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Ru tiene trece años, dos hermanos mayores que la hacen la vida imposible, un padre maniático, una madre habladora compulsiva y dos amigas inseparables sin las que el mundo sería un infierno. Vamos, que Ru es una chica normal, y así se anuncia cuando decide buscar su primer trabajo como canguro. Pero ¿qué es exactamente ser normal?
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Seitenzahl: 98
Veröffentlichungsjahr: 2013
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Anna Manso
Ilustraciones de Juliet Pomés Leiz
–LApsicología adolescente...
Ru desconecta. Sabe que cuando un adulto, especialmente un profesor, empieza una frase con las palabras psicología y adolescente, la frase en cuestión no significa nada en absoluto. El Plasta, el profesor de lengua, solo pretende que redacten una descripción de ellos mismos. No hace falta marear la perdiz. Se mandan los deberes y punto. Y encima, Ru nota de nuevo unos ojos clavados en el cogote, los de Sami. Si la mirada de Sami quemase, Ru sería un montón de cenizas.
A Sheila y Nadia, sus dos amigas del alma, se les ha metido entre ceja y ceja que TIENE que salir con Sami (Es tan monooooo), y a ella el chico le importa un rábano. Si hablase un poco más, o si en lugar de zumo de naranja aguado le corriese sangre por las venas... Sami despierta sus peores sentimientos. A pesar de que, aunque no lo confesaría ni muerta, le halaga que Sami esté colgado de ella, y el chico le cae bien y son amigos, pero ya está. No tiene ni tiempo ni ganas de enamorarse, ni de Sami ni de nadie.
–Pero ¿cómo que está colgado de ti, chata? ¡Solo hace dos días que vas al instituto! –chilló Sheila, siempre tan dramática, cuando Ru se lo contó.
–Mira, amor instantáneo. Como el café –medio sonrió Ru con el ego hinchado como un globo aerostático.
–Ay, qué romántico... –murmuró Nadia, siempre tan sentimental.
Pero ya está harta de la admiración incondicional de Sami. Al salir de clase, el chico intenta atraparla y Ru acelera el paso. El chico se da prisa y Ru aumenta la velocidad. Pero Sami es un buen deportista y termina resoplando junto a ella.
–Sí que llevas prisa... ¿Quieres que hagamos la descripción..., el retrato juntos? Te puedo corregir las faltas. Se me da... no se me da mal... –se aturulla Sami.
–No, gracias. Ey, adiós, he quedado.
Esta vez no ha sido necesario mentir. Entra en la escalera de su bloque de pisos y salta dentro del ascensor. Salvada. Le da al botón del piso quince y cierra los ojos. Ese ascensor la lleva al paraíso, a su refugio: la azotea, el punto de encuentro con Sheila y Nadia desde que en junio pasado terminaron la primaria y tuvieron que separarse para ir a tres institutos diferentes. Por mucho que lloraron, exigieron, gimieron, gritaron y suplicaron, sus familias se negaron a cambiar de opinión y han empezado los estudios de secundaria separadas.