Comprensión - Fernando Tobías Moreno - E-Book

Comprensión E-Book

Fernando Tobías Moreno

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Beschreibung

Comprender es capturar completamente lo que sucede o lo que se ha dicho. Partiendo de experiencias de la vida cotidiana, Fernando Tobías ofrece en este libro 63 relatos que invitan a reflexionar sobre cuestiones tan trascendentales como la vida misma, la propia y la ajena, y las no tan inexplicables consecuencias que derivan de la interacción entre una y otra. A cada historia real, narrada con agudeza y sentido del humor, le corresponde una propuesta meditativa, a modo de ejercicio práctico, para que el lector trabaje en primera persona el arte de comprender.

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Seitenzahl: 150

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Índice

Portada

Portadilla

Créditos

Prólogo

¿Desde dónde nace Comprensión?

¿Qué será la comprensión?

1. Y la tortilla me habló

2. El vendedor de zapatillas

3. Cuando la leucemia te visita

4. Lo que aprendí con una serie sobre abogados

5. «Ay hija, ¿qué voy a hacer yo sin ti?»

6. Casi me quedo sin hija por un fantasmilla

7. La campaña de marketing que le disgusta al papa Francisco

8. No mires arriba, o sí

9. Hasta las narices de los simpáticos

10. Casi me estalla el diafragma

11. Una espada puntiaguda amenazaba su pecho

12. Lo que me enseñó una celda de Excel

13. La casa de papel.

14. La verdadera prueba para saber si te has iluminado

15. Lo que el parasol del coche puede enseñarte

16. Una pesa de 10 kilos me dio una lección

17. Lo que aprendí en el cumple de mi hija

18. Los humoristas más geniales del mundo me enseñaron algo

19. Cuando de una pérdida familiar brotan semillas

20. ¿Quién tiene la respuesta?

21. Frases que te marcan para siempre

22. Lo que me respondió cuando la llamé para felicitarla

23. Son cosas que pasan

24. Porque un día partirás

25. Los TEDAX nunca han desactivado un artefacto como este

26. Ni te imaginas lo que tu prima puede hacer por ti

27. Tienes una llamada perdida sin responder

28. Medallista olímpico por culpa de su hijo

29. Lo que me enseñó una oca

30. Si pillo al Ratoncito Pérez lo estrangulo

31. ¿Olvidar es sano para tu cerebro?

32. Aprender de una gran abogada

33. ¿Un violín puede ser un arma arrojadiza?

34. Lo que podría mejorar tu comunicación.

35. Lo que una niña ocultó bajo un mantel

36. Qué hacer cuando te falta un ingrediente fundamental para la pizza

37. DEP, descanse en paz

38. Cuando tu peor pesadilla se hace realidad

39. Tengo trastorno múltiple de personalidad

40. Lo que pasó al tumbarme y abrir la boca

41. La llave de mi coche es mágica

42. El estado de alarma no cesa nunca

43. Las oposiciones a controlador aéreo

44. El fi sio que trabajaba en la serie criminal CSI

45. Mi truco para poder pagar la hipoteca cada mes

46. Lo que le pedí a mi pareja y se asombró

47. Atención, elemento hostil en la sala

48. Lo que me encontré en el plato e la ducha

49. Lo que toque, tocó

50. ¿Me perdonas?

51. Llevas un implante en tu cerebro y no lo sabes

52. Terminar y cerrar son cosas distintas

53. Lo que una medio bruja me dijo

54. A veces trabajas en la recepción

55. La niña que hizo algo heroico

56. Cuando fui faquir en la universidad

57. Mejor no digas «al menos»

58. ¿Acerté con la silla que me compré?

59. Mi niña tiene miedos

60. A veces toca dar marcha atrás

61. La que casi lía un pósit en el baño del dormitorio conyugal

62. Comprender lo incomprensible

63. Lo siento John Lennon, pero no puedo imaginar

Haciendo balance

Comprensiones esenciales

Bibliografia

© SAN PABLO 2021 (Protasio Gómez, 11-15. 28027 Madrid) Tel. 917 425 113 - Fax 917 425 723

E-mail: [email protected] - www.sanpablo.es

© Isabel Gómez-Acebo y Duque de Estrada 2021

Distribución: SAN PABLO. División Comercial Resina, 1. 28021 Madrid

Tel. 917 987 375 - Fax 915 052 050

E-mail: [email protected]

ISBN: 978-84-2856-646-9

Composición digital: www.acatia.es.

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio sin permiso previo y por escrito del editor, salvo excepción prevista por la ley. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la Ley de propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal). Si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos – www.conlicencia.com).

www.sanpablo.es

A mi padre,

que se marchó celebrando la vida

y con un corazón renovado1.

A mi madre,

que sigue sonriendo a la vida a pesar de todo.

A ambos,

que me siguen cuidando.

Prólogo

Querido/a lector/a:

Cuando Fernando Tobías me propuso escribir el prólogo de este manuscrito, intenté pensar en alguna excusa para no hacerlo, dada la responsabilidad que se me otorgaba. Aun así, sabía que terminaría haciéndolo por nuestra amistad y sobre todo por la oportunidad única que se me presentaba de prologar un libro como el que tienes en tus manos, cuyo título, Comprensión, es ya muy sugerente.

La palabra comprender viene del latín comprehendere, que quiere decir entender –intendereque significa dirigirse y extenderse hacia adentro. Comprender es pues, etimológicamente, capturar completamente lo que sucede o lo que se ha dicho.

Tienes ante ti un libro especial compuesto por 63 reflexiones basadas en casos reales de experiencias vividas por el autor. A cada historia real le corresponde una propuesta meditativa para que el lector practique en primera persona el arte de comprender. A todo ello le precede una introducción sucinta pero muy esclarecedora de lo que significa la comprensión para el autor.

Estás ante un ramillete de flores o una caja de bombones que muy bien deben ser olidas y saboreados con mucha delicadeza y sensibilidad, dándoles el tiempo que merecen para ser asimilados. Es por eso por lo que puedes leerlas una por una, a ser posible, o, si lo prefieres, de manera salteada. Eso sí, sin embriagarte al oler o gustar varias historias a la vez.

Todo el texto rezuma una serie de fragancias auténticas y elaboradas en lo más profundo del autor que difícilmente se encuentran en libros de interioridad y espiritualidad. Estas son: conocimiento, sabiduría, autenticidad, humanidad, cotidianeidad y humor.

Un libro de estas características no puede ser escrito sin un conocimiento profundo del tema en cuestión. Dicho conocimiento se convierte en una sabiduría magistral en el caso del autor que se evidencia a lo largo de todo el texto. Ser sabio no significa saber cosas, ni sabe decirlas, sino comprender la realidad desde una inteligencia hecha de atención plena a lo que acontece. La vía propuesta por Fernando, además de ser ancestral, es de las más directas al destino de la autorrealización de las personas.

Otra de las características del estilo de Fernando es su autenticidad. Fernando Tobías se nos muestra tal cual es, asumiendo todos los riesgos que eso supone. No es fácil destaparse a uno mismo de la manera en que lo hace este escritor.

Por otro lado, sorprende la humanidad con la que el autor trata la realidad, tanto la suya, como la supuestamente vivida por cada uno de los lectores. Desde el principio del texto empatiza con nosotros, dando por entendido que todos estamos en la misma superficie vital y que, por muy exageradas que sean nuestras limitaciones como humanos, él las comprende y las asume a priori. Fernando huye del sermoneo al que estamos acostumbrados a veces en este tipo de libros y omite, a propósito, expresiones como por ejemplo «deberías» o «lo que tienes que hacer es». Nuestro autor respeta al lector en todo momento, escribiendo en tono invitatorio y nada invasivo, lo cual se agradece.

Pero, para mí, uno de los elementos más singulares de este libro es la belleza de lo cotidiano que hay en él. Está hecho desde el silencio y la cotidianeidad de lo que un monje mundano vive cualquier día de su vida. El estilo de Fernando aleja al lector de cualquier aprieto o complejo de no estar a la altura todavía de la comprensión. Y eso se agradece.

Y por último, el humor. El libro está escrito –porque así es el autor– desde un profundo sentido del humor, lo cual le acerca al lector y le remite con holgura y tacto a su propia experiencia sin que suponga para él mismo un fardo en su espalda hecho de responsabilidad y exceso de seriedad. Ya tenemos bastante con la realidad.

Comprendo, pues, que vas a disfrutar.

Luís López González

¿Desde dónde nace Comprensión?

Resuenan las palabras de mi querido maestro Sesha: «Jóvenes, solo se llevarán de esta vida sus comprensiones». No sé si tanto, pero tengo claro que si no comprendemos lo que nos pasa, si no comprendemos al otro y si no comprendemos mínimamente de qué va la vida, andaremos perdidos, confundidos y sufriremos más de la cuenta.

Cuando de pequeño llegó el momento de empezar a estudiar las diferentes materias, no tardé mucho en advertir la diferencia entre estudiar comprendiendo lo que estaba metiendo en mi cabeza versus engullir y memorizar información sin enterarme de la misa la mitad.

También me di cuenta de que solo podía enseñar a otros compañeros lo que yo había aprendido cuando yo previamente lo había comprendido. De hecho, muchas veces, al tratar de enseñar algo me daba cuenta de aspectos que todavía no había comprendido del todo.

A mí siempre me ha gustado estudiar, te confesaré que experimento una satisfacción que me atrevería a tildar de placer. Y sé que esa sensación interna se da cuando algo nuevo se incorpora a mi saber después de haberlo comprendido.

Pero no solo en lo intelectual sino sobre todo en lo personal ha sido extremadamente importante encontrar mis propias comprensiones. Especialmente en mis primeros años universitarios me encontré muy perdido, muy desconectado de mí mismo, viviendo para alcanzar una imagen idealizada de mí que no era sino una sobrecompensación de mis inseguridades y carencias internas.

¿Ves qué bien lo puedo explicar ahora a mis cincuenta años? Pues cuando estaba en la piel de aquel joven no entendía lo que hacía, ni lo que sentía ni lo que me pasaba por dentro. Solo sufría los síntomas: una imposibilidad total para concentrarme en el presente, taquicardias y angustia cuando llegaban los exámenes que muchas veces no me dejaba ni dormir. Y estaba muy irascible. Pero con una gran capacidad para montarme justificaciones en mi cabeza y echar balones fuera. O sea, que no comprendía un carajo.

En mi caso, las crisis personales y morder el polvo me ha permitido poner luz en el entramado de mi carácter y personalidad, de tal modo que el ir comprendiéndome me ha abierto las puertas a comprender los entramados de otras personas, hasta el punto de que durante veinte años lo profesionalicé dedicándome a la psicoterapia individual con adultos.

Comprender el propio sufrimiento psicológico tiene un efecto liberador, al menos genera alivio. Comprender por qué sufro abre una rendija hacia la salida de ese sufrimiento.

Y desde la experiencia del propio dolor, del infierno, del sentirse perdido, es más fácil conectar con el sufrimiento del otro. Ojo, sin confundirte con él.

Y en la medida que van surgiendo las comprensiones acerca de mi propio funcionamiento interno y el del otro, en mi caso al menos, han venido también las preguntas y alguna respuesta sobre qué es la vida, de qué está hecha y qué leyes la rigen.

Leer y escuchar a otros que anduvieron antes el camino me ha proporcionado un caldo de cultivo abonado al surgimiento de nuevas comprensiones, en un proceso sin fin, al menos hasta que expiremos el último aliento.

Porque la vida ya está inventada en cierto sentido. Solo nos toca desprendernos de nuestros supuestos saberes para dejarnos conducir por una sabiduría más grande que nosotros mismos.

Porque la vida llegada a un punto va más de desinstalar software que de descargarse la última versión del sistema operativo.

Mientras escribo estas líneas estoy a escasos días de alcanzar los cincuenta. Y me atrevo a afirmar que me siento en el mejor momento de mi vida. Sobre todo porque estoy viviendo silencio y serenidad por dentro y estoy empezando a aprender a amar, a darme de verdad a los demás. Insisto, solo estoy en el comienzo.

Pero mi modo actual de estar en la vida me está permitiendo ver y comprender muchas conexiones entre distintos aspectos de la realidad que de manera creativa se plasman de diferentes formas. Desde ideas para lanzar nuevos cursos de formación, intuiciones que surgen en la escucha atenta a otras personas, ocurrencias graciosas que rápidamente acortan la distancia emocional con alguien recién conocido, hasta la invención de cachivaches para expresar conceptos nada sencillos. Es como si el cerebro tuviera vida propia cuando el ego baja de volumen y deja espacio a Eso que se despliega cuando no se lo impedimos.

Y en mi caso me es natural escuchar una noticia en la tele, o una anécdota en un restaurante, o ver un anuncio en el metro y sin yo pretenderlo de repente aparece una comprensión que une puntos o destila enseñanza y aprendizaje. Pero tengo claro que no lo hago yo, ni sé provocarlo, ni puedo forzarlo. Viene solo. Y viene cuando estoy atento y conectado.

Lo que vas a leer en este libro es justo eso, historias y comprensiones que me han venido sin yo pretenderlo. Es como si se hubiera instalado en mí un sistema de notificaciones como los que tenemos en el móvil que hace de radar para avisarme cuando tengo que tomar nota y escribir sobre algo que acaba de acontecer delante de mí.

Son todas historias que han brotado de lo cotidiano. Nada extraordinarias ni trascendentales. Reflejan mi particular mirada al mundo. Quizá por ello solo sean historias que hablan de mí.

A otras personas, me consta, estos breves relatos les han servido. Quizá para identificarse con lo allí contado o para entender algo que estaba escondido o simplemente para esbozar una sonrisa acompañada de un ajá divertido. Sea como fuere, ahí te las dejo para que tú mismo las leas y veas cómo responde tu cuerpo.

Lo que sí te digo es que ninguna es inventada. Todas han nacido de la experiencia propia o de la de gente que conozco. Todo es material humano. 100% humano.

Decía el gran psicólogo Carl Rogers: «Lo que es más personal es lo más universal».

¿Qué será la comprensión?

La comprensión es una actitud, es un modo permeable de estar y caminar. Es tener las antenas despiertas y orientadas hacia donde la vida late.

La comprensión no suele viajar en Ferrari sino a pie, en sandalias de barro y tierra.

La comprensión no se puede forzar, hay que ofrecerle un espacio confortable para que pueda visitarnos. Un espacio lleno de silencio, del silencio del ego que cree saberlo todo.

La comprensión es liberadora. Algo se desanuda en el interior, como cuando por fin la pieza del puzle encaja y brota una sonrisa que sabe a satisfacción.

La comprensión desata los nudos del alma y de repente la carretera se hace llana, liviana y clara.

La comprensión desatasca algo que estaba enmarañado y hace que el agua que quedó estancada circule hacia delante rebosante de alegría.

Si no comprendemos, el proceso de la vida no avanza. O al menos nosotros dejamos de hacerlo.

La comprensión llama a más comprensión. A más vida. En cambio, la ceguera y el piloto automático solo a la repetición más burda. Y muchas veces dolorosa.

Pero que nadie flipe, que la comprensión no tiene dueño, no se deja apresar por grupos de inversión ni multinacionales. Tan solo te visita cuando la tierra está abonada y es propicia.

La comprensión proporciona un instante de unificación interior, se nota una sensación global en el cuerpo que huele a coherencia, a integración y a cordura.

Las comprensiones nos permiten crecer pero no nos ahorran tropezar con la misma piedra. Si fuera de otro modo, esto del vivir sería cosa sencilla. Los surcos neuronales que sostienen nuestros patrones mentales y nuestro carácter están a fuego construidos. Toca poner mucha luz que derrita la argamasa empleada antaño y posibilite que otros nuevos, más amables y flexibles, sustituyan a los ya caducos.

Pero la vida es proceso, no una licenciatura que con un número de créditos aprobados le otorgue a uno el derecho a tener un título. La vida es más volver una y otra vez por la espiral del aprendizaje, por los errores cometidos y por los aún por cometer.

La comprensión es tan poderosa que, incluso cuando no comprendes algo, ella también está presente. Porque al comprender que no comprendes estás sumando puntos en tu Excel de comprensiones.

La comprensión es como un baño de agua caliente y espuma cuando te rompes por dentro y un buen amigo te la ofrece.

La comprensión es como los rayos de luz que apartan la oscuridad y dejan paso a nuevos aprendizajes. Dejan paso a más vida.

La comprensión hacia el otro es el bálsamo hecho regalo, la caricia que le hace sentir humano. Es la escucha que normaliza sus taras y sus penas. Es alivio. Es mirada. Es abrazo. Es puente. Es mano tendida. Es el sostén cuando el otro ni se entiende ni se sostiene.

La comprensión es una forma de amor que repara.

La comprensión mutua une a dos personas más que cien hipotecas a un banco.

La comprensión hacia uno mismo es una almohada amable donde reposar, sobre todo cuando más duelen y sangran las heridas del viaje.

La comprensión es lo que te permite respirar y aflojar cuando los zapatos aprietan y la carrera se pone tensa.

La comprensión deja una resaca de calma y paz y nos mantiene alineados con lo que Es.

La comprensión hace que el ruido calle y la vida hable. Es la inteligencia de la vida que te rocía con sus gotas cuando abres la boca.

La comprensión une los puntos, por alejados que estén, permitiendo que aparezca la silueta.

La comprensión proporciona la certeza de que lo que se ha visto es interiorizado y colocado en la estantería que le corresponde, siendo ahora alimento para el viaje.

La comprensión requiere más sosiego que ajetreo. En el ritmo frenético de nuestras vidas, donde tanta información impide la digestión, nos permite saborear y nutrirnos sin riesgo de empacho.

La comprensión suena a dulce y sabe a melodía.

La comprensión es GPS y brújula. Si dejamos al ego a un lado, es el navegador perfecto que nos orienta y desvela lo que la vida nos muestra.

Su ausencia, nuestra tortura y elevada factura.