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"La muerte de una mujer hermosa es, sin duda, el tema más poético del mundo." Antes de ser el maestro del relato de terror, Poe fue un poeta de una sensibilidad desgarradora. Poemas I reúne las piezas fundamentales que definieron su carrera y transformaron la poesía moderna. Desde el ritmo hipnótico de "El Cuervo" hasta la devoción eterna de "Annabel Lee", esta colección es un viaje por los paisajes del alma, el luto y el anhelo de lo inalcanzable. La Sinfonía de las Sombras: Poe no escribía versos al azar; cada sílaba estaba calculada para resonar en la sensibilidad del lector. Sus poemas son estructuras arquitectónicas de sonido donde la aliteración y la rima interna crean una atmósfera de ensueño. En esta obra, el lector encontrará la exploración de la pérdida, la belleza que trasciende la tumba y el misticismo de las estrellas, elementos que lo convirtieron en el precursor del simbolismo y la poesía moderna. Un Tesoro para Amantes de la Lírica: Publicados y perfeccionados a lo largo de su atormentada vida, estos poemas han influido en autores de la talla de Baudelaire, Mallarmé y Rubén Darío. Esta edición es indispensable para cualquier biblioteca de clásicos universales, humanidades y para todo aquel que busque encontrar la belleza en medio de la oscuridad. Escuche el eco de la eternidad. Compre "Poemas I" hoy mismo y descubra por qué la voz de Poe sigue viva en cada sombra.
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Seitenzahl: 30
Veröffentlichungsjahr: 2025
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Las enramadas donde veo
en sueños, las más variadas
aves cantoras, son labios y son
tus musicales palabras susurradas.
Tus ojos, entronizados en el cielo,
caen al fin desesperadamente
¡oh Dios!, en mi funérea mente
como luz de estrellas sobre un velo.
Oh, tu corazón… suspiro al despertar
y duermo para soñar hasta que raya el día
en la verdad que el oro jamás podrá comprar
y en las bagatelas que sí podría.
Era una noche de julio,
noche tibia y perfumada,
noche diáfana…
De la luna plena límpida,
límpida como tu alma,
descendían
sobre el parque adormecido
gráciles velos de plata.
Ni una ráfaga
el infinito silencio
y la quietud perturbaban
en el parque…
Evaporaban las rosas
los perfumes de sus almas
para que los recogieras
en aquella noche mágica;
para que tú los gozases
su último aliento exhalaban
como en una muerte dulce,
como en una muerte lánguida,
y era una selva encantada,
y era una noche divina
llena de místicos sueños
y claridades fantásticas.
Toda de blanco vestida,
toda blanca,
sobre un ramo de violetas
reclinada
te veía
y a las rosas moribundas
y a ti, una luz tenue y diáfana
muy suavemente
alumbraba,
luz de perla diluida
en un éter de suspiros
y de evaporadas lágrimas.
¿Qué hado extraño
(¿fue ventura? ¿fue desgracia?)
me condujo aquella noche
hasta el parque de las rosas
que exhalaban
los suspiros perfumados
de sus almas?
Ni una hoja
susurraba;
no se oía
una pisada;
todo mudo,
todo en sueños,
menos tú y yo
-¡cuál me agito
al unir las dos palabras! —
menos tú y yo…De repente
todo cambia.
¡Oh, el parque de los misterios!
¡Oh, la región encantada!
Todo, todo,
todo cambia.
De la luna la luz límpida
la luz de perla se apaga.
El perfume de las rosas
muere en las dormidas auras.
Los senderos se oscurecen.
Expiran las violas castas.
Menos tú y yo, todo huye,
todo muere,
todo pasa…
Todo se apaga y extingue
menos tus hondas miradas.
¡Tus dos ojos donde arde tu alma!
Y sólo veo entre sombras
aquellos ojos brillantes,
¡oh mi amada! Todo, todo,
todo cambia.
De la luna la luz límpida
la luz de perla se apaga.
El perfume de las rosas
muere en las dormidas auras.
Los senderos se oscurecen.
Expiran las violas castas.
Menos tú y yo, todo huye,
todo muere,
todo pasa…
Todo se apaga y extingue
menos tus hondas miradas.
¡Tus dos ojos donde arde tu alma!
Y sólo veo entre sombras
aquellos ojos brillantes,
¡oh mi amada!
¿Qué tristezas irreales,
qué tristezas extrahumanas!
La luz tibia de esos ojos
leyendas de amor relata.
¡Qué misteriosos dolores,
qué sublimes esperanzas,
qué mudas renunciaciones
expresan aquellos ojos
que en la sombra
fijan en mí su mirada!
Noche oscura. Ya Diana
entre turbios nubarrones,
lentamente,
hundió la faz plateada,
y tú sola
en medio de la avenida,
te deslizas
irreal, mística y blanca,
te deslizas y te alejas incorpórea
cual fantasma…
Sólo flotan tus miradas.
¡Sólo tus ojos perennes,
tus ojos de honda mirada
fijos quedan en mi alma!
