Una pequeña vida - Poly Gutiérrez - E-Book

Una pequeña vida E-Book

Poly Gutiérrez

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Beschreibung

Una pequeña vida relata los acontecimientos más significativos en la vida de la gatita Cleo, pero con el detalle de que es relatado desde su propio punto de vista personal. ¿Sabes que es lo hay en la mente de tu mascota? ¿Cómo te ve a ti o a tu familia? ¿Cuáles son sus sentimientos cuando se dan ciertas situaciones? Acompaña a la pequeña Cleo en su camino por la vida y vive junto a ella todas las experiencias buenas y malas que se pueden dar en la vida de una mascota, demostrando así que lo que empieza siendo pequeño puede terminar siendo enorme para quienes lo sepan apreciar.

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Seitenzahl: 164

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Fadón, Silvana Jessica Estel

Una pequeña vida : memorias de una gatita / Jessica Estela Silvana Fadón. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.

164 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-824-695-6

1. Novelas de Aventuras. 2. Animales. I. Título.

CDD A863.9283

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2023. Fadón, Jessica Estela Silvana

© 2023. Tinta Libre Ediciones

Una pequeña vida

Memorias de una gatita

Prólogo

Llegué sin que nadie se enterara. Mi mamá me recibió con suaves ronroneos y un olor agradable; es una de las cosas que recuerdo de ella. Me pregunto si me iré de la misma forma en la que llegué: sin nadie que se entere, sin nadie que me recuerde, sin nadie que me ame.

Capítulo 1

Tenía frío porque me sacaron del lugar cálido y reconfortante en el que había estado tanto tiempo. Escuché un suave ronroneo, era el chillido de mis hermanos y hermanas, y sentí en mi húmeda piel los lengüetazos constantes de mi mamá. Tenía mucha hambre, me arrastré como pude a la pancita de mamá; no sabía cómo, pero sabía que allá iba a encontrar comida.

Aún no podía ver, mas mamá todavía continuaba ronroneando y lamiéndome; mi pelo ya no se sentía húmedo. Además, había otros ruidos: el llanto de mis hermanos y hermanas, el maullido de mamá y otro sonido que provenía de más lejos y alto.

—Gata inútil, mirá cuántos gatos tuvo. Los voy a tirar a la basura en cuanto abran los ojos...

No me gustaba ese sonido. Era malo, era muy cruel con mamá y con nosotros. Lo odiaba.

***

—Mamá, ya abrieron los ojos.

—Menos mal... Unos días más y se largan de acá... Conseguiles una caja.

Ya me podía mover más. Mis patitas se sentían raras, mis ojos estaban bien abiertos, y podía ver mucho mejor. Entonces podía observar a mamá y a todos mis hermanos, y también notaba de dónde provenía esa voz fea. Era una gigante horrible, mamá la llamaba “la Bruja”, y siempre nos miraba a todos enojada; a mamá todo el tiempo la echaba, la empujaba, la golpeaba. Solo el otro gigante, que se veía más joven, era bueno con mamá, a quien lo llamaba “Benjamín”. Él llegaba y acariciaba nuestras cabezas, le daba de comer algo que olía muy bien a mamá, y su voz siempre era muy suave. Ella lo quería mucho. Espero encontrar a alguien que me quiera tanto como él quería a mi madre.

Capítulo 2

—Muy bien, pulgosos, es hora de irse.

La Bruja nos tomó a todos y nos puso dentro de una caja apretada. A lo lejos, escuché el llanto desesperado de mamá, que nos llamaba. Por un orificio pude ver apenas su rostro lleno de gotas de agua que salían de sus ojos, siguiendo a la Bruja, pero después de un momento no la pude percibir ni escuchar más.

Esa fue la última vez que vi a mamá.

Varios de mis hermanos intentaron salir de la caja, pero fueron golpeados muy fuertemente por la Bruja. Por eso decidí quedarme acurrucada en el rincón más alejado de la caja, no quería que me golpearan y, además, me sentía muy cansada.

Poco a poco mis hermanos y hermanas dejaron la caja, ninguno se despidió. La caja se movía mucho y comencé a sentirme mal, pero no quería decir nada, tenía mucho miedo.

—Buenas tardes, ¿No quieren adoptar un gatito?

—A ver... Mirá, papá, para Judy.

—Fijate de que sea macho —le respondió el gigante más anciano.

—Sí, lo son, los dos gatos son machos —le respondió de inmediato la Bruja.

—Entonces, me llevo este.

Este nuevo gigante me tomó de mi espalda y me levantó en el aire con mi pancita al cielo; quería gritar, pero temía que me golpearan si lo hacía. Las voces de los dos gigantes nuevos eran agradables; uno era joven y se veía amable, y el otro era más anciano y se notaba molesto.

—Hijo, ese gatito es gata, es hembra.

—La señora dice que es macho.

—Hijo, gato de tres colores es siempre hembra. Hay gatos macho tricolor, pero son una rareza, y este no creo que sea el caso.

—Este es macho, señor. ¿Lo quieren o no? Si no, los voy a tirar en el canal que está al final de la calle.

—Me quedo con este.

—Tu mamá se va a enojar porque es gata, no gato. Yo sé lo que te digo, hijo, es hembra.

—Quédense con la caja, me llevo al otro gato. Muchas gracias.

No comprendía, ambos se veían molestos. ¿Por qué era malo que fuera yo?, ¿había alguna diferencia entre mi hermano y yo? ¿Por qué el gigante más anciano no me miraba bien?

La Bruja se llevó a mi hermano en brazos mientras yo era devuelta a la caja. Se escuchaban muchos ruidos muy fuertes y rugidos que nunca había oído antes; se percibían olores nuevos y raros, aromas que hacían picar mi nariz. Desde mi lugar la caja tenía un pequeño agujero; desde ahí podía ver a grandes monstruos moviéndose mientras rugían, y el gigante anciano estaba en el interior de uno de ellos. El gigante joven le hacía señas, ubicado más adelante, y el monstruo dejó de moverse y el rugido ya no se escuchó más. El gigante anciano se bajó y le abrió la boca al monstruo al tiempo que miraban en su interior.

Un tiempo después, noté a la Bruja pasar de nuevo por la entrada, pero no llevaba nada en sus manos, estaban vacías.

¿Dónde está mi hermano?

Al igual que con mamá, nunca más volví a ver a mis hermanos.

Capítulo 3

Preferí quedarme en un rincón de la caja, pasó mucho tiempo hasta que empecé a moverme. Era el gigante joven quien me estaba cargando con caja y todo.

—Es hora de ir a casa.

Me llevó hasta uno de esos grandes monstruos rugientes y nos comenzamos a mover muy rápido. El cielo se desplazaba muy veloz y el gran monstruo rebotaba mientras se movía. Estaba tan asustada que preferí quedarme callada en mi rincón de la caja.

Luego de un rato, el gran monstruo dejó de zarandearse y el gigante joven me llevó a otro sitio. El cielo estrellado brillaba sobre mi cabeza hasta que dejé de verlo y, en su lugar, distinguí un cielo de color blanco enorme.

—¡Judy, vení un momento, mirá lo que te tengo!

—¡Ya voy! ¿Qué es?

Una gigante más pequeña se acercó a mi caja y me miró desde lo alto. Extendió sus manos, me levantó panza arriba y me aproximó a su cara.

—¡Es un gatito! ¡Mamá!

Su voz era chillona, me molestaba, pero sus manos eran suaves y me gustaba como tocaban mi cabeza y mis orejas.

—Si lo vas a cuidar, es tuyo. ¿Lo querés?

—Sí, lo voy a cuidar mucho. Muchas gracias, Armando. ¡Mirá, mamá! Es un gatito.

Una gigante más anciana se nos acercó molesta.

—¿Cómo que un gato? Yo no quiero eso en mi casa, deshacete de ella. Además, es hembra, nos va a llenar de gatos.

—La señora que me lo dio dijo que era macho —dijo el gigante joven.

—¡Gato de tres colores es gata, hijo! —exclamó la gigante anciana muy molesta.

—Ya se lo dije, amor, y tu hijo no me cree —interrumpió el gigante anciano sentado más atrás.

—¡Es gata y, encima, mirá lo flaca y ojerosa que está! ¡Parece más un murciélago! Además, de seguro está enferma, ¡mirala!

—Es gato, mamá, y está bien. Ya vas a ver cuando la lleve al veterinario mañana y me lo confirme —le respondió el gigante joven, también parecía molesto.

—Por favor, mamá. No es como un perro, es más pequeño, se limpia solo, y te juro que lo voy a cuidar yo. Vos no vas a tener que hacer nada.

La que habló esta vez era la gigante más pequeña.

—Más te vale, Judy. Es tu gata, tu problema, ni a tu papá ni a mí nos tienes que molestar para nada. ¿Quedó claro?

—Sí, mamá, gracias.

Todos ellos hablaban mucho, yo solo quería volver a mi caja y estar sola y tranquila. Parecían molestos, menos la gigante pequeña, que finalmente me puso en la caja y me dejó en el piso, al lado de muchas cosas enormes. El gigante joven colocó una caja más pequeña próxima a la mía, olía bien y estaba llena de un polvo claro.

No quería salir de mi caja, así que me quedé acurrucada en un rincón mientras escuchaba mucho ruido afuera. Permanecí quieta hasta que finalmente me dormí.

***

Me desperté un tiempo después, con toda la casa en silencio. Tenía ganas de vaciar el agua acumulada de mi pancita, pero no quería salir de mi cajita y, además, tenía mucha hambre y sed. Logré salir y me escabullí en otra caja muy fría y enorme, me dirigí a la parte de atrás y ahí saqué el agua contenida de mi pancita. Después, corrí de nuevo a mi cajita y me volví a dormir.

De repente, mi caja fue movida bruscamente, lo que provocó que me despertara e hizo que golpeara un poco mi cabeza. Era la gigante pequeña, que había levantado mi caja de su lugar.

—Hola, Cleo, ¿cómo estás?

¿Qué dice?, ¿se supone que debo responder?

Estaba muy asustada, no quería que me tocara. Así que, cuando vi que extendía su mano hacia mí, le gruñí con todas mis fuerzas, le mostré mis garras y mis colmillos, y encrespé todo mi pelaje para parecer más grande, como mi mamá nos había enseñado a hacer si alguien nos quería dañar.

Tal pareció que funcionó, porque la gigante casi dejó caer la caja al apartar su mano y cambió su expresión de repente. Colocó la caja en el suelo y decidí aprovechar la oportunidad para salir de ella y ocultarme en un lugar más seguro.

—No, no, no, no te salgas. Esperá, por favor...

Nuevamente las manos de la gigante empujaron mi cabeza para que volviera a entrar a la caja. Le gruñí de nuevo para que quitara las manos, pero en su lugar tapó mi única salida y la entrada del sol. Quedé encerrada y a oscuras otra vez, intenté tirar la tapa, mas estaba muy dura. No tuve otra opción que esperar en un rincón.

Un rato después, comencé a escuchar ruidos, de nuevo, por fuera de la caja. Eran la gigante pequeña y la gigante más anciana.

—Judy, ¿por qué le tapaste la cajita así?

—No quería que se escapara o se metiera en un lugar donde no la pudiera alcanzar después.

—Sacale eso. Si se mete en algún lugar, ya va a salir cuando tenga hambre o ganas de ir al baño.

—Ok.

La entrada de mi cajita se iluminó y fue dejada en el piso, conmigo en el interior; de igual manera, no iba a salir de aquí hasta que estuviera todo en silencio.

***

Después de estar un rato dormitando en mi lugar, oí ruidos extraños de afuera y muchas voces. Finalmente, todo se silenció, pero solo por un momento. De nuevo mi cajita fue elevada por la gigante pequeña y llevada al exterior, donde el sol brillaba de una forma que dañaba mis ojitos.

Me metieron en el mismo monstruo ruidoso en el que había llegado la otra vez. Desde mi cajita podía ver como el cielo se desplazaba muy rápido, pero a la gigante pequeña no le pasaba nada, parecía no molestarle el ruido ni el movimiento del monstruo.

Un rato después, todo se detuvo, no se escuchaba ni observaba nada alrededor.

—Esperame un rato acá. Cuando me desocupe nos vamos —dijo el gigante joven mirando desde la parte del frente.

—Ok —le respondió la gigante pequeña y dejó mi cajita más abajo de donde estaba para que no me diera el sol.

La gigante pasó un buen rato en completo silencio, mirando constantemente hacia fuera del monstruo u observando un pequeño objeto en sus manos que hacía ruidos extraños y brillaba por un lado.

Ya estaba cansada de estar en mi caja. Di un gran salto para subir cerca de ella, pero no fue suficiente y terminé cayendo de espalda al piso.

—Epa, ¿qué pasó? —Pareció asustarse, por el pequeño salto que dio en su lugar, y dejó a un costado el diminuto objeto para tomarme con sus dos manos. Esta vez no le gruñí, quería salir de aquí—. ¿Querés salir de ahí? Vení...

Sus manos eran muy suaves, me gustaban. Me dejó sobre un suelo muy esponjoso y mis uñitas se enganchaban en él. Caminé de un lado a otro bajo la atenta mirada de ella. Todo olía diferente; se veía nuevo, raro, genial. Intenté bajar más, a un suelo oscuro, pero ella no me lo permitió.

—No, no, no podés bajar ahí, o tus patitas se ensuciarán.

¿Por qué no me deja bajar? Quiero ver qué hay allá.

La miré fijamente, pero ella parecía no molestarse; al contrario, tenía una expresión rara en su cara. Nunca nadie me había observado así. ¿Qué significaba? Y la forma en la que me hablaba era muy suave, como lo hacía mi mamá.

Decidí seguir explorando sobre el suelo esponjoso hasta que me dio sueño y me recosté un poco alejada de la gigante pequeña, que aún seguía escrutándome fijamente y a la vez miraba el diminuto objeto que tenía en sus manos.

—Oye, tenés pulguitas caminándote por todo el cuerpo —dijo mirándome y tocándome la pancita.

Luego, sus manos se fueron a mis orejas y, de allá, a mi barbilla; sus toques eran muy agradables y se sentían bien, como las caricias de mi mamá. Estaba tan cómoda que estuve a punto de quedarme dormida, hasta que escuché un suave clicproveniente de ella y abrí mis ojos para verla acercándome ese extraño objeto pequeño hacia mí.

¿Qué se supone que debo hacer? ¿Y por qué esa cosa sigue sonando?

Luego de que dejó de prestarme atención para volver a mirar el objeto en sus manos, preferí quedarme dormida.

Capítulo 4

Un fuerte golpe logró despertarme sobresaltada y miré en la dirección de donde provenía. El gigante joven había entrado en el monstruo ruidoso y parecía decirle algo a su compañera, sentada a mi lado.

—Entonces, ¿vamos?

—Sí.

Y con un nuevo sobresalto mío, el gran monstruo ruidoso volvió a la vida y comenzó a moverse con nosotros adentro. Otra vez observé como el cielo se desplazaba muy rápido desde mi lugar. Por suerte, no volvieron a meterme en mi cajita durante todo el viaje, hasta que nos detuvimos. La gigante pequeña me tomó, otra vez, entre sus manos y me acercó a su pecho para salir del gran monstruo y caminar hasta entrar en un sitio enorme, lleno de nuevos olores.

Estábamos acompañadas por el gigante joven, y ambos se sentaron en un lugar próximo a una pared. Cerca de nosotros había otra criatura muy rara. Jadeaba, babeaba y me estaba gruñendo; a su lado se encontraba una gigante muy vieja, se parecía mucho a la Bruja. La forma en la que me miraba la otra criatura no me gustaba. Recordé que mamá me había dicho que debía alejarme de estos entes, que solo me harían daño.

Mis orejas se ubicaron hacia atrás, como me había enseñado ella, para defenderme y aparentar ser más peligrosa. Ese movimiento en mis orejas pareció molestarle, porque de inmediato se paró en sus cuatro patas y comenzó a lanzarme fuertes y atronadores rugidos que me asustaron no solo a mí, sino también a mi acompañante, que de repente me acomodó aún más sobre sus piernas y me cubrió por completo con sus manos para que ya no viera más a la criatura ruidosa y babosa.

¿Acaso ella está protegiéndome como lo haría mi mamá?

—Muchas gracias, doctor, lo veo la semana que viene.

—Hasta luego. ¿Quién sigue?

Una gigante pasó cerca de nosotros y llevaba en sus brazos a otra criatura babosa, pero más pequeña. El otro gigante que la despidió hizo ingresar a la otra criatura babosa y ruidosa junto con “su bruja”, mientras nosotros seguíamos esperando.

—Muchas gracias, doctor, le daré las pastillas como me dijo y veré como sigue.

—Si ve que no mejora o empeora, tráigalo de inmediato. Que le vaya bien. ¿Quién sigue?

—Es nuestro turno, Judy.

—Sí.

¿Por qué me levantan de nuevo? Estaba a punto de quedarme dormida. Su cuerpo era muy cálido y cómodo; en cambio, el suelo frío y duro en el que me pusieron a continuación me hacía congelar mis patitas y mi pancita.

De repente, unas manos grandes y frías me estaban tocando todo mi cuerpito. No me gustaba su olor, me recordaba a un aroma que a veces tenía mamá cuando volvía del exterior y se sentía mal. Ella nos decía que debíamos comer esas “plantas” que salían de la tierra cuando nos sintiéramos mal, que nos harían bien.

¿Este gigante las habrá comido? ¿Por eso huele como mamá?

—Parece que está sana y saludable, pero es muy pequeña, no debe tener más de treinta o treinta y cinco días, a juzgar por sus dientes.

—¿Es hembra?

—Así es, una linda hembrita de tres colores... Ahora vamos a ver su peso... Quinientos gramos, es muy pequeña. ¿Cómo la obtuvieron?

—Una señora me la regaló ayer.

—Pues parece que esperó a que abriera los ojos y empezara a caminar para deshacerse de ella. Lo más recomendable es que esté sesenta días, mínimo, amamantando con su madre antes de regalarlos. Además, por lo que veo, su pelaje está lleno de pulgas, lo cual significa que su madre tampoco tenía los mejores cuidados... Voy a ponerle una vacuna trivalente. No es muy recomendable ponérsela hasta las ocho semanas cumplidas, pero, si no la desparasitamos ahora, que fue destetada antes de tiempo, podría morir por panleucopenia, calcivirus o rinotraqueitis.

El gigante oloroso me tomó de mi lomito y fue entonces cuando sentí un doloroso pinchazo cerca de mi colita. El dolor fue tan grande que grité por esa horrible sensación y por la que le siguió luego de inyectarme un líquido frío que corrió por mi lomito.

—Tranquila, ya terminamos. Deben traerla, de nuevo, dentro de un mes para reforzar las vacunas contra parásitos.

—Tiene un corte cerca de su boca, lo noté hace un rato... Justo acá.

La gigante pequeña tomó mi mentón, lo elevó y señaló un lugar que se sentía muy caliente. No recordaba cuándo había salido, pero siempre estaba ardiente.

—No es nada, debe ser un corte que se hizo jugando con algo, se va a curar en unos días. Ahora vamos a hacerle un carné donde van a figurar todos sus datos y los de su dueño. ¿Qué nombre tiene la gatita?

—Cleo.

—¿Cleo? Qué bonito. Su peso, su edad, vacunas puestas y fecha de cuándo revacunar. Ahora tu nombre, domicilio... —Me dolía la colita, este lugar no me gustaba y tampoco me agradaba el gigante oloroso. Quería irme ya. Por suerte, mi petición sí fue escuchada, porque fui elevada y abrazada por la gigante pequeña, quien me acercó a su pecho, y pude oír los latidos suaves de su corazón, como los de mi madre—. Listo, cada vez que la traigan, deben traer su carné de vacunación.

—¿Tiene algo para combatir las pulgas? —preguntó el gigante joven.

—Sí... Esto es bueno, es un talco contra pulgas y garrapatas. Pónselo cada doce horas y no te preocupes si se acicala, solo asegúrate de masajeárselo bien en la piel y no sobre el pelaje.

—Me recomendaron unas gotitas que se le ponen en la nuca.

—Esa es la pipeta, pero no es recomendable que lo use hasta que cumpla el año de edad, ya que se podría intoxicar porque su cuerpo no posee el sistema inmunológico para tolerar la toxicidad del químico del líquido. Por ahora usa el talco y, cuando desaparezcan las pulgas, solo aplícale el polvo de vez en cuando, ya sea un par de veces a la semana.

—Entiendo. ¿Tiene algo que me recomiende para su sanitario?

—Las piedritas sanitarias es lo más recomendable: retiene los olores de sus necesidades. Solo recuerda cambiarle la bandeja completa cada catorce días y sacarle las piedritas que ensucie con sus orines y heces para agregarle y reemplazarlas por piedras limpias todos los días.

—¿Tiene alguna camita para su