2,49 €
This book is for English speakers wanting to improve their Spanish and includes a Spanish to English dictionary listing the key words contained in this volume. In this text the Spanish language has been simplified so that reading can be initiated at a very early stage in the student's journey to becoming fully fluent in Spanish.
El estudio cada vez mayor del español en escuelas secundarias y universidades se ha hecho necesaria la elaboración de un texto de carácter más simples que los de uso común. En el presente texto, especialmente en las primeras selecciones, el lenguaje se ha simplificado de manera que la lectura puede ser iniciado en una etapa muy temprana en el trabajo del alumno. No se ha considerado necesario para abastecer las notas, ya que el asunto es simple y el vocabulario le suministre toda la información necesaria. Todas las formas verbales que ocurren en el texto, ya sea regular o irregular, se han introducido en el vocabulario.
a beneficio de Proyecto Perú
Organización benéfica registrada en Inglaterra y Gales
No. 1049413
Apoyando a los en extrema pobreza
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Veröffentlichungsjahr: 2018
POR
E. S. HARRISON
LA PRENSA ATHENAEUM
Ginn and CompanyBoston-Nueva York-Chicago-Londres[1912]
publicado de nuevo Por
Abela Publishing, Londres
[2018]
a beneficio de
Proyecto Perú
Organización benéfica
registrada en Inglaterra y Gales
No. 1049413
Apoyando a los en extrema pobreza
Primaria Española Lector
Disposición tipográficadeestaedición
©Abela Publishing 2018
Este libronopuede serreproducidoen su formatoactualde ninguna manera en ningun medio de comunicaciónotransmisiónpor ningun medio, que sea electrónico, electrostático, magnéticoomecánico(incluyendo fotocopias, archivoo grabaciónde vídeo, sitiosweb de Internet, blogs, wikis, ni en ningun almacenamiento deinformación o sistema derecuperación), excepto lo permitidopor laley, sin el permisoprevio por escrito dela Editorial.
Abela Publicación,LondresReinoUnido2018
ISBN-13: 978-X-XXXXXX-XX-X
correo electrónico:
Website
Abela Publishing
Agradecimientos
Abela Publishing
reconoce el trabajo que hizoE. S. Harrisonen la compilación y publicación de lasPrimaria Española Lector
antes de que los medios de comunicación electrónica estaban en uso
* * * * * * *
10% de los beneficios de la venta de
este libro estarán donado a
Proyecto Perú
www.projectperu.org.uk
EL CUENTO DEL POLLO
UN HOMBRE INSACIABLE
LOS TRES OSOS
LOS TRES BARCOS
EL TESTAMENTO
DON JUAN BOLONDRÓN
BUENA GANGA
EL MÉDICO TUNANTE
EL PRÍNCIPE JALMA
EL PALACIO DE MADRID
LAS METAMORFOSIS DEL PICAPEDRERO
EL CABALLO DE ALIATAR
EL PRÍNCIPE OSO
ADIVINANZAS
ANÉCDOTAS
EL BURRO FLAUTIST
EL OSO, LA MONA
Y EL CERDO
EL PATO Y LA SERPIENTE
LOS DOS CONEJOS
LA ABEJA Y EL CUCLILLO
LA ARDILLA Y EL CABALLO
ESPAÑOL - INGLÉS DICCIONARIO
Un día un pollo entra en un bosque. Una bellota cae en su cabeza. El pobre pollo cree que el cielo ha caído sobre él. Corre para informar al rey.
En el camino encuentra una gallina.
—¿A dónde vas?—pregunta la gallina.
—¡Oh!—dice el pollo,—el cielo ha caído en mi cabeza y voy a informar al rey.
—Yo voy también, si quieres,—responde la gallina y se marchan juntos el pollo y la gallina al palacio del rey.
En el camino encuentran un gallo.
—¿A dónde vas?—pregunta el gallo a la gallina.
—¡Oh!—dice la gallina—el cielo ha caído sobre la cabeza del pobre pollo y vamos a informar al rey.
—Yo voy también, si quieres,—responde el gallo y se marchan juntos el pollo, la gallina y el gallo al palacio del rey.
En el camino encuentran un pato.
—¿A dónde vas?—pregunta el pato al gallo.
—¡Oh!—dice el gallo,—el cielo ha caído en la cabeza del pobre pollo y vamos a informar al rey.
—Yo voy también, si quieres—responde el pato y se marchan juntos el pollo, la gallina, el gallo y el pato al palacio del rey.
En el camino encuentran un ganso.
—¿A dónde vas?—pregunta el ganso al pato.
—¡Oh!—dice el pato,—el cielo ha caído en la cabeza del pobre pollo y vamos a informar al rey.
—Yo voy también, si quieres,—responde el ganso y se marchan juntos el pollo, la gallina, el gallo, el pato y el ganso al palacio del rey.
En el camino encuentran un pavo. El pavo quiere ir con ellos a informar al rey que el cielo ha caído. Ninguno de los pobres animales sabe el camino.
En este momento encuentran una zorra. La zorra dice que quiere enseñarles el camino al palacio del rey. Todos van con ella; pero ella los conduce a su cubil. Aquí la zorra y sus cachorros se comen el pobre pollo y la gallina y el gallo y el pato y el ganso y el pavo. Los pobres no van al palacio y no pueden informar al rey que el cielo ha caído sobre la cabeza del pobre pollo.
En Extremadura vivía un hombre. El hombre era rico. Era muy rico. Tenía casas y viñas, vacas y ovejas, caballos y cerdos. Las casas eran grandes y nuevas. Las viñas tenían muchas uvas. Las vacas, las ovejas y los cerdos estaban muy gordos. Los caballos eran los más hermosos de Extremadura.
El hombre tenía todavía más. Tenía una buena mujer y buenos hijos. Tenía todo lo que podía desear; pero el hombre no estaba satisfecho. No estaba satisfecho con Dios ni con su mujer ni con sus hijos. Tampoco estaba satisfecho del tiempo.
Cuando hacía frío decía:—Hace frío; este tiempo no es bueno para mis viñas.
Cuando llovía, exclamaba:—Llueve demasiado; el tiempo está muy húmedo. Debemos tener sol.
Cuando hacía sol, tampoco estaba satisfecho. Hoy hacía mucho frío, mañana mucho calor; ora el tiempo era muy húmedo, ora muy seco.
Un día entró en su viña. Allí estaban las hermosas uvas. Tenía más uvas que todas las otras personas de Extremadura; pero no estaba satisfecho.—Estas uvas son muy pequeñas—dijo.—Hace mal tiempo; hace mucho frío. No hace bastante calor.
En este momento se presentó en la viña un hombre alto y hermoso. Este hombre dijo:—Nunca está Vd. satisfecho del tiempo. Siempre hace frío o calor, es muy húmedo o muy seco. ¿Puede Vd. hacer un tiempo mejor?—Sí,—respondió el hombre rico,—yo puedo hacer mejor tiempo.—Pues bien,—dijo el extranjero,—el año que viene debe Vd. hacer el tiempo para sus viñas.
Entonces el extranjero desapareció.
El año próximo llegó. Era el mes de marzo.—Quiero nieve,—dijo el hombre rico. Entonces empezó a nevar. Llegó el mes de abril.—Ahora quiero lluvia,—dijo el hombre rico. Entonces empezó a llover.—Muy bien,—dijo el hombre,—pero ahora quiero un tiempo caluroso. Entonces hacía sol y el hombre estaba satisfecho con sus viñas y con el tiempo.
Así el hombre hacía el tiempo todo el verano. Llovía cuando quería y hacía sol cuando quería. Tenía en la viña muchas hermosas uvas. Entonces dijo:—Mis uvas son las más hermosas de Extremadura. Nunca he visto uvas tan hermosas.
Al fin llegó el otoño y empezó la vendimia. El hombre cogió algunas uvas pero eran ácidas como el vinagre. Nunca había visto uvas tan agrias. En este momento llegó el extranjero.—Este año,—dijo—hace Vd. el tiempo. ¿Cómo encuentra las uvas?—Malas, muy malas,—respondió el hombre rico,—son ácidas como el vinagre.
Entonces dijo el extranjero,—Ya lo comprendo. Vd. ha dado a la viña nieve, lluvia, sol, calor y frío, pero ha olvidado el viento.
Cerca de un bosque hermoso vivían tres osos. Estos osos eran muy buenos y amables. Habían construido una casa cómoda solamente con una puerta y una ventana. Uno de los osos era muy pequeño, uno de tamaño mediano y el otro muy grande.
Tenían en la casa todo lo necesario. Tenían un plato pequeño para el oso pequeño, un plato mediano para el oso mediano, y un plato grande para el oso grande. Tenían una silla pequeña para el oso pequeño, una silla mediana para el oso mediano, y una silla grande para el oso grande. Tenían una cama pequeña para el oso pequeño, una cama mediana para el oso mediano, y una cama grande para el oso grande. Y esto era todo.
Una mañana tenían sopa para el almuerzo. Echaron la sopa en los platos. Pero la sopa estaba tan caliente que no podían tocarla con la lengua. Los osos, como Vds. saben, no emplean ni cucharas, ni cuchillos, ni tenedores. Los platos de sopa estaban en el suelo, porque los osos no emplean mesas.
—Vamos a dar un paseo,—dijo el oso grande;—y cuando volvamos podemos tomar la sopa.
Los osos tenían hambre, mucha hambre, pero eran muy pacientes y salieron todos a dar un paseo por el bosque; primero el oso grande, después el oso mediano y por último el oso pequeño.
Poco después entró una niña en el bosque. Vio la pequeña casa pero no sabía de quién era. Pensaba que la casa era muy hermosa y quería entrar para verla. Así, llamó a la puerta.
Nadie respondió. Ella creía que todas las personas de la casa estaban dormidas. Llamó otra vez, pero nadie respondió. Ahora creía la niña que nadie estaba en la casa. Abrió la puerta y entró. Todo parecía tan cómodo que quería quedarse allí algunos minutos. Estaba muy cansada y quería descansar.
Vio la niña los tres platos en el suelo. Tenía mucha hambre y quería probar la sopa. Probó la sopa que estaba en el plato grande. Estaba muy fría. Entonces probó la sopa que estaba en el plato mediano; pero estaba muy caliente. Entonces probó la sopa que estaba en el plato pequeño y le gustó tanto que se la tomó toda.
Al otro lado del cuarto estaban las tres sillas. La niña quería descansar antes de ir a casa.
Primero probó la silla grande; pero era muy alta. Después probó la silla mediana; pero era muy ancha. Por último probó la silla pequeña; pero al sentarse en ella la hizo pedazos.
Luego vio las camas en la alcoba, y quería dormir la siesta antes de ir a casa.
Primero probó la cama grande; pero era demasiado blanda. Después probó la cama mediana; pero era demasiado dura. Por último probó la cama pequeña y como era muy cómoda y le gustó, se echó en ella y se durmió.
Mientras dormía los tres osos volvieron a casa. Tenían hambre después de su paseo y querían tomar la sopa. El oso grande levantó su plato y bramó:
—¡Alguien ha probado mi sopa!
Entonces el oso mediano levantó su plato y gruñó:
—¡Alguien ha probado mi sopa también!
Por último el oso pequeño levantó su plato y gritó:
—¡Alguien ha probado mi sopa y se la ha tomado!
Entonces fueron todos al otro lado del cuarto a sentarse en sus sillas. Primero el oso grande probó su silla y bramó:
—¡Alguien se ha sentado en mi silla!
Entonces el oso mediano probó su silla y gruñó:
—¡Alguien se ha sentado en mi silla también!
Entonces el oso pequeño probó su silla y gritó:
—¡Alguien se ha sentado en mi silla y la ha hecho pedazos!
Después entraron todos en la alcoba. El oso grande fue el primero que vio su cama y bramó:
—¡Alguien ha dormido en mi cama!
Entonces el oso mediano vio su cama y gruñó:
—¡Alguien ha dormido en mi cama también!
Por último vio su cama el oso pequeño y gritó con voz aguda:
—¡Alguien ha dormido en mi cama y aquí está!
Este ruido despertó a la niña. Cuando abrió los ojos y vio a los osos, estaba muy asustada. Se levantó y huyó de la casa. Los tres osos fueron a la puerta para mirar tras ella. Vieron que ella corría por el bosque hacia su casa. No la persiguieron, porque eran buenos y amables. Y eso es todo lo que sé acerca de la niña y de los tres osos que vivían en el hermoso bosque en la pequeña casa con solamente una ventana y una puerta.
Cierto hombre rico tenía tres hijos. El hijo mayor no quería quedarse en casa; quería ver el mundo. Su padre dió su consentimiento. Una mañana salió el joven de la casa de su padre. El padre le dió su bendición. También le regaló mucho dinero y un barco de oro. El joven se metió en el barco y se marchó. Llegó a una ciudad y fue a una posada. Los mozos de la posada pusieron el barco en una sala cerca de su alcoba. Entonces el joven salió a ver la ciudad.
Cuando pasó por el palacio vio un letrero en la puerta que decía:
—Dentro del palacio está escondida la hija del rey. El que la encuentre puede casarse con ella.
Él entró para buscarla; pero el rey le dijo que si no podía encontrarla dentro de tres días sería encerrado en el palacio. Él la buscó, pero no podía encontrarla y le encerraron en un cuarto del palacio.
Como el hijo mayor no volvió a casa, el segundo hijo salió a buscarle. Su padre le dió su bendición y le regaló un barco de plata. Se metió en el barco y se marchó. Después de algunos días llegó a la misma ciudad y a la misma posada que su hermano. Los mozos de la posada pusieron el barco de plata en la misma sala con el barco de oro. Vio el joven el barco de oro y conoció que su hermano estaba en la ciudad.
Salió a ver la ciudad, pasó por el palacio y vio el letrero en la puerta. Entró para buscar a la princesa. El rey dijo que allí estaba un joven encerrado porque no podía encontrarla. La misma suerte le esperaba si no podía encontrarla dentro de tres días. Él se decidió a buscarla pero tampoco la halló y le encerraron.
Como los dos hijos no volvieron a casa, el hijo menor quería ir a buscarlos. Su padre le dió su bendición y le regaló un barco de seda. Se metió en el barco y se marchó. Llegó a la misma ciudad y a la misma posada que sus hermanos. Los mozos pusieron su barco con los otros dos. Cuando vio el barco de oro y el de plata conoció que sus hermanos estaban en la ciudad.
También salió este joven a ver la ciudad. Vio el letrero en la puerta del palacio del rey. Se sentó en una piedra cerca de la puerta pensando si entraría o no. Después de algunos momentos se presentó una vieja que ofreció ayudarle. Ella preguntó si era rico. El contestó que tenía tres barcos, uno de oro, uno de plata y otro de seda. La vieja respondió:—
Debe Vd. mandar hacer un loro grande de oro con peana de plata. En vez de ojos debe tener agujeros.
Colocóse este hermoso pájaro de oro y plata cerca del palacio. Cuando lo vio el rey, quería examinarlo. Lo llevaron seis hombres al palacio. Le gustó mucho al rey este loro grande y creía que también gustaría a su hija. Por eso dijo a los seis hombres que llevasen el pájaro a la princesa. El joven, que estaba dentro del loro, miraba por los agujeros que tenía en vez de ojos. Él notó que levantaron una baldosa detrás de una cama; que bajaron una escalera; que llegaron a un patio; que abrieron la entrada a otra escalera; que bajaron ésta y llegaron a otro patio; que abrieron una puerta y allí estaba la princesa con dos compañeras. Las tres jóvenes estaban vestidas de la misma manera. Los seis hombres pusieron el loro en la alcoba de la princesa. Durante la noche el joven tenía sed y salió del loro para beber. Cuando cogió el vaso de agua tocó la mano de la princesa que también tenía sed. La princesa estaba muy asustada pero el joven le dijo que iba a librarla de aquel encierro. Ella se tranquilizó y le dijo que llevaría en el dedo una cinta roja. Como sus compañeras tendrían cintas azules, él la conocería de esta manera.
Por la mañana sacaron el loro. Entonces el joven se presentó en el palacio para buscar a la princesa. El rey le dijo que era necesario encontrarla dentro de tres días. Si no podía hacer esto le encerrarían con sus dos hermanos. Él insistió en entrar y comenzó a buscar. El primer día fingió no poder encontrarla. El segundo día sucedió lo mismo. El tercer día, levantó la baldosa detrás de la cama, bajó la escalera, llegó al patio, abrió la entrada a la otra escalera, la bajó y llegó al otro patio, abrió la puerta y vio las tres jóvenes. El rey creía que no le era posible reconocer a la princesa entre sus compañeras. Pero él la escogió porque vio la cinta roja en su dedo. Entonces el rey dijo:
—No tengo más remedio que darle mi hija por esposa, porque la ha encontrado Vd. dentro de tres días.
El rey puso en libertad a los dos hermanos del joven. Éste envió por su padre, y con mucho regocijo se celebraron las bodas del hijo menor con la hermosa princesa.
Cierto lugareño estaba a punto de morir. No era muy rico. Sólo tenía un perro y un caballo. No tenía hijos pero tenía una mujer.
Poco antes de morir, llamó a su mujer y le dijo:
—Ya sabes que voy a morir. No te he olvidado en mi testamento; pero no soy rico y no tengo más bienes que un perro y un caballo.
—Yo apreciaré tu recuerdo, marido mío,—dijo la mujer llorando.
—Después de mi muerte,—continuó el marido,—debes vender el caballo y entregar el dinero a mis parientes.
—¡Cómo! ¿debo entregar el dinero a tus parientes?
—Sí; pero espera. Te regalo generosamente el perro. Puedes venderlo, si quieres, o puedes conservarlo para guardar la casa. Es un animal fiel. Te servirá de gran consuelo.
El lugareño se murió. La mujer quería obedecer a su marido. Una mañana cogió el caballo y el perro y los llevó a la feria.
—¿Cuánto quiere Vd. por ese caballo? preguntó un hombre.
—Quiero vender el caballo y el perro juntos,—respondió la mujer.—Quiero por el perro cien duros y por el caballo diez reales.
