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El diálogo del Resucitado con los discípulos de Emaús lleva a su culmen el recurso al Antiguo Testamento como clave de comprensión del misterio y del ministerio de Jesús; el libro de los Hechos, particularmente en sus discursos, desarrolla el verdadero "programa" que suponen estas palabras del Resucitado. La obra lucana encuentra pues en el diálogo constante con la Escritura de Israel una referencia imprescindible. Las contribuciones que presentamos en este volumen, fruto maduro de un trabajo en común en el marco del seminario permanente "Evangelios y Antiguo Testamento" dentro de la Asociación Bíblica Española, manifiestan la relevancia de este hecho para la exégesis de los escritos lucanos y muestran además la fecundidad de esta aproximación.
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Seitenzahl: 444
Veröffentlichungsjahr: 2020
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Presentación
El Antiguo Testamento en el evangelio de Lucas
Antonio RODRÍGUEZ CARMONA
1. Exigencia del género «historia teológica»
2. Jesús hermeneuta
3. Doble finalidad de las referencias al Antiguo Testamento
4. La hermenéutica de Lucas
5. Presentación de las citas
5.1. Citas explícitas
5.2. Citas implícitas
6. Conclusión
7. Bibliografía
La teología de Lucas y el Antiguo Testamento: raigambre y novedad
Luis SÁNCHEZ NAVARRO
1. La historia
2. El camino
3. Jerusalén
4. Jesús, profeta
5. Jesús, salvador
6. Las naciones
7. Una «nueva perspectiva»
8. Bibliografía
Jerusalén en el evangelio de Lucas
Josep BOIRA SALES
1. Introducción
1.1. El templo
1.2. Los textos
1.3. El uso de la forma hebrea o helenizada
2. Análisis de algunos textos
2.1. En el templo: Simeón y Ana
2.2. En el templo con los doctores
2.3. En el desierto
2.4. En el monte para orar y el inicio del viaje a Jerusalén
2.5. Herodes y el lamento sobre Jerusalén
2.6. De camino a la Cruz
2.7. De nuevo de camino hacia Jerusalén
3. Un breve esbozo sobre Hechos
4. Conclusión
5. Bibliografía
Moisés, Jesús y el envío de los Doce (Lc 9,1-6.10)
Napoleón FERRÁNDEZ ZARAGOZA
1. Estructura de Lc 9,1-50
2. Carácter mosaico de la presentación de Jesús en Lc 9,1-50
2.1. Las perplejidades de Herodes (Lc 9,7-9)
2.2. La revelación de la Transfiguración (Lc 9,28-36)
3. Lc 9,1-6.10 y Nm 13,1-25
4. Conclusión
5. Bibliografía
El Antiguo Testamento escondido en la Pasión según Lucas
Cristóbal VILARROIG
1. Alusiones al Antiguo Testamento
1.1. Camino de la cruz (Lc 23,26-32)
1.2. La crucifixión (Lc 23,33-38)
1.3. Muerte de Jesús (Lc 23,44-49)
2. Explicación del hecho
3. Comprobación de la explicación
4. Conclusión
5. Bibliografía
Herederos de una tradición exegética. La «piedra desechada» en la obra lucana
Ianire ANGULO ORDORIKA
1. La «piedra»: un tópico en el NT
2. La «piedra desechada» en el corpus lucano
2.1. La «piedra desechada» en el evangelio de Lucas
a) Ausencia de referencias al cántico de la viña
b) Variaciones en la cita de salmo
c) Cambios que mantienen la función judicial
2.2. La «piedra desechada» en el libro de los Hechos
2.3. Vinculaciones entre ambos pasajes lucanos
3. Asomándonos a la tradición exegética judía
3.1. El salmo 118 en la tradición exegética judía
3.2. ¿Carácter acusatorio de las «piedras»?
4. Conclusión
5. Bibliografía
El Antiguo Testamento en el discurso de Pedro el día de Pentecostés (Hch 2,14-40)
Francisco PÉREZ HERRERO
1. Introducción
2. Introducción discursiva: Pentecostés, un acontecimiento predicho en la Escritura (2,14-21)
3. Núcleo del discurso: Pentecostés, un acontecimiento sustentado en la exaltación del Crucificado (2,22-36)
3.1. Anuncio kerygmático (vv. 22-24)
3.2. Cita del Sal 16,8-11 y exégesis mesiánica (vv. 25-32)
3.3. Efusión del Espíritu y anuncio kerygmático (vv. 33-36)
4. Conclusión parenética: Pentecostés, un acontecimiento que pide la conversión y el bautismo (2,37-40)
5. Conclusión
6. Bibliografía
La tienda caída de David (Am 9,11-12) en el discurso de Santiago (Hch 15,13-21)
Pablo M. EDO
1. Introducción
2. Contexto del discurso de Santiago
3. Problemas de interpretación
4. La cita de Am 9,11-12 en Hch 15, 4Q174 y CD 7
5. Interpretaciones de «la tienda de David» en el discurso de Santiago
6. La resurrección de Jesús como clave de interpretación de Hch 15,16-18
7. Bibliografía
El discurso de Pablo ante Agripa (Hch 26,2-23): trama lucana y trasfondo veterotestamentario
Juan Luis CABALLERO
1. Análisis narrativo-semántico de Hch 26
1.1. Composición y campos semánticos de Hch 26
1.2. Los tres relatos de la conversión de Pablo
1.3. Hch 26 en el conjunto de la obra lucana
a) Hch 26 y el evangelio de la infancia
b) Hch 26 y el pasaje de los discípulos de Emaús
2. Intertextualidad de Hch 26,2-23
2.1. Apertura y cerrazón de los corazones
a) ἐξουσία
b) ἀκοῦσαί μου
c) ὑπηρέτην καὶ μάρτυρα
2.2. Las promesas divinas
a) ἐπαγγελία
b) κλῆρος
2.3. Luz divina y vista
a) ἡμέρας μέσης
b) οὐρανόθεν φῶς
c) ἀνοῖξαι ὀφθαλμοὺς αὐτῶν
d) τοῦ ἐπιστρέψαι ἀπὸ σκότους εἰς φῶς
3. Conclusión
4. Bibliografía
Créditos
«Comenzando desde Moisés y desde todos los profetas, les explicó en todas las Escrituras lo referente a sí mismo» (Lc 24,27). En el diálogo de Jesús con los discípulos de Emaús culmina una dimensión fundamental del tercer evangelio: el recurso al Antiguo Testamento como clave de comprensión del ministerio y del misterio de Jesús; el libro de los Hechos, particularmente en sus discursos, desarrolla el verdadero «programa» que suponen estas palabras del Resucitado. La obra lucana encuentra pues en el diálogo constante con la Escritura de Israel una clave de comprensión. Las contribuciones que presentamos en este volumen, fruto maduro de un trabajo en común durante varios años en el seminario permanente «Evangelios y Antiguo Testamento», desarrollado en el marco de la Asociación Bíblica Española, manifiestan la relevancia de este hecho para la exégesis de los escritos lucanos y muestran además la fecundidad de esta aproximaciónı.
En primer lugar, Antonio Rodríguez Carmona nos ofrece una visión panorámica del recurso al Antiguo Testamento en el evangelio de Lucas, tanto desde el punto de vista literario como teológico-hermenéutico y formal. A continuación, y tras una aproximación general que muestra la raigambre veterotestamentaria de algunos elementos centrales de la teología lucana (Luis Sánchez), se abordan tres cuestiones concretas del tercer evangelio: el motivo geográfico-teológico de la ciudad de Jerusalén (Josep Boira), el envío de los Doce en Lc 9 sobre el trasfondo de Nm 13 (Napoleón Ferrández) y la presencia del AT en el relato lucano de la Pasión (Cristóbal Vilarroig). Un completo estudio de la «piedra desechada» (Sal 118,22) en Lucas y en Hechos (Ianire Angulo) sirve de transición entre las dos partes del díptico lucano. A continuación, otras tres contribuciones abordan el recurso al AT en sendos discursos de los Hechos de los Apóstoles: el de Pedro en Pentecostés (Francisco Pérez), el de Santiago en Jerusalén (Pablo Edo) y el de Pablo ante el rey Agripa (Juan Luis Caballero). Tenemos así un sintético recorrido por el uso de la Escritura hebrea a partir de tres momentos representativos de Hechos (inicial, medio y conclusivoı).
«Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: “Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí”» (Lc 24,44). De esta «teología lucana del cumplimiento» da buena cuenta el conjunto de los trabajos presentados. Con el deseo de que esta obra sea el comienzo de un camino fecundo de trabajo exegético en común, vaya desde aquí nuestro agradecimiento a los colaboradoresı.
Napoleón FERRÁNDEZ ZARAGOZALuis SÁNCHEZ NAVARROPentecostés de 2020
Antonio Rodríguez Carmona
Profesor emérito de la Facultad de Teología de Granada
El frecuente recurso al AT es una consecuencia del mensaje central de la doble obra lucana, evangelio y Hechos1; en ella se presenta a Jesús como cumplimiento del camino profético-salvador, utilizando para ello el género «historia teológica»ı.
Propio de toda historia es exponer los nexos naturales que unen unos hechos con otros y, en la historia teológica, también los sobrenaturales, que en ella son decisivos, puesto que la acción de Dios es la principal y no tiene lugar en la estratosfera sino en el mundo concreto que pisamos y vivimos. Para ello, Lucas presenta a Dios Padre, a Jesús resucitado y al Espíritu Santo y a sus enviados como últimos responsables de la interrelación de los acontecimientos. Dios Padre es el último responsable del dinamismo de la Historia de la salvación, determinada por las promesas divinas que se están cumpliendo. Para ello, por medio del Espíritu Santo2 programa su plan en las Escrituras, de obligado cumplimiento. Esto explica el uso frecuente del «es necesario» (griego deî), para significar que Dios así lo ha dispuesto y así debe suceder, y, como todo lo programado por Dios se encuentra en la Escritura, se recurre a ella con citas genéricas o concretas. De aquí la presencia de un vocabulario técnico relacionado con esta perspectiva. Para designar el origen de todo, se emplean «Escritura» y equivalentes: «está escrito», «lo que está escrito», «según la Ley», determinar, horizein (Lc 22,22; Hch 2,23; 10,42; 17,26) «conforme al plan (boulē) de Dios»; y, para el cumplimiento, especialmente los verbos plēroûn, «llenar de contenido, cumplir» (Lc 4,21; 9,31; 24,44) y teleioûn, «terminar por consumación, hacer que una realidad dé de sí el máximo que puede dar»,es decir, un cumplimiento perfecto de la Escritura (Lc 2,39; 18,31; 22,37ı).
Lucas atribuye esta perspectiva al mismo Jesús, que explica el verdadero sentido de la Escritura, lo enseña a sus discípulos y los capacita para continuarlo. De esta forma lo presenta por dos veces explicando la necesidad de su muerte y resurrección a la luz de las Escrituras:
Lc 24,26-27: ¿No era necesario (deî) que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria? Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escriturası.
Lc 24,44-46: Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí». Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén»ı.
Esta misma es la perspectiva de algunos personajes como Zacarías, que ve en lo que está sucediendo el cumplimiento de las promesas:
Lc 1,69-73: suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas […] realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahánı.
Estas referencias al AT no se limitan a los textos, explícitos o implícitos, sino que se extienden también a figuras que anuncian a Cristo, como son el siervo del Señor, al que se alude llamando a Jesús país Theou (Lc 22,37; Hch 3.13.26); Jonás, Reina de Saba (Lc 11,29-32); y, en Hechos de los Apóstoles, José (Hch 7,9-16) y Moisés (Hch 7,20-39). Las referencias al AT aparecen en Lucas-Hechos al servicio del arco promesa-cumplimiento, importante en la presentación de la historia de la salvaciónı.
De esta forma este recurso al AT presenta la obra de Jesús no como una religión nueva sino como el culmen de las promesas hechas a Israelı.
El lector moderno encuentra dificultad para entender el tema del cumplimiento porque una lectura histórico-crítica del AT no le permite encontrar en ninguna parte afirmaciones explícitas referentes a la muerte y resurrección del Mesías. Esta dificultad se aclara si se tiene en cuenta que ni Jesús ni la Iglesia primitiva leen el AT de forma histórico-crítica, sino con una metodología midrásica, que es lo que había que esperar de ellos, como hijos de su tiempo y cultura. Para el midrás la Escritura no es objeto inerte de museo, sino palabra viva de Dios dada para todas las generaciones, por lo que no tiene inconveniente en leerla de forma actualizante, añadiendo paráfrasis y cambiando el texto cuando es necesario para que se perciba su actualidad. Ejemplo de ello es el texto que se transmite en el targum y en los comentarios pesher3 de Qumrán. Para los exégetas de Qumrán, el texto bíblico tiene dos sentidos, uno normal, al alcance de cualquier lector, y otro profundo y verdadero que es el que tiene a la luz de las doctrinas del Maestro de Justicia y se exponen en el comentario pesher. Jesús, en calidad de carismático, se atribuye a sí mismo la misma autoridad interpretativa que se atribuyó el Maestro de Justicia, poniendo de relieve el sentido cristológico-soteriológico del AT, y sus discípulos le siguieron en esta tarea exegética4. Como consecuencia, el sentido soteriológico-cristológico de un texto no depende del análisis histórico-crítico del texto sino del hermeneuta (Jesús y los apóstoles) que le atribuye este sentido nuevo, querido por Dios y que ayuda a conocer la persona o el hecho concreto iluminado de forma más profunda. Este nuevo sentido profundo coincide en parte con lo que la reflexión católica llama sentido espiritual, es decir, un sentido profundo del texto, ignorado por el autor histórico, pero querido por el Espíritu Santo, autor decisivo. Si el Espíritu Santo inspiró el AT, no solo quiso iluminar el hecho inmediato al que se refiere el escritor humano, sino también lo que sabía que había de suceder con Jesús y su obra. Por eso los exégetas cristianos atribuyen la Escritura al Espíritu Santo, que se sirve de profetas concretos para anunciar lo que desea, aunque el profeta no capte el sentido profundo de lo que está diciendo. Así, en Hechos se lee: «Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David…» (Hch 1,16); «Señor […], tú que por el Espíritu Santo dijiste, por boca de nuestro padre David…» (Hch 4,25ı).
En el desarrollo de esta exégesis, los discípulos se sirven de los mismos medios hermenéuticos usados por el judaísmo, y que serán recogidos en las llamadas siete reglas de Hillel y más tarde en otras más complicadas. Entre ellos los hay de fácil aplicación y otros más complejos. De fácil aplicación es el llamado qal wahomer, «pesado y ligero» (el que puede con lo pesado, puede con lo ligero), equivalente a nuestro a fortiori (primera regla de Hillel). Con él se aplican a Jesús textos que en parte ya se aplicó él mismo, como textos del justo sufriente y vindicado por Dios5: pues si Dios libera del mal al justo oprimido, con mayor fuerza tiene que hacerlo con Jesús, el justo oprimido hasta la muerte por excelencia. Los primeros discípulos encontraron abundante material sobre el justo oprimido y vindicado por Dios, aparecido en los últimos siglos, como los poemas del Siervo del Señor, especialmente el cuarto (Is 52,13–54,12); la vindicación del justo, hijo de Dios, asesinado por los impíos pero acogido por Dios (Sab 2,1–3,1ss); la resurrección de los mártires muertos por el reino de Dios en la persecución seléucida (Dn 12,2-3.13; 2 Mac 7); la historia de Susana (Dn 13); y numerosos salmos en los que subyace esta idea, pues se invoca a Dios para que libre de una desgracia y al final se da gracias por la liberación (cf. Sal 9–10; 22; 30; 32; 34; 41; 69; 116). Hay también otras reglas de difícil aceptación para nuestra lógica, como la cuarta regla de Hillel, guezerah shawah, «regulación semejante», según la cual basta un contacto verbal entre dos textos o entre un texto y el nombre dado a un hecho para referir el texto al hecho. Jesús la utilizó para unir los preceptos del amor a Dios y al prójimo (cf. Mc 12,28-31). Con estas y semejantes reglas, la exégesis cristiana primitiva aplica a Jesús muchos textos del AT, especialmente textos del justo sufriente y salmos reales, como Sal 2; 72; 89 y 110, que a la luz de la cristología del Hijo de David pronto fueron interpretados en sentido mesiánico. Para ellos el sentido verdadero de estos textos es el cristológico, pues es el sentido principal querido por el Espíritu Santoı.
En este contexto teológico, literario y hermenéutico escribe Lucas su doble obra, empleando con frecuencia citas de todo tipo. Me ciño en este trabajo a las citas del evangelio6. Muchas de ellas provienen de sus fuentes Mc y Q, pero Lc las integra en su obraı.
Se pueden dividir estas citas en dos grupos, explícitas e implícitas. Todas ellas son diversas modalidades de que Jesús actúa en el marco del AT como expresión del plan de Dios. Las explícitas a su vez se subdividen en dos grupos según empleen o no el término plēroûn o equivalente: las primeras son citas de cumplimiento y las otras son completivas en cuanto que completan un dato con la referencia al ATı.
En general las citas están tomadas de los LXX, la Biblia usada por los lectores cristianos. Además hay que tener en cuenta que el texto no se había fijado todavía, como muestran los diversos tipos de textos encontrados en Qumrán, lo que puede explicar las ocasionales diferencias entre el texto citado por Lucas y el de nuestras ediciones críticası.
Citas de cumplimiento. Son las que se refieren al cumplimiento de la Escritura empleando los verbos plēroûn o teleîn, o con referencia explícita al término Escritura o equivalentes («está escrito», «lo que está escrito», «según la Ley»). Son mayoría. La idea de cumplimiento de la promesa está en primer planoı.
Emplean plēroûn o telein:4,18-21: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; 19 a proclamar el año de gracia del Señor». […] Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido (peplērōtai) esta Escritura que acabáis de oírı.
Cita un texto compuesto de Is 61,1-2; 58,6. Plēroûn expresa hacer realidad todo el contenido de las promesas contenido en la Escritura citada y el uso del perfecto que se trata de un cumplimiento que comenzó en el pasado y continúa vigente en el presente del lectorı.
22,37: Porque os digo que es necesario (deî) que se cumpla (telesthênai) en mí lo que está escrito: «Fue contado entre los pecadores», pues lo que se refiere a mí toca a su fin (telos)ı.
Cita Is 53,12. El verbo teleîn expresa un movimiento que llena de realidad algo, en este contexto todo el contenido de la Escritura y todo ello por disposición de Dios como indica el uso de la pasiva divina. La afirmación está reforzada con el uso de deî, «es necesario», por disposición divinaı.
Emplean referencia a la Escritura o equivalente:2,22-24: Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones» [cita Ex 12,3.12.15 y Lv 5,11; 12,8]ı.
3,3-6: Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Voz del que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajados; lo torcido será enderezado, lo escabroso será camino llano. Y toda carne verá la salvación de Dios» [cita Is 40,3-5]ı.
4,4: Jesús le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre”» [cita Dt 8,3]ı.
4,8: Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto” [cita Dt 6,13]ı.
4,10-13: Porque está escrito: «Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra». Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”» [cita Dt 6,16]ı.
7,27: Este es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti» [cita Mal 3,1 y Ex 23,20]ı.
13,35 Os digo que no me veréis hasta el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!» [cf. Sal 118,26]ı.
19,46: … diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”» [cita Is 19,7 y Jr 7,11]ı.
20,17: Pero él, fijando los ojos en ellos, dijo: «Pues ¿qué significa lo que está escrito: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular?”» [cita Sal 118,22 e Is 28,16]ı.
Citas completivas. Son las que recurren al AT para completar o explicitar una enseñanza o acción. La idea de cumplimiento no es la principal, pero está presente en cuanto que implican que el AT es doctrina y ley normativası.
Unas apoyan la enseñanza de Jesús:18,20: Ya sabes los mandamientos: «No cometerás adulterio, No matarás, No robarás, No darás falso testimonio, Honra a tu padre y a tu madre» [cita Ex 20,12-16; Dt 5,16-20]ı.
20,28: Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano» [cita Dt 25,5]ı.
20,37: Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob» [cita Ex 3,6.15.16]ı.
20,42-43: ¿Si el mismo David dice en el libro de los Salmos: «Dijo el Señor a mi Señor: “Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies?”» [cita Sal 110,1]ı.
23,30: Entonces empezarán a decirles a los montes: «Caed sobre nosotros», y a las colinas: «Cubridnos» [cita Os 10,8]ı.
En otra explicitan lo que dicen otros:19,38: … diciendo: «¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas» [cita Sal 118,26]ı.
Son textos que citan palabras de un episodio o enseñanza del AT para llamar la atención del lector sugiriendo una relación con el relato que está redactando. Sirven para indicar que el episodio concreto que narra pertenece a una historia de cumplimiento de las promesas. No todos los autores están de acuerdo en determinar su númeroı.
1,15: Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno [cf. Nm 6,3; Lv 10,9; 1 Sm 1,11]ı.
1,17: Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto» [cf. Mal 3,23]ı.
1,32-33: Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin» [cf. 2 Sm 7,12-13.16]ı.
1,37: Porquepara Dios nada hay imposible [cf. Gn 18,14]ı.
1,42: Y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!» [cf. Jc 5,24]ı.
1,47: … se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador [cf. Hab 3,18; Is 61,10; 17,10]ı.
1,48: … porque ha mirado la humildad de su esclava [cf. 1 Sm 1,11]ı.
1,49: … porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo [cf. Sal 111,9]ı.
1,50: …y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación [cf. Sal 103,17]ı.
1,52: … derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes [cf. Job 22,19]ı.
1,53: … a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos [cf. Sal 107,9]ı.
1,54: Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia [cf. Sal 98,3]ı.
1,68: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo [cf. Sal 41.14; 72,8; 106,48; 111,9]ı.
1,72: … realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,recordando su santa alianza [cf. Miq 7,20]ı.
1,73: … y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán [cf. Gn 26,3]ı.
1,76: … irás delante del Señor a preparar sus caminos [cf. Mal 3,1; Is 40,3]ı.
2,30: Porque mis ojos han visto a tu Salvador [cf. Is 46,13; 52,10]ı.
2,32: … luz para alumbrar a las naciones | y gloria de tu pueblo Israel» [cf. Is 42,6]ı.
2,38: Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén [cf. Is 52,9]ı.
2,52: Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres [cf. 1 Sm 2,26]ı.
3,22: … bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco» [cf. Is 42,1]ı.
7,15: El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre [cf. 2 Re 4,36]ı.
7,22: Y respondiendo, les dijo: «Id y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados» [cita Is 29,18; 35,5.6; 42,18; 26,19; 61,1]ı.
8,10: Él dijo: «A vosotros se os ha otorgado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan [cf. Is 6,9-10]ı.
9,54: Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?» [cf. 2 Re 1,10]ı.
9,61: Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa» [cf. 1 Re 19,20]ı.
10,15: Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo [cf. Is 14,13.15]ı.
10,19: Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno [cf. Sal 91,13]ı.
12,35: Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas [cf. Ex 12,11]ı.
13,19: Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas [cf. Ez 17,23; Dn 4,9.18]ı.
13,27: Pero él os dirá: «No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad» [cf. Sal 6,9]ı.
21,10 Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino» [cf. Is 19,2; 2 Cron 15,6]ı.
21,11: … habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo [cf. Ez 38,19.22]ı.
21,22: porque estos son días de venganza para que se cumpla todo lo que está escrito [cf. Jr 46,10; Os 9,7]ı.
21,24: Caerán a filo de espada [cf. Gn 34,26], los llevarán cautivos a todas las naciones [cf. Dt 28,64], y Jerusalén será pisoteada por gentiles [cf. Zac 12,3], hasta que alcancen su plenitud los tiempos de los gentiles [cf. Dn 12,7]ı.
21,25: Habrá signosen el sol y la luna [cf. Jl 3,3-4] y las estrellas, y en la tierra [cf. Is 24,19] angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje [cf. Sal 65,8]ı.
21,27: Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria [cf. Dn 7,13-14]ı.
22,69: Pero, desde ahora, el Hijo del hombre estará sentado a la derecha del poder de Dios» [cf. Sal 110,1]ı.
22,31: Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo [cf. Am 9,9]ı.
23,34: Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte [cf. Sal 22,19]ı.
23,36: Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre [cf. Sal 69,22]ı.
23,46: Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Y, dicho esto, expiró [cf. Sal 31,6]ı.
Como se puede constatar, los diversos tipos de citas veterotestamentarias están al servicio del deseo lucano de presentar a Jesús como cumplimiento del camino profético-salvador de acuerdo con el plan programado por el Padre y contenido en las Escrituras. Jesús es cumplimiento y culmen de este plan (citas de cumplimiento) que realizó compartiendo la cultura del mundo de las promesas que tienden a su cumplimiento (citas completivas e implícitas). Jesús es el centro de la Historia de la salvaciónı.
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1 Sobre las referencias al AT en la obra de Lucas cf. J.A. FITZMYER, «The Use of Old Testament in Luke-Acts», en E. H. LOVERING (ed.), SBL Seminar Papers 1992 (Atlanta: Scholar Press. 1992), 524-538; M. RESE, Alttestamentliche Motive in der Cristologie des Lukas (SNT 1; Gütersloh: Gerd Mohn, 1969); D. RUSAM,Das Alte Testament bei Lukas (BZNW 112; Berlín-Nueva York: de Gruyter, 2003); J. T. SANDERS, «The prophetic Use of the Scritture in Luke-Acts», en C. A. EVANS y W. F. STINESPRING (eds.), Early Jewish and Christian Exegesis. Studies in Memory of William Hugh Brownlee (Atlanta: Scholar Press, 1987), 191-198; P. TREMOLADA, «Bisogna che si compiano tutte le cose scritte su di me nella legge di Mosè, nei profeti e nei Salmi» (Lc 24,44). Il compimento ‘canonico-cristologico’ delle Scritture», en S. ROMANELLO y R. VIGNOLO (eds.), Rivisitare il compimento. Le Scritture d’Israele e la loro normatività secondo il Nuovo Testamento. Atti del VI Seminario biblico di Teologia del Libro (Biblica 3; Milán: Glossa, 2006), 41-73ı.
2 Cf. E. MANICARDI, «L’intervento di Dio nella storia. Il modelo lucano dei ‘racconti iniziali’ (Lc 1-4 e At 1-5)», Ricerche Bibliche 1/2 (2016) 333-364ı.
3 Cf. M. HENGEL,«‘Schriftauslegung’ und ‘Schriftwerdung’ in der Zeit des Zweiten Tempels», enM. HENGEL y H. LÖHR (eds.), Schriftauslegung im antiken Judentum und im Urchristentum (WUNT 73; Tubinga: Mohr Siebeck, 1994), 1-71; R. VICENT, «Qumran e l’interpretazione della Scrittura», en A. STRUS (ed.), Tra giudaismo e cristianesimo. Qumran – Giudeocristiani (Roma: Las, 1995), 53-54; M. P. HOAGAN, Pesharim. Qumran Interpretations of Biblical Books (Washington: The Catholic Biblical Association of America, 1979), 53-54ı.
4 La exégesis católica reconoce que los textos del AT tienen un sentido literal histórico, querido por el autor y dirigido a sus contemporáneos, y otro sentido pleno espiritual a la luz de Jesús y su obra, querido por el Espíritu Santo, inspirador del texto, cf. VD 43 y documento de la PCB El pueblo judío y sus Escrituras sagradas en la Biblia cristiana (Ciudad del Vaticano 2001ı).
5 Cf. G. W. E. NICKELBURG, Jr., Resurrection, Immortality, and Eternal Life in Intertestamental Judaism (HTS 26; Cambridge: Harvard University Press, 1972); L. SCHENKE, La comunidad primitiva (BEstBíb 88; Salamanca: Sígueme, 1999), 146-159.
6 Para las citas de Hechos, cf. A. RODRÍGUEZ CARMONA, El cristianismo naciente. El cristianismo emergente a la luz de los Hechos de los Apóstoles (Madrid: BAC, 2018), 207-223ı.
Luis Sánchez Navarro
Universidad San Dámaso (Madrid)
Dentro de la concordia teológica fundamental con los otros evangelios (en particular con Mateo y Marcos) que caracteriza a Lucas, el tercero presenta unos rasgos acusados. Destacan entre ellos: la importancia de la historia, el «camino», la ciudad de Jerusalén y, en particular, el templo; el carácter profético de Jesús y la presentación de Jesús como Salvador1. Se acepta generalmente que este evangelio tiene como principales destinatarios a cristianos provenientes de la gentilidad2. Por ello, tiene interés en mostrar cómo esos rasgos teológicos que marcan de modo especial la obra lucana (Lucas-Hechos) hunden sus raíces en el AT. De hecho, se puede entender la entera obra de Lucas como un proyecto teológico destinado a mostrar cómo, en Jesús, Dios ha sido fiel a sus promesas con Israel3. Esto es lo que pretendemos mostrar en estas páginası.
Entre todos los evangelistas se puede hablar de Lucas como «el historiador»; sin menoscabar la importancia que la historia tiene en los cuatro evangelios, el tercero destaca por la insistencia en este punto que se manifiesta singularmente en el comienzo del capítulo 2 y, sobre todo, del capítulo 3; los Hechos de los Apóstoles confirman esta impresión4. La referencia a la historia, por una parte, presenta el acontecimiento Jesucristo como el cumplimiento de las promesas de Dios a Israel; por otra, lo sitúa en el marco de la historia universal. De modo que esta referencia a la historia conjuga particularidad y universalidadı.
Con este rasgo, Lucas aparece ante nosotros como el más «helenista» de los evangelistas; en efecto, en su proceder de historiador se asemeja grandemente a los historiadores helenísticos, tal y como se ha mostrado hasta la saciedad. De hecho, el prólogo del evangelio inserta la obra lucana en la tradición literaria de la historiografía antigua5. Pero a la vez se inserta fuertemente en la tradición bíblica, dentro de la cual los «libros históricos» constituyen una parte importante. Se puede decir que, si bien formalmente Lucas se asemeja a los historiadores del mundo grecorromano, en su fondo está en continuidad con la historiografía bíblica: su historia es una «historia de la salvación» finalizada en Jesús, en quien se cumple el plan salvador de Dios. «El interés de Lucas se centra en esa invasión de la historia por parte de la actividad salvífica de Dios, que tuvo lugar en la venida de Jesús de Nazaret como individuo de la raza humana»6. La dimensión histórica de Lc es por ello inseparable de su finalidad testimonial; «para Lucas, “narración” es proclamación; Lucas tiene en mente el uso de la historia para predicar, para exponer una interpretación narrativa persuasiva del obrar de Dios en Jesús»7ı.
Lucas sigue así el patrón de la historia bíblica, caracterizada por su dimensión teológica: la historia del pueblo elegido no se explica por razones históricas contingentes, sino por su relación de alianza con YHWH8. De modo semejante, la historia de Jesús aparece gobernada por la voluntad de Dios, que se concreta en el cumplimiento de las Escrituras; esto se manifiesta en la importancia del verbo impersonal δεῖ/«es necesario»9. La historia de Jesús completa y culmina la historia de Israel: «¿No era necesario que el Mesías padeciera…?» (Lc 24,26); las Escrituras proporcionan el marco histórico-salvífico para comprender la misión de Jesús y arraigan su actividad en la historia del plan redentor de Dios, como el cumplimiento definitivo de ese plan10ı.
La relevancia del «camino» caracteriza los escritos lucanos. En Hechos hallamos su manifestación más característica, cuando se designa como «el camino» a la comunidad de creyentes en Jesús11; un comentario reciente elabora una presentación de la teología lucana a partir de este concepto12. Ciertamente el libro de los Hechos acontece, podríamos decir, «en camino»13; más aún, es todo él un camino, tal como se desprende de su «declaración programática» (Hch 1,8). Pero también el tercer evangelio es el evangelio del camino; aunque probablemente el motivo procede del evangelio de Marcos, Lucas lo desarrolla con originalidad hasta hacerlo medular14; de modo que la mayor parte de la vida pública de Jesús consiste en su camino a Jerusalén (9,51–19,28), un viaje jalonado por las menciones de ese caminar15. Es la manifestación más llamativa, en el evangelio, de la teología lucana del camino (ὁδόςı)16; un evangelio en el que destacan las «parábolas del camino»17 y donde el Resucitado se manifiesta caminando (Lc 24,13-35). Más aún, toda la existencia terrena de Jesús aparece desde este prisma; en acertada síntesis de Jospeh A. Fitzmyer,
El término «camino» no es una mera descripción de su viaje a Jerusalén ni de su progresivo acercamiento a la pasión. Es algo más y, por supuesto, mucho más importante. La realidad comienza con un eisodos (= «entrada» [Hch 13,24]; compuesto de la preposición eis […] y del sustantivo hodos […]), que tiene lugar una vez que la carrera (dromos) de Juan ha llegado a su fin [Hch 13,25], y que termina con un éxodos (= «salida» […]), del que Jesús habla con Moisés y Elías en la escena de la transfiguración18ı.
Al hacer suyo este elemento de la tradición evangélica sobre Jesús, Lucas le ha dado su impronta particular; y es aquí donde se muestra singularmente su dependencia del AT. Porque la referencia última es el camino del pueblo de Israel. «Inspirándose en material isaiano, el relato muestra que el papel de Juan es preparar el camino del Señor (1,76; 3,4-5; cf. 7,27; Is 40,3-4; Mal 3,1), de modo que él (es decir, Jesús, ya identificado como “Señor” en 1,43) pueda “guiar nuestros pasos en el camino de la paz” (1,79; cf. Is 59,8)»19ı.
Israel nace en el camino a través del desierto. El retorno del destierro en Babilonia aparece como un «nuevo éxodo», una nueva realización de ese camino fundacional en el desierto. Las peregrinaciones anuales a Jerusalén por las tres grandes fiestas contribuían a mantener viva esta idea en el corazón del pueblo elegido: Israel vive en camino. El evangelio de Lucas concibe a Jesús como aquel en quien el camino histórico de Israel alcanza su máxima realización. Y así nos lo presenta, tentado por el diablo en el desierto, como quien renueva en su carne la tentación de Israel (Lc 4,1-13ı)20; pero aparece como el Israel definitivo. A diferencia de Israel, Jesús probó su fidelidad en el desierto y así es presentado como el verdadero Hijo de Dios, en el que se recapitula el destino de Israel21. De forma semejante, en su camino hacia la ciudad santa, Jesús encarna al Israel renovado que, como el Israel histórico tras salir de Egipto, se dirige al lugar de la morada de Dios. El camino es, finalmente, el lugar de la instrucción de los discípulos. Como antaño el camino hacia la tierra prometida fuera el lugar de la revelación, de la tôrāh, la ruta hacia la ciudad santa es el lugar del discipulado22ı.
La ciudad santa, y en ella el templo, goza de singular relevancia en el tercer evangelio, como una simple lectura del mismo permite apreciar. Los dos primeros capítulos se centran en Jerusalén y el templo. Es la meta del camino de Jesús (Lc 9,51) y el comienzo de la expansión de la Iglesia (Hch 1,8). De las 139 veces en que aparece en el NT, 90 pertenecen a la obra lucana (Lc: 31; Hch: 59ı)23. El evangelio está enmarcado por una gran inclusión: del templo de Jerusalén (1,5) al templo de Jerusalén (24,53). Los relatos de la resurrección del Señor, a diferencia de los otros dos sinópticos, se centran en la ciudad santa24ı.
Jerusalén no es únicamente el lugar geográfico de la pasión, muerte, resurrección y glorificación de Jesús, sino que es también el lugar del cumplimiento definitivo de la salvación y el punto de partida de la proclamación kerigmática de los testigos25ı.
La ciudad santa guarda relación con la gran visión de la obra lucana, que entiende el ministerio de Jesús a la luz de las esperanzas de Israel: Lucas lo presenta como la inauguración de la nueva era escatológica, la era de la salvación definitiva26. Una vez más, la relevancia de Jerusalén y del templo, un rasgo característico de Lucas que lo acerca singularmente al cuarto evangelio, está en dependencia de la Escritura de Israelı.
En esa concepción de Jerusalén como ciudad en la que ha de cumplirse el destino del Mesías, y como centro de irradiación de la palabra salvífica de Dios en todas las direcciones del mundo contemporáneo, resuenan indudablemente ciertas concepciones del Antiguo Testamento. Qué duda cabe que Lc 2,32 y Hch 13,47 son eco de Is 49,6: «Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra», o de Is 2,3 y Miq 4,2: «De Sión saldrá la ley; de Jerusalén, la palabra del Señor» […] A pesar de que Lucas no utilice jamás la expresión «ombligo del mundo» (Ez 38,12; cf. 5,5; Jub 8,19), la función que Jerusalén desempeña a lo largo de toda su obra corresponde perfectamente a esta concepción27ı.
Hallamos sin embargo una novedad, ya que la importancia de la ciudad santa, y del mismo templo, está en función de la cristología. La importancia de Jerusalén en Lucas está en profunda relación con su interés por mostrar a Jesús como hijo de David y plenitud de las Escrituras de Israel28ı.
«No cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén» (Lc 13,33); estas palabras de Jesús manifiestan la conciencia que, según Lucas, lo anima, y que ya se ha manifestado con ocasión del episodio inaugural en Nazaret (4,24). El tercer evangelio presenta a Jesús como profeta; las primeras palabras de su ministerio público, en la sinagoga de Nazaret, lo presentan como el profeta que es también Mesías, ungido (Is 61,1-2ı)29. Ya en el templo Simeón había proclamado a Jesús niño como «luz para revelación de las naciones», situándolo en la estela de la figura profética del Siervo de YHWH, del libro de Isaías (cf. Is 42,6; 49,6ı)30. Esto coincide con la presentación de Jesús que recorre el evangelio: «Él conoce los corazones de los hombres (Lc 5,22; 9,47), comprende las profecías de la Escritura (por ejemplo, Lc 24,26s) y sufre el destino de los profetas (Lc 13,33b)»31. En su predicación inaugural, ya mencionada, afirma también que «ningún profeta es acogido en su patria» (4,24), dejando clara su identidad profética; en esa misma predicación aduce como justificación de su modo de actuar el de los profetas Elías y Eliseo (4,25-27). También el pueblo lo aclama como tal: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros» (7,16); algunos consideran incluso que Jesús es un profeta de los antiguos que ha resucitado (9,8.19). El episodio en casa de Simón el fariseo, que cuestiona su autenticidad profética («Si este fuera un profeta, sabría quién y qué clase de mujer es esta que lo está tocando: que es una pecadora»: 7,39), manifiesta por el contrario hasta qué punto Jesús está revestido de esa condición: pues no solo descubre los pensamientos de su anfitrión (7,40) sino que manifiesta en su actuar con esta mujer la misericordia que, según los profetas, pide YHWH32. Los discípulos de Emaús, en fin, declararán a su misterioso interlocutor que Jesús fue un «profeta poderoso en obra y palabra» (24,19ı)33. De modo que para comprender la identidad y misión de Jesús hay que conocer la figura del profeta tal y como la presenta el AT; en particular, las figuras de Elías (4,25-26; 9,19.30) y Eliseo (4,27) y, sobre todo, de Moisés34ı.
Lucas también presenta a Juan Bautista como profeta (1,76; 7,26-27), «voz» —como Isaías— del que clama en el desierto (3,4) y, a la vez, semejante a Elías (1,17; 9,8); hallamos aquí uno de sus rasgos en común con Jesús. Sin embargo, Juan es el profeta que señala a la escatología, pero Jesús es el profeta escatológico35, anunciado por YHWH a Moisés y semejante a él (Dt 18,15-18ı)36. En dos discursos de los Hechos se refiere a Jesús esta profecía del Deuteronomio (Pedro: Hch 3,22-23; Esteban: 7,37). Es el profeta definitivo porque es el Hijo, que conoce al Padre y lo puede por tanto revelar (Lc 10,22; cf. Jn 1,18). El relato de la transfiguración, en el que la voz del Padre lo proclama como su Hijo Elegido (evocando a la vez Dt 18,18: «escuchadle», Lc 9,35), deja clara esta diferencia. Jesús es por tanto un profeta cualitativamente superior a todos los demás; pero también esta peculiaridad hunde sus raíces en la esperanza veterotestamentaria. «En Jesús se ha cumplido la promesa de un nuevo profeta. En él se ha realizado en plenitud lo que en Moisés solo se daba de modo imperfecto: él vive ante el rostro de Dios, no solo como amigo, sino como Hijo; vive en unidad intimísima con el Padre»37ı.
Lucas es el único evangelista que aplica a Jesús el título de σωτήρ (Lc 2,11; Hch 5,31; 13,25ı)38. En esto consiste su misión: según un logion de Jesús solo conservado en el tercer evangelio, «el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lc 19,10ı)39. Esta misión se manifiesta en algunos datos particulares; así, hasta en cuatro ocasiones escuchamos decir a Jesús: «Tu fe te ha salvado»40. Sin embargo esa salvación se expresa también de muchos modos, entre los que destacan el perdón de los pecados, la consolación, la redención, la gracia, la misericordia, la paz, la visita41; de modo que la actividad salvadora de Jesús resulta ser una constante en el evangelio, hasta el punto de constituir un rasgo decisivo del Jesús testimoniado por Lucas42. Pues bien, este rasgo, en sus diversas formulaciones, manifiesta un influjo del mundo grecorromano, donde el título sōtēr era conocido y utilizado con frecuencia43, pero tiene su raíz última en el AT, cuya versión griega influyó decisivamente en el tercer evangelio44ı.
Jesús no es un salvador solo para Israel, sino que su misión es universal; conforme al último mandato del Resucitado, su salvación ha de alcanzar «a todas las naciones» (Lc 24,47). Pero esta realidad también nos remite a la Escritura de Israel: según la profecía de Simeón, Jesús es «luz para iluminar a los gentiles» (Lc 2,32), expresión que alude a la misión del Siervo de YHWH (Is 42,6; 49,6). De modo que «la misión de Jesús consistirá en ser instrumento de salvación para todos los pueblos, judíos y gentiles, y así traer la gloria de Israel, dando cumplimiento a las expectativas judías»45ı.
El tema recorre también los Hechos, en cuya conclusión reaparece significativamente. Pablo, ya en Roma, declara a los judíos que se resisten a creer en Jesús: «Sabed, pues, que esta salvación [σωτήριον] de Dios ha sido enviada a los gentiles; ellos sí que la oirán» (Hch 28,28). Esta afirmación, que remite al comienzo del evangelio («tu salvación» [σωτήριον]: 2,30; «Luz para iluminar los gentiles»: Lc 2,32) y da cumplimiento a la Escritura («Y toda carne verá la salvación [σωτήριον] de Dios»: Lc 3,6 [= Is 40,5]), cierra la entera obra de Lucas. De hecho, en la doble obra lucana el término σωτήριον solo aparece en Lc 2,30 («Mis ojos han visto tu salvación»); y en Lc 3,6 y Hch 28,28, con idéntica expresión: «La salvación de Dios»46. Pues bien, la gran inclusión que abarca el díptico lucano mediante el concepto de salvación bebe también del AT; véase Sal 97,2 LXX («El Señor ha dado a conocer su salvación [σωτήριον], revela a las naciones su justicia»); 66,3 LXX («conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación [σωτήριον]»); y, sobre todo, Is 40,5 («y toda carne verá la salvación [σωτήριον] de Dios»). La salvación universal anticipada por la Escritura de Israel se realiza por medio del Mesías Jesúsı.
Jesús salvador trae por tanto la salvación que Dios había prometido a Israel; y a la vez, realiza de una manera inesperada esa salvación de las naciones que la Escritura presagiaba. Abordamos a continuación este tema, también presentado por el evangelista en clave de cumplimiento de la Escrituraı.
Lucas, como es bien sabido, reserva la cuestión de la salvación de los gentiles para la segunda parte de su obra (los Hechos), pero, como ya hemos visto, la dimensión universal de la salvación aportada por Jesús apunta ya en el evangelio: recordemos el cántico de Simeón (Lc 2,29-32) y la polémica de Jesús en Nazaret (Lc 4,16-30). Se hará explícita en el mandato del Resucitado de predicar la conversión a todas las naciones (24,47), verdadero prólogo del desarrollo en la segunda parte del díptico lucano, del que es el tema principal. Desde el comienzo de los Hechos, queda clara la pretensión del testimonio apostólico: alcanzar «hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8). La acogida de los gentiles en la Iglesia, preludiada por el bautismo del eunuco etíope —un temeroso de Dios— por obra del diácono Felipe (Hch 8,26-40), se puede considerar como el gran tema teológico de los Hechos, particularmente ligado a sus dos grandes protagonistas (Pedro y Pabloı)47. El universalismo de la salvación se nos presenta así como una de las temáticas preferidas del tercer evangelista48. La genealogía lucana de Jesús, como sabemos, no se detiene en Abraham —padre de Israel—, sino que se remonta a Adán, padre de toda la humanidad, y desde ahí a Dios (Lc 3,23-38), evocando así el universalismo propio de los relatos bíblicos de la creación. Jesús, el Hijo del hombre (ben Adam), aparece desde la obertura del evangelio en su vinculación con todo ser humanoı.
