Progreso al Pasado - Aitor Castrillo - E-Book

Progreso al Pasado E-Book

Aitor Castrillo

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Beschreibung

Iñaki es un árbitro de baloncesto muy cinéfilo que vive en Bilbao por y para su hermana Maider. Juntos han compartido risas, lágrimas y cientos de películas, pero nada dura eternamente e Iñaki tendrá que tomar decisiones que marcarán su destino cuando se entere de lo que sucedió aquella noche de carnaval. Progreso al pasado es un viaje diferente en cuyas páginas encontraremos mucho cine y una historia fraternal, marcada por una pérdida, que se transforma en venganza. En nuestras vidas hay situaciones y hechos que solo se explican mirando hacia atrás. No es la meta… es el camino. ¿Caminamos juntos para descubrir el inicio?

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Veröffentlichungsjahr: 2025

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SINOPSIS

Iñaki es un árbitro de baloncesto muy cinéfilo que vive en Bilbao por y para su hermana Maider. Juntos han compartido risas, lágrimas y cientos de películas, pero nada dura eternamente e Iñaki tendrá que tomar decisiones que marcarán su destino cuando se entere de lo que sucedió aquella noche de carnaval.

Progreso al pasado es un viaje diferente en cuyas páginas encontraremos mucho cine y una historia fraternal, marcada por una pérdida, que se transforma en venganza.

En nuestras vidas hay situaciones y hechos que solo se explican mirando hacia atrás. No es la meta… es el camino. ¿Caminamos juntos para descubrir el inicio?

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Aitor Castrillo

PROGRESO

AL PASADO

A mis padres y hermanos. Gracias por el pasado.

A mis hijos. Gracias por el futuro.

Coged las rosas mientras podáis

veloz el tiempo vuela.

La misma flor que hoy admiráis

mañana estará muerta.

Poema de Robert Herrick

Primera parte. Recuerdo

1. Sonrisas y lágrimas

Título original: The Sound of Music

Año: 1965

Duración: 172 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Robert Wise

Guion: Ernest Lehman

Reparto: Julie Andrews, Christopher Plummer, Eleanor Parker, Richard Haydn, Peggy Wood, Charmian Carr, Heather Menzies-Urich, Nicholas Hammond, Duane Chase, Angela Cartwright

Valoración media de los usuarios de filmaffinity: 6,9

Cuando Maider entra por la puerta me derrumbo y la abrazo.

—Perdóname, hermanita —le digo emocionado.

—Perdóname tú a mí —responde con la cabeza apoyada sobre mi hombro.

Y seguimos abrazados. Siempre he pensado que todas las personas estamos unidas por líneas. Líneas de sentimientos que conectan corazones. Las hay de trazo fino —casi invisibles—, otras discontinuas que van y vienen en función de la intermitencia de nuestras relaciones, gruesas —casi como autopistas—, incluso permanentes, que son tan indestructibles que soportarían el peso de un meteorito cayendo sobre ellas. La que me une a Maider está construida de diamante, el material más duro del planeta, pero, desde la llamada, siento que los átomos de carbono de ese diamante han sido sustituidos por otro material mucho más frágil. Frágil como el vidrio, como la porcelana, como el papel. Frágil como la vida que se le escapa.

—No te voy a volver a fallar —afirmo convencido de que así será—. Solo quería cuidar de ti.

—No me has fallado. Fui una tonta.

Y seguimos abrazados llorando al unísono. Según la RAE, la primera acepción de amor es «sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser». En la Antigüedad, los griegos propusieron cuatro tipos de amor: Eros, Storgé, Philia y Ágapé. No sé dónde ubicarían los griegos al amor que siento por mi hermana ya que es fraternal, familiar, puro e incondicional. Cuando ya no esté, volveré a mi propia insuficiencia a la que hace referencia la RAE. No sabré vivir sin ella.

—Yo sí que fui un tonto. Hagas lo que hagas, te acompañaré.

—Desde que tengo uso de razón, me has acompañado. Soy muy afortunada.

Y seguimos abrazados llorando al unísono con el alma rota. En la lista de adjetivos con los que definiría a mi hermana, «afortunada» no aparecería entre los mil primeros. Es injusto, joder. Muy injusto. ¿Qué volumen ocupa Maider? Si dividimos los 60 kilos que pesa entre los 950 kg/m³ correspondientes a la densidad del cuerpo humano obtenemos que Maider ocupa 0,063 m³. En la teoría todo es sencillo porque las cifras son irrefutables. En la práctica, esos 0,063 m³ son muy escasos porque Maider lo ocupa todo. El vacío que va a dejar en mi interior será del tamaño del universo. Siento que Maider ocupa 93 millones de años luz y yo no puedo dejar de abrazar mi universo.

—Venga, Iñaki. Ya está. ¡A llorar a la llorería! —me dice secándose las lágrimas y deshaciendo el abrazo.

—¿Y qué haremos a partir de ahora? —le pregunto.

—Ahora vamos a ver la película de los jueves. Tú, que hoy juegas en casa, pones las pizzas y yo pongo la peli. Nada que no hayamos hecho cientos de veces antes.

Saca del bolso el DVD y me enseña la carátula. Los cronocrímenes de Nacho Vigalondo.

—¿Pero no ibas a elegir una de no pensar? —pregunto al recordar su última declaración de intenciones—. Mi memoria para los diálogos es casi como Google y dijiste «elegiré algo ligerito que no implique pensar demasiado. No será Jerry Maguire porque ya he visto que la tienes muy fresca».

—Esa era la idea inicial, pero cambié de opinión. Mejor pensar mucho en la película y nada en otras cosas. Quiero papel y boli porque voy a tomar notas para que no se me escape ningún detalle. —Maider hace el gesto de escribir con un bolígrafo imaginario sobre un folio imaginario—. He leído que hay paradojas temporales y una historia muy original… ¡Tiene muy buena pinta!

—Tenía ganas de verla. Del mismo director vi el cortometraje 7:35 de la mañana y me gustó mucho. Fue nominado al Óscar y aún recuerdo la canción porque es muy pegadiza. —En cuanto finalizo la frase me doy cuenta de que me va a hacer cantar.

—¡Cántala! —me pide entusiasmada.

—No, hermanita. No la voy a cantar —digo sabiendo que terminaré cantando.

—Sí, la vas a cantar porque cantar es divertido y porque nos gustan las cosas divertidas. Venga, no te hagas de rogar.

Después de lo emotivo que ha sido el reencuentro es imposible negarme. Le voy a poner ganas.

—Tú lo has querido… La canción dice así… Anoche no dormí hasta entrada la madrugada y tengo por delante diez horas de oficina, entonces qué demonios provoca esta sonrisa a las siete y treinta y cinco de la mañana. Será el café, será la tostada, será la mantequilla o será la mermelada. El periódico quizás, quizás sea el crucigrama, el susurro de la radio, el chin-chin de las cucharas. Serán esos clientes buscando el calor de alguna taza caliente, de alguna conversación. Mientras la luna y las estrellas, las farolas pobres de ellas, dan paso a regañadientes a la luz del sol. Quizás sea esa chica que entra sin demora, pide un café doble y una ensaimada, y se lo toma en silencio en esa mesa apartada, siempre con prisa y sola, siempre a la misma hora. ¡A las siete y treinta y cinco de la mañana! ¡A las siete y treinta y cinco de la mañana!

Y me callo. Y Maider me vuelve a abrazar. Y me dice «gracias» al oído.

—¿Y después de la peli qué?

—Después de la peli vamos a poner el cortometraje en YouTube. ¡Sesión doble de Nacho Vigalondo! —Maider aplaude el plan que acaba de proponer.

—Me parece muy buena idea, ¿y después del corto qué?

—Después del corto, y hasta que termine mi película vital, voy a centrarme en la canción de Sonrisas y lágrimas. —No sé por qué lo ha dicho y voy a indagar sobre ello.

—¿La de las notas musicales? Por cierto, ¿por qué res es un selvático animal?

Maider ríe y yo fotografío el momento en mi memoria. Como si de la tecla «capturar pantalla» de los ordenadores se tratara, intento retener cada milímetro de su sonrisa. Espero que, cuando Maider ya no esté, se pueda hacer «Control + V» para recuperar el recuerdo intacto.

—No me creo que tengas tantísimos datos almacenados en el coco y aún no conozcas las reses de la selva. En cualquier caso, no me refiero a esa canción. Hablo de «Mis cosas favoritas».

—Pues no caigo… ¡Cántala! Quid pro quo como le decía Hannibal Lecter a Clarice.

Maider me guiña el ojo y se lanza a cantarla.

—Brillantes ollas y mitones blancos. Cartas muy viejas con un lazo gris. Cosas tan bellas me gustan a mí. Pequeños ponis, pastel de manzana. Campanilleos y carne con tarta. Gansos salvajes en vuelo sin fin. Cosas tan bellas me gustan a mí. Chicas de blanco con bandas azules. Ver que la nieve mi rostro sacude. El blanco invierno que muere en abril. Cosas tan bellas me gustan a mí. Si aúlla el lobo o muerde el perro. O me aqueja un mal. Las cosas que amo volver siento a mí. Y alejan por fin el mal.

Y se calla. Y la vuelvo a abrazar. Y le digo «gracias» al oído.

—¡Pero no pienses que voy a dedicar mis días a ver volar gansos salvajes, eh! Mis cosas favoritas son muy distintas a las de la canción —dice mientras pone fin al abrazo.

—¿Y cuáles son tus cosas favoritas?

—Me parece más importante el «con quién» que el «cuáles» porque tengo claro que las quiero compartir con la persona que más quiero en el mundo.

Y nos volvemos a abrazar. Y vuelvo a capturar el momento. Y aunque tengo a todo mi universo entre los brazos… comienzo a notar su ausencia. Y empiezo a echarla de menos.

—¿Pero me quieres más o menos que a una res selvática y a un ganso salvaje? —le pregunto caminando por esa línea indestructible de complicidad que nos une.

Maider sonríe de nuevo.

—Más que al ganso salvaje, pero menos que a la selvática res. Venga, saca las pizzas del horno porque va a empezar la película.

2. Jerry Maguire

Título original: Jerry Maguire

Año: 1996

Duración: 133 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Cameron Crowe

Guion: Cameron Crowe

Reparto: Tom Cruise, Cuba Gooding Jr., Renée Zellweger, Kelly Preston, Jerry O’Connell, Jay Mohr, Bonnie Hunt, Regina King, Jonathan Lipnicki, Todd Louiso

Valoración media de los usuarios de filmaffinity: 6,1

Recostado en la cama observo cómo la luz se filtra a través de los agujeros de la persiana. Ha sido una noche muy larga y el amanecer no ha calmado mi desasosiego. Necesito hablar con Maider. Miro el reloj del móvil. Las 8:25. Es domingo. Quizá debería esperar hasta las 9:00.

Vuelvo a leer los mensajes que nos enviamos tratando de comprender qué es lo que sucedió anoche, pero no lo consigo, y la única persona que puede ayudarme a entenderlo es probable que esté dormida y es muy probable que, además de dormida, también esté enfadada conmigo. Las 8:27. No puedo aguantar más y llamo a Maider.

Cuando suena el segundo tono estoy a punto de colgar, pero decido esperar un poco más.

—Hola, Iñaki —responde con una voz que me hace pensar que no la acabo de despertar.

Cojo aire y me lanzo a poner en palabras el pensamiento recurrente que no me ha dejado dormir.

—Hola, hermanita. Ayer me equivoqué. Me equivoqué mucho. Cuando me escribiste el wasap de madrugada tenía que haber ido a tu casa y no lo hice. Te contesté mal y me arrepiento porque no te lo mereces. ¿Te acuerdas de la escena de Jerry Maguire en la que es despedido por escribir una declaración de objetivos? Cuando abandona la oficina con sus cosas, primero coge un pez de la pecera y lo mete en una bolsa de plástico y luego anuncia que va a montar una empresa nueva para hacer algo auténtico, divertido e inspirador en ese negocio dejado de la mano de Dios. Entonces pregunta a sus compañeros: «¿Quién se viene conmigo?» Cuando parece que nadie va a dar un paso al frente, Dorothy Boyd se levanta y lo deja todo para acompañarle. Esto que estamos viviendo no es una película. Esto es la vida real y yo quiero acompañarte. Seré tu Dorothy Boyd, seré el pez de la bolsa de plástico o seré quien tú quieras que sea, pero anoche debería haberte acompañado y no lo hice. ¿Me perdonas?

—Cállate. Ya me tenías con el «hola».

—Me has devuelto la referencia a Jerry Maguire con mucho estilo. Iñaki 1 - Maider 1. Y lo más importante… Muchas gracias porque siento que te fallé y no me lo has tenido en cuenta. —Maider es muy generosa y yo no lo fui con ella anoche.

—Te fallé yo a ti anulando el plan que teníamos para irme de fiesta con Marta y te volví a fallar después cuando no te dije dónde estábamos. No voy a montar ninguna empresa nueva, pero me encantará que el pez de la bolsa de plástico y tú vayáis a ser mis acompañantes en este tiempo extra que me han concedido.

Las ondas de radiofrecuencia del móvil viajan por el aire a la velocidad de la luz hasta llegar a mi oído. En su tono de voz «este tiempo extra que me han concedido» suena a premio, pero casi de inmediato el sentido de la frase se va transformando hasta convertirse en una condena. Voy a estar a su lado y la ayudaré siempre que me necesite, pero aún queda un cabo suelto. Un gran cabo suelto sobre el que he estado haciendo mil conjeturas sin ninguna base sólida.

—¿Qué pasó ayer para que me pidieses con esa urgencia que fuera a tu casa de madrugada? ¿Tiene que ver con tu estado de salud? —Lanzo la pregunta doble esperando obtener al menos una respuesta simple.

—Da igual. Ayer fue ayer, hoy es hoy y mañana no sabemos qué será. Prefiero avanzar que retroceder. Avancemos juntos —responde sin responder.

—A veces, verbalizar algo ayuda a llevarlo mejor. Puedes contarme lo que sea.

—Lo sé, pero prefiero no hacerlo. Olvídalo.

Me quedo en silencio unos segundos y decido volver a insistir de otro modo.

—Ayúdame, Maider. Ayúdame a ayudarte.

—Buen intento volviendo a Jerry Maguire. Iñaki 2 - Maider 1. Ya sabes que con el humor y el cine me ganas, pero de verdad que no te lo puedo contar. —Ese «no te lo puedo contar» me preocupa aún más. Debo seguir preguntando.

—¿Pero por qué no? ¿Sigues enfadada porque no fui a tu casa? ¿Si te grito «enséñame la pasta» me lo contarás?

Escuchar su risa a través del auricular me da alas.

—¡¡¡Enséñame la pasta!!! ¡¡¡Enséñame la pasta!!!

—Ya, ya, ya —me interrumpe—. Son las ocho y media y vas a despertar a tus vecinos. Iñaki 3 - Maider 1, pero no te voy a hablar de lo que pasó anoche. Y te juro que no estoy enfadada contigo. Al revés. Estoy muy agradecida.

—Pero entre nosotros nunca ha habido secretos. Jamás te he ocultado algo importante. ¿Vas a construir una barrera a estas alturas de la película? ¿Sabes que una cabeza humana pesa tres kilos y medio? Si no me lo cuentas, vas a provocar que mis tres kilos y medio de cabeza estén pensando en bucle sobre lo que ocurrió o dejó de ocurrir ayer. ¿Eso es lo que quieres? —En esta intentona voy con todo.

—Ya no construyo nada, Iñaki. Mi vida se está destruyendo por momentos. Ladrillo a ladrillo. Estaba a gusto en el calorcito del hogar sin ser consciente de todo lo que tenía cuando, de repente, las paredes y el techo de mi casa han comenzado a venirse abajo. Con estos trallazos que me dan en el bolo y las vomitonas matinales, he comenzado a notar el frío, y el tiempo que me queda, lo quiero pasar tranquila aferrada al suelo. No te lo tomes a mal, pero no sigas preguntando. Te lo pido por favor. Y que sepas que he pillado el guiño a Jerry Maguire con lo del peso de la cabeza humana. Iñaki 4 - Maider 1. Me sabe mal, pero, aunque recitases de memoria todos los diálogos de la película, no te lo podría contar.

Me quedo pensando. Si mi cerebro fuera un motor estaría muy revolucionado pidiendo una marcha más, pero tal y como me lo ha pedido, ya no me queda más remedio que ceder.

—De acuerdo. Te prometo que no volveré a sacar el tema. Si pudiera levantaría una nueva casa para ti. Te donaría mi casa para salvar la tuya. Intercambiaría nuestras casas y nuestros destinos.

—Muchas gracias, Iñaki. En el guion que alguien superior ha escrito para nosotros mi papel es más breve que el tuyo. Seguiré intentando hacerlo lo mejor posible. Mi casa no es la mejor ni la más duradera, pero me lo he pasado bien en ella. Y hablando de casas… ¿Entonces el jueves voy a tu casa para pizza y peli? —El tono en el que me ha hecho la pregunta me dice que está contenta por haber podido eludir el asedio al que la he sometido.

—¡Por supuesto! ¿Has pensado ya la película que vas a traer?

—No. Elegiré algo ligerito que no implique pensar demasiado. No será Jerry Maguire porque ya he visto que la tienes muy fresca.

—Hermanita, tú me completas.

Escucho un sonido que no sabría decir si es el inicio de una risa o de un llanto y, medio segundo después, se pierde la comunicación.

Dejo el móvil sobre la mesilla dándole vueltas a la conversación que acabo de tener con Maider. Me alegro de que ya no esté enfadada conmigo. No volveré a hacerle daño. Me aterra el futuro, pero cuando esté con ella voy a intentar transmitirle confianza y seguridad. La animaré y apoyaré siempre. Si hace falta, interpretaré el papel de hermano mayor optimista que sonríe por fuera, aunque esté roto en pedazos por dentro.

El pensamiento cinéfilo me ha llevado a las múltiples referencias que hemos hecho a Jerry Maguire. El resultado final ha sido: Iñaki 5 - Maider 1, pero tengo muy claro quién de los dos ha defendido mejor sus ideas. Nunca sabré qué pasó ayer por la noche.

3. Infiltrados

Título original: The Departed

Año: 2006

Duración: 149 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Martin Scorsese

Guion: William Monahan. Remake: Alan Mak, Felix Chong

Reparto: Leonardo DiCaprio, Matt Damon, Jack Nicholson, Mark Wahlberg, Martin Sheen, Ray Winstone, Vera Farmiga, Anthony Anderson, Alec Baldwin, Kevin Corrigan

Valoración media de los usuarios de filmaffinity: 7,9

Entro en casa después de dos horas y media tiradas a la basura. En la película In time el tiempo sustituye al dinero como moneda de cambio y todos llevan los años, semanas, días, horas, minutos y segundos que les restan de vida proyectados en el brazo. Un café cuesta cuatro minutos y un viaje en autobús dos horas. Por el tiempo desperdiciado esta noche solo me he llevado un disgusto. Me pongo el pijama, voy al baño, me acuesto y, al ir a poner la alarma en el móvil, veo que, por fin, me ha llegado el wasap de Maider.

«¡Perdona! Tenía el móvil en el bolso y no he oído las llamadas. Acabo de leer tu mensaje, Gandalf... Estábamos tomando unas copas en el Azkena y vamos camino al Antzoki. ¡Vente, que la noche es joven!».

Es la 1:23 de la madrugada. ¡A buenas horas! No suelo ser desconfiado, y menos con mi hermana, pero la lógica me dice que hace ya un buen rato que ha visto la notificación de mi mensaje, que lo ha leído sin entrar en WhatsApp y que ha remoloneado para contestar porque se lo están pasando muy bien y les apetecía seguir disfrutando de una noche solo de chicas. Si me lo hubiese dicho, creo que lo habría entendido. También puede que sea verdad que haya estado tanto tiempo sin mirar el móvil, ella que vive pegada al teléfono. En cualquier caso, tengo claro que ya no voy a ir a ningún sitio.

«Tarde. Ya estoy de vuelta en casa. Pasadlo bien».

He sido conciso, pero la respuesta es como un iceberg que esconde mucho más de lo que muestra. No debería dudar de Maider, pero lo hago. Creo que hoy no se ha portado bien conmigo. Miro el móvil pensando en la persona que se encuentra al otro lado igual que miraban a sus teléfonos Leonardo Di Caprio y Matt Damon en Infiltrados. Un policía infiltrado en la mafia y un miembro de la mafia infiltrado en la Policía. Peliculón. La escena de la primera llamada telefónica entre ambos es un gran ejemplo de toda la tensión que se puede transmitir en una película sin necesidad de diálogos. También yo estoy tenso, quizá porque esperaba otra reacción en Maider. Mañana será otro día.

Para conciliar el sueño suelo pensar en otro tipo de cosas y el cine es mi principal válvula de escape. Hay quien cuenta ovejas para dormir y hay androides que sueñan con ovejas eléctricas. Hay quien vacía su mente para que entre el sueño y hay quien la llena de películas como hago yo. Coloco el móvil en la mesilla y comienzo a enumerar pelis en las que hay teléfonos o conversaciones telefónicas destacables. A ver si llego a treinta antes de quedarme dormido.

Uno. El gran Peter Sellers hablando con Dimitri en ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú. Dos. Bruce Willis y Samuel L. Jackson jugando al Simon dice en La jungla de cristal 3. Tres. Mel Gibson hablando con Gary Sinise en Rescate. Cuatro. Clint Eastwood hablando con John Malkovich en En la línea de fuego. Cinco. La serie de habilidades de Liam Neeson en Venganza. Seis. El «Estoy hablando con un teléfono vacío» de Robert de Niro en Heat. Siete. El móvil, el mechero y el bolígrafo de Ryan Reynolds en Enterrado. Ocho. Las llamadas mudas de Kevin Bacon a su mujer en Mystic River. Nueve. La llamada de Hitler que precipitó el fin de Valkiria. Diez. La confesión telefónica de Christian Bale en American Psycho. Once. Billy Crystal y Meg Ryan hablando por teléfono mientras ven Casablanca en Cuando Harry encontró a Sally. Doce. El hijo de Tom Hanks llamando a la radio en Algo para recordar. Trece. Drew Barrymore haciendo palomitas mientras habla por teléfono en Scream. Catorce. El auricular con lengua de Pesadilla en Elm Street. Quince. La cuenta atrás de siete días antes de morir en The ring.

A Maider solo le quedan unos meses de vida. ¡Qué injusto, joder! Podríamos haber pasado la noche juntos, pero ella me ha ignorado. Vamos a por otras quince. Cierro los ojos.

Dieciséis. Las ventas telefónicas de El lobo de Wall Street. Diecisiete. Colin Farrell en una cabina de Nueva York en Última llamada. Dieciocho. Tippi Hedren dentro de la cabina de Los pájaros. Diecinueve. José Luis López Vázquez en La cabina. Veinte. Las llamadas con altavoz en la cena de Perfectos desconocidos. Veintiuno. Las llamadas del Watergate en Todos los hombres del presidente. Veintidós. La llamada final de El silencio de los corderos. Veintitrés. La llamada de La cena de los idiotas. Veinticuatro. La llamada de Érase una vez en América.

Me estoy durmiendo. No voy a llegar a treinta, pero me da lo mismo. El teléfono bomba de Munich. El teléfono hamburguesa de Juno. El teléfono de E.T., Grace Kelly en Crimen perfecto. Brad Pitt en Babel. Kim Basinger…

Me despierta el sonido de la vibración del móvil. Antes lo ponía en modo avión para dormir, pero desde que Maider me llamó para informarme sobre su diagnóstico, dejo activada la vibración de las notificaciones de WhatsApp. Tengo la sensación de haber dormido muy poco. Busco a tientas el móvil y lo corroboro. Son las 3:40 y es un mensaje de Maider.

«¿Estás dormido? Si estás despierto, ven a casa, por favor».

¿Ahora? ¿Estamos locos? Vuelvo a mirar la hora. Una cosa es que la esté apoyando en todo y otra muy diferente es convertirme en su marioneta. Primero quedamos, luego ya no porque se va de fiesta con su amiga, después no me responde el mensaje porque no quiere decirme dónde está, horas más tarde me dice que vaya al Antzoki cuando yo ya estaba en la cama y, a las 3:41, quiere que vaya a su casa porque querrá contarme lo bien que se lo ha pasado.

Voy a responder su mensaje con el filtro sinceridad activado. Es que es muy fuerte…

«¿Dormido yo? Para nada. Estaba haciendo guardia mirando el móvil por si me escribías. Pues claro que estaba dormido. Son las 3:45, joder. Llámame loco, pero diría que no son horas. Tampoco entiendo que pases de mí toda la noche y ahora quieras sacarme de la cama. ¿Es realmente necesario que vaya a tu casa? ¿De verdad que no puede esperar a mañana?».

Veo que Maider está escribiendo.

«Era muy importante, pero ya no hace falta que vengas».

Enciendo la luz de la mesilla porque ese «era muy importante» dispara una alerta en mi interior.

«Voy para allá».

No es un farol. Ese «era muy importante» me ha dado mala espina. Me incorporo. Maider está en línea y escribiendo.

Los segundos me parecen minutos. Sigue escribiendo.

«Tarde. Si vienes, te juro que no te abro la puerta. Voy a dormir. Mañana hablamos».

La conozco bien y sé que ella tampoco va de farol. Si fuera a su casa, no me abriría. De hecho, creo que hacerlo empeoraría las cosas. ¿Y si era verdad que no había visto mi mensaje? ¿Y si ha pasado algo relacionado con su salud y le he fallado cuando más me necesitaba? ¿A qué se refería con el «era muy importante»? Vuelvo a mirar el móvil, pero Maider ya no está en línea.

La llamo por teléfono. Necesito aclararlo todo. Tengo que escuchar su voz explicándome qué ha pasado y que ella escuche la mía. Que sepa que la quiero y que voy a estar para lo que necesite las veinticuatro horas del día.

«El teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura en este momento».

¡Mierda! He sido muy egoísta. He mirado por mí cuando debía haber sido un apoyo para Maider. Ella necesitaba una muleta para un asunto muy importante y, en vez de prestársela, le he propinado un empujón tirándola al suelo. Espero que me perdone. Aunque me pusiera a pensar en todas las películas de la historia del cine donde aparezca un puto teléfono, sé que hoy ya no voy a pegar ojo.

En una escena de Infiltrados el jefe de la mafia Frank Costello le dice a Billy Costigan: «Aquí hay una rata. Una apestosa y roedora rata» e incluso pone cara de rata para enfatizar sus palabras. Billy Costigan era esa rata de la Policía infiltrada en la organización, pero consigue aguantar el tipo delante de Frank Costello sin desmoronarse.

Aquí, en el mundo real, la única rata apestosa soy yo. Y me estoy desmoronando.

4. El señor de los anillos: La comunidad del anillo

Título original: The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring

Año: 2001

Duración: 180 min.

País: Nueva Zelanda

Dirección: Peter Jackson

Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson. Novela: J.R.R. Tolkien

Reparto: Elijah Wood, Ian McKellen, Viggo Mortensen, Sean Astin, Sean Bean, John Rhys-Davies, Orlando Bloom, Dominic Monaghan, Billy Boyd, Cate Blanchett

Valoración media de los usuarios de filmaffinity: 8,0

Otra vez la misma broma. Ser Gandalf en carnavales no es fácil. La primera mención a la frase más célebre del mago de El Señor de los Anillos ha sido al salir del portal cuando una cuadrilla de amigos, que estaban tomándose unos kalimotxos en el parque, me ha gritado con cierta gracia «¡No puedes pasar!» en el momento en el que el semáforo se nos ha puesto en rojo a los peatones. Algo similar ha sucedido en el tranvía. Iba a bajarme en la parada de Abando cuando un grupo de chicos de unos veinte años, disfrazados de emoticonos, me han bloqueado el paso cuando me dirigía hacia la puerta. El emoji del guiño ha gritado «¡No puedes pasar!» y los emoticonos de la risa, del llanto y el de la lengua fuera le han reído la gracia. Yo también he sonreído, pero tenía prisa y debía bajar.

Me he abierto paso metiendo un poco el codo y he bajado del tranvía sin entrar en discusiones. Otro, quizá, les hubiera dicho aquello de «¡Corred, insensatos!».

Ya estoy en Ledesma. La calle está llena de gente, la mayoría disfrazada. Miro el reloj. Marca las 23:09. Confío en que Maider y Marta sigan dentro de La Tagliatella. Si se han quedado charlando un rato de sobremesa después de los postres, aún deberían estar allí.

Entro al restaurante y el hambre comienza a apretar cuando noto el olor a comida. No veo ninguna mesa libre. Voy mirando a derecha e izquierda buscando a Daenerys y Catwoman, pero, de momento, no tengo suerte. Sigo avanzando hasta que me cruzo con un camarero. Me frena con la mano. Agradezco que no me haya dicho que no puedo pasar. Me pregunta a quién busco y le muestro la foto que ha subido Maider a sus historias de Instagram. Las reconoce y me dice que las dos chicas estaban en la esquina, señalándome una mesa que está ocupada por un grupo de amigos disfrazados de La naranja mecánica. Al parecer Maider y Marta se han marchado hace cinco minutos. Gandalf dice en El señor de los anillos que «Un mago nunca llega tarde, ni pronto. Llega justamente cuando se lo propone». Se nota que de mago tengo muy poco porque, queriendo haber llegado pronto, he llegado tarde. Le agradezco la información al camarero y salgo del restaurante.

Miro calle arriba por si siguieran cerca, pero no consigo localizarlas entre la colección de cabezas y sombreros de colores que se ha formado en el exterior de los bares. Llamo a Maider por teléfono, pero no me lo coge. Estará charlando con Marta. Luego verá la llamada y me la devolverá. Le pongo un wasap.

«Al final me he animado a salir, pero he llegado tarde a La Tagliatella. A ver si aciertas de qué me he disfrazado... Pista: Espera mi llegada con la primera luz del quinto día, al alba, mira al este. ¿Dónde estáis, hermanita?».

Mientras llega la llamada o el mensaje de Maider, voy entrando en los bares por si estuvieran en alguno.

Quince minutos y una decena de bares después, no he recibido nada, ni las he visto ni me han visto. No he cenado y mi estómago vuelve a protestar al entrar en el Bar Ledesma. Me acerco a la barra y pido dos pintxos de tortilla y un botellín de agua. Ceno sin dejar de mirar el móvil que sigue sin dar señales de Maider.

Pago y, mientras espero a que el camarero me traiga la vuelta, veo cómo un grupo disfrazado de criaturas de la Tierra Media entra en el bar. El guaperas de pelo largo ha identificado a Gandalf y viene hacia aquí.

—Soy Aragorn, hijo de Arathorn y me llaman Elessar, Piedra de Elfo, Dúnadan, heredero del hijo de Isildur, hijo de Elendil de Gondor. ¡He aquí la Espada que estuvo rota una vez y fue forjada de nuevo! ¡Hola, Gandalf el Gris! ¿Te unes a la Comunidad del Anillo?

Como se presente así a unas cuantas personas más se va a quedar sin saliva. El camarero me entrega el cambio. En un principio iba a seguirle la gracia a Aragorn, pero no lo voy a hacer.

—Ya lo siento, pero me tengo que marchar. Suerte con la destrucción del Anillo —le digo sin sonreír para evitar que la conversación se alargue.

Aragorn claudica dirigiéndose a la barra para pedir, pero Legolas y Gimli se acercan, y por la cara que traen, diría que vienen con ganas de echarse unas risas.

—Mi vista prodigiosa me dice que, cuando nosotros llegamos, Gandalf se va —dice Legolas.

—Vuestros disfraces son muy buenos. ¡Pasadlo bien! —respondo al elfo mientras adelanto un pie hacia la salida del bar.

Gimli se interpone en mi camino blandiendo su hacha de juguete.

—¡No puedes pasar!

Todos ríen. Rodeo al enano barbudo sin mediar palabra y me voy. Al próximo que me diga la frase le tendría que zurrar con el báculo de mago. La gente vacila demasiado sin conocer con quién se está midiendo.

Son las 00:03 y no lo entiendo. No entiendo que llevo una hora buscándola y Maider ni siquiera ha leído mi mensaje. Me parece raro que, al abrir el bolso para coger la cartera y pagar alguna de las consumiciones que habrá tomado, no haya aprovechado para mirar el móvil cuando es de este tipo de personas que lo tienen pegado a la mano con Loctite. La idea de que ha visto mi llamada y mi mensaje, pero no quiere responder para seguir disfrutando de la noche con Marta, está creciendo en mi cerebro del mismo modo que un virus infecta la memoria de un ordenador. Para cuando el usuario se entera ya suele ser demasiado tarde. En mi caso, también se está haciendo tarde porque sigo buscando en los bares, pero cada vez con menos fe. Le paso el antivirus a mi disco duro cerebral y me digo que, seguro que Maider está entretenida y por eso no ha respondido, pero la duda se ha adherido fuerte a mi pensamiento.

Vuelvo a llamarla por teléfono. Espero todo lo que se puede esperar, pero no lo coge. De haber tenido el móvil de Marta, hubiese probado a llamarla también a ella, pero cada vez que Maider me lo ha ofrecido para que quedemos y que surja lo que tenga que surgir, le he dicho que prefiero no tenerlo. En realidad, lo quiero y no lo quiero. Es un teléfono margarita y, al deshojar sus pétalos, siempre gana el no. Quizá algún día nos demos la oportunidad de conocernos.

Llego al final de Ledesma después de haber entrado hasta el fondo de todos y cada uno de los bares. O las dos estaban en el baño y por eso no las he visto o se han ido a otra zona y he estado buscando sombras. Llamo a Maider. Será la última vez esta noche. No responde. En La Comunidad del anillo Gandalf dice que lo único que podemos decidir es qué hacer con el tiempo que se nos ha dado. Acabo de tomar la decisión de que mi tiempo aquí ha terminado. Me voy a casa. Viendo cómo me ha ignorado mi hermana, ni siquiera un balrog con ganas de pelea me retendría un minuto más en esta calle.

Gandalf el Gris se transformó en Gandalf el Blanco. En cierto modo, yo también me he transformado esta noche. Vuelvo a casa… y siento que ya nunca volveré a ser el mismo.

5. Antes del anochecer

Título original: Before Midnight

Año: 2013

Duración: 104 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Richard Linklater

Guion: Richard Linklater, Julie Delpy, Ethan Hawke

Reparto: Ethan Hawke, Julie Delpy, Seamus Davey-Fitzpatrick, Jennifer Prior, Charlotte Prior, Xenia Kalogeropoulou, Walter Lassally, Ariane Labed, Yiannis Papadopoulos, Athina Rachel Tsangari

Valoración media de los usuarios de filmaffinity: 7,3

Estimo que la probabilidad de que Maider venga hoy a casa es del 85 %. Tres son las razones para pensar que a las 21:30 se presentará con una película en DVD para que la veamos juntos: la primera porque siempre que hemos discutido enseguida hemos tendido puentes para arreglarlo, la segunda porque sabe que la estoy esperando y la tercera porque cuando después de comer le he enviado un mensaje para decirle que he descubierto una historia muy bonita sobre la trilogía «Antes», que tanto nos gustó, me ha respondido «luego me cuentas».

Hace tres jueves llevé a casa de Maider Antes del amanecer y la historia de Jesse y Celine nos encantó. Dos jóvenes desconocidos que entablan una conversación en el tren y deciden pasar una noche juntos en Viena sabiendo que al día siguiente se tendrán que separar.

Una semana después Maider trajo a casa Antes del atardecer, rodada nueve años más tarde, donde Ethan Hawke y Julie Delpy vuelven a interpretar a Jesse y Celine. Esta vez todo se concentra en un reencuentro a contrarreloj en París.

El jueves pasado llevé a casa de Maider Antes del anochecer, el final perfecto a una trilogía donde cada diálogo, cada silencio y cada mirada tienen peso y llenan la pantalla. 1995, 2004 y 2013. Austria, Francia y Grecia. Un tren, una librería y un hotel. Amanecer, atardecer y anochecer de una de las historias de amor más maravillosas que se han rodado nunca.

En los títulos de crédito de Antes del anochecer vimos que la película está dedicada a la memoria de Amy Lehrhaupt. Maider, que piensa que soy un pozo de conocimientos sin fondo, me preguntó si sabía quién es Amy Lehrhaupt. Le dije que no, pero esta mañana lo he buscado y estoy deseando que venga para contárselo.

21:20. Siento que la probabilidad de que Maider venga hoy a casa ha bajado al 50 %. A medida que se acerca la hora, mis dudas van en aumento. ¿Y si me dijo «luego me cuentas» pensando que he recapacitado y voy a ir a cenar con Marta y con ella? Espero que no. Ojalá dentro de un rato le pueda contar que Antes del amanecer está inspirada en una experiencia de su director, Richard Linklater. En 1989 viajó a Philadelphia para visitar a su hermana y en una juguetería Linklater conoció a una joven de veinte años llamada Amy Lehrhaupt.

Ambos compartieron una noche mágica en la que hablaron sobre ciencia, arte y cine, pasearon, se besaron y a diferencia de Jesse y Celine, que en la película quedan para volver a verse a los seis meses, Richard y Amy en la vida real sí intercambiaron sus números de teléfono. Pese a la distancia, mantuvieron el contacto hasta que Linklater comenzó a salir con otra mujer. En ese momento, Richard Linklater y Amy Lehrhaupt dejaron de hablar. De hecho, no volvieron a hablar jamás.

Linklater pensó que ella reaparecería en su vida al estrenarse Antes del amanecer en 1995, pero desconocía que Lehrhaupt había fallecido en un accidente de moto el 9 de mayo de 1994, poco antes de cumplir veinticinco años. Linklater no se enteró de la muerte de Amy hasta que, en 2010, un amigo de ella ató cabos y le envió una carta para contarle lo ocurrido.

Sigo mirando el minutero. Quiero responder la pregunta de quién es Amy Lehrhaupt. Le voy a decir a Maider que es la mujer que inspiró tres películas que nunca pudo ver. Le voy a decir que Jesse y Celine son como una realidad alternativa donde Richard y Amy tienen otro final. No le voy a decir que daría cualquier cosa por una realidad alternativa donde ella tuviera otro final.

21:40. La probabilidad de que Maider venga hoy a casa ha caído en picado al 15 % porque ella suele ser puntual. No va a venir. Ha preferido irse a cenar disfrazada con Marta. No me lo esperaba. Cada minuto que pasa sin que suene el timbre es una nueva gotita de decepción.

El recuerdo de la puerta del birrete aviva mis esperanzas. Maider había cogido un viaje a Mallorca con sus amigas con varios meses de antelación y, cuando se enteró de que su escapada iba a coincidir con la fecha en la que yo iba a graduarme, trató de cancelar la reserva. No lo podía hacer sin perder todo el dinero que había puesto y le animé a que se fuera. Me hizo caso. En su penúltimo día en la isla, habían reservado una fiesta en un catamarán, pero renunció a ella presentándose en mi graduación con la ceremonia comenzada. Cuando la celebración finalizó, Maider se acercó, luciendo bronceado, para decirme que en una puerta tenía una fiesta en un barco lleno de tíos buenos con el torso desnudo y en la otra estaba yo con una toga encima y un birrete en la cabeza... y que aún no se explicaba cómo pudo elegir la puerta del birrete. Ha tenido que ser una insolación, me dijo riéndose. Aquella sorpresa me encantó. Hoy creo que Maider ha elegido la puerta de los tíos buenos.

Doy la vuelta a la tortilla de patatas. Huele muy bien, pero se me ha quitado el hambre de golpe. Miro el móvil agarrándome a la esperanza de recibir un «llego tarde, pero estoy de camino». No hay mensaje. Tampoco esperanza. Me tienta llamarla por teléfono para despejar la incógnita del todo, pero no lo hago. Saco la tortilla de la sartén, cubro el plato con papel de aluminio y lo dejo sobre la encimera.

Enciendo la tele y voy cambiando de canal sin detenerme en ninguno. Hoy no me apetece ver series ni películas. Si pudiera zapear mis pensamientos, lo haría sin dudar, pero mientras mis ojos miran hacia la pantalla sin prestar atención, mi mente no consigue cambiar del canal Maider.

22:15. La probabilidad de que Maider venga hoy a casa tiende a cero. No vendrá. Apago la televisión. Dejo el mando a distancia y cojo el móvil. No hay mensajes, pero recuerdo que Maider suele subir varias historias de Instagram al día. Entro en su perfil y encuentro la prueba definitiva. En la fotografía veo que están cenando en La Tagliatella. En la mesa hay un risotto, un plato de pasta, pan y queso rallado, Maider va disfrazada de Daenerys, Marta está irreconocible vestida y maquillada de Catwoman, y dos sonrisas de oreja a oreja hablan por sí solas sobre sus estados de ánimo. La frase que encabeza la foto: «Disfrutando en buena compañía» me llega. La frase que aparece debajo de la foto: «Viviendo cada día como si fuese el último» me atraviesa y me parte en dos. Mi yo dolido se hace pequeñito arrepintiéndose y mi yo arrepentido crece hasta doler. Pueden ser sus últimos carnavales y yo estoy aquí lamentándome porque no ha elegido mi plan. Me avergüenzo de mi comportamiento infantil. Debo acompañarla. Hoy y siempre.

Subo al trastero. Aparto las cajas que están apiladas en el suelo hasta llegar a la que tiene escrita la palabra «DISFRACES». ¿Cuál cojo? Desbloqueo el móvil y vuelvo a buscar la foto de Daenerys y Catwoman. Tienen en común que están guapísimas y que van disfrazadas de dos personajes del mundo audiovisual. ¿Cómo podría no desentonar con ellas? Lo de guapísimo lo tengo complicado, pero sí puedo elegir un disfraz cinematográfico como los suyos. Tengo tres: el de atracador de La casa de papel