ANA LUCRECIA - Juan Búcaro - E-Book

ANA LUCRECIA E-Book

Juan Búcaro

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Beschreibung

En víspera de la Navidad del año 2023 realicé un viaje por Guatemala, que dejó muchas experiencias, en todo sentido, si bien había un interés muy personal ya que allí esperaba por mí, Ana Lucrecia, una entrañable amiga de la cual guardo muy buenos recuerdos. Tuve la oportunidad de recorrer algunos lugares emblemáticos de este país, entre ellos, Antigua Guatemala, el Parque de Tikal y de Yaxhá, y naturalmente, la bella Isla de Flores, estos últimos entrañables lugares, están situados en el departamento del Petén, al Norte de Guatemala. Es manifiesta la belleza natural de la selva petenera, la fauna y la flora son únicas e incluso, podría afirmar, que a nivel nacional. Por estas tierras habitó una de las civilizaciones más enigmáticas del continente americano como lo fue el Pueblo Maya. Una experiencia muy difícil de describir, creo, debe estarse aquí en el lugar para poder comprender la magnánima cultura que este pueblo ha dejado para la posteridad. Las pirámides mayas al igual que las pirámides de Egipto han dejado más preguntas que respuestas pues hasta nuestros días aún se cierne sobre ellas un manto misterioso que ni la ciencia de nuestros días puede explicar con convencimiento.

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Seitenzahl: 85

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Dedicatoria:

Dedico este libro a los recuerdos y momentos agradables pasados en este inolvidable viaje tan especial. Los recuerdos desafortunadamente no siempre nos dejan gratos momentos más yo me quedo con los que vale la pena recordar.

Nunca creí que en el crepúsculo de mi vida el destino aun me tuviera una sorpresa, una historia demasiada bonita para haber sido real. Las historias de amor suelen casi siempre traernos consigo experiencias de principio a fin, encantadoras, que llenan nuestro ser de impulsos primaverales e inyectan nuevas energías en nuestras vidas.

El hombre ha tratado de definir el amor desde tiempos inmemorables, su complejidad y sencillez ha sido un tema recurrente en el arte, y en la música.

Aquellos que verdaderamente han aprendido amar, no dependen de la persona amada, ni aprueban que ella dependa de ellos, crean simplemente, un espacio de respeto y libertad para ese ser amado.

El amor no es ningún sentimiento sublime e ilimitado, no es una emoción reservada nada más para algunos pocos ni algo que se siente únicamente en un instante de la vida por una única persona. El amor es una concepción muy profunda que puede hacernos felices o infelices. Alegría y tristeza son dos experiencias humanas que exponen el contraste emocional en torno a los diferentes escenarios de la existencia. De la misma forma, existen historias del corazón que ofrecen una nueva representación del enamoramiento correspondido.

Aquella persona que antes de compartir un periodo feliz con alguien especial, ha sentido el dolor que causa la situación opuesta, aprecia su realidad actual como un regalo transcendental. Porque cuando sientes la palpitación de la ilusión, tu expectación anhela que la otra persona sienta lo mismo por ti, o pueda llegar a sentirlo en un futuro próximo como tú. Pero desafortunadamente, no siempre se produce este desenlace. El simple enamoramiento nos produce alegría en un primer momento, pero este estado de ánimo como no podía ser de otra manera, también es vulnerable ante el cumplimiento de la expectativa.

Cuando la otra persona no siente lo mismo, o no desea envolverse en una relación más allá de la amistad, surge la tristeza en el corazón de quien necesita sobreponerse a esta desilusión.

Por el contrario, el amor correspondido es un motivo de alegría cotidiana para quienes disfrutan de la etapa que viven y cuidan el vínculo que están formando. Cuando estás enamorado y eres correspondido no solo anhelas conocer más sobre la vida y el mundo íntimo de ese ser especial que tanto admiras, tú también quieres hacerle participe de tu propio mundo. ¡Eso es el verdadero amor!

Aeropuerto Internacional, Arlanda, Estocolmo, Suecia, 4 de la madrugada, un horario un poco incómodo para viajar, sin embargo, si quería llegar a mi destino era importante estar allí, pues se trataba de un vuelo internacional y las normas exigían estar en el lugar con tres horas de antelación. Después de la larga espera comenzó el tedioso control de seguridad, me pareció realmente desagradable que, halla ya pasado casi un cuarto del siglo XXI y sigamos con estas prácticas primitivas y abusivas, sobre todo cuando este inconveniente es una constante en cada aeropuerto y, en casi todos ellos, el personal deja mucho que desear por su descortesía.

Dos horas más tarde aterrizaba en el Aeropuerto Heathrow, Inglaterra. Si el incomodo momento vivido en Suecia, me pareció desesperante, no tenía idea de lo que aquí me esperaba.

Inglaterra, al ya no pertenecer a la Unión Europea ha aplicado normas más severas de migración para los comunitarios, algo de lo que no fui ajeno aquella mañana.

Fui retenido en el control de seguridad, el pequeño equipaje de mano fue retenido por "sospechas" y aquellos valiosos minutos perdidos casi me dejan varado en aquel país. Pero nunca hay que darse por vencido ni creer que todo está perdido.

La Providencia puso a una empleada de seguridad en mi camino, le expliqué lo que me aquejaba, felizmente, comprendido lo grave del asunto, miró su reloj y me dijo:

"¿Puedes correr?", ¡te sigo!, respondí.

"¡Bueno!", "Tenemos 15 minutos para llegar si no lo logramos habrás perdido el vuelo", agregó.

"Tenemos que tomar el tren, pero para llegar a la plataforma debemos bajar aquellas escaleras que ves allá…, habrá 300 metros para llegar, confío en tu condición", agregó, tratando de esbozar una pequeña y nerviosa sonrisa que apenas le permitió abrir sus pequeños labios. Los minutos se esfumaban al compás de los latidos de mi corazón y ya daba por perdido aquel intento.

Todo parecía estar en mi contra, la dichosa plataforma estaba "atascada" de gente, no era posible atravesar aquella muralla de personas que bloqueaban la puerta del tren, ella me tiró abruptamente de la mano, y me dijo: "Vente por aquí, no hay otro camino". Y me introdujo hacia una pequeña puerta que llevaba a un estrecho corredor que daba a la parte interior. Su último mensaje fue: "¡Súbete al tren como puedas!, ¡y te bajas en la próxima parada, en la próxima! ", levantando la mano, dijo: "¡Buena suerte!".

Bajo un incontrolable estrés abordé el pequeño vagón empujado por el tumulto de gente que al igual que yo corrían desesperados.

Por fin, la puerta de embarque, fui el último pasajero en abordar aquella enorme nave transoceánica. Me esperaban 10 horas y 30 minutos dentro de aquella "lata de sardinas".

Mi siguiente destino: El Estado de Florida, Miami. Todo transcurrió con normalidad, de cuando en cuando éramos sacudidos por alguna turbulencia. Las horas transcurrieron ya eran casi las 4 de la tarde, estábamos a punto de aterrizar. Aquí el escenario tampoco se veía muy halagüeño, tenía un poco más de una hora para abordar la nave que me llevaría al Aeropuerto de Guatemala. El aterrizaje bien logrado compensó las pocas sacudidas que sufrimos a medio Océano.

La cosa se comenzó a complicar, aunque ya nos hallábamos en tierra el avión estaba detenido. Los minutos pasaban…, un graznido fuerte nos "despertó" y de la radio emanó una voz: "Les habla el Capitán, tenemos problemas y no nos acercaremos al puerto de desembarque antes de 30 minutos, lo siento", agrego aquella trasmisión casi mecánica.

¡No otra vez! Me dije para mis adentros, ¡esto no puede ser cierto! Rabié casi trinando los dientes de disgusto. Los movimientos "tímidos" comenzaron hacerse más notorios y por fin alcanzamos la salida. Habíamos perdido cerca de 40 minutos, tenía menos de 40 minutos para abordar el avión de American Airlines que me llevaría a Ciudad de Guatemala.

La desorganización del personal del Aeropuerto y, el retraso en la pista, estaban por jugarme una pasada desagradable.

El personal grosero de este Aeropuerto deja mucho que desear, esta es la peor Terminal Aérea por el que haya pasado en mi vida. No se necesita ser ni siquiera medianamente inteligente para entender que los pasajeros que va de tránsito deben ser orientados hacia puertas exclusivas donde no pierdan el tiempo.

Esta vez corrí con peor suerte, ¡perdí el vuelo! Ya no había nada que hacer que hallar soluciones. Llamé a Guatemala, y comuniqué a Ana Lucrecia, lo sucedido, para que no esperaran por mí, aquella noche.

Comencé a deambular por el aeropuerto, no sabía ni que hacer, el cansancio era tal que apenas podía mantenerme en pie. En mi desorientado caminar tropecé con una chica muy joven, que caminaba en la misma dirección y pregunté:

¿Vas hacia Guatemala?

¡Sí!, respondió, Isabela, era su nombre, y agrega, "pero me parece que lo hemos perdido".

¿Qué hacemos? Pregunté con desgano.

Y ella respondió con bastante cansancio ya que llegaba desde Dubái donde dijo, estudiaba.

"Creo, sería lógico que fuera a American Airlines a ver si hallamos solución, de lo contrario no se me ocurre nada", agregó.

En el camino se nos unió otra chica guatemalteca que llegaba de Madrid. No fue muy halagadora la respuesta del personal de la Línea Aérea, quienes sugirieron que lo más prudente sería aceptar lo que ellos planteaban: Viajar en Standby, es decir regresar al día siguiente a las 9 de la mañana y probar suerte en el primer avión que tuviera una plaza disponible, y así sería hasta lograrlo, este ritual podría haber tomado varios días.

Me pareció una solución inapropiada tomando en cuenta que no había sido culpa nuestra estar en aquel enredo. Las chicas lo aceptaron y decidieron volver al día siguiente, Isabela, tenía un tío en Miami y, la otra chica, opto por salir del Aeropuerto, por un momento esta chica me pareció que mentía, y no llegaba de Madrid, sino radicaba en Miami.

Me quedé solo y decidí seguir caminando, porque lo que había propuesto el empleado de American Airlines, era un poco abusivo, si no mucho, debíamos deambular toda la noche o en el mejor de los casos, hallar una banca desocupada para pasar la noche.

Me tropecé con mi "ángel salvador", Alicia, una chica de Colombia, que ya había encontrado en Migración, radicada en Inglaterra, quien también había perdido el vuelo hacia Cali, Colombia. Y, me comentó, que el problema no era de American Airlines sino de British Airways, y que me dirigiera hacia allí, aunque ella ya tenía reservación de habitación todavía no tenía vuelo reservado. Me pareció por lo menos una buena propuesta pasar la noche en un hotel.

Afortunadamente, corrí con mejor suerte que ella, me fue confirmado el vuelo con Mexicana de Aviación, al día siguiente.

Ella se acercó de nuevo al mostrador de chequeo e insistió que necesitaba llegar a su país lo más rápido posible, esta vez tuvo mejor suerte, salía al igual que yo, al día siguiente. Esa noche la pasamos en el Hotel Marriott, los gastos como no podía ser de otra manera corrieron por parte de British Airways. Al día siguiente saldría hacia el Aeropuerto Internacional, La Aurora, de Guatemala.

Cuando mis amigos, en Guatemala, que esperaban por mí me hablaron de un viaje inolvidable al Norte del país, me entusiasmé, si he de ser franco, ¡muchísimo! Tenía 35 años de no estar en mi tierra, y eso realmente, era ya mucho tiempo. Y, sobre todo, algo más adulador, me encontraría con la agradable hospitalidad de ellos. Personas muy gratas de las cuales guardo muy buenos recuerdos.

Impajaritablemente, esto ha dejado recuerdos, imágenes, vivencias y mucho calor humano, que, a pesar del paso ineludible del tiempo, aún conservo. Para las personas que hemos vivido tan lejos de nuestro país y por tanto tiempo y, sobre todo como es mi caso, vivido en el Norte de Europa, en la vetusta