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En 1935, dos años después de su muerte, la editorial Lemerre publicó en Francia Cómo escribí algunos de mis libros, en el que Roussel daba cuenta del fascinante y azaroso procedimiento. En este breve volumen, que dio lugar al movimiento OULIPO, Roussel nos muestra su proceso de trabajo, algo que pocas veces podemos llegar a conocer. Y lo que muestra es excepcional: nos enseña cómo aplica fórmulas matemáticas a campos semánticos para poner en marcha máquinas narrativas. El mecanismo por sí mismo no tiene que ser considerado como arte, pero los resultados lo son sin lugar a dudas. Ejemplos de ellos son Impresiones de África y Locus Solus. Un testamento tan único como fueron la obra y vida de su autor.
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Seitenzahl: 44
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Raymond Roussel
Cómo escribí algunos de mis libros
Cómo leer la traducción de
este libro que no se puede traducir
Lo que Raymond Roussel llama «el procedimiento», y revela y detalla en este libro, está basado en la fonética de la lengua francesa; y en sus numerosísimas palabras bien homófonas, bien de sonido muy similar, lo que no permite, pues, verterlo a otra lengua, solo explicarlo. Para no interrumpir continuamente el hilo del texto del autor, sino que sea el lector quien lo haga cuando lo desee o lo precise, las aclaraciones y el significado de las palabras de las que parte y a las que llega Roussel en el desarrollo del «procedimiento» se han reunido en un apéndice al que remiten las notas indicadas entre corchetes.
Siempre tuve intención de explicar cómo había escrito algunos de mis libros (Impressionsd’Afrique, LocusSolus, L’ÉtoileauFront, PoussièredeSoleils).[1]
Se trata de un procedimiento muy peculiar. Y ese procedimiento creo que tengo el deber de revelarlo, pues me da la impresión de que escritores del futuro podrían sacarle a lo mejor fructífero provecho.
Ya de muy joven, escribía cuentos de unas cuantas páginas recurriendo a ese procedimiento.
Buscaba dos palabras casi iguales (que recordaban los metagramas). Por ejemplo, «billard» y «pillard». Luego añadía palabras iguales, pero tomadas en diferente sentido y me salían dos frases casi idénticas.
En lo que se refiere a «billard» y «pillard» las dos frases que conseguí fueron las siguientes:
1.º Les lettres du blanc sur les bandes du viex billard.
2.º Les lettres du blanc sur les bandes du vieux pillard.
En la primera, «lettres» estaba tomado en el sentido de «signos tipográficos», «blanc» en el sentido de «trozo de tiza» y «bandes» en sentido de «bandas de billar».
En la segunda, «lettres» estaba tomado en el sentido de «misivas», «blanc» en el sentido de «hombre blanco» y «bandes» en el sentido de «hordas de guerreros».[2]
Una vez halladas las dos frases, de lo que se trataba era de escribir un cuento que pudiera empezar con la primera frase y acabar con la segunda.
Ahora bien, era de la solución de ese problema de donde sacaba todos los materiales.
En aquel cuento había un blanco, un explorador, que, con el siguiente título: «Entre los negros», había publicado en forma de cartas un libro que hablaba de las hordas de un rey negro que era un saqueador.
Al principio salía alguien escribiendo con un trozo de tiza blanca unas letras en las bandas de un billar. Esas misivas, de forma criptográfica, componían la frase final: «Les lettres du blanc sur les bandes du vieux pillard» y el cuento entero era un acertijo basado en los relatos epistolares del explorador.
Mostraré más adelante que estaba en ese cuento la génesis completa de mi libro Impressions d’Afrique, que escribí alrededor de dos años más tarde.
Se verán aquí tres ejemplos muy claros de este procedimiento creativo basado en dos frases casi iguales con sentidos diferentes:
1.º En Chiquenaude, un cuento que se publicó en la editorial Alphonse Lemerre alrededor de 1900.
2.º En Nanon, un cuento que se publicó en Le Gaulois du Dimanche alrededor de 1907.
3.º En Une page du Folklore breton, un cuento que se publicó en Le Gaulois du Dimanche alrededor de 1908.
En lo referido a Impressions d’Afrique, consiste, pues, en relacionar la palabra «billard» y la palabra «pillard». El pillard es Talou; las bandes son sus hordas guerreras; el blanc es Carmichael. De la palabra «lettres» se prescindió.
Ampliando el procedimiento, busqué más palabras que tuvieran que ver con «billard», siempre para tomarlas en un sentido diferente del utilizado en primer lugar, lo que me proporcionaba en cada ocasión una creación nueva.
Por ejemplo, queue de billard me proporcionó la cola de la túnica de Talou. Un taco de billar suele llevar le chiffre, unmonograma con las iniciales de su dueño, de ahí el número que aparece en la cola de esa túnica. [3]
Buscaba una palabra para añadirla a «bandes» y pensé en unas bandes viejas de tela y con reprises (en el sentido de una labor de aguja). Y la palabra reprises, en el sentido de repeticiones de una melodía, me proporcionó la Jerukka, esa epopeya que cantan las hordas guerreras de Talou, y cuya música consiste en continuas repeticiones de un breve tema. [4]
Buscando una palabra que añadirle a «blanc», me acordé de la colle, la goma de pegar con que se adhiere el papel a la parte de abajo del trozo de tiza. Y la palabra «colle» tomada en el sentido (que tiene en la jerga de los alumnos internos) de «castigo» o de «permanencia obligatoria en el aula» me proporcionó las tres horas de encierro que le impone Talou a Carmichael, el blanco.[5]
Abandonando a partir de ese momento el ámbito de la palabra «billard», proseguí ateniéndome al mismo método. Escogía una palabra, luego la relacionaba con otra con la preposición «à»; y esas dos palabras, tomadas en un sentido diferente del primitivo, me proporcionaban una nueva creación. (Era por lo demás esa preposición «à» la que había usado para lo que acabo de citar: queue à chiffre, bande à reprises, blanc à colle). Debo decir que esta primera tarea era difícil y me llevaba ya mucho tiempo.
Voy a citar ejemplos.
Tomaba la palabra «palmier»
