Viaje a Potosí - José Bengoa - E-Book

Viaje a Potosí E-Book

José Bengoa

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Beschreibung

En este segundo volumen de sus Crónicas Amerindias, José Bengoa ofrece una rigurosa y apasionante aproximación a uno de los capítulos más determinantes de la historia latinoamericana: el legado colonial de Potosí. Combinando la precisión del análisis histórico con una narración sensitiva y profunda, el autor conduce al lector desde la utopía ancestral y pacífica de Caral hacia la realidad marcada por la explotación minera, el racismo estructural y el complejo fenómeno del mestizaje. Bengoa presenta una minuciosa reconstrucción histórica del Cerro Rico de Potosí, núcleo del saqueo colonial y clave en la acumulación originaria europea. Examina críticamente las condiciones extremas en que se desarrolló la minería y sus dramáticas consecuencias sociales para la población indígena. Al mismo tiempo, el libro explora con detenimiento las dinámicas culturales y políticas del mestizaje y el indigenismo en América Latina. Rescata la vitalidad intelectual, artística y política del indigenismo, destacando su influencia histórica y su resurgimiento en el presente, frente a contextos de vulnerabilidad y exclusión. Viaje a Potosí constituye una contribución esencial para el estudio académico de la historia latinoamericana. Indispensable para investigadores, estudiantes y lectores interesados en comprender las complejas interacciones históricas que continúan influyendo en la realidad contemporánea del continente.

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Seitenzahl: 375

Veröffentlichungsjahr: 2025

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BENGOA C., JOSÉ

CRÓNICAS AMERINDIAS 2

VIAJE A POTOSÍRegreso de CaralCrónicas acerca de la larga historia de América,el exterminio, el mestizaje y elogio del indigenismo

Santiago, Chile: Catalonia, 2025

200 p. 15x23 cm

ISBN: 978-956-415-155-7

Historia983

Diseño de portada: Guarulo & Aloms

Ilustración de portada: Obra “Amanecer en Cautín” (Acrílico, 147x105 cm, 1971)

Autor: José Venturelli ©FUNDACION JOSE VENTURELLI. Su reproducción cuenta con la autorización de la Fundación que lleva su nombre. Agradecemos a Malva Venturelli por su gentileza.

Fotografías e imágenes interiores: Archivos del autor

Corrector de textos: Hugo Rojas Miño

Diagramación interior: Salgó Ltda.

Dirección editorial: Arturo Infante Reñasco

Editorial Catalonia apoya la protección del derecho de autor y el copyright, ya que estimulan la creación y la diversidad en el ámbito de las ideas y el conocimiento, y son una manifestación de la libertad de expresión. Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y por respetar el derecho de autor y copyright, al no reproducir, escanear ni distribuir ninguna parte de esta obra por ningún medio sin permiso. Al hacerlo ayuda a los autores y permite que se continúen publicando los libros de su interés. Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, en todo o en parte, ni registrada o transmitida por sistema alguno de recuperación de información. Si necesita hacerlo, tome contacto con Editorial Catalonia o con SADEL (Sociedad de Derechos de las Letras de Chile, http://www.sadel.cl).

Primera edición: junio, 2025

ISBN: 978-956-415-155-7

ISBN digital: 978-956-415-156-4

RPI: 2025-A-5296

© José Bengoa C., 2025

© Editorial Catalonia Ltda., 2025

Santa Isabel 1235, Providencia

Santiago de Chile

www.catalonia.cl - @catalonialibros

Diagramación digital: ebooks Patagoniawww.ebookspatagonia.com

Índice

ComienzoViajando de regreso de Caral

Subir a Potosí De la plata que salió de Potosí

Viaje a Huancavelica

Posdata: Minería, muerte y carnaval

Bibliografía vivida (1)

PREVIA & ADVERTENCIA

La torta de milhojas

Del largo tiempo americano

Primera ParteLamento por el exterminio

SUBIR A CAJAMARCA

PRIMERA SECCIÓNLA SANGRE Y EL DEMONIO

La recepción florida

Cortés le escribe a su Rey

Los doce apóstoles

No somos dioses

El argumento de autoridad

El espanto

Desde lo alto del teocalli

La posesión diabólica

Sociedades decapitadas

La destrucción de los templos

De las pestes que mataron a millones de personas en América

La Escuela de Berkeley y el gran holocausto

Los virus galopan más rápido que los caballos

Los virus guerreros

Las 10 plagas de América

La maldita esclavitud

Bibliografía vivida (2)

SEGUNDA SECCIÓN

SUBIENDO LA CUESTA DE MOYANO

DEL MALTRATO A LOS MORISCOS (y las consecuencias que tuvo ello en América)

Ya no hay moros en la costa

ZANZÍBAR Y EL DELIRIO AFRICANO

DE LA AVENTURA DE RICCI EN CHINA (y el despliegue de lo exótico como categoría ausente de América)

TERCERA SECCIÓN HUNDIMIENTOY ALZAMIENTO: Del hundimiento en las profundidades del Napo

Extinción

Hundimiento, alzamiento y fronteras

El hundimiento en las profundidades del Napo

Zonas de refugio

En las costas de La Ceiba

La mala idea de llamarlos primitivos

Del escondite de los mapuches en las cordilleras: El caso de Quinquén

Recordatorio breve: De la represión a los alzamientos indígenas

SEGUNDA PARTEDe mestizajes, castas y racismos

De los intercambios transatlánticos que cambiaron los paisajes del continente y la relación entre las personas

Las plantas sagradas

La ganadería hispana

De caballos y caballeros y la cuestión del patriarcado en América

Una sociedad ecuestre en el sur de América

La aparición de las haciendas

La destrucción de la agricultura andina y la desaparición de las plantas

Los canales destruidos

Las plantas que desaparecieron

Las plantas que “cruzaron” el mar de regreso

DEL MESTIZAJE, LAS CASTAS Y EL ORIGEN DEL RACISMO QUE HAN MARCADO LA HISTORIA DE ESTAS SOCIEDADES

Mestizajes una vez más revisitados

El Inca Garcilaso de la Vega

De la triste historia de Óñez de Loyola, su señora doña Beatriz y su hija Ana María, Marquesa de Oropesa

Un matrimonio curioso

Los alegatos de Doña Ana María

Posdata: El Rey Túpac

TERCERA PARTEElogio del indigenismo

ACERCA DEL COMPLEJO Y CONTRADICTORIO CRUCE DE LAS TENDENCIAS INDIGENISTAS

Vasco de Quiroga levanta una sociedad utópica en tierras de Michoacán

Los indígenas al final de la colonización española

La cuestión indígena en la Independencia de América

La tesis de la decadencia del indio

Las ideas bolivarianas acerca del “indio”

Las leyes de ciudadanía

VIAJE A CARAPAN

LAS TENDENCIAS PERMANENTES

ELOGIO DEL INDIGENISMO LATINOAMERICANO

DE CÓMO LOS ANTIGUOS INDIOS SE FUERON A LAS CIUDADES Y LO QUE PASÓ CON ELLO

La presencia indígena en las ciudades

El concepto de etnicidad

FINALIADE LA MUERTE DEL INDIGENISMOTARDÍO EN LAS SAGRADASALTURAS DE CHIAPAS

“Del oriente vinieron (...) cuando llegaron a esta tierra los barbudos, los mensajeros de la señal de la divinidad, los extranjeros de la tierra, los hombres rubicundos (...) a comienzo de la Flor de Mayo...

Ay Itza que vienen los cobardes hombres blancos del cielo...

Entristezcámonos porque vinieron, porque llegaron los grandes amontonadores de piedras, los grandes amontonadores de vigas para construir, los falsos ibteeles que estallan fuego al extremo de sus brazos”.

PopolVuh

Los Libros de Chilam Balam de Chumayel deTizimin

AhauKatun

“El descubrimiento i conquista del Nuevo Mundo habían robustecido de tal modo en los españoles la conciencia de su valor i de su superioridad sobre los indígenas, que su orgullo i ambición no reconocían ya límite alguno”.

José Victorino Lastarria.

1844. Obras Completas, Volumen 7.

ComienzoViajando de regreso de Caral

En el primer volumen de esta colección de CrónicasAmerindias viajamos a Caral la ciudad más antigua de América, que tiene cinco mil años, y nos emocionamos con la vida de quienes no tenían guerras y tocaban todo tipo de instrumentos musicales en las graderías de sus monumentos y plazas circulares. En este segundo volumen de Crónicas viajamos a Potosí, que es lo opuesto, el centro minero más grande de América del Sur y quizá uno de los principales orígenes de la riqueza inaudita de Europa. Acá se hiela la sangre frente a la explotación implacable. Los caminos y los viajes se cruzan en estas nuevas crónicas. Es un regreso apesadumbrado desde la utopía arcaica a la dura realidad de la explotación minera, el colonialismo, las castas, el mestizaje y el racismo, y también de la resistencia indígena y las voces que se alzaron en defensa de la dignidad humana, y la defensa de los propios pueblos indígenas de América. Es por ello que este es un texto sobre las contradicciones que formaron y constituyen este continente.

En una primera parte llena de dolor, realizamos un lamento por el exterminio de la población americana originaria. Nos aprieta la pregunta de por qué tanta maldad. Para comprender algo más este holocausto, nos adentramos en la malvada guerra contra los moriscos en la misma península, las aventuras coloniales en África y Asia, de modo de comparar y comprender. No es fácil.

En una segunda parte iniciamos una nueva revisión del mestizaje americano. Desde un inicio, “todas las sangres” (José María Arguedas) se fueron fundiendo y eso lo valoramos ampliamente. Nuestra concepción no participa de ideas provenientes del mundo anglosajón en que el trato a los indígenas, afrodescendientes o de cualquier grupo minoritario ha sido el apartheid, muchas veces adornado en estos días como “autonomía”. El ideal de una fusión respetuosa y creativa de todos los pueblos sigue siendo parte del sueño bolivariano, que da sentido a nuestras culturas y nos llena de miradas utópicas y democráticas.

En este libro elogiamos al indigenismo, una de las tendencias de mayor fuerza intelectual, artística, poética y también política que ha habido en América Latina. Hoy por hoy, se lo ha desprestigiado y nosotros hacemos un recuerdo de sus enormes aportes. Por ello en la portada ponemos un cuadro de José Venturelli que habla del caminar de los indígenas y campesinos. Uno podría pensar que son los que marchan de regreso de las faenas mineras, un tanto cabizbajos por cierto, como se lo verá en las páginas que el lector está iniciando.

Pasaron los años, siglos incluso, y volvieron a emerger las identidades antiguas en la modernidad quebrada, incompleta y violenta del continente. De las ruinas de sociedades vulneradas surgen organizaciones, propuestas, demandas y no pocas veces asumen el poder. Hoy por hoy, siglos después, los descendientes de los llamados peyorativamente “indios” vuelven por sus fueros y son igualmente tratados como delincuentes, terroristas, gente que cuestiona la “Patria del criollo”. De este largo proceso, nuestra Historia, trata este segundo tomo de las CrónicasAmerindias. Una vez más hemos viajado y caminado por la mayoría de los lugares de los que damos cuenta en estas páginas.

El Ingenio, febrero, 2025.

Subir a PotosíDe la plata que salió de Potosí

“No es plata la que se lleva a Españasino sudor y sangre de indios”.

Carta delVirrey Conde de Lemos al Rey.

“Potosí es el corazón de Las Indias”.

Carta delVirrey Marqués de Guadalcázar.

Primer grabado del Cerro Rico de Potosí por Pedro Cieza de León Cronista de Indias.

Subir al Cerro de Potosí es una experiencia inolvidable.1 A este viajero cronista se le hiela el corazón. Tal como aparece en los primeros grabados el Cerro Rico se yergue frente a la ciudad como un cono. Se va subiendo hoy en día, por los barrios pobres y luego por un camino sin asfaltar que sube y sube hasta el cielo. Cada dos por tres, hay hoyos, bocas de túneles, socavones destruidos; en fin, pareciera un gran queso suizo horadado por todas partes. En el camino nos contaron la leyenda de su descubrimiento: se dice que un “indio”, así se lo cuenta, hizo una fogata arriba del cerro y al caer la noche vio cómo se formaban pequeños hilos de plata entre las cenizas, dándose cuenta de que el cerro estaba lleno de ese mineral; y dando aviso comenzó la explotación. Llegaron cientos, miles de personas al brillo de la plata. Y arrastraron a miles de indígenas al trabajo forzado y a la muerte en los socavones.

Era y todavía algo queda, un cerro de plata. Fue el centro de la colonia temprana y de una u otra forma ordenó un enorme territorio de la América del Sur. El río de la Plata se llamó de esa manera ya que por allí salía el mineral a Europa.2 Las haciendas, nos enseñó Carlos Sempat Assadourian3 hace ya años, tanto de la Argentina pampeana como del norte chico chileno se ordenaron frente a ese enorme mercado consumidor, el de mayor tamaño en toda la colonia. Las aguardientes provenían del Valle de Pisco y luego también de Elqui, como se sabe sobre la ciudad de La Serena en Chile. Como el gusto, sabor y color, era mayormente preferido por la denominada aguardiente proveniente del mismo valle de pisco, en el Perú, la del Norte Chico también se llamó, oportunistamente, de ese modo produciéndose hasta hoy la controversia.4 Los requerimientos de alimentos eran tales que posibilitaron que en una enorme zona de influencia se organizara la agricultura. Y sobre todo la producción de mulas para el carguío de los minerales. Recuas de mulares cruzaban la cordillera, subían al alto Perú desde las pampas argentinas y desde los valles de Chile, del Chile de ese entonces.

La agricultura de las haciendas de los denominados Valles Transversales ubicados entre la capital de Chile, Santiago, y el desierto de Atacama, Copiapó como ciudad referente, se pudo organizar muy tempranamente gracias a la existencia de un mercado de productos alimentarios y bebidas alcohólicas, caballos, y sobre todo mulas de carga, que demandaban las actividades de Potosí.5

Pero subir al “Cerro”, como se le decía a secas, es también un ejercicio triste. Íbamos en un pequeño microbús arreglado con amplios ventanales por esos caminos endiablados... Con precipicios infinitos. El alma se encogía al ver esa miseria y riqueza reunidas. La explotación más bárbara acometida quizá en empresa alguna de los europeos en América.6 ¿Cuántas personas murieron en esos socavones?, se preguntaba el viajero observador, sin querer ser necesariamente dramático. Era un viaje casi simbólico, un ascenso un tanto chamánico, por la esencia del extractivismo colonial que hizo de América lo que hoy lamentablemente somos. Que instaló una forma de explotar las riquezas mineras con desprecio brutal de la vida humana, hasta hoy.

“Aunque mi amo me mande/

A la mina no iré/

Yo no quiero morirme /

En un socavón”

Dice la canción con fuertes sones africanos. Pero acá fueron indígenas en su gran mayoría, porque decían “los azogueros”,7que así les llamaban a los dueños de las minas, o concesionarios, que los africanos no resistían los casi cinco mil metros de altura. Para eso requerían población altiplánica, aclimatada a las altura.8 Mientras íbamos subiendo miraba con escalofríos por la ventana y con los ojos cerrados se me aparecían los palacios y castillos de España, y, como dice el Arcipreste de Hita, los de toda la Europa a dónde iba a morir la plata y el oro “que nace en América”.

El sistema de mano de obra de Potosí también da escalofríos. Al comienzo se trataba de población esclava propiamente tal. Se la traía de modo forzado de diversas comunidades a las que iban los mineros a hacer redadas. Como vieran que ese sistema no funcionaba y siempre faltaba mano de obra, el Virrey Toledo, Don Francisco, determinó un sistema de “mita”, apoyándose en lo que así se llamaba el sistema de trabajo durante el incanato.

El autor con el director de la Casa de La Moneda en Potosí (Foto de Lorena Ossio).

La mita establecida en Potosí (la “mita potosina”) es una suerte de planificación delirante en que se trató de poner a toda la población indígena del altiplano en función de la explotación minera. Veámosla en detalle siguiendo los estudios de Crespo Rodas.9

Toledo, Don Francisco,10 será el enviado por la Corona a poner orden en el Perú. Como es bien conocido, y no es el tema de este libro, los encomenderos se enfrentaron entre ellos. Primero, en la batalla de Las Salinas, los pizarristas contra los almagristas. Desde Chile viajó el mismo Pedro de Valdivia, quien peleó con los Pizarro de quienes era compañero y asociado. Perdió Almagro y sus huestes. Pero al cabo de un tiempo, Gonzalo y Hernando Pizarro, hermanos de Don Francisco, que había sido asesinado, se volvieron contra el Rey. Mucho se ha escrito y especulado sobre el sentido de esta “rebelión de los encomenderos”. Por cierto que se oponían a las “Nuevas Leyes” dictadas en España que trataban de proteger un poco más a los indígenas y que habían surgido producto de las prédicas del Padre Las Casas. La rebelión pasaba a mayores y en Madrid temieron que se propagara a toda la América. Por ello mandó el Rey a un hombre de su confianza a poner orden. Se llaman por algo las “ordenanzas de Toledo” y hasta hoy, en muchas partes, son la base de la juridicidad de las comunidades y frecuentemente se las saca para conocer el origen de deslindes y límites. Pocas dudas caben que se trató del Virrey más poderoso y activo de todos los que por allí pasaron. Tenía la mano de hierro y su legado ordenó por varios siglos el virreinato.

Quizá uno de los asuntos de mayor complejidad es la idea de comunidad que poseía este Virrey. Provenía, al igual que sus asesores y acompañantes, de los hechos ocurridos en la rebelión de los comuneros de Castilla. Como se sabe y se recuerda en la ciudad de Segovia, los comuneros se levantaron frente al nuevo monarca alemán de nombre Carlos, que no sabía hablar siquiera el castellano y que además por su quijada prognática abultada, los segovianos lo consideraron tonto e incapaz. No lo era tanto como se vio después. Esa idea de comunidad formada por un pequeño caserío, su iglesia (la parroquia), el ayuntamiento (municipio) y los campos de cultivo se trasladó también a América y destruyó completamente la idea de comunidad andina, que, como ha explicado con genialidad John Murra, se desplazaba en las diferentes alturas altiplánicas como un archipiélago. Tanto es así que una misma “comunidad”, o ayllu, tenía locaciones en la costa (en la costa de lo que sería Arica por ejemplo), en los valles, en la puna del altiplano e incluso colonias en la ceja de selva y en la selva misma desde donde venía la coca, como es bien sabido. Don Francisco, con sus ordenanzas, fragmentó a las antiguas comunidades, y las aisló de tal suerte que allí creció la miseria hasta el día de hoy. La reciprocidad andina, o ayni también, permitía que se produjeran intercambios entre los antiguos puestos o colonias de la misma etnia.

Al ver las necesidades de mano de obra y por otra parte la riqueza del Cerro (de Plata), organizó un sistema consistente en 16 provincias que se encontraban a una altura semejante a Potosí. Alas de tierras bajas, valles como Cochabamba, se las dejó como provincias libres. Las 16 se llamaron las “Provincias obligadas”. De esas provincias se estableció una obligación, o mita, que de modo rotativo lograra enviar una cantidad de 13.500 indios anuales a las minas. El famoso Virrey estableció un sistema tal que cada indígena (indio) debía ir —en teoría— cada siete años a Potosí, lo que era considerado por él como muy humanitario. “Revisando los padrones se vio que [para] lograr tales objetivos cada provincia debía despachar al año entre el 15 y 17 por ciento de sus pobladores varones entre los 18 y 50 años (...) por lo tanto un indio iría a Potosí unas cuatro o cinco veces en toda su vida. Cada siete años la mita movilizaría, teóricamente, 94 mil indios”.11

Las cifras siguen dando escalofríos. A esos trabajadores prácticamente no se les pagaba. Había voluntarios, según se los llamaba, que cobraban salario. Los viajes a la mina de los mitayos se debían pagar, pero no se lo hacía o el monto era ridículamente bajo. Se señala que les pagaban cinco pesos por el viaje pero que les costaba nueve, por lo que en la práctica viajaban a su propio coste. Además iban acompañados de mujeres e hijos. Es pesadillesco imaginar esos viajes de miles de personas por caminos de cerros y alturas. Las provincias más alejadas, Juliaca, por ejemplo, las del otro lado del Titicaca, estaban y están lejanísimas, sobre todo para hacer el trayecto a pie. Fue tal que “en 1630 el Rey Felipe IV ordenó se pagara a los trabajadores la mitad de sus jornales por el tiempo que demoraba el viaje de ida y vuelta”. Los horarios de trabajo eran extenuantes: Según las ordenanzas,

los indios debían comenzar a trabajar una hora y media después de la salida del sol hasta su ocaso, con un paréntesis de una hora de descanso al mediodía, (…) sin embargo ninguna de estas condiciones era cumplida por los patrones, aunque ya por sí implicaban condiciones de trabajo duras y agobiantes (…) A mediados del siglo (siguiente) XVII el horario fue reemplazado por una tarea fija a cumplir y consistía en la entrega y producción de una determinada cantidad, que se llamaba “montones” de mineral (…) esa modalidad prohibida expresamente por el Virrey Toledo exigía al trabajador un esfuerzo exorbitante y un mayor número de horas de labor que bajo el antiguo régimen.12

Lo increíble es que los llamados mitayos trabajaban, “vivían” y dormían al interior de los socavones, a oscuras o con velas (bujías) de sebo, “que les daban una por día, lo que no les alcanzaba y debían ‘comprar’ una segunda (...) El mitayo permanecía sin ver la luz del sol, dentro de los socavones del cerro cinco días, salvo, lo que era frecuente, un momento al mediodía del jueves en que salía a la bocamina donde su mujer le llevaba o podía comprar algún alimento caliente”.13

Potosí es la Historia sin fin. Los estudios son muy detallados en materia de los costos que le implicaban al indígena ir a trabajar a la mina. Le pagaban por las 17 semanas, o cuatro meses anuales que teóricamente duraba la mita, 40 pesos y el gasto se calcula en 100 pesos, por lo cual buena parte del costo de mano de obra lo pagaban los mismos indígenas.

Viaje a Huancavelica

La plata, como hemos dicho, se procesaba con la ayuda del azogue o mercurio, proveniente de las minas de Huancavelica, en el Perú. A los procesadores de la plata se los denominaba “los azogueros”. Es un mineral altamente venenoso, que también era extraído inmisericordemente por los indígenas del centro de la sierra peruana, hoy conocida como la sierra india. Para llegar allí se sale del Cusco —con ese ya que con zeta es el modo escritural limeño— en algún vehículo, nosotros lo hicimos en camión con carpa por las lluvias, lleno de gente, ovejas, una llama, y conversaciones en quechua...y se cruza ríos y barrancas, en que es mejor no mirar hacia abajo. Huancavelica se encuentra entre esa capital y Ayacucho y es el paraíso de la pobreza indígena, cuna de insurrecciones, movimientos mesiánicos y todo tipo de violencias como relata en su libro Alberto Flores Galindo14 o como lo fue explicando en sus trabajos Carlos Iván de Gregori. José María Arguedas hace el camino contrario en su libro Los ríos profundos, que significa la profundidad de la cultura por una parte, pero por otra hace referencia a esos ríos extremadamente hondos que cruzan los fondos de los valles con una violencia inaudita. Era tanta la explotación y muerte en esas minas que Felipe Huamán Poma de Ayala señala la necesidad imperiosa de normar esas explotaciones venenosas. Si bien se hicieron algunas reformas, nunca se detuvo la producción y traslado del azogue desde el centro del altiplano hasta Potosí, con el reguero de muertes y envenenamientos.

No es asunto de prolongar las desgracias. Para ello remitimos a los lectores interesados a las fuentes que acá estamos recopilando. Pero las consecuencias de todo esto fueron muchas. Digamos dos: La primera fue que las provincias “obligadas” comenzaron a despoblarse. La gente no solamente moría en las minas, sino que además huía a provincias más alejadas que no tenían esa obligación. Este fenómeno es de gran importancia a la hora de estudiar los pueblos y comunidades indígenas de Bolivia, Alto Perú y buena parte de la zona de influencia de Potosí. Con el tiempo, las ordenanzas de Toledo en estas materias fueron letra muerta y se implementaron sistemas mucho más compulsivos aún y esclavistas. La segunda consecuencia fue la rebelión de Túpac Katari en la segunda mitad del siglo XVIII. Explícitamente, la demanda central del katarismo originario fue la abolición de la mita potosina, y las otras mitas que se habían establecido, principalmente en Oruro. Katari y los “tupacamaristas”, quechuas y aymaras (o aimaras) principalmente estuvieron a un tris de acabar con la ciudad de La Paz, a la que sitiaron durante ocho meses y que estuvieron a punto de inundarla mediante un dique que construyeron en la parte alta de la ciudad, hoy denominado justamente “El Alto”. El proyecto les falló a último minuto.15

“Durante dos siglos y medio, una crecida población de aimaras y quechuas nativos de lo que hoy es la región occidental y altiplánica de Bolivia y el territorio andino del sur del Perú estuvo sometida a un régimen de trabajo forzoso implantado por los españoles. Desde las cercanías del Cusco, desde los bordes del lago Titicaca los indios fueron compelidos a trabajar en las minas y socavones del cerro de Potosí, situado a casi mil kilómetros al sur. A este trabajo obligatorio con remuneración simbólica, se le dio el nombre autóctono de mita, que quiere decir turno o relevo. Además de su extendida duración, lo tipificaban las duras condiciones que suponía, entre las cuales estaba en primer lugar el implacable rigor.16

¿Cuántos indígenas murieron en esas faenas? No es fácil establecer cifras, pero no cabe mucha duda de que son muy altas.17 En 10 de las “provincias obligadas”, el año 1573 Toledo contó 161.095 personas en edad de trabajar. El año 1683 el Virrey “duque de Palata (sic)” contó en esos mismos lugares 93.131 personas. El 43 % de la población o masa tributaria.18

Mariano Moreno, el que va a participar en la Semana de Mayo de la Independencia de Argentina, subió cuando joven a Potosí. Era un joven abogado lleno de lecturas rousseaunianas. “Ocho años después de regreso a Buenos Aires era el secretario de guerra y gobierno e ideólogo de la Primera Junta de Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata”.19

El primero de septiembre de 1811 la Junta dicta un decreto que se inicia con las siguientes palabras: “Nada se ha mirado con más horror desde los primeros momentos de la instalación del actual gobierno, como el estado miserable y abatido de la desgraciada raza de los indios (...) Estos nuestros hermanos que son ciertamente los hijos primogénitos de América son los más excluidos (...) y hechos víctimas desgraciados de la ambición (...) no solo han estado sepultados en la esclavitud más ignominiosa sino que desde ella debían saciar con su sudor la codicia y el lujo de sus opresores”.20

La codicia generalizada de conquistadores, empresarios, monarcas y burócratas fue de tal suerte que en Potosí solo queda la miseria más grande. La Casa de Moneda es un enorme recinto que hoy ha sido transformado en un “hermoso” museo. Recuerda en silencio las cantidades de plata que exigía la Corona como impuesto, que se denominaba “el quinto”, y se enviaban a España.21

Potosí es clave en la llamada “acumulación originaria” de la cual nos habla Carlos Marx en El capital.22 La cantidad de plata (metálico) que ingresó a Europa condujo a que se propagaran las monedas, esto es, el circulante, asunto determinante para el fomento y desarrollo del capitalismo. Esta perversa relación pocas veces se observa, y es de una evidencia enorme. Hay numerosos cálculos realizados, pero ninguno de ellos pareciera hoy por hoy suficiente y fruto de una metodología aceptable. Es una tarea por realizar.

Subir al Cerro de Potosí provoca espanto finalmente. Ver los socavones donde aún se mete gente a sacar lo poco y nada que queda de la plata, con riesgo permanente de su vida y en condiciones horribles. Al escribir estas crónicas se me pone la piel de gallina. Mirar desde la cumbre, donde obviamente hay un Cristo, las cordilleras y cerros que se pierden a la vista es espectacular, y permite pensar —y quizá llorar— en las contradicciones de esta conquista interminable de los indios de las Américas.

Posdata: Minería, muerte y carnaval

¿Cómo comprender esta relación estrecha entre la vida en los socavones, la muerte que anda rondando por todos lados y esos carnavales gigantescos que desde muy temprano comenzaron a ocurrir en esas minas? Los primeros observadores de Potosí relatan las fiestas de Carnaval, e incluso hay en el Museo de La Moncloa, en Madrid, un enorme cuadro que muestra las cofradías con sus vestidos trajes, cubiertas de “armiño”; en fin, música en que se combinaban los pífanos incásicos con los sonidos de los instrumentos que llegaban de España, sobre todo los bronces de las bandas. A Oruro fuimos hace años a carnavales. Salimos en tren desde Antofagasta, llegando a la frontera en Charaña y de ahí en un moderno bus carril hasta el mineral donde se iban reuniendo cofradías de todas partes del altiplano. Oruro es un centro minero de enormes dimensiones a una altura de más de cuatro mil metros y se celebra el carnaval más impresionante de América del Sur, solo comparable al de Río de Janeiro en su grandeza pero totalmente diferente en su significado.

Las enormes “diabladas” van bailando al ritmo de sus bombos, cajas, trompetas, grandes tubas, y dando saltos con sus máscaras y trajes llenos de oropeles, mediante lo cual honran a la “Virgen del Socavón” y a otras “Huacas”, también a un “sapo”, de complejos significados, sincretismos y combinaciones culturales. No es casualidad que en el mundo minero de Bolivia, Perú y Chile los carnavales y festividades religiosas sean tan importantes. En Andacollo, a 490 kilómetros al norte de Santiago, hay testimonios muy antiguos de los bailes “chinos” que ahí hasta hoy se producen cerca del día de Navidad para conmemorar a la Virgen. En La Tirana, cerca de Iquique, se congregan cofradías del mundo antiguo del salitre, de las minas de todo tipo que en esos desiertos constituyen la única actividad.23

Las explicaciones de esta relación entre explotación minera y carnavales son relativamente fáciles de imaginar. El lector ya podrá pensar en diversas alternativas propias del ser humano. Un minero de Andacollo nos decía un día lo siguiente: “... si tú estás dentro de la mina, dentro del socavón, tienes que creer en algo, por ejemplo la Virgen de Andacollo, y tienes que tener la esperanza de que vas a salir de allí y pasarás unos días bailando, bebiendo, rezando también, para así poder tener esperanza de volver al año siguiente”.

Bibliografía vivida (1)

Las ideas de este primer capítulo y de este libro en general tienen su origen en una enorme bibliografía del mundo andino especialmente. En muchos casos tuve la suerte de compartir con algunos de sus autores e incluso ser amigo de ellas y ellos. A Thierry Saignes lo conocí en casa de Olivier Dolfus, quien nos invitó a comer y conversar. Fue una larga noche de escuchar sobre todo. Posteriormente nos vimos varias veces. Lo leí por cierto. Murió de la manera más atroz. Fue asaltado y asesinado en las ruinas de Tiawanaco, o Tiwanaco, mientras sacaba fotos. Trataban de robarle la máquina fotográfica. Hoy es ampliamente reconocido como uno de los que cambiaron la mirada del mundo andino. A Silvia Rivera Cusicanqui la conocí en Colombia cuando ella estaba en ese país exiliada. Nos invitaron posteriormente a Buenos Aires a una reunión organizada por la Unesco, en que dimos la nota discordante. Los asistentes no sabían nada de nada, y presumían de su ignorancia y falta de respeto por la cuestión indígena. Decidimos abandonar el seminario que se realizaba en la solemne aula magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, y nos fuimos al cine a ver La historia oficial, que se estrenaba en esos días. Lloramos demasiado con esa historia que sigue hasta hoy repitiéndose por la perseverancia de las “Abuelas” en encontrar a sus nietos secuestrados por la dictadura. Con Silvia hemos mantenido esa larga amistad. Olivia Harris, querida y respetada antropóloga inglesa, se acercó después de una charla que había dado y me regaló la primera edición inglesa de Comunidades imaginadas, de Benedict Anderson. Como se sabe, él mismo cambió muy profundamente la segunda edición, sobre la que se hizo la traducción española. Olivia hizo viajes con caravanas por el altiplano, siguiendo pistas de parentescos que parecían perdidos. Tuve la enorme suerte de estar en varias oportunidades y sobre todo escuchar a John Murra, leer todo lo que pude y apreciar su enorme calidad humana e intelectual. Conocí también en un par de reuniones a Rolena Adorno, con quien Murra transcribió y publicó a Huamán Poma. Siempre he tenido que optar entre estas transcripciones y la de Franklin Pease, a quien frecuenté mucho, escuché y leí en el tiempo en que estuve de profesor en la Universidad Católica del Perú. Ellos me llevaron a conocer muchas de las fuentes que hay sobre estos tiempos y asuntos, las visitas, las crónicas y en especial saber algo sobre el tema de Potosí, en particular las llamadas “Disposiciones” del Virrey Toledo y la “Tasa” que fue publicada el año 1975 por Sherburne Cook en la Universidad de San Marcos de Lima. A Sempat Assadourian lo escuché primeramente en la Universidad Católica de Chile, ya que estaba exiliado de Argentina y trabajaba en el CIDU que quedaba al lado de la oficina que ocupaba yo en el CEA. El primero era el Centro de Investigaciones Urbanas y Regionales y el segundo el Centro de Estudios Agrarios. Después tuve la suerte de topármelo en México y luego en el CEUR del Di Tella en Buenos Aires donde yo estudiaba. Por cierto que no puedo señalar toda la bibliografía que se ha ido acumulando en tantos años sobre estos fascinantes asuntos. Con Xavier Albó mantuvimos una conversación permanente, erudita y dispersa, de la que di cuenta en el primer tomo de estas CrónicasAmerindias:Viaje a Caral, en un capítulo especial y ciertamente un homenaje, que titulé “Conversaciones en Copacabana”. No puedo saber cuánto aprendí de este gran intelectual boliviano.

1 Fuimos Invitados por Lorena Ossio, del Max Planck Institute de Frankfurt, a un seminario en la ciudad de Sucre y allí viajamos a Potosí donde subimos el Cerro Rico y luego nos atendieron en la Casa de Moneda.Agradezco a quienes allí nos recibieron con tanto cariño.

2 Con el tiempo laAudiencia de La Plata, hoy la ciudad de Sucre, pasó de ser parte delVirreinato del Perú al de BuenosAires o del Río de la Plata.Al llegar la Independencia recordemos, lo que hoy es Bolivia pertenecía a eseVirreinato y no como se dice a veces erróneamente al del Perú, aunque fuese conocido como elAlto Perú o Charcas. Había tres audiencias, la principal la de La Plata, la de La Paz y la de Santa Cruz, los tres ejes de la colonización, siendo La Plata hoy Sucre la de mayor importancia. Es por ello que desde BuenosAires se enviarán dos expediciones a la sierra a tratar de incorporarlos a la Independencia. La primera y la segunda, al mando de Manuel Belgrano, van a fracasar con gran cantidad de víctimas. Nombrado San Martín jefe de la tercera expedición, se niega a hacerlo y decide que el camino a Lima es por Chile y el Pacífico. Fuera de los textos clásicos que estamos utilizando, las primeras crónicas y sobre todo los escritos indígenas, en esta parte seguiremos muy de cerca el libro Fragmentos de la Patria. Doce estudios sobre la historia de Bolivia, del historiador bolivianoAlberto Crespo Rodas (Plural 2010. Edición de Clara López Beltrán). Es un libro extraordinario de artículos dispersos de este gran historiador. Lamentablemente el título no dice lo que contiene, ya que el concepto de Patria, primero, no es usado por el autor y, segundo, la mayor parte del libro se refiere a un tiempo en que Bolivia no existía como tal. Lo de Patria además es bien polémico como concepto y por muchos, entre ellos quien escribe acá, de poco interés y más bien desechable. Sobre todo en un país con tal cantidad de población indígena. Para quienes no lo saben, Plural es una extraordinaria editorial boliviana, con sede en La Paz y en Cochabamba donde adquirí este libro.

3 Carlos SempatAssadourian dedicó buena parte de sus investigaciones a analizar la influencia de Potosí en los territorios del sur deAmérica. Sostiene:“Mientras la región de Córdoba presentaba en el siglo XVII una producción mercantil totalmente enfilada hacia un mercado cuyo eje era Potosí, la zonificación política conocida como Capitanía General de Chile mostraba ciertos intercambios en su interior (la producción agraria de la región Central circulaba hacia la región Sur, la Frontera, y hacia el llamado Norte Chico), pero el grueso de su producción mercantil tenía como mercados principales los distritos mineros de Charcas y el gran centro urbano de Lima. Incluso pude cuantificar estos flujos para la segunda mitad del siglo XVII, utilizando los libros de Contaduría y delTribunal del Real Consulado de Santiago.Ver: Carlos SempatAssadourian. El sistema de la economía colonial. Mercado interno, regiones, y espacio económico. Instituto de Estudios Peruanos. Lima. 1982. En este libro se reúnen varios artículos publicados en diversas revistas, el más conocido en Revista EURE, del Instituto de Urbanismo y estudios Regionales CIDU, de la Universidad Católica de Chile.

4 El mismo Sempat analiza el comercio del vino y aguardientes que se formará en torno a la demanda de Potosí. La zona de Pisco, Ica y la costa peruana será la de mayor importancia hasta el terremoto que como bien se sabe afectó la agricultura de esas regiones. La zona de Mendoza, con menos auge y la del Norte Chico chileno. El terremoto de mitad del siglo XVII provocó el auge de las exportaciones agrícolas de los valles del lado chileno, fue el primer ciclo triguero exportador.“A partir del terremoto de 1687, un complejo encadenamiento de situaciones corta por la base la larga prosperidad triguera de los valles graneros de Lima, los cuales comienzan a adquirir esa fisonomía tan particular que dan las plantaciones de la caña de azúcar. Una apertura tan limpia y radical del más importante mercado cerealero del conjunto regional difícilmente podía ser capturado por la producción de la Sierra, que al bajo rendimiento de sus tierras agregaba los onerosos gastos del acarreo por caminos de montaña. Instalado el angustioso vacío, el Reino de Chile inicia un giro acelerado en la conversión de su estructura productiva, y ya para 1695 (nótese la rapidez del cambio: ocho años) cuantiosos excedentes de trigo navegan a Lima desdeValparaíso, La Serena y Concepción”. Por su parte junto con Lima las minas serán el centro de las demandas alimentarias y alcohólicas:“La sola demanda de Potosí ya ofrece una idea acerca de la magnitud de los mercados mineros: cifras de 1603 calculan para laVilla Imperial una importación anual de 50.000 fanegas de maíz y más de 90.000 fanegas de trigo” (Assadourian, op. cit. pág. 148). Sobre el impacto del terremoto de Lima en la agricultura chilena se puede ver de este autor: Historia rural del Chile central. Lom Ediciones. Santiago. 2010,Tomo I.

5 Fue tal el comercio de mulas y animales de carga que el gobernador Óñez de Loyola, al borde del 1600, prohibió su producción y exportación a Potosí, ya que ponía en peligro la crianza de caballos que eran determinantes para la guerra deArauco. Las haciendas de los valles del llamado Norte Chico,Aconcagua, Illapel, Elqui, Copiapó, se organizaron y crecieron por la existencia de estos mercados potosinos.Ver detalles de este asunto en el libro del autor. Historia de los antiguos mapuches del sur. Editorial Catalonia. Santiago.Varias ediciones.

6 El viajero que ha ido a la Oroya en lo que fue la mina de Cerro de Pasco, se encuentra con enormes montañas de escombros y relaves de minerales extraídos a tajo abierto. Lo mismo ocurre con las antiguas oficinas salitreras en el norte de Chile, o en minas como Caracoles también de extracción de plata. La diferencia espeluznante es que en Potosí son cuevas estrechísimas, donde para sacar a los muertos había que tirarlos con cordeles desde los pies. Cada historia es más inau­dita. El mundo de Cerro de Pasco ha sido relatado de manera maravillosa por Manuel Scorza, en su serie de novelas, Redoble por Rancas, Historia de Garabombo el invisible, Cantar deAgapito Robles, y muchas más que forman la serie denominada La guerra silenciosa.

7 Al comenzar las explotaciones de plata de Potosí se utilizaba el método de fundición, ya que la ley del mineral era muy rica. Con el tiempo se utilizó un nuevo método consistente en una aleación con mercurio, que permitía abaratar costos y sacar mejor y más mineral.A ese metal se lo denominaba azogue y de allí el nombre de azogueros a los empresarios de la plata. El azogue se producía en las minas de Huancavelica en el centro del Perú. Eran trasladados hasta el puerto de Ica y de allí en barco aArica, desde donde se subía nuevamente al altiplano en caravanas de mulas y a veces de llamas. Huamán Poma deAyala tiene páginas duras sobre esas minas de azogue, ya que producían la mortandad más grande de indígenas.“Esta villa de Oropesa, la rica de Guancabilca (Huancavelica), mina de azogue, el cual en tiempo de don Francisco deToledo (Virrey del Perú) se fundó (...) y que los principales pidieron justicia de cómo se acaban los indios de su jurisdicción de las dichas minas (...) y se acaban los indios en los pueblos y se quedan solas las indias...”, y respecto de las recomendaciones de buen gobierno señala“que los dichos indios deben entrar a las dichas minas de azogue, de once indios por ser peligroso y de que se mueren muchos indios (...) como tengo dicho que a las minas y socavón han de entrar un indio un día y no más y no entren más hasta que se vayan a sus pueblos, asimismo al horno del azogue ha de cocer una vez y no entre a más...”. Huamán Poma deAyala. Nueva crónica y buen gobierno. Página 732 delTomo II de la edición de Franklin Pease del Fondo de Cultura Económica. México y Lima 1993.

8 Hay algunos estudios de antropología física que han tratado de analizar si esta afirmación es verdadera o no. Han llegado a la conclusión en estudios aymaras que efectivamente la capacidad pulmonar y respiratoria es mayor en estos habitantes de alturas que en otros de valles o menor altura.

9 Ver también el libro de Paula Zagalsky. Obedecer, negociar y resistir.Tributo y mita indígena en Potosí. Siglos XVI y XVII. Banco central de reserva del Perú. Instituto de Estudios Peruanos. Lima Marzo de 2023. La autora hace un trabajo muy minucioso de los sistemas de trabajo y en particular llama la atención de lo que fue la Federación Qaraqacara, antes y después del impacto colonial. Habría sido una alianza muy amplia de comunidades, que trató de atemperar el sistema de mitas obligatorias y extenuantes que impusieron los conquistadores, y sobre todo elVice Rey, Francisco deToledo, personaje clave en la re organización del mundo andino, como se verá en el texto.

10 Toledo el virrey que va a reorganizar la colonia enAmérica del Sur va a escribir acerca de la“teoría del señorío injusto” y va a escribir una cantidad de invenciones sobre el carácter tiránico de los Incas. Decía que los Incas tenían tiranizado al pueblo y que por lo tanto la presencia hispánica era la que iba a liberarlos. Fueron teorías justificadoras, en el sentido de tener una ideología que legitimara la conquista que se estaba haciendo, frente a los señores injustos, tomados por el demonio. He sido invitado en dos oportunidades a seminarios en Bolivia acerca de esteVirrey y sus“ordenanzas”, asunto histórico determinante a la hora de comprender la cuestión indígena en estas partes del sur deAmérica. En el contexto toledano llegará a Chile Ginés de Lillo, quien también viene con el mandato de ordenar y hacer“ordenanzas”. Es en ese contexto en que las antiguas encomiendas del valle central se van a transformar en estancias y haciendas.Ver nuestra obra: Historia rural de Chile central, donde abundamos sobre este asunto.

11 Rodas. Op. cit., página 63.Toledo hizo el primer repartimiento el 1 de abril de 1573 con 3.733 indios.

12 Idem, página 65 y ss.

13 Idem, página 66.

14 Alberto Flores Galindo. Buscando un inca. Lima. 1986. Este es un libro clave en la historiografía peruana. El autor (“Tito Flores”) va mostrando el modo como a lo largo del período llamado colonial y luego el republicano se produjeron numerosísimas insurrecciones en la sierra sobre todo, con la idea de recuperar el incanato perdido. Lo curioso que destaca el autor es que muchos de esos pueblos habían estado sometidos y a veces duramente dominados por el Inca y sus señores cusqueños. Con el tiempo fue cambiando la visión delTawantinsuyo y se transformó en un sueño utópico. El concepto un tanto mesiánico de pachacutec, o nueva era, está muy presente en las culturas andinas, incluyendo en ello también la mapuche.

15 Ver deAlberto Crespo Rodas, en la obra citada,“La rebelión deTúpac Katari”.

16 Op. cit., página 59.

17 Los frailes se conmueven ante las víctimas de la guerra, pero al mismo tiempo ven en la sangre derramada el líquido bendito que va a permitir cristianizar el nuevo mundo.Aquí hay una tesis que la toma de cierta manera la teología de la liberación hasta el día de hoy, que el holocausto indígena fue algo así como la crucifixión de Cristo en el nuevo mundo; es decir, que la sangre derramada de los indios es lo que va a purificar este continente y lo va a convertir en un continente santo: el pueblo americano es un pueblo santo, un pueblo limpio y esa limpieza se produjo por la sangre derramada. Esta idea maldita sin duda y falsa está en el inconsciente de muchas de nuestras culturas, por ejemplo del modo como se construyó la llamada“Patria”; en Chile por la sangre derramada; el derramar sangre provoca fundación, es la idea de sacrificio. Se dice en los textos escolares, y otros no tan escolares, que el rojo de la bandera chilena obedecería a la sangre araucana.

18 Op. cit., página 150. El autor se abre a la posibilidad de que haya habido pestes que ayudaron a diezmar la población a la mitad.

19 Carlos Constela. Defensoría de indios. Editorial.Astrea BuenosAires. 2022. Página 106.

20 Op. cit., página 107. En la mayoría de los nuevos países o naciones que venían independizándose de España surgieron discursos pro indígenas de esta naturaleza y decretos o legislaciones de ciudadanía, así los denominamos, en que se les otorgaba plena ciudadanía a los indígenas. En Chile, en 1813 tenemos el decreto de Juan Egaña que es muy conocido y en el mismo tono. Egaña, al igual que Moreno, era lector de Rousseau.Ver nuestro libro: La emergencia indígena enAmérica Latina. Fondo de Cultura Económica.Tercera edición ampliada. Santiago de Chile. 2007.

21 En 1810 se produce la Primera Junta de Gobierno en BuenosAires y un ejército es enviado alAlto Perú,“derrotando en la batalla de Suipacha a los realistas. De esta forma, el 25 de noviembre los ejércitos libertadores ingresaron a Potosí, ciudad que dos semanas antes había depuesto al gobernador español formando una nueva junta patriótica de gobierno”. La ocupación de laVilla Imperial de Potosí duró poco y a fines el 1811 Pueyrredón debió abandonarla.Arnaldo Cunietti-Ferrando. La Casa de Moneda de Potosí durante las guerras de la independencia. Potosí. 2016. Pp. 17 y ss. Estos textos son fundamentalmente de numismática; esto es, catálogos de monedas para los coleccionistas. Fue un gentil regalo del autor.

22 En el Capítulo 24 del primer tomo de El capital, Marx escribe uno de sus textos de mayor calidad literaria, histórica y política de su enorme obra. Comienza ironizando con la“así llamada acumulación originaria” y comparándola con los orígenes bíblicos del pecado del cual no se debe hablar.Y consiste —en sus palabras—“en el robo y latrocinio extremo que permitió que hubiese por una parte riquezas que se podrían transformar en capital y trabajadores, ex campesinos, en nuestro caso, ex indígenas, que se podrían transformar en proletarios”. Esa relación dialéctica es justamente lo que Marx denomina