Al estilo Jalisco - Juan Pablo Villalobos - E-Book

Al estilo Jalisco E-Book

Juan Pablo Villalobos

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Beschreibung

La Brasil de Pelé, Jairzinho, Tostão o Rivelino maravilló de tal manera en el Mundial de 1970, que a algunos les cambió la vida. Y no es una forma de hablar. Es el caso del narrador de esta novela, un mexicano que se mudó a Río de Janeiro porque de niño había quedado fascinado con aquella selección. Fue el principio del fin. Juan Pablo Villalobos, escritor consagrado, Premio Herralde por No voy a pedirle a nadie que me crea, se calza las botas de fútbol para contar una historia imposible sobre delirios de grandeza y promesas de felicidad. Todo cocinado con la receta habitual del autor: prosa afilada, sentido del humor y giros inesperados. Y las ilustraciones inconfundibles de Julio César Pérez. Que empiece el jogo bonito.  

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Seitenzahl: 68

Veröffentlichungsjahr: 2025

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Juan Pablo Villalobos (México, 1973) es novelista y profesor de escritura. Ha publicado siete novelas, entre otras No voy a pedirle a nadie que me crea (Premio Herralde) y Fiesta en la madriguera, ambas adaptadas al cine. Después de entrevistar a Neymar en Santos en 2012, escribió un perfil en el que vaticinó su decadencia. Siempre soñó con una novela sobre el Atlas de Guadalajara, pero su equipo arruinó el proyecto al salir campeón en 2021, luego de 70 años de sequía. Hubiera preferido la novela al campeonato.

Primera edición: septiembre de 2025

© Al estilo Jalisco, 2025

© Juan Pablo Villalobos, 2018/2025

© Dibujos: Julio César Pérez, 2025

Diseño y maquetación: Anna Blanco Cusó

© Grupo Editorial Belgrado 76, S.L.

C/Grassot 89, bajos

08025 Barcelona

www.panenka.org

ISBN: 979-13-990835-0-7Producción del ePub: booqlab

Todos los derechos reservados.

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por cualquier medio o procedimiento sin el permiso expreso de los titulares del copyright.

Para Andreia,com todos os sonhos do mundo

Para Mateo y Ana Sofía,meus canarinhos

Quise hallar el olvido

al estilo Jalisco

pero aquellos mariachis y aquel tequila

me hicieron llorar,

José Alfredo Jiménez

En Guadalajara fue, en Guadalajara fue, donde yo me enamoré,

El Personal

Eu vou pro Rio de Janeiro ver o scratch brasileiro jogar,

Sérgio Sampaio

Índice

Cubierta

Título

Créditos

Índice

PRIMER TIEMPO

SEGUNDO TIEMPO

TIEMPO EXTRA

Guide

Cover

Índice

Start

PRIMERTIEMPO

 

 

Alas cuatro de la tarde del 3 de junio de 1970, Brasil jugó en Guadalajara su primer partido del Mundial contra Checoslovaquia. Yo estaba en el estadio aquel día, tenía siete años y fui a todos los partidos del Mundial, porque mi papá era empleado del Estadio Jalisco. Mi papá era el locutor que anunciaba por el sonido local las alineaciones, los cambios, los autores de los goles, tenía que informar hasta quién cobraba los tiros de esquina, ¿será que todavía hacen eso en los estadios de México?, ¿ustedes han ido al Azteca últimamente?, yo hace más de treinta años que no voy al Jalisco, desde que me fui a vivir a Brasil.

La selección brasileña empezó el Mundial perdiendo, nadie se debe de acordar de eso, que el primer gol del partido no fue de Brasil, fue de Checoslovaquia, imagínense la sorpresa en el Jalisco. Brasil era bicampeón mundial, tenía a Pelé, la gente de Guadalajara estaba lista para enamorarse del ‘scratch de ouro’ y lo que se llevó al inicio fue una decepción. Esa historia de la ‘verdeamarela’ con Guadalajara fue como un amor predestinado, como si un amigo les hablara de una garota linda e inteligente y sensible y gostosa y luego te la presentara y resultara que sí, que de verdad era linda e inteligente y sensible y gostosa y hasta simpática. Esas cosas solo pasan una vez en la vida, y el mejor ejemplo es el 86, pensaron que bastaba con poner a Brasil de nuevo en Guadalajara para repetir el hechizo, y ya vieron lo que pasó, que el filósofo griego que decía que no se podía nadar dos veces en el mismo río se ahogó. ¡Hasta Zico falló un penalti!

Pero ya me estoy desviando del tema. Aquella tarde de 1970 la sorpresa duró muy poco, porque luego-luego hubo una falta afuera del área y Rivelino agarró la pelota. Ah, ese Rivelino era sensacional, le decíamos ‘Pata Atómica’, qué crack, ustedes no saben lo desgraciados que son por haber nacido después. ¿Cuántos años tienen? ¿Treinta y cinco? ¿Cuarenta? Qué pena que por huevones se hayan perdido el futbol de verdad, ¡deberían haber nacido veinte años antes! Total que el portero de Checoslovaquia puso la barrera: ¡siete!, ¡siete güeros formaditos con las manos en los huevos! Parecía reunión del politburó en la sala de espera para hacerse la vasectomía. Gérson y Pelé discutían a quién le tocaba cobrar el disparo. La bola estaba orientada a la izquierda del área grande, el portero creyó que Pelé chutaría con la pierna derecha y se puso casi en el centro de la portería, y entonces llegó Rivelino y lanzó una bomba de Hiroshima con la pierna izquierda a la derecha del portero. La bola ni siquiera iba muy cerca del poste, pero el portero, y todo el Jalisco, el mundo entero, estaban preparados para el golazo de Pelé, y golazo de Pelé nada, el gol fue de Rivelino. Pero el gol de Pelé llegó después: Gérson hizo uno de aquellos pases largos que tanto le gustaban y Pelé mató el balón en el pecho y chutó con la derecha. Golazo. Golazazazo. De otro mundo.

Yo estaba ahí, amigos, y les puedo decir que con eso era suficiente, la seleção podría haber vuelto a Brasil en ese instante y con eso hubiera bastado para que fuera recordada y añorada hasta hoy en Guadalajara, ¿me explico? Ese gol de Pelé fue como irse a la cama por primera vez con aquella garota linda y gostosa e inteligente y simpática y hasta fogosa. Con mucha suerte podrías acabarte casando con la garota; pero si la historia acabara ahí ya serías feliz, te quedarías con un recuerdo espectacular para el resto de la vida. Pero el asunto es que la seleção brasileira apenas estaba comenzando y la gente del Jalisco, obviamente, quería más. Y tendría más: un pase espectacular de nuevo de Gérson, esta vez a Jairzinho…

¿Cómo?

Amigos, les advertí que mi declaración iba a tardar un poco.

¿Que qué tiene que ver todo esto con mi historia? ¡Todo, señores, todo! ¿Cómo voy a explicarles por qué me deportaron de Brasil sin contarles primero por qué me fui a vivir allá?

Paciencia, no voy a narrarles todos los goles del Mundial, estoy intentando explicarles bien las cosas. Además, es su trabajo, ¿no? ¿O acaso tienen otra opción? ¿A poco pueden escribir en el acta cualquier cosa que se les antoje?

El caso es que Jairzinho recibió el pase que Gérson le mandó desde el medio campo, le hizo un sombrero fantástico al portero, bajó la pelota con el pecho y chutó a la portería vacía. ¡Goooooooooooooooooooool! ¡Golaaazo! La gente de Guadalajara se quedó pasmada, ¿qué era eso?, ¿qué era ese deporte que nunca habían presenciado? Aquello era el futbol, mis amigos, el Futbol, con mayúscula, y no once mariachis panzones arrastrándose en la cancha con la camiseta de las Chivas o del Atlas.

¿Que si le voy a las Chivas?

¿Qué pasó, compañeros? ¿Ya empezamos con las ofensas? Soy atlista, por supuesto. ¿Mucha risa? Ustedes no son tapatíos, en la capital no entienden al Atlas, no saben lo que es la fidelidad a unos sentimientos. ¿Saben lo que es ser atlista? Es como ver todos los días a aquella garota linda y simpática y fogosa e inteligente y saber que nunca vas a poder tocarla, que no vas ni a dirigirle la palabra, que hagas lo que hagas, aunque juegues el mejor futbol del mundo, ella te va a despreciar, ni siquiera se va a dignar a mirarte. ¡Ser atlista es la variante más sofisticada del masoquismo! En fin, déjenme que regrese a mi historia.

El asunto es que cuando Jairzinho salió dando saltos como loco para festejar el tercer gol, yo sentí por primera vez que quería ser brasileiro. Yo quería ser brasileño. Era un niño de siete años, impresionable, pero no era el único: había miles de personas aquel día en el Jalisco que, sin dudarlo, habrían roto sus pasaportes mexicanos y pedido asilo futbolístico en Brasil.

¿Creen que estoy diciendo puras pendejadas? ¿Que irse a vivir a otro país por un partido de futbol es el mayor absurdo que oyeron en sus vidas? No es ninguna pendejada, mis amigos, no lo es: fue lo que hice yo en cuanto cumplí dieciocho años, en 1981. Estoy hablando en serio. ¿Cómo van a entenderme si no me dejan que se los explique? ¿Se acuerdan del cuarto gol contra Checoslovaquia, también de Jairzinho? Inventó un gol de Messi cuando todavía faltaban diecisiete años para que naciera el enano argentino.

¿Pero qué cara es esa?

No están entendiendo nada, presten atención, no estoy hablando de futbol, estoy hablando del espíritu que transmitía aquella seleção, y no me refiero a la alegría del futbol brasileiro