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Todo lo que quieren saber sobre los diez mejores futbolistas del mundo se encuentra en este libro
Buscando al Mejor es una obra que llega con la vocación de conocer nuevos detalles del ayer y el hoy del fútbol más selecto, el de los diez jugadores más renombrados, aquellos seleccionados por el periodista Iván Castelló: Messi, Cristiano, Romario, Ronaldo, Zidane, Maradona, Cruyff, Beckenbauer, Pelé y Di Stéfano, a los que ha conocido en persona el autor.
Sobre ellos tambien escribe el mejor once de la profesión periodística, el formado por Julio Maldonado ‘Maldini’, Martí Perarnau, Rubén Uría, Fermín de la Calle, Juan E. Rodríguez Garrido, Ladislao J. Moñino, Borja Pardo, Miguel Lourenço Pereira, Javier Cáceres y Bernardo Salazar, con prólogo de Julián García Candau, maestro de maestros.
De los actuales Messi y Cristiano a los míticos Pelé y Di Stéfano, pasando por los recientes Ronaldo, Zidane y Romario, y sin olvidar a tres leyendas como Maradona, Cruyff y Beckenbauer, se sientan en el libro las bases de una competencia justa entre los diez mejores jugadores de todos los tiempos en un deporte que camina por su tercer siglo de existencia.
¿Quién resultará elegido en el partido de Buscando al Mejor? Descúbrelo en este libro.
SOBRE EL AUTOR
Iván Castelló es un periodista madrileño que siempre ha trabajado como cargo de responsabilidad en los medios más influyentes de este país: Agencia EFE, As papel y web, El País web, Canal + y Eurosport, del que actualmente es redactor jefe web. Es tertuliano desde 2006 en ‘Fiebre Maldini’ y comentarista de partidos desde 1997. Es un reconocido coleccionista de camisetas de fútbol, hincha incondicional del Feyenoord y ha cubierto la información de seis Mundiales.
EXTRACTO
El mejor jugador de la historia será siempre decisión polémica. Designar un podio con los tres mejores no dejará de ser otro conflicto. Si se trata de elegir equipo completo son 11 discusiones sin acuerdo posible. Personalmente, después de haber presenciado Eurocopas de Naciones desde 1964, in situ, Mundiales también in situ desde 1974 y Juegos Olímpicos en idéntica condición desde 1972, me resulta difícil inclinarme por quién ha sido número uno. Puedo presumir de haber visto jugar a los mejores del mundo, en torneos oficiales, en partidos de gran responsabilidad y sin esfuerzo memorístico surgen nombres como Alfredo Di Stéfano, Pelé, Maradona y Messi. Pero es complicado seguir echando cuentas de lo que he visto porque en la memoria sigo teniendo imágenes que, seguramente, a los jóvenes de hoy les pueden parecer casi incomprensibles. Tal vez hasta consideren que son historias del abuelo.
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Seitenzahl: 230
Veröffentlichungsjahr: 2015
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Iván Castelló
Periodista madrileño que siempre ha trabajado como cargo de responsabilidad en los medios más influyentes de este país: Agencia EFE,Aspapel y web,El Paísweb, Canal + y Eurosport, del que actualmente es redactor jefe web. Es tertuliano desde 2006 en “Fiebre Maldini” y comentarista de partidos desde 1997. Es un reconocido coleccionista de camisetas de fútbol, hincha incondicional del Feyenoord y ha cubierto la información de seis Mundiales. Síguele en Twitter @ivancastello
© Iván Castelló, 2015
© Ilustración de portada: Adrián López Viamonte
© Ilustraciones de interior: Adrián López Viamonte y Javier Garrido
© Al Poste, 2015
Fuencarral, 70
28004 Madrid (España)
Tel.: 91 532 05 04
www.alposte.es
Primera edición: noviembre de 2015
IBIC: WSJA
ISBN: 978-84-15726-52-4
e-ISBN: 978-84-15726-57-9
Depósito legal: M-30.684-2015
Impreso en España -Printed in Spain
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Al fútbol, por existir,
y a los futbolistas, por jugarlo.
Julián García Candau
El mejor jugador de la historia será siempre decisión polémica. Designar un podio con los tres mejores no dejará de ser otro conflicto. Si se trata de elegir equipo completo son 11 discusiones sin acuerdo posible. Personalmente, después de haber presenciado Eurocopas de Naciones desde 1964,in situ, Mundiales tambiénin situdesde 1974 y Juegos Olímpicos en idéntica condición desde 1972, me resulta difícil inclinarme por quién ha sido número uno. Puedo presumir de haber visto jugar a los mejores del mundo, en torneos oficiales, en partidos de gran responsabilidad y sin esfuerzo memorístico surgen nombres como Alfredo Di Stéfano, Pelé, Maradona y Messi. Pero es complicado seguir echando cuentas de lo que he visto porque en la memoria sigo teniendo imágenes que, seguramente, a los jóvenes de hoy les pueden parecer casi incomprensibles. Tal vez hasta consideren que son historias del abuelo.
Debuté como cronista en partidos internacionalesen abril de 1963. Fue en el partido España-Escocia (2-6). De aquella ocasión guardo el recuerdo de un jugador excepcional, Dennis Law, que dictó una lección de buen fútbol. Desde aquella lejana ocasión he seguido escribiendo crónicas y columnas de partidos de la selección en número que supera los 350, mi récord personal. Los viejos cronistas se despidieron con muy escasos números porque los partidos internacionales eran como mucho cuatro al año. Hasta para la clasificación del Mundial de 1950, en Brasil, España solo tuvo que jugar dos partidos eliminatorios contra Portugal.
Antes de que fuera descubierto Edson Arantes do Nascimento “Pelé”, en el Mundial de 1958, en Suecia, yo había visto en Mestalla, con el Botafogo, a un tal Garrincha. Cuando visité por vez primera Maracaná me enseñaron los dos vestuarios principales. Uno, dedicado a Pelé, y el otro, a Garrincha. Y allí mismo me explicaron que Brasil no tenía claro quién había sido mejor de los dos. En Mestalla, aquel jugador que parecía que cojitranqueaba al caminar, con una pierna más torcida que la otra, dejó bien claro que su categoría solo podría empañarla él mismo con una vida de juguete roto. Allí en un partido homenaje a Puchades reforzando al Valencia hizo Didí el mejor partido de cuantos disputó en España. Jugador, que teóricamente fracasó en el Madrid, después volvió a ser campeón del mundo.Brasil ha presumido de futbolistas extraordinarios entodas las épocas. En Suecia alineó una auténtica delantera de ensueño: Garrincha, Didí, Vavá, Pelé y Joel y luego Zagallo. Aún recuerdo al maravilloso Gerson que llevó a Brasil a la victoria en el Mundial de México en 1970. Allí estaba Pelé, pero él era el director de la orquesta. En el siguiente Mundial, Brasil le echó en falta y no pudo ganar de nuevo.
En España, el mundo futbolístico durante unos años se dividió entre Kubala y Di Stéfano. Ambos pudieron haber sido jugadores del Barcelona, pero una decisión en Consejo de Ministros derivó en que la Federación Española concedía que ambos clubes disfrutaran de la participación del argentino en años alternos. El Barça renunció a tal medida y de ahí que Di Stéfano hiciera su mejor carrera en el Bernabéu. “Per a vostés el pollastre”, dijo Montal padre, que presidía el Barça tras la dimisión de Martí Carretó a quien habían asustado con una inspección de Hacienda. El régimen no permitió que se potenciara tanto el Barça. Con ellos compitió al mismo nivel Luis Suárez.
En aquellos años cincuenta apareció en Valencia uno de los mejores futbolistas de la historia: Servas Faas Wilkes. Era holandés y venía del Inter de Milán. Ya estaba en la treintena, pero le quedaron fuerzas para maravillar. Poseía el regate más espectacular del mundo. Tenía la extraña facultad de que sus contrarios perdieran la cintura y cayeran al suelo. Lo que se vio en la Liga de Campeones cuando Messi dejó en el suelo a Boateng fue una muestra sin valor de lo que era capaz Wilkes. Llevaba el balón cosido al pie, parecía lento, tenía larga zancada y disparaba con gran potencia. Curiosamente acabó jugando en el Levante, como años después hizo su compatriota Johan Cruyff, que fichó por 12 millones de pesetas.
En la lista de figuras extraordinarias está sin duda George Best, que como Garrincha acabó en juguete roto. Lo vi en el Irlanda del Norte-España que se disputó en Hull (Inglaterra) porque la guerra irlandesa impedía acudir a Belfast. Best fue grandioso. Como lo fueron también los ingleses Bobby Moore, Bobby Charlton e, indudablemente,sirStantley Matthews.
Con la Eurocopa de 1964 es imposible olvidar que España contó con Luis Suárez, el único español de nacimiento que ganó el Balón de Oro, y enfrente estuvo Lev Yashin, el guardameta que paró más de 100 penaltis. Del Mundial de 1954 surgió el fútbol húngaro de cuyos grandes protagonistas conocimos a varios en España. Como a Ferenc Puskas, excepcional goleador. Con él llegaron Kocsis y Czibor. De aquel conjunto, que no supo derrotar a Alemania en la final suiza, destacaba también el centrocampista Bozsik, jugador que en un partido era capaz de entrar en contacto con el balón en 110 ocasiones. Aquella final fue épica para los alemanes. Recién salidos de la II Guerra Mundial, derrotados y avergonzados por lo que había hecho Hitler, volvieron a sentir orgullo germano cuando su ídolo Fritz Walter llevó al equipo al triunfo.
Tal vez las actuales generaciones tengan presentes jugadores de indudable valía, pero en muchos casos no superiores a aquellos a quienes les faltó la televisión en color. Isidro Lángara fue máximo goleador en España y Argentina, pero el exilio republicano le cortó la carrera. América creó fundamentalmente en Argentina, Brasil y Uruguay jugadores emblemáticos. Obdulio Varela, viejo capitán uruguayo y campeón del Mundo en Maracaná, sus compañeros Schiaffino y Ghiggia. Chileno fueFigueroa, mexicano Hugo Sánchez y Rivelino,brasileño. A ellos podrían adjuntarse futbolistas de larga y brillante lista. Sócrates, por ejemplo.
Argentina trajo a España con la visita del San Lorenzo de Almagro, el equipo del papa Francisco, en 1947, un estilo futbolístico novedoso y que se pretendió copiar. La influencia fue notoria y durante años se trató de contratar jugadores de aquel país. Antes que Di Stéfano llegó al Madrid Roque Olsen, que catapultó al equipo al título de Liga. La moda no ha sido pasajera y gracias a la proximidad futbolística hemos visto jugar a Bochini, o a la delantera de los “pibes carasucias” Corbatta, Maschio, Angelillo, Sívori y Cruz. Y, sobre todo, a Mario Alberto Kempes. Cualquiera de las selecciones brasileñas, uruguayas, y argentinas han aportado estrellas inolvidables. En Europa cubrieron largas etapas los polacos Lato y Deyna, por ejemplo, el serbio Dzajic con futbolistas de los distintos países de la antigua Yugoslavia, como Suker, Mijatovic o el maléfico Katalisnki, que en Frankfurt eliminó a España para el Mundial del 74, o rusos como Oleg Blojin y Shesterniev.
En España no ha habido muchos jugadores que alcanzaran glorias mundiales aunque en algunos años fueron ídolos. Comenzó Ricardo Zamora y del número uno al once se suscitaron polémicas porque entre Gorostiza, Gainza y Gento se discutió por cuál de los tres era mejor. Entre los guardametas, además de don Ricardo, a quien todavía en Italia llaman “el Divino”, han surgido estrellas como Ramallets, Ignacio Eizaguirre, Iribar, Arconada y Casillas. Fue un genio defensivo el bilbaíno Garay y el valenciano Antonio Puchades fue una de las figuras del Mundial de 1950. Lo incluyeron en la selección ideal. El vasco Panizo dictó lecciones entre los interiores, los de los números 8 y 10. Ahora se llama interiores a los extremos y, lo que es peor, centrocampistas. Canarias, que con Las Palmas ha recuperado la Primera División, aportó en distintas épocas jugadores como Arocha, Molowny, Valerón y, ahora, Silva. No hay ninguna región española que no pueda presumir de haber contado con una estrella balompédica. Discutir sobre qué jugador español ha sido el mejor de todos los tiempos sería otro fenomenal debate.
A los amantes del fútbol, que somos legión (como se denomina, por cierto, a la hinchada del Feyenoord), hay una pregunta que en algún momento nos han hecho. O nos hemos hecho entre nosotros. O, si no ha sidoasí, que nos gustaría que nos hiciesen: “¿Quién es el mejor jugador de la historia?”. Todos tenemos nuestra respuesta, faltaría más, pero es un debate que todavía no está cerrado en el apasionante mundo del balompié ante el ramillete de candidatos. De hecho, en esa guía espiritual en el camino del saber en que se ha convertido Google (nombre que podría ser perfectamente el de un lateral del New England Revolution, imaginad mi mente enferma de fútbol, en este caso MLS) aparecen aproximadamente 999.000 resultados con la siguiente búsqueda literal: “Mejores jugadores de la historia del fútbol”. Se lo pondremos más fácil al lector en esta obra que recién comienza reduciendo la búsqueda del santo grial del balón a diez, a solo diez. ¡Pero qué diez! Messi, Cristiano Ronaldo, Ronaldo Nazario, Zidane, Romário, Maradona, Cruyff, Beckenbauer, Pelé y Di Stéfano.
Y los colocaremos como queramos, que esto no es del uno al diez ni del mejor al menos mejor. En el juego trilero de presentar a los diez candidatos finales como más nos convenga, ahí van las distintas opciones para mantener viva la llama de la desorientación del lector. En orden cronológico de su fútbol jugado, de lo más cercano a los más lejano, resultaría así la lista ganadora: Messi, Cristiano Ronaldo, Ronaldo Nazario, Zidane, Romário, Maradona, Cruyff, Beckenbauer, Pelé y Di Stéfano. Y en orden cronológico de su fútbol jugado, de lo más lejano a lo más reciente, sería Di Stéfano, Pelé, Beckenbauer, Cruyff, Maradona, Romário, Zidane, Ronaldo, Cristiano y Messi. Por orden alfabético, en cambio, esta sería la tercera lista de la lista resultante, que esto es un poco “marxiano”: Beckenbauer, Cristiano, Cruyff, Di Stéfano (¿o va después a causa de la preposición previa y a la letra s?), Maradona, Messi, Pelé, Romário, Ronaldo y Zidane. Tampoco estaría mal ordenarlos por sus Mundiales ganados como jugadores, que sería otra opción: Pelé (3), Ronaldo (2), Beckenbauer (1), Maradona (1), Romário (1) y Zidane (1), que resulta que Messi, Cristiano Ronaldo, Cruyff y Di Stéfano no tienen ninguno aunque ello, ¿verdad?, no los descarte para nada. ¿Y por las Champions League, el trofeo de clubes más trascendente del mundo ahora y antes?: Di Stéfano (5), Messi (4), Cruyff (3), Beckenbauer (3), Cristiano (2), Zidane (1), Ronaldo (1) ytres que no ganaron nunca este torneo: Pelé, Maradona y Romário, aunque al primero, O Rei, lo eximiremos de toda culpa por no haber jugado más que amistosos, Intercontinentales y dos Mundiales en Europa.
El juego de los nombres presentado, siempre orbitando sobre el número cerrado de diez, tiene un objetivo más allá de la pretendida confusión. Ahondar en la dificultad y en lo injusto de colocarlos, de prevalecerlos, de que alguien supere al otro en una consideración general más allá de los gustos particulares. Y también está, claro, lo emocionante de esta discusión, una defensa a ultranza del candidato elegido entre los mejores futbolistas de siempre, entre los más grandes de los grandes, esa escalada de epítetos que alcanzará el cielo como las habichuelas trepadoras mágicas del cuento.
La dificultad de esta empresa, acotar la constelación entera de futbolistas de todos los tiempos a diez estrellas, era como ponerle vallas al campo, techo al cielo, redes a la inmensidad del mar o a porterías infinitas. Superado el vértigo inicial, y combinando la cultura futbolística adquirida con la de los tiempos que corren (deprisa, deprisa), la lista quedó necesariamente reducida a diez. Sobre ello debe existir debate pero, a fin de cuentas, son la elección personal de algo que siempre será subjetivo porque no hay demostración empírica posible de que el ensayo-error de la lista ofrezca como resultado una vacuna perfecta, el fin de ninguna malaria del gol. Pero al encuentro de la excelencia, como es todo aquel instante de cercanía con los lectores, el autor se declara satisfecho de su elección final: Messi, Cristiano, Ronaldo, Zidane, Romário, Maradona, Cruyff, Beckenbauer, Pelé y Di Stéfano.
Messi y Cristiano Ronaldo aparecen por razones obvias, por sus números, sus recuerdos recientes, sus gestas que los ubican en el grupo de cabeza pase lo que pase en la recta final de sus prolíficas carreras todavía con largos capítulos por escribir. Maradona porque es D10S. ComoPelé “O Rei”. Y Cruyff y Beckenbauer porque el fútbol europeo les debe el aire que respira, la contundencia de su desempeño. Lo mismo que el revisionismo de las dos últimas décadas ha conseguido incrustar a Di Stéfano en unafotofinishde la última carrera donde Romário y Ronaldo,como representantes avanzados del “jogobonito” de Brasil que también triunfó en el mundo del fútbol en la era moderna, figuran porque la rompieron. Igual que el fabuloso Zidane, inspirador hasta del temazo futbolero musical del grupo australiano Vaudeville Smash con voces del poeta Les Murray. Bienvenidos, otra vez, todos ellos, los míos, los nuestros. Y disculpas a los ausentes por serlo. Será justa otra obra que les glorifique como merecen.
A modo de aperitivo, que el viaje sin parada y fonda va a arrancar de la estación de las delicias futbolísticas, quedan escritas a continuación las primeras líneas sobre lo que primero me vino a la mente sobre los candidatos cuando procedí a elegirlos para presentarlos en esta mi editorial, vuestra editorial, Al Poste Ediciones.
Messi
El pequeño delantero argentino, el enorme futbolista universal. Cómo desde los complejos infantiles por la altura fue creciendo futbolísticamente hasta salirse de la tangente. Un caso único de superación.
Cristiano Ronaldo
El portugués domina el balompié actual por la fuerza de su entrega, su oportunismo frente al gol y su proximidad al concepto de futbolista total, aunando físico de atleta y conocimientos superiores del juego que le permiten desmarques nunca vistos antes.
Ronaldo
El mastodonte brasileño del ataque se rehízo de dos lesiones definitivas en cualquier otro jugador para dejar la impronta única del “Delantero del Juego del Fútbol”, con mayúsculas, tanto en el Barcelona como en Brasil, en el Inter de Milán y el Real Madrid.
Zidane
Ser el mejor jugador de tu momento y ser campeón del mundo con Francia y de la Champions League con el Real Madrid, el mejor club del siglo XX, elevó a Zizou a los altares del fútbol mundial entre 1998 y 2002. Una elegancia sobrenatural.
Romário
Un delantero de dibujos animados, como lo definió Jorge Valdano, que asombró al mundo en los primeros noventa por su facilidad para aunar una depurada técnica casi playera con la efectividad del fin último de este deporte, el gol.
Maradona
El mayor talento en un campo de fútbol, o así lo considera el autor, que lo siguió en Mundiales y partidos por Europa bajo esa premisa real de amor y odio tan consustancial en quien creó y destruyó con la misma facilidad.
Beckenbauer
El apodo más conocido del fútbol, el Káiser, hace referencia a su jerarquía como líder del centro del campo y de la defensa como hombre libre, posición llamada “libero” (sin tilde en alemán) que nació con él.
Cruyff
Con él cambió el fútbol de viejo a moderno, que no está nada mal, traspasando la frontera de jugar andando a corriendo. Vital, pues, para el desarrollo del juego fue este maravilloso “holandés volador”, quizá el mejor europeo de siempre.
Pelé
El más grande, sin duda, para las generaciones anteriores dejó para el recuerdo más de mil goles y tres Copas del Mundo conquistadas con el país del fútbol, Brasil. Pelé es sinónimo de balompié, de la alegría de jugar marca de la casa y en un relaciones públicas también de primer orden.
Di Stéfano
Ídolo del madridismo y del fútbol en blancoy negro, contra este jugador nacido argentino, líder del Madrid de las cinco Copas de Europa, juega el paso del tiempo y la ausencia de mejores imágenes para comprender su grandeza. Sigue siendo motivo de disputa su fichaje por el Madrid y no por el Barcelona en la época franquista.
Tras esta somera presentación, a modo detuitslargos, de los diez candidatos al reinado definitivo del balompié, llega ahora la esperada ocasión de contar con más calma sus historias, resumir sus principales logros, que aún hoy nos sorprenderán. Así que atención al pasaje, anuncia el comandante, que se acercan turbulencias y no se podrán servir bebidas con la cena. Lo que viene a continuación es más, mucho más, sobre estos diez portentos en la apasionante y esperemos que deportiva pelea, aunque menudos egos están en juego, a la vez, por hacerse con el entorchado de “Mejor Jugador de la Historia”. Casi nada.
ficha
Nombre: Lionel Andrés Messi Cuccittini. Apodos: Leo, La Pulga, Lío, Messías. Nacido en Rosario (Santa Fe, Argentina) el 24 de junio de 1987. Altura: 1,67 m. Debut y retirada: 2003-? Dorsales: 14, 30, 19 y 10 con el Barcelona. 10 con Argentina. Clubes de su carrera: Newell’s Old Boys (1994-1999) y F. C. Barcelona (1999-actualidad). Selección: Argentina.
palmarés(actualizado a finales de agosto de 2015)
4 Balones de Oro (2009, 2010, 2011 y 2012).1 Subcampeonato del Mundo con Argentina (2014).1 Mundial Sub-20 con Argentina (2005). 1 Medalla de oro olímpica con Argentina (2008).4 Champions League con el Barcelona (2006, 2009, 2011 y 2015).2 Mundiales de Clubes con el Barcelona (2009 y 2011).3 Supercopas de Europa con el Barcelona (2009, 2011 y 2015).7 Ligas con el Barcelona (2005, 2006, 2009, 2010, 2011, 2013 y 2015).6 Supercopas de España con el Barcelona (2005, 2006, 2009, 2010, 2011 y 2013).3 Copas del Rey (2009, 2012 y 2015).
¿el mejor de la historia?
Con este pequeño, pero fabuloso,delantero argentino, solo hay una pregunta posible a estas alturas del fútbol: “¿Es Messi el mejor jugador de la historia?”. Porque que es uno de los más destacados de todas las épocas ya se acepta. Se lo ha ganado con creces aunque quede ese debe pendiente de la albiceleste. Ahora se trata de intentar discernir si le correspondería el primer puesto del podio, como tantos protagonistas del juego reclaman para él. Porque con Messi hay un elemento aglutinador que termina por imponerse: es querido y reconocido. Solo la eterna pugna del Barcelona con el Madrid, mal enemigo y viceversa, le ha restado más opciones si cabe en un duelo de un deporte colectivo que se lleva a lo personal cuando se trata de compararlo con el portugués Cristiano Ronaldo, otra fiera. Messi, desde que es Messi y no el pequeño Lionel, no ha parado de progresar. Y es inaudito que en su peor año llevara a Argentina al subcampeonato del mundo. Fue en 2014. Porque desde entonces no ha hecho más que crecer futbolísticamente hasta protagonizar una temporada fulminante para rivales, ya sean equipos o futbolistas, decepcionante Copa América, de nuevo, incluida. El triplete, el segundo que es capaz de firmar este Barça ganador en 2009 y 2015, algo único, confirmó el retorno del mejor Messi, un jugador sobre el que los epítetos se quedan escasos, insuficientes.
Es Messi regate, eso lo primero, pero también gol, cambio de ritmo, diagonal y disparo, mucho disparo. Es Messi pierna izquierda. Pero es Messi también pierna derecha, que ha aprendido a valerse de ella con una confianza que no disponía al principio. Y es Messi hasta cabeza pese a no llegar al 1,70 metros. El gol de la final del estadio Olímpico de Roma contra el Manchester United en 2009, segunda final de la Champions que ganaba, pasó al recuerdo global por aquel cabezazo a pase de Xavi Hernández. Es uno de los testarazos más plásticos de siempre, con unos movimientos perfectos y el atrevimiento, por el contrario, de parar incluso el reloj, congelarlo para deleite del espectador más allá del color de su camiseta. El salto, los tiempos marcados en la acción-reacción a un balón llovido por otro genio como Xavi, la suspensión en el aire como enslow-motion, la parábola del balón dibujándose hacia una portería defendida por un gigante de 1,99 metros como el holandés Edwin van der Sar… Una pasada.
Pero es Messi todavía más, mucho más. El único ser vivo que sin ser Maradona ha sido Maradona. Un clon sin genética de por medio, pero sí estética de juego, un espejo, una imitación perfecta, más japonesa que china. Sin avisar, sin la categoría del rival como lustre, es cierto (y disculpas al Getafe, pero así era en 2007), pero con una carrera de tantos metros que descompuso a todo un equipo oponente, Messi apareció de repente en los telediarios del mundo entero, ascendiendo por la torre de Babel catódica. Fue solo el comienzo de una historia sin final, la de sus repeticiones del Diego. Porque es la suya una historia interminable.
cuando conocí a messi
Es la zona mixta del Vicente Calderón un córner interior de vomitorio, donde unas vallas empujan a los apelotonados periodistas contra la pared del amplio pasillo, en cambio, por el que se pasean los futbolistas camino del autobús o de sus coches particulares, en el caso de los locales. Estamos en las tripas del estadio Vicente Calderón en 2014. Aún resuenan los ecos del fútbol jugado minutos antes. De hecho, no solo han quedado los gritos grabados en la memoria del cemento, es que la zona mixta se ubica justo debajo de la grada que ocupan los hinchas visitantes organizados. No es raro, entonces, que sus revanchistas coros ahora que ya no está la afición local se mezclen con el guirigay de la lucha periodística por una declaración. Porque es una lucha. Y en esas, en uno de los tres partidos de la temporada en los que el Barça visitó el Manzanares en la temporada 2013/2014 (Supercopa, Liga y Champions), que ya ni distingo, ahí estuve donde los gladiadores salen sin el traje de faena.
Tras cruzarme con una pareja que no dejó indiferentesobre el mismo césped ya apaciguado del Calderón, la formada por suplentes del fracaso como Alex Song e Ibrahim Afellay, me topé con Leo casi de bruces. Debió de sentir mi nerviosismo con ese radar único del famoso para captar la inseguridad del común de los mortales. Le dejé sitio y siguió despreocupado su camino. Así era más o menos su actitud distante, embutido en unos cascos para tener más fácil aislarse y pasar por la fila de la prensa como quien mira escaparates sin afán consumista, de puro aburrimiento. Sin apurar el paso, que para correr ya está el campo, pero sin perder una décima de segundo en sus intenciones, alcanzó el argentino la guarida que es siempre el autobús (un segundo hogar para el jugador profesional de fútbol). Esto de ser una estrella del fútbol moderno pues como que mola cantidad hoy en día. Quizá más que antes. Hay más medios de comunicación que nunca, por mucha crisis que esté arrasando la profesión, y menos frases que nunca. Porque los protagonistas dejaron de hablar. Pero no pierden los periodistas. Pierden los hinchas. Entre tanto, paso a Leo, que el autocar espera, el sitio de su refugio.
no se puede creer
Esa frase tan argentina, “no se puede creer”, es la que puede resumir los primeros años de Messi en el fútbol, en los que hizo necesario frotarse los ojos y pellizcarse los brazos para dar credibilidad a lo que se veía y el cerebro no asimilaba. Un “no se puede creer” de manual era la apostilla a cada jugada, a cada gol de ese bendito renacuajo que a todos regateaba. Se aprecia en el imprescindible documental de Álex de la Iglesia. Porque era sacar de centro y comenzar el ballet, un lago de los cisnes de potrero, recorte y gol en el que el pequeño Lionel iba dejando por el camino a tanto rival hasta alcanzar el fin último del juego, el gol, la recompensa en forma de alfajores (uno por gol, dos si este era de cabeza) que tanto seducía al niño estrella del fútbol. Messi, que ya deslumbraba en el patio del colegio, jugó en inferiores de Newell’s hasta los 12 años, inscrito un 30 de marzo de 1994.
La dura etapa de la hormona del crecimiento, donde Messi demostró un entereza admirable pinchándose a diario en los muslos, reveló el carácter de determinación de Messi, aún poca cosa física pero un adulto en su ambición, ser futbolista en el Barcelona, que entre ceja y ceja lo tenía bien metido. Y aunque parezca increíble bien que lo tuvo que luchar con su padre Jorge, que ningún club se quería hacer cargo del tratamiento, una nimiedad máxima para las cifras que se manejan por nada en el fútbol profesional, pero que algunos se cuidaban mucho de soltar el OK como si el dinero fuera suyo. Es así como alguien de River Plate no ha debido dormir de arrepentimiento desde entonces, al negarse la institución bonaerense a costear las necesidades del niño prodigio de Rosario. Ellos se loperdieron y quien al final ganó fue el Barcelona. Gracias a la paciencia, eso sí, de papá Jorge, quien pasó meses en la ciudad condal con su hijo, apartados de la familia, la madre Puchi, la abuela Celia y los tres hermanos, y lejos, muy lejos, del 525 de la calle Estado de Israel de Rosario, el hogar, pero determinados a que alguien peleara lo justo por Messi y se llevara a un futbolista único. Fue Carles Rexach quien no lo dudó tras verlo y por su insistencia el Barça puede presumir hoy de contar con el mejor de los mejores, una aparición única y un candidato firme a ganar el premio del reconocimiento enBuscando al Mejor.
fútbol, mentiras y cintas de vídeo
