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Este manual sobre predicación del Dr. Bailey ha sido utilizado por muchas generaciones subsiguientes de egresados de institutos bíblicos, quienes han estudiado el arte de crear y predicar sermones. Usted aprenderá consejos prácticos y métodos de alguien que ha predicado y enseñado por más de cincuenta y cinco años en diferentes iglesias, institutos bíblicos, seminarios y cruzadas alrededor del mundo.
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Veröffentlichungsjahr: 2020
PREDICAR
Hablar por Dios
Dr. Brian J. Bailey
Titulo original: “Preaching and Speaking for God”
© 1992 Brian J. Bailey.
Versión 1.0 en inglés
Título en español: “PREDICAR Hablar por Dios”
© 2010 Brian J. Bailey
Versión 1.0 en español
Diseño de portada:
©2010 Brian J. Bailey y sus licenciadores
Todos los derechos reservados.
Publicado por Zion Christian Publishers.
Traducción al castellano: Silvia Womack
Diseño de portada: © 2010 Zion Fellowship, Inc.
Edición: Luisa Hernandez, Carla Borges 2010.
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico o mecánico, sin permiso por escrito del editor, excepto en el caso de citas breves en artículos o reseñas.
A menos que se indique lo contrario, las citas son tomadas de la Santa Biblia, versión Reina-Valera © 1960, propiedad de las Sociedades Bíblicas Unidas.
Publicado en formato e-book en octubre 2020
En los Estados Unidos de América.
ISBN versión electrónica (E-book) 1-59665-498-8
Para obtener más información comuníquese a:
Zion Christian Publishers
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El arte o la habilidad de predicar, la ciencia de elaborar un sermón y comunicarlo, es conocida como homilética.
El apóstol Pablo declara, “¿Y cómo oirán sin haber quién les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?” Y también aclara que “agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (Ro. 10:14,15; 1 Co. 1:21).
La predicación es el método más grande usado por Dios para comunicar la verdad. Esta puede ser difundida oralmente o por un medio secundario como lo es una página impresa. Sin embargo, predicar es más que solamente la habilidad de expresar la verdad. Los maestros seculares y políticos buscan la manera de comunicar un mensaje, pero no son predicadores.
Cuando usted se levanta para predicar, usted literalmente se presenta como el portavoz de Dios. Pedro declara en su primera epístola (1 P. 4:11) “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios [como el portavoz de Dios]”. Como predicador, usted será juzgado de manera más severa que cualquier otra persona y el juicio dependerá de cómo usted influenció la vida de otros (Stg. 3:1-2; Mt. 5:19).
No existe una profesión mayor a la de predicar. Es la manera que Dios ha escogido para salvar al hombre y atraerlo a Sí mismo. Para que los cristianos puedan madurar y crecer en el Señor, es vital que escuchen una buena y sana doctrina bíblica semana tras semana.
“Y el mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros profetas; a otros evangelistas; a otros pastores y maestros” (Ef. 4:11). Algunos cristianos tienen el don de un ministerio de enseñanza. Dios los unge, les da una gran revelación y percepción de Su Palabra, y los usa en una manera muy especial para explicar e impartir Su verdad.
No muchas personas tienen este ministerio como don. Sin embargo, existe un lugar dentro del plan de Dios para enseñar y compartir lo que se ha aprendido de otras personas, aunque no sea necesariamente dentro del ministerio de enseñanza. Pablo le dijo a Timoteo: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Ti. 2:2).
Un pastor es como un pastor de ovejas que vigila y alimenta a su rebaño. El Señor encomienda una congregación o un rebaño de ovejas a un pastor, y a su vez, Él vigila con amor y se asegura de que este pastor cuide bien de Sus ovejas y las alimente con la buena comida espiritual de la Palabra de Dios.
Pablo le da esta instrucción a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15). A través de la Escritura, observamos que la primera prioridad de un pastor o de un misionero es la de predicar. Esta es la consideración más importante. Si usted va a edificar una iglesia sólida y bien fundamentada, va a tener que trabajar arduamente en esta área. Un sermón puede tomar ocho o diez horas de preparación. Así como a un abogado le toma horas preparar un escrito, un pastor debe estar preparado para trabajar, al menos con el mismo empeño.
Nadie llega a la cima de un día para otro. Nadie entra a un aeropuerto y automáticamente se convierte en piloto; se requiere de un trabajo arduo, y para predicar es lo mismo. Trabaje arduamente y Dios lo honrará. Al hacerlo, usted se perfeccionará, y la gente será edificada. Pero recuerde esto: “el Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades” pero no en nuestra pereza.
Muchos pastores prefieren apartarse de todas las distracciones cada mañana y así tomar tiempo para buscar al Señor, y de esta manera preparan sus mensajes para el servicio de los domingos. Si usted no cuenta con un lugar donde no sea interrumpido, tal vez pueda estudiar en su iglesia. Sólo avise a los demás que no desea ser interrumpido por las mañanas mientras busca al Señor.
Manténgase constantemente leyendo la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis. No vaya a la Palabra únicamente para obtener sermones, ¡Estúdiela diariamente! Tome buenas notas. Escriba encabezados en su cuaderno para cada libro de la Biblia. Tenga un compartimento especial para Génesis, uno para Éxodo y así para cada libro de Biblia. Busque la dirección del Espíritu Santo mientras estudia.
Si se mantiene estudiando la Biblia, constantemente recibirá pensamientos, ideas y nuevos hallazgos. ¡Ore mucho! El hombre que habla por Dios debe aprender a hablar mucho con Dios”. A menudo, durante un tiempo de oración en el Espíritu y de esperar en Dios, el Señor le hablará acerca de alguna senda de verdad. Pero si el Señor no le da una dirección específica, busque un área de necesidad y, después de haber preparado y estudiado el tema, predique para satisfacer esa necesidad en particular.
Mantenga su mente en el Señor, recuerde siempre que usted es un canal para comunicar Su mensaje. Busque la clave de Dios para el mensaje, algo que interese a cada corazón. No se levante y predique de una manera suelta e incongruente. Trabaje para producir el mejor mensaje posible.
Entregar el mensaje de Dios ha hecho nacer en nuestro corazón es una lucha y una batalla. Satanás hará cualquier cosa para evitar su preparación y distraerlo del mensaje. Tratará de hacer que su mente divague, traerá interrupciones, hará que se sienta cansado o incluso que piense que no está siendo guiado por el Espíritu Santo. Debido a toda esta oposición usted debe apartar un tiempo específico para prepararse. Encuéntrese con el Señor cada mañana. Es esencial que usted lo haga debido a la importancia de predicar la Palabra. Mientras usted predica, existe literalmente una batalla con el enemigo. Algunas veces espíritus inmundos vendrán sobre usted para robarle sus ideas mientras entregando el mensaje. Predicar es una batalla, pero recuerde: Dios usa la locura de la predicación para salvar a aquellos que crean.
La vida de un predicador debe mostrar lo que sus labios dicen. Usted es su propio sermón. Cuando usted predique, todo su ser debe predicar. Su vida y su ejemplo influyen en las personas mucho más que las palabras que salen de su boca.
