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¿Cuál es el hilo conductor en la historia de Abrahán? Respuesta: la evolución del personaje. Abrahán es elegido, llamado y acompañado por YHWH. Abrahán comete errores y lleva a cabo actos sublimes. Por eso es ejemplar. La lectura que proponemos sigue el texto paso a paso, tal y como ha llegado hasta nosotros. Abrahán es quizá el primer ejemplo de creyente que acepta perder todo y que, paradójicamente, gana todo, para felicidad suya y de la humanidad.
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Seitenzahl: 131
Veröffentlichungsjahr: 2017
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Portada
Prólogo
Portadilla
Introducción
I – Prólogo. Una llamada a la vida en un contexto de muerte (Gn 11,27–12,4)
El punto de partida (11,27-32)
Una llamada tajante (12,1-5)
Conclusión
II – Primeros pasos (Gn 12,5–15,21)
Un comienzo difícil (12,5-20)
Avances alentadores (13–15)
Conclusión
III – Avances significativos (Gn 16–19)
Nuevo paso en falso: Agar (Gn 16)
Correctivo divino: la circuncisión (Gn 17)
La aparición en el encinar de Mambré (18,1-15)
La justicia de Abrahán (Gn 18,16-32)
El castigo de Sodoma y de las ciudades de la zona (Gn 19)
Conclusión
IV – Hacia la madurez (Gn 20–22)
Un paso decisivo: Abimélec (Gn 20)
Consecuencias de un ajuste decisivo (Gn 21)
La «des-atadura» (Gn 22)
Conclusión
V – Asegurar el futuro (Gn 23,1–25,11)
Una propiedad en el país (Gn 23)
Rebeca (Gn 24)
Últimos años y muerte de Abrahán (Gn 25,1-11)
Conclusión
Para concluir
Para saber más
Lista de recuadros
Créditos
CB 179
«Abrahán, mi amigo», así es como Dios califica al patriarca según el profeta Isaías (41,8). La carta de Santiago retoma la expresión (2,23) y el Corán la adapta (sura 4,125). Al-Khalil, ‘el amigo’, en árabe, es, además, el nombre con el que se denomina su «tumba» en Hebrón, lugar de veneración tanto para los judíos como para los musulmanes. Sin embargo, allí, en torno a su mismo padre en la fe, unos y otros se encuentran actualmente divididos y enfrentados.
En el libro del Génesis, mientras que la historia de Jacob y de sus doce hijos presenta una intriga compleja pero unificada, la de Abrahán parece tejida de episodios independientes. Al final, se esboza un itinerario. André Wénin, el autor de este cuaderno, nos hace entrar en este itinerario, personal y humano. De no haberlo titulado así en su comentario publicado en otoño pasado (véase más abajo la biografía del autor), nosotros habríamos titulado este cuaderno «El aprendizaje del despojamiento».
A partir del momento en el que el Señor se lo arranca a la familia paterna: «¡Sal!» (Gn 12,1), Abram —que es su nombre por ahora— sufre numerosas pruebas. Al final, tras deambular de desposesión en desposesión —de sí mismo, de sus afectos e incluso de sus bienes—, el narrador no podrá sino escribir: «Abrahán murió tras una feliz vejez, anciano, colmado» (Gn 25,8). A. Wénin subraya que no es necesario añadir «... de días» (véase nota), porque la paradójica plenitud que se le atribuye supera —y con creces— la longevidad.
Hace treinta años se dedicó un Cuaderno Bíblico a la figura de Abrahán1. Se centraba en estudiar la evolución de las tradiciones sobre el patriarca, algunas de las cuales, se pensaba entonces, se remontaban a David. Si bien algunas de las conclusiones teológicas siguen siendo atractivas y acertadas, en vista de las recientes investigaciones sobre el Pentateuco, estas teorías están actualmente cuestionadas. Dejando intencionadamente de lado el campo de la historia de la redacción, A. Wénin ha optado por «dar su oportunidad al texto tal y como nos lo ha legado la tradición judía» para así «mostrar la coherencia de este extenso relato, más allá del carácter compuesto que no pretende negarse» (p. 5).
GérardBILLON
AndréWénines doctor en CienciasBíblicas (Instituto Bíblico de Roma). Enseña Exégesis del Antiguo Testamento y Lenguas Bíblicas en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Lovaina la Nueva. Es asimismo profesor invitado de Teología Bíblica del Pentateuco en la Universidad Gregoriana de Roma y autor de varios números de Cuadernos Bíblicos: Samuel, juez yprofeta (n. 89), El libro de Rut (n. 104), La historia de José(Gn 37–50) [n. 130]. Una vez especializado en narratología o estudios de los relatos, trabaja pacientemente en un comentario del Génesis. Ya se han publicado dos volúmenes: D’Adam à Abraham ou les errances del’humain. Lecture de Genèse 1,1–12,4 (2007) y Abraham oul’apprentissage du dépouillement. Lecture de Genèse 11,27–25,18 (2016).
1 Matthieu COLLIN, Abrahán, CuadernoBíblico n. 56, 1986.
La historia de Abrahán es de carácter heterogéneo, pero su hilo conductor es sencillo: se trata del personaje mismo y de lo que llega a ser en su relación con YHWH. Dios, YHWH, lo llama para ser el protagonista de un proyecto de bendición para todos y le educa poco a poco. Nuestra lectura sigue la lenta evolución de Abram que deviene Abrahán. Se dedica a estudiar la construcción del relato tal y como ha llegado hasta nosotros. A veces, asume el riesgo de explicitar el contenido de las elipsis apoyándose en los datos del texto. Y, finalmente, trata de afrontar el desafío de la interpretación.
ANDRÉWÉNIN
Comparado con el resto de la historia de los patriarcas en el libro del Génesis, el «ciclo de Abrahán» es, aparentemente, el menos unificado. El relato de Jacob está estructurado por sus desplazamientos: de Canaán a Aram (Gn 28) y retorno (Gn 31–32), y, después, el viaje a Egipto (Gn 46,1–47,12). Su coherencia interna se teje sobre todo gracias a tres tramas narrativas, dos de las cuales se entreveran. El primer gran viaje se inscribe en el contexto de las complicadas relaciones de Jacob con su hermano Esaú, y proporciona, a su vez, un marco también muy turbulento con su suegro Labán.
En el contexto de estas dos relaciones que, por lo demás, no carecen de analogía, él obtiene fraudulentamente la bendición, que se concreta posteriormente en una familia numerosa y en rebaños abundantes, antes de compartirlos con Esaú al volver a Canaán (33,10-11). Después, las relaciones cada vez más complicadas entre Jacob y sus hijos toman el relevo y proporcionan el marco de la bajada del clan a Egipto, una de las principales peripecias de la historia de José. Esta, vinculada así a la gesta de Jacob, está aún más unificada, ya que las aventuras de José en Egipto (Gn 39–41; 46,13-27; 50,1-14) son el trasfondo de una intriga que relata la evolución de las relaciones en la familia de Jacob, desde la crisis inicial (Gn 37) a su resolución final (Gn 50,15-26)2.
Con relación a esta saga, la historia de Abrahán está mucho más descosida. Para numerosos exégetas, está compuesta de episodios cuya mayor parte son independientes unos de otros. Las numerosas repeticiones en el ciclo lo delatarían: dos veces entrega Abrahán a Sara a un rey extranjero; Dios hace con él dos alianzas; Agar deambula dos veces por el desierto; el nacimiento de Isaac es anunciado en dos escenas que tienen muchos puntos en común; los dos hijos de Abrahán son sucesivamente salvados de una muerte inevitable, etc. El vínculo entre estos episodios es más bien tenue. Se trata de las dos promesas que Dios repite a Abrahán con regularidad, la relativa a una tierra y la relativa a una descendencia numerosa, promesas que llegarán a estar lejos de cumplirse en el momento de su muerte.
Esta perspectiva sobre de la historia de Abrahán es habitual. Procede del estudio histórico de Gn 12–25. Atenta a las repeticiones, pero también a las tensiones, a las contradicciones y a otras incoherencias del texto, la considera un patchwork. Al resaltar las torpezas de los cosidos que unen las piezas entre sí, examina individualmente cada una de ellas, intenta reagruparlas y busca comprender cómo se han dispuesto y cosido, con el objetivo de reconstruir en lo posible la historia del texto. Este trabajo debe hacerse y no faltan actualmente autores que se entregan con pasión y competencia: sus trabajos son valiosos y útiles (véase recuadro «Formación del ciclo de Abrahán»).
Los exégetas admiten actualmente que el Abrahán bíblico es un personaje de leyenda y que querer encontrar un personaje histórico a partir de los textos de los que disponemos es una empresa condenada al fracaso. Las primeras huellas fechables del personaje se remontan como mucho al exilio en Babilonia: Ez 33,24 e Is 51,2 aluden a él como un antepasado de Israel, vinculado a la posesión de la tierra y a una descendencia numerosa. Esto nos permite imaginar que, por esta época, existía una primera historia de Abrahán basada, sin duda, en tradiciones preexílicas. Pero resulta difícil decir algo más.
No cabe duda de que la historia de la composición del ciclo de Abrahán en el Génesis es compleja. En su curso en el Collège de France (2008-2010), Thomas Römer formulaba la siguiente hipótesis que presentamos como ejemplo3:
En los siglos VIII y VII a.C., en la región de Hebrón circulaban algunas historias sobre un rico propietario de ganado menor llamado Abrahán.
Estas historias se reunieron en la época babilónica (mediados del siglo VI). Abrahán es un personaje de Canaán al que recurren los judeos que no habían sido exiliados para justificar su derecho a la tierra. El documento está formado por una primera versión compuesta por 12,10-12; 13; 16; 18,1-6; 19 y 21. La mayor parte de estos relatos fueron retocados posteriormente.
A comienzos de la época persa (538-333), los sacerdotes componen la historia de los orígenes del mundo y de Israel, que incluye una historia de Abrahán centrada en la alianza de la circuncisión (Gn 17), el nacimiento de Isaac (Gn 21,1-5) y la compra de un campo en Macpelá (Gn 23). El personaje tiene un origen mesopotámico y se convierte en el símbolo de los que regresan del exilio babilónico.
Aquel que Römer llamada el «redactor universalista» combina los textos existentes en un solo documento e introduce modificaciones. Abrahán es un verdadero creyente, un modelo de obediencia: parte sin dudar cuando lo llama Dios (Gn 12,1-4) y se muestra dispuesto a sacrificar a su único hijo (Gn 22). También es llamado a enseñar la Ley (Gn 18,17-33). Se pone en paralelo con Jacob (mismo itinerario en Gn 12 y 13). La composición puede fecharse en época persa.
Otros textos más tardíos (Gn 14; 24) acabarán añadiéndose a este documento, sin duda todavía en la época persa. El más reciente de ellos es el capítulo 15, donde encontramos una especie de resumen de toda la Torá. Quizá forma parte de una redacción final.
Sin embargo, puede suceder que un patchwork bien hecho sea una obra armoniosa agradable a la vista. Para verla hay que tomar perspectiva y darse tiempo para considerar el conjunto, dejar que los motivos y los matices se respondan, adivinar los diálogos que permiten los contrastes, y dejarse sorprender por los improbables ecos ricos de sentido. Una unidad puede entonces aclararse poco a poco, fruto a la vez de la obra y de aquel que la contempla con una mirada desconcertada pero benévola inicialmente, intrigada después, sorprendida, a continuación, y quizá incluso maravillada. Tal es la historia de Abrahán, a mi vista.
Ver esta historia de esta manera supone, evidentemente, que aceptemos dejar de lado el paradigma histórico, para dar su oportunidad al texto que nos ha legado la tradición judía, y que tomemos una suficiente perspectiva para considerar el conjunto del relato que se nos cuenta. Esto es lo que quisiera intentar en las páginas que siguen, a saber, mostrar la coherencia de este largo relato, más allá de su carácter heterogéneo, por otra parte, evidente, que no pretendemos negar y que nos recuerdan las variaciones de lenguaje, a veces muy claras, que existen entre un episodio y otro.
Si el hilo conductor de la historia de Abrahán es poco visible, ¿no se debe a que «salta a la vista»? Desde el comienzo, cuando Abram recibe la orden de dejar «la casa de su padre» (Gn 12,1), hasta el final, cuando el padre en que se ha convertido es invitado a renunciar a su hijo (22,1-2), YHWH4 no deja de acompañarlo paso a paso, con el objetivo de llevar a cabo para él lo anunciado al principio: «quiero hacer de ti una gran nación, bendecirte y engrandecer tu nombre» (12,2a). A lo largo de la aventura, en efecto, YHWH interviene. Mediante órdenes e instrucciones, anuncios y promesas, acciones y diálogos —pero también a merced de resistencias y frenos de todo tipo—, lleva a Abrahán a renuncias sucesivas, de manera que la codicia y el deseo de control no constituyan un obstáculo para la bendición prometida y de la que él ha aceptado, de entrada, actuar de intermediario para «todos los clanes de la tierra» (12,3b). De esta manera, este relato consigue su coherencia no de una crisis o de un problema que debe resolverse, sino de la relación que Dios teje pacientemente con Abrahán y de la evolución que este experimenta en este contexto hasta la confirmación definitiva de la bendición (22,16-18) y de su realización, atestiguada en 24,1: «Abrahán era un anciano muy entrado en años, y el Señor le había bendecido en todo» (véase también 24,35-36a).
Cuando el hilo conductor de un relato es poco visible, su estructura no aparece con claridad. Tal es el caso del relato de Abrahán. Podrían proponerse varias organizaciones. La que sugerimos aquí se basa en una repetición observable por todo el relato. A intervalos regulares, en efecto, se constata el regreso a escena del personaje de Sara en los episodios que relatan una crisis o al menos constituyen un momento delicado en la relación entre ella y Abrahán. Estos pasajes son, además, la ocasión de progresos significativos para el patriarca, en su mayor parte gracias a las intervenciones divinas.
1. La esterilidad de Saray (11,29-30) constituye el trasfondo de la llamada que YHWH hace a Abram a partir para convertirse en «una gran nación» (12,1-3). Es una especie de prólogo.
2. Una primera gran crisis acontece en Egipto, donde Abram entrega su mujer al faraón y donde YHWH interviene para sacarlos del callejón sin salida (12,10-20).
3. Otro momento delicado: Saray pide a Abrahán que se una a Agar para que le dé un hijo (16,1-6); en este caso también, la acción de YHWH, primero con relación a Agar (16,7-14), y, después, con relación a Abrahán (17), se muestra determinante.
4. De nuevo es la intervención de YHWH, con relación a Abimélec en esta ocasión, la que permitirá que la segunda mentira de Abrahán sobre Sara encuentre una salida satisfactoria para todos (20).
5. Finalmente, después de la última bendición (22,16-18), la muerte de Sara ofrece a Abrahán la oportunidad de comprar una propiedad en el país que será dado a su descendencia (23,1-2).
Esta guía de lectura se basa en un estudio realizado con las herramientas del análisis narrativo. Es evidentemente imposible exponer el análisis con toda la precisión que requiere este método —sobre los detalles remito a mi obra Abraham ou l’apprentissage du dépouillement (Le Cerf, 2016)—.
Aquí, se trata de mostrar cómo se desprende un sentido del relato, considerado como un todo, y proporcionar, así, las claves para leer la historia de Abrahán en su conjunto. Ahora bien, como ya he dicho, en Gn 12–25 los episodios se yuxtaponen a menudo y los nexos entre ellos raramente son explícitos. El enfoque narrativo deberá, por tanto, esforzarse en detectar las dinámicas profundas que se presentan a un nivel poco perceptible en una primera lectura, pero que construyen la coherencia del relato en torno a lo que se juega en el seno de la relación entre YHWH y Abrahán. Como todo relato de naturaleza o de apariencia fragmentaria, la historia de Abrahán espera, por consiguiente, un lector que asuma el riesgo de rellenar las elipsis apoyándose rigurosamente en los otros datos proporcionados por la narración, un lector que afronte el desafío de la interpretación.
Independientemente del carácter altamente ficticio de la historia de Abrahán, los lugares donde se sitúan los hechos corresponden a una geografía conocida, al menos en lo esencial.
2 Veéase Corinne LANOIR, Jacob,elotroantepasado, CuadernoBíblico n. 171, 2016, y André WÉNIN, LahistoriadeJosé(Génesis37–50), CuadernoBíblico n. 130, 2004.
3 Para los detalles, véase https://www.college-de-france.fr/site/thomas-romer/course-2008-2009.htm (pp. 669-682) y https://www.college-de-france.fr/media/thomas-romer/UPL66378_R__mer.pdf (pp. 515-527).
4 Así es como hemos elegido transcribir el nombre divino o tetragrama sagrado, traducido en algunas Biblias por el Eterno, Yahvé o El Señor.
