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En lo que se refiere a sexo, Johanna y Patrick habían probado infinidad de cosas. Pero cuando su amiga swinger Rebecca les visitó una noche, descubrieron nuevas maneras de explorar que nunca hubieran imaginado. ¿En qué consiste ser swinger? ¿Qué ocurre dentro de esos misteriosos clubes?Este breve relato erótico guiará a Johanna y Patrick a través de un laberinto de placer.-
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Seitenzahl: 29
Veröffentlichungsjahr: 2020
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Alexandra Södergran
LUST
Swingers
Original title:
Swingers
Translated by Raquel Luque Benítez
Copyright © 2016 Alexandra Södergran, 2020 LUST, Copenhagen.
All rights reserved ISBN 9788726322392
1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0
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—¡Rebecca vendrá a cenar esta noche! —gritó Johanna desde la cocina.
Patrick apartó los ojos de la pantalla del ordenador.
—¡Vale!
Ni siquiera había notado que el sol se había puesto a través de la ventana y ahora el apartamento estaba bañado en la tenue luz del anochecer. Fuera, una bandada de pájaros cruzaba el cielo como un abrigo negro se mueve al viento. Decidió entonces darse una ducha, afeitarse y cambiarse los pantalones de chándal por unos vaqueros y una camiseta.
Cuando Rebecca tocó al timbre, ambos la esperaban en el recibidor para darle la bienvenida. El ambiente era estupendo. Rebecca era una mujer grande y agradable. Colmó la estancia con su presencia y su olor hizo que, inesperadamente, Patrick recordase la primera vez que bailó lento con una chica. Nunca la había visto antes y se quedó mirándola un largo rato.
—¿Has encontrado el apartamento sin problema? —preguntó Johanna y luego la abrazó.
—Sí, claro, pero me pilló Charles abajo en la puerta —contestó Rebecca. Se dirigió a Patrick y lo abrazó—. ¡Hola! Encantada de conocerte por fin.
—Igualmente —dijo Patrick.
—¿Quién? —le preguntó Johanna, mientras la miraba fijamente.
—Charles, tu vecino de la primera planta —Rebecca se quitó el abrigo.
—Ni siquiera sé quién es y llevo viviendo aquí dos años —respondió Johanna. Miró a Patrick. Este se encogió de hombros y sonrió.
—Un señor mayor muy amable, pero no podía dejar de hablar de su viaje a Mallorca. Me ha contado lo que comieron, cómo era la música, el tiempo… —se detuvo cuando vio la cocina y la mesa preparada, las velas y el vino—. ¡Guau, qué bonito! —susurró.
Se sirvieron el vino. Comieron, bebieron y hablaron, sobre todo de trabajo y de cosas que les gustaría hacer juntos en el futuro. Rebecca fue la primera en terminar el plato. Soltó los cubiertos y tomó un sorbo de vino.
—Estaba estupendo —dijo.
—Sí, estoy muy contenta con el resultado —contestó Johanna.
—Contigo en la cocina, es como cenar fuera cada noche —añadió Patrick.
—Bueno, no soy la única de aquí que sabe cocinar. Tú también cocinas de maravilla.
—¿Es siempre así de agradable? —dijo Rebecca y guiñó a Johanna.
—Sí, sabe ser encantador.
—¡Pero eso no funciona con nosotras! —dijo Rebecca.
—¡No, qué va! —dijo Johanna, y alzó su copa. Rebecca también alzó la suya y brindaron.
—¡Por las mujeres! —dijo.
—¿Qué está pasando? —preguntó Patrick.
Las mujeres rieron.
—Ya, ya —dijo Johanna, acariciándole el dorso de la mano. Como acto reflejo, Patrick apartó la mano y golpeó la de Johanna por accidente.
—¡Ey! ¡¿Qué coño haces?!
—No seas tan dramática. Esto no va conmigo.
Johanna apretó su pulgar palpitante. Sus ojos negros lanzaron una mirada penetrante sobre la mesa. Rebecca, que había estado conteniendo la respiración hasta entonces, comenzó a reírse. Los ojos de Johanna se volvieron más oscuros aún y se llenaron de lágrimas. Patrick se levantó de la silla y la abrazó. Intentó besarla, pero Johanna dijo no, resistiéndose a sus intentos de disculpa. Patrick se arrodilló.
—Oooh —susurró Rebecca.
