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Lo mejor del mundo sensual y picante de la autora Alexandra Södergran. Esta edición contiene 8 relatos eróticos: El deseo Strip Póker El gran espectáculo Libre albedrío Entra En Madrid se besan en las calles Cuando la vi bailando en París
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Seitenzahl: 155
Veröffentlichungsjahr: 2020
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Alexandra Södergran
LUST
Lo mejor de Alexandra Södergran: El deseo
Original title:
Alexandra Södergran compilation 3
Translated by Adrián Vico, Javier Orozco, Etna Sesa, Aunia Toledo
Copyright © 2019 Alexandra Södergran, 2020 LUST, Copenhagen.
All rights reserved ISBN 9788726775174
1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0
No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.
—¿Jugamos a las cartas? —Preguntó Louise mientras se alejaba de la ventana para dirigirse hacia la mesita redonda donde se habían reunido los demás. David estaba sentado en la silla, balanceándose con un pie al borde de la mesa mientras mostraba una mirada juguetona entre sus ojos azul oscuro. Camilla estaba recostada en el suelo con un brazo extendido sobre la mesa, la cabeza sobre su hombro y las piernas dobladas.
—¿A qué jugamos? ¿A Cribagge? —Respondió sin siquiera hacer un esfuerzo por levantar la cabeza. Estaba muy relajada y no quería romper ese momento de paz en el que se encontraba. Además, entraba una suave brisa por la ventana que acariciaba las plantas de sus pies.
Louise miró a los chicos con una mirada pícara. David sonrió y se encogió de hombros antes de extender la mano para tomar su cerveza. Al levantar la botella para tomar un sorbo, Louise lo observó atentamente. Tenía los hombros anchos y parecía un chico tranquilo e inteligente, lo cual hacía que Louise se sintiera atraída por él. Tenía un aire de frialdad arrogante, pero debajo de esa superficie traviesa había algo diferente escondido. Era diferente a los demás, como si fuera de otro mundo. Ella sabía que él tocaba la guitarra y escribía canciones, pero nunca hablaban de eso. Lo sabía porque iban juntos en clase y un día, David tuvo que salir a responder una llamada telefónica. En ese momento, Louise abrió su cuaderno para comparar notas de la última lección y se encontró por sorpresa con un poema escrito por él. A lo largo del poema había varios tachones y palabras escritas encima. Louise quedó hechizada por sus palabras. Su corazón latió con fuerza, aunque no entendía por qué. Posiblemente se debía a que había descubierto una parte secreta de él que nadie conocía. Desde aquel día se había sentía atraída por él, o al menos quería acostarse con él. Conocía muy bien las hazañas de David con el resto de chicas. Se rumoreaba que a menudo las llevaba a dar una vuelta en su moto y las llevaba al paseo marítimo. Ella no se opondría a tal excursión, era evidente que diría que sí en cuanto le preguntara.
Charlie se levantó de su silla como si fuera un detective. También estaba afectado por la ola de calor, por lo que sus movimientos no eran tan ágiles como él deseaba. Por lo que Louise había escuchado, Charlie era el protagonista de los sueños húmedos de muchas chicas, aunque no de los suyos. Le parecía un chico atractivo, al igual que David. Charlie tenía el cabello despeinado y una sonrisa deslumbrante. Tenía el pelo negro azabache, lo que le recordaba a un jugador de tenis del que no recordaba el nombre. Sin embargo, no ocurría lo mismo que con David. Charlie era solo apariencia y no se sentía tan atraída por él como por David. Hablaba demasiado, era un machito descontrolado y presumido. A ella le gustaban los hombres independientes y seguros de sí mismos; no le gustaban los machotes que solo se preocupan por ser los mejores y los más fuertes, sino los hombres que toman su propio camino en la vida sin miedo a mostrar sus emociones a los demás. Sin embargo, no había encontrado a un hombre así, ni siquiera David no cumplía todos los requisitos, ya que, en caso de haberlo hecho, se habría rendido a sus pies.
De todos modos, allí estaba él, sentado con un aura de fragancia celestial, extendiendo sus atractivas manos sobre la mesa. Louise se fijó en la cicatriz que tenía en la ceja y el brillo de sus ojos. Era como si acabara de hacer el amor pero no quisiera alardear de ello. Rebosaba seguridad por todas partes, como si tuviera un don para hacer que todo pareciera sencillo.
Lo que ella no sabía es que los chicos habían hecho un juramento secreto en el que Charlie tenía la potestad de elegir primero, ya que había sido el más rápido. Si Louise lo hubiera sabido, habría coqueteado con David abiertamente para romper aquel juramento, pero no fue así. Sin tener la menor idea de lo que rondaba por la cabeza de Louise, Charlie apareció de repente y entró en la cocina. Allí había una pequeña nevera, una tetera y todo tipo de utensilios como, por ejemplo, platos, vasos, tazas y cubiertos, pero lo que buscaba estaba en el estante inferior de uno de los armarios. Cuando encontró una baraja de cartas vieja y gastada, rápidamente echó un vistazo a las diferentes bebidas alcohólicas que había en el mismo estante.
—¿Queréis beber algo, chicas? —Gritó desde lejos.
Louise se volvió hacia Camilla y le preguntó:
—¿Quieres vino?
—Por supuesto, —respondió.
—¿Puedes traer el vino tinto, por favor? —Gritó Louise. —Hay una botella en el estante de arriba.
Un fuerte golpe hizo se sobresaltara. Era David balanceándose en la silla y mostrando una sonrisa encantadora hacia ella.
—Buena elección, chicas, pero posiblemente os afecte bastante el alcohol.
Repartieron las cartas y comenzaron a jugar. La única misión del juego era beber lo máximo posible para sentir cuanto antes los efectos del alcohol. Finalmente, Camilla llegó a una conclusión:
—Este juego es una mierda. ¿Por qué no jugamos a otro juego?
—Vale. ¿Qué propones?
—No lo sé. No conozco ningún juego de cartas.
—Joder. Yo tampoco recuerdo ningún juego, —añadió David.
El resto pensó en lo que acababa de decir y asintieron con la cabeza, haciendo ver que estaban de acuerdo.
—¿Por qué no jugamos al strip póker? —Preguntó Louise, sonriendo de forma traviesa.
Se hizo el silencio en la habitación.
—¿Estás segura? —Preguntó David.
—Claro. Lo he propuesto yo, ¿no? —Contestó rápidamente para contrarrestar su respuesta. —Sois demasiado cobardes para querer jugar. —Se volvió hacia Camilla y dijo, —Milla quiere jugar, ¿verdad?
—Claro que sí.
David se inclinó sobre la mesa y cambió su tono de voz.
—Está bien, pero solo podemos quedarnos con una prenda— dijo, alzando un dedo al aire.
Las chicas se rieron a carcajadas y conversaron en voz alta.
—¿A qué te refieres con una prenda?
—Te gustaría que eso ocurriera, ¿no?
Louise levantó las cejas y se inclinó hacia él.
—¿Crees que es justo?
—¿Qué? —Respondió David de forma inocente, lo que hizo que Louise quisiera abofetearlo y besarlo al mismo tiempo. Sin saber muy bien lo que hacía, se sentó y echó los hombros hacia atrás para acentuar sus senos. Le encantaba el top blanco que llevaba puesto. Además, con ese movimiento, tensó la blusa ajustada que llevaba encima del top. Sabía que David estaba mirando, así que se mordió el labio inferior, se pasó los dedos por la cintura y se tocó el piercing del ombligo.
—Esperad. Tengo una idea, —exclamó Camilla. —Podemos jugar a strip póker o reto. Algo así como verdad o reto, pero puedes desnudarte o elegir un desafío. ¿Me entendéis?
Todos estaban excitados e inquietos. No podían parar de moverse de un lado a otro, pero como todos lo hacían, parecía un comportamiento normal. Podría haber sido una situación incómoda, pero ninguno de ellos se sintió avergonzado porque todos estaban involucrados en el juego. Todos los ojos estaban centrados en la baraja de cartas mientras Camilla barajaba. Nadie hablaba. Cuando barajó las cartas por tercera vez, la baraja de cartas se escapó inesperadamente de sus manos. A continuación, reunió todas las cartas pacientemente y volvió a barajar.
El primero en perder fue Charlie. Se quitó el brazalete de cuero negro y se rio a carcajadas. Louise suspiró.
—Bien. Si catalogamos un brazalete como prenda de vestir, yo también puedo quitarme el piercing del ombligo, ¿no?
Después de una breve discusión sobre lo que estaba permitido y lo que no, continuaron el juego sin establecer ninguna regla específica. Louise perdió la siguiente ronda. Se quitó la cinta que llevaba en el pelo, se la arrojó a Charlie y le sacó la lengua. Su cabello cayó instantáneamente sobre sus hombros, lo que provocó que los chicos no pudieran quitarle los ojos de encima.
—Tu pelo huele muy bien, —dijo Charlie.
—Gracias, —respondió ella, devolviéndole una sonrisa.
Ahora le tocaba repartir las cartas a David, así que recogió las cartas, pero en lugar de arrastrarlas, simplemente las levantó y las agitó en el aire. Louise se quedó asombrada, arqueando las cejas al momento.
—Aprendí esta forma de barajar en Noruega, —dijo David, bromeando.
Ella se rio y le puso la mano en el brazo. David le devolvió una sonrisa tierna.
Al observar dicho movimiento, Charlie los fulminó con la mirada, pero ninguno de los dos se percató. Louise perdió un juego tras otro. Cuando se quitó los dos calcetines y volvió a perder, dijo:
—Estáis haciendo trampa. Habéis amañado el juego.
Como todos estaban vestidos, decidió cambiar de estrategia.
—Está bien. Elijo reto.
David había repartido esa mano, así que tuvo que elegir el reto al que se tenía que enfrentar. Reflexionó un momento, se lamió los labios y dijo:
—Tienes que masturbarte sin quitarte las bragas.
Ella se rio a carcajadas, pero cuando notó que iba en serio, se quedó en silencio y se sonrojó. Le dio un sorbo a su copa de vino, volvió a colocar el vaso sobre la mesa y le lanzó una mirada inquietante.
—¿En serio? —Preguntó, sabiendo perfectamente que David iba totalmente en serio. A continuación, él asintió.
Fue una jugada descarada. No fue benévolo con ella, aunque ella quería hacerlo. El único problema era que Charlie y Milla también estaban allí. Si Louise hubiera estado a solas con él, habría sido otra historia y no se lo habría pensado dos veces.
—¿Es tu decisión final? —Preguntó para ganar algo de tiempo, aun sabiendo que no había vuelta atrás. Ya había decidido que lo haría, es más, su voz hacía ver que estaba totalmente dispuesta, lo que provocó que David se excitara.
—Puedes cubrirte con una manta si quieres, —respondió. —Solo quiero mirar tus hermosos ojos mientras lo estás haciendo.
Alcanzó su vaso de nuevo, tomó otro sorbo y se preguntó si él era consciente del poder que tenía sobre ella o simplemente era su forma de actuar con el resto de chicas. Finalmente, se armó de valor y empujó la silla hacia atrás para que todos pudieran ver lo que estaba a punto de hacer. Miró a David a los ojos y pasó sus dedos de forma seductora a lo largo de su piel bronceada hasta llegar a sus piernas. Ya lo había decidido, el miedo había desaparecido. Extendió sus piernas un poco más y se subió un poco los pantalones cortos que llevaba puestos, pero se sorprendió al ver que él no estaba mirando. Estaba mirándola a los ojos fijamente, lo que provocó que bajara tímidamente la vista. Su sonrisa la atravesó y se enterró profundamente en su corazón de una manera maravillosa. Sin embargo, lo que ella quería era borrar esa mirada arrogante que se había dibujado en su rostro.
Levantó las rodillas, apoyó los dedos de los pies en el suelo y abrió un poco más las piernas. A continuación, miró hacia abajo con los ojos fijos en su entrepierna y las yemas de sus dedos comenzaron a acariciar la suave tela de algodón de sus bragas. Lo retó a mirar, pero él no hizo caso, como si no quisiera saber qué estaban haciendo sus dedos. Aquello hizo que ella se excitara aún más, ya que no necesitaba que hiciera nada. El simple hecho de no hacer lo que ella quería provocó que lo intentara una y otra vez. Louise miró sus ojos azules para que él notara lo excitada que estaba y fuera consciente de todo lo que quería hacer con él. En aquel momento consiguió que se sobresaltara, lo que provocó una leve sonrisa en su rostro. Había conseguido romper el hielo. De repente, sus dedos llegaron a la parte más sensible de su vagina, lo que provocó que echara la cabeza hacia atrás y gimiera. Camilla se removió en su asiento y Charlie se quedó inmóvil. Finalmente, David miró hacia abajo y se sonrojó. Su orgullo desapareció de repente y eso hizo que ella disfrutara de la situación. Estaba decidida a llegar hasta el final, se veía capaz de hacerlo.
Deshizo el lazo de su pantalón y empujó su mano hacia dentro de sus bragas. Sintió cómo el resto de los asistentes seguían cada movimiento, pero el ambiente era totalmente diferente al que había cuando comenzaron el juego. Ahora todos querían mirar, lo que hizo que su autoestima llegara a las nubes. Sabía que era algo prohibido, pero seguía con su espectáculo. Era lo suficientemente atrevida para hacerlo. Jadeó un par de veces, pero tuvo que parar un poco porque estaba tan excitada que se hacía daño. La habitación se inundó de sonidos húmedos provenientes de su vagina. No importaba el movimiento que realizara, era evidente que estaba muy mojada. Mientras tanto, la audiencia continuaba en silencio, observando sin mover un dedo. Miró a David y notó que ya no era aquel chico inocente que parecía ser, sino todo lo contrario; tenía un efecto increíble sobre él, estaba a su merced. Se frotó el clítoris de nuevo, gimió y se mordió el labio al imaginar que era la mano de David la que estaba excitándola tanto. Sus ojos analizaron su rostro minuciosamente, desde su cicatriz hasta sus labios regordetes, pasando por sus hermosos ojos. De repente, se preguntó cómo sería sentir la punta de su lengua sobre su vagina y eso hizo que se excitara aún más.
La intensidad de los movimientos aumentó por segundos. Su mano frotaba su clítoris mientras la tela de sus pantalones se tensaba contra sus nudillos. Recorrió todo su cuerpo mirando hacia arriba y empujó dos dedos hacia dentro de su vagina, imaginando que era su pene. Su mente se quedó en blanco, dejó de pensar y cerró los ojos. Un escalofrío recorrió su cuerpo y la silla rechinó contra el suelo mientras jadeaba una y otra vez. A continuación, respiró hondo y todos se quedaron en silencio. Louise se limpió los dedos en el interior de su muslo, tiró de la cuerda del pantalón y se lo ató antes de volver a sentarse cerca de la mesa.
—Joder, —murmuró Charlie. —Creo que es lo más excitante que he experimentado en mi vida.
Louise se sonrojó. David estaba inclinado hacia adelante en su silla, con los codos apoyados sobre las rodillas. Entonces continuó el juego y fue él el siguiente en perder, pero no se inmutó.
—Oye, ¿qué te pasa? —Preguntó Louise. —¿Te desnudas o prefieres reto?
David se aclaró la garganta y dijo:
—Espera un segundo.
—¿A qué te refieres? Venga, vamos. ¿Qué pasa?
David se levantó lentamente de su asiento y las chicas dirigieron su mirada inmediatamente hacia su entrepierna, ya que su pene estaba a punto de explotar en sus pantalones. Charlie se rio, pero ni Louise ni Camilla apartaron la mirada. David se quitó la camiseta y Louise se quedó hipnotizada. Solo pensaba en devorarlo poco a poco, no podía parar de mirarlo. Era un chico demasiado grande, apenas podía moverse con aquellos pantalones tan apretados, pero ella podía echarle una mano y quitárselos rápidamente. Estaba muy excitada y no sabía qué hacer. Mientras tanto, Charlie observaba con el ceño fruncido. Era consciente de que había perdido. La tensión sexual entre David y Louise era impresionante, pero aún seguía empeñado en acostarse con ella, así que le dio un poco de tiempo para ver si era capaz de excitarla tanto como David.
—La próxima vez deberías elegir un reto, ¿no? —Dijo Louise, acariciando su antebrazo. David sonrió y le dio un apretón rápido a su trasero, lo que hizo que gritara y se tambaleara hacia atrás. Luego le dio una patada en la espinilla y le dijo:
—No creo que sea buena idea.
La atrajo hacia él, pero ella se cayó hacia adelante. En el intento por no caer al suelo apoyó su mano sobre su estómago y, como ya estaba en esa posición, aprovechó para acariciar su piel bronceada.
El impacto que causó el roce de sus pieles fue eléctrico. Estaba a punto de deslizar su mano hacia abajo cuando se apartó, pero decidió volver a su silla. Estuvo a punto de hacerlo y, al pensar en lo que podría haber pasado, sintió un hormigueo intenso por todo su cuerpo.
Louise volvió a su asiento y colocó una de sus piernas en su regazo. A continuación, estiró los dedos de los pies e intentó llegar al lugar secreto de David, pero no lo logró. David agarró su pie y lo masajeó suavemente, lo que hizo que temblara de placer. Cuando se llevó el borde de la copa de vino a los labios, lo miró fijamente y le soltó una mirada desafiante. La intención de aquel movimiento era hacerle saber que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con él. Sin embargo, el juego continuó. Camilla perdió, pero su sonrisa demostraba que no le importaba para nada el hecho de perder una partida, ya que le encantaba ser el centro de atención de los chicos. Se puso de pie para quitarse la camiseta, pero, a medio camino, se dio cuenta de que no llevaba sostén. Se detuvo por un segundo ya que no se había percatado de aquel detalle, así que soltó la camiseta y se miró la entrepierna para desabrocharse los pantalones, pero luego pensó en lo seductora que había sido la actuación de Louise. Camilla también quería conseguir el mismo efecto en los chicos, así que, decidió quitarse los pantalones lentamente para mostrar sus bragas poco a poco. Hizo una pequeña pausa para sonreír a la audiencia y pensó, “¿por qué no he hecho esto antes?”.
Alzó las manos al cielo y, mientras se recreaba un poco, Louise comenzó a animarla. Fue entonces cuando la cara de Camilla se iluminó con una amplia sonrisa. Golpeó con fuerza sus caderas de un lado a otro y sus pantalones de chándal se deslizaron lentamente por sus piernas, lo que provocó que Louise gritara y aplaudiera a la vez. Los chicos la miraron atentamente y eso hizo que se excitara aún más. Entonces, se quitó los pantalones completamente y se quedó en tanga. En lo que a ella respectaba, era simplemente otra prenda, nada especial. Sin embargo, su tanga rojo junto con su presunta inocencia y sus impresionantes piernas hicieron que Charlie se quedara petrificado. Se había olvidado por completo de Louise, solo podía pensar en Camilla. Se aclaró la garganta y dijo:
—¿Podrías traerme una cerveza, Milla? Estoy sediento.
