Antología 5: El cambio - Aldo Stumpfs - E-Book

Antología 5: El cambio E-Book

Aldo Stumpfs

0,0

Beschreibung

La palabra "cambio" es la que aparece con más frecuencia cada vez que alguien relata su conversión espiritual. Si queremos explicar en qué consiste comenzar a caminar en el sendero de la fe en Jesucristo, no podemos evitar ese término: "Consiste en un cambio del corazón". Se trata de una operación sobrenatural de Dios que transforma la totalidad de nuestro ser. Es un cambio que sobreviene luego de recibir, también de parte de nuestro Señor, una dosis de fe. Y es tan potente ese cambio, esa metamorfosis, que genera un propósito al que rápidamente colocamos en el primer lugar de nuestra tabla de valores. Este hecho nos da una clara idea de la poderosa influencia que impacta en nuestra vida. Usando los extremos que nos ofrece la historia del cristianismo, podemos decir que por el cambio que produjo la fe en sus corazones, los creyentes de la Iglesia Primitiva prefirieron morir entre las fauces de los leones antes de negar su fe. Podemos decir que, por ese cambio, por esa inmensa convicción espiritual, muchos mártires entregaron valientemente sus vidas y fueron encerrados, torturados, aserrados, decapitados… Podemos decir que miles de misioneros, por ese cambio, no dudaron en dejar sus familias, sus terruños, sus afectos y todos sus bienes, para marchar lejos, muchas veces en contextos de altísimo riesgo, para que otros cambien conociendo al Señor de Señores. Y podríamos seguir con una lista interminable. Por este motivo, por la importancia suprema que esta palabra cobra en medio de la fe cristiana, hemos titulado a este libro con ese término tan determinante. Cada uno de los participantes de esta antología, demostrará, una vez más, que… "lo más importante que me pasó en la vida fue tener un encuentro personal con el Señor Jesucristo…"

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 134

Veröffentlichungsjahr: 2021

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



ANTOLOGÍA

Resultados del proceso

transformador de Dios.

Jorge Centurión, Sandra Hamberg, Pablo Vilchez, Betty Heinze, Aldo Stumpfs, Carina Paz, Marcelo Laffitte, Hilda de Laffitte, Horacio Stepaniuk, Esther Szczerba, Mirta Paniccia, Betty Maniell, Nelly Baz de Massini Campos, Nelly Piovano, Raquel Koch.

Laffitte, Marcelo

El cambio: Resultados del proceso transformador de Dios / Marcelo Laffitte. -1a ed.- Pilar: M. Laffitte Ediciones, 2021. Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-4435-92-7

1. Vida Cristiana. 2. Antología. I. Título.

CDD 248.5

Copyright © 2019 - Autores Varios

M. Laffitte Ediciones

[email protected]

Coordinadora de Antologías

Esther Szczerba

Todos los derechos reservados conforme a la ley. Prohibida la reproducción de esta obra, salvo en segmentos pequeños, sin la debida autorización del autor.

ISBN 978-987-4435-92-7 8 (ePub)

Diseño & Diagramación

Estudio Qaio. DG. Pablo Gallo

ÍNDICE

PRÓLOGO

LA GRAN AVENTURA DEL HOGAR DE NIÑOS

Por Jorge Centurión

FUERON LOS MISMOS QUE MÁS TARDE TRASTORNARON EL MUNDO

Por Sandra Hamberg

ALCANZANDO EL SUEÑO DE DIOS

Por el pastor Pablo Vilchez

“EMILI: HAS CAMBIADO MI LAMENTO EN BAILE”

Por Betty Heinze

UNA VENTANA AL MUNDO

Por el pastor Aldo Stumpfs

VIVIENDO EN PLENITUD

Por Carina Paz

CUANDO EL ÁRBOL NO TE DEJA VER EL BOSQUE

Por Marcelo Laffitte

“¿ÉSTAS SON HORAS DE LLEGAR?”

Por Hilda de Laffitte

¿ES POSIBLE EL CAMBIO?

Por Pedro Horacio Stepaniuk

METAMORFOSIS

Por Esther Szczerba

REFLEXIONES

Por Mirta Paniccia

LA FE NOS LLEGÓ JUNTO A UNA TAZA DE CAFÉ CON LECHE

Por Betty Maniell

DIOS ME HIZO LIBRE

Por Nelly Baz de Massini Campos

DIOS PROVOCÓ CAMBIOS MARAVILLOSOS EN MI VIDA…

Por Nelly Piovano

RESULTADO DEL PROCESO TRANSFORMADOR DE DIOS: EL CAMBIO

Por la Dra. Raquel Koch

PRÓLOGO

La palabra “cambio” es la que aparece con más frecuencia cada vez que alguien relata su conversión espiritual. Es que si me piden que explique en qué consiste comenzar a caminar en el sendero de la fe en Jesucristo, yo no podría evitar ese término: “Consiste en un cambio del corazón”. Se trata de una operación sobrenatural de Dios que transforma la totalidad de nuestro ser. Es un cambio que sobreviene luego de recibir, también de parte de nuestro Señor, una dosis de fe.

Y es tan potente ese cambio, esa metamorfosis, que genera un propósito al que rápidamente colocamos en el primer lugar de nuestra tabla de valores. Este hecho nos da una clara idea de la poderosa influencia que impacta en nuestra vida.

Usando los extremos que nos ofrece la historia del cristianismo, podemos decir que por el cambio que produjo la fe en sus corazones, los creyentes de la Iglesia Primitiva prefirieron morir entre las fauces de los leones antes de negar su fe.

Podemos decir que, por ese cambio, por esa inmensa convicción espiritual, muchos mártires entregaron valientemente sus vidas y fueron encerrados, torturados, aserrados, decapitados…

Podemos decir que miles de misioneros, por ese cambio, no dudaron en dejar sus familias, sus terruños, sus afectos y todos sus bienes, para marchar lejos, muchas veces en contextos de altísimo riesgo, para que otros cambien conociendo al Señor de Señores. Y podríamos seguir con una lista interminable.

Por este motivo, por la importancia suprema que esta palabra cobra en medio de la fe cristiana, hemos titulado a este libro con ese término tan determinante.

Cada uno de los participantes de esta antología, demostrará, una vez más, que… "lo más importante que me pasó en la vida fue tener un encuentro personal con el Señor Jesucristo…”

Marcelo LaffitteDirectorM. Laffitte Ediciones

La gran aventura del Hogar de Niños

De la pobreza más extrema a la riqueza total.

Por Jorge Centurión

La gran odisea comenzaba un 10 de septiembre de hace muchos años, cuando entraba por primera vez al Hogar de Niños, junto con mi hermano Ramón, el mayor de todos, y Ricardo, el segundo. ¡Yo estaba cumpliendo 4 años justo ese día! Lo veo como una gran aventura porque ahí pude desarrollarme y crecer independientemente, la mayor parte de mi infancia.

La bienvenida no fue tan cálida, ya que tuve mi primera penitencia por irme a explorar ese enorme lugar sin permiso y en mi inocencia, además, me fui solo. Era todo muy nuevo para mí, veía todo muy grande, me parecía que podía perderme en cualquier momento.

Nunca había estado en un lugar así. Era una casa hogar en un campo de varias hectáreas, donde había todo tipo de árboles frutales, huerta, también una granja, y un tambo de donde todas las mañanas desayunábamos la leche recién ordeñada por nosotros mismos. También había una carpintería y una panadería donde los niños más grandes ayudaban a hacer el pan y los bizcochitos de grasa.

“Para mí aquel era un mundo nuevo”

Todo era muy distinto a la vida que había llevado y conocía hasta ese momento. Tenía muchas actividades que hacer durante el día. Mis hermanos comenzaron a ir a la escuela en ese lugar, pero yo todavía tenía que esperar unos añitos más.

A partir de ese momento, ese sería mi nuevo hogar por más de cinco años. Pero lo que más me dolía era separarme de mis hermanos, que por las diferentes edades estábamos en distintos pabellones. Solo a veces los podía ver en el comedor o en la iglesia que había en el predio del hogar. Hablando de la iglesia, recuerdo que también tuvimos el privilegio de ser parte de su construcción. Pero lo que deseo remarcar es que mis hermanos eran muy importantes para mí y ya no compartiríamos más las aventuras que vivimos juntos.

El gran reencuentro

Antes de llegar al hogar de niños fui creciendo con mis hermanos mayores, pero sin saber que también teníamos una hermana que vivía en la provincia de Corrientes, junto con nuestra abuela materna. Al pasar el tiempo nos enteramos también de otra hermana menor que yo. Ella había sido adoptada y cambiado su nombre y apellido.

Con el paso de los años mi hermano Ramón se ocupó de buscarlas a las dos: primero a la mayor, ya que había más datos para poder ubicarla y después de algunos años se encargó de localizar a la menor. A ella fue más difícil encontrarla, pero se logró.

Recuerdo que, en una Navidad, después de muchos años, ya siendo todos mayores, pudimos reencontrarnos los cinco hermanos y pasar unas hermosas fiestas juntos, la gran mayoría con nuestras familias propias.

Nos convertimos en mendigos

Volviendo a la historia de mi niñez, antes de entrar al Hogar, nuestra vida era de una pobreza extrema. Nos fuimos mudando varias veces a distintos lugares sin encontrar esa protección que todo niño debe tener. Al principio vivíamos con nuestros padres, los dos eran alcohólicos y analfabetos. Mi padre hacía changas y lo poco que conseguía lo usaba para tomar. Fue entonces que, con mis hermanos, comenzamos a salir a pedir comida o dinero a la calle, yendo hasta Constitución en el tren, y allí recorríamos la zona mendigando.

Recuerdo que entrábamos a los restaurantes y al verme a mí tan chiquito siempre me daban más moneditas que a mis hermanos. Yo las guardaba en unas medias que usaba de monedero. Al salir, mis hermanos me las cambiaban por bolitas y yo… feliz.

Así transcurrió nuestra infancia, plena de lucha por sobrevivir. Creo que eso nos convirtió en adultos antes de tiempo. Otro recuerdo que viene a mi mente es que, para poder comer, uno de mis hermanos pescaba unas anguilas en un arroyo que teníamos al costado de nuestra casa, ¡las preparaba riquísimas! Ricardo era mi chef preferido.

Ese arroyo, a la vez, nos traía unas inundaciones terribles y jamás olvidaré cuando llegaban los bomberos a rescatarnos. Dos por tres mi madre se caía en ese arroyo cuando estaba ebria y nosotros debíamos meternos para rescatarla. Pese a nuestra corta edad, muchas veces debíamos cuidar nosotros de ella en lugar de ser al revés, como sucede en las familias normales.

La madrina

En una de las tantas veces que mis padres buscaban dónde vivir, llegaron a la casa de una señora llamada Élida, quien tenía una casilla de madera al fondo de su casa, que les ofreció en alquiler.

Ella comenzó a ayudarnos al darse cuenta de que nuestro padre dejaba sola a nuestra madre, sin dinero y sin comida y que por varios días no regresaba a casa. Mientras esta buena señora nos brindaba todo su cariño y apoyo, comenzó a tomar por mí y por mis dos hermanos un cariño especial. Algún tiempo después se convirtió en nuestra madrina. Un regalo del cielo.

Por aquel tiempo mi padre comenzó a golpear y maltratar mucho a mi madre. Incluso, me cuentan, que también lo hacía estando embarazada de mí, pero gracias a que Dios me protegió desde el vientre mi madre, nací sano y fuerte pese a lo vivido.

Debido a la extrema pobreza y desamparo en que nos encontrábamos, la madrina Élida radicó una denuncia sobre nuestra situación, para que nos ayuden. Al poco tiempo nos llevaron al Hogar de Niños y es ahí donde pasamos gran parte de nuestra infancia.

En ese lugar sucedió algo muy importante: comencé a oír de Dios por primera vez. Aquel era un Hogar cristiano. Pero no fue el único hogar de niños que conocí, también estuve unos dos años en un convento de monjas en General Madariaga, donde todo era completamente diferente a lo que estábamos acostumbrados.

Vuelve el cariño de la madrina

Cuando yo tenía 11 años, la “madrina” decidió sacarnos del hogar y llevarnos a vivir con ella. Élida y su esposo René fueron quienes nos ayudaron a terminar de formarnos en nuestra adolescencia y juventud, como personas de bien, con su ejemplo de esfuerzo y trabajo. Élida tenía un hijo varón, y una hija que había sido afectada por la poliomielitis y quedó con muchas secuelas en sus vías respiratorias, a tal punto que dependía de un pulmotor para poder vivir.

Así fui creciendo y en mi adolescencia mi autoestima cada vez decaía más por todo lo que había vivido. Siempre me sentí inferior a los demás, era un niño introvertido, que no hablaba, era tartamudo y me avergonzaba el estar con gente, no me gustaban las reuniones y tenía muchos problemas de aprendizaje en la escuela.

La búsqueda de Dios

Mi búsqueda de identidad, de algo que sanara mi corazón herido, me hizo buscar lo espiritual, eso que ya había empezado a conocer en el hogar cristiano. Estuve gran parte de mi niñez en ese hogar que marcó mi vida. Una puerta al propósito de Dios se había abierto en ese hogar, mi hogar.

Ya estando con la madrina Élida, nos comenzó a llevar a varias iglesias y religiones buscando la sanidad de mi hermano Ramón. Nos llevó a cultos espiritistas, varias iglesias católicas y evangélicas y, como si fuera poco, comenzaron a venir a la casa los Testigos de Jehová, con enseñanzas que me hicieron seguir buscando mi encuentro con Dios.

Un vecino me invitó a una iglesia de ucranianos, en su mayoría compuesta por muchos rubios y yo… negrito en medio de ellos. Fui bien recibido y comencé a experimentar grandes cambios en mi vida. La transformación pronto se empezó a notar. Lo que el Espíritu Santo hizo en mí fue un importante cambio desde el interior hacia el exterior. Noté que se modificaba totalmente mi persona. Comenzó a sanarme progresivamente mi autoestima, mi salud física y emocional, me llenó con Su Espíritu.

Experimenté por primera vez de Su amor incomparable. Tuve que seguir luchando cada día pues no podía ir a congregarme, ya que mi madrina no me dejaba, ni tampoco aceptaba que me bautizara. Eso era muy importante para mí, pero no me lo permitía.

¡Me adoptó como Su hijo!

El ojo del mundo discrimina, así me sentí muchas veces, mas Dios me miraba con ojos de misericordia. Él me había adoptado como Su hijo, me guardó desde el vientre de mi madre, en todo momento Él me cuidó.

Cuando comencé a asistir a la iglesia me sentí por fin insertado en una familia. Con amor me cuidaron, los ancianos me aconsejaban, me hablaban mucho. Dios comenzaba a obrar en mi vida, a entrar en mi corazón y sanarme. La escuelita bíblica me enseñó acerca del amor que Dios tenía por mí, y que yo era Su hijo.

Los himnos, las canciones y una hermosa orquesta que me maravillaba oír cada domingo… eso fue acercándome a Su presencia. Evidentemente había comenzado un nuevo tiempo para mí.

Recuerdo ese maravilloso himno que decía: “Firmes y adelante, huestes de la fe, sin temor alguno que Jesús nos ve”. En ese ambiente -que para muchos era frío y estructurado, ya que en las reuniones no volaba una mosca, ni tampoco se acompañaban las canciones con palmas, y en donde las mujeres se sentaban por un lado y los hombres por otro, aunque fueran matrimonio-, yo me sentí lleno del Señor.

Mi corazón ardía por buscar del Espíritu Santo de Dios, de ese Espíritu que decía el pastor que podía cambiar mi corazón dolido, lastimado, angustiado y con miles de complejos. Muchos podrían dudar que justo ahí fui lleno del Espíritu Santo. Yo, ese muchachito cohibido, callado, que se veía feo en lo físico y, por si fuera poco, tartamudo como consecuencia de todo lo que había vivido.

Dos milagros maravillosos

Alrededor de los catorce años, en una de las reuniones que recuerdo muy claramente, yo buscaba intensamente a Dios. De pronto, sentí una mano que entraba a mi pecho y cambiaba mi corazón viejo y destruido. A la vez, esa misma mano tocaba mis labios y algo milagroso sucedió a partir de ese momento: comencé a hablar bien ¡ya no era más tartamudo! ¡Jesús me había sanado!

Otra experiencia que no puedo dejar de contar es cuando el Espíritu Santo me bautizó. Fue en una noche muy especial de verano y todo mi ser se seguía sanando y renovando cada vez más. Volví a casa y no me podía desconectar del Espíritu Santo. Me quedé hasta muy tarde orando y leyendo la Biblia. Buscaba poder tener una experiencia sobrenatural con Su Palabra, mientras leía el Nuevo Testamento.

Cuanto más leía, más hambre tenía por seguir escudriñando las Escrituras. Y el milagro sucedió. En aquella madrugada llegó de pronto un sabor muy marcado a miel en mi boca mientras leía. Más leía, más dulce era. Y así comencé mis primeras experiencias sobrenaturales con el Espíritu Santo.

Un cambio total en mi persona

A partir de ese momento fueron innumerables las experiencias que comenzaría a vivir. Mis hermanos se sorprendían de mi cambio y de mi búsqueda incesante, que no acababa, sino que aumentaba cada vez más. Buscaba a Dios en todo lugar, tenía mis lugares donde Dios me visitaba. Uno de ellos era en mi dormitorio, otro el baño, ya que cuando no me dejaban ir a la iglesia me encerraba allí. Era tal mi angustia por no poder congregarme que el Señor me compensaba visitándome en casa con experiencias sobrenaturales.

Cuando me encerraba en mi habitación era un momento único. Me tiraba de rodillas a orar ante Su presencia, cerraba mis ojos y una luz del cielo descendía hasta donde yo estaba para cubrirme, consolarme y ministrarme. El Señor sabe que no exagero nada en todo lo que relato.

Así fui creciendo y por Su gracia todos veían el cambio que Dios mostraba cada vez más en mi vida, a tal punto que en el barrio me llamaban “el pastorcito”, porque no se me cruzaba ninguna persona sin que yo le predicara y le contara mi testimonio. Mis hermanos me respetaban porque veían una autoridad sobre mí y se sorprendían de la transformación que Jesús había hecho en todo mi ser. Ellos me conocían más que nadie y eran testigos del poder sobrenatural de Su presencia operando en mi vida. Una vida completamente rendida a Sus pies.

Hoy día, mirando al pasado y escribiendo para este libro, siento que Dios me ha dado una nueva identidad, una nueva vida. Me llevó de la pobreza más extrema a la indescriptible riqueza de convertirme en Su hijo.

Miro mi presente y solo puedo agradecer todo lo bueno que Dios ha sido conmigo. Tengo una hermosa familia que es mi mayor tesoro. Mi esposa Fernanda, con quien llevamos un matrimonio de 19 años y un precioso hijo, Santiago, regalo del cielo para nosotros. ¿Puedo pedir algo más?

“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre”. (Eclesiastés 11: 13).

Jorge Centurión y su esposa Fernanda Domínguez viven en Lanús y juntos tienen la bendición de ser los papás de Santiago Benjamín. Han abierto varios comercios de telefonía celular, llevando 18 años con éxito en el rubro. Ambos sirven como líderes en Catedral de la Fe Lanús.

Email:[email protected]

Teléfono/WhatsApp: +54(11)3761-9488