Un tipo peligroso - Relato erótico - Alexandra Södergran - E-Book

Un tipo peligroso - Relato erótico E-Book

Alexandra Södergran

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Beschreibung

Maria no tiene vida propia. O al menos, así lo piensa ella. Su vida entera consiste en una serie de discusiones interminables con su madre y hermana. Justo cuando siente que ha tocado fondo, conoce a Christian y se enamora perdidamente de él, de su encanto salvaje y de su cuerpo atlético. Pero Christian es un tipo peligroso, y cuanto más absorta está Maria en su apasionado romance, más se acerca al desenlace desafortunado.

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Seitenzahl: 43

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Alexandra Södergran

Un tipo peligroso

LUST

Un tipo peligroso

Original title:En farlig kille

Translated by: LUST Copyright © 2017, 2020 Alexandra Södergran and LUST, an imprint of SAGA, Copenhagen All rights reserved ISBN: 9788726322286

E-book edition, 2019 Format: EPUB 2.0

All rights reserved. No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

Un tipo peligroso

Maria cruzó la calle justo cuando el semáforo peatonal cambió a rojo. Estaba tan absorta en su fantasía que incluía un encuentro sexual con tres hombres maduros, que era totalmente indiferente a lo que ocurría a su alrededor. De pronto, escuchó un frenazo y luego una corneta insistente. Se dio la vuelta por intuición y vio a Jenny corriendo en su dirección, con los ojos muy abiertos y sonriendo como una tonta. Había salido corriendo detrás de Maria, para variar.

—¡Maria! —gritó su madre. Maria suspiró al ver la rabia en el rostro de su madre. El coche las pasó a toda velocidad y Maria se quedó allí, esperando de mala gana, mientras su hermana menor correteaba y contemplaba las nubes. Su madre cruzó la calle cuando el semáforo volvió a cambiar a verde. Caminaba a zancadas con su voluminoso torso inclinado hacia adelante y el bolso apretado con tal fuerza que sus nudillos estaban blancos.

—¡Maria! Ya verás, jovencita. ¡¿Por qué tienes que caminar tan rápido?! ¿No podías esperarnos? —Se detuvo para recuperar el aliento, pero era evidente que el regaño no había terminado.

—Porque eres muy lenta —dijo Maria.

—No puedes pensar solamente en ti. ¿Eres consciente de casi atropellan a Jenny? Pudo ser un accidente mortal; tu hermana pudo haber muerto. ¡Pudo haber muerto!

Maria hizo una mueca de fastidio.

—¡Ya verás, jovencita! ¡Ahora me obedecerás! ¡Quiero que camines con nosotras y que te detengas en el cruce peatonal hasta que cambie la luz! No me quedaré de brazos cruzados viendo como atropellan a mi propia hija. ¿No ves que me vas a matar del susto?

—¿Hola? Seguramente te das cuenta de que no es mi culpa que salga corriendo a la calle.

—Ah, sí que lo es. Tú hermana menor es tu responsabilidad. Te admira y por eso te imita en todo, ¿no lo entiendes?

—Por Dios, tiene quince años. ¿No puede empezar a pensar por sí misma?

Jenny brincaba alegremente en la acera, sin prestar mucha atención a la conversación. Saltaba de adoquín en adoquín, evitando las brechas, y levantaba la vista al cielo de vez en cuando.

Su madre le dio un vistazo y luego arremetió contra Maria de nuevo. La sujetó con fuerza del brazo y le dijo en voz baja y entre dientes:

—Tu hermana no es como los demás y necesito estar segura de que la cuidarás y serás responsable. ¿Puedo confiar en ti, Maria?

Maria asintió malhumorada.

—No, quiero que lo digas de corazón. ¿Puedo confiarte con el cuidado de tu hermana? Eso quiere decir que no vas a andar por ahí pensando en ti y solamente en ti. ¿Puedo confiar en ti con los ojos cerrados?

—Sííííí.

Cuando se pusieron de nuevo en marcha, Maria se alejó lo más que pudo de su madre. Por su parte, Jenny caminaba muy cerca de su hermana y eso era suficiente. Maria no quería estar a menos de 5 metros de distancia de su madre.

Volvió a sentir una pesada carga sobre la espalda, esa sensación de vacío que la acompañaba a todas partes, un sentimiento que había enterrado en lo más profundo de su ser desde hacía muchos años. Era una mezcla de pérdida y anhelo, como si estuviera esperando que la vida comenzara, y tenía la firme creencia de que debía alejarse de su familia para lograr que pasara. Amaba a su madre y a su hermana, pero no podía soportarlas y lo peor era que las tres siempre estaban juntas. Por lo tanto, su único momento de paz era de noche frente a su ordenador.

Su hermana siempre estaba en su propia burbuja y no se enteraba de nada, y su madre era todavía peor. Quería saberlo todo, tenerlo todo bajo control. Además, creía conocer cada uno de los sentimientos, pensamientos y deseos de Maria, pero la verdad es que no tenía ni idea.

—Maria, ¿alguna vez lo has hecho con alguien? —preguntó Jenny.

—Sí, no es gran cosa —dijo ella, aunque, por supuesto, mentía.

—¿Cómo se siente?

—Eh, al principio duele, pero luego se siente bien.

—¿Y lo has hecho muchas veces?

—No, solamente una vez.

Se preguntó si el sexo debía involucrar a un hombre, pero luego recordó el evento en que había basado su mentira; estaba acostada en una gran cama, en medio de la oscuridad, rodeada de abrigos y chaquetas de otras personas con el estruendo de los bajos y las voces ruidosas de fondo, en una especie de murmullo atenuado que atravesaba las paredes. Todo le daba vueltas, incluso con los ojos cerrados. Adam la acariciaba con torpeza y ella intentó masturbarlo, pero no estaba erecto y se acabaron quedando dormidos. Más tarde, una chica abrió la puerta de golpe y les encontró ahí tirados con los pantalones bajados. Todos los asistentes de la fiesta hablaron de ello.