Pelusa: cuento infantil - Luis Coloma Roldán - E-Book

Pelusa: cuento infantil E-Book

Luis Coloma Roldán

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Beschreibung

Este ebook presenta "Pelusa: cuento infantil", con un sumario dinámico y detallado. Pelusa es un cuento de Luis Coloma. Su creación más famosa, la del Ratoncito Pérez, fue creada para el rey, entonces todavía un niño, Alfonso XIII. Luis Coloma Roldán (1851 - 1915), escritor, periodista y jesuita español. Luis Coloma es un conocido autor del siglo XIX español, enmarcado dentro de la corriente del costumbrismo y el realismo. Tras estudiar abogacía y frecuentar tertulias literarias, Coloma se consagró a la religión ordenándose jesuita y dedicándose a partir de entonces a labores educativas y a la escrituraA partir de entonces sus obras abandonaron la sátira, abordando biografías históricas y temas más del agrado de los círculos aristocráticos.

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Seitenzahl: 29

Veröffentlichungsjahr: 2013

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Luis Coloma

Pelusa: cuento infantil

(texto completo, con índice activo)

e-artnow, 2013 ISBN 978-80-268-0370-6

Nota Editorial: Este libro es una transcripción completa del texto original.

Índice

Pelusa: cuento infantil
Dedicatoria
Text

Dedicatoria

A Pilarita Azlor Aragón y Guillamas y a Isabelita Silvia y Azlor Aragón

En las largas y solitarias horas de esta mi última enfermedad me imaginaba algunos días que veníais las dos, como tantas otras veces, y apoyadas en mis rodillas me pedíais que os contara un cuento; y para realizar en parte esta dulce ilusión os escribí entonces esta historia de Pelusa.

Creo que esto será lo último que escriba; y no porque piense colgar mi pluma como el bueno de Cervantes, sino porque la enfermedad me la arrebató ya de las manos, y la muerte se encargará pronto de tirarla a la basura, que es el lugar más adecuado.

Espero, sin embargo, que cuando las dos seáis unas viejecitas muy monas y leáis este cuento a vuestros nietos diréis [14] al terminarlo: ¡Pobre P. Coloma!… ¡Qué tonto era!… ¡Pero cuánto nos quería!.. Y rezaréis después un padrenuestro por mi alma.

Madrid, 2 Noviembre 1912.

Nota del editor

La mano gloriosa que tantas joyas riquísimas ha aportado al tesoro literario español no puede hoy escribir con ese carácter reposado y elegante de la firma que honra esta página. Una enfermedad cruel entorpece la marcha de esa pluma, mágica traductora de los sutiles y admirados pensamientos del maestro venerable. Nos ha parecido interesante estampar aquí, al principio de este lindísimo juguete, que no querrá Dios que sea la última producción del buenísimo e insigne P. Coloma, el autógrafo de su firma actual; tan reciente, que es la que le ha servido para autorizarnos a publicar esta obra de su ingenio peregrino. Hela aquí:

Pues, señor, que era vez y vez de una vieja, más vieja que el modo de llover, más fea que pegarle a su padre y más mala que el pecado mortal, que se llamaba la vieja Paví. Pues vamos a que esta vieja Paví tenía consigo una niña de cinco a seis años, blanca y rubia como el angelito que juega a los pies de la Virgen con un manojito de flores.

Llamábase la niña Pelusa, y las vecinas la creían todas nieta de la tía Paví; porque la pícara vieja, a fuerza de pellizcos y alfilerazos, la obligaba a llamarla abuela. Pero no era verdad: cuando era chiquita la había robado en el jardín de un palacio magnífico, donde se había dormido sobre unas matitas de albahaca y alhucemas mientras la niñera hablaba con el novio por una ventana de la tapia. Estaba la verja abierta, y la vieja Paví entró de puntillas, cogió a la niña dormida, la metió en un saco de trapos y echó a correr, pensando sacarle las mantequitas para hacer el unto con que las brujas vuelan; porque ella lo era, y de las malas, malas, que montan en escobas. Pero cuando fue a matarla lloraba tanto la niña, que temió la oyesen los guardias; y como la vio tan bonita, decidió entonces criarla con mendruguitos de pan hasta que fuese grande, para venderla entonces a cualquier señorón rico que la pagase bien.

Cuando creció Pelusita extrañábase y dolíase de que todos los niños tuviesen un papá y una mamá, y ella no tuviese ninguno. Un día preguntó llorando a la vieja.

-Pero, abuela, ¿por qué no tengo yo papá? ¿Por qué no tengo mamá?