “Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, y las mismas son más sabias que los sabios: Las hormigas, pueblo no fuerte, y en el verano preparan su comida; los conejos, pueblo nada esforzado, y ponen su casa en la piedra; las langostas, que no tienen rey, y salen todas por cuadrillas; la araña que atrapas con la mano, y está en palacios de rey”.
Esto confirma la verdad de que toda la naturaleza revela la gloria y la sabiduría de Dios, como el apóstol Pablo declara en Romanos 1:20: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa”.
Luego 1 Reyes 4:34 dice: “Y para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos y de todos los reyes de la tierra, adonde había llegado la fama de su sabiduría”. A menudo se hace referencia al libro de Proverbios como una guía para obtener una vida exitosa. La palabra clave es: sabiduría, la cual es la capacidad de vivir una vida con propósito, arraigada firmemente en el temor del Señor.
El propósito de este libro compuesto de un conjunto de Proverbios se indica en su prólogo: “Para dar sagacidad a los simples, y a los jóvenes inteligencia y cordura” (Pr. 1:4). Además, en el versículo cinco entendemos que es para que el hombre sabio adquiera más sabiduría: “Oirá el sabio, y aumentará el saber, y el entendido adquirirá consejo”.
Estudiaremos este libro a través de los siguientes temas:
Bosquejo y contenido
1. La sabiduría
2. El conocimiento
3. Las dos mujeres: la mujer extraña y adúltera y, la mujer virtuosa y sabia
4. La diligencia y el trabajo arduo
5. El justo y el malvado o los dos hombres: el hombre justo y sabio y, el hombre malvado y necio.
6. Las bebidas alcohólicas
7. Los hijos sabios y los hijos necios
8. Las palabras de nuestros labios
La sabiduría
En relación al tema principal del libro de Proverbios que es la sabiduría, en este libro se hace una comparación de dos personas: el sabio y el insensato. Básicamente, la diferencia entre los dos se puede indicar así: aquellos que se esfuerzan en la búsqueda de la sabiduría, y los que rechazan o son negligentes en escuchar la voz de la sabiduría que clama a los hijos de los hombres.
El sabio se describe en Proverbios 1:5-6 de la siguiente manera: “Oirá el sabio, y aumentará el saber, y el entendido adquirirá consejo, para entender proverbio y declaración, palabras de sabios, y sus dichos profundos”. En contraste, los insensatos se describen en Proverbios 1:7 como los que “desprecian la sabiduría y la enseñanza”.
La sabiduría se define como la capacidad de vivir nuestra vida de una manera que podamos manifestar la naturaleza y el propósito de Dios, como menciona el apóstol Pablo en Efesios 3:10: “para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales”. Dios toma la decisión correcta en cada situación y soluciona el problema. En otras palabras, los problemas de la vida son resueltos exitosamente por aquellos que están llenos de la sabiduría de Dios.
La vida está llena de decisiones (pequeñas y grandes) cada día de nuestro viaje terrenal. Algunas decisiones son tan importantes —como la elección de nuestra pareja en el matrimonio— que afectarán nuestra vida terrenal y por la eternidad. El Señor me ha revelado que cada decisión correcta que tomo producirá el fruto agradable de justicia, paz, gozo y prosperidad.
Después de haber definido la sabiduría, ahora queremos definir las cualidades de la sabiduría que debemos manifestar en ocasiones específicas. Éstas se manifiestan en nuestras vidas a través de nuestra conducta como por ejemplo: cuando alejamos la ira con una respuesta suave; siendo lento para hablar y rápido para escuchar; pacificando al enojado y tomando el lugar más bajo; eligiendo a buenas amistades en lugar de malas compañías; amando la rectitud y odiando la maldad. Estas cualidades nos permitirán triunfar en la vida y, como hijos sabios, glorificaremos a nuestro Padre Celestial.
La sabiduría no se puede comprar con oro o con plata, como leemos en Proverbios 2:6: “Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia”. ¿A quién le concede el Señor sabiduría? Encontramos la respuesta en el libro de Eclesiastés 2:26: “Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; mas al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu”. Cuando establecemos nuestros pies en el camino de la sabiduría, podemos obtener la promesa de Daniel 2:21 que dice que Dios “da la sabiduría a los sabios”. Esto es confirmado en el libro de Lucas 19:26, que dice: “Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”.
La pregunta siguiente es: “¿Cómo obtenemos la sabiduría?” En el capítulo 28 del libro de Job se hace y se responde esta pregunta. En el versículo 12 leemos: “Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia?” Luego la respuesta se encuentra en el versículo 28: “Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia”.
La clave para entender el temor del Señor se nos da en Proverbios 2:1-5: “Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios”. Por lo tanto, cuando perseveramos en guardar los mandamientos del Señor en nuestros corazones y buscamos la sabiduría, entonces comprenderemos el temor del Señor.
El temor del Señor se puede definir como vivir de una forma cautelosa. Aquí es donde nos aseguramos de que todo que lo hacemos sea agradable al Señor, y de que nuestras decisiones en cualquier circunstancia sean conforme a Sus deseos y a Su voluntad santa. David describió este estado de santidad: “A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido” (Sal. 16: 8). Después de todo, esto es para lo que fuimos creados. Fuimos creados por Él, para Él, y por Su buena voluntad (Ap. 4:11).
El Señor Jesús es el que nos ha redimido por Su sangre. Por lo tanto, como el apóstol Pablo declara en 1 Corintios 6:20: no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino que hemos sido comprados por un precio. Ahora nos hemos convertido en Sus esclavos; Él es nuestro Amo y Patrón. Por eso, intentamos complacerlo, de la misma manera que una persona quiere satisfacer a su patrón terrenal.
Por otra parte, Salomón añade a la definición del temor del Señor: “El temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco” (Pr. 8:13). Respecto a esta virtud, debemos señalar que mientras caminemos en Su temor, entonces recibiremos el Espíritu del Temor del Señor. Esta séptima unción del Espíritu Santo, mencionada en Isaías 11:2 es Su tesoro (Is. 33: 6). Es limpio, y permanece para siempre (Sal. 19:9). Es una bendición hallar el temor del Señor, porque serán prolongados los días de aquel que lo obtiene (Pr. 10:27). El temor del Señor también nos da una fuerte confianza, la cual es un manantial de vida a todos los que la poseen (Pr. 14:26-27).
¡O qué maravilloso y qué privilegio es poseer esta preciosa unción que guarda a nuestro corazón del pecado! ¡Busca Su temor, amado hermano, porque es muy limpio y precioso!
Continuando en nuestro estudio de los atributos de la sabiduría, aprendemos de Salomón que la sabiduría es lo principal (Pr. 4:7 LBLA), y cualquier cosa que pudiéramos desear como los rubíes, el oro o la plata, no se puede comparar con ella (Pr. 8:11, 16:16). Es una posesión invaluable y, según Proverbios 19:8, el que posee entendimiento ama su alma.
En Proverbios 4:8-9, Salomón habla de las ventajas de la sabiduría, cuando menciona: “Engrandécela, y ella te engrandecerá; ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado. Adorno de gracia dará a tu cabeza; corona de hermosura te entregará”.
Estas ventajas se ejemplifican en la vida de José, de quien Faraón dijo en Génesis 41:38-43: “…¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios? Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú. Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello; y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: ¡Doblad la rodilla!; y lo puso sobre toda la tierra de Egipto”.
No podemos sobresalir en nuestros empleos terrenales sin una dosis de sabiduría. Los grandes estadistas, científicos y administradores han pagado homenaje en el aprecio de la sabiduría contenida en la Santa Escritura. Les ha ayudado en sus horas más oscuras. Sabemos que Winston S. Churchill mantuvo una copia de la Biblia sobre su mesa de noche en las horas más oscuras de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que sus últimos días no fueron conocidos por los de una vida piadosa.
Peter Drucker, profesor muy conocido y respetado, y autor de 50 libros de administración, tenía la costumbre de practicar y recomendar la lectura de las Escrituras de Salomón en el libro de Proverbios y también los escritos de Pablo. Sí, la sabiduría de la Escritura es relevante en todas las áreas de la vida y de cualquier profesión.
Al principio del libro de Proverbios, la sabiduría es personificada por una mujer que clama al simple que si se arrepiente, ella derramará su Espíritu sobre él y le dará a conocer sus palabras (Pr. 1:20-33). Más adelante encontramos que el Señor Mismo es la personificación de la sabiduría, como leemos en Proverbios 8:12 y 20: “Yo, la sabiduría, habito con la cordura, y hallo la ciencia de los consejos. Por vereda de justicia guiaré, por en medio de sendas de juicio”.
El pensamiento acerca de una mujer personificando la sabiduría en primera instancia es entendido por el hecho de que la Iglesia, siempre ilustrada por una mujer, tiene como propósito manifestar la multiforme sabiduría de Dios (Ef. 3:10), tal como lo hace su Esposo celestial. Aquí, vemos al Señor como sabiduría que nos dirige en nuestra vida hacia las decisiones que nos harán prosperar. ¡O, busquemos al Señor, porque Sus brazos se encuentran siempre extendidos hacia nosotros para darnos según nuestros deseos!
El Señor continúa: “Para hacer que los que me aman tengan su heredad, y que yo llene sus tesoros” (Pr. 8:21). El Señor Mismo es la encarnación de la sabiduría, porque leemos que agradó al Padre que en el Señor Jesús, habitase toda la plenitud de la sabiduría y del conocimiento (Col. 1:19, 2: 9).
Comprendí este hecho muy claramente cuando el Señor apareció delante de mí como Sabiduría. Mientras lo miraba, me di cuenta de que lo estaba contemplando en ese momento como la persona en quien habita toda la sabiduría, conocimiento y comprensión de Dios. Él sabía todo acerca de mí y me conocía mejor de lo que yo me conocía a mí mismo. Él era la misma encarnación del conocimiento, y no había absolutamente nada que Él no supiera.
Él, de hecho, es la Persona que mantiene a toda la naturaleza en su curso, incluso las estrellas, la luna y el sol. Él también tiene un propósito para cada hombre, mujer, muchacho y muchacha sobre este planeta llamado Tierra. Todo tiene un propósito por el cual existe. Si buscamos al Señor, caminando en Sus caminos y en Su voluntad para nuestra vida, conoceremos Sus bendiciones, Su descanso, Su gozo y Su paz.
Así, tener sabiduría es conocer a Cristo (que es la Sabiduría), y caminar en el temor del Señor con gran prudencia y circunspección. Al hacerlo así, evitaremos las trampas de la vida, lograremos Sus propósitos, y también seremos vestidos con gloria, honor y un contentamiento bendito.
El conocimiento
El conocimiento es precioso. Consiste en la habilidad de saber cosas del pasado, el presente y el futuro, y sobre todo de conocer a Dios y Sus caminos.
La senda del conocimiento se da a conocer en Proverbios 2:3- 9: “Si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. Él provee de sana sabiduría a los rectos; es escudo a los que caminan rectamente. Es el que guarda las veredas del juicio, y preserva el camino de sus santos. Entonces entenderás justicia, juicio y equidad, y todo buen camino”. Si clamamos por el conocimiento y lo buscamos como un tesoro oculto, entonces encontraremos el conocimiento de Dios y sabremos Sus caminos.
El temor del Señor es también el principio del conocimiento, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia, lo cual indica que una vida de pureza nos permite conocer la Verdad. En otras palabras, si deseamos obtener conocimiento, debemos ser santos.
El conocimiento no siempre está disponible, ni se le otorga a cualquier persona. Existe un conocimiento que se encuentra escondido. El libro de Proverbios 25:2 indica que: “gloria de Dios es encubrir un asunto; pero honra del rey es escudriñarlo”. Una de las recompensas a los vencedores es tener el privilegio de alimentarse del maná escondido (Ap. 2:17) o las verdades divinas que se les han ocultado a la mayoría de los cristianos.
En 2 Corintios 12:4, el apóstol Pablo nos relata su experiencia cuando fue arrebatado al paraíso donde “escuchó palabras inefables, que no le es dado al hombre expresar”. Debemos entender que incluso en el cielo, hay diferentes grados de conocimiento, como se ilustra en Daniel 12:5-7. Allí, encontramos a dos ángeles, y uno de ellos preguntaba cuándo será el fin de estas maravillas. El otro respondió diciendo: “será por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo”. Por lo tanto, está claro que hay diversos niveles de conocimiento en los cielos y algunos tendrán una comprensión más profunda que otros.
Proverbios 2:10-11(LBLA) continúa diciendo: “porque la sabiduría entrará en tu corazón, y el conocimiento será grato a tu alma;la discreción velará sobre ti, el entendimiento te protegerá”. Cuando ligamos la pequeña frase “el conocimiento será grato a tu alma” con el Cantar de los Cantares 7:9: “Y tu paladar como el buen vino, que se entra a mi amado suavemente, y hace hablar los labios de los viejos”, podemos apreciar el deleite del conocimiento. A menudo, cuando obtenemos una revelación fresca al estudiar las Sagradas Escrituras, podemos compararlo a un jugo fino que delita nuestro paladar.
