Me gusta cuando hablas - Daniela Alejandra Cortés del Castillo - E-Book

Me gusta cuando hablas E-Book

Daniela Alejandra Cortés del Castillo

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"Desde que tengo conciencia, recuerdo los gritos de dolor y tus lágrimas para que mi papá parara de golpearte (…) Mamá, te escribo estas líneas para decirte que me encuentro enamorada de lo fuerte y libre que soy." ¿Qué significa ser mujer en Chile? Para algunas, significa enfrentarse a la violencia doméstica. Para otras, a un mundo laboral desigual. Algunas mujeres deben enfrenarse a expectativas familiares injustas, mientras que otras no se sienten dueñas de sus propios cuerpos. Para todas, ser mujer significa lucha, pero también fortaleza. Estas páginas recogen cuarenta y seis testimonios de mujeres comunes y corrientes, historias diversas y esperanzadoras que nos hablan de un Chile desigual y de las personas que trabajan día a día por cambiarlo.

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Seitenzahl: 146

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Me gusta cuando hablas: testimonios de la vida real de mujeres en Chile

© Loba Ediciones Ltda.

Badajoz 100, oficina 523

Las Condes, Santiago de Chile.

Teléfono: (56 2) 25820550

www.lobaediciones.cl

Diseño y diagramación: Carolina E. Varela

Ilustración portada: Daniela Raiman

ISBN edición impresa: 978-956-7388-12-7

ISBN edición digita: 978-956-7388-17-2

Primera edición: septiembre 2020

Diagramación digital: ebooks [email protected]

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la portada, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.

Índice

Prólogo

288 diálisis después

Afortunada

Aprender con el ejemplo

Artista callejera

Beso fome, beso tierno

Con el alma mestiza

Con libros en cámara

Construir un ser

Costura a mano

Críar a Sofía en el extranjero

Cuando la profe me mató

Determinación, educación, esfuerzo y ganas de vivir

Deuda histórica

El poder de la vulnerabilidad

Empoderamiento

Enamórate de ti

Entonces, todo se calmó

Escuchamos desde el corazón

Formas de violencia

Fuerza

Hipersexual y sin sentido

Jugar de formas diferentes

La ciencia no discrimina por género

La larga espera vale la pena

La mercancía

La mujer chilota avanza con todo

La violencia que habíamos normalizado

Las que protegen la vida

Lo que anulamos era verdadero

Lo sabían antes que yo

Los caminos del dibujo

Merecemos reconocimiento

Mi decisión

Mi tribu

Miedo a ser juzgada

No importa de dónde provengamos

Parece un hombre

Ponerme a prueba

Que nuestros hijos sean más que nosotras

Quienes ponen sus límites

Síndrome de cuidadora

Sólo tenía 28 años

Una apuesta arriesgada

Una silla para esperar

Un día para amanecer

Vuelve a tu país

Prólogo

Me gusta cuando hablas recoge testimonios de 46 mujeres comunes y corrientes. Nació de la necesidad de contar historias de mujeres «reales», pues vimos cómo en el mercado editorial abundaban las antologías sobre mujeres «famosas»: artistas, escritoras y científicas de renombre histórico, pero parecía que había un vacío en cuanto a la experiencia de las mujeres en el Chile actual.

Así, el año 2017 comenzamos a realizar entrevistas a mujeres, para luego pedirles que escriban sus historias. Nuestra intención era tener la mayor diversidad de experiencias posibles, con mujeres de distintas edades, profesiones, corporalidades, familias y orígenes. Sin embargo, la tarea resultó más difícil de lo pensado. Algunas veces las mujeres nos ofrecían sus testimonios, pero luego se arrepentían. Asistían a las entrevistas, pero no deseaban escribir los textos. Para nosotras era importante que cada historia la escribiera su protagonista y que su testimonio sea dado en sus propias palabras. En este periodo fue invaluable el trabajo de María José Véliz, quien contactó, entrevistó y recogió los escritos de decenas de mujeres.

En un principio pensamos en dividir la antología por capítulos: cuerpo, trabajo, familia, origen, sexualidad, etc., pero pronto nos dimos cuenta de que no iba a funcionar así, pues la vida no está dividida de esa manera. La identidad de una mujer está trazada por una infinidad de temáticas y todas ellas construyen su ser y su historia.

Así, fuimos descubriendo una diversidad de experiencias pero, también, ciertos hilos conductores que atravesaban todas las historias. Parece ser que ser mujer en Chile implica una gran responsabilidad, sobrellevar una carga que no es asignada a los hombres y que se relaciona con el cuidado de la familia. Además, somos víctimas de una gran cantidad de violencia, tal como evidencian algunos de los relatos, honestos y crudos. Quizá esto no sea sorprendente, pues como dicen las mismas autoras, en Chile ha habido grandes avances en la igualdad de género, pero aún queda mucho por hacer. Aún nos vemos enfrentadas a adversidades, a aquel «techo de cristal» que nos obliga a trabajar el doble para lograr lo mismo que un hombre.

A pesar de esto, o quizá debido a ello, las historias dejan entrever un espíritu luchador en todas las mujeres. Los relatos se destacan por las ganas de salir adelante a pesar de las adversidades y por la esperanza con la que se enfrentan los problemas de la vida. Además, se destaca la importancia de la comunidad y, sobre todo, de la sororidad para hacer más llevadera la lucha por la igualdad de género.

Esperamos que esta antología sea un aporte a esa lucha y agradecemos enormemente a las mujeres que tan generosamente compartieron con nosotras sus historias.

Daniela Cortés

Editora General Loba Ediciones

Julio 2020

288 diálisis después

Nombre: Daniela Silva

Edad: 31 años

Comuna: Ñuñoa

Oficio o profesión: Periodista

La noche de 2014 en que llegué a urgencias, apenas me podía parar del dolor.

Había pasado una semana vomitando, supuestamente producto de un virus estomacal, pero también comencé a sentir dolores de espalda.

Me tomaron muestras de sangre, me dieron medicamentos para el dolor y me hicieron una ecografía de la espalda. La doctora me dijo que tenía todo inflamado y que no podía ver bien qué órgano era el problema.

Con los analgésicos pude dormitar un rato. De pronto, me despertó una voz tras la cortina del box: «Llegaron los exámenes de Daniela Silva». Alguien preguntó cómo estaban y la voz respondió «pésimos». Con mi mamá nos quedamos mirando, asustadas.

La biopsia arrojó que tenía una rara enfermedad autoinmune (como las que aparecen en la serie del Dr. House) que había matado mis riñones para siempre.

Tras el diagnóstico, se activó de inmediato un espiral interminable de tratamientos: pinchazos, diálisis, medicamentos... Los riñones son órganos muy silenciosos pero están a cargo de un montón de cosas importantes para el cuerpo, como la filtración de toxinas y la presión arterial. Sin estos órganos, tienes que adecuar tu vida para sobrevivir hasta la siguiente sesión de diálisis, consumiendo casi cero líquidos bajo una dieta muy restringida. Pensemos en que los riñones funcionan 24/7 durante toda tu vida. La diálisis intenta reemplazar lo maravilloso de la función renal, pero en cuatro horas, tres veces a la semana. Claramente, no basta.

Vivir una enfermedad crónica es un trabajo de tiempo completo, que demanda fuerza física y mental, y del cual depende tu vida. Yo quería vivir, por lo que trataba de seguir las indicaciones médicas lo más que podía. Me preguntaba qué sería de mí en diez, veinte o treinta años más si a mis veintitantos, algunos días, sentía que ya no podía más.

Mi mamá fue mi gran pilar. Nunca me dejó sola y trató de darme todo el ánimo que me faltaba para continuar. Tras dos años (con 288 tratamientos de diálisis), se me ocurrió tener un perro, y su llegada fue una bocanada de aire fresco a mi vida, que sentía estaba estancada entre diálisis y diálisis. Mi nuevo acompañante de cuatro patas borró en gran parte las inseguridades que sentía con respecto a mi vida: me obligó a jugar cuando me encontraba cansada y a mantener su ritmo de vida. Me motivó a vivir en el presente y a superar un día a la vez.

Después de casi tres años en diálisis, me llamaron de la unidad de trasplantes porque había llegado un regalo maravilloso: un órgano compatible. Ya llevo tres años post trasplante y libre de diálisis y la diferencia de esos tres años de diàlisis con los tres años sin diálisis han sido fascinantes. Te acostumbras a vivir con muchas restricciones –tu mismo cuerpo te traiciona agotándose más rápido– y, literalmente, de un día a otro, vuelves a vivir. Antes de todo esto yo estaba inscrita como donante, pero nunca le había tomado el peso a que no es sólo el órgano que estás donando, sino que es entregar una nueva oportunidad para vivir a otro, y estoy y estaré infinitamente agradecida con mi donante y el equipo mèdico que gestó que todo funcionara y que hasta el día de hoy cuida de mi.

Hay algunas personas que, cuando se enteran de mi historial médico, me han preguntado si alguna vez pensé en renunciar. En mi cabeza suena extraño, ¿renunciar a qué? ¿A la diálisis? ¿A la enfermedad renal? Siempre lamento no tener una respuesta más inteligente, pero la verdad es que en mi caso no seguí ninguna epifanía. No se me ocurrió que renunciar era una opción. Me enfoqué mucho en vivir un día a la vez con mi acompañante perruno y me aferré al cariño que me daban mi familia y amigos. Eso en mi caso, hizo toda la diferencia.

Afortunada

Nombre: Paloma Amaya

Edad: 36 años

Comuna: Providencia

Oficio o profesión: Ilustradora, guionista y ceramista 

Hace al menos cinco años que me dedico en cuerpo y alma a dibujar, hacer cerámicas, escribir guiones de teatro y televisión y a veces incluso a actuar. Pero hoy en día hablar de cerámica para mí es hablar de mi vida entera. Siento que en ella convergen tantos aspectos de mi personalidad, tantos intereses, vivencias y estudios que la han ido nutriendo, que definitivamente es parte de un todo.

Desde niña que amo el arte y las manualidades. Tengo unos padres muy esforzados y generosos que, dentro de sus limitadas posibilidades económicas, siempre intentaron fomentar mis intereses artísticos. Reconozco un poco de ambos en mi forma de trabajar: la metodología y perfeccionismo de mi madre, la ternura y creatividad de mi padre. Siempre me gustó modelar personajes. Mis padres me compraban arcilla y plastilina y yo jugaba horas a crear personajes en miniaturas. En las tardes me cuidaba mi abuelita Ina, quien siempre cocinaba sopaipillas y me dejaba hacer figuras con la masita, que luego freíamos y comíamos con manjar.

Estudié arte, teatro e ilustración, pero a la cerámica llegué gracias a la artista Lourdes Salgado. Ella y la artista Francisca Valdivieso han sido mis grandes mentoras e inspiradoras. Fue crucial para mí encontrarme con mujeres artistas, independientes y tan fuertes. Eso definitivamente activa un motor interno.

La cerámica fue enamorarme para siempre. Puse todo mi potencial al servicio de este material y oficio, el cual me dedico a cultivar incesantemente hasta el día de hoy. No he parado de estudiar con otros artistas y artesanos y tomé un diplomado de escultura donde aprendí mucho de mis compañeros.

Ser mujer y considerarme artista en Chile no fue fácil. De cierta forma las limitantes parecen ser siempre externas, pero la vida me enseñó que mi autopercepción ponía gran parte de los obstáculos. En el colegio siempre fui «la rara», «la floja», o derechamente la «artista», en un sentido despectivo, como un símil de «inútil» y, claro, futura «muerta de hambre». Así pensaban mis pares e incluso algunos familiares. Crecer así es muy fuerte. El proceso de sacarse tantos años de discriminación por parte de todo un profesorado o de tus compañeros es doloroso.

Crecer con el estigma de «fracasada» sin si quiera haber intentado nada aún, causó estragos en mi autoestima y demoró años en sanar. Caí mucho tiempo en la auto victimización. Me di muchas vueltas por terapias y situaciones tóxicas paralelas. Todo eso paraliza. Por suerte siempre hubo algo o alguien que me tendió una mano, que creyó en mí o que me ayudó desinteresadamente. Y por lo mismo hoy en día intento devolver la mano de la misma forma. A mis alumnos siempre les hablo de esto. Les cuento mi historia, intento inspirarlos, motivarlos. Para mí fue vital sentir eso cuando más lo necesité, cuando di todo por perdido.

En mis talleres, donde principalmente van más mujeres, me doy cuenta en las conversaciones que se dan de forma natural, cómo ha ido cambiando el país en torno a varios temas. Me emociona sentir que ese espacio sea de aprendizaje, de relajo, pero también de reflexión y de apoyo. Crear y enseñar en un ambiente de respeto y hermandad siempre fue una de mis metas y creo que de alguna forma lo he conseguido. No existen palabras para expresar lo muy afortunada que me siento por eso.

Aprender con el ejemplo

Nombre: Sara Campos Sallato

Edad: 62 años

Comuna: La Reina

Oficio o profesión: Magister en Políticas Públicas, Concejala comuna de La Reina

A inicios de los años 80, en los tiempos de la dictadura, empezó mi interés por la política. Yo estudiaba pedagogía en la Universidad Católica y mi principal motivación era transformar la tremenda injusticia social instalada. Eso me llevaba a involucrarme en muchas y distintas iniciativas, principalmente con mujeres, que fueron un motor en mi formación política.

Con la llegada de la democracia, me inicié en el mundo público trabajando con la diputada Laura Rodríguez, nuestra única parlamentaria del Partido Humanista. El trabajo que hicimos junto a Laura fue muy potente y me apasionó. Se nos abrieron nuevos espacios y recorrimos Chile trabajando con las organizaciones de mujeres en distintos proyectos de ley que las afectaban especialmente: divorcio, hijos «ilegítimos», derechos para las trabajadoras de casa particular y para trabajadoras sexuales, y violencia intrafamiliar, entre otros.

A raíz de esta experiencia, decidí ser candidata a concejala por la comuna de La Reina. Esa, mi primera campaña, fue muy potente y difícil. Durante ese período, Laura se enfermó muy grave.

Murió a los 33 años. Mi principal cómplice en política ya no estaba.

Entré al mundo municipal como concejala. En ese entonces, el alcalde era Fernando Castillo Velasco y, a partir de ahí, trabajamos juntos durante 12 años. Él fue mi gran maestro del quehacer municipal.

He desarrollado toda mi vida profesional y mi actividad política en el espacio local. Soy municipalista, en el sentido de que creo que es el espacio privilegiado por su cercanía con la ciudadanía. Desde la municipalidad se pueden generar los cambios, construir nuevas formas de hacer política y nuevas formas de convivencia.

El desgaste de la política tiene mucho que ver con que los partidos políticos fueron perdiendo el trabajo directo con las y los ciudadanos y se comenzó a instalar una forma de hacer política «desde las alturas», sin ninguna conexión con el sentir de la gente. El fin del sistema binominal ha permitido que hoy exista una mayor diversidad en el Parlamento, lo que sin duda es un avance. A mayor diversidad, mayor riqueza.

Como mujer en política, un espacio históricamente machista, me alegra en lo profundo que haya crecido esta nueva ola feminista, que pareció estar dormida o invisibilizada durante varios años. En los años 90, las mujeres que hacíamos política nos veíamos enfrentadas a un espacio muy sexista. Los comentarios sobre nuestra apariencia física o preguntas del estilo «¿cómo se las arregla con los hijos?» eran pan de cada día. Las mujeres que nos atrevimos a entrar a la política —y todas las mujeres que salíamos a trabajar cotidianamente— seguíamos teniendo el doble rol de trabajadora y dueña de casa. Sin duda que mi vida personal y familiar se vio afectada por este trabajo, pero sinceramente creo que se afectó positivamente. A mi hijo no le tocó una mamá que estuviera mucho en la casa, lo que seguramente fue, en algún sentido, una carencia, pero a la vez aprendió con el ejemplo cotidiano el valor de la igualdad de mujeres y hombres.

Me siento orgullosa de haberme atrevido a trabajar en política y de haber ido abriéndome espacio en un mundo muy cerrado y manejado por hombres. A veces un camino áspero, pero también muy hermoso, con miles de satisfacciones relacionadas con lograr los sueños colectivos, iniciativas y proyectos en los que siempre han estado presente las mujeres, tremendas cómplices, incansables trabajadoras que luchan por mejorar las condiciones de sus comunidades.

Artista callejera

Nombre: Kristel Nielsen

Edad: 36 años

Comuna: Pirque

Oficio o profesión: Música

Esta tabla de lavar se refriega, no con jabón ni con ropa: con dedales.

Fuerte suena el dixie, el swing, el jazz, ritmos que acompañan melodías, bajos, bronces, vientos. No importa el lugar, ni la ocasión. Al ver esos pies moverse, cualquier locación se transforma en un salón.

Alcanzar los sueños muchas veces suele ser utópico e imposible, más aun si lo que quieres hacer es vivir del arte. Darte horas o minutos de una abstracción del espacio-tiempo. Quién no juega a hacer lo que quiere, no logra nada: sólo llegar a vieja y lamentarse de lo que no hizo y de lo que no se jugó.

Ser mujer y madre en el mundo de la música no es nada fácil. Cuando todos celebran, a una le toca amenizar la fiesta. Si hay fechas importantes y estas calzan con eventos, las celebraciones quedarán pendientes. Por suerte, mi familia lo entiende y ellos son felices de que me pueda realizar en lo que amo, en lo que me da tantos buenos momentos y tantas alegrías.

Beso fome, beso tierno

Nombre: Marion Garolera

Edad: 29 años

Comuna: Santiago Centro

Oficio o profesión: Psicóloga

Mi primer beso fue fome y plano como la cara del que entonces era mi pololo. Le decían «Tablón». Duramos un mes.

Después vinieron besos más entretenidos e impúdicos, pero que me esfuerzo caleta en olvidar.

El siguiente beso que recuerdo como un hito fue uno más inocente. Me gustaba un amigo. Cuando se lo dije, sonrió con infinito cariño y me dio un beso cálido y húmedo en la mejilla. Pero ese beso fue nada comparado con los que me dio su, en ese entonces, polola.

Después de que me gustara él, me gustó ella. Recuerdo sus manos pálidas, tensas sobre el mástil de la guitarra. Sus ojeras casi azules. Él se dejaba las uñas largas y bonitas, según él, para tocar el bajo; ella se las dejaba cortas y limpias para tocar mejor guitarra.

Los dos siempre pronunciaron bien mi nombre. Con el acento en la «a». Con preocupación.