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Cuando Ertai es elegido por su maestro para convertirse en druida, sabe que está frente a la prueba definitiva para demostrar que, incluso sin una enseñanza adecuada, puede ejercer su rol como guardián de la naturaleza. Sin embargo, su primera visita al Mundo Elemental coincide con la llegada de una entidad oscura y el aprendiz deberá probar que es capaz de proteger la barrera entre los planos si quiere cumplir la misión a la que encomendó su vida.
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Seitenzahl: 56
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Eneas Calderoni
Sebastián Lange
Dirección editorial: Natalia Hatt
Corrección: Nadín Velázquez
Diseño de cubierta e interior: H. Kramer
Ilustraciones: Michelle Veneziano
Calderoni, Eneas
Cruza al círculo de piedras / Eneas Calderoni ; Sebastián Lange ; ilustrado por Michelle Veneziano. - 1a ed ilustrada. - Paraná : Vanadis, 2023.
Libro digital, EPUB - (Tesoro vanir / Natalia Hatt ; 4)
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-82948-5-8
1. Cuentos de Hadas. I. Lange, Sebastián. II. Veneziano, Michelle, ilus. III. Título.
CDD A863
© 2023 Eneas Calderoni y Sebastián Lange
© 2023 Editorial Vanadis
www.editorialvanadis.com.ar
Todos los derechos reservados. Prohibidos, dentro de los límites establecidos por la ley, la reproducción total o parcial de esta obra, el almacenamiento o transmisión por cualquier medio, las fotocopias o cualquier otra forma de cesión de la obra sin previa autorización escrita de la editorial.
ISBN:978-987-82948-5-8
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723.
Alameda de la Federación 684. Paraná, Entre Ríos. Junio de 2023.
Prólogo
I
II
III
IV
V
Sobre los autores
Sobre la ilustradora
A quienes todavía buscan su propósito.
En cada primera luna llena de otoño tenía lugar el concilio druídico más importante. Cada año el lugar de encuentro variaba, pero era frecuente que se diera en algún bosque de Darlan, específicamente, en los reinos de Daknor o Trobariath. La paz que llevaba casi quinientos años prevaleciendo en esa región daba más seguridad a los participantes.
En esta oportunidad, habían escogido el Bosque de las Tormentas, en el extremo oriental de la región helada de Trobariath. Para estas ocasiones se reunían los archidruidas y el Gran Druida, que en su totalidad eran conocidos como los «Señores del Bosque», a fin de debatir las cuestiones de interés que sucedían en Alendavar y en otras realidades, y que eran de sumo interés para su orden.
El alba se aproximaba como un arrebol rojizo cuando el concilio dio inicio. En medio del bosque y en un sitio ritual de incalculable edad, donde se desperdigaban formando un círculo piedras de más de tres metros de altura, comenzaron a arribar de una forma peculiar los invitados. De la oscuridad del bosque asomaron los cambiaformas, como pidiendo permiso a la luz de la luna para ingresar al medio del claro, al tiempo que abandonaban sus formas bestiales para dar paso a unas más humanoides, ataviadas con túnicas y portando bastones y báculos hechos de madera de distintas especies arbóreas. Todos ellos se dispusieron también en forma circular: cuatro archidruidas y Gjrok El Marsupial, el Gran Druida que se había dispuesto en el centro.
—Señores del Bosque... Damos inicio al centésimo trigésimo cuarto concilio druídico desde la formación de nuestra organización —comenzó diciendo Gjrok, con una voz grave como el trueno—. De todos los temas que hablaremos y trataremos de comprender e intervenir en nuestra tertulia, uno de ellos es impostergable —continuó el Gran Druida con pausa y sin apurar sus palabras, clavando su mirada en uno de los archidruidas presentes—. Estamos envejeciendo y debemos transmitir nuestros saberes a la siguiente generación. Por eso quisiera que me digan ustedes, quienes detentan este conocimiento tan trascendental e importante para custodiar la naturaleza física y espiritual de este mundo... ¿Quién de ustedes, maestros, ha elegido un aprendiz?
Los presentes se dedicaron algunas miradas fugaces, pero solo uno sostuvo su mirada en Gjrok, quien devolvió el gesto y dejó caer sus ojos, como si asintiera a su pedido.
—Yo, Gran Druida. Arcalom el hierofante, archidruida y guardián de los bosques de Daknor, he tomado por aprendiz a Ertai de Elboria, un prometedor joven con grandes capacidades y aptitudes —dijo, con una voz monótona pero fuerte y transmitiendo seguridad.
—Pues que así sea, Arcalom, ya sabes lo que tienes que hacer cuando lo decidas —celebró el Gran Druida antes de continuar el Concilio.
El maestro y el aprendiz se encontraban en el linde del bosque que rodeaba las Montañas del Cielo, algunos kilómetros al norte de Daknor, en una pequeña lomada salpicada de árboles. Estaba por caer la noche y el anciano tutor decidió encender una fogata. Detrás, a la distancia, podían verse las montañas recortadas en el cielo de la tarde. Una brisa fresca recorría el lugar, moviendo la larga y blanca cabellera del maestro y también los cabellos negros del aprendiz, que lucían algo más recortados. Era una brisa que soplaba recordándoles que estaban entrando al invierno y el presagio inminente de las heladas por llegar. Los años por haber estado en la ciudad de Elboria, en tierras más cálidas, habían hecho que perdiese costumbre a la sensación del frío. Sin embargo, lo que realmente le generaba una especie de malestar eran los nervios por estar próximo a su evaluación para convertirse de una vez por todas en un druida.
—¿Qué sabes de los Señores del Bosque, muchacho? —preguntó el maestro mientras atizaba el fuego.
—Son la orden de druidas más importante de todas... —Se giró para mirarlo—. Desde que tuve el Llamado, pasé los últimos años aprendiendo a invocar, a hablar con los árboles y a establecer comunión con la naturaleza... pero poco se me enseñó de todo lo demás.
Arcalom sonrió, asintiendo, al ver la expresión de vergüenza de Ertai por el poco conocimiento que tenía del tema a pesar de los años de práctica. El aprendizaje de los druidas solía ser confuso y caótico... como la naturaleza.
—Los druidas no tenemos academia de magia como los hechiceros o, incluso, algunos clérigos. Lo nuestro es más intuitivo e instintivo, sin embargo, hay algunas cosas que te enseñaré. Los Señores del Bosque no son solo una orden. Fuimos la primera orden en pisar estas tierras, Ertai. El legado de la naturaleza nos llegó a través de los elfos de Núvodas, quienes enseñaron a los primeros hombres a escuchar el llamado de Eleyna. Los Hijos de Lumma y las Sacerdotisas de Amshur son órdenes que ceden a su llamado salvaje. Nosotros controlamos ese llamado a voluntad. —Ante la mirada confundida de Ertai, continuó—: Ya lo entenderás. Un druida es mucho más de lo que cree la mayoría. No somos simples sacerdotes de la diosa de la naturaleza. Entre otras cosas, somos los protectores de las barreras del Mundo Elemental. Sabes de qué estoy hablando, ¿verdad?
—Por supuesto. —El joven, que no debía de tener más de dieciséis años, se rascó la cabeza—. Es otro mundo.
