Tutankamón - Christian Greco - E-Book

Tutankamón E-Book

Christian Greco

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Beschreibung

Descubre todos los secretos del descubrimiento más increíble del antiguo Egipto: la tumba de Tutankamón. Luxor. Valle de los Reyes, noviembre de 1922. Howard Carter, venido de Londres con apenas 17 años, lleva mucho tiempo buscando la tumba real de Tutankamón. Está a punto de darse por vencido cuando, de repente, los obreros de la expedición topan con un escalón tallado en la roca. A su lado, otro. Y otro más. Los siguen, y llegan a una puerta amurallada escondida en las profundidades del terreno. Lo tienen. Carter acaba de realizar el descubrimiento arqueológico más importante del siglo XX. Hoy, cien años después, el egiptólogo Christian Greco recorre los pasos de Carter para explicar cómo fue el hallazgo, cuál fue su método de investigación y cómo siguió las pistas para recrear la vida del joven faraón. Entre tesoros robados, sarcófagos sellados y fake news (como la célebre maldición del faraón), déjate fascinar por la aventura y el misterio de una de las más grandes historias del Antiguo Egipto.

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Seitenzahl: 151

Veröffentlichungsjahr: 2022

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TUTANKAMÓN

EL DESCUBRIMIENTO DEL JOVEN FARAÓN

CHRISTIAN GRECO

EL DESCUBRIMIENTO DEL JOVEN FARAÓN

Tutankamón.El descubrimiento del joven faraón

Título original: Tutankhamun. La scoperta del giovane faraone

© de la edición original, 2022, De Agostini Libri s.r.l.

© de esta edición, Shackleton Books, S. L., 2022

Ilustraciones: Alessandro Ventrella

Textos: Christian Greco

Traducción: Victoria Romero

@Shackletonbooks

www.shackletonbooks.com

Realización editorial: Bonalletra Alcompas, S. L.

Diseño de cubierta: Pau Taverna

Maquetación (edición papel): Kira Riera

Conversión a ebook: Iglú ebooks

ISBN: 978-84-1361-217-1

Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento y su distribución mediante alquiler o préstamo públicos.

Tabla de contenidos
Prólogo de Christian Greco
¿Cuánto nos separa del pasado?
Los museos como puentes entre pasado, presente y futuro
Prólogo de Mariàngela Taulé
Antes de comenzar
Los lugares de la historia
I. Quién, qué, dónde y cuando
Egipto 1350 A. C. El reino de Tutankamón
Érase una vez, hace tres mil años
El Egipto en el que nació Tutankamón
Tutankamón entra en escena
Tutankamón y su reinado
¿Se puede volver atrás de verdad?
Acaba una historia
Tebas oeste, 1881 d. C. El descubrimiento del Valle de los Reyes
El Valle de los Reyes
No solo pirámides
Los secretos del Valle de los Reyes
Las tumbas reales
La organización de la obra
Ladrones y tesoros
¿Qué nos cuentan los papiros?
El hallazgo de las momias reales
Valle de los reyes, 1922 d. C. El descubrimiento de la tumba de Tutankamón
El joven Carter
Primeros pasos en Egipto
Tras los pasos de Tutankamón
¿Cómo defender los tesoros?
El desagradable episodio de la tumba sin luz
La última posibilidad
A la luz de las velas
Una noche en vela
¡A trabajar! La formación del equipo
Todos a la caza de una primicia
Un adiós inesperado
Nueva campaña, nuevos problemas
De nuevo al trabajo, ¡por fin!
Carter y los libros nunca escritos
Los últimos años
II. Cómo
Métodos de investigación
El método Carter
Un tesoro frágil
La madera
Las telas
Cada vez más difícil: madera, oro y perlas
Papiros, piedra y terracota
El viaje del tesoro por el río
Observaciones y deducciones
Primeras observaciones arqueológicas y reconstrucción de los robos
Los escombros también hablan: el segundo robo
El segundo y último cierre de la tumba
La momia de Tutankamón y las causas de su muerte
Bajo las vendas
El rostro del rey
Pocas respuestas, muchísimas preguntas
El funeral y la sepultura
Cerrada y por suerte olvidada: la tumba desaparece
El poder de la memoria
III. Por qué
Los objetos como fragmentos de memoria
Biografía de los objetos
La vida de los objetos antes del museo
«Cosas maravillosas»
El cuerpo del faraón
Las historias de los objetos
La gloria de Tutankamón
Fama y curiosidades
La fascinación del descubrimiento
Las palabras del Antiguo Egipto

Prólogo de Christian Greco

¿Por qué conservamos objetos que pertenecen a épocas pasadas?

Si has estado en un museo, estoy seguro de que te lo habrás preguntado por lo menos una vez. Para responder a esta pregunta, en primer lugar, debemos preguntarnos qué significa para nosotros recordar y, por lo tanto, lo contrario, es decir, olvidar.

Recordar significa crear un vínculo con el pasado, con acontecimientos ya ocurridos y personas que ya no están. Es inútil darle vueltas, ya sé que es un tema al que de niños y de jóvenes no se presta mucha atención o, más bien, se tiende justamente a evitar. Me explico: la cuestión es que aquí estamos hablando del acontecimiento que más que ningún otro separa el «antes» del «después», o sea, la muerte.

Cuando una persona muere, enterramos su cuerpo, pero todos los recuerdos vinculados a ella siguen vivos y presentes. Sin embargo, con el paso de los años, es normal que los recuerdos se debiliten y quizá, con el tiempo, se pueda incluso llegar a olvidar a una persona. Los antiguos egipcios ponían en práctica una serie de acciones justamente para sobrepasar los límites de la existencia terrenal y mantener vivo su recuerdo y el de sus antepasados.

Si lo pensamos bien, podemos conmemorar a los muertos de dos formas: con respecto al pasado, alimentando su recuerdo (piensa en tus bisabuelos, en las historias que quizá te cuenten tus familiares sobre ellos) y, con respecto al presente y al futuro, recordando y potenciando su fama y su gloria (como sucede con los personajes históricos a los que se dedican calles y plazas en nuestras ciudades). En el antiguo Egipto, estos dos aspectos se combinaban: las personas que podían permitírselo se hacían construir una tumba cuando aún estaban vivos, un lugar donde pudiesen recordarlas y también conmemorarlas. La tumba se conocía como per djet, ‘casa eterna’, a diferencia de la casa en la que las personas pasaban su vida diaria, que algún día acabaría.

Eso sí, si las tumbas eran importantes, más aún lo era el hecho de haber llevado una vida virtuosa. Los monumentos fúnebres servían para conservar el cuerpo, pero el nombre de la persona podía seguir viviendo también en el simple sonido de la voz; de hecho, en los textos antiguos egipcios leemos que una persona vive mientras se pronuncie su nombre. Ser recordado por tu comunidad, por las personas entre las que has vivido y por las que vendrán una vez ya no estemos, es un deseo común de toda la humanidad. Y recordar a los muertos es importante también para la propia comunidad: elegir a quién y qué recordar es una de las formas que tenemos de contarnos a nosotros mismos.

Así, que te olvidasen era el peor de los males para los antiguos egipcios; y esto es aplicable no solo a las personas, sino también a los objetos.

¿Cuánto nos separa del pasado?

La palabra «arqueología» nace de la unión de las palabras griegas logos y archaios, ‘estudio’ y ‘antiguo’. Y justamente eso es lo que hace: estudia las cosas antiguas. Se suele decir que su finalidad es descubrir el pasado, pero, para ser precisos, esta disciplina intenta dar un sentido pleno a los fragmentos del tiempo, de todo el tiempo y no solo del pasado más remoto. Lo cierto es que una excavación arqueológica es una operación muy fascinante, pero también muy destructiva. Piensa en cómo se lleva a cabo: las capas superiores del terreno, acumuladas en épocas más recientes, se retiran para llegar a las inferiores, correspondientes a periodos más antiguos. En otras palabras, para buscar restos de recuerdos más antiguos, se destruyen restos de recuerdos más recientes. Por eso es importantísimo registrar con cuidado todo lo que se extrae durante una excavación. En la actualidad, los arqueólogos registran todas las cosas que encuentran, pero no siempre fue así. Antes, los restos de periodos que se consideraban menos interesantes se retiraban sin dejar constancia de ellos para dar relevancia a los restos de periodos que, por el contrario, en aquel momento se consideraban más interesantes.

Una investigación histórica precisa siempre debe preguntarse: quién hizo qué, cuándo, dónde, cómo y por qué lo hizo. Verás que este libro sigue justamente esa secuencia. En las próximas páginas a menudo oirás hablar también del contexto, es decir, de la relación entre los restos y el lugar en el que se encontraron. Solo estudiando conjuntamente el objeto y el lugar en el que se encontró se puede intentar comprender para qué servía. Por ejemplo, vasijas muy similares podían usarse de formas muy distintas en una casa, en una tumba o en un templo y, por lo tanto, saber dónde se encontró una vasija nos proporciona información importante para recomponer una imagen del pasado.

En efecto, nuestra reconstrucción es solo una imagen. De hecho, es solo una de las posibles imágenes que podemos reconstruir a partir de lo que conocemos en ese preciso momento. Cuando hayamos realizado nuevos descubrimientos, o nuevos estudios, y añadamos nuevos elementos a lo que conocemos, la imagen que teníamos del pasado podrá y deberá cambiar.

Por ejemplo, piensa en tus libros de la escuela. Los que usas tú se escribieron recientemente y reflejan los conocimientos actuales de las distintas materias que estudias. Los libros escolares de los niños de hace cincuenta o cien años reflejaban los conocimientos de hace cincuenta o cien años: mientras que algunos temas se han mantenido idénticos (por ejemplo, el teorema de Pitágoras), otros han cambiado mucho (como todo lo que tiene que ver con la tecnología). Y también los temas que se han mantenido idénticos ahora se enseñan de otra forma. Nuestro punto de vista cambia sin parar, a medida que nuestros conocimientos evolucionan, y esto se puede aplicar a todos los campos del saber.

Por tanto, lo que sabemos hoy del antiguo Egipto constituye nuestro punto de vista actual. Los libros de egiptología de hace cincuenta o cien años retratan una imagen distinta de la nuestra y son el producto de los conocimientos de su época, basados en las excavaciones realizadas hasta aquel momento, en el estudio de los objetos recuperados hasta entonces y en los conocimientos de los textos que estaban al día en aquel periodo, a los que luego la llegada de nuevos elementos modificó inevitablemente. Por eso, la arqueología no es solo una ciencia del descubrimiento, sino que representa también la forma en la que dialogan entre sí la sociedad en la que vivimos —todos nosotros, tú también— y los restos del pasado.

Los museos como puentes entre pasado, presente y futuro

Así pues, la próxima vez que entres en un museo, recuerda que te encuentras en un lugar que sirve para custodiar el pasado, pero también en un laboratorio de innovación que intenta proporcionar siempre nuevas respuestas y proponer nuevas imágenes del pasado, que se revisan y actualizan constantemente a partir de nuevos estudios. En concreto, las herramientas digitales más recientes nos dan la oportunidad de llevar a cabo investigaciones más adecuadas y comunicar los resultados de formas nuevas y más apasionantes.

Junto a los tradicionales diarios de excavación, dibujos y relieves, ahora ya es normal utilizar fotografías digitales, modelos tridimensionales, vídeos y grabaciones de audio. Muchos de los análisis de los restos que llevamos a cabo actualmente generan unos datos que ya no se gestionan y transmiten mediante personas que escriben sobre papel, sino mediante programas informáticos. Este tipo de material ya no se conserva en una biblioteca, sino en discos duros y servidores que requieren la colaboración de informáticos y técnicos expertos. La construcción de lo que podemos llamar el «patrimonio cultural digital» necesita un intercambio continuo entre las distintas innovaciones tecnológicas, que, cada vez más, proceden de otras disciplinas, los modos en los que se lleva a cabo el estudio de campo y las exigencias del público y de los estudiosos.

Los medios e instrumentos de los que disponemos se han multiplicado, pero el meollo de la cuestión sigue siendo el mismo: con el estudio de las huellas de nuestro pasado, personas que ya no están pueden revivir gracias a los objetos que nos han dejado, cada uno de los cuales encierra un fragmento de un recuerdo que puede combinarse con otros para reconstruir una historia.

Como escribió el arqueólogo Ian Hodder, las personas y los objetos están estrechamente vinculados entre sí y dependen los unos de los otros: «Las personas dependen de las cosas, las cosas dependen de otras cosas y las cosas dependen de las personas».

Este libro cuenta las historias entrelazadas de dos personas, Tutankamón y Howard Carter, separadas por el tiempo, pero unidas por un lugar, el Valle de los Reyes, y lo hace a través de los objetos que pertenecieron a uno y fueron hallados por el otro.

¡Feliz lectura!

Christian Greco

Director del Museo Egipcio de Turín

Prólogo de Mariàngela Taulé

A veces los sueños se cumplen, sobre todo si van acompañados de la perseverancia, el esfuerzo y un trabajo constante.

El libro que estáis a punto de leer narra un fascinante capítulo de la historia de la Egiptología que ha contribuido de forma excepcional al conocimiento del antiguo Egipto. Una lección de historia contada para que los y las más jóvenes se apasionen por el Egipto faraónico, un libro para crear vocaciones.

Tutankamón. El descubrimiento del joven faraón es un libro escrito por el Dr. Christian Greco, un egiptólogo que ha sido conservador de la colección de arte faraónico del Museo de Antigüedades de Leiden. Greco también ha trabajado en la necrópolis de Saqqara y actualmente dirige el Museo Egipcio de Turín, el museo que posee el mayor patrimonio faraónico fuera de Egipto. Por tanto, jóvenes lectores, el libro que tenéis entre las manos está escrito por un reconocido especialista, y aunque su estilo es directo y sencillo, de fácil lectura, su contenido es muy riguroso científicamente hablando. Greco escribe a un lector inteligente que quiere conocer lo más importante en torno al descubrimiento de la tumba de Tutankamón. El autor utiliza documentos y fuentes egiptológicas para demostrar mediante pruebas el conocimiento que tenemos sobre el protagonista del libro. A veces utiliza términos de la lengua del antiguo Egipto, habla de los años de reinado de los faraones, nos presenta importantes yacimientos arqueológicos vinculados a la vida y la historia de Tutankamón e incluso utiliza tecnicismos que el lector debe valorar muy positivamente. Christian Greco se dirige a un lector joven tratándolo como a un adulto, reconociendo su capacidad intelectual y de aprendizaje.

La primera frase del libro es una pregunta, una clara declaración de intenciones por parte del autor para conectar con el lector de una forma rápida, directa y estableciendo desde un primer momento un nivel de confianza.

El libro está dividido en tres grandes secciones que intentan responder a preguntas claves en torno al personaje, su vida, su muerte y su entierro. La primera parte nos sitúa en el contexto histórico del joven Tutankamón, un muchacho que vivió hace 3300 años y cuya tumba se encontró hace apenas 100.

Se cree que cuando Tutankamón subió al trono de Egipto convertido en faraón solo tenía entre 7 y 9 años. No conocemos con certeza su fecha de nacimiento, ni quiénes fueron sus padres o cuántos hermanos o hermanas tuvo; solo podemos realizar hipótesis. Sí sabemos que se proclamó faraón en 1333 a. C. y, como no le quedaban familiares directos que le pudieran ayudar a gobernar un país que era una potencia mundial en aquellos momentos, el comandante jefe del ejército, el general Horemheb le ayudó a hacerlo. Pero Tutankamón murió muy joven, solo pudo reinar unos diez años y fue enterrado en el Valle de los Reyes, en Tebas, donde descansaron los faraones de las dinastías XVIII, XIX y XX, a excepción de Akenatón y de Ramsés XI. Ignoramos cuántas tumbas se construyeron en esta necrópolis, pero hasta ahora hemos encontrado 64. La tumba de Tutankamón es la KV62, siguiendo la numeración por orden de hallazgo. Solo 24 tumbas pertenecen a faraones, el resto son tumbas de hijos, hijas y otros familiares de los faraones enterrados en el Valle de los Reyes.

El libro también pone en valor todo el trabajo arqueológico del equipo científico liderado por Howard Carter, que trabajó durante diez años en la documentación y conservación de los materiales de la tumba de Tutankamón. Carter empezó su carrera egiptológica de forma espontánea cuando tenía 17 años e inesperadamente se le presentó la oportunidad de ir a Egipto como dibujante. Allí trabajó con Flinders Petrie, uno de los primeros arqueólogos que aplicó el método científico en arqueología. Esta experiencia y otras colaboraciones con especialistas como Percy E. Newberry o Édouard Naville convirtieron a Howard Carter en un gran arqueólogo a pesar de que no tenía estudios específicos previos. Durante la compleja labor de excavación y documentación de la increíble tumba de Tutankamón, Howard Carter tuvo que superar muchas y variadas dificultades, algunas no vinculadas con la labor científica, sino con la política o las relaciones personales. Eran momentos de tensión social en Egipto y el descubrimiento de la tumba y de todos los ricos y valiosos tesoros que contenía abrió una vez más el debate sobre el destino final de aquellos bienes recuperados. En aquellos años las misiones extranjeras podían llevarse de Egipto parte de los materiales arqueológicos que se encontraban en las excavaciones. La riqueza y espectacularidad de los objetos hallados en la tumba del joven faraón precipitaron un debate internacional de alta tensión.

En febrero de 1923 tuvo lugar un incidente entre Howard Carter y Pierre Lacau, el director del Servicio de Antigüedades de Egipto (Service des Antiquités), que acabó en una disputa en los tribunales y con la expulsión del arqueólogo inglés de la dirección de los trabajos arqueológicos. Un gravísimo incidente que detuvo la investigación durante un año, hasta que en 1925 firmó un nuevo contrato para reanudar las investigaciones en el Valle de los Reyes. A partir de ese momento, la excavación, estudio, catalogación y restauración de los materiales arqueológicos pudo realizarse con más calma, sin la presión por parte de periodistas y visitantes que los miembros del equipo científico habían sufrido hasta entonces. El vaciado de la tumba terminó el 10 de noviembre de 1930 y la restauración de su contenido finalizó en la primavera de 1932, cuando se enviaron los últimos objetos a El Cairo. Muy recientemente, el ajuar funerario del joven faraón Tutankamón se ha trasladado del antiguo Museo Egipcio, situado en la plaza Tahrir, al Grand Egyptian Museum (GEM) —nuevo Museo de El Cairo—, donde se espera que se inaugure durante la celebración del centenario del descubrimiento de la tumba.