Contra la teología liberal - Roger Olson - E-Book

Contra la teología liberal E-Book

Roger Olson

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¿Es posible que al ajustar o adaptar el cristianismo a cualquier cosa que exige la cultura, estamos sacrificando el poder profético del cristianismo en el altar de la respetabilidad? El término "teología liberal" a menudo se malinterpreta, se confunde con ideologías y a veces es apoyada por cristianos genuinos que están preocupados por cuestiones de justicia social. También se ha señalado injustamente contra iglesias e incluso denominaciones enteras debido a diferencias doctrinales. Entonces, ¿qué es la teología liberal? El cristianismo liberal eleva la razón y la experiencia moderna al nivel de fuentes y normas que anulan la Biblia y la tradición cristiana ortodoxa. Y esto es tan real que las Escrituras y la tradición han sido degradadas al estatus de meros guías espirituales. Para los cristianos liberales, la Biblia es un conjunto de "historias sagradas", pero no es inspirada de forma sobrenatural y no es infalible, ni siquiera en temas de doctrina. En Contra la teología liberal, el profesor y teólogo Roger Olson busca: • Definir la teología liberal y explicar sus creencias sobre las doctrinas cristianas. • Presentar su historia y evolución desde el siglo XVIII hasta la actualidad. • Distinguir la teología liberal del pensamiento cristiano bíblico comprometido y doctrinalmente ortodoxo. • Discutir los argumentos de los teólogos liberales y lo que significan sus palabras para la vida y la fe cristiana. En esta obra, escrita en un tono directo y sencillo, Olson advierte a los cristianos sobre la aceptación pasiva de esta teología, ya que, al alejarse del cristianismo histórico, clásico y ortodoxo, convierte al cristianismo en una religión completamente diferente.

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Seitenzahl: 260

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Contra la teología liberal, de Roger Olson, es una definición, examen y evaluación valientes y calmados del derrumbe de la auténtica teología cristiana ortodoxa en la mente, el corazón, y las manos de un teólogo liberal (no progresista) tras otro. En sus propias palabras, Olson a menudo arroja una luz brillante y penetrante sobre sus propias críticas. Este es un clásico ejemplo de Olson siendo Olson: conoce la literatura, es sincero, es imparcial, y es espléndido a la hora de criticar las dificultades y trampas de los teólogos liberales. Y examina solamente a los que apoyan abiertamente a los «liberales» en su teología. Aquellos que se sientan más atraídos por el progresismo y luego por el liberalismo se beneficiarán de una lectura humilde de este libro.

—SCOT MCKNIGHT, profesor de Nuevo Testamento del Seminario Northern

Roger Olson nos muestra la absoluta necedad y vacuidad teológica del cristianismo liberal actual. Demuestra que el Dios del liberalismo es un espejo de ellos mismos, su Jesús no es digno de adoración ni un salvador de ningún tipo, y el Espíritu Santo es meramente un símbolo para sus propias meditaciones. El veredicto de Olson es condenatorio pero indubitable: el cristianismo liberal tiene muy poco que ver con el cristianismo clásico o histórico.

—MICHAEL BIRD, decano académico y profesor de Nuevo Testamento, Ridley College

Contra la teología liberal:

Poniendo freno al cristianismo progresista

© 2024 por Roger E. Olson.

Publicado por Editorial Patmos,

Miramar, FL 33027.

Todos los derechos reservados.

Publicado originalmente en inglés por Zondervan, 3900 Sparks Dr. SE, Grand Rapids, Michigan 49546, con el título Against Liberal Theology: Putting the Brakes on Progressive Christianity © 2022 por Roger E. Olson.

Traducido por Belmonte Traductores.

Diseño gráfico por Adrián Romano.

ISBN: 9781646913206

Categoría: Teología.

Conversación para libro electrónico: Cumbuca Studio

Contenido

Prefacio

Introducción

1. La tradición cristiana liberal y su teología

2. Las fuentes y normas de la teología liberal

3. La teología liberal y la Biblia

4. Dios según la teología liberal

5. Jesucristo en la teología liberal

6. La teología liberal y la salvación

7. El futuro en la teología liberal

8. La crisis de la teología liberal

Prefacio

En la cultura de hoy no es popular estar en contra de algo a menos que sea abiertamente inmoral o ilegal. Incluso entonces, a menudo surge la pregunta acerca de los asuntos morales: ¿quién eres tú para estar en contra de algo que no hace daño a nadie? Por lo tanto, sentimos la presión de no ir en contra de las creencias de la gente y, sin embargo, como teólogo cristiano no veo cómo podemos escapar de ello. No puedo aceptar todo lo que se sitúa bajo la etiqueta de cristiano, y algunas cosas que la gente llama cristianas no pueden serlo si la Biblia y la historia cristiana son nuestra guía. Realmente es así de simple. Soy muy consciente de cuán impopular es decirlo, pero cualquiera que conozca lo diverso que es el cristianismo como una etiqueta tiene que saber que no todo lo que se llama así puede ser auténticamente cristiano. Cualquier cosa que sea compatible con todo, no es nada. Si queremos que el cristianismo signifique algo, tiene que tener alguna forma, si no queremos hablar de límites.

Pido disculpas a cualquiera que se sienta ofendido por mi postura en contra del cristianismo liberal. Mi objetivo no es dañar los sentimientos de nadie; más bien, mi meta es informar a las personas de lo que es el cristianismo liberal y por qué debieran pensar al respecto de modo crítico. Si de todos modos deciden aceptarlo, no es algo que yo pueda o quiera impedir, pero quiero que las personas sepan lo que están aceptando y por qué es controvertido y casi con certidumbre no su mejor opción si es que quieren ser auténticamente cristianos.

Alguien dijo en una ocasión que lo único malo de la teología del proceso (una forma popular de cristianismo liberal) es que es una alternativa muy atractiva para la fe cristiana. Sé que suena duro, pero al menos esa persona reconoció correctamente que la teología del proceso es atractiva. Diré lo mismo acerca del cristianismo liberal: es atractivo en algunos aspectos y para muchas personas. Pero debo añadir que, bien entendido (y explicarlo adecuadamente es una de las principales metas aquí), es una alternativa al cristianismo verdadero, clásico, histórico, bíblico y ortodoxo.

Por años he enseñado a mis alumnos de teología a vivir según esta máxima: «Antes de decir “discrepo”, asegúrate de poder decir “lo entiendo”». He pasado años estudiando e incluso «probando» el cristianismo liberal. Lo he estudiado y enseñado en clases. He organizado y participado en eventos de diálogo liberales-evangélicos. He invitado a hablar en mis clases a pastores y teólogos que se identifican a sí mismos como liberales. He leído incontables libros sobre cristianismo liberal y he sido miembro de dos iglesias liberales: una presbiteriana y otra bautista. He asistido a conferencias, retiros y simposios de eruditos teológicos liberales. He estudiado bajo eruditos y teólogos bíblicos liberales durante mi carrera. No salgo contra la teología liberal como un desconocedor; la conozco, la entiendo, y la he experimentado desde dentro, aunque siempre he mantenido vivas mi propia fe cristiana evangélica y mi teología ortodoxa.

Entonces ¿por qué escribir un libro como este, en contra del cristianismo liberal? Muchas personas, incluidos muchos teólogos liberales, admiten que el protestantismo clásico liberal ha estado disminuyendo en popularidad durante décadas. Eso podría ser así, pero he visto muchos jóvenes cristianos conservadores (y algunas personas mayores) abandonar la fe cristiana ortodoxa a cambio del cristianismo liberal, la mayoría de las veces, según mi experiencia, como una reacción en contra de lo que perciben como el fundamentalismo de su educación cristiana. Crecieron en iglesias fundamentalistas, les parecieron opresivas, anti intelectuales, legalistas, o cualquier otro adjetivo, y en lugar de quedarse en territorio intermedio se fueron directamente al otro extremo del abanico cristiano, al cristianismo liberal. Y he observado que, en muchos de los casos, estos «conversos» al cristianismo liberal nunca dejaron de pensar en sus fallas. Quiero advertir a los cristianos que no acepten el cristianismo liberal sin una consideración crítica, y quiero animar a los que están en iglesias liberales a trabajar para cambiarlas, llevándolas de nuevo al cristianismo sentido, bíblico y ortodoxo, o a irse de ellas.

■ ■ ■

Quiero dar las gracias a mi asistente de enseñanza e investigación Collin Glatz por su incalculable ayuda con la retroalimentación acerca del manuscrito de este libro. También quiero dar las gracias al editor de Zondervan Matthew Estel por su crítica constructiva y sus útiles correcciones.

Dedico este libro a mis amigos de toda la vida Greg H. y Galen Paul F.

Introducción

La teología, en el sentido al que nos referimos aquí, es un conjunto de creencias acerca de Dios y cosas relacionadas con Él. El cristianismo, en el sentido al que nos referimos aquí, es la aceptación de esas creencias. Este libro trata sobre ambas cosas, y su enfoque es una tradición particular de creencias y la aceptación de esas creencias. La teología liberal es una tradición moderna de creencias; el cristianismo liberal es la manera moderna de creer y aceptar esas creencias. Este libro es una advertencia dirigida principalmente a quienes piensan de sí mismos como cristianos progresistas, para que no adopten la teología liberal o crean de la manera cristiana liberal. Muchos consideran el cristianismo progresista como un camino hacia la teología y el cristianismo liberal; hay algo de verdad en eso.

Este libro, sin embargo, no es una diatriba contra el cristianismo progresista. Progresista es una etiqueta usada por muchas clases diferentes de cristianos. Sí quisiera advertir al menos a algunos que se identifican como cristianos progresistas para que no caigan en el cristianismo liberal. Por supuesto que estas etiquetas son complicadas porque algunos cristianos verdaderamente liberales, como los describiré aquí, prefieren llamarse a sí mismos cristianos progresistas. Sin embargo, muchos que se consideran cristianos progresistas no son realmente liberales en el sentido al que me refiero en este libro (y explicaré eso con más detalle). Por lo tanto, en términos sencillos, no todos los cristianos progresistas son cristianos liberales, aunque todos los cristianos liberales al menos en ocasiones se autodenominen cristianos progresistas.

Entonces, ¿por qué no estoy escribiendo contra el cristianismo progresista? Por un lado, a diferencia del cristianismo liberal, no existe una tradición de cristianismo progresista, ni tampoco hubo nunca un movimiento cohesivo de cristianos progresistas. El cristiano progresista es demasiado flexible como para poderlo identificar. Algunos protestantes muy conservadores han llamado a su teología dispensacionalismo progresista.1 Durante la década de 1970 un grupo de cristianos evangélicos desarrolló un estilo y una coalición que han llegado a denominarse evangélicos progresistas.2 De ningún modo el término progresista apunta necesariamente al mismo tipo de teología que la liberal. Este libro en realidad solamente habla acerca del verdadero cristianismo liberal y su teología; casi al final haré una advertencia a algunos cristianos que se autodenominan progresistas para impedir que no caigan en el verdadero cristianismo liberal, algo que sucede con frecuencia pero que no hay necesidad de que ocurra.

El cristianismo liberal constituye una tradición que surgió de un movimiento. No es monolítica u homogénea. Es una tradición diversa con algunos rasgos comunes y unificadores. En este libro me enfocaré principalmente en sus rasgos comunes como una especie de tradición unificada dentro del cristianismo moderno. Se han publicado muchos libros que lo describen de esa manera. Mencionaré un conjunto magistral de estos libros de un solo autor y dos tratados de un volumen sobre la tradición. Todos ellos se enfocan principalmente en el cristianismo liberal estadounidense y en especial en su teología distintiva. El cristianismo liberal en realidad comenzó en Alemania con un pastor y teólogo llamado Friedrich Schleiermacher (1768-1834), y encontró su prototipo e influyente más importante en un teólogo alemán posterior llamado Albrecht Ritschl (1822-1889). Numerosos pastores y teólogos estadounidenses fueron en masa a Alemania para estudiar con estos hombres, y la mayoría de ellos regresaron a los Estados Unidos para «modernizar» el cristianismo estadounidense con ideas importadas de ellos y más adelante de teólogos liberales alemanes como Adolf von Harnack (1851-1930) y Ernst Troeltsch (1865-1923).

El enfoque de este libro, sin embargo, lo pondremos en el cristianismo liberal estadounidense, el cual está en gran deuda con aquellos pioneros alemanes de la teología liberal. Aparecerán algunas menciones a ellos, pero no hay que preocuparse, pues no se presupone ningún conocimiento de teología liberal en este libro. Ustedes, los lectores, no se verán abrumados con una jerga técnica teológica ni tendrán que conocer y entender las filosofías que influyeron en el cristianismo liberal (aunque haremos algunas menciones a ellas). Este libro pretende poder usarse de un modo fácil incluso aunque pida a los lectores que piensen en asuntos con los que quizá no se han encontrado previamente o en los que no han pensado con profundidad.

El cristianismo liberal estadounidense, incluyendo sus antecedentes en las teologías liberales alemanas (e inglesas), está descrito, examinado, analizado y evaluado en una obra de tres volúmenes del profesor del seminario Union Theological Seminary Gary Dorrien (1952). Su título es The Making of American Liberal Theology [La creación de la teología liberal estadounidense].3 El conjunto engloba fácilmente más de mil páginas, y describe con gran detalle a decenas de influyentes pensadores y líderes cristianos liberales estadounidenses. Otros dos libros importantes y de referencia del mismo género son The Impact of American Religious Liberalism [El impacto del liberalismo religioso estadounidense] de Kenneth Cauthen y The Modernist Impulse in American Protestantism [El impulso modernista en el protestantismo estadounidense] de William R. Hutchinson.4 En este libro usaré materiales de estas tres historias del cristianismo liberal estadounidense, así como muchas otras fuentes principalmente de teólogos, pastores, maestros y laicos liberales de los Estados Unidos. Intentaré en gran medida evitar apoyarme en obras polémicas en contra del cristianismo liberal, en especial aquellas que no muestran un conocimiento objetivo del tema.

De nuevo, deseo enfatizar que no tengo un interés personal en los cristianos liberales; no los odio sino que los amo. Tan solo pienso que su teología es seriamente defectuosa hasta el punto en que el verdadero cristianismo liberal no debiera considerarse auténticamente cristiano. La sinceridad llama a los cristianos liberales a admitir que han «cortado el cordón de continuidad» entre su religión y el cristianismo ortodoxo, clásico e histórico hasta el grado en que su religión es otra totalmente distinta.

No discutiré que los cristianos liberales no sean cristianos; discutiré que su teología no es auténticamente cristiana. Teniendo en cuenta que el cristianismo es una cuestión del corazón y no de la cabeza, los cristianos liberales pueden ser auténticamente cristianos. Es su teología lo que someteremos a un escrutinio crítico aquí, y mi opinión, basada en muchos años de estudio del cristianismo liberal, es que la teología liberal no es auténticamente cristiana porque se aleja de modo radical de la ortodoxia cristiana tradicional y bíblica.

Este argumento lo expuso hace casi un siglo un crítico temprano del cristianismo liberal llamado J. Gresham Machen (1881-1937) en su libro Christianity and Liberalism [Cristianismo y liberalismo].5 Sin embargo, Machen sostenía una visión mucho más estrecha del cristianismo ortodoxo de la que yo tengo. ¡Me temo que incluso él pudiera tacharme a mí de cristiano liberal! Machen fue un fundamentalista temprano que consideraba la expiación sustitutoria (que en la cruz Jesús sufrió la ira de Dios en nuestro lugar) una doctrina esencial del cristianismo ortodoxo clásico. Mi visión del «mero cristianismo» se parece a la que todos los cristianos en todo lugar han creído siempre, la cual se denomina Canon Vincenciano. Es transdenominacional y muy básico. Tiene cierto parecido con lo que se llama Cristianismo básico en el libro que lleva ese nombre, escrito por el pastor y teólogo inglés John Stott (1921-2011).6

Machen entendió bien el cristianismo liberal. Estudió en Alemania bajo el teólogo liberal Wilhelm Herrmann (1846-1922), y no era alguien descuidado cuando se trataba de conocer, entender, y describir correctamente el cristianismo liberal. Llegó a la conclusión de que es tan diferente al cristianismo ortodoxo, histórico y clásico, que no debería considerarse cristiano. Es, argumentaba él, una religión distinta aunque use gran parte del mismo lenguaje que el cristianismo. Una cosa que hizo que el libro de Machen fuera tan famoso e influyente fue que un importante humanista secular de aquella época, el comentarista Walter Lippmann (1889-1974), estuvo de acuerdo públicamente con Machen en que el cristianismo liberal no es cristianismo real, y que los cristianos liberales deberían deshacerse de la etiqueta de cristiana y llamar de otro modo a su religión.

Este libro no pretende ser una repetición del libro de Machen, aunque su conclusión podría ser similar. Han cambiado muchas cosas dentro de la tradición cristiana liberal desde 1923, y este libro tomará en cuenta algunos de esos cambios. No son cambios necesariamente para mejor, aunque al menos en un caso un cambio en la tradición la acercó de nuevo al cristianismo ortodoxo. Ese cambio fue la reintroducción de una doctrina del pecado universal, una doctrina perdida en gran medida en los tiempos pasados de Machen en el cristianismo liberal.

Soy plenamente consciente (incluso hasta el punto de llegar al nerviosismo) de que algunos lectores potenciales de este libro pueden estar dubitativos porque todavía no he definido lo que yo considero cristianismo liberal. Una descripción completa de eso tendrá que esperar; tomará tiempo. Sin embargo, por el bien de aquellos que están planteándose comprar o leer este libro, sé que aquí y ahora debo dar al menos una muestra de lo que está por llegar.

La definición de cristianismo liberal que más consenso tiene es «reconocimiento máximo de las afirmaciones de la modernidad en el pensamiento cristiano acerca de las doctrinas». Esta definición extremadamente breve y ampliamente aceptada la planteó el teólogo histórico Claude Welch en su obra magistral El pensamiento protestante del siglo XIX.7 La «modernidad» es la mentalidad cultural que surgió de la Ilustración y las revoluciones científicas de los siglos XVII y XVIII. En términos generales, comparada con las culturas occidentales previas y contrariamente a muchas culturas no occidentales, la modernidad tiene un marcado tinte secular, o cuanto menos, poco sobrenatural. Coloca una gran fe en el método científico, en la razón, y en el derecho y la responsabilidad de cada individuo de pensar por sí mismo. Se inclina en contra de todo lo que pueda ser sobrenatural, incluidos los milagros, considerándolos con frecuencia supersticiones.

«Reconocimiento máximo de las afirmaciones de la modernidad» no significa estar de acuerdo con todo lo que digan los pensadores modernos. Significa que los cristianos liberales tienden a reinterpretar la Escritura, la doctrina, el pensamiento y la experiencia religiosa en términos de modernidad, dándole al pensamiento moderno la misma autoridad (si no más) que a la Escritura y la tradición. En la mayoría de los casos, eso significa interpretar la Biblia y el cristianismo de manera no sobrenatural: un cristianismo sin milagros.

Gary Dorrien define el cristianismo liberal como un cristianismo que reconoce que no hay autoridad fuera del yo. El filósofo alemán Immanuel Kant escribió un ensayo titulado «¿Qué es la Ilustración?» (1784) en el que la definió como «pensar por uno mismo». Dorrien parece seguir esa línea de pensamiento y utilizarla como parte de la definición y descripción del cristianismo liberal. El cristianismo liberal, para él, es un cristianismo basado principalmente en la experiencia religiosa del individuo así como sus experiencias culturales sin reconocer ninguna otra autoridad externa, incluida la de la Escritura y la tradición.8 La mayoría de cristianos liberales, sin embargo, añadirían a la definición de Dorrien que uno debiera tener en cuenta la experiencia religiosa universal humana aunque la autoridad suprema para decidir qué es la verdad se encuentre en el interior de cada individuo. En la mayoría de los casos, esto se traduce en un cristianismo que se ha «emancipado de “la casa de la autoridad”». La autoridad de la Biblia y de la tradición se somete a la autoridad de la razón, la experiencia y la consciencia individuales.

Albert Outler (1908-1989), erudito sobre John Wesley, describió el método teológico de Wesley utilizando la rúbrica de un «cuadrilátero wesleriano» de Escritura, tradición, razón y experiencia. En el esquema de Wesley, la Escritura tiene supremacía sobre la tradición, mientras que la razón y la experiencia se utilizan como herramientas de interpretación.9 Los cristianos liberales tienden a comenzar la búsqueda teológica de la verdad y la conversación con la razón y la experiencia, y después acuden a la Escritura como «nuestras historias sagradas» y a la tradición cristiana como simplemente la historia de la interpretación cristiana de la Escritura y de la experiencia cristiana. Los cristianos conservadores comenzarían con la Escritura como la autoridad suprema sobre todas las cosas, y acuden a la tradición para llenar los huecos y ayudar a interpretar la Escritura a la vez que respetan el uso de la razón y la experiencia como herramientas de interpretación pero carentes de autoridad.

Sería de utilidad ahora permitir que un teólogo cristiano liberal exprese lo que significa la teología liberal, en especial en términos de su diferencia profunda y subyacente de la teología cristiana conservadora y ortodoxa. Nuestro guía es el teólogo cristiano liberal Delwin Brown (1935), quien comenzó a enseñar teología cristiana en una universidad y seminario cristianos conservadores pero que terminó su carrera enseñando en un seminario metodista liberal. Según su opinión, «el liberalismo [en la teología] sostiene que, en cada época, deber reevaluarse y adoptarse un nuevo concepto del parecer acerca de Dios a la luz de nuestros mejores puntos de vista acerca del mundo. El concepto cristiano de Dios debe ser coherente con el resto del conocimiento moderno».10 Además, «el liberalismo, como mucho… probablemente dirá: “Sin duda, debiéramos honrar la riqueza de nuestro pasado cristiano y apreciar la vasta contribución que hace a nuestras vidas, y finalmente debemos vivir según nuestras mejores conclusiones modernas… nuestro compromiso, mantenido de todos modos de manera provisional y autocrítica, debe estar en los atentos juicios y opiniones de la época presente, incluso si difieren radicalmente de los dictados del pasado”.11 Siempre que existe un conflicto percibido entre la Biblia y/o la tradición cristiana, por una parte, y con «lo mejor del pensamiento moderno», por otra parte, el segundo triunfa sobre el primero. Se produce una admisión respetable, sincera y clara por parte de un teólogo cristiano liberal de la corriente principal.

Como veremos a lo largo de este libro, sin embargo, el asunto está en lo que conlleva «lo mejor del pensamiento moderno». Incluso los eruditos y teólogos cristianos más conservadores relacionan e integran toda la verdad libremente y gustosamente, diciendo que en realidad no puede haber ningún conflicto entre la verdad revelada en la Biblia y la «verdad cierta» que está fuera de la Biblia. Sin embargo, ¿y si lo mejor del pensamiento moderno es solamente una moda o un pensamiento pasajero, una filosofía del momento, una moda cultural? ¿Acaso no nos enseña la posmodernidad que gran parte de lo que se consideraba «verdad establecida» en el pensamiento moderno es ahora cuestionable? Esta pregunta perseguirá al cristianismo liberal a lo largo de este libro. ¿Podría ser que, al ajustar y acomodar el cristianismo a cualquier cosa que requiera la cultura, se está sacrificando el poder profético del cristianismo sobre el altar de la respetabilidad?

La mayoría de los cristianos liberales no son teólogos, y puede que se rebelen contra el énfasis que se hace en los teólogos a lo largo de este libro. El problema está, por supuesto, en que son los teólogos del cristianismo liberal quienes generalmente establecen la agenda para los cristianos liberales. Sus ideas se transmiten y llegan como las ondas hasta iglesias, e influencian las creencias y las vidas de «cristianos comunes»: quienes nunca estudian en un seminario ni escriben libros de teología o pastorean iglesias. Muchas de esas personas no están convencidas por completo del cristianismo liberal pero, a pesar de eso, son guiadas por él, directa o indirectamente, hacia una senda de vida y de pensamiento cristiano que están sujetos a las debilidades y los defectos de la teología liberal señalada en este libro. Ellos tendrán que decidir hasta qué grado les queda bien el zapato, siendo el zapato las ideas teológicas acerca del cristianismo expresadas por teólogos liberales como Brown.

Algunos lectores puede que se pregunten cómo sigue existiendo el cristianismo liberal y si vale la pena escribir en contra de él si la posmodernidad está sustituyendo a la modernidad. ¿Acaso no es «lo mejor del pensamiento moderno» parte de la definición de la teología liberal? Cualquier cosa que sea o llegue a ser la posmodernidad (que todavía se sigue desarrollando), el cristianismo liberal tendrá que ajustarse y acomodarse inevitablemente a lo mejor del pensamiento posmoderno, porque lo que en realidad querían decir (y quieren decir) Brown y otros teólogos liberales es que la teología liberal considera lo mejor de la cultura y el pensamiento contemporáneos como autoritativo para la teología cristiana. Eso no se refiere a «adoración contemporánea» o ni siquiera a «intentar ser relevantes para la gente contemporánea». Sin embargo, lo que se considera lo mejor de la cultura y el pensamiento contemporáneos, ya sea moderno o posmoderno, se convierte en la norma suprema para el cristianismo liberal, en especial en términos de desarrollar sus creencias, sus enseñanzas, su enfoque y su misión.

Por lo tanto, ¿qué hay de malo en el cristianismo liberal? Pues bien, ese será en enfoque de este libro: demostrar por qué el verdadero cristianismo liberal es perjudicial, e incluso pernicioso, para el cristianismo verdadero. Por ejemplo, avanzando una parte del argumento, en líneas generales, el cristianismo liberal reduce a Jesucristo a un mero hombre que reveló a Dios a la gente pero que Él mismo no era Dios. Este punto de vista se denomina en ocasiones cristología operativa porque afirma que Jesucristo solamente operaba como Dios pero realmente no era Dios. Eso supone un alejamiento enorme del cristianismo clásico, histórico, bíblico y ortodoxo. Corta el cordón de continuidad con la Biblia y con el cristianismo de antaño y de la Reforma. Incluso el Consejo Mundial de Iglesias ecuménico requiere que las denominaciones que son miembros afirmen que «Jesucristo es Dios y Salvador». Los cristianos liberales tal vez batallan para decir cosas elogiosas acerca de Jesucristo, como por ejemplo, el «rostro humano de Dios», pero al final y con frecuencia, no pueden llegar a afirmar que Él era ontológicamente (en su mismo ser) Dios encarnado. Las maneras liberales de expresar la singularidad de Jesucristo lo reducen a un hombre diferente en grado pero no diferente en clase y especie de otros hombres sabios religiosos y profetas. Eso abre la puerta ampliamente al pluralismo religioso: la creencia en que hay muchos salvadores y señores, siendo Jesucristo uno de ellos. Esa es una profunda traición al cristianismo verdadero.

A lo largo de este libro sacaremos a la luz muchos más problemas con el cristianismo liberal. Toda clase de grupos religiosos se denominan a sí mismos cristianos y enseñan ideas y prácticas que son totalmente contrarias a todo lo conocido como cristiano por muchos siglos, remontándonos al Nuevo Testamento. En algún punto, el cristianismo liberal traspasó la línea para adentrarse en territorio poco cristiano, al igual que han hecho numerosas sectas a lo largo de los siglos. Si el cristianismo es compatible con cualquier cosa y con todo, no es nada.

La historia del cristianismo liberal en realidad comienza con un grupo conocido como los unitarios. La historia completa, o tanto de la misma como puede relatarse en un libro tan breve como éste, tendrá que esperar al capítulo sobre la historia del cristianismo liberal, pero es adecuado que hagamos una breve introducción. En algún momento a finales del siglo XVII un grupo de hombres y mujeres en Inglaterra y después en Nueva Inglaterra formaron iglesias nuevas basándose en ideas supuestamente iluminadas acerca de la religión, incluido el cristianismo. Llamaron a su movimiento unitarismo, y muchas iglesias congregacionales y algunas bautistas se unieron a la incipiente denominación. En la década de 1820 el movimiento se había vuelto significativo culturalmente. Varios presidentes estadounidenses, comenzando con John Quincy Adams (presidente desde 1825 hasta 1829), han sido unitarios. Los primeros unitarios se consideraban a sí mismos cristianos pero no creían en la Trinidad, la deidad de Jesucristo, ni el infierno. Con el tiempo, otro grupo religioso llamado los universalistas se unió a los unitarios, y la denominación llegó a conocerse como la Congregación de iglesias unitarias-universalistas, que sigue existiendo hoy día. Ahora bien, sin embargo, no es distintivamente cristiana. Los primeros unitarios se consideraban a sí mismos cristianos, pero reconocían sus diferencias radicales con la ortodoxia cristiana tradicional. Al final, muchos sí comenzaron a reconocer que no eran cristianos. Eso fue sincero por su parte.

¿Cuál es el motivo de esa historia acerca de los unitarios? La mayoría de los cristianos liberales que se mantuvieron fuera del movimiento unitario, dentro de las llamadas iglesias protestantes tradicionales, llegaron a creer de modo muy parecido a los unitarios originales. El protestantismo tradicional cambió para permitir esencialmente que las creencias (o incredulidades) unitarias se desarrollaran dentro de sus iglesias y seminarios. Evidentemente, el cristianismo liberal evolucionó mucho más allá de sus inicios con los unitarios de finales de los siglos XVII y principios del XVIII. Aun así, y sin embargo, muchos cristianos liberales en iglesias tradicionales han abandonado sus creencias en la deidad de Jesucristo, la Trinidad, los milagros, y el infierno. La principal diferencia es que ellos no se llamaban y no se llaman a sí mismos unitarios. De modo extraño, el unitarismo temprano nació y creció, en términos de su teología, dentro del protestantismo tradicional en Europa y los Estados Unidos, solo que disfrazándose como auténticamente cristiano. Muchos estadounidenses, y muchos otros, miraban las creencias de la iglesia unitaria-universalista y decían: «Bueno, son personas agradables pero no son cristianos». Sin embargo, las mismas personas no observan que existe la misma teología básica en sus propias iglesias protestantes tradicionales. Los teólogos y líderes del cristianismo liberal debieran ser sinceros y proclamarse unitarios en lugar de cristianos.

Eso suena duro, pero también lo eran las declaraciones de los profetas del Antiguo Testamento acerca de las idolatrías de Israel. También lo eran las críticas que Jesús dirigió a las personas que controlaban los centros de la religión judía en su época. Y también lo eran los ataques verbales de los apóstoles y de los padres de la iglesia primitiva sobre los falsos cristianos dentro de las iglesias primitiva y de antaño. Sin ninguna duda, los gnósticos que negaban la resurrección corporal se pusieron a la defensiva cuando los apóstoles y los padres de la iglesia los declararon herejes. Ireneo (c. 130-c. 202), obispo del siglo segundo, escribió cinco libros Contra las herejías, y es celebrado por ello porque las herejías que él expuso como no verdaderamente cristianas ahora son reconocidas generalmente como falsas. Sin embargo, ¿y en la época actual? ¿Qué dirían Ireneo u otros padres de la iglesia, por no decir nada de los apóstoles, acerca del cristianismo liberal? Estoy convencido de que dirían: «¡Herejía!»

A lo largo de este libro, mi argumento principal será que el cristianismo liberal corta el cordón de continuidad entre sí mismo y el cristianismo bíblico, histórico, clásico y ortodoxo tan completamente, que debiera denominarse a sí mismo con otro término que no sea el de cristiano. El cristianismo bíblico, histórico, clásico y ortodoxo se expresa en los credos aceptados como definitivos para el cristianismo verdadero por cristianos de todas las tradiciones principales: ortodoxos orientales, católico romanos, protestantes tradicionales, e incluso las iglesia de la «Reforma radical» y las «libres». Las verdades expresadas en el Credo de los Apóstoles y el Credo de Nicea han sido aceptadas y enseñadas incluso en iglesias protestantes que se denominan a sí mismas no confesionales.

Antes de avanzar más, quisiera dejar totalmente claro que, al menos para mí aquí, liberal no se aplica a creencias o compromisos políticos. Cuando escribo en este libro acerca del liberalismo y los liberales, me refiero solamente al liberalismo teológico y a los teólogos liberales. Este libro no habla sobre política, economía, filosofías sociales, o mera apertura mental a nuevas ideas (por no decir nada de la liberalidad hacia los pobres). En este libro, el tema es únicamente la teología liberal tal como la enseñan hombres y mujeres que afirman hablar y escribir como cristianos. El tema es las doctrinas y enseñanzas de intelectuales y predicadores que afirman ser cristianos pero en realidad no pueden ser cristianos intelectualmente: en términos de su teología. Como demostraré, han cortado el cordón de continuidad de modo tan radical, que lo que enseñan como cristianismo moderno es un cristianismo falsificado, un evangelio falso, apostasía.

Todos los teólogos que uso para representar la teología cristiana liberal afirman ser liberales teológicamente y han escrito acerca de la teología cristiana liberal. Todos ellos son representantes notables de esa tradición, todos aceptan alegremente la etiqueta de liberal por sus orientaciones teológicas, y todos son ampliamente reconocidos como representantes prototípicos de la teología cristiana liberal. Son un grupo diverso y a la vez tienen mucho en común, incluido su enfoque básico de la autoridad en la teología, la naturaleza de la teología misma, la naturaleza de Dios y de Jesucristo, el significado de la salvación, la no realidad de los milagros, y la autoridad de la modernidad, la cultura de la Ilustración, y (supuestamente) la ciencia moderna.

1. Ver Craig Alan Blaising y Darrell Bock, Progressive Dispensationalism (Grand Rapids: Baker, 1993).

2. Ver Brantley W. Gasaway, Progressive Evangelicals and the Pursuit of Social Justice (Chapel Hill, NC: Univ. of North Carolina Press, 2014), y David R. Swartz, Moral Minority: The Evangelical Left in an Age of Conservatism (Philadelphia: Univ. of Pennsylvania Press, 2012).

3. Gary J. Dorrien, The Making of American Liberal Theology, 3 vols. (Louisville: Westminster John Knox, 2001–6).

4. Kenneth Cauthen, The Impact of American Religious Liberalism, 2nd ed. (1962; Lanham, MD: Univ. Press of America, 1983), y William R. Hutchinson, The Modernist Impulse in American Protestantism (1976; New York and Oxford: Oxford Univ. Press, 1982).

5. J. Gresham Machen, Christianity and Liberalism (New York: Macmillan, 1923).

6. John Stott, Basic Christianity (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1958).

7. Claude Welch, Protestant Thought in the Nineteenth Century (New Haven, CT: Yale Univ. Press, 1972, 1985).

8. Gary J. Dorrien, The Making of American Liberal Theology: Idealism, Realism, and Modernity, 1900–1950 (Louisville: Westminster John Knox, 2003), xiii.

9. Para un análisis detallado de este cuadrilátero wesleriano, ver Donald Thorsen, The Wesleyan Quadrilateral: An Introduction (Lexington: Emeth, 2005).

10. Clark H. Pinnock y Delwin Brown,