Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Mateo, Marcos, Lucas y Juan tienen el objetivo de incitar a sus lectores a reforzar su fe en el Señor Jesús y a ser verdaderos discípulos. No les interesaba redactar una simple "vida de Jesús". En cambio, lo que sí les importaba era componer unos relatos fundacionales que dinamizaran a las comunidad cristianas. Gracias a su modo de escribir, se comprende que Jesús de Nazaret es ahora el «Señor de la gloria», que ha resucitado, que se ha realizado el plan de Dios contenido en las Escrituras judías, que ha surgido un mundo nuevo. Acceder a esta verdad es muy sencillo: bastan cuatro "contraseñas".
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 114
Veröffentlichungsjahr: 2015
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Portada
Prólogo
Introducción
I – Resurrección
Testigos del Resucitado
Utilizar la clave «Resurrección»
II – Iglesia
Testigos de la vida de la Iglesia
Utilizar la clave «Iglesia»
III – Escrituras
El terreno de los evangelios
Utilizar la clave «Escrituras»
IV – Jesús de Nazaret
El Jesús previo a la Pascua
Utilizar la clave «Jesús de Nazaret»
Diez ejemplos de lectura
La presentación en el templo (Lc 2,22-39)
El hombre con la mano atrofiada (Mc 3,1-6)
La expulsión de los mercaderes del templo (Jn 2,13-22)
La pesca milagrosa (Lc 5,1-11)
La tempestad calmada (Mt 8,23-27)
La parábola del sembrador (Mt 13,1-23)
La multiplicación de los panes (Mt 14,13-21)
Los invitados a la boda (Mt 22,1-14)
La oración de Jesús (Jn 17)
Las mujeres en la tumba (Mc 16,1-8)
Conclusión: acoger a Jesucristo
Para saber más
Lista de recuadros
Créditos
CB169
Al leer los evangelios podemos sentirnos insatisfechos, sorprendidos e intrigados.Insatisfechos porque no son realmente unas «vidas de Jesús»: son muchos los elementos que faltan sobre su infancia, su educación y su actividad profesional. ¿Qué hacía justo antes de ser bautizado por Juan —él «tenía unos treinta años» (Lc 3,23)–, de elegir a sus discípulos y de predicar el reino de Dios?
Sorprendidos porque los últimos días, las últimas horas en Jerusalén, ocupan una gran extensión: polémicas en el templo, última cena, últimas palabras, juicio y muerte en la cruz.
Intrigados porque el modo de narrar de los evangelistas parece a veces detallado y a veces elíptico. No dejan de remitir a las «Escrituras» judías (Moisés, Profetas y Salmos) y, sobre todo, parecen estar animados por una convicción sin fisuras: en Jesús de Nazaret se nos manifiesta el «Señor de la gloria», Cristo resucitado. Por él y con él, la existencia puede cambiar y tener sentido. En él pueden surgir y expandirse las comunidades.
La escritura evangélica comprende todo esto. ¿Es demasiado complejo? Todo lo contrario. Pero para saborear su contenido es necesario partir de unas bases buenas. Tal es el objetivo de este cuaderno.
Aprovechando la moda de informática, se proporcionan cuatro «contraseñas», cuatro solamente –como los cuatro puntos cardinales o las cuatro estaciones–, para abrir los evangelios y acceder a su verdad: resurrección, Iglesia, Escrituras y Jesús de Nazaret.
Quizá asombre a los lectores habituales de los Cuadernos Bíblicos la sencillez de nuestro objetivo pero seguro que sabrán apreciar la pedagogía. Este cuaderno ha sido concebido sobre todo para ayudar a los animadores de grupos bíblicos, que han surgido por todas partes como itinerarios de iniciación –de «dar los primeros pasos» en la Biblia–. Los responsables de estos grupos encontrarán aquí un buen material para nutrir sus reuniones. Se inspirarán en los ejemplos ofrecidos para realizar sus propios ejercicios. Como afirma Marc Sevin en su introducción, «ejercitarse en la percepción de los diferentes puntos es a la vez fácil y necesario. De este modo, lejos de ser repetitiva, tediosa, la lectura de los evangelios deviene sabrosa…». Posteriormente, para pasar a una etapa de profundización, señalamos los numerosos Cuadernos Bíblicos que recomendamos a los lectores.
Gérard BILLON
Marc Sevin:es sacerdote de la diócesis de Orleans y una de las almas del Service biblique catholique Évangile et Vie. Fue director de Cuadernos Bíblicos (1977-1982) y puso en marcha la serie Suplementos (1979). Animador bíblico, conferenciante, ha participado en la aventura de la Bible, nouvelle traduction (Éd. Bayard, 2000), en la que tradujo los Salmos con el poeta Olivier Cadiot. Siempre inquieto por leer y hacer leer la Biblia al mayor número posible de personas, ha escrito obras de divulgación y ha colaborado en varias revistas: Fêtes & Saisons, Les Dossiers de la Bible, Pèlerin, Prions en Église, donde continúa iniciando en la lectura creyente de los evangelios.
¿Qué encontramos en los evangelios? ¿Biografías de Jesús? No solamente. De hecho, nos hablan menos de Jesús «de Nazaret» que de Jesús «el Cristo». Se compusieron a la luz de la Pascua. Hacen aparecer en el camino del Nazareno la acción de Cristo esperada por los profetas de Israel, el «Señor de la gloria», que se encuentra junto a Dios, su Padre, y que anima a las comunidades cristianas. Así pues, los evangelios están tejidos de varias dimensiones, que nosotros sintetizamos aquí con cuatro palabras: resurrección, Iglesia, Escrituras y Jesús de Nazaret, consideradas como «contraseñas» que nos conducen a la verdad que quisieron comunicar Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Marc SEVIN
El objetivo de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y de aquellos que les respaldaron en su trabajo de evangelistas, es llevar a sus lectores a reforzar la fe en el Señor Jesús. Inserto en el contexto de su tiempo, Jesús anunciaba, sobre todo en Galilea, la llegada próxima del reino de los cielos. Murió crucificado bajo el mandato de Poncio Pilato. Resucitado, está misteriosamente presente y activo en medio de sus discípulos gracias al Espíritu Santo. Estos discípulos se transformaron en portadores del Evangelio hasta los confines de la tierra: las Escrituras se cumplen puesto que el Señor Jesús conduce a toda la humanidad hacia el Padre para que comparta su vida nueva.
Así como quienes usan la informática eligen contraseñas para proteger y abrir sus archivos personales, los evangelios proporcionan también, por así decirlo, unas «contraseñas» para acceder a ellos. Ciertamente, no debe exagerarse la comparación, pues la diferencia es considerable en el caso de los evangelios. Son contraseñas fáciles de recordar y no deben nunca mantenerse en secreto. Basta con memorizarlas para aplicarlas después sin la menor dificultad. No solo aseguran el descubrimiento y el redescubrimiento de la fe que animaba a los primeros cristianos, sino que pueden contribuir actualmente a impulsar y dinamizar nuestra propia fe cristiana.
El objetivo de este cuaderno es presentar las cuatro grandes palabras que ayudan a explicar por qué los evangelios son los documentos principales de las Sagradas Escrituras cristianas y por qué se ofrecen a la meditación cristiana. Las cuatro palabras son: resurrección, Iglesia, Escrituras y Jesús de Nazaret.
Permiten ampliar la lectura de los evangelios y no detenerse en ellos, como ocurre con demasiada frecuencia, como si fueran exclusivamente una memoria de «Jesús de Nazaret». En efecto, exigirles solamente los datos que nos permitan reconstituir los instantes de la vida de Jesús significa olvidar la «resurrección», es decir, la Pascua, que es el acontecimiento que hace surgir los evangelios. Cuando estos llegan a escribirse, los discípulos creen que Jesús es el Señor exaltado, resucitado, que vive una vida diferente y nueva junto al Padre en el cielo, y que acompaña invisiblemente a los cristianos en la misión que les ha confiado. No puede olvidarse el hecho de que los evangelistas se esfuerzan en apoyar a la asamblea cristiana, a la «Iglesia», que tiene que hacer frente a las necesidades y dificultades que la asaltan. Finalmente, es imposible ignorar que las «Escrituras» (entendidas en el sentido de Antiguo Testamento), que están en la base de los evangelios, adquieren para los primeros cristianos una importancia sorprendente, precisamente porque ellas se «cumplen» en Jesús.
Todos coinciden en decir que «los evangelios narran a Jesús». Y así es, pero ¿qué Jesús? Como planteaba paradójicamente un animador bíblico: «Los evangelios narran a Jesús de Nazaret, pero ¡yo no creo en Jesús de Nazaret!». Y se apresuró en añadir: «Yo creo en Jesús de Nazaret, muerto y resucitado, que nos introduce en su familia divina junto a su Padre; yo creo en Jesús, el Señor viviente en su Iglesia, según el plan divino atestiguado en las Escrituras». Para él era imposible abreviar esta fórmula, un poco larga, sin desnaturalizar los evangelios. Encontramos en ella nuestras cuatro «claves».
Resurrección: los evangelios narran la crucifixión y la resurrección del Señor Jesús.Iglesia: los evangelios narran la vida de la Iglesia primitiva, es decir, las preocupaciones y las cuestiones de los primeros cristianos.Escrituras: los evangelios narran las Escrituras que dan inicio a la misión del Señor Jesús y se cumplen en él.Jesús de Nazaret: los evangelios narran la vida y obra de Jesús de Nazaret. Es este hombre, que nace en un país determinado y un tiempo concreto, el que –por su vida, sus palabras, sus actos, su muerte en cruz y su resurrección– se revela como el Hijo de Dios, el Salvador.Los cuatro evangelios llevan al mundo el Evangelio del Señor resucitado. Están totalmente impregnados, desde el principio hasta el final, de la inquietud dinámica de las comunidades cristianas. Se empapan en las Escrituras indispensables. Expresan sin cesar su adhesión a Jesús de Nazaret. Ejercitarse en percibir estos diferentes puntos de vista es a la vez fácil y necesario. Solo así, lejos de ser repetitiva y tediosa, la lectura de los evangelios deviene sabrosa, inédita, sorprendente…
Es el tiempo de Jesús de Nazaret. Nacido bajo el reinado de Herodes el Grande (rey de Judea entre los años 34 y 4 a.C.), vivió unos 30 años en Nazaret. A partir de los 27-28 años, bautizado por Juan el Bautista, elige a unos discípulos y proclama, con palabras y hechos, el Evangelio (la Buena Noticia) de la salvación de Dios, la llegada del «reino». No escribió nada. Fue crucificado por los romanos en Jerusalén el 7 de abril del año 30, al inicio de la fiesta judía de la Pascua.
Es el tiempo del comienzo de la Iglesia. La resurrección de Jesús y la intervención posterior del Espíritu Santo comprometen a los discípulos en la proclamación, la celebración y la profundización en la salvación realizada por Dios. El Evangelio se difunde poco a poco en el Imperio Romano, congregando tanto a judíos como a paganos. Los primeros escritos cristianos son las cartas remitidas por Pablo durante los años 50 d.C. Para satisfacer las necesidades de las comunidades circulan una serie de relatos, en particular sobre la pasión.
Es el tiempo de los relatos cuidadosamente elaborados. Hacia el año 70, Marcos, heredero de todo el período anterior, redacta un texto continuo sobre Jesucristo, sin duda, en Roma. A él le siguen, en torno a los años 80-85, Mateo y Lucas, probablemente en Antioquía. El evangelio de Juan se compone mediante varias etapas sucesivas en Asia Menor, hacia el año 95. Por consiguiente, los cuatro evangelios son la puesta por escrito diversificada del único Evangelio.
«Estáis buscando a Jesús de Nazaret, el que fue crucificado. Ha resucitado…» (Mc 16,6).
La primera «contraseña», la más decisiva para abrir y acceder a los «archivos» de los evangelios es, sin duda alguna, la clave de la «resurrección».
Los evangelios se crearon para transmitir el testimonio central de la fe cristiana: «Jesús de Nazaret, el crucificado, ha resucitado». Cuando un lector creyente aborda actualmente los evangelios utilizando esta clave, se sitúa en la mejor posición para descubrirlos y entenderlos.
Si la olvida, los evangelios se convierten en álbumes de fotos antiguas, curiosas, agradables, a menudo maravillosas, pero sin gran utilidad para orientarle en la actualidad. Los evangelios no son cajas en las que se conservarían con nostalgia recuerdos antiguos de hace dos mil años. Gozan siempre de actualidad, como la misma resurrección.
¿Cómo los evangelistas, que escriben después de Pascua, habrían podido olvidar el deslumbramiento de aquel acontecimiento que marca la venida del mundo nuevo de Dios para todos? La fe pascual aflora en cada pasaje de los evangelios. Cuando los evangelistas narran un milagro de Jesús, no lo hacen solamente para recordar un gesto pasado de Jesús, sino para afirmar que el Resucitado sigue actuando en el presente, sin estar ya limitado como entonces por el espacio o el tiempo. Los lectores de los evangelios son llamados a revivir, como Lázaro, a participar en las bodas del reino, como los discípulos en Caná, a recuperar la vista, como Bartimeo… La fe en el Resucitado impregna cada línea de los evangelios.
Sin la Pascua nunca se hubieran redactado, publicado y difundido unos evangelios. El mismo Jesús de Nazaret no escribió nada. Antes de la Pascua no había necesidad alguna de escribir unos evangelios. Jesús anunciaba la proximidad inmediata de la venida del reino de Dios. ¿Para qué transcribir sus palabras, hacer informes sobre él, si el mundo presente iba a desaparecer muy pronto para dar paso al mundo de Dios? En este tiempo de urgencia absoluta, era imposible pensar en pulir unos textos para la posterioridad. Jesús nunca pidió a sus compañeros que se convirtieran en periodistas de actualidad.
Y además, ¿cómo los discípulos de un maestro sin grandes recursos habrían podido procurarse el material de escritura necesario, que por entonces era muy caro, y transportarlo de pueblo en pueblo? Los primeros compañeros de Jesús eran pescadores de profesión. Subsistían gracias a su actividad pesquera en el lago de Galilea. Carecían, por consiguiente, de la formación del escriba. Así pues, durante la época de la predicación de Jesús de Nazaret no se escribió evangelio alguno. A ninguno se le hubiera ocurrido la idea de escribir o de dedicar tiempo para escribir. Había algo más urgente que hacer: que cada uno se convirtiera antes de que fuera demasiado tarde, pues «el reino de Dios está cerca» (Mc 1,14).
