Cazadores de Demonios - Daziel M. Grey - E-Book

Cazadores de Demonios E-Book

Daziel M. Grey

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Beschreibung

LOS HOMBRES PAGARÁN CON SU VIDA LA ESTUPIDEZ DE SU CREADOR


En los inicios del tiempo, existían sólo los Ángeles y su creador. Sin embargo, algunos de estos Ángeles empezaron a rebelarse, por lo que fueron expulsados del Reino del Cielo y desterrados al Infierno. Entre ellos Abbadon, Diablo y Samael. Los tres perdieron las plumas de sus alas, su piel se volvió áspera y todo rasgo de belleza y pureza se borró para siempre. El Creador, al ver que ésto no era suficiente, creó un mundo que estuviera de por medio entre los dos reinos: el Reino de los Hombres. Pero Abbadon, Diablo y Samael juraron vengarse y atacaron a los hombres. De esto surgió un pacto: los Ángeles y los hombres se unieron para proteger a los humanos y acabar con los Demonios. Así, algunos hombres, llamados Cazadores, se encargan de eliminar a los Demonios que logran llegar a nuestro mundo.


EL PROBLEMA ES QUE AHORA NADIE LO SABE.


Sebastian Grey es un joven que acaba de cumplir sus veintiún años.


Toda su vida ha sido cotidiana: vive con sus padres, estudia en casa y está a punto de entrar a una escuela pública. Sin embargo, el secreto que han guardado sus padres está por revelarse: Sebastián es un Cazador de Demonios y tendrá que vivir a la expectativa de lo que se espera de él. Y no por él, sino por el bien del Reino de los Hombres.

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EPUB

Seitenzahl: 259

Veröffentlichungsjahr: 2014

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©Daziel M. Grey

©Rodrigo Porrúa Ediciones

Primera edición: 2014

Todos los derechos conforme a la ley

Responsable de la edición: Rodrigo Porrúa del Villar

Diseño editorial: Rodrigo Porrúa del Villar

Corrección ortotipográfica y de estilo: Felipe Casas

Características tipográficas y de edición:

Fuente de las Pirámides 1-304

Col. Tecamachalco, Edo. de Méx.

(55) 6638 6857

[email protected]

ISBN: 978–607–96589–7–7

Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales.

A toda mi familia y amistades, quienes han demostrado estar a mi lado en los momentos más felices como en los momentos más tristes.

Para Anna y Zelda quienes son las estrellas que han iluminado mi camino.

Índice

Prólogo. El Libro De La Creación

I. En las Sombras

II. El Despertar de Sebastián Grey

III. El Santuario de la Familia Grey

IV. Cazadores y Devoradores

V. La Iniciación

VI. El Ángel de la Muerte

VII. El Bosque de las Almas

VIII. Samael. El señor de la Muerte

IX. Carnicería y Redención

X. La caída del Sello

XI. Lazos de Sangre

XII. La Última Cacería

XIII. Sucesos de un Nuevo Inicio

Agradecimientos

PRÓLOGO

El Libro De La Creación

Según las antiguas escrituras, hace muchos siglos, cuando la tierra se encontraba en completa tranquilidad existía un Reino Divino gobernado por “el Creador”, un ser espiritual dador de vida y creador de todo lo existente, un Reino habitado por Ángeles, unos seres divinos sin pecado alguno, un Reino regido en el vasto cielo y de ahí fue como lo llamaron “el Reino del Cielo”. Sin embargo, existía otro Reino, uno lleno de maldad, oculto ante los ojos del Creador, nacido para dar destrucción y condenar a las almas impuras, este Reino ínfimo fue llamado Infierno, ubicado en lo más profundo de la tierra. Las criaturas que gobernaban el Reino del Infierno eran conocidas como Demonios, y no poseían alma alguna.

Los Ángeles, los seres más comunes en el Reino del Cielo eran dirigidos por los Arcángeles, seres divinos cubiertos por la bendición de su creador, destinados a proteger y mantener el orden en el Reino del Cielo. Todos los Ángeles y Arcángeles eran iguales entre sí, sin embargo había quienes se creían superiores a los otros e intentaron gobernar un Reino que no necesitaba gobernantes, intentando presionar e irrumpir en la tranquilidad del Cielo, condujeron a los Arcángeles a tomar partido y defender a aquellos que fueron oprimidos de manera injusta, tomando las armas ya olvidadas en el pasado para así blandirlas en defensa de los débiles, desatando una guerra devastadora; guerra que duraría siglos sin poder resolverse. Tres Ángeles: Abbadon, Diablo y Samael, corrompidos por pecados imperdonables, fueron siendo arrastrados a las orillas del Reino del Cielo buscando ser desterrados por el bien del Reino. Pero estos Ángeles entre más lejos del Reino estaban, su apariencia fue cambiando. Las plumas de sus alas cayeron lentamente, su piel se tornaba roja y áspera como si perdiera su vida. De su rostro cuernos inmensos empezaron a brotar y sus ojos se tornaron rojos como las llamas, el oído corrompió su alma y los pecados no les brindarían perdón alguno; condenados al exilio de su Reino. Solo les quedaba un lugar al cual ir: al Infierno.

El Infierno es un Reino para los condenados, aquellas almas perdidas que perdieron su rumbo y han cometido pecados prohibidos por el creador, terminan en este Reino de fuego y lava donde son castigados por sus propios actos. Los Demonios y su mera existencia nos recuerda la imperfección de nuestro ser y como es fácil caer en tentaciones para vernos corrompidos. La llegada de los tres Ángeles caídos al Infierno ocasionó un alboroto, pues como los seres divinos más puros habían podido verse tentados por los pecados, esto supondría la debilidad del Reino del Cielo y tres Ángeles caídos podrían reflejar la caída de un Reino entero. Abbadon, Diablo y Samael juraron vengarse por lo que sus hermanos les hicieron.

Al transcurrir un siglo del destierro de los tres Ángeles caídos, agruparon fuerzas con los Demonios ya existentes en el Infierno, las siete razas de los pecados prohibidos por el creador junto con el liderazgo de Abbadon, el general de las fuerzas del Infierno, organizaron un ataque devastador al Reino del Cielo reclamando su poderío ante los ojos del creador. Los Ángeles al ver el ataque a su Reino intentaron escapar, sin embargo los Arcángeles intentaron proteger diezmando las filas de los Demonios en una batalla que duraría cien años. El comandante del Reino Divino, el Arcángel Miguel, logró despojar a Abbadon de sus siervos, hiriéndolo gravemente, logró así volverlo a condenar al Infierno, prometiéndole blandir su espada en contra de aquel que osara desafiar al Reino del Cielo.

El Creador después de ver el caos ocasionado entre su Reino más querido y el Infierno decidió alejar a los Ángeles de la tentación aislándolos así de los dos Reinos y creando uno nuevo: el Reino del Hombre. Todo Ángel que aún estuviera con su alma pura, podría existir en este paraíso en la tierra, abandonando sus alas y obteniendo una vida de libre albedrío donde sus decisiones definirían su propio futuro.

Abbadon, herido, regresó al Infierno con algo nuevo en mente. Les pidió a sus hermanos Diablo y Samael que lideraran un ataque a la tierra media al Reino de los Hombres. Diablo ordenó a los esbirros más débiles a liderar el ataque y él los guiaría hacia las puertas del Infierno. Samael tomaría a los esbirros más fuertes y los ocultaría entre las sombras, guiándolos para atacar por sorpresa. Abbadon, observando desde lo lejos, pudo dirigir con fiereza el ataque al Reino de los Hombres, logrando atravesarlo con gran facilidad para saciar su sed de venganza, pero no duraría mucho este placer; el Creador ordenó a los Arcángeles a proteger la tierra y alejar a los caídos al Infierno por tercera vez. Pero esta vez sería diferente, los Arcángeles los arrastrarían al Infierno y los encerrarían por siempre a través de un Sello Sagrado. El Sello impediría que cualquier Demonio atravesara al Reino de los Hombres, cualquier Demonio que lo tocara moriría calcinado por el fuego divino, pero para que este Sello se llevara a cabo tendría que hacerse un sacrificio; un sacrificio desinteresado por la humanidad. El Arcángel Miguel lideró por segunda vez a las fuerzas divinas para lograr colocar el Sello, la batalla fue devastadora; Ángeles y Demonios muriendo en una guerra sin fin, pero cuando la batalla estaba a punto de terminar con la vida de todos los seres divinos, el Arcángel Miguel logró empujarlos a la Puerta del Infierno y ahí mismo clavó su espada en la tierra gritando:

—Demonios Infernales, per voluntatem creator, non vobis praeterire!*

La hoja de la espada del Arcángel Miguel desató un brillo tan resplandeciente que dejaría ciegos a los Ángeles y Demonios. La espada habría creado un Sello divino impidiendo que pasara cualquier Demonio al Reino de los Hombres. Satanás y Samael intentaron romper el Sello inmediatamente pero fue en vano, el fuego del Sello creado por el Arcángel era lo suficientemente fuerte para retenerlos en el Infierno por toda la eternidad. Abbadon, observando desde lo lejos, no pensaba lo mismo y se acercó al Sello. Herido, vio fijamente a los ojos al Arcángel Miguel y le dijo con una voz suave pero perturbante:

—Nada ni nadie podrá proteger a los hombres de mí, su sangre correrá como un río para saciar nuestra sed de venganza.

Abbadon viendo a sus hermanos, caminó hacia ellos y les dijo:

—Hermanos, esperaremos a que el Sello se debilite y atacaremos, pero por ahora esperaremos en las sombras.

Los tres Ángeles caídos regresaron a lo más profundo del Infierno con la promesa de volver para destruir a el hombre.

El Arcángel Miguel temeroso de que Abbadon cumpliera su promesa se volvió con los hombres y les dijo:

—El mal que yace más allá de este Sello buscará atravesarlo y ustedes mortales tendrán que protegerlo, no duden de su fuerza ni de su voluntad o ellos vencerán.

Miguel se volvió al Sello y tomó la empuñadura de su espada que se había roto para impedir que fuera retirada del Sello y se lo dio a el hombre más viejo del Reino y le dijo:

—Esta espada brillará cuando el Sello corra un gran peligro, y la única manera de reestablecer el Sello es que la espada esté completa, cuídenla y atesórenla para toda la eternidad pues el futuro del Reino de los Hombres dependerá de ello.

El Arcángel Miguel guió a los Arcángeles y a los pocos Ángeles que conservaron sus alas al Reino del Cielo para vigilar a los hombres por si alguna vez necesitaran de su ayuda. Los humanos tomaron la empuñadura y prometieron defender el Sello de cualquier Demonio que intentara atravesarlo.

* por la voluntad del Creador, no pasarán!

i

En las Sombras

En los suburbios de Gatwick, Londres, un joven de veinte años de nombre Sebastián Grey, era un hombre de altura no mayor al metro con ochenta centímetros, tenía el cabello negro como la noche y de un estilo quebrado, lo usaba corto pero era lo suficientemente largo para cubrir sus orejas. Sebastián tenía una complexión delgada, pero poseía gran fuerza, era un joven caucásico y de ojos grises. Era una persona muy seria e intelectual, casi no conocía a nadie, las únicas personas con las que convivían eran sus padres. Él vivía plácidamente en una casa hermosa de color blanco, con un gran patio cubierto de césped verde rodeado por una reja de madera, a las afueras de la casa había un gran árbol frondoso. En su interior era una casa llena de antigüedades y cuadros en las paredes, tenían una Gran Biblioteca, los muebles eran antiguos y todo parecía siempre estar en orden.

El pueblo de Gatwick es un lugar tranquilo, con casas cubiertas de fachadas austeras, los jardines siempre parecían florecer y las personas que vivían ahí eran muy amigables; las calles eran tranquilas y la gente era famosa por su humildad y hospitalidad. Sebastián acaba de comenzar sus estudios superiores en Southbank una escuela de Londres. Sin embargo, no está del todo agradecido con la idea pues la mayoría de sus estudios los ha recibido en su hogar junto con sus padres, desde los quince años. Sebastián había estudiado Latín por hábito familiar ya que sus padres consideraban esencial este conocimiento y a él no parecía molestarle. Sebastián era un joven serio y poco amiguero, la verdad, le va bien mejor pasarla solo, debido a que no se siente en confianza con nadie y parece no encajar con la sociedad, sin embargo, a pesar de ser un joven serio lo que más quisiera es poder pertenecer a un mundo, poder sentirse adaptado, pues su familia es muy introvertida y no acostumbraban a convivir con más gente.

Los padres de Sebastián eran Leonardo y Natalia Grey; Leonardo era un señor que rodeaba los cuarenta y cinco años, su piel era idéntica a la de Sebastián y el color de sus ojos era el mismo, era un señor muy serio e inteligente, además, era una persona muy atlética y fornida, su cabello era corto y lizo, mientras que Natalia era una señora muy joven, su aspecto parecía reflejar los treinta años, sin embargo su edad era de cuarenta y dos, era una señora de altura promedio, poseía un rostro muy hermoso y un cuerpo atlético, su cabello era largo y ondulado de color negro, su mirada estaba adornada con unos ojos de color gris.

Sebastián no pasaba mucho tiempo fuera de su casa, las mañanas se levantaba a leer los libros que eran tan antiguos que podían sentirse rasposas las páginas de la tierra ya adherida a ellas (era uno de sus hobbies favoritos). En las tardes, cuando su padre regresaba del trabajo, el cual desconocía (su padre solía decir que no era de importancia que lo supiera), se daban el lujo de recorrer una pista de obstáculos, ya que no quería que perdiera condición física. Esta pista de obstáculos estaba conformada por paredes de escalada, una pista para practicar algo similar al parkour con objetos que tendría que golpear mientras corría. “Es un ejercicio muy completo para un joven” decía su padre cuando empezaban la rutina. Por las noches era común pensar que Sebastián saliera a convivir con alguien; sin embargo no tenía a nadie, así que pasaba las noches en su cuarto leyendo sus libros favoritos o tocando el violín ya que decía que la música relajaba su mente.

Para Sebastián iniciar los estudios en una escuela pública era algo emocionante y desagradable a la vez, le gustaba la idea de conocer gente con la que pudiera congeniar pero le desagradaba pensar en que podría conocer a gente “vacía” ya que sus intereses no van más allá de ser popular o buscar llamar la atención. La familia de Sebastián era muy meticulosa en cuanto a la enseñanza, debido a que no querían llenar su mente con ideas absurdas, para ellos fue un reto el decidir enviar a Sebastián a estudiar en una escuela pública.

La mañana siguiente sería su primer día de escuela, y aún más importante, sería su cumpleaños número veintiuno y no dudó en llevar su atuendo más cómodo ya que decidió pasar desapercibido: llevó un pantalón de mezclilla simple, un sweater de manga larga con un gorro amplio para poder esconder su mirada bajo la sombra que le brindara. Al tomar sus cosas salió dispuesto a ponerse en camino a la estación del metro de Gatwick, pero sus padres lo esperaron en la puerta de su casa con un obsequio. Natalia, la madre de Sebastián, extendió sus manos y le dio una caja negra acompañado de estas palabras:

—Hijo mío, hoy cumples tus veintiún años, un número muy especial en nuestra familia y es por eso que te obsequiaré mi collar, él te cuidara y así cada que lo veas podrás recordar que siempre estaré a tu lado.

Sebastián se sonrió y tomó con aprecio el collar de su madre que tenía una cruz de plata adornada con una piedra de jade en el centro. Sebastián volteó a ver a su padre y el alzó la mano y con una voz de orgullo le dijo mientras se quitaba su anillo:

—Hijo, te he preparado para este día, pero solo tú podrás tomar las decisiones más aptas para tu vida, y hoy te daré lo que por generaciones ha estado en mi familia: el anillo de la familia Grey.

Sebastián vio a su padre y tomó el anillo de la familia, era un anillo tan fino que pareciera valer más que cualquier otra cosa que hubiera visto antes. El anillo tenía una cruz de plata reconocible como el logotipo de la familia Grey con un rubí adornando su centro, la argolla estaba adornada con imágenes de caballeros medievales y personajes encapuchados luchando contra unas especies de criaturas. Su padre Leonard Grey puso su mano sobre el hombro de Sebastián y le dijo:

—Sebastián Grey, nunca olvides quién eres y de la familia que provienes, ese es tu legado.

Sebastián parecía no entender a lo que se refería su padre, sin embargo se colocó el anillo en su dedo anular de la mano izquierda, tomó sus cosas y salió de su casa, mientras se colocaba su gorro volteó a ver a sus padres y siguió su camino a estación del metro para dirigirse a la escuela de Londres.

En la estación del metro se encontró con un joven de apariencia tímida y un poco aterrado, parecía ser menor que Sebastián, sin embargo lo alcanzaba en altura y complexión, tenía el cabello castaño y corto, su piel era más obscura que la de Sebastián, sin embargo no era aperlada. Por su rostro parecía preocupado, pero Sebastián no le dio importancia y se dispuso a esperar el metro en el andén de Gatwick.

—¿No te burlarás de mí? —se escuchó una voz muy suave que provenía del joven.

—No, porqué lo haría —contestó Sebastián, aunque un poco desconcertado por la pregunta.

—Todo mundo intenta molestarme o burlarse de mí —continuó el joven mientras bajaba la mirada lentamente.

—No te molestaré, ni me burlaré —le contestó Sebastián mientras notaba que llegaba el Metro—. Me tengo que ir, este es el metro a Londres —continuó diciendo Sebastián mientras lo abordaba.

Tras abordar el metro. Sebastián buscó un lugar donde sentarse y notó un par de lugares vacíos a la mitad del metro y procedió a sentarse, ya sentado notó que el metro no avanzaba, parecía esperar a alguien, y es cuando se dió cuenta que su acompañante de la parada, el joven tímido también abordaría ese metro, pero pocos segundos después empezaron a interponerse en su camino un par de jóvenes que aparentemente buscaban molestarlo hasta que encontrara un asiento. Sebastián, molesto por el traro que le daban, le pidió que lo acompañara en el lugar que estaba vacío junto a él, al sentarse el joven, a su lado, Sebastián susurró:

—Estúpida gente vacía.

Y el joven tímido lo voltéo a ver y le dijo:

—Gracias, y perdón. Mi nombre es Tom —le dijo con una voz suave.

—Mi nombre es Sebastián —contestó con una sonrisa oculta tras su gesto de desagrado por los otros jóvenes.

Tom se sonrió y no volvieron a hablar hasta que llegaron a la estación de Elephant and Castle.

Al llegar a la estación, Tom continuó su camino con gran velocidad, y Sebastián continuó con el suyo tranquilamente. Al llegar a la escuela, Sebastián tuvo que buscar sus salones de clase y todo parecía ir normal, o bueno eso imaginaba él, no había nada especial más que la compañía de gente que parecía desagradable, al pasar la cuarta hora de clase, asistió a su clase de Laboratorio de Química y se dio cuenta que Tom, el joven tímido del metro, estaba en su escuela y más aun estaría en su salón. No pareció desagradarle, ya que por lo que había visto no era una persona “vacía”, sino más bien, que la gente vacía lo atacaba a él. Para Sebastián era algo nuevo el hecho de que una persona le agradare fuera de sus padres, y creyó que podría convivir un poco más con él, así que lo invitó a ser su compañero de clase de Química; Tom demostró tener grandes habilidades y aptitudes para la Química, cosa que impresionó a Sebastián porque sus padres consideraban el conocimiento de la Química como algo muy útil. Sebastián y Tom trabajaron en un experimento con la magnesia que resultó algo interesante, al parecer este material podría arder con gran facilidad y a una temperatura muy elevada, y por si fuera poco despedía una luz incandescente. Sebastián no era muy bueno en la Química y mucho menos con los elementos, pero su compañero Tommy resultaba ser hijo de un gran químico y por eso su apego y amor a la materia, ya era mucho pensar que ir un grado avanzado en una metería de ciencia era poco común y él lo había logrado con gran facilidad. Tras terminar la clase de Química, Sebastián y Tom acordaron verse a la hora de la salida para dirigirse a la estación del metro y viajar a sus respectivas casas.

Al tocar el timbre de la salida Sebastián ya había aprendido mucho sobre la gente que lo rodeaba, existían personas desagradables como Roger Smith, un joven muy presuntuoso que gustaba de molestar a los más débiles y por consiguiente también molestaba a su nuevo compañero. Tom resultó una persona interesante para él y con gusto decidió contemplarlo como un amigo, en cuanto a lo demás no había sorpresa alguna. Como acordaron Sebastián y Tom partieron juntos al metro, y al llegar a la estación de Gatwick decidieron caminar y poder platicar un poco más: Tom le contó a Sebastián que él no se sentía cómodo en la escuela y que su padre esperaba mucho de él, ya que él era un gran químico y le enseñó todo lo que sabía en cuanto a la Química y los elementos. Su madre falleció cuando él era solo un pequeño, su padre era lo único que él tenía. Sebastián puso una cara de tristeza mientras bajaba aún más su rostro y lamentó oír lo de su madre. Sebastián se sintió en confianza con Tom y decidió hablar un poco sobre él, le contaba que desde pequeño sus padres han sido muy protectores con él, y que la mayoría de sus estudios se tomaron en su casa con sus padres como tutores. Tom quedó asombrado y preguntó con curiosidad a qué se dedican sus padres y Sebastián se sonrió y comentó: —La verdad no podría decirte, porque no lo sé, ya que mis padres no le dan importancia a eso. —Al pasar el tiempo y con la plática interesante llegaron rápidamente a casa de Tom y Sebastián continuó con su viaje solo ya que no era un viaje largo y por la emoción de conocer a alguien no le importaría caminar unos minutos más.

Sebastián caminó durante unos minutos mientras el sol se ocultaba en el horizonte y recordaba lo que le dijo Tom sobre su madre. Él no podría imaginar el vivir sin su madre o su padre ya que ellos son todo su mundo. Bajo el velo de la noche, cuando el sol logró ocultarse por completo, Sebastián caminaba un poco desconcertado, empezaba a sentirse observado. La sensación de soledad que tenía después de dejar a Tom en su casa había cambiado, ya no se trataba de un viaje tranquilo, ahora parecía que fuera acosado; su corazón se aceleró, sentía adrenalina por todo su cuerpo, pareciera que no podía controlarlo, era una sensación que jamás había experimentado. Sebastián entró en pánico, intentó tranquilizarse y apresuró el paso, poco a poco sentía que algo se acercaba y justo cuando creía que algo lo tomaría, logró entrar al patio frontal de su casa y la sensación desapareció lentamente. Al llegar a la puerta y ya con más tranquilidad voltéo a ver qué era lo que parecía seguirlo y logró ver bajo las sombras de un árbol algo parecido a unas garras afiladas que se ocultaban detrás del árbol, las garras rasgaron la corteza con mucha facilidad, dejando unas marcas profundas. Sebastián, asustado, tomó aire y entró a su casa fingiendo tranquilidad con sus padres, ignorando lo que ellos le habían preparado por su cumpleaños. Los padres de Sebastián un poco extrañados, se vieron el uno al otro como si supieran de lo que se trataba. Sebastián se dirigió a su cuarto a descansar, no lograba entender lo que sucedió y se quedó el resto de la noche pensando qué pudieron ser esas garras que vio hasta que cayó dormido.

ii

El Despertar de Sebastián Grey

Cuando la noche pasó y Sebastián se encontraba dormido, sentía algo estremecedor en su piel. Algo que la recorría lentamente, dudó, pero finalmente decidió abrir los ojos y se dio cuenta de que no se encontraba en su casa. Estaba rodeado de criaturas de apariencias demoniacas en un mundo de lava y fuego. No lograba entender las voces de los Demonios hasta que de pronto una voz tomó lugar:

—Hermanos míos, la venganza está cerca, el Sello caerá.

Sebastián no lograba entender lo que estaba pasando, ¿qué era el Sello del que hablaban?, ¿cuál venganza tomaría lugar? Sebastián no lograba levantarse de esta pesadilla, su cuerpo empezó a emocionarse justo igual a la noche anterior y de pronto todo se detuvo, se congeló el tiempo y un Demonio con unas inmensas alas de hueso y piel, con su rostro lleno con grandes dientes afilados y ojos rojos como la sangre, se acercó a él lentamente y le habló con una voz tan tenebrosa que le heló el corazón:

—Los hombres pagarán con su vida la estupidez de su creador.

Sebastián quedó petrificado y su cuerpo no podía moverse, su vista quedó congelada en los largos colmillos del Demonio y del silencio se escucha una voz familiar.

—Sebastián, levántate, es solo una pesadilla, levántate.

Era la voz de su madre que iluminó su sueño y le permitió levantarse de esa horrible pesadilla. Sebastián había estado gritando y alertó a su madre para ir a levantarlo, desconcertada su madre lo tomó entre sus brazos y le dijo suavemente:

—Sebastián todo fue un sueño, ese Demonio no podrá alcanzarte.

Sebastián se tranquilizó aunque no entendía cómo era que su madre sabía sobre un Demonio en su sueño, voltéo a ver a su madre y le preguntó por su padre, a lo que ella le contestó con una voz triste:

—Tu padre tuvo un viaje de negocios esta madrugada y ha partido tan rápido que no quiso molestarte.

Sebastián sabía que algo andaba mal debido a que su padre jamás había viajado a un lugar sin despedirse de él, cansado por su noche ya aterradora, decidió intentar reconciliar el sueño esperando poder descansar.

La mañana siguiente después de la pesadilla, Sebastián estaba algo preocupado y desconcertado por todo lo que había vivido en tan poco tiempo, su padre había salido de viaje y su madre parecía un poco preocupada y triste como si algo malo fuera a pasar. Alistándose para el viaje a la escuela, Sebastián tomó su ropa y su mochila sin olvidar ponerse el anillo y el collar que sus padres le dieron, al bajar por las escaleras su madre ya había preparado su almuerzo y decidió tomar asiento para comer algo antes de ir a la escuela. La madre de Sebastián estaba más seria de lo normal y con una mirada un poco pérdida. Al terminar su almuerzo Sebastián agradeció su comida y se dispuso a partir a la estación del metro, cuando se vio interrumpido por su madre que le habló con un tono de preocupación:

—Sebastián, por favor ten cuidado, saliendo de la escuela regresa rápido a la casa.

Sebastián asintió con la cabeza y salió de su casa.

Cuando Sebastián cruzó la puerta de su casa, logró recordar la noche pasada, caminando más lento se acercó al árbol que se encontraba fuera de su casa y logró ver con terror en su expresión las garras marcadas fuertemente sobre el tronco duro del árbol.

La idea de pensar que la criatura que hizo eso pudiera estar cerca lo aterró, decidió darse prisa hasta llegar a la estación del metro donde se encontraría con Tom como el día pasado. Mientras caminaba rápidamente pudo sentir una mirada sobre él, como si alguien lo siguiera, pero esta vez su cuerpo estaba relajado, no sintió las mismas emociones de la noche pasada, esta vez solo se sentía observado, Poco tiempo después llegó a la estación y la sensación seguía sobre él sin embargo se encontró con Tom y eso le dio un poco más de seguridad, aunque el sabía que ellos dos no podrían con la criatura que cortó el árbol con sus garras. Sebastián se acercó a Tom y lo saludó, pero no parecía estar bien, estaba serio y con la mirada perdida. Sebastián preocupado se acercó y le tomó el hombro mientras le preguntaba si algo andaba mal. Tom enseguida volvió del profundo pensamiento en el que estaba inmerso y le dijo con una voz relajada:

—Sí, discúlpame, es que mi padre no se encuentra del todo bien y estoy preocupado por él, es todo lo que tengo, no sé qué haría si algo le pasara.

Sebastián se sintió más identificado con él ahora que su padre había salido rápidamente y él no sabía nada de su paradero. Sebastián se dirigió a Tom con una voz de comprendimiento y le dijo:

—No te preocupes, te entiendo, yo también estoy preocupado por mi padre, salió esta mañana y no me ha dicho a donde irá y eso es raro en él.

—Mi padre pasó toda la noche investigando un nuevo químico para la empresa en la que trabaja, pero… algo salió mal —le contestó Tom y continuó—: Creo que el químico enfermó a mi padre y no logra sentirse bien.

Sebastián volvió su mirada y se percató que se acercaba el metro.

—Ven, es hora de irnos, pero créeme todo estará bien, no debes preocuparte —le dijo a Tom.

Tom asintió con la cabeza y ambos tomaron el metro a la escuela; Sebastián fue el último en subir y sintió tranquilidad ya dentro del metro, ya no se sentía observado, pero ésto no lo relajaba del todo, aún quedaba mucho tiempo para volver a casa.

Sebastián preocupado por sus presentimientos y por la situación de su padre, no pudo hablar mucho en el viaje a la escuela, Tom por otra parte se encontraba casi perdido debido a que no podía dejar de pensar en la salud de su padre. Al pasar el tiempo en el metro, Tom aceleró su respiración y apretó su puño en la pierna, como si estuviera molesto o enojado con algo. Sebastián logró ver el puño de Tom y no dudó en preguntarle qué estaba pasando.

—Todo está bien, lo que pasa es que no puedo hacer nada por salvar a mi padre —le contestó con una voz quebrada.

Sebastián no sabía qué decir, solo intentó darle palabras de ánimo.

—Tom, tu padre estará bien, no te preocupes, es un hombre fuerte y no se rendirá —le comentó con una voz alentadora.

—Mi padre jamás me dice que me quiere, y hoy esta mañana me pidió que me acercara, me tomó entre sus brazos y me dijo que me amaba… eso significa que es algo muy grave —contestó mientras derramaba unas lágrimas por sus mejillas.

Sebastián se quedó sin aliento, no sabía qué decir; puso su mano sobre el hombro de Tom y le dio unas palmadas de ánimo.

—Ten fe, el estará bien.

Tom voltéo a ver a Sebastián y agradeció sus palabras con un gesto, poco después arribaron a la escuela y se separaron hasta la clase de Química.

Sebastián pasó todo el día preocupado por su padre, con continuidad se hacía preguntas como: “¿Por qué se fue?, ¿Qué era tan importante para irse tan rápido?, ¿Por qué no se despidió?”. La verdad es que Sebastián jamás había pasado mucho tiempo sin su padre, era muy raro para él imaginarse la razón por la cual se hubiera ido;