6,49 €
Para aquellos que anhelan ser más que vencedores, dentro de las páginas de este estudio que invita a la reflexión, se encuentra una preciosa esperanza y certeza de lo que Dios es capaz de hacer en las vidas de aquellos que se someten a Él. El comentario del Dr. Bailey sobre el libro de Romanos permitirá a los lectores descubrir las riquezas de esta obra maestra de la literatura bíblica, y depositar dentro de nuestros corazones una esperanza y seguridad de que este mismo evangelio de Cristo puede ser establecido en nuestras vidas para lograr la meta final: Cristo en nosotros, la esperanza de gloria.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Veröffentlichungsjahr: 2017
Más Que Vencedores
Una Exposición del Libro de Romanos
Título original: “More Than Conquerors”
Título en español: “Más que Vencedores”
Registrado © 2001 Brian J. Bailey
Libro de Texto de Zion Christian University
Usado con permiso.
Todos los derechos reservados.
Traducción: Equipo de traducción de Honduras
Edición de la tercera impresión: IBJ - Guatemala
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en
manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico o mecánico, sin permiso por escrito del editor, excepto en el caso de citas breves en artículos o reseñas.
A menos que se indique lo contrario, las citas son tomadas de la Santa Biblia,
versión Reina-Valera © 1960, propiedad de las Sociedades Bíblicas Unidas.
Publicado en formato e-book en [Diciembre 2014]
En los Estados Unidos de América.
ISBN versión electrónica (E-book) 1-59665-572-0
Todas las citas bíblicas de este libro
han sido tomadas de la versión Reina-Valera
en su revisión de 1960,
© 1960 Sociedades Bíblicas Unidas
a menos que se indique lo contrario,
Para mayor información o copias adicionales,
diríjase a:
Zion Christian Publishers
P.O. Box 70
Waverly, New York 14892
Teléfono: 607-565-2801
Fax: 607-565-3329
www.zcpublishers.com
www.zionfellowship.org
Al Señor y Salvador Jesucristo,
el poderoso Vencedor.
También, a mi amada esposa Audrey,
quien por la gracia del Señor, fue más que vencedora
a través de todos sus años de padecimiento
Deseo agradecer especialmente a las siguientes personas:
Al equipo de traducción de Honduras, que realizó la traducción al español y la corrección de pruebas del libro.
A Patty de Gularte y el equipo de trabajo de IBJ Guatemala, por su ayuda en la revisión final y corrección del manuscrito para la tercera impresión.
Equipo Editorial de ZCP: Carla Borges, David Kropf, Hannah Schrock, y Suzanne Ying.
Deseamos extender nuestro agradecimiento a todas esas personas queridas, pues sin sus muchas horas de inestimable ayuda este libro no hubiera sido posible. Estamos verdaderamente agradecidos por su diligencia, creatividad y excelencia en la compilación de este libro para la gloria de Dios.
Presentamos esta obra con la finalidad de que ustedes tengan una mejor comprensión de las complejidades del Libro de Romanos, epístola llamada: “la obra maestra del Nuevo Testamento”.
Al comienzo de cada sección aparece un bosquejo de ella, seguido de una exposición sencilla pero intensa de la epístola, en un formato fácil de leer.
Esperamos que la lectura de este libro sea una bendición que guíe a los lectores a través de estudios subsiguientes, y pueda aun ayudarles a enseñar esta epístola a otros. ¡Que Dios los bendiga!
Dr. Brian J. Bailey
La epístola a los romanos fue escrita por el apóstol Pablo desde Corinto, Grecia, en la primavera del año 58 d.C., en su tercer viaje misionero (Hch. 20:2-3). Fue durante la efímera Época de oro en que Nerón se convirtió en emperador, tras la muerte de Claudio, en el año 54 d.C. En los albores de su reinado, Nerón hizo despliegue de gran habilidad y de muchas virtudes. Se distinguía por su generosidad y clemencia, y gobernaba con moderación.
Sin embargo, alrededor del año 59 d.C., su vanidad, egoísmo y crueldad, fueron evidentes para todos. Dio muerte a su madre, a sus asesores principales, Séneca y Burrus, y a muchos miembros de la nobleza, para apoderarse de sus fortunas. Su hermanastro Británica, quien legítimamente le precedía en el trono, fue asesinado antes. En el año 64, dos tercios de la ciudad de Roma fueron destruidos por el fuego. Luego de ser declarado enemigo público, huyó de Roma y se suicidó (el 9 de junio del año 68 d.C.).
En ese tiempo, los españoles influían en la historia y literatura romanas. Ésta pudo ser la razón de que Pablo haya querido visitar España después de su anhelado viaje a Roma (Ro.15:24-28).
Tras haber completado su tercer viaje misionero (ver Hch. 18:23 -21:16; años 54-58 d.C.), Pablo hizo una última visita a Jerusalén en junio del año 58 d.C. Habiendo sido rechazado allí, permaneció en Cesarea custodiado por guardas romanos, desde el verano del 58 hasta el otoño del 60 d.C. Luego hizo su travesía a Roma (otoño del 60 hasta primavera del 61), y naufragó en el trayecto. Pablo llegó a Roma como prisionero, y pasó dos años en una casa que alquiló (61-63 d.C.). Estando en Roma, escribió Efesios, Colosenses, Filemón y Filipenses. Nerón lo puso en libertad a principios del año 63, pero en el año 67 d.C., Pablo fue nuevamente arrestado y ejecutado bajo el mando de Nerón (mayo-junio 68).
Roma no sólo era llamada: “la gloria del imperio”; también era llamada: “la cloaca de las naciones”. Era una ciudad construida sobre siete montes, y así se le nombra en Apocalipsis 17:9, 18. Por mucho tiempo, Pablo había querido ir a Roma, pero esto no le fue posible sino hasta el final de su vida. Este viaje fue una bendición para nosotros, porque si el apóstol lo hubiera realizado antes, probablemente no tendríamos esta “obra maestra del Nuevo Testamento”.
1) 1:5 Llevar a los hombres a la obediencia de la fe.
2) 1:11 Comunicar algún don espiritual.
3) 1:13 Tener fruto que permanezca (ref. Jn. 15:16).
4) 1:14 Predicar con la actitud de un deudor que cancela una deuda.
5) 1:16a Predicar como alguien que no se avergüenza del Evangelio.
6) 1:16b Predicar en el poder de Dios para salvar a los que creen.
7) 1:17 Recalcar que “el justo por su fe vivirá” (Hab. 2:4).
En la época en que se produjo el Nuevo Testamento, era muy normal que el autor de una carta anunciara su nombre desde el principio. A diferencia de lo que se hace en nuestros días, todos colocaban su nombre en la introducción y no al final. Ése era el formato en los tiempos neotestamentarios.
1:1 - Pablo se presenta de esta manera: “Pablo, siervo de Jesucristo”. La palabra “siervo” puede equivocarnos en la actualidad, porque un siervo tiene ciertos derechos. Sin embargo, “siervo” en aquella época significaba esclavo. Pablo era un esclavo de Jesucristo. Esto lo entendían los romanos en especial, porque en los días del apóstol Pablo había alrededor de sesenta millones de esclavos en el Imperio Romano. Un esclavo no tenía absolutamente ningún derecho porque le pertenecía a su amo. El amo tenía potestad sobre la vida o la muerte del esclavo. Podía infringirle cualquier clase de castigo sin que el esclavo tuviese recurso alguno. El amo tenía pleno control.
Así consideraba Pablo su relación con el Señor Jesucristo. Él era el esclavo de Cristo, quien poseía todos los derechos sobre su persona. También nosotros debemos tener ese nivel de consagración y entrega al Señor Jesucristo. Nuestros derechos deben estar rendidos a Él. Ya no debemos andar por nuestra propia cuenta, tomando decisiones independientemente de Él. Hemos sido llamados a entregar nuestras vidas por completo a Cristo, quien tiene toda la autoridad sobre nosotros. Realmente, nuestras vidas le pertenecen a Cristo (Ap. 4:11).
La siguiente frase que Pablo usa es “llamado a ser apóstol”. También nosotros debemos conocer nuestro llamado, nuestro ministerio. El apóstol Pablo deja muy en claro que él conocía su llamado. Él era apóstol. En 2 Corintios 12:12, Pablo declara: “Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros”. Es importante que entendamos exactamente cuál es nuestro ministerio. Un apóstol es uno que funda obras, pero que también debe manifestar el poder de Dios. Un profeta es uno que oye la voz de Dios y tiene visiones y sueños. Tiene cierta autoridad para guiar los destinos de personas, iglesias y naciones. Un evangelista es una persona cuyo ministerio es ganar almas. Un pastor es uno que vela por el rebaño, y su preocupación en la vida es cuidar de las ovejas. Un maestro es alguien que debe procurar entender los misterios de Dios, y ser capaz de explicarlos en forma sencilla y ordenada. Un apóstol puede abarcar los otros cuatro ministerios. Sin embargo, es de suma importancia conocer nuestro propio ministerio.
Por lo general, nuestro llamado se manifiesta desde la juventud temprana, y es evidente a otros. Yo recuerdo mi primer viaje a Francia cuando tenía aproximadamente veintiséis años de edad. Yo era un novato en el campo misionero y no hablaba perfectamente el francés. Ahora bien, nunca me he considerado maestro, pero los demás pastores simplemente me rodearon, y dijeron: “Enséñanos”. Yo no podía creerlo. Hoy en día, parece que nuestra organización entera es una comunidad de enseñanza. Tenemos el privilegio de instruir a pastores alrededor del mundo. Ése parece ser el distintivo de nuestra comunidad. Además, los individuos que se nos acercan son maestros. Prácticamente cada semana tenemos seminarios en alguna parte del mundo, para instruir a ministros.
Ciertamente, un verdadero ministerio de enseñanza conduce a Sion. El tema de Sion es la santidad, su tema es Cristo, y su tema es buscar a Dios sin cesar para que Sus misterios se nos desplieguen de manera fresca y novedosa. Debemos conocer nuestro ministerio, sin embargo, éste es a menudo muy notorio a los demás. Yo nunca me he considerado maestro, pero otros han dicho: “Oh, usted es un maestro”. A ustedes les pasará lo mismo. Otros también reconocerán su ministerio. Si su llamado es a ser esposas de pastores, verán cómo otras mujeres se aglomeran a su alrededor con sus problemas. En mi opinión, ser esposa de pastor es uno de los ministerios más difíciles del mundo. Si ustedes son evangelistas, se encontrarán automáticamente testificando y ganando almas. Si son pastores, serán como una mamá gallina. Querrán cobijar a la gente bajo sus alas; es algo que les nace.
Pablo dijo también que estaba “apartado para el evangelio de Dios”. No sólo debemos asumir la posición de un esclavo, y entender nuestra vocación y ministerio particular, sino que debemos ser dedicados. Pablo se entregó de todo corazón. Sin embargo, muchas personas cuya entrega no es absoluta, poseen una diversidad de intereses. “Separación” significa dedicación absoluta al Evangelio. Pablo tuvo que separarse de sus antiguas enseñanzas farisaicas. El ministerio no puede ser dirigido por la mente natural. Debemos estar separados de nuestros viejos estilos de vida, enseñanzas y formas de pensar. Viendo hacia atrás, puedo recordar haber visto muchos fracasos. Son tantas las personas que comenzaron bien su vida cristiana o su ministerio, pero son relativamente pocas las que han acabado la carrera. Jesús dijo: “Muchos son llamados, mas pocos escogidos”. Comúnmente, la causa del fracaso está en los tres puntos que discutimos en el 1:1. Repasémoslos una vez más.
Punto 1: es asumir la posición de un esclavo, alguien que no tiene derechos. Muchas personas arruinan sus vidas por tener un espíritu exigente: “¡Yo necesito esto y aquello! Mis condiciones deben ser mejores”.
Punto 2: es entender nuestro ministerio. Debemos conocer nuestro ministerio y el llamado que Dios nos ha hecho. Pablo no sólo fue llamado a ser apóstol, él fue específicamente llamado a propagar el Evangelio en aquellos lugares en que Cristo no había sido predicado. Nosotros tenemos que saber a qué región y con qué propósito exclusivo nos ha llamado Dios. Él escoge; no nosotros. Y recuerden esto: entre la primera banca y el púlpito, hay un golfo que nadie puede cruzar. Solamente Dios puede poner a una persona en el púlpito. Es de suma importancia conocer el llamado que Dios nos ha hecho. Seremos recompensados sólo por ese llamado, y recibiremos gracia sólo para realizar ese llamado, no otro. Si tratamos de apoderarnos de un ministerio que Dios no nos ha dado, no habrá gracia ni unción para realizarlo, y fallaremos vergonzosamente.
Punto 3: es estar comprometidos completamente con el llamado de Dios. Es estar “separados para el Evangelio de Dios”. Debemos estar completamente comprometidos con el llamado, y no tener una diversidad de intereses. Quizá sea necesario separarnos de nuestra casa paterna a fin de cumplir nuestro llamado, tal como Abraham fue separado (Gn. 12:1). Una persona puede poseer una o dos de las tres condiciones indispensables: 1. Tener un corazón con actitud de siervo, 2. Conocer su llamado, y 3. Estar comprometido con el llamado. Sin embargo, para cumplir el llamado que Dios ha puesto sobre nuestras vidas, debemos llenar las tres condiciones.
1:2 - Ahora Pablo procede a desarrollar este Evangelio: “Que [Dios] había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras”. El Evangelio se origina con Dios. Todo lo que tiene sus orígenes en Dios, aguantará la prueba del tiempo. Por lo tanto, es bueno comprobar el origen de toda cosa, para asegurarnos de que fue iniciada por Dios. Con frecuencia la gente inicia obras, pero éstas no han nacido de Dios y Él no las bendice ni las sostiene.
A lo largo de las Escrituras, el Evangelio de Jesucristo ha sido anunciado con mucha claridad. En Génesis 3:21, el mismo Señor vistió a Adán: “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió”. Este es el principio del mensaje del Evangelio. Alguno tendría que morir para vestirnos. El derramamiento de sangre fue necesario para presentar pieles que cubrieran a Adán y Eva. En Génesis 15:6 tenemos la idea de ser contados por justos por medio de la fe. Más adelante veremos esto también en el capítulo 4 de Romanos. En Éxodo 12:3 está la sangre del cordero pascual preservando a los creyentes de la muerte y del juicio. El capítulo 53 de Isaías revela al Señor como el Cordero de Dios. En Jeremías 33:8 y Ezequiel 11:19; 36:25-26, está la promesa de un Nuevo Pacto que escribe las leyes de Dios en las tablas de carne de nuestros corazones.
Debemos recordar la totalidad del mensaje del Evangelio. El Evangelio no consiste solamente en la salvación. El Evangelio de Dios es para escribir los Diez Mandamientos (las leyes de Dios) en las tablas de carne de nuestros corazones, para que de corazón obedezcamos las leyes de Dios y para poder ser Sus hijos e hijas. En lo natural, un hijo o hija tiene las características de sus padres. Por consiguiente, debemos tener las características de Dios. ¿Cómo es Dios? Él es santo. Así que, nosotros debemos ser santos, y esto supone que Sus leyes estén escritas en nuestros corazones (Jer. 31:33).
1:3 - “Acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo”. El objetivo del Evangelio es: “Cristo en nosotros”. Cristo plenamente formado en nosotros es la esperanza del Evangelio. La morada de Dios en el Antiguo Testamento fue primero el Tabernáculo de Moisés y luego el Templo de Salomón, en el cual Dios habitaba en un santuario de piedra. Hoy, el Evangelio es Cristo habitando en Sus templos vivientes. Nosotros somos los templos del Espíritu Santo. Cuando ustedes piensan en un templo, ¿qué se imaginan? Un templo es un lugar santo; es un lugar santificado, separado y apartado para el servicio a Dios. Por lo tanto, ¿cómo deberían estar nuestros cuerpos? Nuestros cuerpos deberían estar apartados para el servicio a Dios, consagrados y llenos de Dios. El propósito de un templo, o de un tabernáculo, no es solamente tener cuatro paredes para decir: “Esto está consagrado a Dios”, sino que esas cuatro paredes deben ser la habitación de Dios, llenas de Él y de Su gloria.
“Acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne”. Aquí vemos la doble naturaleza de Jesús. Como humano, procedía de la simiente de David. En otras palabras, Jesús recibió Su cuerpo físico de la genealogía de David. Su cuerpo se hizo de la sustancia de María, quien también descendía de David. Sin embargo, Su espíritu era divino y eterno. El milagro de la encarnación hizo a Jesús Dios y hombre simultáneamente.
Aquí quiero señalar otro detalle. David tuvo una revelación del Evangelio de Cristo durante la era de la ley. El Salmo 40:6-8 lo aclara: “Sacrificio y ofrenda no te agrada; has abierto mis oídos; holocausto y expiación no has demandado. Entonces dije: He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí; el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón”. David tuvo una revelación del Evangelio. El Evangelio no consiste en ritos externos ni en sacrificios, sino en un sacrificio vivo. Es tener las leyes de Dios escritas en nuestros corazones. Es tener para Dios un corazón dócil, atento y obediente.
1:4 - “Que fue declarado Hijo de Dios con poder”. Aparte de ser el Hijo del Hombre, de la simiente de David, Cristo era también el Hijo de Dios, lo cual se confirmó con Su resurrección de entre los muertos. Jesucristo fue declarado Hijo de Dios “según el espíritu de santidad”. Esta pequeña frase, “el espíritu de santidad”, no aparece en ningún otro lugar de las Escrituras. No deberíamos hacer una doctrina del “espíritu de santidad”. Es simplemente el Espíritu Santo. Es para enfatizar que Cristo está apartado; Él es diferente; Él está separado del pecado; Él está ligado a Dios, el único santo. ¿Cómo se le declara Hijo de Dios? Se nos dice que “por la resurrección de entre los muertos”.
En 1 Corintios 15, Pablo escribe extensamente sobre la importancia de la resurrección. Hubo un problema en la Iglesia neotestamentaria que se expone en 1 Corintios 15:12. “Pero si se predica a Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?” Algunas personas del Nuevo Testamento decían: “No hay resurrección”. Eran como los saduceos, que tampoco creían en la resurrección. Sin embargo, la verdad fundamental del Evangelio es la resurrección de Cristo: “Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados” (1 Co. 15:13-17).
Es de suma importancia entender que la resurrección de Cristo es el tema central del Evangelio. Esto es lo que separa al cristianismo de cualquier otra religión. Ninguna otra religión puede reclamar que su líder resucitó, y ésa es la razón de que tengamos tanta confianza. Un poco más adelante en el libro de Romanos, Pablo explica en mayor detalle la resurrección de Jesús.
1:5 - “Y por quien recibimos la gracia y el apostolado”. Es de Cristo de quien recibimos gracia y apostolado, o cualquier otro ministerio. La gracia y el ministerio van juntos. En Efesios 4:7, Pablo dice: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo”. Ahora, de acuerdo con nuestro don ministerial, hay gracia o capacitación divina de parte de Dios, que nos permite funcionar en ese ministerio. Por esta razón no podemos salirnos de nuestro ministerio. También debemos saber qué cosa en especial deberíamos estar haciendo, porque junto con el llamado hay unción y gracia de parte de Dios para cumplirlo. ¿Y cuál es el propósito del ministerio? Es producir “obediencia a la fe en todas las naciones”.
Hay solamente un Evangelio, y es el mismo para todos. Hay sólo una Iglesia, y las leyes de Dios son iguales para cada nación. No existe una norma para un país y otra norma para otro país. El mensaje de Pablo era el mismo en cada nación (1 Co. 4:17; Ex.12:49). Por consiguiente, debemos distinguir la diferencia entre costumbres permisibles y una cultura contraria a las leyes de Dios. En algunos países existe la costumbre de tener varias esposas. Este estilo de vida diferente, no es permisible, porque viola la Ley moral de Dios.
Cuando el Señor Jesucristo enseñó a Sus discípulos a orar, los instruyó para que dijesen: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Nosotros sabemos que la voluntad de Dios se hace en los cielos. En la tierra, Él desea que Su voluntad se haga en nuestras vidas individuales. La idea de “obediencia a la fe en todas las naciones” es que Dios quiere que el Evangelio se predique en cada país, y que cada país llegue a obedecer el Evangelio. Hay una tendencia a creer que el Evangelio de Jesucristo sólo está ligado al mundo occidental, cuando en realidad en el principio tuvo su mayor ímpetu en el Oriente: Turquía, Galacia, Grecia y Roma.
1:6 - “Entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo”. A los que están llamados por Dios a ser los escogidos, Dios los conoce desde antes de la fundación del mundo. No obstante, debemos diferenciar entre llamados, escogidos y fieles (Mt. 20:16; Ap. 17:14; Jn. 15:16; Ef. 1:4). Muchos son llamados o invitados a una relación y ministerio, pero para ser escogidos debemos calificar. Luego, debemos continuar siendo fieles.
1:7 - “A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos”. En el griego original, el significado no es el de “llamados a ser santos”, sino “llamados santos”. Esta es una verdad muy importante, porque el vocablo griego hagios significa santos. Nosotros somos llamados “santos”. Esto sucede instantáneamente en nuestro nuevo nacimiento, pero es también un desarrollo progresivo. Debemos entender la Palabra de Dios en este aspecto. Al reflexionar sobre Levítico 27:28, podemos entender lo que el apóstol Pablo está tratando de comunicar aquí. “Pero no se venderá ni se rescatará ninguna cosa consagrada, que alguno hubiese dedicado a Jehová; de todo lo que tuviere, de hombres y animales, y de las tierras de su posesión, todo lo consagrado será cosa santísima para Jehová”.
Debemos entender el significado de la santidad. Debemos entenderlo porque se aplica a otros muchos aspectos de la gracia y los dones de Dios. La santidad es tanto instantánea como progresiva. La idea de Levítico 27:28 es que cuando el antiguo israelita quería expresarle a Dios su gozo, reverencia y gratitud, lo podía hacer dándole un obsequio.
Quizá le diera un jarrón a Dios en señal de agradecimiento. Se lo entregaría al sacerdote. En el momento en que el sacerdote aceptaba el jarrón, éste se volvía santo. Se volvía santo porque el sacerdote lo recibía en nombre de Dios. Se convertía en el jarrón de Dios. Por consiguiente, todo aquello que le pertenece a Dios, se vuelve santo automáticamente. El jarrón no cambia en forma alguna. No adquiere de repente un aura. No se ilumina de repente con oro. No. Es el mismo. Pero ha cambiado en el sentido de que es propiedad de Dios, y por ello se ha vuelto santo.
De igual manera, cuando nosotros entregamos a Cristo nuestras vidas, nos volvemos santos automáticamente, porque le pertenecemos a Dios. Por supuesto, Su santidad debe realizar una obra transformadora en nosotros. Más adelante desarrollaremos este concepto en más detalle.
Todo el libro de Romanos depende de que entendamos nuestra posición en Cristo y cómo Dios nos contempla. Tan pronto como aceptamos a Jesús como nuestro Salvador, nos volvemos santos. Es porque somos propiedad de Dios. Cristo mora en nuestro interior. En el momento en que somos salvos, le pertenecemos a Dios y nos volvemos santos. Por esta razón se nos llama santos al convertirnos. Sin embargo, esa santidad debe también forjarse en nosotros. Gran parte de la doctrina de Romanos está ligada a la comprensión de esta verdad.
En el versículo siete, Pablo sigue diciendo: “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”. Éste era un saludo común en los días del Nuevo Testamento. Equivalía a decir: “Dios te dé capacitación divina y fuerza para soportar todas tus adversidades”. Pablo se dirige a “todos los que estáis en Roma”. En Roma, la Iglesia era de mártires. En general, la Iglesia primitiva experimentó una gran tribulación, y si la Iglesia primitiva conoció tribulación, podemos tener la seguridad de que la Iglesia de los últimos días conocerá la misma clase de aflicciones. De hecho, no tenemos que trasladarnos hasta el fin de los tiempos, porque la mayoría de nosotros está en alguna forma de tribulación o presión ahora mismo. Una mujer de Dios dijo: ¿Conoce usted a alguien que no esté pasando por una prueba? Cuando lo medité por un momento, cada persona en que pude pensar estaba atravesando alguna grave dificultad en su vida. Es por eso que para triunfar necesitamos de la gracia que nos capacita.
No importa qué clase de prueba estén ustedes atravesando, hay una gracia que concuerda perfectamente con ella. Con las epístolas de Pedro, el Señor le explicó y mostró a mi esposa este pensamiento y esta verdad. Pedro habla de diversas tentaciones pero también de una gracia multiforme (1 P. 1:6, 4:10). “Multiforme” denota una gama de tonalidades o colores. El Señor habló a mi esposa, diciéndole: “Para cada diferente color de tribulación, tengo el color exacto de gracia que concuerda, y éste te capacitará para triunfar en cada prueba”. Por lo tanto, debemos esperar ansiosamente la tonalidad exacta de gracia para nuestra prueba especial, porque estamos llamados a triunfar rotundamente.
A medida que observemos el libro de Romanos, descubriremos que Dios ha hecho preparativos para que seamos “más que vencedores”. En cada prueba, Dios ha decretado que seamos los victoriosos. Por consiguiente, no debemos rendirnos, porque estamos llamados a triunfar en nuestras circunstancias. David declaró: “Domina en medio de tus enemigos” (Sal. 110:2). ¿Cómo triunfamos? No es con nuestra propia fuerza, sino con la gracia de Dios que nos capacita. “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”.
Además de ser necesaria para tener victoria, la gracia es necesaria para tener paz. El apóstol Pablo lo aclara en Romanos 16:20: “Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies”. La paz nos capacita para no ser turbados por pensamientos, palabras y temores. Y el Dios de paz nos santifica por completo: espíritu, alma y cuerpo (ver 1 Ts. 5:23). La paz de Dios nos hace aptos para vencer a Satanás; y es esa paz la que nos faculta para ser santificados.
1:8 - “Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros”. Ésta es una verdad que tiene mucha importancia, especialmente para los pastores y las personas de la congregación. Dar gracias a Dios por todos los creyentes es una gracia y un distintivo de madurez cristiana. Un pastor debe dar gracias a Dios por cada miembro de su congregación, porque ellos han sido escogidos por la mano del Señor. Para apreciar el aporte de cada creyente a la eficacia y desarrollo del Cuerpo de Cristo, (compare Filipenses 1:3; Colosenses 1:3; 1 Tesalonicenses 1:2). La gratitud es una virtud que debe ser altamente apreciada y cultivada. Debemos tener una victoria personal con cada miembro del conglomerado eclesiástico (Fil. 1:3).
Hace muchos años, estábamos en cierto lugar en donde todo marchaba de maravilla. La gente que nos rodeaba era adorable, a excepción de una persona. Le dijimos al Señor (al igual que otros más): “Señor, si tan sólo este individuo no estuviera aquí, todo sería como el cielo en la tierra. Señor, por favor, quítalo”. Y el Señor contestó: “No, Yo quiero que me agradezcan por este hombre, porque él está haciendo más por ustedes que todas las otras personas”. Tuve que reconocer lo cierto de eso, porque me tocaba estar en la oficina de él casi dos veces por semana, y tenía que orar dos o tres horas antes de visitarlo, para poder controlar mi espíritu. Describiéndolo con bondad, él era un Saúl. Él no era un buen hombre. Le consumían los celos y la envidia, y estaba constantemente en contra mía (y no sólo en contra mía, sino en contra de otros).
Empecé a comprender que él realmente me estaba ayudando. Él estaba perfeccionando mi vida de oración, y me garantizaba el ser lleno del Espíritu de Dios por lo menos dos veces a la semana, cuando lo veía. Como pastores, debemos ganar la victoria dando gracias continuamente a Dios por cada miembro de la congregación.
Recuerdo a un querido pastor que oraba: “Señor, quiero que en nuestros corazones Tú desarrolles y perfecciones el amor”. Debemos tener mucho cuidado con nuestra forma de orar, porque Dios oye nuestras oraciones. Esa oración fue dicha un domingo por la mañana. Parecía tan buena, tan maravillosa, tan espiritual, y todos contestaron: “Amén”. A la semana siguiente, el pastor estaba parado a la puerta del santuario, saludando a la gente que entraba, como de costumbre. Entonces notó a un hombre.
El pastor vio a este extraño ser caminando por la calle, y pensó: “Indudablemente, lleva otro rumbo”. De repente, para su horror, este sujeto comenzó a subir la escalinata de la iglesia: “¿Es usted el pastor?” La respuesta regresó en voz baja: “Si, yo soy el pastor”. Entonces este raro hombre dijo: “Me gustaría venir a su iglesia”. Inmediatamente el pastor se defendió: “Oh no, usted no necesita venir a nuestra iglesia. ¿Ve usted aquella iglesia que está más allá en esta misma calle? A esa iglesia pertenece usted, allí se sentirá en su propia casa”.
Él dijo: “No, yo quiero asistir a su iglesia”. El pastor era de muy baja estatura y este hombre era sumamente alto. Ya que lo dominaba con su tamaño, el pastor no fue capaz físicamente de impedirle la entrada. Y además de la insistencia, al pastor le agobiaba el olor que despedía aquel cuerpo. De nuevo le dijo: “Yo le aseguro que nuestra iglesia no es la de su tipo. Usted debería ir a aquella de más allá en esta misma calle. Mire, desde aquí se divisa”. El extraño respondió: “Pastor, yo me siento guiado a venir a su iglesia”. Y entró directamente a la iglesia y se sentó en la banca.
El pastor pensó: ¿Qué le pasará ahora a nuestra iglesia? ¿Qué cosa habré hecho yo para merecer esto? Este hombre no sólo parecía un desquiciado, sino que lo era espiritualmente y en todo sentido posible. Pues bien, comenzó a “desquiciar” a otros miembros de la congregación, hasta que todos sintieron que ya era el momento de orar para que el sujeto se fuera a la iglesia de más allá, lugar al que pertenecía junto a otros desquiciados. Sin embargo, Él no vino solamente a quedarse durante todo ese culto, sino que regresó al culto nocturno, y también al culto entre semana, y regresó al del domingo siguiente.
Desesperado, el pastor consultó al Señor: “Señor, ¿qué harás al respecto?” Y el Señor dijo: “¿No me pediste que te perfeccionara en el amor?” Él contestó: “Sí, Señor, yo estaba esperando una inmensa unción”. El Señor dijo: “Este hombre desarrollará mi amor en tu corazón porque lo vas a amar”. Para hacer corta esta historia, realmente sí se desarrolló amor de parte del pastor hacia este extraño hombre, quien, a propósito, cambió por causa del amor. De hecho, se convirtió en un miembro activo de la iglesia.
Lo que estoy tratando de comunicar es esto: “Doy gracias a mi Dios con respecto a todos vosotros”. Como pastor y como congregación, debemos estar agradecidos por cada persona que Él escoge colocar en nuestra iglesia. Dios no sólo escoge al pastor, también le selecciona los miembros de su congregación.
“De que vuestra fe se divulga por todo el mundo”. Pablo le da un enorme voto de confianza a la iglesia de Roma. Un gran flujo de fe provenía de esta iglesia romana. Era conocida en todo el mundo (el Imperio Romano); por consiguiente, debió ser una iglesia verdaderamente ferviente. Era una Iglesia que testificaba. Sus miembros no escondían su luz bajo un almud.
1:9 - “Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones”. Pablo era un hombre que oraba fervientemente y con frecuencia. Él conocía a muchos miembros de esa congregación. Además, conocía a algunos líderes de la iglesia porque había sido responsable de su conversión en otras partes del mundo, antes de que ellos retornaran a Roma.
1:10 - “Rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros”. Yo creo que Pablo no imaginaba su arribo a Roma, ya que llegó a esa ciudad como prisionero varios años después. Dios nos hace llegar a los lugares que Él desea, pero no es siempre en la forma que nosotros escogemos o esperamos. Pablo escribía esto desde Corinto, pero su “próspero viaje” no fue según sus expectativas. A veces sentimos que debemos ir a cierto lugar y que la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta, pero el camino de Dios puede ser totalmente distinto. Asimismo, cuando Dios nos llama a un lugar determinado, Él no siempre lo quiere inmediatamente. Todos los viajes deben hacerse en la voluntad de Dios. Algunos ministros consideran que la única clave es viajar. Sin embargo, debemos viajar con propósito y desplazarnos solamente en el tiempo de Dios, no sea que vayamos de aquí para allá como un pollo sin cabeza.
1:11 - “Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados”. El deber de un ministro es comunicar los dones espirituales. Los dones espirituales confirman y fortalecen a la Iglesia. Asimismo, establecen al individuo. Los dones espirituales ayudan a la persona a estar arraigada y cimentada en Dios. Un don absorbe la concentración de una persona, y la inspira a buscar a Dios para que su don se desarrolle. Los pastores, los líderes, y los maestros de escuela dominical, deben procurar comunicar los dones espirituales. Los dones espirituales son dados para edificar al individuo y a la Iglesia (1 Co. 12:7). Es muy importante tener un fluir en lenguas, un fluir en interpretación, y un fluir del espíritu de profecía. Así como éstos, todos los otros dones (tales como el de palabra de sabiduría, palabra de conocimiento, y discernimiento de espíritus) son extremadamente necesarios.
1:12 - “Esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí”. Cuando ustedes salgan a ministrar en otros lugares, vayan con la expectativa de ser también ministrados y bendecidos (Pr. 11:25). Dios no solamente los usará para bendecir a otros, sino que ustedes recibirán algo de ellos en el ámbito de la fe. Cuando se juntan, los cristianos se ministran mutuamente en la más santa fe. Un hombre no puede vivir en aislamiento. Un carbón encendido que se aparta de los otros carbones ardientes, se apaga y ennegrece. Un cristiano debe ir adonde estén otros seguidores fervientes de Cristo. Nos necesitamos unos a otros para mantenernos brillando con el fuego del Espíritu. No se recluyan ustedes con leños muertos, porque acabarán muertos. Un árbol solitario será arrancado por los vientos, pero un árbol dentro del bosque, está protegido por todos los demás.
1:13 - “Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros (pero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás gentiles”. La gente dice: “si la voluntad de Dios hubiese sido que Pablo fuera a Roma, se le habría abierto el camino. Si Dios nos envía a algún lugar, no habrá problemas”. Esta forma de pensar es refutable. Pablo es el hombre modelo de la Iglesia, es alguien levantado por Dios para ser el maestro de la Iglesia. Juntamente con Jesús y el Espíritu Santo, Pablo es el maestro de la Iglesia. Él es la pauta. Por consiguiente, lo que vemos en la vida de Pablo debe estar bien. Intentó varias veces ir a Roma pero no pudo. Se le presentaron obstáculos.
Sin embargo, podemos agradecer a Dios el que Pablo haya sido estorbado para ir a Roma, porque de lo contrario no tendríamos la epístola romana. Al impedírsele llegar a Roma, se le permitió a Pablo llevar a cabo eficazmente su ministerio en otros lugares.
En la época de Pablo, Roma era el centro del mundo. Todos los caminos llevaban a Roma y Roma influía en el imperio; de modo que, naturalmente, Pablo deseaba ir allá. No obstante, lo motivaba un imperioso deseo de tener fruto entre las naciones. Isaías 32:20 dice “sembráis junto a todas las aguas”.
Pablo dijo: “Para tener también entre vosotros algún fruto”. Nuestro deseo debe ser que nuestras ramas se extiendan por encima del muro, para tener fruto no sólo en nuestra Iglesia local sino en otras naciones. Ya sea a través de ofrendas, o de publicaciones, o de apoyo a personas de nuestra congregación que tienen un llamado al campo misionero, o aun viajar allá nosotros mismos, todo pastor debe desear tener fruto entre las naciones.
1:14 - “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor”. Pablo tomó la posición de un deudor. Él tenía una deuda con otros, y debía saldarla (1 Co. 9:16). Pablo recibió de Dios inmensas verdades y revelaciones, las cuales habían rescatado su alma de la destrucción; por lo tanto, se sentía comprometido a compartir con los demás estas verdades redentoras. También nosotros hemos recibido algo de Dios, y estamos comprometidos a dar a los demás lo que sabemos. Esta debe ser nuestra actitud.
