Audaces - Keila Ochoa Harris - E-Book

Audaces E-Book

Keila Ochoa Harris

0,0

Beschreibung

Este libro trata la historia de mujeres que fueron audaces frente a grandes desafíos: dos parteras que se resistieron al sistema arriesgando sus vidas, una princesa compasiva que usó su lugar de privilegio para hacer el bien, una esposa y madre que estuvo dispuesta a obedecer a Dios a cualquier costo, y una líder que vio los portentos de Dios y aprendió la obediencia y la gratitud. Todas ellas transitaron las páginas y la historia del libro del Éxodo y nos desafían a vencer en fe nuestros temores hoy.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 155

Veröffentlichungsjahr: 2024

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



AUDACES

© Keila Ochoa Harris

© Ediciones Verbo Vivo E.I.R.L

Primera Edición Digital

Perú - Enero 2024

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú № 2024-00730

ISBN: 978-9972-849-53-4

Cuidado de Edición: Patricia Adrianzén de Vergara

Diseño de carátula: Erika Arenas Adrianzén

Codificación: Eduardo Arenas Silvera

Las referencias bíblicas han sido tomadas de La Santa Biblia Versión Reina-Valera y la Biblia 1960,Santa Biblia Reina Valera Revisada y la Biblia Nueva Traducción Viviente.

Derechos reservados: Prohibida la reproducción parcial o total de esta obra sin autorización de la Editorial.

Ediciones Verbo Vivo E.I.R.L

Correo electrónico: [email protected]

Web: www.edicionesverbovivo.com

Dirección: Avda. Brasil 1864. Pueblo Libre. Lima-Perú

Teléfono: 997564865

https://cutt.ly/PBKvMYi

Dedicatoria

A Tere y Lily, amigas audacesque me animan a no desmayar.

Gracias por estar presentes en las montañasy en los valles del peregrinaje.

Índice

Dedicatoria

Introducción: Audaz

Capítulo I - Sifra y Fúa: unas parteras audaces

1: Coqueta y audaz

2: El jardín

3. Esclavitud

4. Las parteras

5: Pausa necesaria

6: Sifra y Fúa

7. El temor correcto

8. Confrontación

9. Consecuencias

10. Otra egipcia

11. Dos nombres

Catherine Hamlin: audaz en la defensa de las madres

Capítulo II - La hija de faraón: una madre audaz

1: Princesas

2: En el palacio del faraón

3. El dilema

4. Un bebé

5: Dos madres

6: Un hijo exitoso

7. Pregunta para nosotras

8. Una maternidad bíblica

9. Por la fe

10. Un lugar de privilegio

Virginia Prodan: audaz en la defensa de la libertad

Capítulo III - Séfora: una esposa audaz

1: La esposa

2: Fugitivo

3. La pastora

4. El pastor

5: Trastorno

6: La despedida

7. La amenaza

8. Audaz

9. El regreso

10. Volar

Ángela Yuan: audaz en la defensa de su hijo

Capítulo IV - Miriam: una líder audaz

1: Amarga

2: Hermana mayor

3. Profetisa

4. Peregrina

5: Rebelde

6: Hija querida

7. Restauración

8. Luz sobre el mar

9. Eminente

10. Una bendición

Anne Zaki: audaz en la defensa de la comunidad de fe

Epílogo: Atrévete a ser audaz

Acerca de la autora

Libros Verbo Vivo

IntroducciónAudaz

No me considero particularmente valiente. Cuando veo ciertos insectos o animales pequeños, mi corazón late con fuerza y huyo enseguida de la habitación. Detesto los hospitales y las agujas, lo que hace que en ocasiones prefiera automedicarme a visitar un consultorio.

No soy particularmente abierta para compartir mis opiniones en voz alta, lo que no me hace una persona osada o atrevida. Tampoco me llamaría intrépida, pues no he hecho paracaidismo ni he saltado en el bungee.

Sin embargo, puedo decir con certeza que he tomado una de las decisiones más arrojadas que cualquier ser humano pueda tomar. En contra de lo que la sociedad dicta y a pesar de mi propio «yo», he decidido seguir a Jesús.

Hace más de tres décadas, en una noche rodeada de mis miedos infantiles, le dije «sí» a Jesús. Le pedí que me salvara de mi pecado y me rescatara de una vida sin propósito. Le supliqué misericordia y recibí su perdón. Luego le entregué mi vida y le di permiso para guiarla a donde Él quisiera.

Esta resolución me ha traído un sin fin de aventuras que solo puedo considerar como valerosas. He descubierto que puedo ser audaz. Por ejemplo, elegí una vida de pureza sexual hasta el matrimonio, aun cuando esto sucedió hasta mis treinta y cuatro años de edad. En otras palabras, defendí mi virginidad sin importar las burlas o los señalamientos.

Luego, tuve dos hijos entrada en mis treinta, y así como en el reino animal, he descubierto que tengo la capacidad y las fuerzas para defenderlos de los enemigos que acechan con robarles su inocencia y su niñez.

Esta intrepidez sobrenatural me ha impulsado a escribir a pesar de los obstáculos, aunque en muchas ocasiones he querido renunciar. Con arrojo, mi familia y yo vivimos varios años en un país musulmán, a pesar de no saber el idioma ni conocer los desafíos que existen en una cultura distinta a la nuestra, pero lo hicimos para compartir a otros del mensaje de la Biblia. Mientras escribo este libro, enfrento un nuevo proyecto en mi país a pesar de ya no considerarme joven ni preparada.

Te lo cuento no para vanagloriarme, sino para humildemente confesarte que esta valentía no provino de mí. Yo, en realidad, soy la persona más miedosa que podrías conocer, y cuando dejo que los temores me dominen, me viene el insomnio y el pesimismo. He sufrido de muchas «itis» como consecuencia de mi cobardía, entre ellas la gastritis y la colitis nerviosa.

En otras palabras, sin la firme convicción de la presencia de Dios en mi vida, no lograría ni siquiera salir de casa en algunos días. Supongo que ya me habría refugiado en el alcohol o en otros vicios para envalentonarme o encubrir mis muchos temores. Quizá mi debilidad ya me hubiera separado de mi esposo, mis hijos o la realidad.

Así que este libro, no es para hablarte de mí ni para darte diez secretos sobre cómo vencer tus miedos. Más bien, quiero contarte la historia de otras mujeres que fueron audaces, pero no en sus propias fuerzas. En realidad, quisiera hablarte de Aquel que nos hace fuertes en medio de las circunstancias más atemorizantes.

Quiero contarte del Creador por excelencia que dotó a los animales de instintos de protección, como a los osos que atacan a quienes amenazan a sus crías, o a las zorras que cavan cuevas en el piso para esconder a sus bebés de los depredadores. ¿Sabías que algunos animales se protegen en los números, como los elefantes que caminan juntos, y otros, como los lobos, enseñan a sus pequeños el arte de la supervivencia?

Ese mismo Dios Creador me ha transformado y te puede transformar a ti también, porque no nos ha dado un «espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio» (2 Timoteo 1:7, RVR60). Quiero hablarte de un Dios que elige a lo más endeble, para hacerlo fuerte, del Dios que se deleita en perfeccionar al débil y cansado.

En los primeros dos capítulos de este libro lo veremos como el Invisible, el Dios de los hebreos que aún no tenía nombre, por así decirlo, y que no se había revelado en toda su gloria. En los dos siguientes capítulos conoceremos más de Él, el Gran Yo Soy, que es, era y será por siempre; el Dios que hace a los tartamudos hablar y a los ciegos ver; el Dios cuyo brazo no se acorta, sino que envía plagas, abre mares y hace caer pan del cielo.

A través de las vidas de estas mujeres del Éxodo descubriremos que seguir a Dios implicará muchas veces ser audaces para defender lo correcto. Algunas de estas mujeres defendieron a sus propias familias y otras a migrantes y personas indefensas. Algunas de estas mujeres ocuparon puestos de autoridad, y otras, aun sin ser reconocidas, decidieron hacer lo correcto sin importar el costo.

Quizá algunas de estas historias te son familiares, o pudieran ser nuevas para ti. Sin importar la situación, te pido que las leas como si fuera la primera vez. Déjate atrapar por los miedos y los sueños de estas mujeres. Métete a cada escena como si estuvieras ahí, oliendo el pescado y pisando la arena del desierto, probando las hierbas amargas y mirando un mar partirse a la mitad.

¿Y por qué hablar de estas mujeres? ¿Qué las hace especiales? Las historias de estas mujeres comienzan en el libro de Éxodo, el segundo del canon bíblico. ¿Sabías que «éxodo» significa «salida»? La narrativa comienza en Egipto, en una región llamada Gosén donde el pueblo de Israel se encontraba en esclavitud. Necesitaban un rescate, y este provino por medio de un libertador llamado Moisés.

Este libro bíblico, sin embargo, es crucial para que comprendamos una palabra bíblica fundamental: la redención. La redención, en su definición más sencilla, significa «rescate». Los esclavos hebreos sufrían a manos de crueles amos, no porque hubieran quebrantado las leyes, sino simplemente por su herencia étnica. Dios, entonces, entra en escena y realiza uno de los rescates más increíbles de la humanidad. Me atrevo a decir que no ha habido otro evento como este en que un pueblo haya logrado su libertad sin que ellos dispararan una sola arma o blandieran una sola espada.

Al mismo tiempo, Dios usó a personas para lograr sus propósitos. Se requirió, principalmente en los primeros momentos de esta hazaña, la participación de algunas mujeres valientes y audaces que a su vez rescataron a alguien. ¿Y de dónde obtuvieron fuerzas? ¿Cómo lograron ir en contra de las fuerzas políticas y sociales de una sociedad totalitaria? Del Invisible. Del Gran Yo Soy.

La historia hoy continúa. El plan de redención sigue en marcha. Para que exista un rescate debe haber un rescatado y uno que rescata, así como algo de lo cual la persona es rescatada. El Egipto moderno es el pecado, la inmoralidad y todo lo que nos atrapa y nos esclaviza, sea el chisme o la impureza, las drogas o los vicios, la depresión o la ansiedad. Dios entra a nuestras vidas como el Redentor por excelencia y nos da la «salida», es decir, el éxodo a una nueva vida con Él.

Y cuando recibimos esa nueva vida en Cristo, cuando salimos de Egipto, cuando comienza el éxodo de nuestras vidas, nos volvemos audaces, como las mujeres que estudiaremos a continuación. Pues hoy no solo nos dedicamos a disfrutar de la libertad, sino que nos convertimos, por así decirlo, en colaboradoras del Redentor. Si bien Él es quien rescata, nosotras nos volvemos sus manos y sus pies para defender a los indefensos y débiles del mundo, nos ponemos en la brecha para señalar la ruta de escape y llevar a otros al Gran Yo Soy.

Por esa razón, he incluido también en este libro cuatro breves reseñas de mujeres modernas y valientes. Estas cuatro mujeres viven en un Éxodo actual, pues ayudan a otros a «salir» de los malos hábitos, de las enfermedades, del estigma y de la esclavitud moderna. Algunas han ayudado a muchos, otras solo a sus familias cercanas, pero nos recuerdan que, si bien la tecnología ha avanzado y los retos han cambiado a comparación de los tiempos del Antiguo Testamento, los planes de Dios son los mismos: rescatar a todos del pecado.

Permitamos que la audacia de estas mujeres bíblicas y modernas nos motive y nos inspire a dejarnos usar por el Dios que nos ve, que teje nuestras historias y perdona nuestras faltas. Tal vez tú no eres tan miedosa como yo. Quizá te identificas con mi introversión y timidez. No importa. Tú y yo tenemos un lugar en el tapiz del plan divino, seamos una hebra de color morado o rosado, azul o verde. Y cuando ocupemos nuestro lugar en los planes de «salida» de Dios, no solo encontraremos el sentido de nuestras vidas, sino la valentía para llevarlos a cabo. ¿Comenzamos?

Capítulo I

Sifra y Fúa:unas parteras audaces

1

Coqueta y audaz

En mi país, México, existe una empresa llamada Coqueta y Audaz. Inició en 1965 con el nombre de Calzado Coqueta, pero luego agregaron la palabra audaz. Su misión consiste en fabricar calzado infantil que permita el sano desarrollo de los pies de niños hasta los doce años de edad. Si bien el adjetivo de «coqueta» nos indica que uno de sus objetivos son las niñas, me pregunto por qué decidieron añadir la palabra «audaz». ¿Para apelar a los niños?

¿Te sentirías halagada si alguien te dijera que eres audaz? Quizá verificarías el significado en el diccionario antes de sentirte ofendida. Sin embargo, el diccionario nos dice que alguien audaz es «capaz de emprender acciones poco comunes sin temer las dificultades o el riesgo que implican».

Entre sus sinónimos están las palabras: valiente, osado, atrevido, arriesgado, decidido y emprendedor. Si buscas en Google a las personas más relacionadas con la palabra audaz encontrarás a William Wilberforce, Harriet Tubman, Abraham Lincoln, Mahatma Gandhi, Rosa Parks y Moisés.

Moisés, de hecho, me parece un buen ejemplo de un hombre osado que enfrentó al imperio más importante de su época. Sin embargo, Moisés no fue el único audaz en la historia del Éxodo. De hecho, la historia de la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto no existiría sin la presencia de algunas mujeres que, en un momento crítico de la historia, mostraron valor y actuaron con determinación a pesar de los peligros.

¿Me acompañas a conocerlas?

2

El jardín

Todo comenzó en un jardín. El primer hogar del hombre fue el Edén, un lugar que nos hace suspirar y que en el fondo añoramos todos los días. Algo mágico sucedía en este lugar donde el hombre y la mujer andaban desnudos y sin apenarse, y donde Dios se acercaba a ellos para conversar.

Cuando Eva fue engañada por la serpiente, salieron del huerto para vivir entre cardos y espinos. La puerta se cerró. El jardín quedó atrás. El pecado separó al hombre del Creador, pero Dios tenía listo un plan. Por medio de la mujer vendría un libertador quien derrotaría al enemigo, Satanás, para siempre.

Este Salvador nacería de mujer, por lo que se necesitaba una familia, y esta familia comenzó con un hombre llamado Abraham. Abraham salió de Ur hacia una tierra que no conocía. Pasó por muchas pruebas, como no tener hijos, hasta que vino Isaac. Isaac, por su parte, tuvo dos hijos. El menor recibió la bendición para continuar con la promesa y engendró doce hijos.

Entonces vino una terrible sequía en la tierra de Canaán, el hogar de Jacob. José, uno de sus hijos menores, llegó en circunstancias de traición a Egipto, pero Dios tenía un propósito. Usó a este joven piadoso para guardar grano durante los años de abundancia, y luego venderlo en el tiempo de escasez.

Gracias a eso, salvó a los egipcios, pero también a su propia familia. Jacob y sus hijos vinieron a Egipto para escapar del hambre y se establecieron en la tierra de Gosén. Después de años en las tierras áridas de Palestina seguramente el delta del Nilo les recordó al jardín del Edén.

Quizá se impresionaron ante la fertilidad del valle y disfrutaron de los frutos del país. La comida abundaba y se sintieron seguros bajo el cuidado de José. De hecho, la Biblia nos cuenta que, ya que los egipcios consideraban el pastoreo como una actividad inferior, los israelitas se dedicaron a la ganadería y sus rebaños aumentaron.

De ese modo, pasaron los años. Trescientos cincuenta. ¿Por qué no volvieron a Canaán? Quizá, simplemente, como sucede con los migrantes, los hijos solo conocían Egipto. Tal vez no les inspiraron las historias de sus padres sobre esas tierras lejanas. Egipto los trataba bien. ¿Para qué irse de allí?

Tristemente las cosas cambiaron. Subió al poder un nuevo rey. Probablemente representaba una nueva dinastía, y el texto bíblico nos informa que no conocía a José ni sus hechos. Lo que sí veía era el número de israelitas a su alrededor. Como buen líder, comenzó a sospechar de ellos. ¿Qué pasaría si un día los israelitas decidían reinar Egipto? ¡Los sobrepasaban en número! ¿O si se aliaban con sus enemigos? Y por cierto, tenían muchos.

Por lo tanto, el rey trazó una forma de controlar la plaga. En primer lugar, esclavizó a los israelitas. La Biblia no nos cuenta cómo sucedió. ¿Habrá sido que de la noche a la mañana los declararon servidumbre o comenzaron a cobrar tantos impuestos que ellos tuvieron que «venderse» para pagar? ¿Cómo es que siendo tan numerosos cedieron ante los egipcios?

Debido a las armas. Los egipcios contaban con un ejército poderoso, pero los israelitas no estaban organizados. Tal vez ni siquiera vivían juntos, ya que la tierra de Gosén era extensa. ¿Tenían casas o seguían plantando tiendas para seguir a sus rebaños adonde hubiera buenos pastos? Lo cierto es que un día abrieron los ojos y ya no vieron un jardín, sino una prisión.

3

Esclavitud

Ignoro qué es vivir como una esclava. Nací libre y he seguido libre, por lo menos social y políticamente. Sin embargo, he leído mucho sobre la esclavitud. En los Estados Unidos, la esclavitud de las personas africanas se convirtió en un negocio y una forma de vida que ha tardado años erradicarse. En Latinoamérica, las castas virreinales solidificaron las diferencias sociales entre negros, indígenas, criollos y españoles.

La esclavitud hoy día se disfraza de distintas maneras. La Organización Mundial del Trabajo estima que más de cincuenta millones de personas viven en esclavitud moderna la que se divide en trabajos forzados y matrimonios forzados. Las mujeres son las más vulnerables a esta situación.

En trabajo forzoso, el 63% representa mujeres y niñas sometidas a explotación sexual comercial. Los matrimonios forzados que ocurren principalmente en Asia y los estados árabes afectan a las niñas. ¿Y sabes qué población es la más frágil ante esta situación? Los migrantes.

Los israelitas llegaron por invitación a Egipto, pero pronto se volvieron el enemigo. Hoy día leemos de países en guerra. Sus habitantes huyen por el hambre, el peligro y la discriminación, y quizá al principio reciben puertas abiertas en otros países. Lamentablemente, unos meses o años después, la gente olvida por qué llegaron ahí en primer lugar y los comienza a mirar con sospecha.

Podemos leer y escuchar los discursos de odio hacia los migrantes. Se los acusa de robar trabajos y oportunidades a los nativos. Si el crimen aumenta, se señala a los que portan otro pasaporte o ninguno. ¿Y qué sienten los migrantes? Viven entre dos mundos. Uno que dejaron y añoran, pero al que quizá no pueden regresar, y otro, el actual, donde quieren encajar, pero no pueden.

Los israelitas probaron las aguas amargas de una total carencia de derechos. No tenían voz. Faraón, además, puso sobre ellos capataces despiadados. ¿Qué otra clase de personas pueden realizar esas labores deshumanizadoras? Los nazis no eligieron «buenas personas» para dirigir los campos de concentración. Se requiere de frialdad y apatía, y mucho dolor propio, para disfrutar subyugar a los «enemigos».

Así comenzó la era de esclavitud de los israelitas: años y años de construir las ciudades de Pitón y Ramsés, lejos del jardín idílico del Nilo. Sin embargo, leemos que «los israelitas se multiplicaban y esparcían» (Ex. 1:12, NTV). ¿Y qué hicieron los egipcios? ¡Alarmarse! El plan no estaba funcionando.