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¿Has visto un ángel alguna vez? Hoy pareciera que los ángeles son más populares que nunca. Aparecen en camisetas y en baratijas. Hasta son las "estrellas" de películas y programas televisivos. Pero los ángeles celestiales, ¿son celebridades... o mensajeros de Dios? Lonnie Melashenko, coautor del popular libro "In the Presence of Angels", se une a Brian D. Jones para aclarar la nube de excitación, trivialidad y fantasía que rodea a los ángeles, y explicar, con la Biblia en la mano, quiénes son los ángeles. Este fascinante libro responderá sus interrogantes más profundos acerca de los ángeles. ¿Cuál es su conexión con nosotros? ¿Hay ángeles malos, así como los hay buenos? ¿Tengo un ángel guardián? ¿Podemos comunicarnos con ellos? Descubre las respuestas en la Palabra de Dios, en el marco de algunas de las más sorprendentes historias verídicas que han tenido lugar, desde los tiempos bíblicos hasta nuestra época.
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Seitenzahl: 304
Veröffentlichungsjahr: 2024
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E. Lonnie Melashenko con Brian D. Jones
Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires, Rep. Argentina.
Título del original en inglés: Walking with Angels, Pacific Press Publishing Association, Nampa, Idaho, E.U.A., 2000.
Dirección: Pablo D. Ostuni
Traducción: Ethel Mangold de Steger
Diagramación del interior y de la tapa: Romina Genski, Nelson Espinoza
Publicado en la Argentina - Libro de edición Argentina - Published in Argentina
Primera edición, e-book
MMXI
Es propiedad. Copyright de la edición en inglés © Pacific Press® Publishing Association, Nampa, Idaho, USA (2000).
Esta edición en castellano se publica con permiso de los dueños del Copyright. Todos los derechos reservados. © Asociación Casa Editora Sudamericana (2009).
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.
ISBN 978-987-567-831-6
Melashenko, E. Lonnie
Caminar con ángeles / E. Lonnie Melashenko y Brian D. Jones / Dirigido por Pablo D. Ostuni - 1ª ed. - Florida : Asociación Casa Editora Sudamericana, 2011.
E-Book.
Traducido por: Ethel Mangold de Steger
ISBN 978-987-567-831-6
1. Ángeles. I. Jones, Brian D. II. Ostuni, Pablo D., dir. III. Mangold de Steger, Ethel, trad. IV. Título.
CDD 235.3
Publicado el 30 de septiembre de 2011 por la Asociación Casa Editora Sudamericana (Av. San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).
Tel. (54-11) 5544-4848 (Opción 4) / Fax (54) 0800-122-ACES (2237)
E-mail: [email protected]
Web site: www.aces.com.ar
Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto, imágenes y diseño), su manipulación informática y transmisión ya sea electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios, sin permiso previo del editor.
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Muchos oyentes del programa radial La Voz de la Profecía han sacrificado tiempo para escribir y enviarnos una descripción de sus experiencias con ángeles. Algunos de los testimonios eran tan impactantes que contactamos a esos oyentes desde las oficinas de La Voz de la Profecía para pedirles más detalles. Creemos que usted será inspirado y alentado por estos relatos precisos de cómo los ángeles caminan con nosotros actualmente.
Permítame compartir con usted la asombrosa historia detrás de este libro. Comenzó con mi libro anterior acerca de los ángeles, In the Presence of Angels [En presencia de ángeles], escrito junto con Timothy Crosby en 1995.
Hace varios años, en una convención de la Asociación de Vendedores de Libros Cristianos en Chicago, los representantes de la Pacific Press alquilaron un stand justo frente a la exhibición de la revista Guideposts. El representante de Guideposts se acercó al stand de la Pacific Press buscando el relato recientemente publicado de un montañista discapacitado (Al filo de lo imposible: la historia de Todd Huston, por Todd Huston y Kay Rizzo), un libro que él quería leer. Mientras miraba la exhibición vio nuestro libro, In Presence of Angels. Inmediatamente, le llamó la atención. Él sabía que un club nacional de libros muy conocido estaba buscando una nueva colección de historias reales de ángeles y había pedido ayuda a Guideposts para encontrar una obra así lo antes posible. Películas y series televisivas como Touched by an Angel, Highway to Heaven, y Angels in the Outfield estaban arrasando en Norteamérica. Y junto con la popularidad de estos programas había una demanda cada vez más grande de material escrito sobre los ángeles.
Tomando conciencia de su oportunidad, el representante de Guideposts obtuvo una copia de nuestro libro y la llevó a su junta de publicaciones. Este es el libro que necesitamos, concluyeron. Guideposts negoció un contrato con la Pacific Press para adquirir los derechos secundarios de publicación. Pronto, más de 40.000 copias hermosamente ilustradas del libro de tapas duras salieron de la imprenta y fueron enviadas a los suscriptores del club del libro. Se convirtió en el libro del mes en mayo de 1996. Así fue como nuestro libro recibió un nuevo par de alas que lo colocaron en miles de hogares de todo Estados Unidos. ¡Un milagro divino y una oportunidad liderada por el Espíritu!
Para nuestra desilusión, sin embargo, los editores omitieron un capítulo indispensable, titulado “Máscaras”. Escribimos ese capítulo para ayudar a los lectores a cuidarse de no ser engañados por los muchos conceptos falsos en relación con los ángeles que han atrapado en las redes del espiritismo a millones de personas confiadas. En Caminar con ángeles hemos vuelto a visitar el lado oscuro de lo sobrenatural en el capítulo titulado “Ángeles malos”. Allí podrá leer las advertencias de la Palabra santa de Dios acerca de cómo evitar ser engañados por las personificaciones demoníacas de los ángeles del cielo. En esta era de milagros ejecutados satánicamente, que adoptan la forma de apariciones, gurúes cósmicos, y espíritus supuestamente de los muertos, ninguno de nosotros puede darse el lujo de ignorar las instrucciones de Dios al respecto. Pero más importante todavía, él no quiere que ignoremos el camino de salvación en Jesús. Todo lo que hace el Cielo, ya sea que parezca común o milagroso, está diseñado para prepararnos para el deber presente y la gloria futura.
La era de los milagros divinos no ha terminado. Y la época del amante interés de Dios por nuestras vidas nunca acabará, sino que continuará para los redimidos a lo largo de los siglos. Mientras tanto, oro para que Caminar con ángeles despierte acciones positivas en su vida al atraerlo a un caminar más íntimo con Dios. Comparta este libro con sus seres amados; podría traerles valor y dirección especial en estos días de grandes desafíos. Espero que disfrute tanto la lectura de esta colección de historias de ángeles como yo mientras las seleccionaba y volvía a narrarlas con la ayuda de mi amigo, el pastor Brian Jones.
Su propia historia puede ser justo lo que alguien necesita para tener el valor de enfrentar una tragedia o una prueba y obtener una nueva esperanza para el mañana. Por favor, contáctese con nosotros en La Voz de la Profecía y cuéntenos lo que este libro ha significado para usted cuando termine de leerlo. También nos encantaría oír su propia historia relacionada con los ángeles. Puede escribirnos a [email protected] o a La Voz de la Profecía, Box 53055, Los Ángeles, CA 90053, Estados Unidos.
¡Maranata!
E. Lonnie Melashenko
¿Alguna vez se preguntó por qué existe tanto interés en los ángeles en el mundo actual? Abundan las historias de experiencias que han tenido las personas con los ángeles. A menudo no parece importar si los que tuvieron estas experiencias eran personas espirituales o si las vidas de esos sujetos cambiaron significativamente después de su encuentro con ángeles. Estamos casi en el punto donde da vergüenza no tener una historia propia relacionada con ángeles. ¿Quieres decir que no has visto un ángel todavía? ¿Qué pasa contigo?
Pero aquellos sin ángel que todavía no han visto a una de estas celebridades celestiales pueden consolarse comprando una camiseta con ángeles, estatuillas de ángeles, chocolates con forma de ángel, calendarios con ángeles, collares con ángeles, muñecos ángeles, papel de carta con ángeles, tarjetas con ángeles, y libros acerca de ángeles. O pueden mirar programas de televisión, como Tocado por un ángel. ¿Se ha comercializado y trivializado por completo este tema? ¿Ha saturado tanto el mercado y las ondas aéreas la popularidad de los ángeles que ya nos hartó y estamos listos para una nueva moda?
Los autores de este libro piensan que desde la perspectiva de la Palabra de Dios, la mayor parte de las personas de nuestra cultura han recibido una visión distorsionada y engañosa de los ángeles. Nubes de excitación, trivialidad y fantasía rodean hoy este tema con tanta relevancia respecto al verdadero sentido de los ángeles como los conejitos de Pascuas tienen con la resurrección de Jesús.
Piense en esto desde el punto de vista del último libro de la Biblia, el Apocalipsis. En este libro, el apóstol Juan describe los momentos finales de la historia humana que llevan a la segunda venida de Cristo. El Apocalipsis es un libro corto. Uno puede leerlo (si no se detiene demasiado a pensar en su significado) en unos 20 minutos. Pero en este relato breve y fascinante de cosas pasadas, presentes, y futuras, encontrará más de 75 referencias a ángeles. En Apocalipsis encontrará ángeles llevando mensajes a todo el mundo; ángeles que retienen los vientos de guerras y contiendas; ángeles que cumplen misiones de juicios divinos; ángeles involucrados en la guerra cósmica; ángeles que viajan a velocidades supersónicas entre el cielo y la tierra; ángeles que entonan cantos de alabanza; ángeles que dan gloria a Dios, y ángeles que rehúsan ser adorados.
Este libro se propone responder algunas preguntas acerca de los ángeles. ¿Quiénes son? ¿Qué conexión tienen con la humanidad? ¿Cuáles son sus principales actividades? ¿Hay ángeles malos así como hay ángeles buenos? ¿Cómo se pueden distinguir las diferencias? ¿Tengo un ángel guardián? ¿Puedo comunicarme con él? ¿Qué papel ocuparán los ángeles en mi futuro? ¿Qué papel ocupan en mi vida hoy?
El objetivo de este libro es responder estas preguntas y otras igualmente importantes para usted. Ofrecemos estas respuestas desde la Palabra de Dios, en el contexto de algunas de las historias verdaderas en relación con ángeles más asombrosas ocurridas en la historia del mundo, desde los tiempos bíblicos hasta nuestros días. Así que, prepárese mientras emprendemos vuelo hacia un reino mucho más asombroso, importante y real de lo que alguna vez imaginaron fabuladores y escritores de ciencia ficción en sus sueños más deslumbrantes y en sus momentos más audaces.
Juan Wesley probablemente fue el inglés más correcto y conservador que alguna vez podríamos encontrar. No era radical ni revolucionario, por lo menos no desde nuestra perspectiva moderna. Pero tenía a la Iglesia de Inglaterra tan sacudida como si fuera el anticristo en ropas clericales.
Wesley no era impetuoso, ni fanático, ni inescrupuloso; tampoco era un perturbador de la paz. De hecho, era un benefactor de los pobres, presos, y oprimidos. Y sin embargo, cuando Wesley llegaba a una ciudad, las autoridades de la iglesia les declaraban la guerra a él y a sus ayudantes.
Todo era porque Wesley predicaba el evangelio de la Escritura. Sus enseñanzas eran similares a las que se encuentran en el libro de los Hechos. Y producía los mismos resultados que los apóstoles: sacudía el orden regular de las cosas para abrir camino a verdades que ponían al mundo patas para arriba (ver Hech. 4:13-33; 17:6).
Tan inquietantemente bíblicas eran las enseñanzas de Wesley que, aunque era un ministro anglicano ordenado, se vio obligado a predicar mayormente al aire libre y en capillas erigidas especialmente para esas reuniones, reuniones que la iglesia establecida temía desesperadamente. Los que apoyaban a Wesley, que habían llegado a ser conocidos como metodistas, fueron perseguidos por sus esfuerzos. A veces, los sacerdotes incitaban a turbas para que irrumpieran en las reuniones y golpearan a los predicadores metodistas.
En 1746, Wesley fue a la ciudad de Falmouth a visitar a un hombre enfermo. Mientras estaba en Falmouth, Wesley llevó a cabo algunas reuniones que despertaron la indignación de aquellos que querían permanecer cómodos en la práctica de sus pecados elegantes. Oyendo que Wesley estaba en la casa del hombre enfermo, una turba fue en busca del predicador para golpearlo, y si moría en la golpiza, entonces Inglaterra se desharía de un archi–hereje, según ellos.
Reuniéndose frente a la casa, gritaron:
–¿Dónde está el metodista? ¡Queremos al metodista!
Wesley no salió, así que la turba decidió entrar a la casa. Tirando abajo la puerta, corrieron hacia adentro y escaleras arriba. Cuando llegaron al dormitorio, encontraron que la puerta estaba cerrada con llave. Los hombres que estaban adelante se detuvieron. Pero algunos marineros se adelantaron, diciendo:
–¡Basta, muchachos, basta!
Estos hombres musculosos eran poco más que piratas y se gloriaban en una pelea. Turnándose, varios de estos marineros se arrojaron con todas sus fuerzas contra la puerta, y después de algunos golpes, la puerta cayó mientras volaban sus bisagras.
Ahora no había nada entre ellos y el hombre que odiaban tan ciegamente, nada, fuera de los ángeles y el poder de Dios.
Wesley se levantó de la silla donde había estado sentado y, mirando fijamente a los ojos de los hombres, dijo:
–Aquí estoy. ¿Quería alguno de ustedes hablar conmigo?
Los hombres airados se quedaron quietos. Sus rugidos y gritos murieron. Mientras Wesley, que medía un metro cincuenta y pesaba menos de 50 kilos, se adelantaba, los hombres se hacían hacia atrás. Wesley avanzó por el pasillo de arriba y los pandilleros se apretaron contra la pared para darle lugar de paso. Todo a lo largo del pasillo y por las escaleras, los atacantes se apretaban contra la pared y el pasamanos como si una fuerza invisible los estuviera apartando. Con mirada ceñuda y la muerte en sus corazones, observaban a Wesley, pero no podían levantar ni un pie ni un puño contra él.
Mientras Wesley se abría paso entre la turba hostil, les hablaba tranquilamente, reprendiéndolos por su odio y desafiándolos a que le dieran por lo menos una razón por su conducta impía.
Centenares de hombres bloqueaban la puerta de afuera y llenaban la calle, pero ellos también se vieron forzados a abrirle paso al diminuto Wesley, que era un gigante en la fe y un campeón de la verdad como rara vez se vio en todas las épocas. Dios comisionó ángeles para proteger la vida de su valiente siervo.
‡
¿Envía Dios ángeles para proteger a sus siervos en nuestra época? Durante un período revolucionario, hace unos pocos años, en un país africano que todavía tiene agitación política, Mike Pearson servía como pastor de un distrito grande situado en el centro del conflicto. Tres veces por semana tenía que recorrer una ruta importante donde había poco tránsito debido a la actividad de la guerrilla. Cualquiera que viajara por ese camino estaba expuesto a ser asesinado sin ninguna razón. Pero el pastor Mike era fiel, y varias veces por semana durante unos dos años viajó por esa ruta para cumplir con su tarea pastoral.
Finalmente llegó el día en que ambos bandos declararon una tregua, y una paz temblorosa volvió a ese país africano. Un día, el pastor Mike tenía algunos asuntos oficiales que atender en una oficina del gobierno. Después de completar sus diligencias, salió del edificio y se asombró al ser saludado por un hombre alto en uniforme militar, con bandoleras y granadas adheridas a su uniforme. Con una sonrisa cordial, el soldado le dijo al pastor Pearson:
–Señor, me gustaría estrecharle la mano.
El pastor Mike es una persona amigable, pero este abordaje por parte de un extraño lo tomó por sorpresa. Así que respondió:
–Oh, ¿y por qué quisiera hacer eso?
El soldado respondió:
–Me gustaría estrecharle la mano al hombre que no pudimos matar.
El pastor Mike dijo:
–Por favor, explíquese.
–¿Acostumbraba usted viajar por la carretera principal todos los lunes, miércoles, y jueves y pasar por el punto medio cerca de las 10 de la mañana en una camioneta Toyota marrón?
–Sí –respondió el pastor Mike, mientras su curiosidad iba en aumento.
–Bueno, señor, en siete diferentes ocasiones mis compañeros y yo tratamos de matarlo. Nuestro plan era dispararle mientras pasaba en su auto. Cada vez que usted se acercaba, lo teníamos claramente en nuestra mira desde nuestro puesto entre los matorrales, pero nuestras armas rehusaban funcionar cuando apretábamos el gatillo. Tan pronto como salía de nuestro alcance, las armas funcionaban nuevamente. Probábamos cuidadosamente nuestros AK 47 antes y después que usted pasaba por ese lugar, y funcionaban sin problemas. Pero cuando le apuntábamos a usted, no funcionaban. Sólo puede haber sido un espíritu o un ángel el que impedía que nuestras armas funcionaran. Es por eso que me gustaría estrecharle la mano. Dios está de su lado, o ¡usted está del lado de él!
Qué extraña experiencia debe haber sido para el pastor Pearson estrechar la mano de quien podría haber sido su asesino. Pero cuán gratificante debe haber sido para él saber que estaba bajo el cuidado de los ángeles aun cuando él desconocía el peligro.
Él mandará a sus ángeles acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos (Salmo 91:11).
Dos razones opuestas han hecho que este sea quizá el versículo de ángeles más famoso de la Biblia. La primera es que proviene del Salmo 91, que el pueblo de Dios ha atesorado durante miles de años. La segunda razón es que Satanás trató de hacer un uso engañoso de este versículo al tentar a Jesús en el desierto. Él quería que el Salvador abusara del cuidado protector de Dios al saltar del pináculo del templo, y así desafiar a su Padre a que le diera un aterrizaje seguro. Jesús nunca permitiría ser engañado para “desafiar” a Dios de modo de probar su Palabra. Satanás no sólo usó mal este versículo cuando se lo presentó a Jesús como una excusa para poner imprudentemente en peligro su vida, sino que también lo citó mal. Satanás omitió las palabras “en todos tus caminos”. Dios nos mantendrá a salvo y seguros cuando nuestros caminos armonicen con su camino.
‡
Un día sumamente frío de enero de 1940, el auto que llevaba a la familia Thomas hacia Londres se deslizaba por el camino resbaladizo. A pesar de su constante movimiento, los limpiaparabrisas no alcanzaban a dejar el parabrisas libre de la nieve que caía rápida y espesamente. El pastor Thomas detuvo el auto varias veces para quitar la nieve. Estaba casi oscuro cuando la familia finalmente llegó a la estación donde tomarían el tren hacia el puerto de Folkestone cerca del canal. De allí cruzarían a Francia.
La familia Thomas había estado de licencia de su trabajo en Kenya, África oriental, durante un año. Durante ese fatídico año, Inglaterra y su imperio se habían sumergido en los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Aunque todavía no había caído ninguna bomba en Gran Bretaña, muchos barcos habían sido hundidos en las aguas que rodeaban la isla. Por causa de los peligros de los viajes marítimos, los líderes de la iglesia habían decidido que la familia misionera que volvía a su tarea viajara en tren de Francia a Italia, y luego tomara un barco neutral hasta el puerto de Mombasa, en África oriental.
El pastor y la señora Thomas y sus cuatro hijos de edades entre los tres y los trece años estaban de pie en la completa oscuridad de la estación del tren, aferrados a sus maletas, esperando que llegara el tren.
El total oscurecimiento era un asunto serio en esos días. Las autoridades civiles no permitían que hubiera luces de ningún tipo que pudieran ser vistas desde el aire.
La familia Thomas oyó más que vio los vagones que se detenían delante de ellos. Tomados fuertemente de la mano, los Thomas subieron al tren. Quinientos soldados subieron también. Las puertas se cerraron, el guardia hizo sonar su silbato, y el tren lentamente salió de la estación.
¡Qué raro se sentía viajar en la total oscuridad de la noche! Alrededor de ellos se oían conversaciones, pero no podían ver absolutamente a nadie. Algunos de los soldados cantaban, otros maldecían la guerra que los había alejado de sus hogares y de sus familias. Los minutos parecían pasar lentamente mientras las vías marcaban los kilómetros.
Con las narices apretadas contra la ventana, los chicos Thomas no podían ver ninguna luz amiga en las granjas ni en las aldeas por las que pasaban. Hasta apenas se podía ver el suelo cubierto de nieve, por la oscuridad. Luego de lo que parecieron horas, el tren finalmente comenzó a disminuir la velocidad al llegar cerca de la costa, donde el vapor los llevaría a través del canal inglés hasta Francia.
Una vez más, el pastor Thomas les recordó a sus hijos que se mantuvieran juntos, que se tomaran de la mano, y que lo siguieran. El tren se detuvo, y centenares de pasajeros bajaron al andén, la familia Thomas entre ellos. Pero ¿a dónde debían ir? Un viento helado soplaba alrededor de ellos mientras estaban parados allí, perplejos. De pronto, un hombre alto apareció en medio de la oscuridad.
–Síganme –dijo–. Yo sé donde tienen que ir.
Ellos siguieron su figura apenas visible a lo largo del andén. Él los guió a través de una habitación oscura hasta otra bien iluminada. Durante unos minutos todo lo que pudieron hacer fue parpadear, porque las luces parecían muy brillantes. Luego, vieron que esta habitación era donde los oficiales examinarían sus pasaportes y su equipaje. Se volvieron a mirar a su guía y vieron que era un hombre alto vestido con un abrigo grueso de color marrón.
El hombre los guió hacia una mesa donde un oficial estaba sentado listo para inspeccionar sus pasaportes. El oficial le preguntó al pastor Thomas si llevaba alguna carta. Durante la guerra, los oficiales militares inspeccionaban con sumo cuidado todas las cartas que salían o entraban a Inglaterra para ver si no contenían información importante que pudiera ayudar al enemigo. El pastor Thomas admitió que llevaba algunas cartas, y a pedido del oficial, las puso sobre la mesa.
Las cartas habían sido escritas por ex misioneros adventistas en Kenya, y el pastor Thomas las llevaba a gente de África conocida de los misioneros. Todas estaban escritas en Luo, una lengua africana. Esto era muy serio porque nadie en esa habitación podía leer y traducir las cartas excepto el pastor Thomas mismo, y el oficial dijo que no podía aceptar la palabra del pastor Thomas.
En ese momento el hombre del abrigo marrón habló.
–Estos son misioneros –dijo–. Yo los conozco, y sé que no hay nada peligroso para nuestro país en esas cartas.
–Muy bien –dijo el oficial–, los dejaremos pasar.
El pastor Thomas miró sorprendido al extraño. ¿Cuándo había conocido este hombre a la familia Thomas? ¿Cuándo había leído esas cartas? Todo era muy misterioso. El pastor Thomas le expresó su gratitud. El hombre no respondió sino que procedió a ayudarlos en otra dificultad.
Por toda la habitación, los oficiales aduaneros estaban examinando los equipajes. No estaban corriendo ningún riesgo. Uno de los oficiales se acercó al pastor Thomas y le indicó que quería que abrieran todas las maletas para inspeccionarlas. El pastor Thomas no había esperado esto. Comúnmente, en tiempos de paz a los ciudadanos británicos no les revisaban el equipaje cuando viajaban de un lugar del imperio a otro. Sabiendo esto, y sin detenerse a pensar en las diferencias que podría haber en tiempo de guerra, él había atado todas las maletas con mucho cuidado. La idea de tener que abrirlas a todas ahora lo llenaba de consternación.
El hombre del abrigo marrón habló de vuelta.
–Estas personas son misioneros –le dijo al inspector–. Yo puedo avalar su equipaje. No contiene nada prohibido por ley.
–Muy bien –dijo el oficial rápidamente, y les señaló la puerta que llevaba a la pasarela de embarque.
Unos minutos más tarde, la familia subió al barco. Aquí y allá se veían luces tenues en los largos corredores. Uno de los camareros se acercó a recibirlos. Les explicó que los soldados habían tomado casi todas las camas que había a bordo, pero que tenía unos pocos lugares para las damas. Le pidió a la Sra. Thomas que lo siguiera.
La Sra. Thomas sacudió la cabeza.
–No, no me voy a separar de mi esposo. Si este barco es torpedeado, toda la familia se irá abajo junta.
Viendo que estaba decidida a quedarse con su esposo y los muchachos, el camarero se encogió de hombros y siguió su camino.
Casi instintivamente, el pastor Thomas se volteó hacia el hombre del abrigo marrón. Por tercera vez, no les falló.
–Conozco un lugar para dormir –dijo–. No es el lugar ideal para que duerma una familia misionera, pero por lo menos nadie los molestará.
Los guió hacia el bar del barco. Ya había pasado la medianoche y el bar estaba cerrado. Alrededor de la sala, junto a las paredes había bancos tapizados de cuero. La familia podría acostarse sobre ellos y descansar durante lo que quedaba de la noche.
El pastor Thomas empujó las maletas una por una bajo los bancos. Luego se dio vuelta para agradecerle una vez más al extraño por su bondad. ¡Pero había desaparecido! Asomándose rápidamente al pasillo, el pastor Thomas miró hacia un lado y hacia el otro. No pudo ver ni señas del hombre. Se fue al extremo superior de la pasarela y les preguntó a los oficiales si habían visto al hombre del abrigo color café.
–No hubo nadie así en el barco esta noche –le contestaron–. Si hubiera habido, lo habríamos visto.
Sin embargo, el pastor Thomas sabía que había habido un hombre así porque había hablado con él. Pero ahora había desaparecido en la noche.
Volvió al bar y se lo contó a su familia.
–Debe haber sido un ángel –dijo la Sra. Thomas suavemente.1
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Nick y Claudia P., una pareja de Nebraska, firmaron un contrato para servir como profesores de inglés en una ciudad del norte de China. Durante su primer período de trabajo enseñaban en la universidad provincial y vivían en un “edificio para expertos extranjeros”, donde podían estar bajo los ojos vigilantes del oficialismo. Entre estudiantes universitarios de día y funcionarios del gobierno a la noche, Nick y Claudia enseñaban a más de 500 alumnos por semana. En esta ciudad de 6 millones de habitantes, había menos de 50 norteamericanos residentes.
El día de Acción de Gracias de 1993, Nick y Claudia debían comenzar un curso con un nuevo grupo de alumnos. El aula que les habían asignado era fría y sombría. Los penetrantes vientos siberianos apuñalaban a través de las ventanas de bisagras sueltas para disipar cualquier calor que pudiera acumularse por las personas reunidas en la habitación. Claudia cuenta el resto de la historia en sus propias palabras:
“En la clase, después de anotar y designar nombres ingleses a este grupo diverso, decidí contar una historia y evaluar la comprensión auditiva de nuestros alumnos. Les conté la historia de Pollyana. Les encantó la idea de aprender a jugar el ‘juego de estar contentos’ y de buscar algo en cada situación por lo cual alegrarse. Nos alegrábamos de que poner sonrisas en nuestros rostros, aún aquí en China, pudiera derretir corazones helados y allanarnos el camino para hacer amigos para siempre.
“Querido Jesús”, oraba, “por favor, danos una señal de que tú estás en este lugar y que tú sigues cuidando de nosotros”.
“Durante la última mitad de la clase teníamos conversación libre. A los alumnos les gustaba mucho este momento. Dividíamos la clase en dos grupos. Yo me iba con mi grupo a la parte superior de la sala. Los alumnos formaban un círculo estrecho alrededor de cada uno de nosotros para poder hablar y escucharnos. Más abajo y hacia mi izquierda podía oír que le hacían preguntas a Nick acerca de su cristianismo y si él realmente creía y aceptaba a Jesús como su Salvador personal. Me sentía orgullosa de él por hablar abiertamente de su fe aún a sabiendas del peligro. Esto no era Estados Unidos. La libertad religiosa aquí es diferente de cómo es en nuestro país. Pero las preguntas del corazón necesitan ser respondidas.
“Mi grupo habló de otras cosas. Me pidieron que les cantara algo, así que les enseñé ‘Sobre el río y por el bosque’ y ‘Cristo ama a los niños, no importa su color’. Pensé en nuestra nueva nieta y las celebraciones del día de Acción de Gracias allá en nuestro hogar. Mientras tanto, tres guardias comunistas vigilaban con cara de piedra, y comencé a preocuparme por nuestra audacia al hablar de Jesús.
“De pronto, un hombre mayor, vestido con un abrigo de soldado, se me acercó a pocos centímetros de mi cara y me preguntó:
–¿Quién es el muchacho alto, norteamericano, que va con ustedes a todas partes?
“No hay ningún norteamericano donde vivimos. Él podía ver a Nick en nuestra aula, así que sabía que el ‘muchacho’ por el que preguntaba no era mi esposo. No se me ocurría de quien podía estar hablando. Y luego la pregunta se repitió alrededor del círculo. Otros preguntaban lo mismo. En varios niveles de inglés y con acentos a veces difíciles de entender, muchos preguntaron:
–Sí, el muchacho norteamericano alto que va con ustedes. Nosotros lo hemos visto con ustedes cuando van de una clase a la otra y cuando salen del campus para ir a hacer las compras.
“Yo no tenía respuesta. Cualquier muchacho que anda con nosotros en China se ve bien chino, y la mayoría son de baja estatura.
“Volví a casa perpleja, pero al despertarme a la mañana siguiente tenía la respuesta. Muchos años atrás, cuando era una niña pequeña, recuerdo que mi querida tía Ruth me enseñó las buenas noticias del Salmo 34:7.
“Entonces oré: ‘Oh, gracias Dios, por el mejor día de Acción de Gracias de todos.
“No estoy segura de la apariencia de un ángel guardián, pero estoy convencida que el mío tiene la apariencia de un muchacho norteamericano alto y que ha sido visto por muchos ojos chinos. Y creo que Dios proveyó ‘un muchacho norteamericano alto’ para abrir la puerta para que entrara la luz del evangelio”.2
‡
Los ángeles no necesitan ser siempre visibles para ser evidentes. Uno de los grandes campeones mundiales de la libertad, Roger Williams, nunca informó haber visto a un ángel. Sin embargo, estuvo muy consciente del rol de la providencia divina para salvarlo de la muerte a manos de los perseguidores puritanos, quienes no podían tolerar las ideas de libertad y pureza en la adoración de Williams. W. A. Spicer, en su libro The Hand that Intervenes [La mano que interviene], habla de la obra de los ángeles detrás de las escenas en la vida de Roger Williams. Spicer escribe:
“Fue en lo más profundo del invierno, en el año 1635, que Roger Williams huyó de Salem, habiendo sido expulsado de la Colonia de la bahía de Massachussets por su defensa de la libertad de conciencia. Estaba solo en la región desolada de Nueva Inglaterra. ‘Fui arrojado dolorosamente de aquí para allá durante catorce semanas’ escribió, ‘en una severa estación invernal, sin saber lo que era el pan o una cama’.
“Toda su vida llevó el recordatorio viviente de que Diosrealmente lo había ayudado y librado. Él vio la providencia de Dios interviniendo al influenciar al gobernador de la Colonia de la bahía de Massachussets para que le ayudara privadamente a escapar; y la mano de Dios también, al volver los corazones de los indios salvajes hacia él. Treinta y cinco años después de su huida, le escribió a su amigo Mason:
“El gobernador Mr. Winthrop me escribió en privado para encaminar mi curso hacia la bahía Narragansett y a los indios, alentándome de muchas maneras públicas y celestiales, de la libertad del lugar de cualquier pretensión o patente inglesa. Tomé su moción prudente como una indicación y como la voz de Dios, y abandonando todo otro pensamiento e idea, encaminé mi curso de Salem (aunque en la nieve del invierno, que todavía siento) hacia aquellos lugares, donde podría decir ‘Peniel’, es decir, he visto el rostro de Dios”. (Letters, Vol. VI, p. 335).
“El sentía que tan ciertamente como Dios envió alimento a Elías por medio de cuervos, le había enviado socorro a él por medio de los indios de los bosques. Cayendo en verso, escribió:
“La providencia de Dios es rica para los suyos;
Que nadie desconfíe de ello;
En el desierto, en gran necesidad,
Estos cuervos me alimentaron.
“Y continuando su historia de liberación en canto, dio testimonio de ello:
“Dios abre un camino, provee un guía,
y alimenta en el desierto.
Oh, su glorioso nombre, mientras dure el aliento,
puedo confesar.
“Perdido muchas veces, sin tener un guía,
sin casa más que un árbol hueco,
En noche tormentosa invernal sin fuego,
Sin alimento ni compañía.
“En él encontré una casa, una cama,
una mesa, compañía.
Ninguna copa tan amarga, pero fue endulzada,
Cuando Dios es el que la endulza.
(Extraído de Key into the Language of America)
“Bien podemos saber que los ángeles de Dios fueron con él; porque Roger Williams fue el agente de la providencia de Dios para el establecimiento de la norma de la completa libertad religiosa en el Nuevo Mundo.3
‡
Nos podría resultar relativamente fácil creer que los ángeles protegerían a un poderoso campeón de la libertad religiosa como Roger Williams. Pero ¿qué en cuanto a una niña campesina desconocida en las praderas de Alberta, Canadá? ¿Alguna vez pensó en las alas de los ángeles como tienda o dosel para proteger a los niños de Dios que oran? Esta es la historia de Alma W., que ella envió a La Voz de la Profecía en respuesta a un pedido de historias verdaderas de ángeles.
“Tengo 80 años de edad, pero me gustaría relatar una experiencia que tuvo lugar cuando yo tenía alrededor de 13 ó 14 años, que recuerdo como si hubiera ocurrido ayer.
“Mi padre era ciego. Sentía que era inútil alquilar pastura para nuestros caballos cuando podían ser útiles en la granja de los hermanos Hughes cerca de Didsbury, Alberta, a unos 13 kilómetros al sur de Olds.
“Para mí era una tarea difícil ponerles las monturas a los caballos, pero esa era mi tarea. Rudolph era un caballo grande como para que yo le pusiera la collera y la montura. Tenía que pararme sobre un cajón para hacerlo. Daisy era menos problema.
“Finalmente partí cerca del mediodía. Nosotros vivíamos en el extremo sur de Olds. Tenía que hacer una cuadra hacia el norte para cruzar las vías del ferrocarril y luego un kilómetro y medio hacia el oeste, y luego al sur.
“Disfrutaba del paisaje mientras pasábamos por un campo de cebada lista para ser cosechada. Luego escuché un sonido de retumbo hacia el oeste. No había notado ninguna nube oscura ni otra señal de peligro. Entonces lo vi. Gruesas cortinas de granizo avanzaban rápidamente hacia nosotros por el campo hacia el este. Podíamos oír el granizo golpeando y rompiendo todo mientras se acercaba.
“Rudolph y Daisy eran caballos alocados, así que esperé problemas. Mientras veía cómo se acercaba el granizo, oré para que el Señor protegiera a los caballos. Temía la ira de papá por cualquier daño que sufrieran, así que indirectamente estaba orando por mí, también.
“Luego, el granizo comenzó a caer todo alrededor de nosotros, y me encogí, esperando que me lastimara. Pero ni una piedra nos tocó. Miré a los caballos, que trotaban como si todo fuera normal. Luego miré a mis pies, y hacia atrás en el carro, pero no había ni una piedra de granizo, aunque ahora estábamos rodeados por la tormenta, que resonaba y embestía como una andanada de balas de hielo.
“Luego miré hacia arriba. El granizo llegaba hasta un punto, y luego se dividía como si fuera una tienda, y alabé a Dios por su protección divina. Aunque tenía las riendas en mis manos, sabía que yo no estaba controlando a los caballos.
“Luego otro pensamiento me golpeó, y nuevamente hice otra oración. Estábamos acercándonos al cruce del ferrocarril y el tren de pasajeros de las 12:30 que llegaba a Olds debía pasar a esa hora. No podía ver nada por causa del granizo, y su ruido evitaba que pudiera oír el silbato del tren. Tropezamos con las vías y entonces noté que la sombra oscura de la locomotora se acercaba por detrás de nosotros. Pasó rugiendo momentos después de que cruzáramos.
“Con lágrimas rodando por mis mejillas, alabé a nuestro gran Protector. Tenía una historia para contar al llegar al hogar del hermano y la hermana Hughes. Y todos juntos alabamos a Dios.
“Al día siguiente cuando volví, ese hermoso campo de cebada estaba en el piso como si hubiera sido volteado por un disco. Un rayo había astillado un poste de la luz. Todavía no podía entender por qué no aparecieron nubes oscuras u otra señal de tormenta de granizo. Cuando llegue al cielo quiero saber qué método ingenioso usó el ángel para salvarnos ese día de todo daño. Mientras tanto, esta experiencia me ha ayudado a atravesar algunos momentos difíciles”.4
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Nuestras vidas están entretejidas verdaderamente con las de los ángeles. Esto es especialmente cierto para quienes aman a Dios y desean servirle fielmente, como expresión de gratitud por su salvación. “Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él” (2 Crónicas 16:9). Y a menudo interpone ese poder por medio de sus ángeles, que están siempre listos para hacer su voluntad.
Ardite Hovland de Hawai cuenta la historia de su suegro, Halvor Hovland. Esta historia ha fortalecido grandemente la fe de la familia Hovland a lo largo de los años. Ardite misma la oyó de Halvor.
En las primeras décadas de 1900 la familia Hovland se mudó a una granja cerca de Eldon, Missouri. En algún momento de esa época, Halvor tuvo una experiencia que le encantaba relatar con asombro. Era la época de la cosecha, y en esos días los agricultores cortaban su grano con una guadaña. Un nublado viernes de tarde, cuando el grano estaba perfectamente maduro, el Sr. Fogelman, un vecino, se acercó y dijo:
–Halvor, vas a tener que cortar tu cosecha mañana, o se te caerá.
Desde el punto de vista de un agricultor, las palabras de Sr. Fogelman tenían sentido. Porque cuando el grano se madura demasiado, el peso de las cabezas hace que se caiga en el campo, haciendo imposible su cosecha. Se puede perder una cosecha por completo de esa manera.
La respuesta de Halvor fue:
