Amor - Francisco Javier Castro Miramontes - E-Book

Beschreibung

Una obra en la que el autor comparte algunas de sus experiencias vividas mostrando que el amor da sentido a la existencia y nos recuerda el significado de la palabra «amor», en su versión más valiente y comprometida. En definitiva, nos habla de ese amor que humaniza al tiempo que diviniza, que cuanto más se entrega más se regenera y que alivia en la misma medida en la que uno se involucra.

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Seitenzahl: 146

Veröffentlichungsjahr: 2018

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Índice

Portada

Portadilla

Créditos

Prólogo: Sobre el amor y su esencia

Trazando juntos la senda del amor

El arte de amar

La sinfonía de la vida

La teoría de los afectos

La senda de la felicidad

Chioma y Luca

El signo de los tiempos

La mirada de María Luisa

De la palabra y la imagen

Caminar hacia la felicidad

La belleza está en ti

Almas grandes

Aprender a gozar

La travesía de la vida

La misión

Somos ahora

El amor salva

La soledad «sonora»

El caracol y el arcángel

Evocando lo bello

El sacramento de la amistad

Instrumentos de amor

La revolución de la paz

Sentir la herida

Una ética que nos guíe

Compartir la vida

El mundo gira enamorado

El consuelo del alma

Pensamientos al vuelo

Sinfonía de deseos

Ultílogo: Siempre es tiempo de amar

Biografía del autor

Colección dirigida por Luis López González

© SAN PABLO 2018 (Protasio Gómez, 11-15. 28027 Madrid)

Tel. 917 425 113 - Fax 917 425 723

E-mail: [email protected] - www.sanpablo.es

© Francisco Castro Miramontes 2018

Distribución: SAN PABLO. División Comercial

Resina, 1. 28021 Madrid

Tel. 917 987 375 - Fax 915 052 050

E-mail: [email protected]

ISBN: 9788428561105

Depósito legal: M. 3.403-2018

Impreso en Artes Gráficas Gar.Vi. 28970 Humanes (Madrid)

Printed in Spain. Impreso en España

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio sin permiso previo y por escrito del editor, salvo excepción prevista por la ley. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la Ley de propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal). Si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos – www.conlicencia.com).

Lo grande y valiente es seguir amando,

porque el amor tiende cauces de encuentro,

de comprensión, de respeto.

Necesitamos activistas del amor

que pongan en práctica el bien.

Las reflexiones contenidas en este libro

están dedicadas a esas personas

«activistas del amor», que con su compromiso

siguen sosteniendo los pilares del mundo.

PRÓLOGO:

SOBRE EL AMOR

Y SU ESENCIA

«Y ahora voy a describir la experiencia que consiste en maravillarse por la existencia del mundo diciendo: es la experiencia de ver al mundo como un milagro».

LUDWIG WITTGENSTEIN

¿Un libro sobre el amor? ¿Acaso se puede revestir de palabras lo inefable? ¿Y si fuese demasiado osado dar voz a lo que, por ser tan humano, es limitado? ¿O quizá sea porque el amor es el sustento de la vida, el motor del existir? Sea como fuere –y que cada persona se sienta libre para filosofar sobre el ser del amor en su propia vida–, el caso es que no encuentro otra razón más firme y sincera para comprender el arte de ser y vivir como personas. Porque el amor es esencia divina que se vierte en el recipiente de nuestra frágil vida. Y así lo vivió y expresó un hombre de Dios que desplegó su antena parabólica espiritual para captar la onda divina en su propia historia personal y en la búsqueda de caminos de encuentro y diálogo entre diversas tradiciones religiosas:

Decir que estoy hecho a imagen de Dios es decir que el amor es la razón de mi existencia; pues Dios es amor. El amor es mi verdadera identidad. La abnegación es mi verdadero yo. El amor es mi verdadero carácter. Amor es mi nombre.

Si, pues, hago, pienso o digo algo, conozco o deseo algo que no sea puramente por el amor de Dios, no puede darme sosiego ni descanso, satisfacción ni gozo.

Para hallar el amor debo entrar en el santuario donde está escondido: que es la esencia de Dios (Tomas Merton, monje cisterciense).

Por eso, este es un libro sobre el amor, entendido como una fuerza que cimienta la vida humana, como una actitud, como una forma de ser y de estar, como un compromiso cotidiano con la vida, como más, mucho más, que un mero sentimiento sensiblero que, como viene, se va.

Por eso, este es un libro que tiene como protagonista a la vida misma, contemplada con el prisma del amor que nos humaniza (nos diviniza). Y por eso mismo este ejercicio de meditación a viva voz (con palabra escrita) comienza con una referencia agradecida a quien cambió el curso de los tiempos a fuerza de compromiso solidario, a ritmo de amor, y quien, según la tradición multisecular, trajo hasta el finis terrae occidental la esencia de una buena (buenísima) noticia: «Nadie tiene amor más grande sino quien da la vida por sus amigos».

Aquí tienes retazos de vida, a la luz del amor que da sentido a la existencia, y que quiero compartir contigo.

TRAZANDO JUNTOS

LA SENDA DEL AMOR

«El amor es una reserva de energía sagrada; es como la sangre de la evolución espiritual».

PIERRE THEILHARD DE CHARDIN

Paz y bien:

Desde hoy quiero compartir contigo, en el camino de la vida, mi ser, la vida misma tal y como la percibo, tal y como la sueño, pero sobre todo, tal y como me viene dada en este ir paso a paso tratando de teñirla del color verde de la esperanza, esa misma esperanza que se sustenta y palpita en nuestros mejores y más bellos ideales, en la mirada de amistad de quien vive en y desde el amor. Te propongo que compartamos esta misma esperanza desgranada en palabras, como una forma más de construir la amistad que tanto necesita el mundo y que se sostiene sobre un compromiso de amor.

Al tiempo de escribirte escucho los sones de una música muy especial, evocadora de algo muy profundo. La música es sin duda alguna la expresión viva del arte que subyace en nuestro corazón; y es que siempre hay un algo de musicalidad, y también de poesía, en cada vida, en cada persona. Escucho y comparto contigo el Cántico espiritual de san Juan de la Cruz interpretado por un cantautor berciano de hondas raíces gallegas: Amancio Prada. Los versos que brotan del eco del alma ansiosa por encontrar el reposo en la paz, unidos a los abrazos de la musicalidad, evocan un lenguaje universal que no solo percibe el oído, ya que, en cierto modo, el universo es una sinfonía y nosotros notas que componemos el pentagrama de la creación.

Recuerdo que hace años asistí a un concierto de Amancio Prada cuya segunda parte estaba dedicada a este santo nacido en Fontiveros (Ávila), pero ciudadano del mundo, el «medio fraile» de santa Teresa de Jesús (así le llamaba ella merced a su poca estatura). En aquel entonces el cantautor demandó al auditorio que guardásemos silencio, que no interrumpiésemos siquiera con un aplauso las composiciones poéticas del santo carmelita, puesto que estábamos hablando ya de algo mucho más profundo que el hecho mismo de la sonoridad de la voz y los instrumentos musicales, más allá de la estética, más allá del espacio material. Y el corazón, que es sabio aunque no haya estudiado en ninguna universidad (porque en realidad la verdadera escuela es la vida misma), supo entender el mensaje, y disfrutar del «bálsamo divino».

Es curioso, casi paradójico, constatar que el canto profundamente espiritual (humano y divino) de Juan de la Cruz brotó por primera vez en la historia en una ciudad «almada», en el Toledo de piedras trigales que el sol suele bañar de esplendor dorado, puesto que fue durante su forzoso cautiverio en la ciudad ceñida por el Tajo cuando, en medio de las dificultades y del sufrimiento, escribió en algunos pergaminos esta bella composición hoy musicada.

La vida, la vida misma, tan profundamente bella y tan salvaje, tan fascinante y desconcertante a un tiempo. Y el ser humano frustrado y opresor que siempre trata de salirse con la suya. Afortunadamente en Toledo, en aquel cautiverio que fue una auténtica «noche oscura del alma», venció el amor, y el odio o resentimiento se vio sorprendido y abatido por el verbo amable del poeta. Sí, necesitamos muchos poetas que adornen lo inefable con palabras que nos ayuden a recuperar la senda perdida del amor.

En cierto modo estoy hoy también emulando a Juan de la Cruz al querer elevar un canto: el de mi corazón, para hacer que la soledad existencial a la que a veces nos vemos abocados se transforme en «soledad sonora», en palabras del santo carmelita abulense. Por eso te propongo aquí que caminemos juntos un tiempo, transitando por la senda del amor, siempre inédita, porque cada experiencia de vida es siempre única e irrepetible, pero se puede compartir como gesto de amor (porque el amor siempre necesita compartirse para espantar la sombra del egoísmo), y también como necesidad vital de sentirnos acompañados, de notar cómo alguien camina a nuestro lado, cómo una mano amiga se tiende en los momentos cruciales de la vida en los que nos sentimos desbordados.

El amor de la amistad es un gran regalo, porque nos ofrece la posibilidad de crecer interiormente, humanizándonos cada vez más. Me gusta la expresión clásica de que amigo/a «es quien me conoce y sin embargo me quiere». A mí me gusta emplear más la palabra «amor» que «querer», porque considero que el amor es el cimiento del mundo, la verdadera razón para vivir, lo único que de verdad justifica la vida misma, porque, ¿qué sería la vida sin amor? Querer es algo volitivo, se quiere algo porque se necesita, porque es útil, porque nos gusta, porque en un momento dado nos ayuda o sirve para algo. El amor es mucho más bello y profundo, y por ello mucho más exigente.

«El amor es el cimiento del mundo».

Pero no quiero que este camino de amistad compartida sea solo para nosotros mismos, para ti y para mí, por muy hermoso que sea compartir entre dos. La amistad es expansiva y, como el fuego, no se extingue dándose, sino que dándose se multiplica y produce así un efecto benefactor ampliado. La amistad es amor sin ataduras, sin otro afán que hacer el bien. El amigo/la amiga está siempre ahí, aun en la distancia, pero sobre todo resplandece la luz de su presencia en los momentos de dificultad.

Con todo, hoy tengo el corazón un tanto encogido con la escucha de las noticias sobre el mundo que nos rodea (que somos), ante imágenes de enfrentamientos, de catástrofes, de violencia. ¡Qué sensación de impotencia! ¡Qué gran misterio el del sufrimiento en medio del ciclo de la vida-muerte!

Concluyo este mensaje inicial como lo comencé: con el ánimo de sembrar esperanzas en el camino de la vida, compartiéndolas contigo. No tengas miedo a la vida, con todo y pese a todo, porque al igual que el místico siempre encontraremos la posibilidad de liberar de su esclavitud (miedos, prejuicios, complejos) el amor que brota en nuestro interior como manantial de aguas limpias que fluye y da vida, o como senda de amor que se recorre en ejercicio de amistad.

EL ARTE DE AMAR

«El amor y la bondad no solo hacen que los demás se sientan queridos y cuidados, sino que también nos ayudan a afianzar nuestra paz y felicidad».

DALAI LAMA

Paz y bien:

El eco de la amistad nunca es un canto en el vacío, ni es un mero reflejo de nuestra voz lanzada al aire, sino mutualidad de vida y esperanza, mirada de corazón trazada sobre un horizonte en el que se hace posible el encuentro más íntimo; el que se produce a nivel del alma, más allá de lo físico, de lo visible, de lo aparente (aun cuando esta dimensión de la corporeidad sea esencial). La distancia geográfica jamás fue óbice para que la amistad se forje y sustente en un vínculo profundamente espiritual sin buscar nada más que el hecho mismo de comunicar y saber que hay alguien que escucha, que lee, que comprende, que ama.

Hace tiempo una madre contaba que le había emocionado tener a su niña en brazos, y que esta, mirándola fijamente le confirmase que se veía reflejada en sus ojos. ¡Qué bella estampa la de tu niña mirándose en los ojos de su madre! Los niños y las niñas son pequeños sabios. Ya lo decía Jesús: de quienes son como ellos «es el reino de los cielos».

Incidiendo en lo ya afirmado, entiendo que querer es un acto meramente volitivo. Se quiere algo porque gusta, porque se desea, porque es útil o confortable, o incluso se quiere algo por mero capricho, y no ha de ser menos (así somos) referido a las personas. Amar es más, mucho más, es dejar que fluya el amor mismo desde el hondón del alma, como el manantial que brota libre, manso y límpido de las entrañas de la tierra, en la cumbre de la montaña. Amar es una actitud ante la vida, una forma de ser y de estar que nos ayuda a vencer el odio, el resentimiento, o cualquier nefasta sensación o pulsión, que fácilmente nos acometen en esta aventura de existir. Decía también Jesús de Nazaret que «nadie tiene amor más grande que quien está dispuesto a dar la vida por sus amigos».

La amistad es una forma de amar, y quizá la más excelsa, porque la amistad implica dar sin esperar recibir, saber estar e incluso, llegado el caso, renunciar a estar si el bien del amigo o de la amiga así lo hace sentir. Por eso, me atrevo a afirmar que el amor-amistad ha de ser guía para cualquier forma de amor: el de pareja, el filial, el maternal, el fraternal, el paternal e, incluso, el religioso. Amar es más que un mero sentimiento, es pasión por el bien ajeno, es vivir para los demás, es no olvidarse de que somos parte de un todo, y de que existe una alteridad que residenciamos, de inmediato, en las personas concretas con las que nos cruzamos en el camino de la vida.

¿Y qué es lo que mueve a los misioneros y misioneras sino el amor? Sí, es encomiable la vida de tantas mujeres y hombres de bien que lo dejan todo, literalmente, para entregarse a los demás (¿hay acaso vocación más hermosa?). Ellos/as están en el corazón de la miseria antes, durante y después de cualquier catástrofe. Su presencia es aleccionadora. Me admiran las personas que son capaces de renunciar a todo (incluso a sí mismas) por el simple afán de amar al prójimo concreto y sufriente, comprometiendo la propia vida, arriesgándola.

Estoy leyendo un libro escrito por Anna Ferrer, la esposa de Vicente Ferrer (hombre al que admiro enormemente, y a través de cuya fundación tengo apadrinado desde hace años a un niño de la India). Ella cuenta que el estado de salud de su marido siempre fue más bien precario, y que los médicos estaban muy sorprendidos de cómo, estando su corazón tan maltrecho, él era capaz de seguir adelante con la ingente labor de ayudar a los más pobres a salir adelante en medio del erial. Y un médico acertó con el diagnóstico: está claro que «Alguien más» sostenía a este hombre. Supongo que lo mismo se puede decir de los misioneros/as y de la gente de bien, que son instrumento de la Providencia porque son dóciles y, a un tiempo, luchadores pacíficos por la causa del bien.

El mundo de la miseria sigue en el mapa, aunque las noticias que nos llegan suelen obviar esta geografía de la ignominia, puesto que la actualidad manda y los medios de comunicación nos narcotizan la mente con noticias de lo más irrelevante pero que magnificadas se transforman en casi vitales y en motivo de conversación (y así se nos va robando un poco el alma). La política (la última polémica por unas declaraciones lesivas) o el fútbol (el último entrenamiento de la figura mediática del momento) desplazan continuamente a quienes no cuentan para el mundo supuestamente «desarrollado». Por eso no debemos olvidarnos de los que más sufren, comenzando por quienes están a nuestro lado.

Te escribo de noche, en una noche serena y fría, dominada en el espacio estelar por una luminosa y redondeada luna llena que reinará por unas horas. Pero esta noche, una noche más, el Albergue San Francisco, sito en este convento compostelano, es hogar para quien no lo tiene. Casi una treintena de personas «sin techo» reposan ya sobre una cama limpia, bajo techo, con calefacción y quizá, así lo deseo, soñando que otra vida es posible: la que forja el amor solidario. Detrás de cada vida de estas personas hay una historia de desamor. También a ti te deseo unos felices sueños, y que los ángeles velen tu reposo arropado por el calor de hogar del amor que tanto necesitamos para vivir, para vivir abiertos al don de los demás.

LA SINFONÍA DE LA VIDA

«Señor, transfigúrame. Quiero ser tu vidriera, tu alta vidriera azul, en tu más alta catedral».

GERARDO DIEGO

Paz y bien: